Integridad y Sabiduria
Sermones

Vida después de la muerte

Miguel Núñez 15 marzo, 2015

Los creyentes de Tesalónica estaban profundamente perturbados por la muerte de sus seres queridos. Aunque habían recibido el evangelio con gozo y su fe resonaba por todas partes, algo los tenía sumidos en una tristeza desproporcionada. No sabían qué pasaría con aquellos que ya habían partido, y esa ignorancia les robaba la paz. El apóstol Pablo no les prohíbe llorar —él mismo reconoce que habría tenido "tristeza sobre tristeza" si Epafrodito hubiera muerto—, pero les advierte que no pueden entristecerse como quienes no tienen esperanza.

Y esa esperanza tiene un fundamento sólido: la resurrección de Cristo. Si Jesús murió y resucitó, entonces Dios traerá con él a los que durmieron en Jesús. La conexión es inseparable: si Cristo resucitó, nosotros resucitaremos; si no hay resurrección de muertos, ni siquiera Cristo habría resucitado. Como anticipo de esta promesa, cuando Cristo murió los sepulcros se abrieron y muchos santos resucitaron, apareciendo a sus familiares después de la resurrección del Señor.

El pastor Núñez subraya que esto no es especulación humana sino palabra del Señor mismo. Cuando suene la trompeta, los muertos en Cristo se levantarán primero, y luego los que estén vivos serán arrebatados juntamente con ellos para encontrarse con el Señor. Y lo más glorioso: estaremos con él para siempre. Por eso Pablo concluye con una exhortación práctica: confortaos unos a otros con estas palabras. La esperanza cristiana no es vaga ni incierta; descansa en la integridad de un Dios que cumple cada promesa.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Fuimos hermanos para vivir en su cabal! Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, y voy a comenzar leyendo el versículo 13 hasta el final para terminar ese capítulo.

"Pero no queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como lo hacen los demás que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios traerá con él a los que durmieron en Jesús. Por lo cual os decimos esto por palabra del Señor: que nosotros los que estemos vivos y que permanecemos hasta la venida del Señor no precederemos a los que durmieron. Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. Entonces nosotros los que estemos vivos y que permanecemos seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre. Por tanto, consolaos unos a otros con estas palabras."

Padre, gracias porque tu palabra no solamente es revelación, es mensaje de consuelo. No solamente es revelación de tu mente, tu carácter, tu voluntad, tu plan, pero es fortaleza para el alma. Es paciencia para lo que esperamos por tu segunda venida. Es certidumbre para aquellos que en algún momento hemos albergado dudas. Gracias te damos por lo que encontramos hoy. Te pedimos que en esta mañana tú puedas hablar por medio de tu Espíritu a creyentes y a no creyentes, y a algunos que quizás piensan que han creído, pero que hoy quizás tú quieras revelarles que ciertamente no habían creído, de tal forma que ellos puedan tener vida eterna y certeza en tus palabras.

Haz un trabajo en el predicador, Dios, para que el hombre no manche, debilite, desvirtúe, cambie, altere tu mensaje. Sabes que nuestra carne es capaz de hacer cada una de estas cosas y mucho más. Nuestras emociones son capaces. Nuestros temores son capaces. Pero tu Espíritu mora en cada uno de nosotros, y el que unge los labios para la exposición de tu palabra, que inspiró esa misma palabra, es a ti, Dios, que yo pido que por medio de ese Espíritu tú puedas guardar lo que hoy he de predicar en Cristo Jesús. Amén, amén.

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"Vida después de la muerte." Ese es el título de mi mensaje, y lo escogí justamente para hablar de este texto que yo acabo de leer. Porque en primera instancia, uno pudiera leer el texto y quedarse impresionado con la magnitud del regreso de Cristo y la manera visible e impresionante como va a ocurrir. Pero cuando vuelves a leer el texto, y vuelves a leer el texto, puedes entender que en este momento, esa venida de Cristo de la cual Pablo va a hablar más en detalle en su segunda carta, es solamente el instrumento a través del cual él está tratando de brindar esperanza a un grupo de tesalonicenses que, por alguna razón, estaban perturbados.

De manera que, primariamente, esto no es un tema escatológico aquí, aunque tiene cosas del futuro reveladas. Pero los creyentes estaban preocupados. Estaban preocupados con qué va a pasar después de la muerte, específicamente con aquellos que ya han partido de este mundo. Y ese es el tema principal. Es la razón por la que Pablo comienza diciendo en el versículo 13: "No queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los demás que no tienen esperanza."

Esperanza es la palabra clave al principio del texto, y si tú notas al final, en el versículo 18, la apóstol Pablo cierra diciendo: "Por tanto, consolaos unos a otros con estas palabras." Esperanza al principio, consolaos al final, como dos portales que contienen el resto de lo que Pablo está tratando de decir a los creyentes. Y en este caso, en particular, hay algo que les está molestando, preocupando, perturbando, a una congregación de la que hasta ahora Pablo todo lo que tenía que decir era bueno. ¿Cómo su fe había resonado por todas partes? ¿Cómo habían recibido la palabra de Dios como lo que verdaderamente era? Pero aparentemente había algo que necesitaban entender de una mejor manera, y tiene que ver con la vida después de la muerte.

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Ese es un tema poco hablado entre creyentes y no creyentes. Lo decimos con frecuencia: la muerte es lo único que uno tiene seguro. Pero de seguro que no queremos hablar de eso. Y las razones pueden ser múltiples. Yo creo que si uno revisa el espectro de personas en la sociedad va a encontrar que realmente hay un grupo de personas que no tienen ninguna esperanza en la vida después de esta. Y eso ha hecho que en algunas naciones el número de eutanasias siga subiendo año tras año, porque no tienen nada en qué anclar su esperanza después de morir. Este grupo no vive preocupado por lo que va a pasar cuando ellos mueran.

Sin embargo, hay otros que sí viven preocupados. Pero entre aquellos que no viven preocupados, hay algunos —hay muchos; de hecho, la mayoría— que no son ateos. Yo creo, sobre todo en nuestro contexto católico, que hay muchos que dicen: "Yo creo que hay un Dios. Yo creo que hay un infierno. Yo creo que hay una eternidad." Pero viven confiados en que ellos de alguna forma van a entrar a esa eternidad con Dios. No tienen una relación con Dios, pero tienen la confianza de que van a pasar la eternidad con Dios. Es como si alguien se tirara de un avión sin paracaídas y tuviera la confianza de que va a sobrevivir. Cuando tú analizas objetivamente la caída libre, tú entiendes que no hay forma de sobrevivir esa caída. Pero como que estuviera despreocupado.

De esa misma forma, hay mucha gente que ha sido informada en nuestro contexto latinoamericano por lo que llamaríamos una cultura cristiana, y en su interior, cuando conversas con ellos, hay una esperanza de esa vida eterna y hay una esperanza incluso de que van a entrar a la presencia de Dios. Pero en este lado de la gloria, de la eternidad, no están haciendo absolutamente nada para garantizar —hasta donde ellos puedan, conforme a lo que la palabra revela— si es posible entrar.

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Hay otro grupo: los ateos, que realmente, como ya decíamos, piensan en la eutanasia, y dicen: "Yo no creo que haya tal cosa como una vida después de la muerte." Los cristianos culturales, aquellos que crecemos en medio de una cultura cristiana, tenemos cierta idea de estas cosas. No cultivamos esa relación con Cristo, no nos preocupa la vida después, pero no nos gusta hablar del tema porque en el fondo sabemos que no tenemos lo que se requiere para enfrentar al Juez de la vida, al Juez del que habla la palabra.

Y luego estamos los creyentes verdaderos, estamos nosotros, que quizás nos sentimos un poco más cómodos con el tema. Pero aún así, hay cierta intranquilidad cuando tú hablas con muchos de ellos. Una parte de esa intranquilidad la produce el temor a lo desconocido, el temor a cómo voy a morir, si me va a doler morir. Otra parte de la intranquilidad y de la tristeza la genera el hecho de que quizás, al hablar de la muerte, vienen a la mente y al recuerdo nuestros seres queridos que ya han partido. O quizás vienen a nosotros ideas acerca de que voy a partir y voy a dejar aquí entonces a mi esposo o esposa, o a mis hijos, o a mis nietos, o todavía no tengo nietos y quisiera verlos. Y toda esa melancolía frecuentemente invade la mente, el corazón, la vida de los creyentes.

Quizás esas no fueran las razones que tenían a los tesalonicenses preocupados —por lo menos el texto no da ninguna indicación en esa dirección—. Pero lo cierto es que cuando pensamos en la vida después de la muerte, nosotros tenemos todavía la mente más puesta en esta tierra que en el siglo venidero. Y justamente eso es lo que Pablo está tratando de hacer con los tesalonicenses, y yo a través de estas palabras ya inspiradas por Dios con nosotros: es como poner el dedo pulgar en la barbilla y levantarle el rostro hacia los cielos, y poder enfocarnos por un tiempo en lo que es esa realidad de la cual Dios habla con bastante transparencia en su palabra, pero también con bastante esperanza.

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De eso quisiera nosotros conversar en esta mañana, y para ello yo quiero básicamente hablar de dos puntos. Número uno: la tristeza inesperada de parte de los tesalonicenses. Y número dos: la esperanza productora de gozo de que habla la palabra. Dos puntos: la tristeza inesperada de los tesalonicenses, y la esperanza productora de gozo de que habla Pablo incluso en este texto.

Evidentemente los tesalonicenses estaban entristeciéndose más allá de lo esperado, por la manera como Pablo inicia: "No quiero que os entristezcáis como aquellos que no tienen esperanza." Les embargaba un sentimiento de dolor, y esa ignorancia acerca de estos temas —porque Pablo dice "no quiero que ignoréis"— esa ignorancia no les permitía manejar la muerte y, en particular, la muerte de aquellos seres queridos, de aquellos que ya habían partido.

No sabemos cómo Pablo se enteró de que esta era la situación en que ellos estaban, pero es posible que Timoteo, al regresar, —porque Pablo les envió a Timoteo desde Atenas; Pablo mientras tanto se va a Corinto— cuando Timoteo regresa de Tesalónica ya no regresa a Atenas sino que regresa a Corinto y se encuentra con Pablo. Es posible que cuando Timoteo regresó le haya manifestado a Pablo su preocupación por el estado emocional de estos hermanos, referente a personas o seres queridos, o hermanos en la fe que ya habían partido. Y Pablo entonces comienza un tema nuevo en este capítulo 4 con esta palabra: "Pero no queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen."

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"Los que duermen": un eufemismo. La palabra "dormir" es un eufemismo. Eufemismo es una palabra que sustituye a otra, simplemente con la intención de hacerla sonar un poco más digerible. Quizás la palabra pudiera sonar un tanto vulgar, o demasiado violenta, o quizás un poco hiriente, y de esa forma entonces se usa una palabra para sustituirla que pudiera transmitir un mejor sentido.

Y Pablo habla acerca de los que duermen, para que no se entristezcan, si conocen algunas cosas. Entonces no se van a entristecer como lo hacen los demás que no tienen esperanza. Su tristeza era fuera de proporción, hasta el punto que le estaba perturbando. Y Pablo, usando este eufemismo, trata de consolarlo, pero lo consuela a través de una realidad que ha sido profetizada, que está descrita en la Palabra de diferentes maneras, y que pocos muchas veces meditan en ellas y anclan su esperanza en esas cosas.

Aquellos que durmieron... nosotros a veces hablamos así. A veces decimos "el hermano Fulano partió a la otra vida" para decir "se murió". "El hermano Fulano se fue con el Señor": ¿qué estamos diciendo? Se murió. Estamos transmitiendo algo más que eso cuando decimos "se fue con el Señor"; estamos tratando de decir que creemos que él estaba en Cristo y murió en Cristo.

Esta congregación estaba triste, y no está claro la razón de la tristeza: qué es lo que está causando estas muertes, qué lo tiene ahí en esa condición. Ha habido múltiples especulaciones. Algunos opinan que quizás esta iglesia había comenzado a pasar por el martirio, sobre todo cuando Pablo dice que estaba pasando las mismas dificultades y persecución que la iglesia de Judá. Pero no hay evidencia en el texto, no hay evidencia en la Palabra, no hay evidencia fuera del texto de que en este momento la iglesia de Tesalónica estuviera experimentando el martirio con tanta frecuencia como para que esa fuera la razón que los tuviera perturbados.

Otros han opinado que quizás Pablo nunca les habló de este tema y que de ahí la ignorancia. Como no sabían nada de este tema, lo único que conocían era lo que habían arrastrado del judaísmo, de aquello que se habla en las calles. Entonces, al experimentar después de haber creído la muerte de un ser querido, era como que no entendían. Y ahora, bueno, el Señor sí murió por nosotros y vuelve, pero los que murieron, ¿qué? Quizás esa era una razón.

Otro grupo piensa que sí, que Pablo les habló probablemente acerca de estos temas, porque ese es un tema vital. Sería raro que Pablo pasara varias semanas allí y que no abordara un tema tan vital como lo es la esperanza de vida eterna. Pero que, a pesar de que Pablo les hubiese hablado de eso, cuando llegó el momento ellos no supieron manejar las pérdidas. Y en ese sentido, nosotros como iglesia tenemos esa experiencia también: sabemos que hay una vida eterna, tenemos la esperanza puesta en Dios, pero cuando llega el momento hay un dolor, hay una tristeza, una congoja por aquellos que se van, no pensando que van a sufrir, sino porque nos hacen falta.

Todavía otros piensan que los tesalonicenses quizás más bien estaban reaccionando a algo que se conocía en la literatura apocalíptica judía. Esa literatura judía que hablaba de cosas futuras entendía que a la venida del Señor solo le acompañarían aquellos que estuvieran vivos, y que los que estaban muertos pues no tendrían parte de eso. En esa venida del Señor hay abundante literatura apocalíptica judía que habla de eso. Si eso hubiese infiltrado la iglesia, es posible que pudiera haberlos estado perturbando: "Estamos en la fe, hemos creído en el Señor, pero nos estamos muriendo. ¿Qué, no hay ninguna esperanza?" Por eso Pablo comienza hablando de aquellos que ya durmieron.

Quizás parte de la preocupación tenía que ver con si esta gente que durmió, al resucitar, ¿cómo va a resucitar?, ¿va a recibir sus cuerpos?, ¿se va a quedar como un alma sin cuerpo? Como planteaban los filósofos griegos, que el alma era inmortal y que flotaba, y que no volvía a querer el cuerpo, que había hecho mejor para el alma estar libre del cuerpo, que estaba aprisionada en ese cuerpo.

Pero independientemente de la razón, hay una cosa que sí está clara: ellos estaban tristes acerca de los que durmieron, estaban perturbados y había cosas que no conocían. Pero Pablo no les prohíbe entristecerse. Pablo está consciente de que el Señor Jesús, ante la tumba de Lázaro, lloró. De manera que si Pablo está consciente de la tristeza del Señor ante la tumba de Lázaro, no puede ser que Pablo esté diciendo que el cristiano que ha creído, que verdaderamente tiene fe, no llora.

Cuando Pablo le escribe a los filipenses y les habla de Epafrodito, que estuvo a punto de morir, escucha lo que Pablo dice acerca de esto en Filipenses 2:27: "Pues en verdad estuvo enfermo, a punto de morir, pero Dios tuvo misericordia de él, y no solo de él, sino también de mí, para que yo no tuviera tristeza sobre tristeza." Ahora Pablo está admitiendo que si Epafrodito hubiese muerto, él no simplemente hubiese tenido tristeza: él iba a tener tristeza sobre tristeza. De tal forma que hay una tristeza humana natural que Pablo reconoce en su propia persona cuando nosotros perdemos a alguien que amamos, a alguien que creemos, a alguien con quien por este tiempo no vamos a tener la oportunidad de volver a hablar y de tener conversación.

Pero esta tristeza necesita tener un límite, necesita llegar hasta un punto, porque de lo contrario nos va a paralizar. Y luego se constituye, incluso en ocasiones, en un mal testimonio para aquellos que no tienen a Cristo, que nos vean a nosotros, con Cristo, teniendo el mismo grado de tristeza y congoja que aquellos que no le conocen. Entonces parecería como que Cristo no tiene ningún efecto en nosotros.

Pablo entonces comienza a introducir la idea de que no puedes entristecerte de la misma manera como aquellos que no tienen esperanza, porque nosotros sí tenemos esperanza. Y la esperanza que tenemos no es como alguna esperanza que otros tienen. Por ejemplo, una vez más, este es nuestro contexto latinoamericano, donde mayormente la población es católica romana. La esperanza de muchos católicos, sobre todo aquellos que saben un poquito más de teología católica, es llegar al purgatorio, desde donde entonces los fieles pudieran orar y ser ellos transferidos a la presencia de Dios. De hecho, el Papa Juan Pablo II, cuando le preguntaron si él pensaba ir al cielo, literalmente, yo recuerdo las palabras, dijo: "Sí, yo tengo mucha esperanza, porque estoy seguro de que hay tantos fieles católicos que estarían orando por mí, que sus oraciones serán suficientes para sacarme del purgatorio." Pero en primer lugar, el purgatorio es una falsedad, porque la Palabra de Dios no habla de tal lugar. Y en segundo lugar, no es mucha esperanza el que yo esté esperando —valga la redundancia— entrar a un lugar donde tengo que sufrir primero para purgar cosas que aquí no me perdonaron.

Pablo les dice: "Yo no quiero que os entristezcáis como aquellos que no tienen esperanza." En el budismo no hay esperanza de próxima vida; el budismo es una religión atea. Entonces no te puedes entristecer como el budista. En el hinduismo tienes la esperanza de reencarnar miles o millones de veces, hasta que tu karma se va purificando y luego llega a ser supuestamente tan puro que te unes a Brahma y tú desapareces. Bueno, eso no me da mucha esperanza, sobre todo cuando me enseñan que es posible que en mi próxima vida, cuando reencarne, reencarne como un animal en una escala tan inferior de desarrollo, como una cucaracha. Eso no me da esperanza. Yo no me puedo entristecer como el hinduismo.

En el islam, quién sabe, porque nadie conoce la voluntad de Alá. De manera que cuando tú llegues allá y te encuentres con Alá, ahí verás para dónde vas, porque tú no tienes idea antes de eso. Alá se ha revelado como dios, dicen ellos, pero la voluntad de Alá de cómo compensarse, nadie la conoce. Eso no me da esperanza. Los mormones, los Testigos de Jehová: sus salvaciones son por obras. Entonces yo tengo que esperar cuando llegue al juicio a ver cómo van a evaluar mis obras, a ver si mis buenas obras me dan para contrarrestar mis malas obras. Pero nunca dan. Y el ateo: su única esperanza es morir para dejar de sufrir. Yo creo que esta debiera ser la religión del movimiento que se llama "para de sufrir": muérete para parar de sufrir. Pero nosotros no somos así.

Pablo comienza a introducir: "Mis hermanos, yo conozco a alguna de esta gente", quizás no exactamente los grupos que yo describí, por diferentes razones obvias, pero sí conocía gente del mundo griego, filósofos, que no tienen esperanza, o que están confiando en una esperanza tan etérea que, a la luz de la realidad, no es ninguna esperanza. "Yo no quiero que os entristezcáis como tal cosa. Nosotros tenemos una promesa en la que tú puedes anclar tu vida, en la que tú puedes anclar tu futuro, y puedes anclar tu futuro en el presente, donde tú puedes tener certidumbre en el presente de lo que te ocurrirá en el futuro si sigues los lineamientos revelados en la Palabra." Y de eso es que Pablo les está hablando a los creyentes.

Démosle a la tristeza, entonces, su espacio natural, y a la esperanza su lugar también. Yo quiero que en el resto del tiempo que nos queda nosotros podamos ver la esperanza productora de gozo en el creyente: ambas experiencias en el mismo creyente, la tristeza inesperada y la esperanza productora de gozo, comenzando en el versículo 14.

"Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios traerá con Él a los que durmieron en Jesús." Está hablando justamente de esos que les preocupaban: los que durmieron en Jesús. La mejor evidencia de lo que a mí me ocurrirá, de acuerdo con lo que Pablo está diciendo aquí, es lo que a Cristo le ocurrió. Dios traerá con Él a los que durmieron en Jesús.

Esta última frase es capital, es vital. No dice "a los que durmieron" simplemente, sino "a los que durmieron en Jesús": a los que estaban en un estado de salvación cuando pasaron de esta vida a la próxima vida, a aquellos que habían entregado su vida al Señor, le habían recibido como Señor y Salvador, habían tenido el perdón de sus pecados por medio de la sangre derramada en la cruz, y ahora Cristo ejercía señorío en sus vidas. A los que murieron en Jesús, Dios les traerá con Jesús cuando suene la trompeta.

Aquí hay un grupo significativo de personas y yo tengo que hacer la pregunta: ¿estás en Jesús o fuera de él? No hay un estado intermedio: o estoy en él o estoy sin él. Si estás en él, ¿cuál es la evidencia? ¿Una simple profesión de fe? ¿Un cambio de vida radical donde es obvio que Cristo es mi Señor? ¿Una certidumbre que el Espíritu Santo da a tu espíritu, no algo emocional, algo más allá? Y acuerdo a los ocho de que somos hijos, ¿cuál es tu evidencia? Porque todo lo demás que Pablo tiene que decir acerca de esa esperanza tiene que ver con la condición de que yo muera en Jesús.

Y si morí en Jesús, tengo la certidumbre de que Dios Padre me traerá entonces junto con Jesús cuando regrese. Es como si una cosa no pudiera darse sin la otra. La resurrección de Jesús está íntimamente relacionada a la resurrección nuestra.

La resurrección de Jesús pasó a ser el tema central de la iglesia del primer siglo. De hecho, la iglesia del primer siglo se levanta sobre la proclamación de la resurrección de Jesús. Un Jesús en la cruz solamente, sin resurrección, no nos podía dar absolutamente nada. Pablo lo deja en claro de manera clara en 1 Corintios 15 cuando dice: "Y si Jesús no resucitó, vosotros todavía estáis en vuestros pecados, y nosotros seríamos los más dignos de lástima, porque hubiésemos creído en vano."

La iglesia se levanta justamente porque había una tumba vacía. No había un cuerpo que se pudiera encontrar, porque había una promesa que Él cumplió. Y la iglesia entonces se levanta sobre la predicación de la resurrección de alguien que había conquistado la muerte, que había conquistado el pecado. Y como ese era el eje central de la iglesia, pues llegó a aceptarse la asociación de que aquellos que morían como cristianos morían entonces esperanzados en esa resurrección de Cristo.

Pablo siempre estableció una relación en diferentes direcciones entre la resurrección de Cristo y la nuestra, y te lo voy a demostrar en un momento. Ahora, en el texto que tenemos por delante, mira otra vez la relación y la dirección de la relación: "Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios traerá con Él a los que durmieron en Jesús."

Cuando Pablo le escribe a los corintios en el capítulo 15 de su primera carta, Pablo establece la misma relación entre la resurrección de Cristo y la nuestra, pero en otra dirección. Escucha ahora cómo Pablo lo hace en 1 Corintios 15:12: "Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?" ¿Te das cuenta de la asociación indivisible entre la resurrección de Cristo y la resurrección de los que creen? "Si no hay resurrección de muertos, pues entonces ni siquiera Cristo ha resucitado."

"Y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios, porque hemos testificado contra Dios que Él resucitó a Cristo, a quien no resucitó si en verdad los muertos no resucitan. Pues si los muertos no resucitan, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es falsa; todavía estáis en vuestros pecados."

Entonces también los que han dormido en Cristo han parecido. La preocupación de los tesalonicenses era qué les pasó a los que durmieron. Entonces, si Cristo no resucitó, también los que han dormido en Cristo han parecido. Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos de todos los hombres los más dignos de lástima. Pablo establece el mismo argumento en dos direcciones: en una dirección para los tesalonicenses y en otra dirección para los corintios.

Escucha cómo lo hace para los tesalonicenses: "Si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios traerá con él a los que durmieron en Jesús." Comienza con Cristo. Pero cuando le escribe a los corintios, él hace el argumento al revés, comienza con nosotros: "Si no hay resurrección de muertos, entonces ni siquiera Cristo resucitó." ¿Te das cuenta lo unido e indivisible de estas dos realidades? Si Cristo resucitó —comenzando con Cristo— nosotros resucitaremos. Ahora comenzamos con nosotros: si nosotros no resucitamos, pues tampoco Cristo resucitó. ¡Wow! ¿Te das cuenta de la certeza de esto que Pablo está tratando de enseñar?

Su resurrección es la esperanza de la nuestra, es la certidumbre de la nuestra. Si morimos en Cristo, es porque justamente Él muere para conquistar el pecado y muere para conquistar la muerte. ¿Para qué cosa? Para conquistar el pecado mío y para conquistar la muerte mía. De otra forma, su muerte no tendría ningún sentido. Y el mismo Dios que levantó a Cristo de entre los muertos es el Dios que ha de levantar a los muertos en Jesús cuando suene la trompeta, de lo cual ya Él dio evidencia, porque Cristo, a su paso por la tierra, resucitó a varias personas, incluyendo el famoso Lázaro, el hermano de Marta y María.

Es como dándonos evidencias de antemano. Esto no es simplemente una promesa en el aire; esto es una certidumbre. Y eso que prometió, estoy dando un avance, como los tráileres de las películas, de lo que pudiera ser. Y nos dio más avance que ese el día que Cristo murió y el velo se rasgó. Recuerdo lo que el texto de Mateo dice. Mateo 27, versículos en adelante: "Entonces Jesús, clamando otra vez a gran voz, exhaló el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo, y la tierra tembló, y las rocas se partieron, y los sepulcros se abrieron, y los cuerpos de muchos santos que habían dormido resucitaron, y salieron de los sepulcros. Después de la resurrección de Jesús, entraron en la santa ciudad y aparecieron a muchos."

Cuando Cristo murió, en su muerte ya había un anuncio de conquista de la muerte. Había que esperar hasta el domingo, pero ya había una evidencia de la conquista del pecado: como evidencia, como pago iniciado, como arras, como down payment para mi esperanza. Los sepulcros se abrieron, las rocas se partieron, y estos santos que habían dormido —"santos" implica gente que ya había creído en Jesús— se levantaron. Y el domingo de resurrección, después que Cristo resucitó, fueron y se aparecieron a sus familiares.

Imagina el espanto de aquel que hubiese enterrado a su padre, a su hermano, diez años atrás, cinco años atrás, un año atrás, y que ahora de repente —quizás un año atrás, si tomamos la longitud del ministerio de Cristo— de repente se aparezcan en tu casa ese domingo. Yo creo que entonces habría que enterrar al otro, que se murió del espanto.

La esperanza productora de gozo del creyente es la resurrección de Cristo. Déjame decirlo de esta manera mejor: la resurrección de Cristo es la primera razón de la esperanza productora de gozo. Esa es la primera razón.

La segunda razón de esa esperanza está en el versículo 15: "Por lo cual os decimos esto por la palabra del Señor: que nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron." Aquí hay una frase clave: "por la palabra del Señor." Yo no me lo estoy inventando. Esto no es algo que yo inferí. Esto no es algo que yo deduje de alguna manera. En algún momento el Señor habló de esto, nos habló. No sé si al grupo de los apóstoles, si a Pablo solo, si a Pablo ya se le anticipó: "Tengo que plantar la iglesia de Tesalónica." Pero lo que yo les estoy diciendo es por palabra del Señor.

Esta es una frase equivalente a las palabras o a las frases de los profetas en el Antiguo Testamento cuando decían "así dice el Señor." Pablo no se lo ha inventado. Y ciertamente toda esta Palabra es Palabra de Dios. Por eso es que nosotros le llamamos como le llamamos: ha sido inspirada por Dios, ha salido de Dios, Él ha exhalado, y de ahí entonces su inerrancia. Es inerrante, es infalible, no contiene error, justamente porque la fuente es infalible. Él nos ha entregado esta Palabra y no hay ninguna otra autoridad superior por encima de Él que pueda negar aquello que Dios afirma.

De manera que todo lo que aquí se dice, nosotros lo tomamos de manera autoritativa. Cuando la Biblia habla, Dios habla. Cuando la Biblia habla, Dios habla. Y como decía recientemente Mohler en una de sus comparecencias: si tú quieres oír a Dios hablando, lee la Biblia. Si tú quieres oírlo en voz audible, léela en voz alta. Y esa esperanza en la Palabra de Dios es la que nos va a anclar.

Pero si yo no leo la Biblia de esa manera, creo que muchas veces el cristiano lee la Biblia como el que lee un buen periódico confiable, porque es un periódico en que tú puedes creer, un periódico serio que te crea la noticia, pero al final es palabra de hombre. Yo creo que muchas veces el cristiano lee su Biblia de algo parecido: la lee, cree que es confiable porque se dice que es la Palabra de Dios, pero al final el peso que le da es como palabra de hombre. Y para Pablo, entonces, quizás por eso, porque de otra manera no tendría necesidad de enfatizarlo, "por lo cual os decimos esto por la palabra del Señor." Todo lo demás es por la Palabra del Señor también, pero la manera específica es como diciendo: "Yo no lo deduje, yo no lo inferí; Dios mismo, Jesús, me lo enseñó."

¿Y qué fue lo que te enseñó, Pablo? Que los que estemos vivos y que permanezcamos hasta la venida del Señor no precederemos a los que durmieron. Esta Palabra es infalible, inerrante; Dios habló. Y entonces Pablo les desvela no solamente qué cosas van a ocurrir, sino que comienza a desempacar el orden de algunas de las cosas que van a ocurrir. Dice: "Nosotros, los que estemos vivos." Con esto Pablo no estaba diciendo que él iba a estar vivo; tenía la esperanza de estarlo. No pocas veces yo me incluyo en lo que estoy diciendo, y decimos: "Nosotros los cristianos, los que estemos vivos." Aquí el grupo "nosotros que estemos vivos" no vamos a preceder en el levantamiento, en la resurrección, a aquellos que ya nos precedieron y que habían muerto.

Los que permanezcamos hasta la venida del Señor no precederemos a los que durmieron. Hay algo que va a ocurrir. Todavía no sabemos qué. Lo leímos un rato, pero si hubiésemos llegado hasta ahí todavía no sabríamos qué es lo que Pablo está diciendo. Hay algo que va a ocurrir. Ese algo le va a ocurrir a los que ya durmieron, y no va a ocurrirnos a nosotros primero. Y eso que va a ocurrirles a ellos aparentemente no nos va a ocurrir a nosotros sino después que les ocurra a ellos. Eso es lo que está haciendo: "No precederemos a los que durmieron."

Recuerdo: la primera razón de la esperanza productora de gozo es la resurrección de Cristo. La segunda razón de esta esperanza es que es una enseñanza que Jesús mismo dio por palabra del Señor; Jesús mismo se la dio a Pablo. La tercera razón: Cristo prometió regresar de manera personal.

El versículo 16: "Pues el Señor mismo descenderá del cielo." Nota el énfasis: el Señor mismo. No dice "por el Señor," no dice "el Señor"; el Señor mismo, personalmente, descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel, con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo —ahí está la frase otra vez— los muertos en Cristo se levantarán primero. Ahora me hago entender mejor. Ahí queda claro que Pablo estaba refiriéndose al versículo anterior: "Nosotros no precederemos a los que durmieron," porque cuando el Señor descienda y hable con voz de mando, con voz de arcángel, con la trompeta de Dios, y comience el orden de la resurrección, los que durmieron en Cristo se levantarán primero.

Esto es un lenguaje un tanto poético. La pregunta es: ¿si la trompeta realmente va a ser una trompeta o si es un símbolo de algo que va a sonar? ¿Si estas tres cosas representan tres sonidos diferentes —la voz de mando, la voz de arcángel, el sonido de trompeta— son tres sonidos distintos? ¿O en esencia se está refiriendo a ese sonar que inaugura la venida de Cristo, que tendrá voz de mando, que vendrá acompañada de sus ángeles como otros textos anuncian, y que tendrá una identificación simbólica con la trompeta? En la antigüedad, la trompeta no era tanto un instrumento musical; era un instrumento de anuncio: el comienzo de la oración en el templo, el comienzo del día en el calendario oficial del pueblo, el comienzo de la entrada de un rey a una ciudad, la llegada de un rey, o para iniciar un funeral.

De manera que aquí hay una similitud con la manera como los reyes eran recibidos. Y habrá entonces un Señor que descenderá con voz de mando, y cuando eso ocurra, los que hayan muerto en Cristo resucitarán primero. Eso que acabo de leer es consistente con lo que leemos en el Evangelio, cuando el Señor se paró delante de la tumba de Lázaro y dijo "¡Lázaro, sal fuera!" La sorpresa respondió a la voz de mando del Señor. Cristo enseñó que cuando Él regresara, Él con su propia voz llamaría a los muertos.

Escucha Juan 5:25-29: "En verdad, en verdad os digo que viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que oigan vivirán. Porque así como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le dio al Hijo el tener vida en sí mismo, y le dio autoridad para ejecutar juicio porque es el Hijo del Hombre. No os admiréis de esto, porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz." ¿Escuchaste? Todo lo que...

Los que están en los sepulcros oirán su voz y saldrán: los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida, y los que practicaron lo malo, a resurrección de juicio. Los sepulcros vomitarán los cadáveres. Para los creyentes, su alma se unirá con su cuerpo y pasará a resurrección de vida. Y ahora nosotros podemos decir en ese momento, con las palabras de Pablo: "Devorada ha sido la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh sepulcro, tu aguijón?" Los mares se entregarán con sus muertos, dice la Palabra de Dios. ¿Lo crees? No es palabra de hombre, es Palabra de Dios, es promesa de Dios: la resurrección del cuerpo para unirse con el alma.

Ese es el momento final de la glorificación. Cuando yo muero, mi alma pasa a la presencia de Dios, pero no estoy completamente glorificado; mi cuerpo queda todavía sin glorificación. Primera razón de la esperanza, productora de gozo: la resurrección de Cristo. Segunda razón de la esperanza: aparece en el versículo 15, que es que Dios mismo, el Señor mismo, habló de esto. La tercera razón es que Cristo prometió regresar de manera personal. La cuarta razón, en el versículo 17, comenzando al final del 16: "Los muertos en Cristo se levantarán primero."

Y ahora la cuarta razón de la esperanza: "Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor." Te vas a juntar con tus seres queridos que murieron en el Señor; los vas a ver nuevamente, porque ellos van a ser levantados primero y luego nosotros, los que quedemos vivos, seremos arrebatados para juntarnos con ellos. ¿Te imaginas? Día de gran júbilo y gloria, de regocijo, donde vas a ver otra vez a aquella persona que dejaste de ver, a tu amigo en la fe que dejaste de ver, a tu hermano de otra iglesia que dejaste de ver, a tu ser querido, quizá parte de tu familia, que dejaste de ver, y los verás junto al Señor. Verás al Señor cara a cara.

Si eso no es motivo de gozo, nada en esta tierra va a producir gozo en tu vida. "No os entristezcáis como los que no tienen esperanza." Nosotros tenemos una esperanza, una esperanza viva. Ahora escucha: no es simplemente que nos vamos a juntar con nuestros seres queridos y los veremos otra vez. Hay una quinta razón de nuestra esperanza. Escucha: estaremos con el Señor por siempre. Mi unión con el Señor no es temporal, no es casual, no es momentánea, no es solo el encuentro en las nubes que se terminó porque ya lo estás dejando y jamás lo volverás a ver. Estaremos con Él por toda la eternidad. Eso es una enorme esperanza y eso es un enorme gozo, hermano.

El Señor prometió que Él vuelve, y Él vuelve. El Señor prometió que Él descenderá, y Él descenderá. El Señor prometió que Él dará voz de mando, y Él dará la voz de mando. El Señor prometió que los sepulcros se abrirán y los sepulcros entregarán a sus muertos; ha de ocurrir. ¿Y por qué ha de ocurrir? Porque el Señor, nuestro Dios, así lo dijo. Detrás de cada promesa de Dios está la integridad de Su ser. Si una sola palabra fallara, Dios dejaría de ser íntegro, y si Dios deja de ser íntegro, Dios dejó de ser Dios. ¿Cuál es la posibilidad de que Dios deje de ser Dios? Cero. Tú puedes confiar en la promesa de resurrección.

Dado todo eso, ahora entiendes las palabras finales de Pablo, y así lo dice en el versículo 18. Por tanto —es la conclusión—: "Confortaos unos a otros con estas palabras." ¿Con cuáles palabras? Con todo lo que acabamos de hablar: con la esperanza de que el Señor descenderá, de que los que han dormido en Cristo se levantarán, de que nosotros también nos levantaremos y nos juntaremos con ellos. Si es literalmente en las nubes que nosotros vemos ahí afuera, o si las nubes son representativas de la gloria de Dios con la cual Él viene, no sabemos. Pero lo que sí sabemos es que nos vamos a juntar y que va a haber algo que se llama nube, que representa algo, ya sea Su gloria o nubes reales de los cielos.

"Por tanto, confortaos unos a otros con estas palabras: pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor por siempre." Y su pueblo dice: ¡Amén! ¡Amén!

Bendiciones. Que Dios bendiga a Su pueblo en la esperanza de vida eterna, de la resurrección de los muertos, que será tan cierta como que Cristo vino la primera vez. No te entristezcas como aquellos que no tienen esperanza. Nosotros tenemos una esperanza de vida eterna, una esperanza viva, una esperanza en el Señor, en el que conquistó la muerte, que conquistó el pecado, que se levantó de entre los muertos y que proclamó: "Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. El que cree en mí tendrá vida eterna y, aunque muera, no perecerá jamás, jamás."

Esta es una producción que llega a ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. ¡Hasta la próxima, cuando nos reencontremos en Su Palabra!

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.