Integridad y Sabiduria
Confiando en el tiempo de Dios
Confiando en el tiempo de Dios

Foto de Vitaly Gariev en Unsplash

Vida cristiana

Confiando en el tiempo de Dios

Miguel Núñez 6 junio, 2018

La pregunta surge casi inevitablemente ante las noticias del día: crímenes, injusticias, muertes, catástrofes. «¿Por qué Dios no hace que el mundo funcione bien?» Sin embargo, esta pregunta contiene una presuposición problemática: que a Dios no le interesa el estado de su creación. Nada está más lejos de la verdad. Dios va a hacer que el mundo funcione perfectamente bien. El hecho de que no lo esté haciendo ahora no significa que no lo vaya a hacer después, ni que no lo esté haciendo ya en sus propios términos y tiempos.

El problema no está en Dios, sino en nuestra perspectiva. Nosotros vivimos atrapados en el tiempo y el espacio, mientras que Dios existe fuera de ellos. El apóstol Pedro lo expresa con claridad: «Para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día» (2 P. 3:8). Lo que a nosotros nos parece una eternidad puede ser, desde la perspectiva divina, apenas un instante —algo que, como reconoce el propio Pedro, es incomprensible para la mente humana—.

La eternidad como marco para entender el sufrimiento presente

Pensemos en un ejercicio sencillo: supongamos que Dios nos revelara que restaurará plenamente todas las cosas en quinientos años. De inmediato protestaríamos: «¡Demasiado tiempo!» Pero ese rechazo instintivo revela cuán limitada es nuestra comprensión. Al lado de la eternidad, quinientos años son insignificantes. Nuestra incapacidad para aceptar esa respuesta no cambia la realidad de Dios; solo evidencia la cortedad de nuestra visión.

El apóstol Pablo entendía esto con una claridad asombrosa. Escribiendo a los romanos desde el contexto de un mundo igualmente convulsionado, afirmaba: «Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada» (Ro. 8:18). Y al escribir a los corintios, se atrevió a llamar a esos mismos sufrimientos «leves» y «pasajeros» (2 Co. 4:16-18), no porque fueran triviales en sí mismos, sino porque ocurren dentro del tiempo y el espacio, y al ser medidos con la vara de la eternidad, su peso relativo es incomparablemente menor. La aflicción que experimentamos aquí es real, pero es temporal.

La creación distorsionada como campo de ejercicio espiritual

Dios no ha abandonado su creación. El Señor está interesado en que aquello que en el principio categorizó como «bueno en gran manera» (Gn. 1:31) no solo recupere esa bondad original, sino que alcance una excelencia que corresponda con quien Él mismo es. Esa es la meta final: una restauración que supera incluso el estado original de la creación.

Mientras tanto, este mundo distorsionado no es un error en el plan de Dios, sino el ambiente que Él usa para ejercitar en nosotros la oración, la fe y la confianza en Él. Nada de lo que nos parece negativo es irremediable, irredimible ni está fuera del alcance de la mano de Dios para transformarlo en bien. Los crímenes, los abortos, las muertes, las injusticias —todo ello será rectificado. Pero lo será cuando Él entienda que llegó la hora señalada en su calendario eterno, no cuando nuestra impaciencia lo demande.

El Señor está interesado en que la creación que Él categorizó como buena en gran manera vuelva a tener, no solamente esa bondad, sino una excelencia que corresponda con lo que Dios es.

Confiar en quien ve desde la eternidad

En el ínterin, Dios nos llama a confiar en su soberanía, fidelidad, cuidado y poder para atravesar las aflicciones. Es posible que en esta vida descubramos algunas de las razones por las cuales Él permitió lo que permitió. Quizás otras razones solo las comprenderemos en la vida venidera. Pero Dios, en su tiempo, las revelará todas.

La respuesta al caos del mundo no es juzgar a Dios ni exigirle que actúe según nuestros plazos. No tenemos la autoridad, la sabiduría ni el derecho para hacerlo. La respuesta es esperar con fe activa, sabiendo que el mismo Dios que llamó «buena en gran manera» a su creación no la abandonará a la distorsión para siempre. Él terminará lo que comenzó, y lo hará perfectamente bien.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

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