La verdad y la mentira se enfrentan en Hechos 24, donde el apóstol Pablo comparece ante el gobernador Félix acusado por las autoridades judías. Un grupo numeroso —el sumo sacerdote Ananías, ancianos y un abogado llamado Tértulo— se presenta contra un solo hombre. Así funciona frecuentemente el mundo: los que abrazan la mentira suelen ser más numerosos que los que caminan en verdad, porque la inclinación natural del corazón humano es hacia la mentira, no hacia la verdad.
Tértulo abre su acusación con lisonjas nauseabundas hacia Félix, alabando una paz y unas reformas que nunca existieron bajo su cruel gobierno. La lisonja y la mentira van de la mano porque la mentira reconoce que no tiene poder para sostenerse sola. Luego vienen las acusaciones: Pablo es una plaga, provoca disensiones, lidera una secta, profanó el templo. Pero cada cargo se desmorona ante los hechos. Pablo no causó los alborotos; él predicaba y los judíos armaban el tumulto. La acusación sobre el templo nació de pura especulación: vieron a Pablo con Trófimo en la ciudad y asumieron que lo había metido al templo, sin evidencia alguna.
La defensa de Pablo es breve porque la verdad no necesita muchas palabras. Él apela a hechos comprobables y declara que su conciencia está limpia delante de Dios y de los hombres. Mientras menos verdad hay en una persona, más palabras necesita para defenderse. Félix sabe que Pablo es inocente —por eso le concede libertad y permite visitas— pero pospone el fallo por conveniencia política. El tribunal humano está corrompido; solo el tribunal celestial emite veredictos que verdaderamente cuentan.
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Bueno, continuamos esta mañana predicando su Palabra. Yo creo que usted debe saber qué vamos a estar leyendo en esta mañana, ¿cierto? ¿Qué libro piensa abrir ahora en este momento? El libro de los Hechos. ¿Y qué capítulo piensa estar? El 24. ¿Y por qué piensa que yo debo predicar de Hechos 24? Porque terminamos el 23, tan sencillo como eso. Y usted sabe qué va a seguir después del 24: el capítulo 25, hasta llegar a su final. Lo más fácil es predicar la Palabra de Dios de una manera sistemática, porque la Palabra te dice de qué hablas, y eso es lo mejor que puede pasar.
Vamos a leer el capítulo 24, una parte, una gran parte, pero no ahora. Yo necesito otra vez recordarte, posicionarnos y ayudarnos a entender un poco de qué ruta vamos a seguir. Recuerda: la semana pasada estuvimos cubriendo el capítulo 23, donde el apóstol Pablo fue rescatado sobrenaturalmente por el comandante Lisias, en un momento dado en que él estaba haciendo su vida y estaba corriendo peligro. Entonces él está en el cuartel esperando el próximo paso, cuando de repente el hijo de la hermana de Pablo, su sobrino, va a donde el comandante y le informa —no voy a entrar en los detalles ahora— de que hay un complot que se ha preparado para matar a Pablo, que hay más de 40 judíos radicales que han hecho un voto de no comer ni beber, un ayuno, hasta matar al apóstol Pablo, y que ellos iban a venir a pedirle que lo trasladaran de nuevo al Sanedrín para entrevistarlo y averiguar mejor su caso. Pero que en realidad la idea era saltar al apóstol Pablo camino al Sanedrín, antes de que llegara, para quitarle la vida.
Dios se movió en el corazón del comandante y hace que un batallón de 470 soldados —70 a caballo y otros 400 a pie— vayan y acompañen a Pablo gran parte de la travesía. Llegó un momento dado donde pasaron una noche; los 400 soldados a pie se regresan a Jerusalén y los 70 jinetes continúan con Pablo, quien también iba cabalgando, hasta llegar al gobernador Félix. Entonces le entregaron a Félix una carta informándole de parte del comandante Lisias lo que había ocurrido y por qué le estaba haciendo trasladado hasta el cuartel donde Félix estaba.
La primera defensa que Pablo tuvo que hacer de su caso fue frente a un grupo de judíos que eventualmente terminaron amotinándose y querían quitarle la vida. Entonces el comandante se lo llevó, y luego lo llevó al Sanedrín, y ahí él hizo una segunda defensa de su caso. Ahí también se armó un alboroto cuando los judíos comenzaron a pelearse entre ellos, porque los saduceos no creían en la resurrección y los fariseos sí creían, y hubo que llevarse a Pablo otra vez al cuartel.
Ahora, ante Félix, Pablo va a hacer su tercera defensa ante este gobernador en el capítulo 24 que estamos viendo. En el capítulo 25, Pablo hará una cuarta defensa al principio del capítulo ante Porcio Festo, que fue el gobernador que sustituyó a Félix, y luego al final del capítulo 25, Pablo tendrá que hacer una quinta defensa de su caso ante el rey Agripa II. De manera que tú puedes ver que Pablo vivió continuamente bajo acusación todo el tiempo, y su práctica era usualmente no defenderse de sus acusadores, a menos que él tuviera la oportunidad de dar testimonio acerca de su fe. Lo mismo ocurrió con el Señor Jesús. Y estos dos hombres lo hicieron de esa manera porque ya estaban conscientes de que realmente había una suprema corte celestial y eterna donde verdaderamente los casos cuentan, que es el único lugar donde los veredictos tienen un peso real y verdadero. Y esa corte no está aquí abajo donde nosotros vivimos, sino que está por encima del sol.
Las acusaciones contra Pablo fueron muy similares a las acusaciones contra el Señor Jesús en múltiples ocasiones. Número uno: violaba la ley del gobierno. Número dos: violaba la ley judía. Jesús fue acusado en un momento de evasión de impuestos, por eso es que en un momento tiene que decirles: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios." En otra ocasión le dijo a Pedro: "Ve y pesca, y cuando encuentres la moneda en la boca del pescado, ve y paga el impuesto", de manera que quedara claro que no era cierto que Él era un evasor de impuestos. Jesús fue acusado también de violar la ley judía, y Jesús dijo en un momento dado: "Porque yo no he venido a abolirla, yo he venido a cumplirla. ¿De qué es que me acusan? ¿De qué manera es que tú piensas que estoy violando el judaísmo, cuando yo vine a cumplir precisamente la ley judaica?"
El apóstol Pablo fue acusado de violar las leyes del gobierno, del Imperio Romano, de alterar el orden del Imperio Romano, y también fue acusado —en esta ocasión que vamos a ver— de violar la ley judía. Y Pablo dice: "No, porque es todo lo opuesto." Ahora, ni Jesús ni Pablo, en ningún momento, se sintieron amedrentados por lo que estaba ocurriendo. Cuando el Señor Jesús estuvo frente a Pilato y Pilato pensó que podía intimidarlo hasta cierto punto, haciéndole entender que él tenía el poder de dejarlo preso, de quitarle la vida incluso, o de dejarlo ir, esto es lo que Jesús responde en Juan 19:11: "Ninguna autoridad tendrías sobre mí si no te hubiera sido dada de arriba; por eso el que me entregó a ti tiene mayor pecado." ¿Se imaginan que le respondes al gobernador del área de esta manera? Tú tienes pecado, Pilato, pero el peor pecado no es el tuyo, sino el de Judas que me entregó a ti. Ahora, déjame decirte algo: la razón por la que yo me voy a someter a tu autoridad es precisamente porque yo reconozco de dónde viene tu autoridad.
Pablo tuvo que lidiar con situaciones similares: acusaciones de que había alterado el orden público, de que quería alterar el orden público. Y en realidad, en todos los casos, lo único que Pablo hizo fue predicar el evangelio, responder preguntas, y luego los judíos armaban el alboroto, armaban la persecución, se producía una discordia y la ciudad quedaba en división. Pablo en ningún momento fue el causante de dichas discordias; los judíos causaron el revuelo todo el tiempo, quizás con la excepción de la ciudad de Éfeso, donde los paganos, los gentiles, fueron los causantes. Jesús se defendió diciendo que vino a cumplir la ley, y se defendió en cuanto al pago de impuestos admitiendo que al César había que darle lo que es del César. Pablo se defendió haciendo uso de que podían comprobar que en ningún momento él era el causante de esas discordias y esos alborotos, y por otro lado se defendió de que él sí cumplía la ley de Dios, como vamos a ver, porque creía justamente lo que ellos creían en cuanto a esa ley judía.
Recientemente, el pastor Sugel Michelén y yo y otros pastores participamos en la manifestación de "Con mi hijo no te metas", y nos acusaron a mí y a él de ser ecuménicos, como que estábamos violando algo del cristianismo. Y luego, en otras ocasiones, se me ha acusado de violar leyes del gobierno. La historia no cambia, solamente sus actores. Pero ni Jesús ni Pablo se sintieron intimidados por falsas acusaciones que parecían ciertas en la superficie, pero que en esencia eran mentiras. La razón por la que Pablo y Jesús —como su modelo— nunca se sintieron amedrentados por las acusaciones es porque cuando un hombre está anclado en Dios no hay manera de intimidarlo; el ángel del Señor sostiene a los suyos.
Y con esa introducción, yo quiero que leamos del capítulo 24, del versículo 1 al versículo 23. Es un largo pasaje, pero es una sola narración.
"Cinco días más tarde, el sumo sacerdote Ananías descendió con algunos ancianos y con un abogado llamado Tértulo, y presentaron al gobernador sus cargos contra Pablo. Después que llamaron a Pablo, Tértulo comenzó a acusarlo diciendo al gobernador: 'Ya que por ti hemos obtenido mucha paz, y que por tu providencia así se están llevando a cabo reformas en favor de esta nación, nosotros, por todos los medios y en todas partes, reconocemos esto con profunda gratitud, oh excelentísimo Félix.'" Hasta ahí, todo lo que se ha dicho es mentira. "'Pero para no importunarte más, te suplico que con tu habitual bondad nos concedas una breve audiencia. Pues hemos descubierto que este hombre es verdaderamente una plaga, y que provoca disensiones entre todos los suyos por el mundo entero, y es líder de la secta de los nazarenos. Hasta intentó profanar el templo; entonces lo arrestamos y quisimos juzgarlo conforme a nuestra ley. Pero interviniendo el comandante Lisias con gran violencia lo quitó de nuestras manos'" —ahora Lisias es el culpable—, "'mandando a sus acusadores que vinieran a ti. Si tú mismo lo interrogas, sobre todo lo que he dicho, podrás confirmar las cosas de las que lo acusamos.' Los judíos se unieron también a la acusación, asegurando que efectivamente así era todo."
"Después que el gobernador le hizo una señal para que hablara, Pablo respondió: 'Sabiendo que por muchos años tú has sido juez de esta nación, con gusto presento mi defensa, puesto que tú puedes comprobar el hecho de que no hace más de doce días que subí a Jerusalén a adorar. Y ni en el templo ni en la sinagoga ni en la ciudad misma me encontraron discutiendo con nadie o provocando un tumulto, ni tampoco pueden probar lo que ahora me acusan. Pero esto admito ante ti'" —escucha bien esta admisión— "'que según el Camino, al que ellos llaman secta, yo sirvo al Dios de nuestros padres, creyendo todo lo que es conforme a la ley.'" ¿Ven? Él no es culpable de violar la ley. "'Creyendo todo lo que es conforme a la ley y que está escrito en los profetas, teniendo la misma esperanza en Dios que estos también abrigan, de que ciertamente habrá una resurrección tanto de los justos como de los injustos.'" En otras palabras: yo creo lo mismo que ellos están creyendo, todo lo menos en esta parte. "'Por esto yo también me esfuerzo por conservar siempre una conciencia irreprensible delante de Dios'" —eso es lo que cuenta— "'y luego delante de los hombres.'"
Y después de varios años, he venido para traer limosnas a mi nación y a presentar ofrendas. Haciéndolo así, me encontraron en el templo después de haberme purificado, no con multitud ni con alboroto. Pero estaban allí ciertos judíos de Asia, que deberían haberse presentado aquí ante ti y acusarme si tuvieran algo contra mí. O si no, que estos mismos digan qué delito encontraron cuando comparecí ante el concilio, a no ser por esta sola declaración que hice en alta voz mientras estaba entre ellos: "Por la resurrección de los muertos soy juzgado hoy ante vosotros."
Entonces Félix, conociendo con mayor exactitud acerca del Camino, puso el fallo diciendo: "Cuando venga el comandante Lisias, decidiré vuestro caso." Y dio orden al centurión de que guardara a Pablo bajo custodia, pero con alguna medida de libertad, y que no impidiera a ninguno de sus amigos que lo sirviera.
Esta es la narración. Ahí está el caso. Yo he titulado este mensaje: "La verdad y la mentira se enfrentan." La postura de Pablo era la del representante de la verdad ante el gobernador Félix. Tértulo, el abogado que los judíos habían contratado, y las autoridades judías eran los representantes de la mentira ante esa misma autoridad. Pablo representaba a Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida. Estas autoridades representaban al padre de mentiras.
Entonces, hermanos, hay algo que es incuestionable: de este lado de la gloria, en este mundo temporal, la mentira abunda y la verdad es escasa. Ahora, el problema de la mentira es grave, porque cualquier alejamiento de la verdad implica un alejamiento de Dios. Déjenme decir eso otra vez: mentir no es poca cosa. La verdad es la plomada de Dios, y cualquier mentira representa no solamente un alejamiento de la verdad, sino un alejamiento de Dios mismo.
Recuerda que en una ocasión te dije que la peor verdad es preferible a la mejor mentira. Puede que decir la verdad te traiga consecuencias, pero nunca tan severas, tan profundas, tan largas, tan dolorosas como haber hablado la mentira. Ahora, yo quisiera que en el texto de hoy comencemos a ver cómo se comporta la mentira, cuál es el comportamiento de la mentira. Así que lo uno, comenzando.
"Cinco días más tarde, el sumo sacerdote Ananías descendió con algunos ancianos y con un abogado llamado Tértulo, y presentaron al gobernador sus cargos contra Pablo." Cinco días más tarde, después de que Pablo había llegado a Cesarea, vino Ananías como sumo sacerdote, vino Tértulo como abogado, vinieron algunos ancianos, y ahí estaban ellos delante del gobernador Félix. Este grupo de hombres, varias personalidades, acusando a un solo hombre. Uno solo.
Frecuentemente, los que distorsionan la verdad son más numerosos que los que andan en dicha verdad. O déjame decirlo de otra manera: frecuentemente los que abrazan la mentira son más abundantes, más numerosos que aquellos que caminan en verdad. Si la pregunta es por qué, la respuesta es sencilla: la inclinación natural del hombre es creer la mentira y decir la mentira. Esa es una inclinación natural.
Pablo está parado ese día entre los dos grandes poderes, o representantes de los grandes poderes, del momento. Ananías, el sumo sacerdote, representaba al poder eclesiástico, representado por la ciudad de Jerusalén. Y el gobernador Félix representaba al poder secular, el poderío militar, representado por la ciudad de Roma. Para que tú puedas ver ante quiénes estaba Pablo ese día, déjame leer las palabras de John Stott en su comentario sobre el libro de los Hechos en esta porción.
"La fe de Jerusalén se remontaba dos mil años atrás hasta llegar a Abraham. El gobierno de Roma se extendía por casi cinco millones de kilómetros cuadrados alrededor del Mar Mediterráneo. La fortaleza de Jerusalén estaba en su historia y en su tradición. La fortaleza de Roma consistía en sus conquistas y organización. El poder combinado de Jerusalén y Roma era abrumador. Si un disidente solitario como Pablo se parara en contra de esos dos poderes, el resultado final sería inevitable. Su probabilidad de sobrevivencia sería semejante a la de una mariposa ante un rodillo. Él sería pisado hasta ser obliterado o eliminado de la faz de la tierra."
En realidad, Pablo ni estaba en contra de Roma, porque él mismo había sido llamado a someterse a las autoridades de turno, ni estaba en contra de Jerusalén. Pablo estaba simplemente predicando el Evangelio.
El versículo dos entonces: Tértulo, el abogado, comienza o toma la acusación. Ahora nota cómo él comienza la acusación, porque aquí tú comienzas a ver el comportamiento de la mentira. "Ya que por ti" —refiriéndose a Félix— "hemos obtenido mucha paz." Eso es mentira, ahora te explico. "Y que por tu providencia se están llevando a cabo reformas a favor de esta nación." Eso también es mentira. "Nosotros, por todos los medios y en todas partes, reconocemos esto con profunda gratitud." Mentira. "Oh excelentísimo Félix." Peor todavía. "Pero para no importunarte más, te suplico que con tu habitual bondad nos concedas una breve audiencia." Y ahí es donde la mentira se hace grande.
Lo que Tértulo ha hecho es dar una lisonja al carácter de Félix que es contraria a lo que él conocía y a lo que todo judío conocía. La razón por la que la mentira y la lisonja frecuentemente van de la mano es porque tanto Satanás como sus seguidores reconocen que la mentira no tiene poder para pararse delante de la verdad y necesita ser ayudada.
Cuando él le dice a Félix que "hemos obtenido mucha paz," no. Durante la gobernación de este hombre hubo múltiples insurrecciones de parte de los judíos, precisamente por la crueldad de este hombre. De manera que lo que llamaban la Pax Romana se vio amenazada con cierta frecuencia bajo Félix. Luego él le dice que "por medio de ti se han llevado a cabo reformas a favor de esta nación." Probablemente la palabra "reformas" se refiere a leyes que fueron reformadas. Esa es la razón por la que la Nueva Traducción Viviente lo traduce de esta manera: "Usted ha dado un largo período de paz a nosotros los judíos y con previsión nos ha promulgado reformas," promulgado porque se está refiriendo a reformas de las leyes.
La realidad es que ni Roma ni Félix jamás promulgaron una ley que fuera a favor de los judíos; más bien, siempre fue a favor de Roma o a favor del gobernador de turno en el área. De manera que eso tampoco es verdad, lo de que él promulgó leyes o reformas a favor de su nación. La lisonja está tan descarada que William Barclay, en su comentario acerca de este texto, dice que la lisonja de Tértulo hacia Félix descendió hasta el nivel de ser nauseabunda.
Pero así es la fisiología, o el funcionamiento, de la mentira. Luego él agrega: "Nosotros, por todos los medios y en todas partes, reconocemos esto con profunda gratitud." No había un solo judío que tuviera gratitud hacia Félix por su brutalidad y crueldad. Y llamarle "oh excelentísimo Félix" fue solamente un último intento de congraciarse con él y ganar su oído. Ni los judíos tenían gratitud hacia él, ni Félix merecía el título de excelentísimo.
La lisonja es una especie de mentira para llevar a la persona a creer la próxima mentira. La lisonja es una especie de mentira para llevar a esa persona lisonjeada a creer la próxima mentira que viene detrás. Y hasta los niños de manera natural hacen tal cosa. De hecho, la Palabra de Dios atestigua cómo el niño se ha torcido desde su nacimiento. El Salmo 58:3 dice: "Desde la matriz están desviados los impíos; desde su nacimiento se descarrían los que hablan mentiras." Dios toma su Palabra para revelarnos que en la matriz, el niño no ha salido, no ha hablado una sola palabra, y ya es un mentiroso.
Tú ves eso. El niño de un año que todavía no habla, al que tú le dices que no le ponga la mano a algo, toma eso y lo tiene. Con que tú lo ves, rápidamente se da cuenta, y lo esconde, como quien dice: "Yo no lo tengo." ¿Qué tienes en la mano? Desde la matriz. Desde el nacimiento.
Tértulo está a punto de concluir su lisonja con estas palabras: "Pero para no importunarte más, te suplico que con tu habitual bondad nos concedas una breve audiencia." En serio, Tértulo. Félix, ¿con su habitual bondad? No, con su habitual crueldad. Pero tú puedes ver de qué manera la mentira funciona: está tratando de ganarse el corazón del otro para que la mente de ese otro pueda creer la próxima mentira que viene detrás.
Como Dios no puede ser burlado, Dios ha revelado que toda mentira no arrepentida será desvelada. Proverbios 19:5 dice: "El testigo falso no quedará sin castigo, y el que cuenta mentiras no escapará." La Palabra de Dios es todavía más enfática en el Salmo 116:11, cuando dice: "Todo hombre es mentiroso."
Mira la persona que está al lado, dile: "Hermano, no eres un mentiroso." Y luego voltéate hacia donde él o ella: "Tú también." No sé cuál de los dos tiene los ojos más mentirosos. Pero Dios así habla. Hermano, nosotros no somos mentirosos porque mentimos; como se ha dicho múltiples veces, nosotros mentimos porque somos mentirosos. La razón por la que la Palabra de Dios dice que todo hombre es mentiroso es porque nosotros continuamente tomamos la verdad y la exageramos, o la minimizamos, o la escondemos, o la pervertimos, la torcemos. La decimos fuera de contexto y la volvemos una mentira. La mezclamos con la verdad para adornar la mentira, pero una mentira adornada con una media verdad sigue siendo una completa mentira.
Por eso es que el salmista dice en el Salmo 52:3: "Amas el mal más que el bien, la mentira más que decir lo que es justo." El ser humano ama más decir la mentira que decir lo que es justo. Y eso no se cura completamente con la redención aquí debajo.
En el texto de hoy hay varios acusadores contra Pablo, y hay un Pablo, uno solo, haciendo uso de la verdad, y los acusadores haciendo uso de la mentira. Veamos la primera acusación: "Este hombre es verdaderamente una plaga, es como un cáncer y provoca disensiones entre todos los judíos por el mundo entero." Pablo pudiera responder a eso: "Eso no es verdad. Yo no provoco disensiones entre los judíos, no. Yo he predicado el Evangelio. Y cuando ustedes escuchan el Evangelio, ustedes arman el alboroto, ustedes arman las discusiones."
Entonces ahora proyectan esas disensiones que ustedes han causado hacia mi persona y me dicen que yo soy el divisor, y eso es mentira, eso no es verdad. De hecho, Pablo pudo haber dicho: "El último alboroto fue producido cuando yo mencioné la resurrección, y ustedes los saduceos, que no creen en la resurrección, comenzaron a pelearse con los fariseos que sí creen en la resurrección, y algunos de los fariseos incluso dijeron quién sabe si un ángel le habló, de manera que ustedes armaron ese alboroto." Y luego querían lincharme, y el comandante tuvo que venir a sacarme de en medio de ustedes. Yo no soy el alborotador.
Segunda acusación: "Es líder de la secta de los nazarenos." La palabra "secta", en su contexto, también tiene la connotación de una elección individual, y da la impresión, cuando es usada en este contexto, de que es un grupo de personas individualistas que se quieren separar de Roma, que no quieren estar bajo Roma, y que Pablo es líder de esa secta. Pero lo que Pablo dice cuando afirma "esto yo lo admito" se refiere al Camino, no a ser líder de un grupo de nazarenos, que esa no es la manera como nosotros somos reconocidos.
Tercera acusación: "Hasta trató de profanar el templo." Escuchen lo que pasó. Nosotros lo vimos en el capítulo 21. Lucas narra que Pablo llega a Jerusalén y fue visto en la ciudad con Trófimo. Trófimo era gentil. Después dice que otro día Pablo fue al templo, porque fue a pagar su ofrenda y a adorar a Dios, y cuando vieron a Pablo en el templo lo acusaron de que había profanado el templo porque había introducido a Trófimo en él. Pero la realidad es que nadie vio a Trófimo en el templo. La gente vio a Pablo en la ciudad con Trófimo y especuló, sin ser verdad, que Pablo había metido a Trófimo en el templo.
Y eso es importante que tú y yo nos detengamos y reflexionemos aquí, porque la especulación es una de las mentiras más frecuentes con las que nos encontramos. Escucha la definición: la verdad es lo que corresponde a la realidad, y la especulación, hasta que no sea comprobada y corresponda a la realidad, es también mentira. Entonces, como la llamamos "especulación", al final del primer culto alguien vino, cuando los jóvenes me preguntaron de buena manera cómo es eso, porque la especulación no la ven como una mentira. Yo le dije: "Déjame ilustrarte. En medicina, yo te examino y tú tienes los síntomas de una apendicitis, y yo te digo: 'Eso es una apendicitis.' Pero yo no he hecho una tomografía, todavía no te he operado. Eso es especulativo, y en la afirmación es mentira, porque todavía yo no sé si eso es así. Han entrado a cirugía y se han abierto porque iban a cortar una apendicitis y la apendicitis estaba normal."
Ahora, si yo te digo: "Ese cuadro es compatible con una apendicitis", esa afirmación es verdad. La otra es mentira, porque yo no lo sé, yo no tengo la evidencia para decirlo. Ahora, si tú dices: "Voy a especular que es una apendicitis", ahora tú has dicho verdad, porque has afirmado que es una especulación. El problema es que nosotros oímos un rumor y tomamos ese rumor, construimos una especulación y la afirmamos como la absoluta verdad. Y yo no sé si tú lo has visto en tu vida, pero si tienes más de 15 años, yo creo que lo has visto un número de veces.
Nosotros frecuentemente nos encanta llenar los espacios en blanco. Escuchamos una historia del 1 al 3, voy y le cuento a mi amigo y llego hasta el 10, y luego cuando somos cuestionados decimos: "Bueno, como lo del 1 al 3 era cierto, lo más natural es decir que del 4 al 10 también." Sí, pero no. El 4 al 10 fue pura especulación. Una persona hace un comentario —eso no me ha pasado, no sé, 600 veces— y esta persona viene y me dice: "Pastor, la gente está diciendo." La última vez que alguien ha venido le he dicho: "¿Cuántas personas te han dicho eso?" "Bueno, en realidad fue una persona." O sea, tú y esa persona han estado diciendo, y no hay que decir "la gente está diciendo." Eso es una mentira también.
¿Te das cuenta lo proclives que somos a mentir? Si fueras completamente veraz, vendrías donde el pastor y dirías: "Una persona y yo estamos pensando esto." Eso sería la verdad. Sin embargo, yo les decía al grupo anterior que si hay algo que a mí me gusta es reflexionar. Estoy casi siempre leyendo un libro, reflexionando la mayoría de las veces. Y la reflexión no es solamente sobre lo que leo, sino también sobre lo que veo. En cuanto a la especulación, esta es mi observación: yo, en mis 61 años de edad, no he visto a nadie especular a favor del otro. Nosotros especulamos en contra del otro, o por lo menos especulamos a favor de lo que nos favorezca a nosotros mismos, de lo que queremos crear, de lo que queremos oír. Por tanto, la especulación es egocéntrica por naturaleza.
Tértulo le dice a Félix: "Nosotros lo arrestamos y quisimos juzgarlo conforme a nuestra ley." Eso es mentira. Ustedes no lo arrestaron. Pablo se encontraba en un lugar en el templo, ustedes vinieron y se unieron alrededor de él. No estaba arrestado. Pablo comienza a hablar y ustedes lo agarraron y estaban listos para lincharlo, no para escucharlo, no para pasarle juicio. Eso es mentira. Pero querían hacerle lucir a Félix como que ellos habían procedido correctamente. Tú puedes ver la anatomía, o la psicología, de la mentira.
Tértulo, el abogado, tiene la osadía de invertir los hechos y prácticamente acusar al comandante de haber creado el problema, porque dice: "Nosotros lo arrestamos", cuando ni siquiera tenían cómo hacerlo, pues no tenían fuerza policial judía para juzgarlo. Pero escucha lo que él le dice a Félix: "Interviniendo el comandante Lisias con gran violencia..." Ahora al comandante lo culpa de la violencia. "Con gran violencia lo quitó de nuestras manos." No, ustedes fueron los que lo agarraron violentamente, estaban a punto de matarlo, y el comandante tuvo que quitárselos de las manos antes de que perdiera la vida. La inversión de los hechos es una mentira.
En mi vida, cuántas veces alguien me ha dicho: "Me llamó Pedro", para luego yo saber que no, que tú llamaste a Pedro. La inversión de los hechos es una mentira. Y múltiples otras maquinaciones toman esa forma: la especulación, como mencioné, es una forma de mentir; la exageración de los hechos es una mentira; el creer sin la evidencia, es decir, el dar por sentado y seguro que algo es, proviene de un corazón mentiroso.
Por eso es que en medicina, voy a volver a la medicina, hoy en día se habla de que uno tiene que hacer medicina basada en evidencia. La razón por la que eso se llama "medicina basada en evidencia" es porque en el pasado, en el área de la ciencia, la medicina llegó a múltiples conclusiones —que yo incluso leí en libros de texto durante mi entrenamiento— que luego tuvieron que ser desmentidas, porque en realidad la evidencia nunca estuvo ahí. Eran simplemente observaciones anecdóticas, y cuando finalmente la evidencia apareció, era contraria, y hubo que desechar aquellas conclusiones. Esto es simplemente para darte una idea, en el área de la ciencia, de la importancia de la evidencia.
En este mundo caído, dadas las condiciones del mundo mismo y luego dadas las condiciones mías y tuyas, ni siquiera siempre lo que mis ojos ven es verdad. Y tú podrías decir: "¿Cómo es eso?" Para que lo sepas, te lo voy a ilustrar, y lo he hecho otras veces. Toma un vaso de cristal, llénalo con agua, ponle un lápiz, haz pasar un rayo de luz, lo miras y el lápiz está torcido. Si tú no sabes nada de física y nunca hiciste el experimento, dices: "El lápiz está torcido, se ve raro." Si tú no supieras nada de física, podrías pasar tu vida diciendo que el lápiz está torcido. Sácalo del agua y está derecho. No es una simple observación; las cosas no son tan simples como parecen.
El hombre es capaz de decir una verdad, decir la verdad al 100%, y convertirla en una mentira. Déjame leer esta historia. Es una historia conocida en el mundo de la ética que lleva tiempo circulando. Su autora, Mac Ruth Lynn, tuve que buscar el texto anoche porque no me acordaba exactamente de la historia y quería buscarla. Te la voy a leer.
"El primer oficial de un barco registró en el diario del barco la siguiente frase: 'El capitán está sobrio hoy.'" Es 100% verdad. El capitán pudo haber estado sobrio todos los días, pero la implicación era que la sobriedad del capitán era una ocurrencia rara, porque simplemente decía: "El capitán está sobrio hoy." Eso es verdad, pero tenía otra implicación en la forma en que fue escrita. La manera misma como el oficial del barco escribió la afirmación, la cual era verdadera, creó una mentira. La frase "el capitán está sobrio hoy" era verdadera, pero la manera como esa verdad fue escrita daba la impresión de que era raro que el capitán estuviera sobrio ese día. Una verdadera afirmación puede ser convertida en una mentira destructiva que puede traer grandes consecuencias en una organización. El primer oficial, en su decepción, manipulación e insinuación, trae deshonra al barco del ejemplo.
El segundo oficial lee la entrada en el diario y pregunta al primer oficial, al que escribió la frase: "El capitán tiene un problema con el alcohol." Entonces el primer oficial que escribió la frase se queda callado, se encoge de hombros y voltea los ojos, como... Ahora el primer oficial, responsable de la frase, con su malicia, va a donde el capitán y le dice: "Capitán, quizá usted quiere saber que el segundo oficial me preguntó si usted tenía un problema crónico con el alcohol." Eso es verdad, él preguntó eso. Pero la implicación y la trama de trasfondo tienen una mentira.
De nuevo, esta fue una afirmación verdadera porque es cierto que el segundo oficial hizo la pregunta; sin embargo, esa verdad se convirtió en una mentira manipulativa y dañina al pintar un cuadro que no era. ¿Entendiste la idea? A veces la mentira es franca. A veces la mentira tiene una parte de verdad junto con una parte de mentira para hacer sonar la mentira como verdadera, pero la realidad es que una media verdad es una mentira completa.
En otras ocasiones la verdad es dicha parcialmente con la intención expresa de engañar al otro. Y al final tú dices: "Bueno, le dije la verdad, sí, le dije la verdad." Pero la intencionalidad de quedarte donde te quedaste fue engañar al otro. Ahora, es posible que la verdad sea parcial y yo no haya mentido, como cuando un niño de tres años te pregunta cómo nació su bebé: tú no le vas a dar toda la explicación, le dices algo verdadero y te detienes. O cuando en debates, por ejemplo, tú decides que vas a contestar lo que se te pregunta y no más, que es algo enseñado en lógica. Así: "Tú no me estás preguntando esto, lo que me estás preguntando es esto, pues yo te voy a responder esto."
Entonces, que mi verdad sea honesta. Pero lo que convierte mi verdad en mentira es cuando yo te digo esa media verdad con la intencionalidad de engañarte, de traicionarte, como cuando Abraham dijo que su esposa era su hermana. Bueno, esa es una media verdad, porque verdaderamente era su hermana, pero les ocultó el hecho de que también era su esposa, con la intencionalidad de engañar a Abimelec.
De ahí la razón de que en los juzgados —no sé si todavía se sigue haciendo en cada nación, en cada juzgado— la pregunta es: "¿Jura usted decir solamente la verdad, toda la verdad, para que no me diga media verdad, y nada más que la verdad, para que no digas media verdad ni me digas tampoco la verdad más un regreso de mentira atrás?" Por eso dice: "Y nada más que la verdad." Decir la verdad no es suficiente; necesitamos decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.
Tértulo termina su acusación contra Pablo de esta manera: "Si tú mismo lo interrogas sobre todo lo que ha dicho, podrás confirmar las cosas de que lo acusamos." Los judíos se unieron también a la acusación, asegurando que efectivamente así era todo.
Hermanos, dada nuestra naturaleza caída, es más fácil que una persona quiera creer la mentira diseminada que la verdad que se ha dicho. Es más fácil que una persona abra el periódico, tenga un encuentro con alguien, y esa persona —o el periódico, Google, quien sea— mienta, e inmediatamente lo crea, que que esa persona lea la verdad y termine creyéndola. Porque en nuestra naturaleza caída hay un escepticismo natural en nosotros, y cuando oímos la verdad, lo más frecuente es que digamos: "Eso dice él." Pero si oímos la mentira, visualmente no se puede creer: "Eso dice él." No solo eso, sino: "¿Cómo va a ser increíble? Oye, mira, tan santico que parece." Esas sí, esas sí.
Una de las maneras como yo reflexiono... yo tomo refranes de la cultura popular y me quedo meditando en ellos, porque es increíble la gracia común que Dios le ha dado al hombre que no lo conoce para entender cosas reales. Y en la calle se dice que "ladrón juzga por su condición." De la misma manera, nuestra condición de mentirosos hace que nosotros queramos creer la mentira más rápidamente que la verdad. Y yo lo que hago con mi reflexión es que pienso en personas que yo creo que son humildes, que son sinceras —y tengo varios nombres ahora mismo—, el humilde sincero que tiene un testimonio probado, y he hablado con ellos, conversado con ellos, y me doy cuenta de que estas personas hasta cierto punto son como inocentes, decimos nosotros en nuestro país, porque usualmente tienden a darle el beneficio de la duda al otro, porque también juzgan conforme a su condición. Como ellos no son maliciosos, como ellos no son de esa otra manera, cuando escuchan algo tienden como a creerlo. Pero nuestra condición maliciosa y caída hace que cuando nosotros leemos una mentira, lo más natural es que la abracemos como la verdad.
La verdad y la mentira se enfrentan. Ya escuchaste la mentira; vamos a ver la verdad ahora de Pablo. Después que el gobernador le hizo una señal para que hablara, Pablo respondió: "Sabiendo que por muchos años tú has sido juez de esta nación, con gusto presento mi defensa." De ahí Pablo ha terminado la introducción. Observaste la diferencia entre "Excelentísimo Félix, y esta reforma que tú has llevado a cabo, y que has promulgado leyes, y que por ti se ha logrado mucho la paz" —tú y todo esas lisonjas— y lo que dice Pablo. No hay nada de eso en la verdad de Pablo. Lo que Pablo dice simplemente es: "Sabiendo que por muchos años tú has sido juez de esta nación, con gusto presento mi defensa." E inmediatamente pasa a su defensa.
"Puesto que tú puedes comprobar el hecho de que no hace más de doce días que subí a Jerusalén a adorar." Pablo comienza su defensa diciendo: "Tú puedes comprobar lo que te voy a decir. No hace más de doce días que subí a Jerusalén." Y cinco días lo tengo aquí contigo esperando, y en Cesarea subieron. En siete días no puede ser que yo haya organizado una secta y ya me quiera revelar contra Roma. O sea, cómo aplica la razón a veces es posible. Tú puedes comprobar eso, Félix, muy fácilmente.
Inmediatamente después, Pablo prosigue: "Yo subí a Jerusalén a adorar, a presentar una ofrenda que traía." Próxima defensa: "Ni en el templo, ni en la sinagoga, ni en la ciudad misma me encontraron discutiendo con nadie ni provocando un tumulto. Ni tampoco pueden probarte lo que ahora me acusan." Me están acusando, pero no pueden probar que yo causé ningún disturbio. Si tú quieres, Félix, ahora el gobernador comprobará el valor. Pablo acude no a una percepción que él tiene como ellos, como hizo Tértulo; él apela a los hechos comprobables para su defensa. Esto es verdad: Pablo predicaba el Evangelio y ellos causaban las discusiones y los disturbios.
Yo te dije al inicio que tanto Jesús como Pablo habían sido acusados en múltiples ocasiones, y la acusación era que yo tenía algo contra el judaísmo y contra el mundo romano. Aquí vienen ahora las admisiones de Pablo donde él rebate el hecho de que tenga algo contra el judaísmo. Escuche: "Pero esto admito ante ti, que según el Camino —el Camino es el nombre del grupo de los cristianos, que ellos llaman secta— yo sirvo al Dios de nuestros padres, creyendo todo lo que es conforme a la ley y que está escrito en los profetas." No estoy contra el judaísmo. "Teniendo la misma esperanza en Dios que ellos también abrigan, de que ciertamente habrá una resurrección tanto de los justos como de los impíos." ¿Dónde está mi violación? No lo pueden probar; es mentira.
Pero nota que la introducción de Pablo fue corta, sin lisonja, y la defensa de Pablo fue igualmente corta. Y eso es así porque, escúchame: mientras menos verdad hay en una persona, más palabras necesita para su defensa. Mientras menos verdad hay en una persona, más palabras necesita para su defensa. La mentira necesita muchas palabras porque no tiene fuerza ni tiene quien la endorsa que no sea Satanás. Por otro lado, la verdad tiene un poder intrínseco y por tanto usa pocas palabras, hasta el punto de que el hombre veraz habla poco; el hombre veraz habla poco.
En general, si tú sigues el ejemplo de Cristo, eso fue lo que Él hizo. De hecho, fue profetizado que Él vendría y sería de esa manera, en Isaías 53:7: "Como cordero fue llevado al matadero, y como oveja en silencio ante sus trasquiladores, no abrió su boca." Qué callado. Y Pablo hizo lo mismo. En ocasiones en el pasado he tenido acusaciones por varios años en el internet y en diferentes formas. Y muchos de ustedes me han preguntado por qué no me defiendo, y habiendo aprendido de Jesús y de Pablo, esta ha sido mi respuesta: porque si mi Dios y mi testimonio no me pueden defender, no hay palabras que lo puedan hacer. Si mi Dios y mi testimonio no me pueden defender, no hay palabras que lo puedan hacer.
Tenemos la más grande defensa que Pablo presentó aquí y en otras ocasiones —lo hizo con los corintios también—: "Por esto yo también me esfuerzo por conservar siempre una conciencia irreprensible delante de Dios y delante de los hombres." Ahí es donde comienza. Pablo dice: "¿Sabes qué? El tribunal de los hombres está corrompido." El tribunal de los hombres no solamente está corrompido por la corrupción del sistema judicial de muchos países; está corrompido porque el juez, el acusador, los que observan, todos de acuerdo a la Biblia están igualmente corrompidos en su naturaleza caída.
Hay un solo lugar donde verdaderamente cuenta el veredicto, y es en el tribunal celestial. Ahí, por encima del sol, es que se ve cómo realmente es. Y por eso Pablo dice: "Yo tengo mi conciencia irreprensible, no medianamente, no; mi conciencia irreprensible delante de Dios y delante de los hombres." En otras palabras: "Yo he actuado con certeza, con certidumbre, a favor de los propósitos de Dios, incluso a favor de los propósitos del hombre. De ahí a que el hombre haya creído o construido otra cosa con relación a mi testimonio, eso el tribunal del cielo lo juzgará." Y hoy en día, bueno, el mismo refrán que ustedes han escuchado: "El papel aguanta todo."
¿No ha habido eso? Claro, el papel aguanta todo. Pero como hoy vivimos en el mundo de la electrónica, yo creo que tenemos que decir que no solamente el papel aguanta todo, también el celular lo aguanta todo: Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, los emails, los videos, los periódicos y las fake news de que habló el presidente Trump. Todo eso lo aguanta todo. ¿Y si tú lees cualquiera de eso? Nada a la naturaleza pecadora de nosotros, pues claro que es verdad. Cuando lo leíste en Instagram, imagínate, en Wikipedia.
Pero hay un tribunal que solo aguanta la verdad, nada más que la verdad, solamente la verdad y nada más que la verdad, y es el tribunal de Dios. Y es el tribunal que tú necesitas de tu lado. Escucha lo que dice Proverbios 12:22: "Los labios mentirosos son abominación al Señor, pero los que obran fielmente son su deleite." ¡Wow! Aquí hay una afirmación que va de lo sublime a lo ridículo o lo bochornoso. Y es que los que hablan mentira son abominación. Eso no es pequeño; a mí me amedrenta eso. Y los que andan en verdad son el deleite de Dios. ¡Wow!
Pablo explica: "Mira, yo estuve varios años fuera. Después de varios años he venido para traer limosna, una ofrenda y presentar ofrendas. Haciendo lo cual me encontraron en el templo, después de haberme purificado, no con multitud ni con alboroto." Es una mención de Pablo acerca de dónde se sacaron esto de Trófimo. "Yo fui solo a presentar una ofrenda, pero estaban allí ciertos judíos de Asia."
Escucha, porque es importante: ellos deberían haberse presentado aquí antes y acusarme si tuvieran algo contra mí, los que crearon el problema en Jerusalén contra Pablo. Fue unos judíos de Asia. Ellos levantaron la acusación de que Pablo había profanado el templo, y Pablo dice: "Esos hombres, ¿por qué no están aquí? Qué fácil es acusarme desde Jerusalén, pero ¿por qué no vienen y dan la cara?" Eso es contrario a la ley romana. Tú no podías acusar a un hombre de alguna cosa o violación desde lejos; tú tenías que presentarte en persona, dar la cara y hacer la acusación.
Lo que Pablo está diciendo es: "¿Dónde están mis acusadores? Están violando la ley, y ustedes están haciendo el caso considerando la violación de que yo contaminé el templo, cuando los que levantaron esa calumnia ni siquiera están aquí. Ustedes no lo pueden hacer; por eso no es legal, eso no es lícito, eso es inmoral." Eso es lo que Pablo está diciendo. "Y también den la cara y acúsenme. O si no, que estos mismos que están ahí digan qué delito encontraron cuando comparecí ante el concilio." En otras palabras, si ellos no estuvieron en el templo y no me acusaron de haber contaminado el templo, sino que oyeron eso, lo que oyeron para citar su acusación delante del concilio, eso es lo que ellos dijeron del concilio.
"Entonces díganme, ¿qué fue lo que oyeron cuando yo comparecí ante el concilio, a no ser por esta sola declaración que hice en alta voz mientras estaba entre ellos? Por la resurrección de los muertos soy juzgado hoy ante vosotros." Cuando Pablo dijo eso, los saduceos y los fariseos comenzaron a discutir entre ellos: "No, la resurrección no existe." "El fariseo sí cree." "Quién sabe si un ángel le habló." Y ellos armaron su alboroto. Pablo no dijo nada. "¿Ustedes armaron un alboroto? Entonces dime dónde fue que pequé."
Entonces Félix, conociendo, versículo 22, con mayor exactitud acerca del Camino —Félix había indagado, había leído, había hablado con alguien, no sé quién, pero conocía con mayor exactitud acerca del Camino—, pospuso el fallo. Nada nuevo debajo del sol. ¿Y qué pasó hoy en la audiencia? No, la pospusieron, pospusieron el fallo. Diciendo: "Cuando venga el comandante Lisias, decidiré vuestro caso."
Félix sabía que Pablo era inocente. Félix está haciendo algo como lo que quiso hacer Pilato, sabiendo que era inocente. "A mí me mandó eso a Herodes; a ver si él resuelve." Herodes sabe que es inocente. "A mí me mandó eso a Pilato de nuevo." Félix dice: "No me voy a echar en contra de los judíos. Vamos a posponer el fallo. Vamos a esperar que llegue Lisias."
Y en segundo lugar, nosotros sabemos que Félix sabía que Pablo era inocente por el trato que le dio. Versículo 23, ya llegando al final: "Y dio órdenes al centurión de que guardara a Pablo bajo custodia, pero" —subraya el "pero"— "con alguna medida de libertad, y que no impidiera a ninguno de sus amigos que lo sirvieran." ¿Tú estás viendo eso? "Mira, centurión, déjalo aquí, pero dale libertad, ¿ok? Cualquier amigo de Pablo que quiera venir a visitarlo, que lo visite." Él solo hace eso cuando Dios está de tu lado.
Dame concluir con dos o tres ideas. La verdad pone a Dios de tu lado. La mentira pone a Satanás de tu lado. ¿A quién quieres de tu lado? La verdad, como llamaba Francis Schaeffer, la verdadera verdad, la esencia, lo que realmente no tiene una pizca de mentira, la verdadera verdad. Eso se ve cuando estás por encima del sol; es por encima del sol que las cosas se ven como realmente son. La verdad bajó del cielo, se encarnó, se hizo hombre, se crucificó, resucitó y ascendió a los cielos. Bajó del cielo y regresó al cielo. La mentira subió del seol, se hizo serpiente y se arrastró sobre la tierra. Los que se identifican con la verdad entrarán al reino de los cielos, verán a Cristo como Él es y serán como Él es. Los que se identifican con la mentira bajarán al seol, porque la Palabra dice de diferentes maneras en diferentes lugares que ni los mentirosos ni los difamadores entrarán al reino de los cielos. ¿A cuál de los dos reinos quieres ir?
Esta historia ilustra el corazón del hombre mentiroso. Esta historia ilustra la anatomía y la fisiología de la mentira, la estructura de la mentira y el funcionamiento de la mentira. Y es, de hecho, el tema de un libro futuro mío; así mismo se va a llamar: "La anatomía y la fisiología del pecado." Y esta historia ilustra el rol de la corte de los hombres y el rol de la corte celestial en el juicio de los hombres. Si la cuenta ya está arriba, ¿por tanto aquí abajo hay mucho que defender? El inocente tiene pocas palabras, como Cristo en sus juicios y Pablo por igual. Entre más verdad hay, menos palabras necesita para justificar lo que está diciendo.
De hecho, en el mundo secular existe un pensamiento similar que dice que mientras menos razón tienes para tu argumento, más palabras necesitas para tratar de sostenerlo. Lo mismo: mientras menos razón tienes para sostener tu argumento, más palabras necesitas para sostenerlo. Eso pasa entre padre e hijo incluso. Si usted ve a un padre que explica y explica y explica y explica el por qué le está diciendo que no a su hijo, ten por seguro que tiene poco fundamento para decir que no. El padre que está seguro lo dice en pocas palabras: "No hay nada que discutir, está claro, esto es así." Eso mismo se aplica en las relaciones, en lo que lees, en lo que escuchas.
De manera que ten cuidado cómo escuchas, ten cuidado cómo lees, ten cuidado cómo transmites lo que has escuchado, de quién lo has escuchado, sin querer participar en el proceso. Pero recuerda: la inclinación de tu corazón y del mío, la inclinación natural no es a la verdad, es a la mentira. Y hay un morbo en querer creer la mentira, porque alimenta nuestra naturaleza. Tenemos que ser cuidadosos y preservar la unidad del cuerpo de Cristo.