Statamic
La cirugía plástica
La cirugía plástica

Foto de Andrea Piacquadio en Pexels

Cultura, sociedad y ética

La cirugía plástica

Miguel Núñez 28 marzo, 2016

Vivimos en una cultura obsesionada con la apariencia. El culto al cuerpo se expresa hoy en dietas, gimnasios, tatuajes y una proliferación creciente de cirugías estéticas que ya nadie cuestiona. Lo que antes era una decisión excepcional se ha convertido en algo tan común que ni siquiera nos detenemos a reflexionar sobre lo que Dios podría pensar al respecto.

No se trata de ser dogmáticos ni legalistas. Sin embargo, como cristianos somos llamados a examinar cada área de nuestra vida a la luz de la Escritura, incluyendo las decisiones sobre nuestro propio cuerpo. Con ese propósito, presentamos diez preguntas que todo creyente debería responder con honestidad antes de someterse a un procedimiento de cirugía plástica.

El contexto cultural que empuja estas decisiones

La primera pregunta es: ¿cuándo comienza la cirugía plástica a popularizarse? No es coincidencia que tome fuerza precisamente en una era hedonista, materialista y competitiva, donde el cuerpo se ha convertido en ídolo. La influencia de esa cultura llega inevitablemente hasta la iglesia. Por eso, el cristiano debe preguntarse si su deseo de operarse nace de una convicción reflexionada o si simplemente está siendo arrastrado por la corriente. Lo que hoy comienza con un procedimiento menor, mañana puede convertirse en otro, porque la carne no se cansa de pedir.

Esto lleva a la segunda pregunta: ¿quién está deseando realmente esta cirugía, la carne o el espíritu? La Escritura nos recuerda que «el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne» (Gá. 5:17). Discernir el origen del deseo es indispensable antes de actuar.

Las preguntas tres y cuatro apuntan al fundamento de la identidad cristiana. Si alguien busca operarse para «sentirse mejor», conviene preguntarse: ¿mejor respecto a qué estándar? El valor del creyente no descansa en su apariencia física, sino en su relación con Cristo. Además, si a edad temprana ya resulta difícil aceptar los cambios naturales del cuerpo, ¿cómo se enfrentarán las arrugas, los cambios hormonales y el envejecimiento inevitable que vendrán después? Quienes no aprenden a recibir con gratitud los cambios propios de un cuerpo creado y caído corren el riesgo de llegar a la tumba insatisfechos y sin agradecimiento a Dios.

El diseño de Dios y el amor que madura

Las preguntas cinco y seis invitan a una reflexión teológica más profunda. Dios bien podría haber preservado el cuerpo humano sin los efectos del tiempo y de los ciclos de la vida. Si no lo hizo, hay una razón: nuestro énfasis no debe estar puesto en la apariencia. Los cambios que experimenta el cuerpo son, en parte, consecuencia de vivir en un mundo caído, y aceptarlos con fe forma parte de la obediencia cristiana.

La pregunta siete es especialmente relevante para el matrimonio: ¿no debería el cónyuge aprender a amar incondicionalmente a través de los cambios que el tiempo obra en el cuerpo del otro? El envejecimiento es uno de los instrumentos que Dios usa para enseñar lo que es el amor maduro: aquel que trasciende la atracción física inicial y se ancla en el carácter moldeado por el Espíritu Santo. El cónyuge que no aprecia esa dimensión ha permanecido en la infancia espiritual.

El esposo que no aprende eso ha permanecido en la infancia espiritual.

Las preguntas ocho y nueve cuestionan nuestras prioridades con franqueza. ¿Se preocupa el cristiano tanto por el estado de su espíritu como por el de su cuerpo físico? Si la misma energía que se invierte en mejorar la apariencia exterior se dedicara al cultivo de la vida interior, probablemente la obsesión con lo físico disminuiría considerablemente. Y en cuanto a los recursos: ¿es la cirugía estética una inversión fiel y sabia de lo que Dios ha puesto en nuestras manos?

Una decisión que merece reflexión seria

La décima pregunta resume todo lo anterior: ¿por qué me incomoda el envejecimiento, si este forma parte del diseño de Dios? ¿Es esa incomodidad una señal de que no he aceptado plenamente lo que Él ha planeado para mi vida y mi cuerpo?

Ninguno de estos interrogantes pretende condenar a quien ha tomado o considera tomar una decisión de este tipo. El propósito es generar reflexión genuina antes de actuar. Cada cristiano es responsable ante Dios de examinar sus motivaciones con honestidad, a la luz de la Escritura y en oración. La pregunta no es solo «¿puedo hacerlo?», sino «¿a quién glorifica esta decisión?».

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

Sidebar Banner

UNETE A NOSOTROS

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elitLorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit

Banner