Integridad y Sabiduria
Cómo confrontar a alguien que está en pecado
Cómo confrontar a alguien que está en pecado

Foto de Kato Blackmore 🇺🇦 en Unsplash

Vida cristiana

Cómo confrontar a alguien que está en pecado

Miguel Núñez 6 abril, 2018

Pocos temas en la vida cristiana generan tanta incomodidad como la confrontación de un hermano en pecado. La mayoría prefiere el silencio, ya sea por temor al conflicto, por no saber cómo actuar o simplemente por no querer «meterse en lo que no les corresponde». Sin embargo, la Biblia es clara: velar por la santidad del hermano no es una opción, sino una responsabilidad que todo creyente lleva consigo.

Mateo 18:15-17 ofrece una guía concreta para enfrentar estas situaciones difíciles. Lejos de dejarnos a la deriva, Jesús traza un camino ordenado, misericordioso y orientado a la restauración. Entender ese camino —y recorrerlo con el espíritu correcto— es parte esencial de lo que significa pertenecer al cuerpo de Cristo.

Un proceso gradual orientado a la restauración

El primer paso que establece Jesús es directo: «Y si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano» (Mt. 18:15). Es importante notar que el texto no dice «si tu hermano peca contra ti», como algunas traducciones sugieren erróneamente. El llamado es más amplio: si ves a tu hermano en pecado, tienes la responsabilidad de ir a él. La meta de esta primera conversación privada es precisamente proteger la dignidad del hermano, dándole la oportunidad de arrepentirse sin exposición pública ni vergüenza innecesaria.

Si el hermano no escucha en ese primer encuentro, el siguiente paso es volver acompañado de dos o tres personas más (Mt. 18:16). La Biblia no especifica cuánto tiempo debe transcurrir entre una etapa y la otra; eso depende de factores como la naturaleza del pecado, su gravedad y la respuesta inicial del hermano. Puede ser una semana, un mes o más. Lo importante es que haya un período de reflexión que le permita al hermano en pecado considerar lo que se le ha señalado.

Si tampoco responde a esta segunda confrontación, el asunto pasa a manos de los líderes de la iglesia, quienes asumen la responsabilidad de guiar el proceso (Mt. 18:17). Solo si persiste la falta de arrepentimiento, los líderes pueden comunicarlo a la congregación, no para una expulsión inmediata, sino para que hermanos cercanos al afectado tengan la oportunidad de acercarse a él y exhortarle al arrepentimiento. Si tras todo esto el hermano sigue sin escuchar, entonces debe ser tratado «como el gentil y el recaudador de impuestos» (Mt. 18:17). Esta exclusión no es un acto de venganza, sino de amor: al separarlo de la comunidad de fe, se le permite experimentar el peso de su situación, con la esperanza de que esa soledad lo conduzca al arrepentimiento antes de que las consecuencias sean mayores.

El espíritu con el que debemos confrontar

Conocer el proceso es indispensable, pero no suficiente. La Biblia es igualmente clara en cuanto al cómo. No basta con seguir los pasos correctos si el corazón con el que se actúa es incorrecto. Cuando un creyente va a confrontar a su hermano, no debe hacerlo con ira, arrogancia ni actitud acusatoria. Debe ir con humildad, mansedumbre y amor, de manera que el hermano perciba que su pecado duele, no que irrita.

Gálatas 6:1 lo expresa con precisión: «Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado». Esta advertencia es doblemente sabia: la mansedumbre no solo facilita la restauración del hermano que ha caído, sino que también protege al que confronta de caer en soberbia espiritual. Quien se acerca creyéndose superior corre el riesgo de tropezar con el mismo pecado que señala.

La mansedumbre con la que debemos ir no solamente es para ayudar a aquel hermano, sino para posicionarme donde debo estar, no creyéndome superior a él, no vaya a ser que yo caiga en la misma condenación o en el mismo pecado.

Madurez espiritual para cuidar al hermano

La confrontación bíblica no es un ejercicio de corrección moral que se hace desde arriba hacia abajo, sino un acto de cuidado mutuo entre hermanos que caminan juntos hacia la santidad. Requiere valentía para actuar, pero también la madurez espiritual suficiente para actuar bien. Seguir el proceso que Jesús describe en Mateo 18, con el espíritu que Pablo prescribe en Gálatas 6, es la expresión más fiel de lo que significa amar al prójimo como Cristo nos ha amado.

Que Dios nos conceda ser espirituales, mansos, humildes y maduros al tratar el pecado de quienes amamos en la fe.

*Tomado del podcast «No es tan simple como parece», episodio «¿Qué dice la Biblia sobre cómo confrontar a alguien que está en pecado?»

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

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