Integridad y Sabiduria
Sermones

Una vida digna de imitar

Miguel Núñez 7 diciembre, 2014

El evangelio no es simplemente un mensaje para compartir, sino una vida para vivir. Pablo llama a las buenas nuevas "nuestro evangelio" porque se había identificado tan profundamente con el mensaje de Cristo que ya no podía separarlo de su propia existencia. Cuando el evangelio llegó a los tesalonicenses, no vino solo en palabras, sino con poder, con el Espíritu Santo y con plena convicción. Los creyentes de aquella ciudad no solo escucharon la teoría predicada; la vieron encarnada en el estilo de vida de quienes les enseñaban. Pablo les recuerda: "Vosotros sabéis qué clase de personas demostramos ser entre vosotros, por amor a vosotros."

El resultado fue extraordinario. Aquellos creyentes recibieron la palabra en medio de mucha tribulación, pero con gozo del Espíritu Santo. Se volvieron de los ídolos al Dios vivo y verdadero, lo cual implicaba romper con relaciones familiares, sociales y estilos de vida construidos durante años. Y no se quedaron con el mensaje: lo hicieron resonar por toda Macedonia y Acaya, hasta el punto de que Pablo afirma que no tenía necesidad de hablar nada porque la reputación de ellos ya había llegado a todas partes.

Esta es la única iglesia del Nuevo Testamento usada como modelo para que otras la imiten. No se distinguió por sus programas ni por los dones de sus líderes, sino por el carácter de sus miembros y por una esperanza viva en la venida de Cristo. Esperaban de los cielos a aquel que los libraría de la ira venidera, y esa expectativa moldeaba directamente su manera de vivir. La pregunta que queda es clara: ¿esperamos nosotros su venida con esa misma pasión, o estamos tan entretenidos con este mundo que la llegada del otro ya no ocupa lugar en nuestro corazón?

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Estuvimos exponiendo los primeros cuatro versículos del capítulo uno, y hoy vamos a continuar justamente en el versículo siguiente, el versículo cinco. Pero, a manera de ayudarles a recordar exactamente dónde concluimos el mensaje anterior, permítame recordarles que estuvimos viendo la manera como Pablo daba gracias a Dios por los tesalonicenses, por la obra de Dios en ellos, de tal forma que él podía literalmente y de manera específica agradecer a Dios por su obra de fe —la obra de fe de los tesalonicenses—, su trabajo de amor y por la firmeza de su esperanza.

Luego Pablo continúa mostrándonos por qué otras razones, las demás razones por las que él también se sentía agradecido a Dios por esta iglesia. Y cuando uno desempaca esas tres características que acabó de mencionar, uno puede ver en ellas mismas el testimonio, la razón y la obra de Dios en ellos de una manera tan especial. Porque Pablo apenas estuvo en aquella iglesia quizás tres semanas, como dijimos —algunos piensan que cinco o seis meses—, y en tan poco tiempo era tan evidente la manera como ellos habían recibido, abrazado y estaban ahora caminando en la palabra de Dios.

La palabra por sí sola hizo ese trabajo, y si hay algo que nosotros podemos ver, es que, ciertamente, Dios es el más grande evangelista, es el más grande discipulador. Y cómo nosotros podemos confiar en la Palabra y confiar en el Espíritu que mora en cada uno de los hijos de Dios, para que ese trabajo, o un trabajo similar a ese, pueda ser realizado. Eso es lo que estuvimos básicamente cubriendo en el mensaje anterior, y con eso quiero que leamos ahora los próximos versículos, comenzando en el cinco hasta el versículo diez, con el cual terminamos el capítulo uno.

Pues nuestro Evangelio no vino a vosotros solamente en palabras, sino también en poder y en el Espíritu Santo y completa convicción, como sabéis qué clase de personas demostramos ser entre vosotros por amor a vosotros. Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, habiendo recibido la palabra en medio de mucha tribulación con el gozo del Espíritu Santo, de manera que llegasteis a hacer un ejemplo para todos los creyentes en Macedonia y en Acaya. Porque saliendo de vosotros la palabra del Señor ha resonado no solo en Macedonia y Acaya, sino que también por todas partes vuestra fe en Dios se ha divulgado, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada.

Pues ellos mismos cuentan acerca de nosotros, de la acogida que tuvimos por parte de vosotros, y de cómo os convertisteis de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de entre los muertos, es decir, a Jesús, quien os libra de la ira venidera.

Le damos gracias a Dios por un testimonio tan fiel, tan extraordinario, de una iglesia que en poco tiempo comenzó a exhibir el carácter de Cristo. Nosotros queremos ser una iglesia como esa, y por eso te pido que tomes control de la predicación de tu palabra, de tal forma que esa palabra, que es más cortante que cualquier espada de dos filos, pueda penetrar nuestra mente, nuestro corazón, y discernir nuestros pensamientos y las intenciones de ese corazón. Pero no simplemente para eso, Dios, sino para que esa misma palabra que tú describes como fuego que consume, como martillo que despedaza la roca, pueda martillar en nosotros todo lo que no se parece a Jesús, para que tu imagen se vaya formando en nosotros. En tu nombre, amén.

El texto que acabo de leer es sencillo; su estructura es sumamente fácil de ver. Tan pronto uno lee el texto, en esencia hay dos puntos de enseñanza que pudieran resumir todo lo que aquí está. Número uno: cómo llegó la palabra, cómo llegó el Evangelio hasta los tesalonicenses. Y número dos: cuál fue el efecto de ese Evangelio cuando fue predicado en medio de ellos. Eso es básicamente lo que vamos a cubrir.

Pablo comienza desde el inicio dejándonos ver de qué forma la palabra de Dios llegó hasta ellos. Escúchalo una vez más en el versículo 5: "Pues nuestro Evangelio no vino a vosotros solamente en palabras, sino también en poder y en el Espíritu Santo y completa convicción, como sabéis qué clase de personas demostramos ser entre vosotros por amor a vosotros." En ese solo versículo hay una enorme cantidad de verdades que necesitamos entender.

En primer lugar, nota cómo Pablo usa la frase "nuestro Evangelio". Él tiene claro que las buenas nuevas son de nuestro Señor Jesucristo, pero él se ha identificado de una manera tal con el mensaje de nuestro Señor que ahora ha comenzado a llamarle, como embajador de Cristo, "nuestro Evangelio". Pablo entendió que el Evangelio no es simplemente un mensaje para ser compartido, sino un mensaje para ser vivido. Yo creo que muchos hablan más del Evangelio de lo que realmente lo viven, pero ese no fue el caso del apóstol.

Pablo decía más temprano, en el culto anterior, que lamentablemente el Evangelio —ese álbum que nosotros hemos oído de tantas maneras, en canciones, en oración, en predicación, de todas las formas, por escrito, lo hemos leído— pronto se fue convirtiendo en una verdad tan trillada, tan conocida, una vieja verdad que parece como una joya que ha perdido su brillo, como una verdad que ha perdido su esplendor. Pero ese no fue el caso del apóstol Pablo, quien continúa a lo largo de los años llamándole no solamente "el Evangelio del Señor Jesucristo", lo cual él usa varias veces en sus cartas, sino también "nuestro Evangelio".

Lo vemos cuando le escribe a los romanos en Romanos 2:16 y en 16:25, y en la Segunda carta a Timoteo en 2:8, donde le llamó "mi Evangelio"; y en otros textos como en 2 Corintios 4:3, 1 Tesalonicenses 1:5 y 2 Tesalonicenses 2:14, le llamó "nuestro Evangelio" o "mi Evangelio". Eso solo nos deja ver algo que tú y yo necesitamos entender: el Evangelio necesita pasar a ser parte de lo que nosotros somos, parte integral, parte de nuestras fibras, de nuestra esencia, como lo fue en el caso de este gran misionero que dio su vida tan grandemente.

Pero inmediatamente después, él nos deja ver de qué manera ese Evangelio, ese mensaje, llegó hasta ellos. Les dice que llegó no solamente en palabras, sino que llegó con poder, llegó en el Espíritu Santo y llegó con convicción, lo cual también nos muestra que hay verdades detrás de esas palabras cuidadosamente seleccionadas. Cuando Dios no respalda su palabra, la eficacia de la misma es cero. Pero si Dios respalda el mensaje que está siendo predicado y lo aplica al corazón del incrédulo, ese mensaje es capaz de levantar a alguien que está muerto en delitos y pecados y traerlo a la vida, y no solamente a la vida, sino a la vida eterna.

Los tesalonicenses se habían estado separados de Cristo, al igual que los efesios estaban excluidos de la ciudadanía de Israel, eran extraños a los pactos de la promesa, no tenían esperanza y estaban sin Dios en este mundo. Pero cuando el Evangelio respaldado por Dios llegó hasta ellos vía la predicación de Pablo, ellos pasaron a ser parte de la familia de Dios. Y el apóstol les está tratando de comunicar, o de recordar —y para registro y beneficio nuestro—, que ciertamente el efecto que vimos en ellos, la obra de transformación que vemos en ellos, realmente fue el efecto secundario, o la consecuencia natural, de la manera como el Evangelio llegó hasta esa comunidad.

Cuando alguien recibe el mensaje de Dios y lo aquilata y lo asimila por lo que es, hay dos cosas que salen a relucir: una es una vida de santidad, y la otra es convicción al hablar. En el versículo 5 nosotros vemos ambas cosas, porque Pablo les dice que el Evangelio llegó con convicción —ahí está la convicción al hablar—, y número dos, les afirma: "Vosotros sabéis qué clase de personas demostramos ser entre vosotros." Y les dice algo más: "Lo hicimos de esa manera por amor a vosotros."

Cuando tú sigues leyendo, encuentras a Pablo describiéndoles y recordándoles, en el capítulo 2: "Vosotros sabéis cómo fui como una madre que cría a sus hijos con ternura; vosotros sabéis cómo yo trabajé con estas manos para no serles de carga." A ese estilo de vida es al que Pablo se está refiriendo cuando hace mención en el capítulo primero y dice: "Vosotros sabéis qué clase de personas demostramos ser entre vosotros." Pero no los deja ahí, sino que les dice cuál fue su motivación: "Esto yo lo hice por amor a vosotros."

De manera que los tesalonicenses no simplemente oyeron la teoría al ser predicada, sino que vieron también la práctica en un estilo de vida que Pablo ahora les recuerda. Él pudo hacer eso por su testimonio de vida que fue veraz. Y les dice que parte de ese testimonio de vida es que él hizo lo que hizo por amor a vosotros. Ahí está la única motivación que Dios reconoce para que nosotros hagamos lo que hacemos: el amor de Cristo.

El amor de Cristo nos constriñe. El amor de Cristo y el amor por Cristo: esas son las dos maneras de ver el amor de Dios, el amor por Él y el amor de Él. En el caso de Pablo escribiéndole a los corintios, dice: "El amor de Cristo nos constriñe." Yo creo que eso es importante que tú y yo lo recordemos, porque el amor de Cristo no solamente produjo en Pablo agradecimiento en su corazón, sino que lo movía a alcanzar al otro. Yo creo que muchas veces el amor de Cristo nosotros lo recibimos de una manera egoísta: nos sentimos perdonados, nos sentimos aceptados, nos sentimos sanados, pero no nos mueve a amar al otro. Ese no fue el caso de estos misioneros. Nosotros tenemos que, si no lo experimentamos de esa manera, hablar con Dios, orar a Dios, pedirle a Dios que haga eso en nosotros también.

Y tú puedes ver aquí, en una comunidad de creyentes, que ellos primero oyeron el Evangelio y luego lo vieron caminar, y lo vieron caminar en la vida de un Pablo, de un Timoteo, de un Silvano, quienes estaban enviando esta carta a ellos. Creo que con cierta frecuencia el problema ha sido que el inconverso ha oído mucho el Evangelio de diferentes maneras, pero lo ha visto poco, lo ha visto poco en las vidas de aquellos que comparten justamente esas verdades con los inconversos. Ese no fue el caso de Pablo.

Esta no es la primera ni la única ocasión donde Pablo escribe una carta y les deja saber, o les recuerda, el estilo de vida que él llevó entre ellos. Es importante el respaldo que tu estilo de vida pueda dar a la verdad que tú has compartido con esos que la han recibido. Si hay algo que yo he aprendido a lo largo de mi vida, es que nosotros podemos hablar muy piadosamente, pero si mi piedad no tiene pies, el otro no podrá ver el Evangelio. Podemos hablar muy piadosamente, pero si mi piedad no tiene pies, el otro no podrá ver el Evangelio.

Yo quiero usar este ejemplo tanto de Pablo como de los tesalonicenses para dejarnos entender la importancia que tiene realmente vivir una vida digna de nuestro llamado, como Pablo le escribe a los efesios, que les dice justamente eso: vivir una vida digna de vuestro llamado. La palabra traducida como "digna" en ese texto era usada originalmente para referirse a una balanza que estaba perfectamente equilibrada, de tal forma que una vida digna de mi llamado implica que la altura de mi llamado y la vida como la estoy viviendo están perfectamente equilibradas.

¿Cuál fue el resultado, entonces, de predicar y vivir entre ellos de esa manera? ¿Cuál fue el resultado en los tesalonicenses de predicar y vivir de esa manera? Aquí está en el texto de hoy, versículo 6. Ahora yo quiero hablar, en el resto del tiempo que me queda, de mi segundo punto de enseñanza: cuál fue el resultado de la predicación del Evangelio en medio de ellos. "Y vosotros vinisteis a ser imitadores…"

de nosotros y del Señor, habiendo recibido la palabra en medio de mucha tribulación, con el gozo del Espíritu Santo, de manera que llegasteis a ser un ejemplo para todos los creyentes en Macedonia y en Acaya.

Los tesalonicenses avanzaron tanto en el camino de la verdad que ahora se convirtieron en imitadores de su maestro, y del Maestro de maestros, en imitadores de Pablo y en imitadores del Señor Jesús. Nosotros pudiéramos pensar y decir: "Bueno, eso es un poco orgulloso de parte de Pablo." Y en parte eso tiene que ver con que el ladrón busca por su condición, y el orgullo que nosotros hayamos algo así en medio de la reacción nos parece orgulloso de parte del otro. Pero lo que yo necesito considerar es que en esa época no era infrecuente; de hecho, era lo normal, era la norma, que un discipulador no solamente tratara de que sus discípulos aprendieran sus enseñanzas, sino que imitaran su estilo de vida. Y es la razón por la cual con cierta regularidad los discípulos se mudaban con el discipulador, como hicieron los doce con el Maestro, porque la idea no era simplemente recordar las enseñanzas, sino aprender a vivir viendo al maestro vivir.

De esa misma forma, Pablo está diciendo: "Eso es exactamente lo que ustedes han hecho: han llegado a ser imitadores de mí y del Señor Jesucristo." De hecho, el Señor Jesús definió cómo debe ser la relación de discipulador y discípulo. Lucas 6:40 dice que todo discípulo, cuando es entrenado bien, será exactamente como su maestro. Con lo cual Cristo estaba endosando el hecho de que un discípulo está supuesto a recordar las enseñanzas de quien lo discipula y a observar e imitar el estilo de vida de quien le discipuló. En más de una ocasión Pablo les dice a sus seguidores: "Imítenme a mí." En 1 Corintios 4:16 él dice eso. En 1 Corintios 11:1 dice: "Imítenme a mí como yo imito a Cristo." Filipenses 1 al 30 dice la misma cosa; Filipenses 4:9, lo mismo; y en otras referencias también, que omito para no cansarlos.

Las personas pueden oír nuestras palabras, y las personas pueden someterse a nuestra autoridad, pero es nuestro carácter el que deja las huellas. Las personas pueden oír nuestras palabras, pueden someterse a nuestra autoridad, pero es nuestro carácter el que deja huella: los demás siguen nuestras huellas y no necesariamente nuestras palabras. Las palabras se las lleva el viento, pero las huellas permanecen: las huellas en la memoria del otro, en el corazón del otro, esas huellas permanecen. Una de las cosas que hemos dicho tantas veces es que el sermón es muy efímero: cincuenta minutos, una hora, y luego no vuelvo a pensar en ellas; las palabras se han ido. Pero las personas pueden observar la manera como vivimos, y aun como morimos.

Pablo no nos da los detalles de cómo ellos llegaron a ser imitadores de él y de Cristo. Pero hay algo que él nos dice en el texto que yo leí, que nos da una idea, un glimpse —como dirán en inglés—, de cómo ellos comenzaron a imitar a su discipulador y mejor aún a nuestro Señor. Lo dice así: "Vosotros recibisteis la palabra en medio de mucha tribulación y con gozo del Espíritu Santo." No podía hacerse de otra manera, porque el gozo es un fruto del Espíritu.

De tal forma que, de la misma manera que Pablo padeció tantas tribulaciones y dificultades en su vida y llevó el Evangelio a las naciones, de esa misma manera ellos ahora han recibido el mismo mensaje bajo una gran tribulación. La palabra traducida como "aflicción" es thlipsis en el griego, que implica estar sometido a una gran presión. Y bajo esa gran presión llegó el Evangelio, y ese Evangelio, recibido bajo esas circunstancias, produjo en ellos una obra extraordinaria, muy distinta al grupo de discípulos que el Señor Jesús describe en la parábola del sembrador.

Ustedes recordarán en Mateo 13. Allí habla de que un sembrador salió a sembrar, y las semillas representaban la palabra. Hubo un grupo de esas semillas que cayeron en un tipo de terreno, en pedregal, que no produjo los frutos necesarios. Los discípulos no entendieron la parábola; cuando Cristo se retiró con ellos, fueron donde él y le dijeron: "Señor, no entendimos, explícanos." Y él comenzó a explicarles algunas cosas. En los versículos 20 y 21 de Mateo 13 tú lees lo siguiente: "Y el que fue sembrado en pedregales, este es el que oye la palabra y enseguida la recibe con gozo." Hasta ahí los tesalonicenses se parecen, porque ellos también recibieron la palabra con gozo. La diferencia está en el próximo versículo de Mateo 13: "Pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es temporal, y cuando por causa de la palabra viene la aflicción o la persecución, enseguida tropieza y cae." Los tesalonicenses no fueron de ese grupo. Ellos recibieron la palabra en medio de la tribulación, la recibieron con gozo, pero el gozo perduró, y la palabra también.

Tú y yo necesitamos entender que el sufrimiento es parte del discipulado cristiano. El sufrimiento es parte del discipulado cristiano. Y tú podrías decir: "¿Acaso son masoquistas, o usted piensa que la salvación es a través del sufrimiento?" No, claro que no. Pero no hay nada como el dolor, el sufrimiento y la aflicción para producir el carácter cristiano en nosotros. Y no hay nada como la aflicción para exhibir el carácter cristiano que Dios va formando. La mejor época, el mejor momento para la exhibición del carácter cristiano en la vida de la iglesia, es durante la tribulación, la persecución, la aflicción.

Usted podrá decir: "Bueno, pues yo prefiero que no se forme la imagen de Cristo en mí también, y sufrir un poco menos." Yo tendría que decirle: el problema es que usted no construye el currículo sin Dios. La lista de materias la tiene Él, y la materia "sufrimiento" tiene como ocho niveles. No nos gustan las dificultades, y nos cuesta darle la bienvenida. "Consideradlo como puro gozo, hermanos, cuando os encontréis en todo tipo de prueba", dice Santiago, y uno dice: "¿Cómo?" Y la realidad es que la razón por la que no nos gustan las dificultades, y no nos gusta que Dios forme esa imagen en medio de ellas, es porque uno no acaba de morir a sí mismo. Y mientras yo no muera a mí mismo, esto será sumamente difícil y provocador de rebelión. Hasta que la causa de Cristo no pase a ser la causa de mi vida, yo siempre tendré dificultad y lucha contra la voluntad de Dios. Hasta que la causa de Cristo no pase a ser la causa de mi vida, estos conflictos y choques siempre se estarán produciendo. Pero una vez que yo muero y abrazo la causa de Cristo como la causa por la cual voy a vivir, las cosas comienzan a lucir diferente y comienzo a soportarlas de manera diferente.

Los apóstoles, en el libro de los Hechos, aparecen predicando la palabra y por tanto siendo perseguidos, y eventualmente encarcelados. En la ocasión a la que me voy a referir, ellos no solamente son encarcelados, sino que reciben azotes. Y luego de pasar una noche en el calabozo, los dejan ir. El texto de Hechos 5:41 dice que ellos salieron de la presencia del concilio regocijándose, por haber sido considerados dignos de padecer afrenta por su nombre. Ellos no simplemente salieron con resignación o aceptación; ellos salieron de la cárcel con gozo, por una razón y solamente una. Cuando se miraron a sí mismos, cuando evaluaron la experiencia, dijeron: "¡Wow, esto fue increíble, esto fue extraordinario! Nosotros fuimos al calabozo, nosotros recibimos los azotes, porque nos consideraron dignos de su nombre, y nosotros estamos gozosos de sufrir por causa de ese nombre." ¿Te imaginas? ¿Te imaginas el efecto de nuestras vidas en las vidas de otros?

En el caso de los tesalonicenses, eso que yo acabo de describir no solamente caracterizó a los líderes de la iglesia, sino a los creyentes de la iglesia. Esta es la única iglesia del Nuevo Testamento registrada que haya sido usada como modelo para que otras iglesias la imiten. Ahora tú entiendes por qué yo quería hacer esta serie, porque yo quiero que nosotros, como iglesia, imitemos a esta iglesia.

Decía alguien que esta fue una iglesia excepcional en la manera como ellos respondieron a la persecución. Como nosotros vivimos es importante por múltiples razones, pero una de ellas es que otros nos observan, y la observación que hacen de nosotros tiene un efecto —bueno o malo, positivo o negativo— en este caso extremadamente positivo. Y tú lo ves en el texto que yo acabo de leer: en el versículo 7 comienza la evidencia de esta verdad. "De manera que llegasteis a ser un ejemplo para todos los creyentes de Macedonia y en Acaya." Un ejemplo, un tipo —es la palabra en griego—, un modelo. Y un modelo es algo que tú miras para construir algo similar. Vosotros llegasteis a ser un modelo para todas las iglesias de Macedonia y en Acaya.

Esto es una región relativamente grande para esa época. Sobre todo, comprendería todo lo que Grecia es hoy, y en esa área había diferentes iglesias: había iglesia en Berea, en Filipos, en Corinto, en Céncreas y muchas otras regiones también a su alrededor. De ninguna otra iglesia en el Nuevo Testamento se dice una cosa similar: "Llegasteis a ser un ejemplo para todos los creyentes de Macedonia y en Acaya."

La razón por la que yo quiero enfatizar esto es porque en ocasiones una iglesia se distingue por sus programas. Por ejemplo, algunas tienen un gran programa de evangelismo y misiones y se distinguen por eso —está muy bien y es plausible—. Otras se distinguen por otro tipo de programas: programas con los hombres, con las mujeres, con los adultos, con las parejas, con las familias; está muy bien. Otras se distinguen por los dones y talentos de sus líderes, y se llega a hablar de la iglesia de John MacArthur —aunque él no la compró—, la iglesia de John Piper, la iglesia de Charles Spurgeon. Pero esta iglesia no se conoció por los dones y talentos de sus líderes; de hecho, nosotros no sabemos ni siquiera quiénes fueron sus líderes. Esta iglesia se conoció por el estilo de vida de aquellos que estaban sentados en esas sillas, de las ovejas, de sus miembros.

¿Te imaginas, te imaginas que la reputación de esta iglesia, de la iglesia de la ciudad, sea por el estilo de vida de aquellos que vienen a adorar a Dios el domingo? ¿Que de nosotros se pueda escribir que es evidente vuestra obra de fe, vuestro trabajo de amor, la firmeza de vuestra esperanza? Como Pablo escribía dando gracias a Dios en oración por estos hermanos. Pero esa no fue la única razón por la que Pablo daba gracias a Dios por el ejemplo de ellos.

Escucha el versículo 8: "Porque saliendo de vosotros la palabra del Señor ha resonado, no solo en Macedonia y Acaya, sino que también en todas partes vuestra fe se ha divulgado, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada." Estos hermanos no solamente desarrollaron un carácter cristiano; ellos desarrollaron una responsabilidad cristiana. Y habiendo desarrollado esa responsabilidad, tomaron la Palabra y no se quedaron con ella: no simplemente la vivieron, sino que la hicieron resonar. La palabra ahí en el original es "hacerse eco". La palabra rebotó. Es como si ellos hubieran dicho: "Jesús, Jesús, Jesús, Jesús", de una comunidad a otra, resonando por todas partes.

Quizás "todas partes" sea una frase un poco hiperbólica, pero transmite la idea correcta: esta palabra, este testimonio, la fe puesta en el Señor Jesús ha circulado, ha estado corriendo, porque salió de vosotros. No sabemos cómo salió de ellos: si salió en testimonio de persona a persona —evangelismo de persona a persona—, o si hubo algunos de ellos que salieron como Pablo en cortos viajes misioneros para compartir la Palabra. Lo que sí sabemos es que la Palabra resonó entre todas las iglesias, por todas partes —Macedonia, Acaya y mucho más allá—, resonando así la Palabra saliendo de ellos, no de sus líderes, no de sus pastores, sino de sus miembros.

Y eso entonces tuvo mucho que ver con la eficacia que tuvo la Palabra cuando salió de ellos y resonó en toda esta área. También tuvo mucho que ver el respaldo del testimonio de vida, del estilo de vida que ellos llevaban, y por tanto —contando con la gracia de Dios— la combinación de su actividad evangelística con su estilo de vida. Solo la proclamación del Evangelio es extremadamente efectiva. Yo no sé si tú lo has notado, pero la gente no respeta la enseñanza cuando esta no va acompañada de un estilo de vida.

Tan poderoso fue el testimonio de esta iglesia, de estos hermanos, que Pablo dice: "De modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada." No tenemos nada que decirte, no tenemos nada que corregirte. No tenemos nada que decir: donde vamos, cuando llegamos, ya ustedes han llegado con su testimonio y su reputación; ya se ha conocido. Porque ellos mismos —dice el texto— "cuentan de nosotros", cuentan la acogida que tuvimos entre vosotros. Ya cuando llegábamos, ya ellos habían oído de que ustedes nos habían recibido de la manera como nos habían recibido, y yo no tengo nada que decirles. A los gálatas yo les tenía cosas que decirles; a los filipenses también; a los corintios también; a vosotros, no. Imagina que eso se dijera de nosotros. Imagina que eso se dijera de cada iglesia en nuestra ciudad.

Ya los creyentes de otras iglesias habían oído acerca de los tesalonicenses. Escucha cómo lo dice el texto en el versículo 9: "Pues ellos mismos cuentan acerca de nosotros de la acogida que tuvimos por parte de vosotros, y de cómo os convertisteis de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero." Ellos habían oído no solamente de la acogida que le habían dado a Pablo, sino que habían oído también de su conversión, de cómo se volvieron de los ídolos al Dios vivo y verdadero.

Algunos de nosotros pudiéramos escuchar eso y pensar: "Bueno, ellos adoraban ídolos." Con lo cual sabemos que eran gentiles, porque los judíos en esta época ya no eran adoradores de ídolos como lo fueron en tiempos de Salomón y en otros tiempos también; eran monoteístas. Y los judíos, también sabemos por lo que vimos en el primer mensaje, no recibieron a Pablo en Tesalónica; de hecho, solo le permitieron estar en la sinagoga unos tres días de reposo. Y cuando Pablo de allí se fue a Berea, allí le persiguieron, le hicieron la vida imposible; Pablo tuvo que salir de Berea también para Atenas. Pero estos eran gentiles que adoraban ídolos, y ellos dejaron los ídolos —los que tenían ojos pero no veían, boca que no hablaba, oídos que no oían— y de ahí el contraste quizás: se volvieron de los ídolos al Dios vivo y verdadero, porque estos ídolos están muertos y son falsos. Ellos han oído también de ese testimonio.

Ahora, tú necesitas entender algo más: volverte de los ídolos al Dios vivo no es tan sencillo como parece. Dejar un trasfondo religioso en ninguna cultura es tan sencillo como parece a simple vista. No es que yo tengo estatuas de ángeles y santos y quizás una imagen de María, y mañana yo dejo las estatuas y ya me vuelvo al Dios vivo. O en el caso de otros ídolos: no es que detrás de estos ídolos hay relaciones humanas, hay relaciones familiares, hay relaciones sociales, hay estilos de vida construidos por años, hay relaciones comerciales a veces. De manera que volverte de los ídolos al Dios vivo y verdadero implica una rotura con relaciones familiares y sociales, implica una rotura con el pasado, implica una rotura con estilos de vida que muchas veces han formado hábitos en ti con los cuales tú estás todavía luchando.

De manera que no es tan sencillo como eso, y sin embargo, en poco tiempo, la manera como la Palabra fue recibida por ellos produjo un efecto tan extraordinario que comenzó a hacerse evidente en su manera de vivir. Más adelante vamos a ver la razón, porque Pablo va a decir que cuando recibieron la Palabra la recibieron por lo que realmente es: la Palabra de Dios, y no como la palabra de los hombres. Yo creo que muchas veces la iglesia oye la predicación, y al final del camino, si la verdad es conocida, es recibida muchas veces como palabra de hombre, a pesar de que es la verdad de Dios. Y de ahí la no recepción absoluta, entregada y rendida de parte de aquellos en quienes mora el Espíritu de Dios dentro.

Pablo continúa describiendo de qué otra manera tú podías ver en ellos el trabajo de la palabra. Cuando la palabra llega al interior de un hombre, comienza a cambiar su carácter, pero comienza a cambiar su forma de pensar, su forma de ser, su forma de vivir el presente y la forma de mirar el futuro. Y tú puedes ver algo de esto en este texto. Recuerda que Pablo hablaba en el versículo 3 de esta carta, capítulo 1, de tres cosas que ya hemos mencionado un par de veces aun en este mensaje: que ellos dejaron ver la obra de fe, su trabajo de amor y la firmeza de su esperanza.

¿En qué y dónde estaba arraigada la firmeza de su esperanza? Está aquí en este texto, está revelada en este texto. Versículo 10, escuche, déjame leértelo junto con el 9: "Pues ellos mismos cuentan acerca de nosotros de la acogida que tuvimos por parte de vosotros, y de cómo os convertisteis de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de entre los muertos, es decir, a Jesús, que nos libra de la ira venidera." Y ahí estaba su esperanza: ellos estaban esperando a su Hijo, lo cual hace referencia a la parte divina de Jesús, el unigénito de Dios. Pero también nos dice que ese Hijo Dios lo resucitó de entre los muertos.

Ciertamente, la cruz de Cristo sin su resurrección no tendría nada que ofrecer, o no nos ofrecería garantías de nuestra esperanza. Pero la tumba está vacía, de tal forma que hoy esperamos al Cristo resucitado, revestido de gloria, en poder y majestad, acompañado de multitudes de sus ángeles. Y ellos esperaban al mismo Cristo, de la misma gloria, a Jesús, quien nos librará de la ira venidera.

La iglesia ha perdido mucho del brillo, o de la intensidad, o de la pasión con la que históricamente ha esperado a nuestro Señor Jesús. En la década de 1970 y principios de los 80 se produjo el movimiento "Cristo viene", y todo el mundo estaba hablando de que Cristo viene. Había bumper stickers que decían "Cristo viene" y todo el mundo hablaba de eso, y había como un furor. Y de hecho hubo un gran número de conversiones que se dieron en América Latina, fruto de ese "Cristo viene, arrepiéntete." No muy distinto a cuando Cristo predicó y dijo: "Arrepiéntete, que el reino de los cielos está cerca." Claro que el nuevo mensaje decía "Arrepiéntete, que Cristo viene", y no "Arrepiéntete, que Cristo llegó", pero había ese espíritu en la atmósfera.

La iglesia de hoy ha perdido eso, y más bien está como dormida en sus labores. Y el bien... pero, sabe Dios cuándo. Es que tenemos muchos años así: como que en los años 70 la iglesia tenía esa expectativa, pero como no vino en los próximos 10 o 20 años, sabe Dios. Sin embargo, hace dos mil años atrás la gente hablaba de otra manera. Déjame leértelo de las cartas de Pablo, de cuatro cartas distintas. Yo te voy a comenzar a dar una idea de cuál era el espíritu con relación a la espera y el regreso de nuestro Señor Jesucristo.

Romanos 13:11: "Y esto, conociendo el tiempo, ya que es hora de despertaros del sueño." No te duermas, no estés inactivo, no seas pasivo, "porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando creímos." Pablo escribe a los romanos 25 años después de su conversión, y les dice que 25 años después, su salvación está más cerca de cuando creyeron. Primera de Corintios 16:22, esta es otra iglesia, otra carta: "Si alguno no ama al Señor, que sea anatema. ¡Maranata!", que la Reina Valera del 60 traduce como "el Señor viene." Este lenguaje está presente, está en sus mentes, algo que no pueden sacar de su pensamiento. Otra iglesia, la iglesia de Filipos: Filipenses 4:5, "Vuestra bondad sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca." Otra iglesia: Santiago 5:8, "Sed también vosotros pacientes; fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca."

Romanos, Corintios, Filipos, la iglesia de Santiago: todos con la idea, la pasión, la urgencia. El Señor viene, el Señor está cerca, prepárate. La iglesia hoy no tiene ese fuego, no tiene esa pasión. Está entretenida. Aquí mismo, hace unos días atrás, solamente vimos el entretenimiento. Primero comenzamos con el Día de Acción de Gracias, algo que se celebra en Estados Unidos. Pero ya no solo queremos celebrarlo; también, que si lo celebráramos correctamente sería maravilloso, un día de acción de gracias a nuestro Dios. Pero ese era el único día no comercializado en Estados Unidos donde nada abría, y ahora la mayoría de las tiendas comenzó a abrir, claro, porque al otro día va a haber competencia con el Black Friday, con el Viernes Negro.

El único Viernes Negro que tuvo propósito y sentido pasó hace dos mil años, cuando Cristo murió en una cruz. Pasó el Día de Acción de Gracias, pasó el Black Friday, y el próximo lunes entonces el Cyber Monday, ahora un lunes de venta a través del internet. Y ya llegó la Navidad, y ahora está uno entretenido con arbolitos, regalos, nacimientos y todo lo demás, y fiestas y celebraciones. ¿Pastor, está usted en contra de todo eso? No estoy en contra de eso. Estoy en contra del entretenimiento y la distracción que no nos dejan esperar con pasión a nuestro Señor Jesús.

Y ahora también nos entretenemos: cuando no es con eso, nos entretenemos con la computadora, con el iPhone, con el celular, con Twitter, con Facebook, con todo lo que tú quieras. Todos los medios de comunicación han llegado a tener un lugar preponderante en nuestras vidas, hasta el punto que muchos me han dicho: "Yo creo que la Palabra dice que cuando el Señor venga todo lo verá. Yo creo que será vía los medios de comunicación." No: el universo entero lo va a ver cuando Él aparezca en su gloria, y no necesita los medios de comunicación. El cielo se iluminará, el cielo y la tierra sabrán que el Hijo de Dios ha regresado con sus ángeles.

Pero no tenemos esa pasión por la venida de aquel que nos librará de la ira venidera. Hay una ira venidera. Hay una tribulación. Daniel la describe, Jesús la describió en Mateo 24 y 25, Pablo habla de ella, Pedro ha hablado de ella, a diferentes maneras. Él nos liberará de la ira venidera.

Yo no sé si tú sabes, no sé si lo has visto, que hay una relación directa entre nuestra pasión por la venida del Señor y la clase de vida que yo vivo. Y déjame decir eso otra vez, y yo no me lo inventé: yo te lo voy a leer de la Biblia. Hay una relación directa entre nuestra pasión por su venida y la clase de vida que yo vivo. Pedro les escribió a sus seguidores en su segunda carta, mientras estaban en tribulación, en fricción, perseguidos, y les dice en 2 Pedro 3: "Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¿qué clase de persona no debéis ser vosotros en santa conducta y piedad, esperando y apresurando la venida del día de Dios, en el cual los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso calor?"

Leámoslo una vez más: "Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¿qué clase de persona no debéis ser vosotros en santa conducta y piedad, sabiendo, mientras esperamos y apresuramos la venida del día de Dios, cuando los cielos serán consumidos?" El signo de interrogación está ahí para ayudarnos a entender el énfasis puesto en el griego en el que fue escrito.

Hay una manera... Si tú supieras que el Señor Jesús viene mañana a las 7 de la mañana, hoy tú les hablarías bien a todos, y esta noche tú les harías la cena a todo el que quisiera, y esta tarde a todo el que te pidiera algo se le daría el quíntuple de lo que quizá pudieras haberle dado. ¿O no? ¿No llamarías a todo el mundo para pedirle perdón? No porque nada de eso te gana crédito ni puntos, sino porque tú sabes que hay algo sobrio acerca de su venida, hay algo sobrio y terminal acerca de ese día, y por tanto tú no quisieras tener que rendir cuentas de cosas que tú sabes que están claramente inaceptables delante de Él.

Calvino lo decía de esta manera para explicar el texto que yo acabo de leer: "Esto ha sido añadido para que los fieles estén siempre velando. Él ahora los sacude de su somnolencia para poder esperar con atención a Cristo en todo momento. De lo contrario nos volveríamos inactivos y negligentes, como es generalmente el caso. Porque, ¿cuándo es que la carne se entrega a sí misma sino cuando no hay pensamiento de la venida de Cristo cerca?" O sea, lo que Calvino dice es que Dios agrega esas cosas para que nosotros nos mantengamos en atención en todo momento, esperando a Cristo en todo momento, porque si no lo estamos esperando en todo momento, nos volveríamos inactivos y negligentes.

Hay una relación directa entre la venida de Cristo, el fervor que yo experimento por Él y por esa venida, y la manera como yo vivo. Nosotros necesitamos recordatorios frecuentes de que ciertamente hay un día terminal, hay un día de juicio, hay un día de rendición de cuentas, y hay un día donde el Señor Jesús vendrá. Y de ese día nadie sabe el día ni la hora.

Los tesalonicenses, con menos revelación que nosotros, se volvieron de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero y para esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de entre los muertos, es decir, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera. Dos mil años después, nuestra salvación está más cerca, y de esa misma manera tú y yo necesitamos estar conscientes de algo que Dios nos reveló.

¿Esperas tú su venida? "Sí, pastor, yo sé que Él va a venir." No, no le hago esa pregunta. ¿Esperas tú con ansias que Él aparezca, o estás tan entretenido en este mundo que la venida de aquel otro mundo no está en tu mente? Algunos me han dicho: "Yo no quisiera que el Señor venga aún. Yo quiero tener nietos primero." ¿Nietos? ¿En esta vida o la próxima vida hay alguna comparación? ¿El gozo y la satisfacción que los nietos producen es superior al gozo que produciría el encuentro con tu Señor?

Otros me han dicho de manera seria: "Pastor, yo no quiero que venga todavía. Yo quiero casarme, al menos tener esa experiencia." ¿Tú piensas que esa experiencia de intimidad es lo mejor que el Señor pudo haberse inventado o creado en toda la historia? No hay nada que Él tenga reservado en la vida venidera que no pueda superar con creces a eso que tú llamas esa experiencia.

En tu experiencia te das cuenta cómo los deseos y las cosas de este mundo nos tienen aferrados y apegados a algo tan efímero y tan temporal, puesto que todas estas cosas han de ser destruidas. De esta manera, ¿qué clase de persona no deberías ser vosotros en santa conducta y en piedad? Puesto que todo esto va a ser destruido, puesto que todo esto que tú disfrutas es eternamente inservible, ¿de qué forma deberías vivir?

Lo que ansías, ¿es algo que ansías en el reino de los cielos o es algo que ansías en el reino de los hombres? ¿El motor de tu vida es algo que funciona en el reino de los hombres, o es algo que puede tener un impacto y una continuación en el reino de los cielos? ¿Entiendes lo que es la idea de que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo para rendir cuenta de todos los que hayamos hecho, sea buenos o malos? 2 Corintios 5:10. ¿Entiendes eso? ¿Entiendes la sobriedad que eso produce?

Bueno, que el creyente hoy puede ser que sea creyente todavía, según 2 Corintios 5:10. Es verdad. Y habrá una sobriedad cuando yo tengo que hacer eso. Que si yo supiera que es mañana, yo comenzaría a vivir de una manera distinta hoy. ¿Entiendes que verdaderamente hay una relación directa entre la manera como vivo y el fervor que tengo por la venida del Señor?

Nosotros debiéramos levantarnos todos los días con una llama encendida en el corazón, deseando que Él aparezca. Y cuando Él aparezca, todo ojo le verá, y toda lengua confesará, y toda rodilla se doblará confesando que el Señor es Dios, y que Dios Padre le dio al Hijo el que ha de venir, al que ahora es el primero entre los muertos, un nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble esa rodilla y confiese esa lengua.

Eso ha de ocurrir, eso ha de pasar. Eso es más cierto que lo que yo estoy predicando en este momento, más cierto que el hecho de que yo estoy aquí en este momento. Eso es más cierto que eso, porque su palabra, y de su palabra ni una tilde ha sido quebrantada. Dios tendría que dejar de ser Dios.

Imagina que seamos como ellos, como los tesalonicenses, con un estilo de vida fruto de una palabra recibida y con una esperanza en el mundo venidero, que nada ni nadie en la tribulación y la dificultad nos puedan robar.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.