Integridad y Sabiduria
Sermones

Lo viejo pasó, lo nuevo llegó (parte 2)

Héctor Salcedo 15 noviembre, 2015

La conversión cristiana no es un cambio cosmético sino una transformación radical que crea en nosotros una nueva naturaleza. Pablo describe en Efesios 4 la condición de quien vive sin Cristo: una mente dedicada a asuntos triviales, un entendimiento espiritual oscurecido que impide comprender las cosas de Dios, y una exclusión de la vida eterna. Todo esto tiene su raíz en la dureza del corazón humano, esa resistencia a someterse a Dios que convierte a la persona en un ser insensible, entregado a complacer sus apetitos de manera compulsiva. La testarudez del ser humano le impide entender lo que necesita y que solo Dios puede darle.

Pero quienes han oído a Cristo y han sido enseñados en comunión con él conocen una realidad diferente. El viejo hombre con sus deseos engañosos ha sido despojado; el nuevo hombre ha sido creado por Dios en justicia y santidad. Esta no es una tarea que nos corresponde fabricar, sino una obra divina que debemos vivir. La clave está en renovar constantemente el espíritu de nuestra mente, y esto ocurre cuando ponemos la mirada no en lo que se ve sino en lo que no se ve. Las circunstancias difíciles no son infortunios arbitrarios; tienen propósito en el plan soberano de Dios.

¿Cómo se logra esta renovación? No hay fórmula secreta ni conocimiento reservado para unos pocos. Jesús lo dijo claramente: separados de él nada podemos hacer. La comunión con Dios a través de su Palabra, la búsqueda de consejo, la vida en comunidad con los hermanos: así se renueva la mente y así vivimos conforme a la nueva criatura que ya somos en Cristo.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

En los últimos ángeles, desde la semana pasada nosotros iniciamos una serie breve de tres sermones que están basados en Efesios 4, desde el versículo 17. Aunque no lo vamos a leer de manera inmediata, yo quisiera brevemente introducir, o más que introducir, recordar lo que vimos la semana pasada, y poder entonces introducir nuestro texto de hoy. Pero quisiera también profundizar en algo que leímos y que no le dimos todo el tiempo que merece, y creo que es necesario volver sobre el texto que expusimos y poder sacar de ahí algunas verdades que tenemos que ver.

Desde el versículo 17 entonces del capítulo 4 de Efesios hasta el versículo 32, o sea más o menos unos 15 versículos, Pablo nos está hablando de la nueva vida en Cristo. Ese es su tema en toda esa sección: la nueva vida en Cristo, y aquellos que le hemos conocido, que hemos aprendido de Él y que estamos viviendo, se supone, en novedad de vida.

De hecho, ese término de novedad de vida Pablo mismo lo usa en Romanos 6 para referirse a todos aquellos que hemos estado caminando en el Señor. Cuando dice Romanos 6:4: "Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida."

De manera muy resumida, Pablo nos habla de las realidades espirituales que implica la conversión.

Cuando yo vengo a Cristo y me convierto, literalmente lo que ocurre es que mi naturaleza humana, carnal, es enterrada con Cristo espiritualmente hablando, y yo entonces resucito espiritualmente hablando para, como soy un nuevo ser, andar en novedad de vida, es decir, en una nueva vida, en una vida distinta a la que yo llevaba cuando yo no andaba en el Espíritu, en el Señor. El énfasis del versículo 17, como vimos la semana pasada de Efesios 4:17, es claro, es precisamente esto. Voy a ver lo que dice: "Esto digo, pues, y afirmo juntamente con el Señor, que ya no andéis así como andan también los gentiles." Así que no anden como andan los demás gentiles, dicen nuestras traducciones, o los paganos, los que no tienen al Señor, los que no tienen a Cristo, los que no miran la vida a través de los ojos de Dios.

El cristiano está llamado a vivir una vida totalmente diferente, basada en otros principios, basado en otros criterios, persiguiendo otras cosas en la vida. Esa es la razón, o más bien, esa es la novedad de vida de la cual habla el libro de Romanos. La conversión no es un acontecimiento, no es un evento puramente cosmético en nuestras vidas; es algo que cambia la esencia de lo que somos. Hemos sido transformados por el Espíritu de Dios en una nueva criatura, y es la razón por la que estamos llamados entonces a vivir en novedad de vida. No es mi novedad de vida la que me da una nueva vida en Cristo; es mi nueva vida en Cristo la que me permite andar en nuevos caminos.

La conversión implica un traslado de reino, del reino de las tinieblas al reino de la luz. Implica que yo he sido adoptado en la familia de Dios; ahora soy hijo de Dios, antes no lo era. Y muchos piensan que el ser humano, todo ser humano, es hijo de Dios. No. La Biblia dice que no es así. La Biblia dice que yo soy hijo de Dios cuando vengo a conocer a Cristo como Señor y como Salvador; eso me otorga el derecho de ser llamado hijo de Dios. Antes de eso no lo era, pero ahora soy adoptado en la familia de Dios y he sido hecho, a través de la conversión, un ciudadano del cielo.

Esto cambia tanto lo que somos, cambia tan radicalmente lo que nosotros somos, que Jesús nos llama "la luz del mundo y la sal de la tierra." Tú eres la luz del mundo y la sal de la tierra. Si hay algo que es absolutamente diferente a su entorno es la luz; donde hay luz se disipa la tiniebla. Si hay algo que cambia totalmente el sabor de aquello sobre lo cual es vertido, es la sal; un poquito de sal cambia el sabor totalmente, hasta el color a veces de aquellos sobre los cuales es vertida. Yo soy la luz del mundo y la sal de la tierra; yo he sido cambiado de manera esencial, de manera fundamental. La manera de vivir, entonces, es vivir según mi nueva naturaleza, según esas realidades espirituales que han ocurrido en mí.

Ese fue el mensaje de la semana pasada: el cristiano está llamado a vivir una vida totalmente diferente al resto, en base, en vista de lo que Dios ha hecho por él a través de la regeneración, a través de la conversión. Pero antes de entrar en materia en el día de hoy, yo quisiera que habláramos un poco de la descripción que Pablo da de aquella situación en la que nosotros estábamos antes de venir a Cristo.

Él dice en el versículo 17 que nosotros debemos andar ya no como andan los demás gentiles. ¿Cómo era que yo andaba antes, que ahora no debo andar de esa misma manera? ¿Cómo anda el mundo que no está en Cristo? ¿Cómo anda aquel que no ha recibido salvación? ¿Cómo anda aquella persona que no ha hecho a Cristo su Señor y su Salvador? ¿Cómo anda quien entiende que Dios es un ser divino pero que todavía no es su Padre? ¿Cómo anda esa persona, en donde yo estaba y donde ya yo no estoy? Pablo, en los versículos 18 y 19 de Efesios 4, nos da una increíble, breve pero profunda descripción de la condición moral y espiritual del no creyente, del que no es hijo de Dios, del que no se ha convertido, del que no ha reconocido a Cristo como Señor y Salvador.

Es una descripción, como les dije, breve pero muy profunda. Al leerla, la primera sensación que da, cuando uno la lee y entiende que uno estaba ahí, lo primero que viene a mi mente es: "Señor, gracias, gracias porque yo estaba ahí y tú me sacaste de ahí." Pero la segunda sensación que embarga a uno cuando uno lee esto es de tristeza por aquellos que no han podido salir de esa condición, que no han salido de esa condición. Nos llama a la compasión hacia aquellos que están todavía en ese estado espiritual y moral.

Leamos entonces los versículos 17 al 19, donde está esta descripción, y expandamos un poco lo que esto implica. Efesios 4:17: "Esto digo, pues, y afirmo juntamente con el Señor, que ya no andéis así como andan también los gentiles." Y aquí viene la descripción: "en la vanidad de su mente, entenebrecidos en su entendimiento, excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón; y ellos, habiendo llegado a ser insensibles, se entregaron a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas."

Ese es el estado en el que se encuentra toda persona que no ha nacido de nuevo, que no ha sido regenerada. Toda persona que no tiene a Cristo como su Señor y a Dios como su Padre está en esa condición. Y nos dice entonces Pablo: "No vivan como ellos, porque obviamente ustedes han sido sacados de ahí." ¿Cómo viven ellos? Primero, en la vanidad de su mente. Hablamos un poco la semana pasada de eso: en la vanidad de la mente, la vida dedicada a asuntos triviales; eso es andar en la vanidad de la mente, una vida devota, dedicada a asuntos que no tienen trascendencia. Esa es la primera condición del que no conoce a Cristo.

Y sigue Pablo expandiendo su explicación: dice que están entenebrecidos en su entendimiento. En su manera de pensar hay una bruma, una oscuridad, algo que no los deja ver. Y esto no se refiere a un entendimiento intelectual; no se refiere a que el no creyente tiene una menor capacidad de análisis. Se refiere a un entendimiento espiritual. Es la razón por la que 1 Corintios 2:14 dice literalmente: "Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad, y no las puede entender porque se disciernen espiritualmente." Este entendimiento espiritual entenebrecido le impide a la persona entender las cosas que tienen que ver con Dios y le impide entender su propia condición espiritual.

Él no se ve a sí mismo como Dios lo ve. Él no se ve a sí mismo como un hombre necesitado del perdón de Dios. Él no entiende la necesidad del arrepentimiento; él no entiende la necesidad de buscar a Dios y buscar la redención y la salvación, porque tiene su entendimiento espiritual entenebrecido, oscurecido. Y eso entonces le hace ser excluido de la vida de Dios, de la vida eterna. Esa es la tercera descripción: entenebrecido en su entendimiento, excluido de la vida de Dios por causa de la ignorancia. La ignorancia es porque hay un entenebrecimiento de la mente; yo ignoro lo que tengo que hacer para mi salvación, y estoy excluido de la vida espiritual, de la vida eterna de Dios en Cristo.

Pero lo duro de esta descripción es que Pablo le atribuye todo eso a la dureza del corazón humano. Miren la secuencia: entenebrecido en su entendimiento, excluido de la vida de Dios por causa de la ignorancia, que es producto del entenebrecimiento, por la dureza de su corazón. La resistencia del hombre a someterse a Dios, la resistencia del hombre a aceptar el veredicto de Dios sobre sí mismo, la resistencia del hombre a dejar que Dios gobierne y dirija su vida, sino que él quiere dirigir su vida según su propia prudencia: esa resistencia del hombre, esa dureza del corazón, le impide entender su necesidad de salvación. Y al no entender su necesidad de salvación, no recurre al Señor; al no recurrir al Señor, está excluido de la vida de Dios.

Y una persona en esa condición, versículo 19, "habiendo llegado a ser insensibles", en el original: moralmente insensibles. Una persona donde Dios no está en el trono, una persona donde Dios no es su Señor, una persona que no está sometida a la Palabra de Dios, sencillamente deja que su vida circule por senderos de inmoralidad, de impureza, de pecado, de falsedad. Nos convertimos en insensibles, y entonces al ser insensibles se entregan a la sensualidad. Esto no es sexual necesariamente; la sensualidad aquí, traducida en nuestras versiones como lujuria o deseos desenfrenados, son apetitos desenfrenados de todo tipo: por dinero, por fama, por reconocimiento, por placeres sexuales, por todo tipo de deseos desproporcionados. Eso es la sensualidad. Se entregan a ese tipo de deseos de todo tipo, para cometer con avidez toda clase de impurezas.

Ese es el estado donde yo estaba. Mi entendimiento estaba entenebrecido; yo no comprendía las cosas de Dios, yo estaba excluido de la vida de Dios, yo ignoraba lo que Dios decía de mí mismo, por la dureza de mi corazón. En un momento dado, Dios se hizo presente, me interceptó, abrió mis ojos y me hizo entender, me hizo ver que yo no soy lo que yo pensaba que era, y que necesito de su perdón, de su redención y de su misericordia sobre mi vida.

Y noten que esta testarudez de la cual habla este texto es humanamente irreparable, humanamente irreparable. Y es por eso que alcanzar a otras personas para el Señor requiere de nuestra intercesión delante de Dios, para que Dios intercepte sus vidas, para que Dios les alcance.

Si yo resumo esta definición y la parafraseo —parafrasear es ponerlo en un lenguaje un poco más entendible—, después de estudiar este texto por horas, horas y horas literalmente, queriendo extraer de él su enseñanza fundamental, lo resumimos de la manera siguiente: la testarudez del ser humano le impide entender lo que él necesita y que solo Dios puede darle. Y esa falta de entendimiento lo ha distanciado de Dios al punto de convertirlo en un ser sin propósito, cuya vida está dedicada a complacer sus apetitos de una manera desvergonzada y compulsiva.

La voy a leer de nuevo. La testarudez del ser humano, la dureza del corazón humano, le ha impedido entender lo que él necesita y que solo Dios puede darle. Y esa falta de entendimiento lo ha distanciado de Dios al punto de que es un ser sin propósito, cuya vida está dedicada a complacer sus apetitos de manera desvergonzada y compulsiva. Hermanos, esa es la descripción bíblica de todo aquel que no está en Cristo, que no se ha convertido y que no se ha arrepentido. Esa.

Obviamente hay un rango en ese deterioro moral descrito por este verso. En este versículo hay un deterioro moral descrito, sobre todo en el último pasaje, el versículo 19, donde dice que este hombre ha llegado a ser insensible, entregado a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas, toda clase de mal, toda clase de inmoralidad, toda clase de pecado. Lo cometen con avidez, con compulsión, entregados a ser eso, a hacerlo mal, a hacerlo de manera individual, a hacerlo pecaminoso, a hacer lo que les conviene. No todos estamos en el punto extremo de esa recta de degradación; no todos hemos llegado, no todos han llegado al fondo, no todos estamos en el peor estado descrito por esta definición.

Pero el que está sin Cristo se encuentra en tránsito hacia un proceso gradual, a veces lento, de degradación, en la medida en que la persona vive en la vanidad de su mente, con el entendimiento entenebrecido, alejado de Dios, y sencillamente dado a buscar, a través de una sucesión de momentos en su vida, la satisfacción de sus propios placeres. Esa es la vida del ser humano sin Dios, y todo eso se debe a la dureza del corazón, a la resistencia humana que le mantiene el puño levantado a Dios. Y cuidado, que a veces no somos tan rebeldes de manera explícita, pero en el corazón hay una resistencia subrepticia que a veces no es intencional, no es explícita, donde hay una resistencia a Dios en nuestras vidas. De ahí nos sacaron, hermanos, de ahí fuimos sacados.

Por esas razones Pablo dice: "Ya no vivan de la misma manera como viven los gentiles." Esta es la forma como viven los gentiles; este es el móvil de la mente sin Dios. Y en lo que sigue, Pablo da una serie de exhortaciones con respecto al viejo hombre y al nuevo hombre, y a vivir una vida distinta que se corresponda con la nueva vida que hemos recibido a través de Jesucristo. Mi vida, entonces, mi práctica de vida, debe ser consistente con el nuevo hombre que yo soy en Cristo. Vamos a ver eso poco a poco en la medida que exponemos los próximos versículos.

Desde el versículo 19 leímos: "Y ellos, habiendo llegado a ser insensibles, se entregaron a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas." Pero el versículo 20 dice: "Pero vosotros no habéis aprendido a Cristo de esta manera, si en verdad lo oísteis y habéis sido enseñados por Él conforme a la verdad que hay en Jesús." El "pero" es: ustedes no son así, no responden a esos mismos criterios, no tienen esa misma forma de vida porque no piensan de la misma forma. Pero vosotros no habéis aprendido a Cristo de esa manera.

William McDonald dice en su comentario: "¡Cuán diferente a todo esto era el Cristo a quien los efesios habían llegado a conocer y amar!" Eso es lo que Pablo les dice: ¿cuán diferente a eso es Cristo? ¿Cuán diferente a eso es el Cristo que ustedes han llegado a conocer? Esta es la razón por la que Pablo entiende que ellos no deberían tener una vida similar a la de los otros gentiles, porque ustedes han aprendido a Cristo de otra manera.

Esta expresión "aprender a Cristo" es una expresión confusa, un poco extraña, porque yo aprendo un idioma, yo aprendo un arte, yo aprendo una ciencia, yo aprendo una destreza, pero ¿cómo aprendo yo a una persona? ¿Cómo que "aprendo a Cristo"? Y eso es lo que dice aquí. Es la única vez que aparece esta expresión en la Biblia, y de hecho no se conoce ninguna otra referencia extrabíblica de esta expresión que Pablo usa aquí, la de aprender a una persona. Después de mucha discusión, todos están de acuerdo en que implica lo siguiente: Cristo no es solamente nuestro maestro, Él es el objeto de nuestro estudio, Él es el sujeto de mi meditación; lo que Él es, lo que Él representa, lo que Él hizo, cómo vivió.

Hay enseñanzas de otras religiones, enseñanzas humanistas, donde yo puedo aprender las lecciones del maestro, pero si me voy a la vida del maestro encuentro muchas contradicciones. Hay gente que dice: "Yo asumo las enseñanzas, no al maestro." En el caso del cristianismo no es así y no puede ser así. Cristo encarna el mensaje que Él predica, y todas sus enseñanzas están vinculadas a su persona. Tanto las enseñanzas teológicas como las enseñanzas morales de Jesús dependen de Él. Esa es la razón por la que Pablo dice: "Vosotros no habéis aprendido a Cristo de esa manera."

Y si seguimos expandiendo: ¿cómo ocurre eso de aprender a Cristo? ¿Cómo se da? ¿Cómo aprendo yo a Cristo? Versículo 21: "Si en verdad lo oísteis y habéis sido enseñados por Él conforme a la verdad que hay en Jesús." ¿Cómo aprendo a Cristo? Si en verdad lo oí y he sido enseñado en Él conforme a la verdad que hay en Jesús. La verdad que hay en Jesús es el Evangelio; en esencia, es el Evangelio. La verdad de que el hombre es pecador y necesita un redentor, y Él es el redentor, el único redentor y mediador entre Dios y el hombre por el cual nosotros somos salvos. Él es esa verdad. Y yo aprendo a Cristo entonces cuando lo he oído y he sido enseñado en Él.

¿Cómo que lo he oído? Los efesios no oyeron a Jesús en persona. Los efesios están recibiendo esta enseñanza de Pablo años después de que Jesús ya ascendió. ¿A qué se refiere Pablo con que los efesios han aprendido a Cristo si lo han oído? ¿Cómo es eso? Bueno, es el llamado espiritual del Señor. Cuando yo soy llamado por Él a ser su hijo, Jesús dijo precisamente en Juan 10:27: "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen." Cuando yo soy llamado, cuando yo oigo a Jesús, de alguna manera que nosotros no podemos explicar completamente, hay un momento en nuestras vidas donde yo puedo sentir que estoy siendo llamado por Jesús a salvación: donde el mensaje del Evangelio es para mí, donde la cruz yo la entiendo y entiendo que Jesús murió por mí, donde entiendo que debo arrepentirme y reconciliarme con Dios en base al sacrificio de la cruz, donde entiendo mi condición y entiendo que necesito perdón y misericordia de parte de Dios.

Cuando yo siento eso de manera personal, y eso me lleva a un compungimiento de espíritu que literalmente me hace arrepentirme de mi condición, yo he sido llamado, yo he oído a Jesús y he sido enseñado por Él. Esa es la enseñanza básica de Jesús, es la enseñanza central del Evangelio, conforme a la verdad que hay en Jesús; es la verdad que hay en Él. Luego de eso, luego que yo soy regenerado por esa verdad, luego que esa verdad me hace libre y me revive, por así decirlo, entonces yo comienzo a caminar en novedad de vida, que es de lo que Pablo habla ahora.

Entonces estos efesios tenían que diferenciarse, vivir de una manera diferente al resto de los gentiles, porque "vosotros no habéis aprendido a Cristo de esa manera, si en verdad lo habéis oído y habéis sido enseñados en Él." Si ustedes han oído el Evangelio, si ya se han arrepentido y han respondido, y han sido enseñados en Él —en Él, no por Él, en Él—, en comunión con Él, en intimidad con Él; eso es lo que dice el texto. Observen: no dice "por Él", dice "en Él." De hecho, la traducción Reina Valera dice "por Él", pero La Biblia de las Américas corrige y es "en Él": es en comunión con Cristo que nosotros recibimos su enseñanza, su instrucción; es en comunión con Él que yo puedo ser considerado uno que ha aprendido a Cristo.

Entonces Pablo sigue desarrollando su tema y dice en el versículo 22, dirigiéndose a nosotros que hemos oído a Cristo y que hemos sido enseñados en Él: "Que en cuanto a vuestra anterior manera de vivir, os despojéis del viejo hombre que se corrompe según los deseos engañosos, y os renovéis en el espíritu de vuestra mente, y os vistáis del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad."

Entonces, los que hemos oído y hemos sido enseñados en Él, tenemos que entender —o hemos entendido— que debemos despojarnos del viejo hombre que se corrompe según los deseos engañosos, renovarnos en el espíritu de nuestra mente, y vestirnos del nuevo hombre. La mayoría de los sermones predicados de este texto lo predican como imperativo: esto es algo que yo tengo que hacer; despójate del viejo hombre y vístete del nuevo hombre. Es algo que nos corresponde a nosotros hacer; esa es la mayoría de los sermones que yo he oído con respecto a este pasaje. Pero en el original esa no es la forma verbal que se encuentra ahí; no es un imperativo. Pablo no les dice: "Despójense y vístanse." Pablo les dice que ustedes han sido despojados y han sido vestidos con el nuevo hombre. Pablo no está dando un mandato, está dando una descripción.

En Colosenses 3 lo vemos mucho más claro, porque es un pasaje paralelo a este que Pablo acaba de exponer.

Colosenses 3, versículos 8 y 9, dice: "Pero ahora desechad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, lenguaje obsceno de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros." Lean lo que dice: "Puesto que habéis desechado al viejo hombre con sus malos hábitos y os habéis vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento conforme a la imagen de aquel que lo ha creado."

Yo dejo todos esos malos hábitos, no porque me corresponda a mí dejar el viejo hombre. No. Dios, a través de la conversión y la regeneración, ha eliminado el viejo hombre de mi vida. Ahora yo tengo que vivir según el nuevo hombre, porque ya el viejo hombre Dios lo eliminó con sus deseos, con sus hábitos. ¿Y por qué quedan entonces restos de pecado en nosotros? ¿Por qué quedan intenciones pecaminosas en nosotros? Porque hay una carne todavía que tiene apetitos pecaminosos, según Romanos 7 nos dice. Pero la orientación básica de nuestra vida ha cambiado. Ya yo no quiero agradarme a mí, sino que quiero agradar a Dios, y ese cambio en la dirección de mi vida es la creación de un nuevo hombre.

Entonces, Pablo en este texto lo que hace es describir algo que Dios ha hecho; los tiempos verbales claramente así lo establecen. Pero además de eso, miren lo que dice el versículo 24 sobre el nuevo hombre: "Y os vistáis del nuevo hombre, el cual en la semejanza de Dios ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad." El nuevo hombre no lo hago yo. El nuevo hombre no me lo pongo yo. El nuevo hombre lo creó Dios. Dios creó mi nueva capacidad. Dios creó en mí un nuevo deseo de agradarle. Dios creó en mí un nuevo poder; puso en mí el poder de Su Espíritu para yo vivir la vida del nuevo hombre que Él ha creado en mí.

Yo antes estaba muerto en delitos y pecados. Ahora yo tengo vida en Cristo. Yo soy un nuevo hombre. Yo soy una nueva criatura en Cristo, y yo debo entonces responder en base a esa realidad. Yo debo vivir en base a esa realidad. Mi ropa moral, por así decirlo, debe corresponderse con esa realidad.

Imagínense un refugio para personas que están en la calle, vagando como mendigos. Ese refugio le permite a estos hombres pasar una noche, bañarse, asearse, y luego quizás seguir sus andanzas por la calle al otro día. Cuando esa persona entra en el refugio y se baña, lo propio es que se le dé ropa limpia. ¿Por qué? Porque al hombre limpio se le da ropa limpia. De la misma manera, cuando el hombre viene a Cristo y se convierte, es un nuevo hombre. Por lo tanto, le corresponde ropa nueva, acciones nuevas, motivaciones nuevas, estímulos nuevos.

Pero lamentablemente, por nuestra naturaleza caída que todavía permanece en nosotros, a veces luchamos con esas inclinaciones. Pero yo puedo en Cristo poner esas inclinaciones en la muerte. De hecho, Pablo dice en el libro de Romanos que consideremos nuestros cuerpos como muertos al pecado. ¿Cómo considero yo que estoy muerto al pecado? ¿Cómo es eso? Cuando tengo una tentación o una inclinación, no respondo en lo absoluto. Eso es posible; la Biblia dice que sí es posible. Me manda incluso a considerarme muerto al pecado.

"Ay, no, yo no puedo." No, visto así no. Pero en el momento en que tú necesites la fortaleza y el poder, al clamar a Dios, Él te dará en ese momento la fortaleza que tú necesitas.

Entonces, el viejo hombre tiene que ver con ese grupo de motivaciones, deseos y apetitos que yo tenía antes de venir a Cristo. El nuevo hombre es aquel que tiene nuevas motivaciones, nuevos estímulos, nuevos intereses, y puede entonces agradar a Dios. Dios lo ha creado en la justicia y la santidad de la verdad. Yo no seré un nuevo hombre basado en mi dominio propio y en mi perseverancia. Si mi novedad de vida se basa solamente en mi dominio propio y mi perseverancia, yo voy a fracasar.

¿Cómo yo puedo vivir en novedad de vida? ¿Cómo yo puedo hacer que mis patrones anteriores, que pertenecían al viejo hombre, dejen de ser, y yo entonces le dé vida a nuevos patrones, nuevos intereses y nuevos estímulos en mi vida? El versículo 23 nos ayuda a entender eso. El versículo 23 dice: "Y que seáis renovados en el espíritu de vuestra mente." Y este proceso de renovación, el tiempo verbal indica que es continuo, que se debe seguir haciendo constantemente. Yo dejo mi viejo hombre atrás y me extiendo hacia el nuevo, renovando mi mente, renovando el espíritu de mi mente, para poder pensar, sentir y actuar de una forma que sea consistente con el nuevo hombre que Dios ha creado en mí.

¿Y cómo yo hago eso? ¿Cómo yo renuevo el espíritu de mi mente según el versículo 23? Dejemos que la Palabra nos responda. 2 Corintios 4:16, Pablo está hablando de una situación en la que se encuentra, y Pablo les dice a los corintios: "Por tanto, no desfallecemos; antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo, nuestro hombre interior se renueva cada día." Nuestro hombre interior, en otras palabras, su mente, el espíritu de su mente, se renueva de día en día.

¿Cómo, Pablo? "Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación, al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas." ¿Cómo puede Pablo, que se encuentra en un momento de aflicción intensa, ver esa aflicción como algo leve y pasajero? Según el texto, no poniendo su mirada en las cosas que se ven, sino en las que no se ven. Y de esa manera él podía renovarse en su hombre interior.

Eso implica que lo terrenal, lo local, lo temporal, no tiene tanta importancia como lo eterno y lo espiritual. Todo lo que nos pasa a nosotros, los que estamos en este camino, los hijos de Dios, nos pasa por un motivo y una razón espiritual. Yo no pierdo el trabajo por un infortunio de la vida. Yo no me enfermo por mala suerte ni por un castigo. Yo no lidio con la rebeldía de un hijo porque estos tiempos están difíciles. A mí no me pasan las cosas arbitrariamente; al hijo de Dios le pasan las cosas con un propósito.

Entonces, hay una capa que se ve. Y si yo me concentro en eso que se ve —en la rebelión del hijo, en la enfermedad, en el problema económico—, me desanimo, me aflijo, me frustro, me deprimo. Pero si yo me concentro no en lo que está pasando, sino en lo que Dios está haciendo —las cosas que no se ven a través de la circunstancia—, yo me renuevo y me fortalezco cada día. "Señor, ¿qué estás Tú haciendo con esta situación?" Esa es la pregunta. "Déjame ver, Señor, lo que no se ve", ¡qué petición es esa! "Déjame ver lo que no se ve, para que mi espíritu se renueve, para que mi mente se renueve, y yo pueda ver esto como algo leve y pasajero."

Nuestras reacciones a las situaciones de la vida dependen de esa visión que nosotros tengamos de un evento u otro. El nuevo hombre entonces se renueva en el espíritu de su mente. Él no va por el mundo moviéndose en lo terrenal, interpretando lo que pasa a su alrededor de manera material y temporal. Él camina por su vida entendiendo que todo tiene sentido en el plan soberano de Dios, y va por la vida con seguridad, sabiendo que su Padre tiene control. Lo que le toca hacer a este nuevo hombre es obedecer las instrucciones de su Padre y confiar en que los resultados son de Dios.

Si no, nos perdemos, porque demasiados problemas tiene este mundo para mantenernos sin ser derrotados, a menos que tengamos una visión como esta, o a menos que optemos —como algunos— por la evasión de los problemas, por ignorar los problemas, o incluso por declarar que no estoy enfermo cuando lo estoy, o por declarar que no recibo una cosa cuando está presente. El cristiano entonces le da el frente a la vida: no la evade, no la ignora, no la minimiza, sino que la interpreta de otra manera. Ve lo que Dios hace, no solo lo que está ocurriendo, y eso renueva su mente, estimula su corazón y eleva su alma.

De lo contrario, estaré constantemente lidiando con los problemas mundanos, lidiando con las aflicciones del alma humana caída, y no estaré entendiendo lo que Dios está haciendo. En fin, mi mente, mi forma de pensar y de ver la vida, tiene que ser cambiada si yo he de vivir en la nueva naturaleza que Dios ha creado en mí.

Romanos 12:2, la conocemos, y quizás si la recitan conmigo: "No os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente." Mi manera de pensar y de ver la vida tiene que ser cambiada por la verdad de Dios. El viejo hombre se corrompe según sus deseos engañosos; el nuevo hombre ha sido creado en la justicia y la santidad de la verdad. En la medida en que yo sustituyo las mentiras que he creído por la verdad de Dios, mi mente está siendo renovada, estimulada, y comprende parte de lo que está pasando. Y lo que no comprende, reposa en el Dios soberano en el que yo he confiado.

Este llamado, hermanos, de Pablo a aquellos que hemos oído a Cristo, que hemos aprendido de Cristo, es que entendamos que ya nosotros no somos una vieja criatura: somos una nueva criatura en Cristo. Las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas. ¿Y cómo? Renovando nuestra mente. ¿Y cómo renuevo mi forma de pensar y de entender las cosas? Poniéndola mirada en las cosas que no se ven, en lugar de las cosas que se ven. ¿Y cómo hago eso?

No hay una fórmula secreta espiritual que solamente algunos eruditos espirituales tienen acceso. Esto no está escondido aquí, esto está expuesto. Juan 15: "Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; separados de mí, nada podéis hacer." Comunión con Dios. ¿Y cómo tengo comunión con Dios? A través de su Palabra, la meditación de su Palabra, la búsqueda de la voluntad de Dios, la espera en Dios, la búsqueda de consejo, la koinonía con los hermanos.

Esto no es una fórmula espiritual escondida para unos pocos. Aquí no hay un gurú que les voy a decir qué es lo que tienen que hacer para resolver su problema. No. Esto está expuesto: pegados al Señor, pegados a Cristo, en cada aspecto de la vida, en cada paso que nosotros damos, en cada situación que se nos presente. ¿Cuál es la perspectiva de la Palabra? ¿Qué quiere Dios? Estudios, hermanos que me aconsejan, ¿qué puedo hacer? Trata de elevarte por encima del sol, trata de ver las cosas por encima de lo terrenal y de lo temporal.

Y entonces viviremos según la nueva naturaleza y no según la naturaleza caída, que se corrompe según los deseos engañosos. En otras palabras, haciéndole caso a deseos que no satisfacen como dicen que satisfacen. Sino que responderemos a nuevos estímulos: estímulos de la justicia, de la santidad y de la verdad.

Que el Señor sea con nosotros, hermanos, en este caminar. Que el Señor nos ayude a entender la vida cristiana de esta manera, de una manera espiritual. Es un caminar espiritual, es un caminar con Dios, es un día a día, y todo ocurre con sentido, con propósito, con significado. Que el Señor renueve nuestra mente a través de la inmersión y la comunión con Él.

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Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.