Una iglesia que caminaba bien, que había sido modelo para otras congregaciones, de repente se encontró sacudida y confundida por una enseñanza falsa: alguien había introducido la idea de que el día del Señor ya había llegado. Si eso era cierto, todo lo que Pablo les había enseñado sobre la resurrección y el arrebatamiento se derrumbaba. No habían visto a nadie levantarse de los sepulcros ni ser arrebatado en las nubes. ¿Acaso el Señor vino y ellos se quedaron? La confusión no fue solo emocional sino que afectó su manera de pensar, como un barco que ha sido desatado de su ancla y arrastrado mar adentro.
Pablo escribe para calmarlos: que nadie os engañe de ninguna manera, porque el día del Señor no vendrá sin que primero ocurran dos cosas: la apostasía y la revelación del hombre de pecado. Esta apostasía no es simplemente un alejamiento más de la fe, sino algo de dimensiones únicas. El hombre de pecado será alguien que se opondrá a todo lo que se llama Dios, exaltándose a sí mismo hasta sentarse en el templo reclamando adoración. Antioco IV, quien profanó el templo sacrificando un cerdo y prohibiendo la adoración a Jehová, tipifica a este personaje futuro.
La vulnerabilidad de los tesalonicenses revela verdades aplicables hoy: el enemigo ataca la mente, la falta de conocimiento bíblico facilita el engaño, y el temor produce pensamientos catastróficos. Pero el mismo Dios que preservó a Noé en el diluvio, abrió el mar para Israel y guardó a Daniel entre leones, controla la historia. Como dijeron los amigos de Daniel ante el horno: nuestro Dios puede librarnos, pero si no lo hace, jamás doblaremos rodilla ante otro.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Con eso, yo quiero invitarlos a que vayan a la segunda carta o epístola a los tesalonicenses para continuar nuestra serie en estas dos cartas. Vamos a estar leyendo en la segunda carta a los tesalonicenses, del capítulo 2, versículos 1 al 5. Este es el mensaje número 20 o 21 en esta serie, y hoy, como siempre, estamos leyendo una porción y luego exponiendo el texto, pidiéndole a Dios su dirección para la exposición, comenzando en el versículo 1 hasta el versículo 5.
"Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con Él, os rogamos, hermanos, que no seáis sacudidos fácilmente en vuestro modo de pensar, ni os alarméis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera de nosotros, en el sentido de que el día del Señor ha llegado. Que nadie os engañe de ninguna manera, porque no vendrá sin que primero venga la apostasía y se haya revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se exalta sobre todo lo que se llama Dios o es objeto de culto, de manera que se siente en el templo de Dios presentándose como si fuera Dios. ¿No os acordáis de que cuando yo estaba todavía con vosotros os decía esto?"
Padre, te alabamos y te bendecimos por tu Palabra, por la certeza de tu revelación, por la manera como confirma lo que ya Tú has hablado. En esta mañana nosotros queremos pedirte que el Espíritu que inspiró esta Palabra pueda guiar la predicación de la misma, de tal forma que tu hijo sea guiado, que no haya errores, que no haya desviación de aquello que Tú has marcado como tu verdad. Si hay algo en la mente o el corazón del predicador que no te glorifique, que en este momento, por el viento de tu Espíritu, Tú lo puedas llevar lejos y apartarlo de nosotros, de manera que nosotros tampoco seamos desviados de la verdad. Te lo pedimos en el nombre de Cristo Jesús.
En esta carta, y en este capítulo 2 de la segunda carta a los tesalonicenses, el apóstol Pablo se desvía abruptamente para tratar un tema completamente distinto al que él venía tratando, y tiene que ver con una herejía que se había infiltrado entre ellos de una manera repentina. Es una nueva idea, es una idea antibíblica que de alguna forma circuló entre ellos y que logró conquistar la mente y el corazón de los tesalonicenses. Es increíble que una iglesia como hemos venido viendo desde la primera carta, que estaba caminando bien, de repente, de una forma súbita, había podido comenzar a desviarse por una enseñanza que de alguna manera llegó a inquietarlos, hasta el punto de que el apóstol Pablo tuvo que personalmente, no solamente escribir de nuevo, sino dirigirse a ellos de una forma muy directa con relación a esta nueva enseñanza hereje.
Yo creo que vale la pena preguntarnos, al comienzo de esta exposición, cómo es que una congregación que caminaba bien, que había sido modelo para las iglesias de Macedonia y Acaya, como vimos, en todas las regiones que Pablo aplaude una y otra vez porque su fe ha resonado en toda la región, como han soportado en medio de la tribulación, cómo es que una iglesia sólida se desvió tan fácilmente de la verdad. ¿Cómo somos confundidos los creyentes? Estamos hablando de creyentes, no se habla de inconversos. ¿Cuándo somos los creyentes más vulnerables para la confusión? Yo creo que esas preguntas vale la pena abordarlas a lo largo de la exposición de la Palabra, como forma de ver de qué manera este texto, que quizás no tenga una aplicación inmediata en nosotros, sí tiene una aplicación para aquellos que seguimos la Palabra de Dios.
Nosotros no podemos olvidar que tenemos un adversario. La palabra "Satanás" significa justamente adversario, y su otro nombre por el cual es conocido, "Diablo", significa alguien que es mentiroso, un calumniador. Esa función de Satanás la vemos desde el inicio de la raza humana, donde logró calumniar a Dios, donde logró mentirle a Adán y Eva, donde logró confundirlos y desviarlos. Esa función no ha terminado; Satanás es un ser sin escrúpulos y él juega sucio. Nosotros tenemos que recordar eso. De la misma manera que la naturaleza de Dios es su bondad, benevolencia, gracia y amor, y Él actúa de forma natural porque esa es su naturaleza, su carácter, esa misma forma Satanás tiene una naturaleza, y la suya es ser mentiroso, ser calumniador, ser un adversario de los propósitos de Dios, y él actúa de forma muy normal; esa es su normalidad.
Lamentablemente, con frecuencia Satanás nos convence de que mi adversario es mi propio hermano en la fe. Esa es una de las estrategias más eficaces que el enemigo ha usado contra el pueblo de Dios. Tu hermano en la fe no puede ser tu adversario, porque él pertenece al mismo ejército. Puede ser que no piense igual, puede ser que no crea igual en ciertos aspectos periféricos de la fe, pero él pertenece al mismo ejército y, por tanto, él no es tu contrincante.
Este es un mundo muy confuso después de Génesis 3. Es la razón por la que el Señor Jesús, cuando envió a sus discípulos —envió a los setenta—, les dice en Mateo 10:16: "Mirad, os envío como ovejas en medio de lobos." Así estamos nosotros. Por tanto, sed astutos como las serpientes e inocentes como las palomas. La astucia a la que Cristo nos llama no es aquella astucia maliciosa que engaña y manipula, sino una astucia que está basada en la sabiduría de Dios y en el discernimiento de Dios. Y, por otro lado, la inocencia a la que Dios nos llama no es la inocencia del niño que es fácilmente engañado, sino la inocencia del adulto creyente maduro que piensa conforme a lo que Pablo les dijo a los filipenses en 4:8, cuando dice: en todo lo que es verdadero, en todo lo que es justo, en todo lo que es digno de virtud —para resumirlo—, en esto pensad. Esta es la inocencia a la que el Señor Jesús nos está llamando: que no seamos suspicaces, como frecuentemente lo somos en nuestra naturaleza caída.
Nosotros vimos en la primera carta a los tesalonicenses cómo el apóstol Pablo los ayudaba a entender la secuencia de algunos hechos que tenían que ver justamente con la venida del Señor. Ellos habían estado preocupados —quizás vimos esta parte, pero les recuerdo— porque no estaban seguros de si aquellos que habían muerto en Cristo participarían o no de su venida cuando el Señor regresara. Por tanto, el apóstol Pablo les escribe y les ayuda a entender, en esa primera carta capítulo 4, cuál sería el orden de las cosas a la venida del Señor. Lo estoy usando como punto de conexión porque Pablo tiene que retomar el tema otra vez de la venida del Señor, ahora con relación a otro asunto, en esta segunda carta.
En esa primera carta, en el capítulo 4 comenzando del versículo 15, Pablo les dijo lo siguiente: "Por lo cual os decimos esto por la palabra del Señor: que nosotros los que estemos vivos y que permanezcamos para la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre."
Aparentemente, los tesalonicenses tenían una dificultad en entender el orden de eso. Pablo les estaba diciendo que aquellos que han muerto en el Señor se van a levantar primero cuando el Señor venga, y luego nosotros iremos tras ellos y nos uniremos en las nubes. Independientemente de la implicación de ese lugar que pudiéramos identificar con lo que nosotros conocemos como las nubes, Pablo va a tomar el tema otra vez —el tema de la segunda venida del Señor—, pero en este caso no era simplemente un malentendimiento acerca del orden de las cosas, sino una enseñanza hereje que había llevado a la iglesia a la confusión y a la agitación, producto de falsas ideas.
Escucha cómo Pablo comienza la carta, pero primero nos introduce un nuevo tema con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo —retoma el tema otra vez— y a nuestra reunión con Él; eso es exactamente de lo que había hablado en la carta anterior, pero ahora en otra dirección: "Os rogamos, hermanos, que no os dejéis sacudir fácilmente en vuestro modo de pensar, ni os alarméis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera de nosotros, en el sentido de que el día del Señor ha llegado." La primera carta era un simple entendimiento del orden de las cosas; en esta carta es una herejía no pequeña. Alguien había introducido la idea de que el día del Señor ya había llegado, y esto tenía a los tesalonicenses confundidos y agitados.
Porque si eso era cierto, entonces todo lo que Pablo había enseñado se fue a pique, todo era una mentira. Resulta que ellos no habían visto a nadie levantarse de los sepulcros, no habían visto a nadie que estuviera vivo levantarse y juntarse con el Señor en los cielos. Entonces, ¿qué ocurrió? ¿Vino el Señor y nos quedamos? ¿Vino el Señor y no hubo resurrección? Y estaban agitados.
La confusión, aparentemente, no fue pequeña, a juzgar por las palabras usadas por Pablo en el lenguaje original. Ellos fueron sacudidos en su forma de pensar; esto no ocurrió solo en sus emociones, sino en su manera de pensar, en su razonamiento. La palabra traducida como "sacudidos" hace alusión al viento, o al movimiento de las olas, o peor aún, a un barco que había estado amarrado y ha sido soltado de su amarradero y se ha ido al mar porque su ancla no lo sostuvo. Es esa la palabra que Pablo está usando aquí. De tal manera que ellos habían sido anclados con la Palabra, y de alguna forma esta pequeña herejía —que resultó no tan pequeña— los había arrebatado, los había alejado de su ancla, y ahora estaban completamente ansiosos. Y eso ocurrió en su forma de pensar, no simplemente en su parte emocional.
Obviamente, si nosotros somos sacudidos en nuestra manera de pensar, vamos a ser sacudidos también a nivel emocional. Por eso Pablo les dice inmediatamente después: "No os alarméis." La mente está confundida, las emociones están alarmadas. La mente es el blanco de ataque del enemigo. No sé si tú has notado que, antes de nosotros pecar, hay un pensamiento que precede la acción. No importa si pecamos de palabras o si pecamos de acción; antes de decirle algo de manera inapropiada a alguien, frecuentemente ha habido un pensamiento que te ha perseguido, y dondequiera que ibas, ahí estaba esa persona en tu mente. En esta misma forma, esta idea de que el Señor ya había venido probablemente los persiguió en su mente dondequiera que ellos iban. Y ahora, ¿cuál sería la conclusión lógica? ¿Vino el Señor y nos quedamos? ¿O vino, Pablo nos habló una cosa y no era verdad?
¿Cómo llegó esa idea? Bueno, Pablo mismo no estaba seguro. Escucha lo que él dice: "No os dejéis sacudir fácilmente en vuestro modo de pensar, ni os alarméis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera de nosotros." No sabía exactamente cómo llegó. No sé si fue por espíritu —una revelación de un supuesto espíritu que trajo esta revelación—, o no sé si fue por palabra —alguien que vino y simplemente trajo una enseñanza diciendo que esa era la enseñanza verdadera—, o no sé si fue por una carta que supuestamente venía de parte de nosotros. Eso es lo que Pablo está diciendo: independientemente de cómo llegó la información, estaba causando estragos.
Hoy en día surgen ideas nuevas todos los días: en ocasiones por espíritu, por una nueva revelación que alguien tuvo, por un viaje al cielo que el Señor le concedió, por un viaje al infierno. Todo tipo de cosas similares hemos escuchado, y hemos leído incluso libros publicados en esa dirección. Hay gente que ha estado en esos movimientos, que ha salido de ellos, y que hoy en día no quiere venir a iglesias sanas porque los engañaron en dichos movimientos. Tenemos matrimonios separados en ocasiones, donde uno viene y el otro no, y cuando preguntamos, la respuesta es: "Lo que pasa es que estuvimos en este movimiento, en esta iglesia, y fuimos tan engañados que mi esposo, mi esposa, no se siente movido a venir a escuchar la Palabra." Eso sigue pasando hoy.
Pablo dice: "No os dejéis sacudir tan fácilmente." Aparentemente no tomó mucho tiempo para que se confundieran; esta herejía no tuvo que circular por mucho tiempo, sino que en corto tiempo ellos ya se habían confundido. Y yo creo que vale la pena preguntarnos —a manera de aplicación, comenzando por ver algunas cosas y luego aplicando otras— cómo es que una persona es confundida con facilidad, sobre todo por herejías. ¿Cómo es que sigue pasando? Hay grandes movimientos de esa naturaleza hoy, y sigue pasando de la misma manera.
Yo creo que hay varias razones. La primera es que no podemos olvidar que las herejías se originan en el adversario de Dios, nuestro adversario, el engañador: Satanás mismo. No podemos olvidar que este es el ser que fue donde Adán y Eva, quienes solamente habían oído una sola voz —la voz de Dios—. Nosotros hemos oído múltiples voces; hemos oído voces de pastores ortodoxos que no necesariamente concuerdan siempre en algunos aspectos, incluyendo los escatológicos. Hemos oído la voz de un John MacArthur, de un John Piper, de un Tim Keller, de un D. A. Carson; ellos no necesariamente coinciden en algunas cosas periféricas de la fe, aunque obviamente todos coinciden en la centralidad de la fe, unidos por el Evangelio. Hemos oído esas voces y hemos oído también voces no ortodoxas. Y ahora, con todas estas voces, es fácil ser confundido. Y sin embargo, tienes que recordar que Adán y Eva solo habían escuchado una sola voz, y con la próxima voz que escucharon —sin tener una naturaleza caída, sin tener un entendimiento entenebrecido, sin tener un corazón de piedra y sin tener una voluntad esclavizada o influenciada por el pecado, sin nada de eso— fueron confundidos en una sola conversación, con una sola pregunta. De manera que tú y yo no estamos exentos ni somos inmunes a ser confundidos por el enemigo.
La segunda razón por la que muchos son engañados con cierta facilidad es la falta de conocimiento bíblico. Los bereanos —dice Pablo— eran más nobles que los de Tesalónica, más nobles que estos a quienes les está escribiendo.
Porque ellos hicieron una cosa: ellos chequearon en la Palabra —el Antiguo Testamento, que era lo que tenían— todos los días, para ver si lo que Pablo les estaba enseñando era cierto o no. Y de ahí la importancia que nosotros tenemos que dar a la Palabra.
Y no solamente a la Palabra. Nosotros tenemos que dar importancia a la sabiduría colectiva de la iglesia por los últimos veinte siglos, porque Dios le ha dado a la iglesia maestros y pastores a lo largo de veinte siglos. Hay una sabiduría colectiva de dos mil años que olvidarla no sería ni sabio ni humilde. Dios nos llama a conocer cómo pensó la iglesia en el pasado acerca de estas cosas, porque si la idea es nueva para mí y nadie más pensó esto antes, quizá deba pensar dos veces antes de articularla. En la multitud de consejeros hay sabiduría, decimos nosotros en consejería. Bueno, eso es válido también en la multitud de pensadores cristianos en la historia de la iglesia: hay sabiduría. No es sabio concluir muy rápidamente.
A mí me impresiona cómo el apóstol Pablo, en sus últimos días estando en prisión, reúne este conjunto de cualidades. Escucha bien: el apóstol Pablo, primero, autoridad apostólica; número dos, en sus últimos días tenía mucha experiencia y un cúmulo de conocimiento; número tres, en la cárcel a él se le ocurre que le faltan algunas cosas. En la cárcel, él quisiera que le trajeran algo, y escucha lo que este hombre pide. A Timoteo: "Cuando vengas, trae la capa que dejé en Troas con Carpo, y los libros, especialmente los pergaminos." El apóstol Pablo, que estuvo en el tercer cielo, que tiene años caminando con el Señor, que tiene experiencia y conocimiento de primera mano con Dios, estando en sus últimos días en la cárcel dice: "No se me olviden los libros y los pergaminos, tráemelos, yo los necesito."
Te imaginarás. Yo leía algo que alguien publicó ayer en Twitter que decía: "¿Necesitas un libro?" —flecha hacia abajo— "Cómpralo aquí." Otra flecha: "No." Otra flecha: "Debe estar equivocado. Compra un libro." Yo creo que sí. Si Pablo, que estuvo en el tercer cielo, necesitaba los libros y los pergaminos, nosotros necesitamos estar empapados y conocer la sabiduría que Dios ha dado a otros para enseñarnos.
Tercera razón por la que la gente es confundida con cierta facilidad: falta de experiencia en el Señor. Hablando de la experiencia secular, pero para ilustrarlo: por eso es que uno de los requisitos para el pastorado es que no debe ser un recién convertido. Dios no está prejuiciado con el recién convertido; si él se muere, va al mismo lugar que el que tiene cincuenta años en la fe. Pero Dios sabe que nosotros maduramos, y cuando maduramos no solamente tenemos más imagen de Cristo, tenemos más conocimiento de las Escrituras, y ese mismo mayor conocimiento es el que ha ido formando la imagen de Cristo en nosotros.
Yo puedo decir con facilidad que en el área escatológica, en la medida en que los años pasaron, pude madurar mejor alguno de los entendimientos tempranos que yo tenía, y que hoy puedo ver de una forma mucho más madura. Cuando nosotros envejecemos en el Señor, tenemos un conocimiento más balanceado de verdades que antes entendíamos pero que estaban incompletas o desbalanceadas.
Y no podemos olvidar que esta iglesia era relativamente nueva. Estaba caminando muy bien, estaba muy centrada en el Evangelio, su fe había sido esparcida por toda la región, pero Pablo apenas había estado allí un poco de tiempo cuando les envió su primera carta, y poco tiempo después de la primera carta envió su segunda carta. De manera que estos son creyentes relativamente nuevos en la fe, y quizás eso pudo haber contribuido a su confusión también. Y puede contribuir a nuestra confusión también.
El apóstol Pablo tenía una preocupación continua por la posibilidad de que alguien se desviara de la fe, de la verdad, de la centralidad de aquello que el Señor Jesús le había enseñado y que él estaba transmitiendo. Escucha cómo le escribe a los corintios en su segunda carta, en el capítulo 11, versículos 3 y 4: "Pero temo —dice Pablo— que así como la serpiente con su astucia engañó a Eva, de la misma manera vuestras mentes, corintios, sean desviadas de la sencillez y pureza de la devoción a Cristo. Porque si alguien viene y predica a otro Jesús que el que hemos predicado, o recibís un espíritu diferente que no habéis recibido, o aceptáis un evangelio distinto que no habéis aceptado, bien lo toleráis."
Pablo está con los corintios pensando algo similar, quizás, a lo que pensaba con los tesalonicenses. Como cuando les dice: "¿Pero cómo fueron confundidos tan fácilmente?" Pablo dice a los corintios: "Alguien viene y trae otro evangelio, trae otro espíritu, trae a otro Jesús diferente al que nosotros hemos predicado, y vosotros los toleráis." ¿Cuál es el problema? En inglés: *What is the matter with you?* Esto es un absurdo.
Los tesalonicenses estaban alarmados, confundidos, dudosos, probablemente ansiosos, porque Pablo está diciendo: no, calma, no estéis alarmados. Y entonces él trata de una manera pastoral esta carta. No es para pasar información con un calendario de cuándo va a ocurrir una cosa y cuándo va a ocurrir otra. No, esta es una carta —recuérdese: una carta— no un curso de escatología, aunque tiene información precisa de escatología. Pero esto no es un curso de escatología tratando de precisar un calendario; esto es una carta pastoral tratando de calmar a individuos que están ansiosos. Y por tanto, ese es el tono, y así la tenemos que ver en ese tono.
Escucha lo que él les dice, en el versículo 3, tratando de calmar esas emociones: "Que nadie os engañe en ninguna manera." En el original eso suena con un negativo doble: que nadie os engañe, de ninguna manera, de ninguna forma, de ningún modo, por ningún método. ¿Por qué? Porque no vendrá sin que primero venga la apostasía y se haya revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se exalta sobre todo lo que se llama Dios o es objeto de culto, de manera que se siente en el templo de Dios presentándose como si fuera Dios.
La introducción pastoral de Pablo es sencilla: que nadie os engañe. *Chill out*, relájate, tranquilo, porque el día del Señor no va a venir hasta que no ocurran dos cosas. De manera que si estas cosas no han ocurrido, el día del Señor no ha llegado. Eso es lo que les está tratando de decir.
Él presenta aquí —y más adelante, en el próximo mensaje, continuaremos abundando— los dos eventos que han de preceder la venida del Señor: la apostasía y la aparición en escena de un hombre que él llama el hombre de pecado, el hijo de perdición. Si estas dos cosas ocurren simultáneamente —la apostasía y la aparición del hombre de pecado— o si la apostasía aparece primero y el hombre de pecado sigue después, no está claro desde el punto de vista del lenguaje. Pero es mi impresión que la apostasía es un movimiento que prepara el terreno para poder recibir fácilmente al hombre de pecado, al hombre malvado, cuando él haga su aparición.
Como son dos eventos que deben ocurrir antes de la venida del Señor, y esta venida del Señor es algo de lo cual ya les habló en la primera carta y ahora está hablando de nuevo, este es un evento importante. Y si es importante para Pablo, es porque fue importante para Dios, porque quien inspira estas palabras es Dios mismo. Y si es importante para Dios, tiene que ser importante para la iglesia de hoy.
Dos eventos: la apostasía y la venida del hombre de pecado. Hablemos del primer evento. La palabra *apostasía* en el griego es exactamente igual, suena igual: *apostasía*. Y significa originalmente, en esencia, una rebelión. No tenía originalmente una implicación religiosa o cristiana; es una rebelión contra una autoridad establecida o un sistema establecido. Pudiera ser un gobernante, pudiera ser un rey, pudiera ser un emperador. Y en el primer siglo se conoció mayormente como una rebelión, una revuelta política, o una deserción.
La palabra *apostasía* tal como está —no el verbo, sino la palabra en sí— básicamente aparece dos veces en el Nuevo Testamento: aquí, y en el libro de los Hechos, capítulo 21:21, donde literalmente significa eso: apartarse. Para lo que estamos viendo en el Nuevo Testamento, la apostasía implica una de dos cosas: un distanciamiento de doctrinas cardinales de la fe, como decir mañana que Cristo no es Dios, o un repudio completo a la fe cristiana que habíamos abrazado y a la que ahora le damos la espalda diciendo que no creemos en ella.
Y quizás si pensamos de esa manera, el primer apóstata de la fe cristiana registrado que podemos mencionar es Judas. Él era el tesorero del movimiento; él aparentemente abrazó estas verdades cuando Cristo los envió de dos en dos, ahí fue Judas. Y en un momento dado, Judas se volteó y presentó su verdadera cara. Eso sigue ocurriendo en toda la iglesia del Señor hoy en día.
Si eso es lo que apostasía significa, alguien pudiera preguntar: entonces, ¿cuál es la diferencia entre las apostasías anteriores y esta otra apostasía que ha de venir antes de la venida del Señor? Ciertamente, las apostasías han ocurrido desde el siglo primero. Desde el siglo uno, siglo dos, siglo tres, se pueden identificar. El arrianismo ocurrió en el siglo cuarto, año trescientos y tanto, y fue una apostasía: negaba la divinidad de Cristo de parte de gente que estaba en el movimiento cristiano. Entonces, ¿cuál sería la diferencia entre aquellas muchas apostasías y esta de la que habla Pablo?
Bueno, antes de llegar ahí, déjame decirte que Pablo y el apóstol Pedro describen condiciones generales del mundo antes de la venida del Señor, que yo creo que vale la pena escudriñar a la luz del estudio que estamos haciendo en esta mañana. Y no vamos a especular; vamos a leer lo que la Palabra dice. La Palabra usa una descripción que claramente nos deja ver que tiene que ver con los días que preceden la venida del Señor. Escucha a Pablo hablando a Timoteo en su segunda carta, capítulo 3, versículos 1 al 5.
Pero debes saber esto: que en los últimos días —ahí está la frase clave— en los últimos días vendrán tiempos difíciles, porque los hombres serán amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos y profanos, sin amor, implacables, calumniadores, desenfrenados, salvajes, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos, amadores de los placeres en vez de amadores de Dios, teniendo apariencia de piedad pero habiendo negado su poder. A los tales evita.
¿Oíste eso? Amadores de los placeres en vez de amadores de Dios, teniendo apariencia de piedad pero habiendo negado su poder. Una apariencia de piedad que no tiene trasfondo, no tiene qué la apoye. Como un cheque sin fondo: es un cheque lucio, original, pero no tiene respaldo. Esta piedad que estos hombres van a lucir no tiene respaldo, no tiene fundamento.
Su lenguaje puede sonar piadoso; su lenguaje puede sonar interesado en los hombres, en la persona, en el planeta. Hombres que hablarán de hacer el bien, hombres que quizás hablen de valores morales, de igualdad, de justicia, de derechos. Hombres que a la luz de la humanidad nos van a sonar muy piadosos. Y hoy en día vemos a mucha gente con un lenguaje muy piadoso, hablando y levantando valores morales aparentemente en alto, mientras al mismo tiempo tienen un estilo de vida que niega completamente el diseño del Creador.
Condiciones generales de antes de la venida del Señor: Pedro no se queda atrás. En su segunda carta, capítulo 3, versículos 3 y 4, él describe por su lado estos tiempos: "Ante todo, saber esto: que en los últimos días" —ahí está la frase otra vez— "vendrán burladores con sus burlas, siguiendo sus propias pasiones." Esa es la frase otra vez: amadores de pasiones, decía Pablo; Pedro dice "siguiendo sus propias pasiones". "Y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo continúa tal como estaba desde el principio de la creación."
Van a aparecer hombres que no solamente van a negar la Palabra, sino que se van a burlar de la Palabra, se van a burlar de las promesas, se van a burlar de las profecías aún por cumplirse. Y ahora Pablo, entonces, escribiendo a los tesalonicenses, les dice: no se inquieten, porque antes de que venga el Señor ocurrirá la apostasía. Nota que Pablo no dice "una apostasía"; todas las anteriores habían sido una apostasía más. Esta es algo que tiene el artículo definido delante: la apostasía. Y aunque ninguno de nosotros puede tener claro lo que esto significa, evidentemente se estaba refiriendo a un tipo de apostasía particular.
Y a la verdad es que ninguno de nosotros sabe cuándo viene el Señor ni cuán cerca está. De manera que cuando yo diga alguna de las cosas que voy a decir aquí y en el próximo mensaje, por favor hágame un favor grande: no vaya y diga por ahí que el pastor Núñez estaba prediciendo la venida del Señor. Yo sé que viene, y ojalá sea pronto; yo no sé cuándo todavía. Pero maranata, ven, Señor Jesús.
Pero sí voy a decir algo que yo creo que es fácil de ver y fácil de probar, muy fácil; si no, no me atrevería. En esencia, nosotros estamos frente a una enorme apostasía en dos grandes áreas: una tiene que ver con la experiencia del Espíritu, y la otra tiene que ver con la redefinición de la masculinidad y la feminidad. Por favor, no diga que yo dije que esta es la apostasía que está a punto de preceder inmediatamente a la venida del Señor, porque yo no lo sé. Pero sí te voy a decir —y eso es fácil de ver, de probar y de comparar— que no ha habido nunca antes en la historia una apostasía de dimensión mundial como la que tenemos hoy.
Si pensamos en el primer renglón, en la experiencia del Espíritu: todo el movimiento de la risa santa, y los ladridos santos, y la conversión de agua en vino, y la plétora de personas que se caen al piso, y gente que proclama cosas porque entiende que en las palabras hay poder, y la Iglesia Universal del Reino de Dios con su programa, ese solo movimiento, hermanos, tiene iglesias en no menos de doscientas naciones. Un movimiento. Y el movimiento de apóstoles y profetas, y el movimiento de señales y prodigios, y el movimiento de la teología de la prosperidad: todo eso pertenece a un mismo saco. Ese movimiento arropó los cinco continentes sin excepción, y ha afectado todas y cada una de las denominaciones sin excepción. Es fácil de ver, es fácil de probar: cinco continentes, todas las denominaciones.
Y la otra área, más reciente, pero que está aquí frente a nosotros, es este movimiento de la redefinición de la sexualidad humana. Tengo que dar un minuto para entender por qué lo menciono aquí. Este mes, el mes del orgullo gay, han desfilado por nuestro país, por el embajador de la nación más poderosa de la tierra. La razón para mencionar este movimiento dentro de la gran apostasía, o dentro de la apostasía de estos tiempos, es porque ya al día de hoy múltiples iglesias y denominaciones enteras han abrazado el movimiento LGBT, de lesbianas, homosexuales, bisexuales y transexuales. Algunas denominaciones enteras lo han abrazado al día de hoy, abandonando el diseño de nuestro Dios.
Cuándo viene el Señor, yo no lo sé, ni nadie lo sabe en este momento. Pero hay cosas que el Señor dice que precederán a su venida. Hay dos cosas que yo pudiera decir con fundamento en la Palabra de Dios. La primera es que el Nuevo Testamento habla, tanto de parte de Cristo como de parte de Pablo y Pedro, de señales que precederían a su venida; eso lo podemos decir por la Palabra. Y lo otro que podemos decir con toda tranquilidad es que estamos frente a la más grande apostasía —hablando de gente que estaba en el seno de la iglesia y que ahora ha abandonado la fe— que haya existido en los veinte siglos de la fe cristiana. El no creyente que abraza esos movimientos y corrientes no es un apóstata; tienes que estar dentro para apostatar. Estamos frente al más grande movimiento apóstata de todos los tiempos.
Segunda señal: que se ha revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se exalta sobre todo lo que se llama Dios o es objeto de culto, de manera que se sienta en el templo de Dios presentándose como si fuera Dios. La traducción de "este hombre de pecado" que aparece en la Reina Valera del 60 no es la mejor traducción de esa frase en el original. De hecho, la Creación o la Nueva Traducción Viviente tiene una mejor traducción, porque le llama "el hombre de anarquía que trae destrucción". Eso es exactamente como la ESV en inglés lo tiene, y como la Nueva Americana lo tiene: *man of lawlessness*, el hombre sin ley, el hombre de anarquía, y el hijo de destrucción. Así es como el lenguaje original lo tiene.
Y esa traducción —"el hombre de anarquía" de la Nueva Traducción Viviente— es la correcta. Anarquía: es un hombre que no se somete a ninguna ley, de ninguna persona, de ninguna autoridad; él es su propia autoridad. Daniel 8 lo describe como un insolente. El libro de Apocalipsis, el autor de sus cartas —Juan—, lo describe como el anticristo. Pablo aquí lo describe como alguien que se opone y se exalta sobre todo lo que se llama Dios o es objeto de culto. Este es un hombre que se va a exaltar simplemente en contra del Dios de lo cristiano, sobre todo lo que se llama Dios y cualquier cosa que sea objeto de culto, de manera que él va a reclamar culto exclusivo. Su carácter es anárquico, sin ley.
Y segundo, se sienta en el templo de Dios presentándose como si fuera Dios. Aquí ha habido múltiples discusiones sobre quién es ese hombre. Todos los académicos están de acuerdo en que la persona que mejor tipificaría a ese individuo está en el pasado, y ese es el problema: está en el pasado, y Pablo está hablando de un hombre en el futuro. Pero en el pasado, la persona que mejor tipifica a este hombre de pecado es Antíoco IV, que invadió Jerusalén, invadió el templo de Jerusalén, entró al templo, estableció allí un altar al dios Zeus, sacrificó un puerco en el altar en el lugar santo, en el lugar santísimo, y prohibió la adoración a Jehová. Y la mayoría de los académicos entiende que él sería la persona que mejor tipifica a este hombre.
El problema es que este hombre existió y este evento ocurrió 168 años antes de que Cristo viniera, y Pablo le está diciendo a los tesalonicenses: "No te preocupes, que antes de que el Señor venga tiene que ocurrir esto." De manera que eso tiene que ser algo futuro. Otros han pensado en Calígula, otros han pensado en Nerón. El mismo Calígula intentó establecer una efigie, una figura de él en el templo de Jerusalén, para que pudiera ser adorado; afortunadamente, fue muerto antes de que eso ocurriera. Otros lo han relacionado con Pompeyo, el general romano que conquistó Palestina en el año 63 antes de Cristo. El problema es que todos esos personajes corresponden al pasado.
Y donde muchos académicos se quedan es en decir: el personaje que mejor lo tipifica es Antíoco IV, pero está en el pasado; por tanto, no sabemos. Pero algunos se atreven a decir —y es la posición que yo tengo— que, igual que el templo que hoy no está construido en Jerusalén será construido otra vez, eso no es algo especulativo. El año 1990, la revista *Time* publicó planes del templo futuro y doscientos instrumentos musicales ya construidos para ser tocados en el templo cuando se construya. De manera que eso no es ni siquiera especulativo. La pregunta es, obviamente, si va a pasar, y si va a pasar, cuándo, y si va a pasar, dónde. Pero de que esos planes existen, de que esos instrumentos musicales han sido construidos, y que entonces quizás Antíoco IV tipifica una figura similar en un tiempo futuro que pudiera ocupar una posición similar a lo que hizo en el pasado, ahí es donde están Lamar Carter y otros, y esa es la posición donde yo estoy también.
Yo creo que el tiempo nos dirá, y si no a nosotros, a la próxima generación, y si no es esa generación, a la próxima, que podrá ver con mayor claridad. De una cosa yo estoy seguro, y es que
Que la generación que preceda a la venida del Señor, cuando ocurra, podrá mirar hacia atrás y podrá decir: "Pero si estaba tan claro, no sé cómo no lo vimos." Como hoy nosotros miramos hacia atrás y decimos del Antiguo Testamento: "¿Cómo es que la gente no lo había visto? Pero estaba tan claro." Isaías 53 estaba ahí mismo: la crucifixión del Señor. Pero no lo vieron, no. Ni lo ven hoy los hermanos judíos, o los judíos que no creen en el Señor, mejor dicho; no lo ven todavía. Pero si eres judío y te conviertes al cristianismo, miras para atrás y dices: "Pero, claro, sí, eso está tan claro como el agua."
De esa misma manera, ocurrido el evento, yo creo que los que les toque vivirlo —y somos nosotros u otros— mirarán para atrás y dirán: "Pero si estaba tan claro, ¿cómo no lo vimos?" Porque requiere iluminación de parte de Dios para poder entender estas cosas.
Finalmente, la propia culpa la dice el versículo 5: "¿No os acordáis de que cuando yo estaba todavía con vosotros os decía esto?" "¿Se os olvidó? ¿Usted se le olvidó que usted y yo hablamos de esto?" Es lo que les está diciendo: "¿No os acordáis? Y cuando yo estaba todavía con vosotros, no en mi primera carta, cuando yo estuve ahí con ustedes, ¿se les olvidó que yo hablaba de esto?" ¿Cómo es que olvidamos tan fácil las cosas que se nos han enseñado? Yo creo que en cierta medida el apóstol Pablo está preguntando: "¿Cómo es que se les olvidó lo aprendido?"
Bueno, yo quiero agregar una cosa más. Ya mencioné tres anteriormente; una más para el cierre y conclusión. ¿Qué facilita el que nosotros seamos confundidos? Es el temor. Cuando nosotros nunca somos tan vulnerables a la confusión como cuando estamos amedrentados. Y en parte eso es el mensaje final con el que yo quiero dejarte de manera pastoral: no temas, porque Dios está en control de todos los acontecimientos. No importa cómo se llame el individuo —el individuo de anarquía, el hombre de destrucción, el hijo de perdición—, no importa lo que él tenga como planes, todo lo que planifique y piense llevar a cabo está bajo la cronología de nuestro Dios.
Él controla y las cosas marchan; la historia marcha al paso de nuestro Dios. Él narra la historia, Él describe la historia, Él controla la historia. Él me tiene dentro de la historia, Él me introdujo a la historia, me saca de la historia, me usa en la historia. Dios es a quien yo tengo que seguir, a Dios es en quien yo tengo que confiar. Él es nuestro Comandante en Jefe. No importa si se trata de cosas del futuro o no, yo necesito confiar en nuestro Dios. Porque si no confío en nuestro Dios, la falta de confianza me lleva al temor, y el temor me lleva a pensamientos catastróficos.
Y en ocasiones vemos eso. Vemos a alguien que dice, por ejemplo: "Nadie me entiende." Es un pensamiento catastrófico, porque tiene al mundo entero y no hay nadie que le entienda. Habría que mudarse de planeta. O: "Yo lo proveí todo, yo no voy a intentarlo, yo traje a mi esposo aquí, yo lo proveí todo, se ha visto a todos los consejeros de vida y habidos y por haber de este mundo, nadie ha podido ayudarme." ¿Cuánto se ha visto? Tres. Yo creo que eran tres, nada más que tres, en la República Dominicana de diez millones de personas. Pero tres es "todo el mundo." El temor nos lleva a pensamientos catastróficos.
Y esto fue como un pensamiento catastrófico: "Ya vino el Señor, ya se fue, nos quedamos. No hay nada más que esperar." Eso es catastrófico. Para mí sería catastrófico pensar eso. Si yo llegara a pensar ahora mismo el día en que el Señor ya vino por segunda vez, no sé dónde estaría, pero no en este púlpito, porque eso sería algo catastrófico para mí. ¿Y qué pasó? Creyeron una cosa que no era. Y para hoy ya se les olvidó lo que yo les enseñé. "Yo hablé de esto con ustedes, yo hablé de la profecía, yo hablé del hombre de pecado. Eso no ha pasado. Tranquilos."
Y mientras tanto, tiempos difíciles se aproximan. Tiempos difíciles ya están aquí; no tienen que aproximarse, ya están. Si usted no se ha dado cuenta, vaya a vivir la vida entonces, porque no hay que hacer mucho para darse cuenta de que estamos frente a tiempos difíciles. Y la única manera en que nosotros podemos esperar es agarrados de nuestro Dios. Y nosotros tenemos que recordar, mientras nos agarramos de nuestro Dios, que Él es quien orquesta nuestros eventos.
Tú no puedes olvidar que Dios protegió a Noé y a su familia en medio de una inundación planetaria. Te imaginas un planeta inundado en agua y una sola familia salva. Ese es nuestro Dios. Tú no puedes olvidar que Dios hizo llover fuego sobre Sodoma y Gomorra, pero sacó a la familia de Lot de allí y la salvó. Tú no puedes olvidar que la nación hebrea, cuando huía y era perseguida por los egipcios, y cuando no había lugar para dónde escapar y tenía un mar delante, Dios abrió el mar. ¿Cuántas veces en la historia Dios ha abierto un camino para su pueblo en un momento donde Él pensó darle salvación? Tú no puedes olvidar que Dios preservó a Daniel y a sus tres amigos: los tres amigos fueron al horno de fuego, y a Daniel lo preservó en medio de los leones.
En medio de las peores circunstancias, tú y yo tenemos que responder como respondieron los amigos de Daniel cuando fueron amenazados. Cuando nuestros tiempos nos amenazan, cuando las cosas se ponen peor de lo que ya lucen, tú y yo tenemos que responder de esta manera: "Ciertamente nuestro Dios, a quien servimos, puede librarnos del horno de fuego ardiente y de cualquier otra situación; y de tu mano y reino nos librará. Pero si no lo hace, sábete, oh rey, que no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que has levantado."
Nunca jamás, imposible. Nunca doblaremos la rodilla a ningún otro Dios que no sea a nuestro Señor Jesucristo, delante de quien se doblará toda rodilla y toda lengua confesará que Él es el Señor sobre el cielo y la tierra. Él es tu Redentor; a Él sirve. Él es tu Protector; toda autoridad le ha sido dada. Y no temas, que Él estará con vosotros hasta el último día.
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