IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Hemos entregado nuestras vidas al Salvador y hemos venido a Sus pies cargando heridas, dudas y quebrantos. Muchos han experimentado Su bondad, han sentido Su amor y han sido testigos de Su intervención poderosa. Sin embargo, la invitación no es simplemente quedarse en ese primer encuentro, sino profundizar en el conocimiento de Aquel que es fuente de agua viva inagotable. Jesús no solo actúa en momentos extraordinarios; Él sostiene cada día ordinario con la misma fidelidad.
Con Cristo podemos vivir un milagro continuo: el de navegar esta vida bajo la lupa de Su Palabra, el de verle aun en medio del dolor y el de desearle incluso en medio de la tristeza. Ese es el tipo de fe que reflejó Ana, quien oró con todo su corazón por un milagro, lo recibió y, en un gesto de profunda devoción, lo devolvió al Señor poniéndolo a Su servicio (1 Sam. 1:1-28). Su historia nos recuerda que Dios no solo nos escucha para conceder peticiones, sino para transformarnos en quienes Él quiere que seamos.
Nuestro Dios nos escucha y nos corrige como buen Padre, para sanarnos de la enfermedad del pecado. Como nuestro Hacedor, desea que acallemos las visiones que el mundo nos impone y que dirijamos nuestra mirada hacia las cosas eternas. En tiempos tan oscuros como los actuales, donde la maldad se ofrece en bandeja, es urgente cuidar cada paso para no resbalar, amar al Señor con mayor intensidad y sacar más tiempo para deleitarnos en Su presencia.
Jesús es mucho más que la respuesta a una necesidad urgente: es el que sostiene tanto nuestra vida como el universo entero, nuestro Sumo Sacerdote siempre presente. Por eso, abrir los ojos para contemplar al Eterno y acercarse a Él con confianza no es una práctica opcional, sino la fuente misma de donde brotan las fuerzas renovadas. Ana oró con todo su corazón y fue escuchada; nosotros también podemos orar y soltar todo a Sus pies, sin aferrarnos a lo pasajero, porque solo en Él encontramos lo que verdaderamente sacia el alma.
Jesús es nuestro mayor milagro porque sacó nuestros huesos del valle seco y les dio vida. Nos transportó de las tinieblas a la luz y abrió nuestros ojos para contemplar Su reino. Por esa razón, la respuesta natural del creyente es disponer el corazón a buscar la piedad, desarrollar un carácter de sumisión a Su Palabra y vivir una vida devotamente entregada a todo lo que implica ser cristiano.
Si no vemos a Jesús con reverencia y temor, y no reconocemos Su autoridad sobre nuestras vidas, difícilmente podremos andar en obediencia genuina. Caminar con Cristo es más que haber recibido un milagro puntual; es ir despojándose de todo pecado que nos asedia, para que nuestras vidas reflejen y exalten Su nombre en cada paso. La Escritura lo expresa con claridad: «No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta» (Rom. 12:2).
Más allá del milagro está Jesús, el que sostiene tu vida, pero también el universo, nuestro Sumo Sacerdote que está siempre presente.
Necesitamos humillar nuestras vidas ante el Salvador y anhelar el mayor milagro: que nuestra esencia sea solo Cristo. Jesús vino para que tengamos vida abundante, y esa abundancia no se agota ni se interrumpe. Si estamos cansados en el camino de la santificación, Su río aún corre para vivificarnos. Él escucha, interviene y actúa para nuestro bien.
Adorémosle, rindámonos a Él y soltemos los tesoros de Egipto, porque solo en Cristo se encuentran las delicias eternas. Todo lo demás es perecedero, fugaz e incapaz de saciar el alma. Jesús es nuestro mayor bien, nuestra paz, nuestra máxima satisfacción. Él mismo, en Su persona, es el milagro supremo: Dios con nosotros, Salvador y Rey, el que pronto volverá y al que un día podremos ver cara a cara.
¡Maranata!
Inés Cedeño es esposa de Pedro Jiménez y madre de tres hijos. Miembro de la Iglesia Bautista Internacional desde 2007, ha servido en el ministerio de jóvenes profesionales y en el ministerio de mujeres Ezer. Escribe también para el ministerio Mujeres de Esperanza de Radio TMG RD.
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