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América Latina necesita ser reevangelizada: ¿Qué hacemos ahora?
América Latina necesita ser reevangelizada: ¿Qué hacemos ahora?

Foto de Ernesto Tijerina Cantú en Pexels

Iglesia y ministerio

América Latina necesita ser reevangelizada: ¿Qué hacemos ahora?

Miguel Núñez 4 abril, 2016

El protestantismo ha crecido de manera notable en América Latina. Algunos países reportan entre un 30 y un 40 % de población evangélica, y las grandes campañas evangelísticas del siglo pasado dejaron su huella en el paisaje religioso del continente. Sin embargo, las cifras impresionantes no cuentan toda la historia. La región sigue siendo entre un 80 y un 90 % católica, lo que significa que la inmensa mayoría de su población aún no ha abrazado el principio de la Sola Scriptura ni el evangelio predicado por Cristo y los apóstoles. Pero incluso entre quienes se identifican como evangélicos, persiste una pregunta urgente: ¿han escuchado realmente el evangelio bíblico?

Los datos sociales refuerzan esta inquietud. Según la Organización Mundial de la Salud, la violencia en Latinoamérica es un 200 % más elevada que en Norteamérica, un 450 % mayor que en Europa Occidental y un 30 % superior a la de la antigua Europa comunista. Esto revela que los valores del evangelio no han transformado la sociedad latinoamericana al modo en que lo hicieron en otras regiones donde la Reforma protestante echó raíces profundas. El evangelio es la única fuerza capaz de cambiar el corazón del ser humano y, por tanto, de transformar la sociedad en que ese ser humano vive. El problema es que el evangelio proclamado en gran parte de nuestra región no ha sido el evangelio bíblico.

Un evangelio atenuado que produce inmunidad espiritual

Existe una ilustración médica que captura con precisión este problema. Cuando una persona es vacunada contra el sarampión, recibe una versión atenuada del virus para que su sistema inmunológico desarrolle anticuerpos antes de enfrentarse a la enfermedad real. De manera similar, muchos católicos y evangélicos han sido inoculados con una versión diluida del evangelio. Cuando finalmente escuchan el evangelio verdadero, lo rechazan, porque ya han desarrollado «anticuerpos» contra la verdad. El resultado es que numerosos esfuerzos evangelísticos de los últimos cincuenta años —bien intencionados, pero doctrinalmente deficientes— han apuntado a muchas personas en dirección al infierno en lugar de conducirlas a la gloria.

A este problema se suma otro que ha sido crónico en el continente: la población educada ha permanecido, en gran medida, sin ser alcanzada. Ya en 1809, The Missionary Review of the World señalaba como prioridad estratégica alcanzar a la clase media, «puesto que está destinada a jugar un papel importante en la historia futura de Hispanoamérica». Sin embargo, eso nunca llegó a ocurrir de manera significativa. Apenas a partir de 1970 comenzó a darse un acercamiento más sostenido hacia ese sector. Es importante no perder de vista que los educados y los no educados están igualmente perdidos, y que ambos grupos tienen la misma necesidad del evangelio redentor de Jesucristo.

La ausencia de sana doctrina y de predicación expositiva

Uno de los factores más determinantes en esta crisis es histórico: el movimiento de la Reforma protestante nunca llegó a América Latina. Esa es la razón por la que la teología reformada es tan escasa en nuestra región. Sin los fundamentos doctrinales que la Reforma estableció en Europa y América del Norte, el evangelio que floreció en Latinoamérica fue, con frecuencia, uno desconectado del rigor teológico y de la exposición sistemática de las Escrituras.

Si a esto se añade que la predicación expositiva brilla por su ausencia en los púlpitos del continente, se comprende con mayor claridad la magnitud del problema. Nuestra región tiene una necesidad urgente de escuchar todo el consejo de Dios a través de la predicación fiel de Su Palabra: no solo los pasajes que consuelan y bendicen, sino también aquellos que confrontan y condenan; no una porción seleccionada de las Escrituras, sino los textos que exaltan a Dios por encima de todo y colocan al ser humano en su lugar adecuado ante el Dios Todopoderoso.

Debemos detener la predicación que no pone de manifiesto la revelación de Dios en su forma más prístina.

La Gran Comisión: una estrategia tan antigua como el evangelio mismo

La respuesta a esta necesidad no es nueva ni sofisticada. Es la misma que el Señor Jesucristo entregó a sus discípulos antes de ascender al Padre: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mat. 28:18-20). Si toda autoridad le ha sido dada a Cristo —y así fue—, entonces quienes van en su nombre no tienen nada que temer y no necesitarán nada más que el evangelio: «poder de Dios para salvación» (Rom. 1:16). Ir es obedecer; quedarse es desobedecer.

Esta estrategia requiere entrenar y reentrenar a los líderes de la región, formarlos en la sana doctrina y equiparlos para predicar expositivamente. Cada creyente puede participar: ya sea yendo, o sosteniendo a quienes van. El mandato no era producir profesiones de fe, sino hacer discípulos —seguidores comprometidos con Cristo— que salgan y transformen el mundo para Dios. Y la forma de formar ese tipo de discípulos es enseñándoles a obedecer todo lo que Él ha mandado.

Las palabras que Lucas recoge en 6:40 nos recuerdan el objetivo final: «Un discípulo no está por encima de su maestro; mas todo discípulo, después de que se ha preparado bien, será como su maestro.» América Latina necesita discípulos que se parezcan a Cristo. Para eso, primero necesita escuchar el evangelio verdadero.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

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