Para el apóstol Pablo, la vida y la muerte apuntaban exactamente al mismo lugar: Cristo. Esa convicción explica cómo un hombre encadenado a soldados romanos, rotando cada ocho horas durante años, pudo escribir una carta rebosante de gozo. No se trataba de optimismo ni de técnicas para sobrellevar el sufrimiento. Pablo había dejado de evaluar sus circunstancias según cómo lo afectaban personalmente; todo lo medía en función de cómo servía a la causa de Cristo. La prisión, las palizas, los naufragios, el abandono de colaboradores cercanos: nada de eso generó en él una sola queja registrada, porque nada de eso alteraba lo único que verdaderamente le importaba.
Cuando Pablo dice "para mí el vivir es Cristo", está declarando que Cristo es su aliento, su motivación, su propósito, su fortaleza y su fundamento. Cada experiencia de su vida giraba sobre ese único eje. Y cuando añade "el morir es ganancia", revela que partir de este mundo significaba libertad del pecado, fin del dolor y comunión plena con su Señor. Eso era su anhelo más profundo. Sin embargo, Pablo estaba dispuesto a posponer ese deseo supremo si permanecer en la tierra significaba ayudar a otros creyentes a progresar en la fe y hacerlo con gozo.
El sermón confronta con una pregunta incómoda: ¿cómo evaluamos nosotros las circunstancias de nuestra vida? Nuestras quejas revelan cuánto seguimos valorando nuestros intereses por encima de la cruz. La invitación es a renunciar a la vida centrada en uno mismo y comenzar a medir todo según cómo favorece el reino de Cristo, hasta poder decir con honestidad: para mí el vivir es Cristo.
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¡Vamos, hermanos, a vivir en su Palabra! Quiero pedirles que abran la Palabra de Dios, el libro de Filipenses, capítulo 1, para continuar con nuestra serie. Este es el mensaje número 7 en esta serie. Y vamos a continuar exactamente donde nos habíamos quedado.
Para aquellos de ustedes que quizás nos están visitando o para aquellos que quizás no lo recuerdan, yo quisiera simplemente introducir el texto del día de hoy diciendo un par de cosas. Cuando el apóstol Pablo escribe esta carta, él está en una prisión en la ciudad de Roma. Él probablemente escribió esta carta unos 10 años después de haber fundado la iglesia de Filipos, como vimos en mensajes anteriores. Él está atado a un soldado romano las 24 horas del día, está encadenado a alguien que cambia cada 8 horas. Por mucho tiempo él está en estas condiciones. Y la razón por la que estoy recordando esto, mencionándolo para aquellos de ustedes que no están familiarizados con la carta, es porque lo que Pablo tiene que decir tiene mucho más sentido, peso, fuerza, cuando tú entiendes las condiciones en las que él se encontraba en el momento en que él comenzó a escribir esta carta.
Nosotros habíamos cubierto hasta Filipenses versículo 20, incluyendo el 20. En el día de hoy yo quisiera comenzar en el versículo 21. Y parte de lo que el texto de hoy va a hacer es ayudarnos a entender cómo es que un hombre puede sentir la misma cosa cuando él está fuera de la prisión o cuando está dentro de la prisión. Yo creo que muchos de nosotros nos hemos hecho esa pregunta: ¿cómo es posible que Pablo haya podido vivir una vida tal que la circunstancia realmente no afectaba la manera como él se sentía? Yo creo que el texto de hoy nos va a dar una idea de cómo él fue capaz de hacer eso, de tal forma que desde ya le vamos a pedir a Dios que pueda abrir nuestro entendimiento para que a través de la Palabra predicada nosotros podamos entender qué hizo que el apóstol Pablo viviera de la manera que vivió. Porque si nosotros logramos entender eso y luego abrazar eso, nosotros pudiéramos potencialmente vivir la misma vida de abundancia y gozo que este hombre conoció.
Y con esto yo quisiera que leyéramos ahora el versículo 21 al 25 del capítulo 1 de Filipenses. Versículos 21 al 25: "Pues para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Pero si el vivir en la carne, esto significa para mí una labor fructífera, entonces no sé cuál escoger. Pues de ambos lados me siento apremiado, teniendo el deseo de partir y estar con Cristo, pues esto es mucho mejor. Y sin embargo, continuar en la carne es más necesario por causa de vosotros. Y convencido de esto, sé que permaneceré y continuaré con todos vosotros para vuestro progreso y gozo en la fe."
Sin lugar a dudas, yo creo que este es uno de los textos más conocidos en la historia de la iglesia, sobre todo el versículo 21: "Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia." Yo creo que este versículo, en cierta manera, pudiera ser escogido como aquello que en inglés es llamado "the battle cry." El grito de batalla que es capaz de aglutinar las tropas, que es capaz de llamarlas, reunirlas y motivarlas para la batalla. Si tú puedes entender exactamente lo que Pablo está tratando de decir y abrazar esto como propósito de vida, yo creo que tú pudieras entonces vivir de una manera similar a como él lo hizo.
El título de mi mensaje, habiendo oído eso, es tomado prestado de una obra de Francis Schaeffer escrita hace años atrás: "Entonces, ¿cómo debiéramos vivir?" Cuando Schaeffer escribió esa obra y produjo de hecho ese documental, la idea era poder mostrar cómo la sociedad de Occidente subió y cómo así mismo cayó. Treinta y cinco años han pasado de esa producción y esa publicación, y la sociedad occidental se ha ido deteriorando cada vez más. Y la pregunta es: en vista de las presiones que irán de mal en peor y que han ido en aumento para nosotros, ¿cuál sería la manera del cristiano ver la vida y comenzar a vivir en estos momentos de dificultad?
No estamos en el siglo XX, al cual Schaeffer se refería, pero estamos en el próximo siglo y ya nosotros hemos comenzado a ver las consecuencias de una sociedad que se ha deteriorado. Pero esa sociedad en gran medida se asemeja a la sociedad en la que Pablo vivió, se asemeja a las condiciones en las que Pablo tuvo que ministrar, las condiciones en las que él fue apresado. Y nosotros entonces, que nos ha tocado vivir en esta hora, debiéramos entender qué expectativas debiéramos tener de esta hora de la historia, qué expectativas debiéramos tener de la iglesia de esta hora, de tal forma que nosotros no terminemos desanimados, debilitados, que la tropa no termine tan desalentada que cada cual corra por su camino. Yo creo que Pablo tiene la respuesta cuando él nos habla de la manera que lo hace en este texto a los filipenses.
Muchos de nosotros, cuando venimos a los pies de Cristo, venimos después de haber recibido —o todos nosotros venimos a los pies de Cristo después de haber recibido— la vida terrenal que nuestros padres nos regalaron. Y lamentablemente abrazamos una vida eterna que queremos seguir viviendo, comenzar a vivir de acuerdo a los principios y preceptos y mentiras de la vida anterior, y eso nunca va a funcionar.
Pablo, bajo la inspiración del Espíritu de Dios entonces, de una forma muy breve nos resume en el texto que yo leí el propósito de su vida. Pocas personas han logrado articular un propósito de vida, sobre todo de una manera sucinta, de una manera clara. Y de aquellos que lo han logrado hacer, muy pocas personas han logrado vivir conforme a este propósito que ellos en algún momento redactaron. Pero ese no fue el caso del apóstol Pablo. Algo que nosotros apreciamos es precisamente que sus palabras y su vida siempre fueron congruentes. Que esto que Pablo estaba escribiendo no representaba ni siquiera la esperanza de Pablo de que él pudiera vivir de esa manera. No, Pablo está hablando de la forma en que él ha vivido desde el mismo momento en que Dios interceptó su vida.
Eso es precisamente lo que esta frase representa: "Para mí el vivir es Cristo." Siempre lo ha sido, desde que Cristo me encontró en el camino de Damasco hasta este momento en que yo estoy escribiendo esta carta. El camino siempre de mi vida está marcado por la luz de Cristo, la verdad de Cristo, desde un primer momento. Y yo creo entonces que si comenzamos a entender eso, podemos ver cómo es posible que Pablo pudiera tener el mismo gozo en la prisión que fuera de la prisión.
Yo no creo que tú y yo podemos dar testimonio de que nuestro gozo ha sido el mismo en las diferentes condiciones de la vida después de la conversión que nos ha tocado vivir. Pablo está hablando de algo que le ha permitido tener la misma esperanza antes y después de la prisión. Él está hablando de algo que literalmente le ha permitido vivir con la misma intensidad desde el primer día que abrazó la vida cristiana hasta el momento en que él escribe estas palabras. ¿Y no quisiéramos nosotros poder vivir de esa forma? Pablo lo hizo y está tratando de comunicar a los filipenses de qué manera él lo pudo hacer.
No podemos olvidar que en el versículo anterior, en el versículo 20, Pablo habló de cuál era el anhelo y la esperanza de su vida: el anhelo y la esperanza de en nada ser avergonzado, sino que con toda confianza, ahora como siempre, Cristo sea exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte. Pablo expresa en palabras el anhelo de su vida, él expresa el deseo de su corazón, la esperanza de su corazón. Y resulta que la esperanza de su corazón y el anhelo de su vida eran una misma cosa: que Cristo pudiera ser exaltado en su cuerpo, ya sea por vida o por muerte.
Algunos están interesados en vivir una vida cómoda. Otros están interesados en vivir una vida de abundancia. Algunos están interesados en vivir una vida sin dolor y hacen lo posible por evitar el dolor. Otros están interesados en vivir una vida sin privaciones. Pero cuando nosotros leemos lo que Pablo tiene que decir, nosotros nos convencemos de que para Pablo él no tenía el más mínimo interés de que su vida fuera de esta forma o de aquella forma. Simplemente que, independientemente de cuál fuera la forma de esa vida, su Dios, su Señor pudiera ser exaltado. Eso hace que Pablo no conociera durante toda su vida hasta el final una pizca de amargura.
Pablo no tenía expectativas de la vida. Pablo no tenía expectativas de que la vida lo tratara de una mejor manera que como terminó tratándolo. Él sabía que esas cosas ni dependen de él, y en segundo lugar tampoco deben ser cosas esperadas por nosotros. Pablo no tenía expectativas insatisfechas. Su expectativa de vida la expresa de una manera muy clara: él tiene una sola meta, tiene un solo propósito, y es Cristo.
Alguien pudiera haberle preguntado a Pablo en un momento dado: "Pablo, ¿cómo quieres vivir? ¿Cómo te hubiese gustado vivir? ¿Dónde te hubiese gustado hacer ministerio?" Pero yo estoy seguro que Pablo hubiese respondido algo como esto: "No tengo ninguna preocupación. Esas cosas que a la mayoría preocupan —de dónde voy a vivir, cómo voy a vivir, cómo voy a hacer las cosas— a mí no me preocupan. Esa no es mi preocupación de vida. Yo no vivo consumido por aquello que preocupa a la mayoría de los hijos de Dios. De hecho, mi única motivación de vida, mi única preocupación, es algo que frecuentemente no preocupa a los hijos de Dios: y es que, independientemente de las circunstancias en que yo me encuentre, yo pueda glorificar a mi Dios."
Él está consciente que hay diferentes formas como nosotros pudiéramos vivir la vida. Hay diferentes maneras como yo pudiera irme detrás de esa vida de comodidad, de abundancia, sin dolor, pero ese no es su propósito de vida. Esa no es su preocupación. Pablo también está consciente de que es posible morir de diferentes maneras. Para mí el vivir es Cristo, el morir es ganancia.
Él tiene en mente los dos eventos más importantes de la vida de cualquier hombre: cuando él entra a este mundo y cuando él sale de este mundo. Dice: "Para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia", como dos portalibros de esa vida que él ha llegado a conocer.
Pablo está consciente de que algunos han deseado siempre morir súbitamente, de tal manera que ellos no tengan que sufrir. Esa no es la preocupación de Pablo. Pablo también está consciente de que otros han preferido morir rodeados de sus familiares. Pablo no tiene esa idea en su mente. Todavía otros prefieren morir en la tierra que los vio nacer. Eso jamás cruzó la mente de Pablo tampoco. Él dice: "Tengo una preocupación, y es que Dios sea exaltado en mi cuerpo, ya sea que yo viva o ya sea que yo muera".
Yo creo que voy a salir de esta cárcel, él expresa eso en más de una ocasión en esta carta. Pero si no me toca salir, si el emperador no me permite salir, yo quiero que ustedes sepan, hermanos, que aquí dentro todavía mi preocupación en la muerte es la misma que en la vida, y es que Cristo sea exaltado en mi cuerpo. Quisiera lo que este hombre conocía, lo que era lo que este hombre había vivido. Pablo, yo no te entiendo. ¿Cómo puede ser, Pablo, que tú tengas la misma preocupación para la vida que para la muerte? ¿Cómo puede ser que la motivación para tu vivir sea exactamente la motivación para tu morir? Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia.
Ahora nota cuán personal es esta afirmación: "Para mí". Pablo no dice "para nosotros los cristianos el vivir es Cristo"; él sabe que esa no es una realidad. Pablo no dice "para nosotros los que hemos nacido de nuevo el vivir es Cristo"; Pablo sabe que esa realidad no es vivida por la mayoría de los hijos de Dios. Y de una forma intensa, de una forma personal, él dice: "Para mí". Si tú quieres saber lo que implica vivir, y si tú quieres saber lo que implica morir, en pocas palabras yo quiero dejarlo expresado en esta carta que tiene tanto propósito, una carta llena de tanto gozo que la mayoría no pudiera escribir aun estando fuera de las prisiones. Y Pablo lo hace no solamente en prisiones, sino que lo hace encadenado.
En cierta manera, Pablo está diciendo: "Yo no sé cómo es para el resto de los creyentes; yo sé cómo es para mí. Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia". Estas palabras se me parecen a las palabras de Josué. Cuando Josué está a punto de morir, está tratando de comunicar a la generación que viene detrás. La decisión que yo voy a tomar, les dice a ellos, es: "Escoged hoy a quién habéis de servir, pero yo y mi casa serviremos a Jehová". Josué está diciendo: "Yo no sé cómo los demás lo van a hacer, yo no sé qué decisión van a tomar, pero en cuanto a mí...". El "yo" de Josué a mí me suena muy parecido al "para mí" de Pablo. Y ambos lo hicieron en un momento donde la verdad estaba siendo comprometida.
En el caso de Josué, el pueblo había estado adorando dioses ajenos, había comenzado a hacer cosas semejantes, y por eso él resuelve confrontar al pueblo y decir: "Para mí, yo y mi casa, esta es la manera como viviremos". El apóstol Pablo estaba frente a dos grupos de predicadores, como dijimos en el mensaje anterior: unos que estaban predicando a Cristo por amor, pero había otro grupo que estaba predicando a Cristo por ambición personal, por envidia y rivalidad. Y Pablo está diciendo: "Independientemente de cómo este grupo lo haga, cómo aquel grupo lo haga, esta es la manera como yo he decidido vivir".
Piensa por un momento lo que es la vida, lo que se requiere para vivir, porque eso es exactamente lo que Pablo está diciendo. Para mí el vivir es Cristo. Tú necesitas aliento de vida; Pablo dice: "Cristo es mi aliento de vida". Tú necesitas motivación; pues Cristo es mi motivación. Tú necesitas propósito; pues Cristo es mi propósito de vida. Tú necesitas fortaleza; pues Cristo es mi fortaleza. Tú necesitas un fundamento de vida; Cristo es mi fundamento. Tú necesitas un eje sobre el cual ha de girar toda tu vida; bueno, Cristo es ese. De tal manera que no importa cómo tú revises y mires y analices o investigues mi vida, tú te vas a encontrar con el mismo Cristo y el mismo propósito para el cual Él me llamó.
El significado de la vida de Pablo es Cristo. La meta de la vida de Pablo es Cristo, de tal forma que él vivía consumido por lo que eran los planes, proyectos y agendas de nuestro Señor. El día que Dios interceptó la vida de Pablo, Pablo supo que todos sus planes, todas sus agendas, todos sus proyectos, todos sus sueños, fueron permanentemente interceptados por Dios y permanentemente cambiados y transformados. De tal forma ahora que, a partir de ese encuentro camino a Damasco, Pablo no lucha con Dios acerca de cómo vivir. Pablo no lucha con la voluntad de Dios. No hay una lucha entre los sueños de Dios y los sueños de Pablo, no hay una lucha entre la voluntad de Dios y la voluntad de Pablo. Él se sometió completamente a la voluntad del Señor que le había llamado, hasta el punto que él puede decir con toda libertad: "Para mí el vivir es Cristo".
A partir de ese momento, Pablo vive una vida empoderada por Cristo. Él vive una vida controlada por Cristo, dirigida por Cristo, consagrada a Cristo. Y cuando tú vives tu vida de esa manera, tu sentir es distinto a la mayoría de la familia del pueblo de Dios. Tú no vives un momento, una circunstancia, una condición, una experiencia de tu vida sin someterla al análisis de cómo eso afecta a la causa de Cristo. La prisión, ¿cómo eso afecta a la causa de Cristo? El Evangelio está siendo predicado entre la Guardia Pretoriana. Pues amén, qué bueno, estoy contento. No importa cuál es el momento, cuál es la existencia, cuál es la circunstancia. Cada una de esas cosas no son evaluadas por alguien como Pablo en términos de cómo me afecta a mí, de cómo yo me siento, de cómo eso altera mis planes, sino que es evaluada en términos de cómo afecta la cruz, cómo afecta la causa de Cristo.
Y esa es la razón por la que Pablo puede mantener su gozo dentro o fuera de la prisión. Porque fuera de la prisión él entiende que Cristo le está usando a favor de su causa. Y como todo es evaluado en términos de esa causa, no importa en cuál circunstancia él se encontraba, él supo, él descubrió el secreto de vivir con contentamiento. Es una vida a otro nivel, en otra dirección, en otra dimensión. Es otra vida muy superior a la vida que nosotros estamos acostumbrados a vivir.
Vivimos tan centrados en nosotros mismos que cada experiencia que pasamos, que experimentamos en la vida, la juzgamos, la evaluamos como buena o mala simplemente en términos de cómo me afecta a mí, y lo mío, y los míos. Pablo dice: "Yo no quiero nada de eso". ¿Desde cuándo nuestras experiencias en la vida han sido diseñadas por Dios para ser definidas como buenas o malas dependiendo de cómo nos afecten a nuestros intereses personales? Si nosotros fuéramos a evaluar las experiencias de la vida de esa forma, la cruz de Cristo hubiese sido la peor experiencia posible que un hombre hubiese podido experimentar. Pero tú y yo necesitamos entender que Dios tiene otra dimensión, otra visión, otra manera de evaluar las cosas.
¿Y qué? Para nosotros poder vivir en aras de su causa, en aras de su cruz, en aras de su reino, frecuentemente vamos a tener que permitir que nuestros intereses personales sean afectados, sean trastocados, sean cambiados. Que yo sea afectado, que yo sea herido. Le pasó a Cristo, le pasó a Pablo, le pasó a cada uno de los hijos de Dios.
Ahora, Pablo está diciendo: "Para mí el vivir es Cristo". Si eso es cierto, Pablo, entonces antes de conocer a Cristo, ¿tú tenías vida? Pues tú estás diciendo que la vida para ti está definida en términos de Cristo. No, yo no tenía vida. Yo me creía vivo, pero yo estaba muerto en delitos y pecado. Como estaba muerto, mis obras estaban muertas, pero yo no lo conocí. Mis esfuerzos no tenían propósito, no tenían sentido, porque nada de lo que yo hacía en mi mortandad tenía vida, aunque yo no lo veía de esa manera. Mi mente estaba en oscuridad.
Cuando nosotros nacemos en este mundo, nosotros nacemos, como la Palabra de Dios nos enseña, muertos en delitos y pecado. Pero lamentablemente, con esa mortandad en la que vivimos, nosotros con frecuencia confundimos la sombra con la realidad. Es como cuando mi figura proyecta una sombra en la pared. Imaginémonos que yo tome la sombra como el equivalente a la realidad. No, la sombra no tiene propósito, no tiene sentido, no tiene dirección. La sombra representa una realidad, pero no es la realidad. Y de esa misma manera, antes de conocer a Cristo, nosotros vivimos como una sombra de vida que representa una realidad, pero no es la realidad de la vida. La realidad de la vida me la da Cristo. Eso es lo que Pablo ha llegado a conocer, eso es lo que Pablo está viviendo, eso es lo que Pablo ha podido experimentar.
Y una vez yo abrazo esa vida eterna que Dios me da, continuar viviendo, o comenzar a vivir, o intentar vivir la vida eterna con valores temporales de la vida anterior, como muchos hacemos, es una contradicción. Tratar de vivir esa vida eterna por una fortaleza o esfuerzo humano es algo que disminuye la calidad de la vida eterna que nosotros hemos recibido. Tratar de vivir esa nueva vida eterna de una forma similar a como vivíamos en esta vida temporal va a afectar significativamente lo que yo creo y pienso de la vida, y cómo continúo viviéndola. Es como tratar de volar y, mientras vuelo, tener mi vista fija en el terreno que está debajo de mí. Eso no tiene sentido. Yo estoy viendo la realidad, o mejor dicho, la sombra de la realidad, como si fuera la realidad, y no lo es. Y de eso es precisamente lo que Pablo está tratando de ayudarnos a entender.
Decía que muchas de nuestras experiencias, o que todas nuestras experiencias, tendemos a evaluarlas en términos de cómo nos afectan a nosotros. La realidad es que nuestras quejas son una reflexión, o frecuentemente obedecen, a cuánto nuestra vida personal vale para nosotros por encima de la vida que Cristo nos ha entregado.
Es la única razón. La única razón por la que todavía me cuesta trabajo evaluar la experiencia que Dios orquesta para mí en términos de su causa es simplemente por el valor que todavía yo les sigo dando a lo que es la vida que Dios me dio una vez y que yo me considero dueño de ella. De manera que yo necesito poder evaluar lo que estoy haciendo, cómo estoy viviendo, de otra manera.
Esto es lo que ocurre. Cuando yo valoro mi vida tanto, más allá de lo que debiera hacerlo, y la valoro por encima de lo que es la causa de Cristo, cada cosa de la causa de Cristo, de su orquestación que afecta mi vida, se convierte en un motivo de queja, se convierte en un motivo de insatisfacción, se convierte en un motivo de inconformidad. Y muchas veces nuestras quejas representan la verdadera definición de nuestras vidas, el verdadero sentido o el verdadero eje sobre el cual giran nuestras vidas. Nuestras conversaciones son reflejos de esa cosa.
Cuando nosotros conversamos de una manera que más frecuentemente las conversaciones revelan la vida aquí abajo que la vida allá arriba, yo tengo una idea de cómo yo estoy viviendo. Yo tengo una idea de que yo no estoy viviendo de la manera como Pablo vivió. Si tú quieres hacer un experimento, tú pudieras pensar en las conversaciones que has tenido en los últimos treinta días e imaginarte, entonces a partir de ese momento, cuál sería el eje sobre el cual giró tu vida en el último mes. Porque nuestras conversaciones son reflejos precisamente de la forma como nuestra vida está yendo. Y Pablo nos está diciendo a nosotros: el eje de mi vida es Cristo. Si nuestras conversaciones identifican claramente qué clase de vida nosotros estamos llevando, deberíamos prestarle atención a ellas.
Pero de esa misma manera, nuestras quejas muchas veces revelan el egocentrismo con el que nosotros estamos viviendo, y por tanto se nos hace sumamente difícil, sino imposible, despegarnos de nuestra vida para enfocarnos en la vida de Cristo, la causa de Cristo, de tal forma que podamos decir con Pablo: para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Y lo que me gusta es que no es un problema, porque al fin de cuenta él no se quejó. Nota si lo que estoy diciendo acerca de nuestras conversaciones y quejas no es cierto.
Cuando tú oyes, cuando tú lees al apóstol Pablo, ¿se queja una sola vez en todas sus cartas? No lo hizo en sus prisiones, no lo hizo en sus palizas, no lo hizo en sus naufragios, no lo hizo en sus carencias. Y en cada una de esas cosas él fue personalmente afectado. No lo hizo en su abandono cuando sus amigos y colaboradores más cercanos, como Demas, lo abandonaron. No lo hizo cuando eso ocurrió, no lo hizo cuando fue herido físicamente, no lo hizo cuando fue herido emocionalmente, no lo hizo cuando fue herido espiritualmente.
Pablo tenía muy claro que todas esas cosas de alguna manera formaban parte del plan orquestado por el Dios soberano, y por tanto él entendía que eran parte de lo que fueron sus responsabilidades en aras de vivir una vida que honrara el nombre de Cristo, el reino de Cristo, la causa de Cristo.
Hoy, como Pablo lo dice cuando les escribe a los efesios, que ellos debieran vivir una vida digna de su llamado. La palabra que allí aparece como "digno" en el idioma original es axios, que en su significado primario significaba o hacía referencia a una balanza, un peso, una balanza de peso que estaba perfectamente balanceada. De tal forma que el peso que había de este lado correspondía exactamente al peso que había de este otro lado.
Cuando Pablo le dice entonces a los efesios: "vivid una vida digna de vuestro llamado", él está diciendo: en un lado de la balanza Dios ha puesto un llamado que tiene un peso. Cuando tú comienzas a vivir este llamado, asegúrate de que tu vida tenga el mismo peso de tu llamado, de tal forma que la balanza luzca balanceada. Que tu vida no sea una que sea tan liviana, tan ligera, que no se corresponda al peso del llamado que está del otro lado. De tal forma que cuando Dios te llama, tú debes entender que tú tienes la responsabilidad de llevar una vida a la misma altura de tu llamado.
Eso me va a ayudar a vivir la vida que Dios me ha entregado de una forma similar a como Pablo la vivió. Pablo sabía que él tenía un llamado dado por un Dios soberano, por tanto no puedes cuestionar. En este lado está el llamado soberano de ese Dios, o el llamado del Dios soberano. Cuando de este lado él fuera a vivir esa vida, él sabe que no se le puede quejar a un Dios soberano. Pablo sabe que de un lado él ha recibido un llamado de un Dios santo, por tanto de este lado él no puede poner una vida, un testimonio que no esté caracterizado por la santidad. Pablo sabe que él ha recibido un llamado de parte de un Dios infinito, infinitamente sabio, y por tanto a la hora de vivir su vida él no podía vivir conforme a la sabiduría humana. Él tenía que poner de este lado algo que representara dignamente el llamado que estaba de este lado.
Con eso en mente, entonces, sabiendo la manera como él había sido llamado y qué clase de llamado había recibido, Pablo dice: no, no, yo tengo claro que para mí, a partir de mi encuentro en Damasco, el vivir tenía que ser Cristo, y todas las experiencias de mi vida vividas o medidas o evaluadas en términos de cómo afectaría la causa de Cristo. Eso es lo que Pablo nos está diciendo, de tal forma que él pueda comunicar a nosotros cómo él pudo vivir de la manera como lo hizo.
Mira cuánto Pablo se había despegado de su propia vida. Mira cuánto Pablo se había despegado de su propia vida, que una vez él nos define su pasión de vida, su propósito de vida, escucha cómo él continúa expresando: "Pero si el vivir en la carne significa para mí una labor fructífera, entonces yo no sé cuál escoger, pues de ambos lados yo me siento apremiado, me siento presionado, teniendo el deseo de partir y estar con Cristo, pues eso es mucho mejor".
Acaba de darnos en pocas palabras cuál es el deseo profundo de su corazón: si me dejaran escoger simplemente en términos de mi deseo, mi deseo es estar con Cristo, partir de este mundo. Eso es lo que define como mucho mejor. Pero luego escucha lo que él dice: "Sin embargo, continuar en la carne es más necesario por causa de vosotros".
Pablo, ¿tú me estás diciendo que tú estás dispuesto a poner a un lado tu deseo más profundo, que es estar con Cristo, en aras de aquellos que no se comportan para honrar a Cristo muchas veces? Pablo entiende que esta vida no se vive en términos simplemente de deseos. Él tiene un deseo profundo, sin embargo el deseo profundo, que es algo extraordinariamente sublime —poder partir y estar con Cristo—, Pablo lo supedita ahora a una responsabilidad que Dios le ha dado.
Y les dice a ellos: pero si permanecer con vosotros va a ser más fructífero, entonces continuar en la carne es más necesario por causa de vosotros. Y escucha cómo termina diciendo: "Y convencido de esto, sé que permaneceré y continuaré con todos vosotros para vuestro progreso y gozo en la fe".
Dios le ha comunicado: Pablo, todavía no es el tiempo. Pablo ha dicho que él se siente apremiado. Él se siente, en el lenguaje original, sería —entre comunicado a nuestro idioma vernáculo— sería: yo me siento entre la espada y la pared. Yo no sé qué escoger. Él está expresando de una manera que nos ayuda a entender el dilema que él tiene. No es que no tiene las prioridades claras; él las tiene claras, pero él me está ayudando a entender que él tiene este deseo, esta pasión, pero él tiene esta otra responsabilidad entregada con su llamado, y por tanto él va a tener que esperar. Él dice que esto es mucho mejor: partir. El partir es mucho mejor.
La palabra usada y traducida como "partir" es una palabra interesante porque en la antigüedad tenía o era usada de varias formas distintas que pudieron relacionarse a lo que Pablo está tratando de comunicarnos. En ocasiones la palabra era usada para referirse a lo que los soldados romanos hacían cuando llegaban a un lugar para establecerse por una noche. En ocasiones era que establecían un campamento, en ocasiones más o menos sofisticado, para pasar una noche simplemente, pero al otro día tenían que destruir por completo ese campamento con la idea de que jamás podían volver atrás a ese mismo lugar. Es algo que quedaba atrás para siempre. Pablo está diciendo que el partir de este mundo tiene más o menos esa idea: es dejar esto atrás donde yo no voy a regresar jamás. Salir de esa situación es mucho mejor.
Pero en otras ocasiones la palabra era usada de otra manera. Era usada para referirse a un barco que había estado anclado y entonces ahora el ancla era subida para que el barco pudiera salir a navegar. De tal forma que Pablo nos está tratando de ayudar a entender que él ha estado anclado en esta tierra, él ha estado anclado en este mundo, ha estado varado. Y parte de lo que lo tiene varado aquí es este cuerpo mortal en el que él se encuentra. Salir de ese cuerpo mortal es como levantar el ancla y poder continuar navegando hacia lo que sería la vida eterna junto a Cristo, donde él disfrutaría finalmente de verle tal como Él era. Ese era su deseo más esperado, su gran anhelo, donde ya él no tuviera que decir: "Yo no entiendo, a veces lo que no quiero hacer eso hago, a veces lo que quiero hacer no termino haciendo." Sería el final de eso. Es mucho mejor, pero no me puedo ir todavía.
Pero a veces la palabra era usada todavía para referirse a la solución de problemas, el fin de problemas. De tal forma que Pablo está diciendo: mi deseo por partir tiene como base también el hecho de que yo entiendo que la partida de este mundo, la salida de este mundo, es el fin de los problemas, es el fin de las lágrimas, es el fin del dolor, es el fin de las pérdidas, es el fin de cada cosa, valga la redundancia. De tal forma que ahora nosotros podemos entender por qué Pablo está diciendo que salir de aquí es mucho mejor. Finalmente él va a ver a Cristo por lo que Él es, finalmente él no va a tener un cuerpo pecaminoso que lo va a llevar a pecar cuando él no quiere pecar, finalmente él va a dejar de sufrir, finalmente él va a dejar de pasar por todas estas vicisitudes y poder entrar a la presencia de su Señor.
Sin embargo, él dice: "Pero pensándolo bien, yo tengo llamado, yo tengo llamado con responsabilidades, y si yo quedarme es de mayor beneficio para vosotros, yo prefiero quedarme." ¿Y tú estás entendiendo lo que Pablo está haciendo? No estar en la presencia de Dios, no porque este mundo fuera bueno, no porque en este mundo hubiera nada de valor, excepto las almas redimidas por Cristo. Y como para él vivir es Cristo y el morir es ganancia, él entiende que quedándose él está sirviendo a la causa de Cristo a expensas de su más grande anhelo. Y ese no es el mundo, no es el mundo. Su gran anhelo y deseo era partir y estar con Él.
¿Ese es tu anhelo número uno? ¿Es verdaderamente tu deleite poder salir de este mundo pecaminoso y caído, que este fuera el último día de esta vida terrenal? ¿O quizás te levantas más bien deseando: "Ojalá que hoy no sea mi día"? Porque si el deseo es que hoy no sea mi día, debe ser una revelación de que ciertamente todavía para ti el vivir no es Cristo y el morir no es ganancia. Todavía el morir tú lo ves como una pérdida, y Pablo dice: "No, es toda una ganancia, no tengo nada que perder." De hecho, cualquier pérdida ocurre aquí abajo, lo único que puede hacer es ganar. Voy a ganar libertad, voy a ganar la cercanía con mi Dios, voy a ganar la libertad de poderle adorar en la ausencia de pecado, no voy a estar sintiendo la culpa cuando peco. Ciertamente es ganancia. No voy a estar varado, ya varado, detenido, anclado en este lugar por un cuerpo que camina hacia su caída.
Pero aquí hay almas redimidas que no están viviendo a ese nivel, la vida abundante que Cristo compró. Y si de alguna manera Dios entiende que yo quedándome voy a ayudarlas a subir el nivel de vida, espiritualmente hablando, al que ellas viven, entonces yo prefiero quedarme a favor de ellas.
Pablo llegó a entender lo que Cristo trató de comunicarle a Pedro: "Si tú me amas, no me digas simplemente que tú amas mi presencia, que tú amas la comunión conmigo, que tú amas la adoración conmigo. Si tú me amas, Pedro, ve y alimenta a mis ovejas. Si tú me amas, ve y apacienta a mis ovejas, cuida a mis ovejas." Pablo entendió eso, y como su pasión realmente era Cristo, él dice: "¿Sabes qué, Señor? Yo te amo y yo entendí. De amarte, yo he llegado a amar a tus ovejas, y de la manera que tú viniste y te encarnaste por ellas, de esa misma manera yo estoy dispuesto a poner a un lado mi mayor anhelo y pasión y dedicarme al cuidado de tus ovejas." ¡Wow! ¿Esa es tu pasión y la mía?
Es la razón por la que nada podía afectar a este hombre. ¿Tú te imaginas que el estar fuera de la cárcel y el estar dentro de la cárcel representen el mismo gozo para ti y para mí? ¿Tú te imaginas que no tener qué comer y tener comida representen el mismo gozo para ti y para mí? ¿Te imaginas lo que sería que el estar enfermo y el estar sano representen el mismo gozo para ti y para mí? La única manera de hacer eso es abrazando un propósito de vida que no tiene nada que ver conmigo. Porque como decíamos, nuestras quejas están generadas por la manera como las circunstancias nos afectan personalmente. Yo lo sé de manera por experiencia propia. Así es como somos.
Pablo no tenía ningún interés en esta vida terrenal. Le importaba tan poco esta vida terrenal que él la define como mucho mejor el poder partir y dice que es una ganancia. Justino Mártir lo dijo de esta manera: "Nos pueden quitar la vida, pero no nos pueden hacer daño." Nos pueden quitar la vida, pero no nos pueden hacer daño, porque si me quitan la vida es ganancia, entonces no me han hecho un daño. Dios nos ha dejado aquí para que ya sea que yo viva o muera, yo pueda exaltarlo en mi vida o en mi muerte.
Escucha cómo Pablo lo decía en el versículo 22: "Si el vivir en la carne significa para mí una labor fructífera, entonces no sé cuál escoger." Él sabe, él está expresando esto, él sabe cuál sería lo ideal. Él expresó, él dice: "Estar con Cristo, partir y estar con Él, es mejor." Pero no sé qué escoger, aunque en el mismo texto él termina escogiendo. Porque él dice: "Por esto yo prefiero quedarme para beneficio de vosotros, es más necesario." Es más necesario que yo me quede a que yo comience a experimentar el gozo de estar en la presencia de Cristo ya, por causa de vosotros.
Pablo entendió que lo que a mí me conviene no es la meta de la vida. Lo práctico, pragmático, no es lo que yo debo perseguir. Lo que a mí me permite dejar de sufrir no se supone que sea el eje sobre el cual gire mi vida. Y es la razón por la que Pablo prefiere tener una vida fructífera ayudando a las ovejas del Señor. Pablo ha pospuesto su deseo, su anhelo más grande, para alimentar a las ovejas.
Escucha cómo él se lo dice a los corintios. A los corintios, de toda la gente, a los corintios, que representa el pueblo que un pastor no hubiese querido tener. Y a ellos él les dice: "Yo muy gustosamente gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré por vuestras almas." Por Pablo, también por los filipenses, pero por los corintios, por los corintios. No solamente eso, Pablo no está diciendo: "Yo estoy dispuesto a gastar lo mío y a gastarme a mí mismo porque bueno, no me queda de otra." Él no está diciendo eso. Muy gustosamente yo lo estoy haciendo.
Es uno de mis versos preferidos, porque Pablo está hablando no solamente de que él está dispuesto a gastar lo que él posee, lo que él tiene. Él está dispuesto a gastarse él. La palabra que él está usando cuando habla de gastarse, él no está diciendo: "Por tanto, yo prefiero ser usado por Dios o trabajar por Dios." No está diciendo eso. La palabra que él está usando hace referencia a otros textos donde él habla de estar trabajando arduamente y de estar agonizando literalmente en favor de la causa de Cristo. Y Pablo dice a los corintios: "¿Sabes qué? Yo amo tanto vuestras almas que yo muy gustosamente estoy dispuesto a gastarme por amor a vuestras almas."
Esto es exactamente lo que él está diciendo a los filipenses. Escucha cómo él cierra, convencido de esto: "Sé que permaneceré y continuaré con todos vosotros." Para que, Pablo escucha, para vuestro progreso y gozo en la fe. Yo quiero ver a los filipenses progresando. No solamente yo los quiero ver progresando, con gozo. De tal forma que yo estoy dispuesto a sacrificarme, a gastarme, con el fin de que los filipenses puedan mejorar, acercarse a Cristo, y en la medida en que lo hacen, que no lo hagan de una manera resentida o de una manera como que estás resentido. No, que lo puedan hacer con gozo.
Hermano, dos preguntas para ir cerrando. ¿Tú estás progresando en la vida cristiana? ¿Es el nivel de vida que estás viviendo cada vez más alto, de tal forma que las cosas terrenales te afectan cada vez menos, las deseas cada vez menos, tienes tu mente más en las cosas celestiales, en el reino celestial? ¿Evalúas tú, valoras tú todo lo que te ocurre en términos de cómo te afecta, o lo evalúas o has comenzado a evaluarlo más en términos de cómo afecta la causa de Cristo?
Está progresando. Y segunda pregunta: en la medida en que progresas, ¿lo estás haciendo porque Dios te está empujando a lo Jonás, o lo estás haciendo con gozo? Porque Pablo está interesado en que esta gente progrese y que lo haga con gozo. "Yo voy a poner mi anhelo más profundo a un lado, me voy a sacrificar, lo voy a dar todo, pero yo quisiera que progresaran y lo hicieran con gozo." Una combinación interesante de palabras.
Pero si hay algo que la vida de Pablo nos enseña, es que si yo verdaderamente quiero vivir una vida empoderada por Cristo, dirigida por Cristo, llena de gozo, independientemente de mis circunstancias, yo necesito de una vez y para siempre renunciar a mi vida personal, renunciar a mis intereses personales por completo y comenzar a evaluar cada situación en la que Dios me coloca en términos de cómo favorece o no la causa de nuestro Señor Jesucristo.
Al punto que yo pueda decir: "Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia." Si no lo sientes así, comienza a orarle a Dios para que Dios pueda cambiar tu vida hasta que tú puedas vivir de esa manera.