Integridad y Sabiduria
Sermones

Viviendo según quien soy

Joan Veloz 8 enero, 2017

La identidad del cristiano no se define por su profesión, su familia o su nacionalidad, sino por su relación con Dios y el propósito para el cual fue escogido. En un tiempo donde los valores bíblicos son perseguidos y pisoteados —como lo ilustra una portada de National Geographic promoviendo la "revolución de género"—, la primera carta de Pedro ofrece un bálsamo para el alma de quienes enfrentan oposición por su fe, tal como lo hicieron los creyentes dispersados por la persecución de Nerón en el año 64.

Pedro llama a los creyentes a desvestirse de todo aquello que contradice su nueva naturaleza en Cristo: la malicia, el engaño, la hipocresía, la envidia y la difamación. En su lugar, deben anhelar la palabra de Dios con la misma hambre desesperada de un recién nacido que llora por la leche de su madre —como aquella niña que en sus primeras tres horas de vida no dejó de clamar hasta ser alimentada—. Solo así podrán crecer y vivir conforme a quienes ahora son.

Cristo es la piedra angular sobre la cual toda la vida cristiana se fundamenta. Quienes le abrazan como tesoro precioso nunca serán avergonzados; quienes le rechazan tropezarán con él en juicio. Los que han creído son ahora linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios. Este nuevo estatus no viene por mérito propio —"en otro tiempo no erais pueblo"— sino por pura misericordia. Y el propósito es claro: anunciar las virtudes de aquel que llamó de las tinieblas a su luz admirable, mostrando su carácter en el trabajo, el hogar y cada circunstancia de la vida.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Fíjese el privilegio que es poder estar aquí con ustedes en esta mañana, compartiendo la Palabra de Dios. Decía en el primer servicio que durante toda esta semana yo estaba adorando al Señor de una manera muy particular, diciéndole: "Señor, háblanos de una manera especial, que cuando yo esté predicando, Tu iglesia pueda estar oyendo Tu voz, y cuando yo esté compartiendo Tu verdad, Tu iglesia pueda estar siendo edificada." De una u otra manera, esa ha sido mi oración, y es lo que le pido al Señor: que ahora que yo comience a compartir Su Palabra, sea Su nombre el que sea glorificado y que sea Su pueblo el que sea gratamente edificado.

Antes de pedirles que me acompañen a la primera carta del apóstol Pedro, que es el texto que vamos a estar compartiendo el día de hoy, quiero compartir con ustedes algo a manera de introducción y reflexión. En este mes, en el mes de enero, salió al mercado la revista National Geographic, una revista que de una u otra manera, por años, ha estado enfocada en hacer publicaciones de familia, de mostrar el mundo. Lanzó esta portada donde muestra la libertad de género, y el título de esta portada fue "Revolución de género." En la misma, incita a que los jóvenes, a los niños, de una u otra manera tengan la libertad de elegir si quieren ser un niño o una niña. En el encabezado de esta portada dice literalmente: "Lo mejor de ser una niña es que ya no tengo que pretender ser un niño."

La verdad es que cuando yo leía eso, me preguntaba: ¿cómo va a estar National Geographic promoviendo estos valores, promoviendo este tipo de cosas? De una u otra manera, pude entender que, aunque queramos aceptarlo o no, nuestros valores están siendo perseguidos. Lo que nosotros creemos y profesamos está siendo pisoteado, y cuando nosotros nos levantamos y queremos defender estas verdades, somos acusados de fanáticos, somos acusados de incomprensibles, y de una u otra manera somos perseguidos y obligados a echarnos a un lado.

Cuando vemos estas cosas, este tipo de persecución en la cual estamos y en la cual probablemente en algún momento estaremos, esta carta del apóstol Pedro es un bálsamo para nuestra alma, porque la misma fue escrita con ese propósito: de animar e instruir a un grupo de hermanos que estaban siendo perseguidos. Realmente, en este tiempo, en este lado de América, nosotros no somos perseguidos al punto de perder nuestra vida, pero somos perseguidos al punto de negar nuestras verdades, lo que creemos. Y esta gente a la cual Pedro le escribe es un grupo de personas que está siendo perseguida, un grupo de personas que está hasta perdiendo sus vidas por amor a la verdad, por amor al Evangelio, por amor a Cristo.

En el año 64, la iglesia cristiana comenzó a sufrir una de las peores persecuciones. El emperador Nerón, en Roma, decidió un plan macabro: organizó un plan en el cual mandó a incendiar una parte de la ciudad de Roma con el fin de culpar a los cristianos y así tener su justificación para perseguirles. Quema parte de Roma y comienza una gran persecución en contra de la fe cristiana. Los hermanos son dispersados; un grupo de creyentes se va de un lado al otro tratando de guardar sus vidas, porque están siendo perseguidos a muerte. Y el apóstol Pedro, viendo esta situación, decide escribirles esta carta para motivarles, para animarles a guardar su fe en Cristo.

En el capítulo 1, él comienza hablando de la esperanza viva que ellos tienen en Cristo Jesús. Él comienza motivándoles, recordando la esperanza que tenemos en Cristo. Luego, más adelante en el mismo capítulo, él los exhorta a mantenerse santos, a promover y buscar la santidad. Y finalmente, en el mismo capítulo 1, él los motiva a amarse los unos a los otros, a mostrar un amor fraternal los unos por los otros, siendo este amor una evidencia de que ellos son hijos de Dios.

Con ese contexto en mente de Primera de Pedro, quisiera pedirle que me acompañen a la primera carta del apóstol Pedro, capítulo 2. Estaremos leyendo el día de hoy del versículo 1 al versículo 10, y dice así:

"Por tanto, desechando toda malicia y todo engaño e hipocresía, envidia y toda difamación, desead como niños recién nacidos la leche pura de la Palabra de Dios, para que crezcáis por ella para salvación, si es que habéis probado la benignidad del Señor. Y viniendo a Él como a una piedra viva, desechada por los hombres, pero escogida y preciosa delante de Dios, también vosotros, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Pues esto se encuentra en la Escritura: 'He aquí, pongo en Sion una piedra escogida, una preciosa piedra angular, y el que crea en Él no será avergonzado.' Este precioso valor es, pues, para vosotros los que creéis; pero para los que no creen, la piedra que desecharon los constructores, esa se ha convertido en piedra angular, y en piedra de tropiezo y roca de escándalo, pues ellos tropiezan porque son desobedientes a la Palabra, y para ello estaban también destinados. Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de Aquel que os llamó de las tinieblas a Su luz admirable; pues vosotros en otro tiempo no erais pueblo de Dios, pero ahora sois pueblo de Dios; no habíais recibido misericordia, pero ahora habéis recibido misericordia."

Vamos a orar. Señor, gracias por Tu Palabra. Gracias por recordarnos, Señor, en ella lo que Tú quieres que nosotros hagamos, pero sobre todo gracias por recordarnos en ella la esperanza viva que tenemos en Cristo Jesús. Padre, Tú dices en Tu Palabra que los que hemos creído en Ti nunca seremos avergonzados. Tú dices en Tu Palabra, Señor, quiénes somos nosotros ahora que estamos cimentados sobre Cristo. De manera especial, yo quiero pedirte, Señor, que Tú puedas hablar a Tu pueblo en esta mañana, que Tú neutralices a este pecador que está aquí parado, y que sea Tu Palabra, que sea Tu voluntad, que sea Tu gracia obrando en esta congregación, de forma tal que el nombre de Cristo pueda ser grandemente exaltado, que Tu nombre, Dios, pueda ser glorificado, y Tu pueblo en esta mañana pueda ser edificado. Gracias te damos por Tu Palabra y por Tu verdad. En el nombre de Jesús, amén.

Bien. En base a esto que hemos leído, yo quisiera que viéramos tres exhortaciones que hace el apóstol: una aclaración y dos recordatorios. Primero, empecemos por las exhortaciones. Versículo 1: el apóstol Pedro empieza: "Por tanto," —por todo lo que yo dije en el capítulo anterior, porque ustedes ya han probado que son hijos de Dios por el amor que se tienen los unos a los otros— "desechad toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias y toda difamación." La palabra que el apóstol Pedro utiliza aquí por "desechad," en su original, literalmente quiere decir desvestirse, quiere decir quitarse la ropa. El apóstol está diciendo: "Hermanos, ustedes tienen que quitarse de ustedes todas esas actitudes, todas esas cosas que no son congruentes con lo que ustedes son ahora en Cristo, todas esas cosas que se oponen directamente a la bondad de Dios, al amor de Dios, al carácter santo de Dios, que ustedes ahora poseen a través de la obra de Cristo." Deben ser quitadas de ustedes.

Él empieza hablando de la malicia. El apóstol dice que debemos desechar, quitar de nosotros, toda malicia. Este término "malicia" se refiere a ese deseo interno de hacerle un mal a alguien, o de que algo malo le pase a alguien. Y veamos cómo ese deseo interno no quiere decir que yo soy el causante, no quiere decir que yo soy el que provoco ese mal; el simple hecho de yo desearlo ya debo quitarlo de mí, porque eso no es congruente con un hijo de Dios, eso no es congruente con uno que ha nacido de nuevo.

El engaño: la palabra en griego que Pedro utiliza aquí es la palabra dolos, y literalmente dolos quiere decir anzuelo. Cuando yo le lanzo un anzuelo a una persona para ganar ventaja de él, para yo obtener algo a base de mentiras, eso es un engaño, y eso debe ser removido, debe ser quitado. Las medias verdades, el ocultar información, todo aquello que hacemos con la intención de obtener ventaja debe ser removido, debe ser quitado de nosotros, debe ser tirado a un lado, porque Cristo no actúa de esa manera.

Él sigue diciendo: toda hipocresía. Esa habilidad que tenemos muchas veces para ocultarnos bajo una careta, disimulando sentir y pensar cosas que realmente no son, la idea de aparentar lo que no somos para caer en gracia o para que los otros nos acepten. Hermanos, eso no es congruente con lo que somos. El cristiano está llamado a ser transparente: el cristiano peca y se arrepiente, el cristiano cae y se levanta, esa es la forma como actuamos. Si yo tengo una diferencia con un hermano, yo voy donde ese hermano y le digo: "Hermano, yo no estoy de acuerdo." Si al final seguimos en diferencias, le digo: "Señor, dame amor por esa persona," pero yo soy lo que soy. El ser hipócrita, el estar bajo una careta, no es congruente con lo que estamos llamados a vivir nosotros ahora que estamos en Cristo.

La envidia: ese dolor, ese sentimiento que yo siento cuando otra persona tiene algo que yo quiero, o está en un lugar donde yo quisiera estar. Eso es algo que no puede ser tolerado, ¿por qué? Porque es una actitud triste, y es una actitud que de una u otra manera pone en duda la fidelidad y el amor de Dios para mi vida. Yo estoy donde estoy hoy día, tú estás donde estás hoy día, nosotros tenemos lo que tenemos hoy día, porque a Dios le ha placido. Y lo importante, hermanos, no es lo que tengamos, no es dónde estemos; lo importante es saber que estamos en las manos de Dios, y que Él nos ama, y que Él nos ha dado no lo que queremos, pero sí lo que necesitamos. Y esa es la manera como nosotros deberíamos vivir: contentos con lo que tenemos, donde Dios nos ha puesto, porque si yo estoy aquí es porque a Dios le ha placido. La envidia debe ser desechada.

Y por último, dice el apóstol: la difamación, el hablar de otros de una manera negativa.

De manera que menospreciemos su carácter, que menospreciemos quién Él es, con la intención de que otra persona piense mal de él. Y hermanos, nosotros sabemos, lamentablemente, que dentro del pueblo de Dios muchas veces se hace esto: se difama con intención de hacerle daño a otra persona. Y esto no es congruente con lo que somos en Cristo. El creyente no habla mal de una persona porque, al hablar mal de una persona, está hablando mal de la imagen de Dios en esa persona; estamos deshonrando directamente a Dios.

Y todas estas actitudes que Pedro menciona, todas estas formas de pensar congruentes a una naturaleza caída, si nosotros estamos en Cristo, deben ser desechadas, deben ser quitadas de nosotros. Porque la realidad es que no pueden florecer en el mismo corazón la bondad y el amor de Dios y estas actitudes; no pueden florecer juntas. Y si nosotros estamos en Cristo, debemos desecharlas, quitarlas de nosotros.

En cambio, la segunda exhortación: el apóstol dice desear, como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra de Dios, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis probado la benignidad del Señor. Este "desead" en su original significa un deseo celoso, un deseo hambriento, un deseo que dice: "yo quiero esto y que todo lo demás desaparezca, esto es lo que yo anhelo, esto es lo que yo necesito." Este es el significado de este "desead." Y el apóstol está diciendo: desead como niños recién nacidos, como un niño que con hambre anhela la leche que su madre le quiere dar, un niño que con hambre espera lo que va a recibir en algún momento.

Y no sé si los que aquí tienen hijos, o han tenido hijos, saben cómo un niño se pone cuando está hambriento y no recibe su leche. Eso es grito, berrinche, eso es malcriadeza, porque el niño tiene hambre; el hambriento quiere ser saciado. Yo recuerdo cuando Michelle y yo tuvimos nuestra primera hija. Nosotros estábamos, ustedes saben, nuevecitos en esto, y no hay nadie que sepa más que uno que no sabe. Y como nosotros estábamos empezando en este proceso, antes de que Michelle diera a luz, nosotros comenzamos a leer. Y recuerdo que eran libros inmensos: de cómo educar un niño, de cómo el niño se formaba, del tema de la alimentación, buscando en internet, que si la liga de la leche, un sinnúmero de cosas hablando de la alimentación del bebé.

Y nosotros, como no sabíamos mucho, y como dije anteriormente, el que no sabe es el que más, nosotros confiando en lo que esos libros decían, lo que decía el internet, tomamos la decisión de que nuestra primera hija solamente fuera alimentada por leche materna; ella solamente iba a beber leche materna. Recuerdo que la niña nace y en el proceso que Michelle sale de la sala de recuperación a estar con la niña pasaron tres horas. Y yo recuerdo que esas tres primeras horas de la vida de Daniela fueron el llanto y el desespero, porque esa niña anhelaba la leche que su madre le iba a proveer. Esa niña estaba viniendo a un mundo que no conocía y, hambrienta, quería la leche, quería el alimento que su madre le iba a proveer.

Pasaron las tres horas, la madre fue llevada donde la niña, la niña fue llevada a la madre, y esa niña vio la gloria. Se acabó el llanto, se acabó el sufrir; ella fue alimentada y con eso se calmaron sus deseos. Hermanos, y de esa misma manera como esa niña tenía hambre por la leche de su madre, de esa misma manera nosotros debemos tener hambre por la palabra de Dios. Una hambre que nos consuma, un hambre que nos haga sentir que solamente queremos eso y nada más.

Es cierto que probablemente algunas fórmulas, alguna leche en polvo, también podían haber saciado el hambre de la niña, pero la realidad es que no hay nada como la leche de la madre para esa bebé; no hay nada tan puro como eso. Y de la misma manera, nosotros podemos tener otros suplementos, como devocionales, como literatura cristiana, que pueden satisfacer nuestra hambre espiritual, pero nada se puede comparar con la palabra de Dios. Nada puede competir con la palabra de Dios, nada puede competir con las hojas donde el Rey del universo plasmó su voluntad y su carácter. Nosotros debemos desear hambrientos la palabra del Señor.

Y la realidad, hermanos, es que si somos honestos delante del Señor, no todos tenemos esta hambre, no todos tenemos este deseo, no todos tenemos esta necesidad de consumir la palabra. Y preparando este mensaje, yo pude encontrar tres recomendaciones que nos ayudarán a tener más hambre por la palabra, a poder decir como esa niña: "yo solamente quiero la leche de mi madre, y hasta que no la tenga no voy a estar quieta, voy a estar llorando."

Y estas son las tres recomendaciones. Primera recomendación para tener hambre por la palabra: es recordar quién es el autor y el que ha preparado este alimento. El apóstol Pablo en 2 Timoteo 3:16 dice claramente que toda Escritura ha sido inspirada por Dios. Lo que nosotros tenemos aquí ha sido inspirado, ha sido diseñado, ha sido creado por el mejor chef del universo. Este es el mejor alimento, esto es lo más puro que nosotros pudiéramos consumir, y esto es lo que nosotros necesitamos. Nosotros debemos recordar quién es el que ha preparado esta palabra.

Lo segundo que nosotros debemos hacer, y es algo que el pastor Miguel mencionó ahorita en medio de su oración, es ser honestos delante del Señor y decirle: "Señor, yo no tengo hambre por tu palabra; dame amor por ella." Ser honestos delante del Señor. El Señor conoce mi corazón, el Señor conoce mi mente, el Señor conoce mi voluntad. Yo tengo que ser honesto con Dios: "Señor, yo no tengo hambre por tu palabra; dámela, dame amor por tu palabra, dame un deseo genuino por ella." Santiago, hablando en Santiago 4:3, dice: "No tenéis porque no pedís; pedís y no recibís porque pedís con malos propósitos, para gastarlos en vuestros placeres." Hermanos, pídanle a Dios confiadamente: "Señor, dame hambre por tu palabra, dame hambre por tu verdad." ¿Acaso creemos que Dios no nos la dará? Claro que sí, porque eso es conforme a su voluntad, es conforme a su deseo, a que nosotros le anhelemos a través de su palabra.

Y la tercera recomendación es que nosotros debemos también examinar las bendiciones que trae a nuestra alma el conocer la palabra de Dios. El salmista en el Salmo 103 claramente le dice a su alma: "Alma mía, no olvides ninguno de los beneficios, no te olvides de los beneficios que tú has recibido." Y la verdad es que estudiar y conocer la palabra... ustedes saben quién más se beneficia: yo. Y después ese beneficio bendecirá a los demás. Pero yo tengo que entender eso, yo tengo que entender que el más beneficiado de estudiar, de consumir, de anhelar la palabra de Dios, soy yo mismo.

"Desead como niños recién nacidos la leche pura de la palabra, para que por ella crezcáis para salvación." Este "crezcáis para salvación" es una forma del apóstol de decir: para que por ella ustedes puedan seguir santificándose, para que por ella ustedes puedan seguir moldeando sus vidas, para que a través de ella ustedes puedan seguir desechando esas cosas que no son congruentes con lo que ustedes son ahora en Cristo. Es una forma de decir: sigan creciendo en la palabra, sigan conociéndola, para que ustedes puedan seguir formándose a la imagen de Cristo.

Es importante ver que este "si" no implica una duda; el apóstol supone que estas personas han probado la benignidad del Señor, han probado el amor de Dios. Es una forma de decirles: "ustedes probaron ese lado, les gustó; postigan consumiéndolo, sigan disfrutándolo, porque es bueno y les va a ayudar a crecer y a vivir conforme a lo que ustedes son ahora en Cristo," conforme a la nueva naturaleza que nosotros tenemos ahora en Cristo.

Entonces, ahora que nosotros hemos comenzado a desvestirnos, que hemos desechado todas esas cosas que no honran al Señor, que con hambre anhelamos la palabra del Señor, el apóstol nos da la tercera exhortación. El versículo 4 al 5 dice: "Y viniendo a Él como a una piedra viva, desechada por los hombres, pero escogida y preciosa delante de Dios, también vosotros, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo."

En esta tercera exhortación, Pedro le dice a los suyos: vengan a Él, vengan a Cristo, vengan a la fuente, vengan a la piedra viva, al único que puede darles vida, al único que les puede permitir ser lo que ustedes están llamados a ser, al único que puede darles vida y vida en abundancia. Cristo, hablando de sí mismo en Juan 10:10, dice: "El ladrón solo viene para robar y matar y destruir, pero yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia." Y eso es lo que Pedro le está diciendo: vengan a la piedra viva, para que por ella puedan funcionar, para que por ella puedan hacer lo que ustedes están llamados a ser.

Hermanos, el cristiano no necesita a Cristo simplemente para que pague por sus pecados; el cristiano necesita a Cristo diariamente. Tú y yo necesitamos a Cristo todos los días. Esto que yo tengo aquí es un celular. Este celular puede ser el mejor celular del mundo; yo puedo hacer todas las cosas posibles a través de él, pero si el celular no se conecta a una fuente todos los días, es un pisapapeles, no sirve para nada. De la misma manera, tú y yo debemos venir diariamente a Cristo, tú y yo debemos venir diariamente a la Roca de vida, para poder ser lo que el Señor nos llama a ser.

Pero dice el apóstol que esta piedra viva, esta piedra que nos carga, este que es el tesoro más preciado, no es una piedra que ha sido atesorada y valorada por todos. Él dice que esta piedra ha sido desechada por muchos; muchos no la han considerado digna, y muchos hoy todavía no la consideran digna. Cuando esa piedra viva vino, los hombres prefirieron ignorarla, prefirieron golpearla, prefirieron coronarla con espinas y clavarla en una cruz; los hombres la desecharon.

Pero ese que ha sido desechado, ese que ha sido clavado en una cruz, ese que sufrió la peor agonía, que Isaías 52 dice que quedó tan desfigurado que no parecía ninguno de los hijos de los hombres, dice el apóstol Pedro que esa piedra que ha sido desechada es escogida y es preciosa para el Padre. El Padre la ha amado, el Padre la ha atesorado, y Él mismo ha dicho que Cristo es el más precioso.

Hermoso de los hijos de los hombres. Aunque muchos la hayan desechado, para Dios Él es un tesoro valioso, es un tesoro preciado. Miren cómo el Salmo 45 lo dice, hablando de la persona de Jesús: "Tú eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios; por tanto, Dios te ha bendecido para siempre." Hermanos, Cristo es el tesoro más hermoso, y de verdad nosotros diariamente debemos venir a Cristo y decirle: "Señor, gracias por nuestro glorioso Señor Jesucristo, gracias por nuestro glorioso Salvador."

El apóstol Pedro sigue diciendo: "Ahora vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo." Esta palabra que Pedro utiliza en el verso cinco, "piedras vivas", es la misma que utiliza en el verso cuatro, de una manera tal que está diciendo que los creyentes somos piedras vivas porque estamos en unión permanente con la piedra viviente que es Cristo. Juan 14:19, Cristo hablando, dice: "Porque yo vivo, también vosotros viviréis." Nosotros estamos llamados a ser piedras vivas, pero esa vida nos la da Cristo, esa vida nos la da Él.

Y nosotros somos piedras vivas, según el texto, para algo. Él dice: "Para ser edificados como casa espiritual." En otras palabras, lo que Pedro está diciendo aquí es: "Vengan a la piedra viva para que sean equipados, para habilitarlos, para que ustedes puedan ser una casa espiritual, para que ustedes puedan ser una morada digna donde mi Espíritu habite, una casa digna para mí." El apóstol Pablo, hablando de cómo nosotros somos la morada espiritual del Espíritu Santo, dice lo siguiente en Efesios 2:19-22: "Así pues, ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular, en quien todo el edificio, bien ajustado, va creciendo para ser un templo en el Señor, en quien también vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu."

Hermanos, ahora que yo estoy en Cristo, ahora que yo soy una nueva criatura en Él, Dios me ha hecho una casa espiritual donde su Espíritu habita, donde Dios mismo habita dentro de mí. Y no sé si tú lo habías pensado, pero si tú eres un hijo de Dios, el Espíritu de Dios está morando dentro de ti. Cuando tú estás manejando, cuando tú estás sacando cuentas de tus impuestos, cuando tú estás viendo televisión, cuando tú estás tratando a otra persona, o cuando tú estás en lo profundo, oscuro y solitario de tu habitación, el Espíritu de Dios, Dios mismo, está morando dentro de ti. Él está contigo, viendo cada cosa que nosotros hacemos. Hermanos, es algo sobrenatural pensar que el Dios que creó los cielos y la tierra, el Dios que sostiene todo lo que existe por la palabra de su poder, habita hoy en nosotros, mora hoy en nosotros.

Y dice Pedro que Él nos ha hecho una casa espiritual y nos ha constituido sus sacerdotes, nos ha constituido sus representantes, con el propósito de que podamos ofrecer sacrificios espirituales a Él, que podamos honrarle con la manera como vivimos. Cuando hablamos de sacrificios espirituales en el Nuevo Testamento, encontramos varias formas como nosotros brindamos sacrificios espirituales al Señor. Romanos 12:1 dice claramente: el apóstol Pablo, "Presentéis vuestro cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable al Señor." Mi vida debe ser dada, rendida, como sacrificio al Señor. También en el libro de Hebreos, en Hebreos 13:15-16, nos dice: "Por tanto, ofrezcamos continuamente mediante Él sacrificios de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre; y no os olvidéis de hacer el bien y de la ayuda mutua, porque de tales sacrificios se agrada el Señor."

Yo he sido constituido una casa espiritual; yo he sido constituido un sacerdote para poder ofrecer sacrificio, para ofrecerme a mí mismo como sacrificio al Señor, para ofrecer sacrificio al Señor alabándole y exaltando su nombre, ofreciéndole sacrificio al Señor también ayudando a los necesitados, brindándole apoyo y servicio a los que necesitan. Cristo, hablando en una de sus enseñanzas en Mateo 25, dice claramente que cuando nosotros les servimos a uno de los pequeñitos, a Él mismo le estamos sirviendo. Y nosotros hemos sido constituidos sacerdotes para servir ese tipo de sacrificio a nuestro Dios, sin olvidar que esos sacrificios pueden ser hechos solamente a través de Cristo, solamente a través de Jesús, porque solamente Él es digno, solamente Él es poderoso, y solamente Él es tan santo que puede ofrecer sacrificio puro y agradable a nuestro Dios.

Y esas son las tres exhortaciones que el apóstol nos hace: desechad, desead y venid a Cristo. Venid para que sean edificados como casa espiritual, como sacerdotes que pueden ofrecer sacrificios a Él. Y ahora el apóstol pasa a enfatizar algo que él quiere dejar muy claro. El verso del 6 al 8 dice: "Pues esto se encuentra en la Escritura —pues esto que yo he mencionado en el verso 5 se encuentra en la Escritura—: 'He aquí, pongo en Sion una piedra escogida, una preciosa piedra angular, y el que crea en Él no será avergonzado.' Este precioso valor es para vosotros los que creéis; pero para los que no creen, la piedra que desecharon los constructores es la que se ha convertido en piedra angular, y en piedra de tropiezo y roca de escándalo, pues ellos tropiezan porque son desobedientes a la palabra, y para ello estaban también destinados."

Pedro quiere ahora dejar claro lo que compartió en los versos anteriores, y toma una serie de pasajes del Antiguo Testamento que tienen su cumplimiento en Cristo como piedra angular. Y él, el pescador que en un momento no era reconocido por nadie, que en un momento se veía como poco letrado, en esta porción de la Escritura nos da a ver el gran conocimiento que ahora tenía del Antiguo Testamento. Esta porción que acabamos de leer es citada literalmente de Isaías 28 y del Salmo 118:22, y Pedro la cita con el propósito de dejar claro, de dejar establecido, quién es Cristo, quién es Él como piedra angular y como estructura de nuestra fe.

Él dice claramente que Cristo ha sido colocado como una piedra angular. La piedra angular es llamada así porque es la piedra de esquina que se coloca para que todo lo demás pueda estar sobre ella; es la piedra sobre la cual se fundamenta la estructura y se construye todo. Nosotros en República Dominicana la pudiéramos conocer como la zapata. Y lo que Pedro está diciendo aquí, a través del Antiguo Testamento, es que Cristo es la zapata de nuestra fe, que Dios ha determinado que toda la estructura de lo que nosotros creemos, de lo que nosotros hacemos, de lo que nosotros vivimos, de lo que nosotros somos y seremos, repose sobre la persona de Jesús. Cristo es nuestra piedra angular, y Pedro quiere dejar claro esto.

Y quiere dejar claro que para Dios Cristo es valioso, que Cristo es importante, que Cristo es lo más preciado. Y si Dios, que ve las cosas como son y siente las cosas como son realmente, valora a Cristo, ¿qué más nosotros, qué más tú y yo, que debemos valorarlo, ya que nuestra vida está fundamentada en Él? Y la verdad, hermanos, es que Cristo es valioso; Cristo es el mayor tesoro que nosotros podemos tener, porque Cristo es Dios y es la manifestación de Dios precisamente para que nosotros podamos verle, saborearle y atesorarle.

Hermanos, yo quiero preguntarte en esta mañana: Dios atesora a Cristo como lo más preciado, ¿atesoras tú a Cristo? Entre tú y Dios, en tu corazón, ¿es Cristo lo más valioso y preciado para ti? Si este sermón en esta mañana puede servir para ayudarnos a valorar y atesorar a Cristo, todas las horas de preparación habrán valido la pena, porque al final ese es nuestro propósito. Para eso fuimos creados; de esa manera vivimos según quienes somos, adorando a Cristo y atesorándole por quien Él es. Y es mi deseo, hermano, del fondo de mi corazón, que cada uno de nosotros pueda llegar a decir como el apóstol Pablo: "Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia." Que Cristo se constituya en nuestra vida porque es valioso.

Y Pedro sigue diciendo y nos da unas palabras hermosas, diciéndonos: "Y el que creyere en Él, el que abraza este tesoro, jamás será avergonzado." Podemos sufrir tristeza, podemos sufrir hambre, desnudez, enfermedad, dolor, cualquier tipo de males; pero si nosotros estamos cimentados sobre la roca que es Cristo, nunca seremos avergonzados, nunca seremos defraudados, nunca seremos perturbados. Nuestra estructura social, económica y moral puede estar cayéndose a pedazos, pero si nosotros estamos cimentados sobre la roca que es Cristo, no tenemos nada que temer, porque Cristo es la roca fuerte. Los que hemos creído en Él, los que hemos sido lavados por su sangre, no tenemos nada que temer.

Pero si hay un grupo aquí que no ha creído en Cristo, que no le ha atesorado, Pedro dice lo siguiente: "Pero para aquellos que han decidido desecharle, para aquellos que han negado su verdad, esa piedra se ha convertido en piedra de tropiezo y roca de escándalo." Pedro sigue citando el Antiguo Testamento, y ahora cita Isaías 8:14. Y ahora él no menciona a Cristo como el Salvador, sino que lo menciona como aquel que va a juzgar. Dice que aquellos que le han desechado, aquellos que no lo han considerado como precioso, aquellos que no han aceptado su sacrificio, un día serán juzgados por Él. Y dice el apóstol Pedro, basado en el Antiguo Testamento, que Cristo se ha convertido en una piedra de tropiezo, porque en el momento en que estos hombres quieran justificarse delante de Dios y justificar sus vanos razonamientos, tropezarán con Cristo. Y se ha convertido en una roca de escándalo, en una piedra aplastante, porque Él mismo juzgará y condenará a aquellos que le han rechazado.

Miren cómo Cristo mismo lo dice en Lucas 20:18: "¿Qué quiere decir esto que está escrito: 'La piedra que desecharon los constructores, esa en piedra angular se ha convertido'? Todo el que caiga sobre esa piedra será hecho pedazos, y aquel sobre quien ella caiga, le desmenuzará como polvo." Todos aquellos que le han rechazado enfrentarán ese juicio.

que hayan sido desobedientes, que no le han aceptado, que le hayan rechazado, tropezarán con Cristo y serán juzgados por Él. Y el apóstol dice lo que ellos han hecho: ellos serán juzgados, ellos tropezarán porque son desobedientes a la palabra, y por ello estaban también destinados. Ellos fueron desobedientes al buen Evangelio de Cristo, ellos fueron desobedientes a las buenas nuevas.

Y negar el Evangelio es negar a Cristo. Negar el Evangelio es decirle a Dios: "Dios, yo no necesito que Tú me salves, yo tengo otra forma para ganar mi entrada a Tu presencia." Negar el Evangelio es decir: "Señor, yo puedo hacerlo solo, yo no necesito nada más." Y aquellos que han negado Su palabra serán juzgados y condenados por Cristo.

Es importante destacar algo aquí: que Pedro no está diciendo que su desobediencia ha sido destinada, sino que está diciendo que su incredulidad no ha sido destinada. El castigo por su incredulidad ha sido destinado; el castigo por haber desobedecido la palabra, por no haber abrazado a Cristo, estaba destinado. El pastor MacArthur, hablando de este texto, dice claramente: "Tenemos afectos por Cristo, qué privilegio. Hay una gran cantidad de personas, y ha habido desde el tiempo en que Cristo vino, un grupo de personas que lo rechazan. Para ellos es una piedra inaceptable. Él no será la piedra angular en el templo religioso que construirán ellos. La tiran a un lado, ellos tropezarán con Él y serán aplastados a polvo por Él en juicio, porque eran desobedientes al Evangelio, y su desobediencia vino a ser lo que los había destinado a la condenación."

Pero nosotros, por la bondad de Dios y Su gracia, Cristo es una piedra viva, es una piedra preciosa. Nosotros, que no Lo hemos desechado, nosotros que un día, cuando estemos en Su presencia, oiremos de Su voz: "Yo morí por él, es uno de los míos." Nosotros que Le hemos abrazado como precioso, no tenemos nada que temer.

Y el apóstol ahora, en el versículo 9, quiere darnos unas cualidades y darnos unos títulos que le pertenecían en el Antiguo Testamento al pueblo de Israel. En el versículo 9, el apóstol quiere decirnos, o más bien recordarnos, y este es el primer recordatorio: él quiere recordarnos quiénes somos nosotros ahora que hemos abrazado la verdad de Cristo, que no Le hemos desechado, que hemos sido cimentados sobre Él. En el versículo 9 dice: "Pero vosotros, que no Le han desechado, sois un linaje escogido." La palabra "linaje" en su original quiere decir que nosotros hemos sido una raza escogida por Dios, y Él nos ha escogido según el beneplácito de Su buena voluntad, como dice Efesios. Nosotros no hicimos nada para ganarlo, nosotros no lo merecíamos, pero Él nos escogió porque Le plació, porque así Él quiso hacerlo.

Pero Él también nos dice que nosotros somos un real sacerdocio, y somos un real sacerdocio porque Le servimos al Rey. Somos un real sacerdocio porque hemos sido apartados por Él para servirle y vivir para honrarle. Siendo también, dice el apóstol, una nación santa: los israelitas eran una nación santa, separada de los paganos, al servicio pleno de nuestro Dios. Y ahora la iglesia ha sido llamada una nación santa. Dios está llamando de toda tribu, lengua y nación a un grupo de personas, y los ha apartado para Él, para que Le sirvan.

Hermanos, nuestra identidad y nuestra nacionalidad no están en mi acta de nacimiento, en mi pasaporte o en mi bandera. Mi bandera, mi pasaporte, mi acta de nacimiento dice: "cristiano." Yo soy un cristiano, un hijo de Dios; eso es lo que yo soy. Ahora nosotros hemos sido separados por Él para servirle como suyos.

Y finalmente, el apóstol dice que nosotros somos también un pueblo adquirido para posesión de Dios. Si tú eres un creyente, tú eres una posesión de Dios. Y a una posesión se le llama algo que es valioso, algo que esa persona quiere guardar, que quiere proteger. Nosotros hemos sido llamados por Dios para ser de Él. Dios, hablando a través del profeta Isaías, en Isaías 43:21, dice claramente: "Este pueblo es formado para Mí; ellos Me mostrarán Mi alabanza." Dios ha formado un pueblo para Él, ha elegido un pueblo para Él, ha escogido un pueblo para Él, para que Le dé alabanza, para que Le honre, para que Le glorifique y para que viva para Él.

Hermanos, es importante que nosotros tengamos esto en cuenta. Yo no soy un abogado, yo no soy un médico, yo no soy un empresario, yo no soy el hijo de tal persona, yo no soy el nieto de Domingo, el esposo de Michelle, el papá de Daniela, el anciano pastor de la iglesia. Yo no soy eso. Yo soy un hijo escogido de Dios que vive como un sacerdote apartado, sometido al señorío de Aquel que le compró. Eso es lo que yo soy.

Ahora, la identidad cristiana no está definida en términos de lo que yo hago; está en términos de la relación que ahora yo tengo con Dios y en el destino que Él me ha designado. Como cristiano, yo no puedo hablar de mi identidad sin hablar de la acción de Dios en nosotros, de la relación de Dios con nosotros y del propósito de Dios para nosotros. Y el propósito de Dios para nosotros, dice el versículo 9, es que Dios nos ha escogido como un linaje escogido, como un real sacerdocio, como una nación santa, como un pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable.

Ese es el propósito de tu vida hoy. Tú vives para eso, tú no vives para nada más. Tú vives para anunciar las virtudes de Aquel que te llamó, para mostrar Su carácter, para mostrar Su bondad, para mostrar Su grandeza, y para que los hombres puedan ver que Dios es poderoso a través de ti. Dios nos ha dado una identidad para que nosotros podamos mostrarle al mundo quién es Dios, para que podamos mostrar quién es Él. Nuestro propósito de vida es darle gloria y que otros puedan alabarle por la manera como nosotros vivimos.

Y yo quiero preguntarte, quizás ya cerrando en esta mañana: ¿cómo estamos nosotros mostrando estas virtudes? En nuestro trabajo, ¿nuestra forma de relacionarnos y de trabajar muestran las virtudes de Aquel que nos llamó? En nuestra casa, ¿la forma como tratamos a nuestros hijos, a nuestra esposa, a nuestros hermanos, muestra las virtudes de Aquel que nos llamó? ¿Muestra Su gracia, Su misericordia, Su perdón? En la universidad, en el colegio, los más jóvenes, ¿la forma como hacemos las cosas muestra la luz de Cristo? En tiempo de tribulación y prueba, ¿mostramos en quién estamos invertidos y en quién confiamos? ¿Cómo estamos mostrando a otros las virtudes de Dios? ¿Cómo Le estamos mostrando, hermanos?

Es importante recordar esto: nosotros somos lo que somos hoy para mostrar a Cristo, para darle a conocer al mundo quién es Aquel que nos ha llamado. Hemos sido llamados, y vivimos para Él, por Su gracia.

Y en el versículo 10, este el último recordatorio, Pedro quiere hacernos entender algo y que no olvidemos algo. Él nos dice que en otro tiempo no éramos el pueblo de Dios. Él dice: "En otro tiempo no erais pueblo, pero ahora sois el pueblo de Dios." Este versículo, en un sentido, quiere aterrizarnos. Les dice: "Ustedes son real sacerdocio y ustedes fueron escogidos por Dios, pero recuerden que ustedes están aquí por Su gracia. Ustedes anteriormente no lo merecían, ustedes no eran el pueblo de Dios. A Dios Le plació traerlos a Él. Ustedes iban caminando sin rumbo, sin dirección, y Dios en Su amor y misericordia ha decidido injertarlos en la raíz y en la familia de Dios." Y en la postura del apóstol Pablo, Romanos 11 nos habla de esto, de cómo nosotros los gentiles hemos sido injertados en la familia de Dios. Nosotros no éramos Su pueblo, pero ahora, por Su gracia, por Su misericordia, hemos sido injertados y somos llamados Sus hijos, somos llamados suyos.

Charles Spurgeon, hablando de esta porción de la palabra, dice: "Siempre que te sientas tentado a sentirte orgulloso de tu posición actual, recuerda lo miserable que eres y la arcilla del lodo del cual la gracia soberana de Dios te sacó. Cuando estés en el trono, recuerda la mazmorra de la cual la gracia de Dios te alzó. Cuando estés en plena posesión de tus facultades espirituales y te regocijes en el Señor, no olvides el tiempo en el cual te enfermaste hasta la muerte, hasta que el gran Médico pasó por allí y te sanó." Si nosotros hoy tenemos algo de qué gloriarnos, si tenemos algo de lo cual sentirnos orgullosos, no es que somos el pueblo de Dios; es que Dios ha tenido gracia con nosotros, que Él nos ha amado de una manera desbordante, y por esa gracia, por ese amor, hoy yo puedo ser considerado uno de los suyos.

Y el texto termina diciéndonos que nosotros debemos recordar que no habíamos recibido misericordia, pero ahora hemos recibido misericordia. En tiempos pasados no éramos dignos de recibir Su gracia; en tiempos pasados andábamos sin rumbo, andábamos perdidos, no éramos llamados Su pueblo. Pero hoy somos llamados Su pueblo. Ahora nuestros ojos han sido abiertos, ahora nuestras cuentas han sido canceladas, ahora mi estatus ha pasado de esclavo a libre, de culpable a inocente. Ahora yo puedo ser lo que soy por Su gracia. Ahora yo he pasado de ser Su enemigo a Su hijo amado. Nosotros no habíamos recibido misericordia, pero ahora la hemos recibido.

Ahora, hermanos, nosotros podemos alabar a Dios. Ahora, hermanos, nosotros podemos regocijarnos en Él. Ahora nosotros podemos comenzar a desechar toda malicia, todo engaño, toda hipocresía, toda envidia, toda difamación. Podemos comenzar a desear ardientemente la palabra de Dios. Nosotros podemos ahora reconocer que estamos anclados sobre Cristo, la piedra angular, la roca firme, y estando sobre Él, nunca seremos avergonzados. Ahora nosotros podemos disfrutar el tesoro valioso que es Cristo. Ahora yo puedo decir: "Cristo, Tú eres lo más preciado para mí." Ahora nosotros podemos llamarnos un linaje escogido, un real sacerdocio, una nación santa, un pueblo adquirido para posesión de Dios.

Ahora yo puedo recordar y darle gracias a Dios porque, aunque yo no merezco ser Su pueblo, Él en Su gracia y misericordia me ha hecho ser parte de Su familia. Aunque yo no merezco ser de los suyos, Él me ha hecho, y me ha hecho con el propósito de que yo pueda vivir mostrándole al mundo las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable.

Aquel que me salvó me ha hecho parte de su familia para que yo pueda vivir acorde a sus reglas, proclamando su gloria y proclamando su santo nombre. Hermanos, que el Señor nos ayude a vivir acorde a quiénes somos ahora. Que el Señor nos ayude a vivir atesorando a Cristo, amando su Palabra y siendo dignos de lo que nos ha llamado a hacer: un pueblo suyo.

Este es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet www.integridadysabiduría.org. En dicha página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos.

Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet www.integridadysabiduría.org. Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos en su Palabra.

Joan Veloz

Joan Veloz

Joan Veloz conoció la gracia de Dios en 2005 en la IBI, es pastor de la Iglesia Bautista Internacional y Vicepresidente de Integridad & Sabiduria. Es abogado con maestrías en Gerencia y Productividad, Estudios Teológicos (MATS) y Divinidad (MDiv) y un Doctorado en Ministerio, todos completados en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Michelle Suzaña y tienen tres hijos: Daniella, Camila y Miguel Andrés.