Integridad y Sabiduria
¿Cristianismo cultural o cristianismo bíblico?
¿Cristianismo cultural o cristianismo bíblico?

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Teología y doctrina

¿Cristianismo cultural o cristianismo bíblico?

Miguel Núñez 20 junio, 2016

La pregunta que Jesús formuló hace dos mil años sigue resonando con la misma fuerza interpelante: «¿Por qué me llaman: "Señor, Señor", y no hacen lo que Yo digo?» (Lc. 6:46). La incomodidad que produce este versículo no es accidental; es deliberada. A la luz de la Palabra de Dios, no basta con declararse cristiano si el caminar diario carece de la evidencia que corresponde a esa declaración.

Cuando se escuchan muchas de las enseñanzas evangélicas contemporáneas, resulta evidente que el evangelio está siendo ofrecido a un precio demasiado bajo. Dietrich Bonhoeffer lo describió con precisión en su obra El costo del discipulado, donde acuñó el término «gracia barata» para referirse a «la predicación del perdón sin requerir arrepentimiento; el bautismo sin disciplina de iglesia; comunión sin confesión; la absolución de pecados sin confesión personal. La gracia barata es gracia sin discipulado; gracia sin la cruz, gracia sin Jesucristo viviente y encarnado».

La cultura evangélica que no transforma

Existe una diferencia radical entre adquirir una cultura evangélica y experimentar una conversión genuina. La primera se obtiene con relativa facilidad: aprender a hablar como evangélico, decir «amén» a todo lo que suene piadoso, cambiar el vestuario los domingos, y aceptar a Jesucristo «en el corazón» sin arrepentimiento real ni confesión de pecados. A eso se suma dejar de lado los pecados más visibles y escandalosos, bautizarse como adulto, y con eso considerarse plenamente dentro del Reino de los cielos.

Quien salva no es la cultura evangélica, ni siquiera el mensaje evangélico en abstracto. Quien salva es Cristo a través del Espíritu Santo que obra la conversión en el corazón del pecador. El Señor conoce perfectamente quiénes exhiben únicamente una cultura evangélica y quiénes poseen una fe transformada de adentro hacia afuera. El problema es que la primera puede pasar por la segunda durante mucho tiempo, y ante los ojos humanos resulta casi indistinguible.

El veredicto que muchos no anticipan

Las palabras de Jesús en Mateo 7 son perturbadoras precisamente porque no hablan de unos pocos casos excepcionales. El texto dice que muchos llegarán ante Cristo completamente convencidos de su salvación, hasta el punto de dirigirse a Él llamándole «Señor». Presentarán como evidencia de su fe obras realizadas en su nombre: predicación, liberaciones, milagros. Y con todo eso, escucharán de labios del Señor la respuesta más devastadora posible: «Nunca los conocí» (Mt. 7:21-23).

La razón es clara: mientras escuchaban sermones correctos, cantaban canciones correctas y decían «amén» a las doctrinas correctas, permanecieron en la frivolidad. Confundieron la exposición con la obediencia, y la familiaridad religiosa con la fe salvadora. Nadie quiere hoy pagar el precio de ser cristiano; es mucho más cómodo culturalizar la fe. Nadie quiere perder popularidad, ser llamado fanático, ser considerado intolerante o sentirse solo. El resultado es una iglesia que negocia su distinctividad para mantener la aprobación del mundo.

La razón por la que el mundo tiene mucho mayor aceptación de la iglesia evangélica hoy no es porque el mundo se ha ido santificando, sino porque la iglesia se ha ido mundanalizando.

La fidelidad que el momento exige

En el siglo IV, cuando la divinidad de Cristo estaba siendo cuestionada y Atanasio era presionado para que cediera, alguien le advirtió: «Atanasio, ríndete… el mundo está contra ti.» Su respuesta fue contundente: «Pues entonces tendrá que ser Atanasio contra el mundo.» Esa clase de convicción es exactamente la que el momento actual demanda.

Jesús mismo advirtió a sus discípulos que la aceptación del mundo no es señal de fidelidad, sino de conformidad: «Si el mundo los odia, saben que me ha odiado a mí antes que a ustedes. Si fueran del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no son del mundo, sino que Yo los escogí de entre el mundo, por eso el mundo los odia» (Jn. 15:18-19). La iglesia que busca la validación del mundo ha perdido de vista a quién sirve. El cristianismo bíblico no se mide por el nivel de aceptación cultural que recibe, sino por el grado de obediencia a Cristo que exhibe, aunque esa obediencia cueste el rechazo de quienes nos rodean.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

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