IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Foto de Mikhail Nilov en Pexels
Angélica Rivera de Peña • 17 diciembre, 2024
Comenzar un año nuevo es una oportunidad valiosa para detenerse, reflexionar y agradecer a Dios por Sus bondades. Ya el primer presidente de Estados Unidos, George Washington, afirmó en su famosa proclamación de acción de gracias que es «nuestro deber reconocer la bondad de Dios Todopoderoso, obedecer Su voluntad, agradecerle por Sus dones, y humildemente implorar Su favor y protección». Esta convicción, lejos de ser un formalismo histórico, expresa algo profundamente bíblico: la gratitud no es opcional para el creyente, sino parte esencial de su adoración.
Como familias que conocen a Cristo, tenemos la oportunidad de convertir el inicio de cada año en una tradición significativa. Una celebración que no gire en torno a resoluciones personales ni al bullicio del momento, sino en torno a Aquel que lo ha dado todo. Afirmar que Dios es el Dueño y que nosotros somos simples administradores de Sus dones es un acto de fe que edifica el hogar y forma el corazón de nuestros hijos.
Vivimos en una cultura que forma a los niños para exigir y consumir, no para agradecer. Con frecuencia vemos hijos infelices aun cuando tienen todo lo que necesitan, y ese contraste nos llama a ejercer con responsabilidad nuestra tarea como padres: enseñarles a reconocer la mano de Dios detrás de cada día, cada plato de comida, cada abrazo de familia, cada amanecer. Hay mil razones para estar agradecidos al Señor, y parte de nuestra vocación como padres es señalarlas con constancia.
Sin embargo, la enseñanza más poderosa no viene de las palabras, sino del ejemplo. Si nuestros hijos nos ven con una actitud indiferente o quejumbrosa, difícilmente aprenderán la gratitud que les queremos transmitir. Por el contrario, cuando nos ven cantar, alabar y dar gracias —incluso en medio del dolor—, reciben una lección que ningún libro puede sustituir. El apóstol Pablo lo expresó con claridad: «Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo» (Ef. 5:19-20). La gratitud, en su forma más auténtica, es adoración.
El inicio del año puede ser un momento especial de celebración donde Cristo sea el invitado de honor. A continuación, algunas ideas prácticas para hacerlo realidad:
Prepara los corazones desde diciembre. Durante las últimas semanas del año, orienta los devocionales familiares hacia versículos sobre el agradecimiento. Que los niños participen en buscar y escoger los textos.
Memoricen juntos un versículo. Una opción poderosa es: «Den gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús» (1 Ts. 5:18). Compartirlo en voz alta durante la celebración familiar lo hará aún más memorable.
Modela un corazón gozoso. Si en este momento atraviesas el valle del dolor, pídele a Dios que te ayude a encontrar razones para darle gracias aun allí. Traigan a la memoria Sus bondades a lo largo del año que termina.
Hagan tarjetas de oración. Que cada miembro de la familia escriba sus peticiones para el año que comienza y las guarden en un lugar especial. Al inicio del siguiente año, revísenlas juntos. Ver la mano de Dios respondiendo hará que sus corazones rebosen de adoración y gratitud.
Agradezcan a quienes Dios usó. Motívenlos a contactar a familiares o amigos que fueron de bendición durante el año: para reconocer que Dios también actúa a través de las personas que pone en nuestro camino.
Tomar un tiempo especial para celebrar las bendiciones de Dios será de edificación para nuestras vidas, aprovechando para honrar a Cristo por Sus infinitas misericordias, haciendo de éste un tiempo donde Él sea el Invitado de honor.
La meta de estas prácticas no es cumplir un ritual anual, sino formar en el hogar una cultura de gratitud genuina y sostenida. Los hogares que tienen a Cristo deberían ser los más agradecidos de todos, porque han recibido la mayor dádiva posible: la salvación. Somos amados por Dios y contamos con numerosas promesas expresadas en Su Palabra. Tenemos razones más que suficientes para vivir agradecidos, no solo al inicio de cada año, sino cada día de nuestras vidas.
Que este nuevo año sea una ocasión para renovar nuestra mente y someternos de nuevo a Su voluntad, «lo que es bueno, aceptable y perfecto» (Ro. 12:2). Y que nuestros hogares sean espacios donde la alabanza fluya naturalmente, porque reconocemos que todo lo que somos y tenemos proviene de Él. «Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. Amén» (Ro. 11:36).
Angélica Rivera de Peña es miembro de la Iglesia Bautista Internacional en la República Dominicana y sirve junto a su esposo, el pastor Joel Peña, en el ministerio de Vida Joven. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría y posee un certificado en ministerio del Southern Baptist Theological Seminary a través del Seminary Wives Institute. También forma parte del equipo del ministerio de mujeres Ezer. Está casada con Joel, y juntos tienen dos hijos: Samuel y Abigail.
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