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Los cristianos y las lamentables tragedias recientes
Los cristianos y las lamentables tragedias recientes

Foto de Long Bà Mùi en Pexels

Cultura, sociedad y ética

Los cristianos y las lamentables tragedias recientes

Miguel Núñez 23 febrero, 2018

Las tragedias causadas por el uso indiscriminado de armas de fuego nos confrontan con una realidad que ningún cristiano puede ignorar. En los últimos años, especialmente en los Estados Unidos, hemos sido testigos de tiroteos masivos que han dejado familias destrozadas, comunidades en duelo y una sociedad cada vez más desconcertada. Uno de los episodios más recientes dejó un saldo de diecisiete personas muertas en un colegio, muchas de ellas en una edad muy temprana. Ante este panorama, es necesario que el pueblo de Dios responda con madurez, sensibilidad y claridad bíblica.

El primer peligro que debemos resistir es el de la insensibilidad. Con la recurrencia de estas tragedias, corremos el riesgo de ir acostumbrándonos al horror hasta el punto de que ya no nos sacuda la muerte de una, cinco o diez personas. Lo correcto es mantener un espíritu de contrición y tristeza genuina ante cada pérdida humana. Debemos orar e interceder por las familias afectadas, pedir consolación para los que lloran, y también pedir sabiduría para las iglesias ubicadas en esas comunidades, a fin de que puedan ministrar con gracia y discernimiento a quienes están en dolor.

La crisis espiritual detrás de la crisis social

Estas tragedias no ocurren en un vacío. Son, en gran medida, el fruto de la condición espiritual y moral de nuestra sociedad contemporánea. Cuando el hombre vivía con temor de Dios, cuando los principios básicos derivados de la imagen divina estructuraban la vida en sociedad, existía un respeto genuino por la vida humana, una disciplina interna y una consideración por el prójimo que hoy escasean. El hombre moderno no solo se ha ido alejando de Dios, sino que, al hacerlo, también ha perdido los valores que son inherentes a esa imagen.

El valor por la vida, por ejemplo, era algo que existía de manera natural hasta tiempos relativamente recientes. Con su erosión hemos visto proliferar el aborto, avanzar la eutanasia, e incluso llegar a comercializarse los órganos de fetos abortados. En ese mismo contexto cultural, una masacre de veinte personas puede procesarse con una frialdad que debería alarmarnos. Quien actúa con semejante desprecio por la vida humana es también producto de esta sociedad. A menos que regresemos a Dios y a Sus valores, nuestra sociedad continuará deteriorándose. Cada acto de pecado e iniquidad que normalizamos nos insensibiliza para el siguiente. Las redes sociales y los medios de comunicación, al exponer continuamente atrocidades que antes se mantenían fuera del alcance público, han acelerado esta desensibilización colectiva de manera alarmante.

El cristiano, las armas y la confianza en Dios

La pregunta sobre si un cristiano debería o no portar armas de fuego es legítima y merece una respuesta honesta. Sin pretender trazar una línea absoluta en todos los casos, la inclinación es clara: el cristiano, a menos que pertenezca a las fuerzas del orden o al ejército, debería confiar su seguridad a Dios. Al final del camino, es Dios quien permite o no permite las cosas. Es Él quien sostiene la vida y quien, en Su soberanía, determina cuándo esta llega a su fin. Los mártires de la iglesia a lo largo de la historia no buscaron defenderse por medio de las armas; su confianza estaba depositada en Aquel que tiene autoridad sobre la vida y la muerte.

Esto no implica que portar armas sea en sí mismo un pecado. Un cristiano que trabaja como policía o guardián de seguridad cumple con su deber legítimamente al portar un arma como herramienta de su oficio. El problema surge cuando el porte de armas se convierte en un derecho ejercido sin discernimiento ni responsabilidad. En los Estados Unidos, la Segunda Enmienda garantiza este derecho, pero los hechos muestran que se ha salido de control. El hecho de que un joven de dieciocho años pueda adquirir legalmente un rifle de asalto, pero no pueda comprar cigarrillos ni alcohol por considerarse sin la madurez necesaria para manejarlas, revela una contradicción legislativa que exige una respuesta seria. Los Estados Unidos es quizás la nación más liberal del mundo en cuanto a la regulación del porte de armas de fuego, y las consecuencias están a la vista.

A menos que regresemos de nuevo a Dios y Sus valores, nuestra sociedad irá de mal en peor.

Legislar con prudencia, confiar con fe

Como nación, es urgente legislar con mayor prudencia y responsabilidad sobre el acceso a las armas de fuego. Las consecuencias de la permisividad desmedida ya son visibles e inocultables. Mientras tanto, el llamado para el pueblo de Dios es claro: confiar en el Señor e interceder ante Él con persistencia, sabiendo que vivimos en un mundo en caída y descomposición. Este mundo no se arreglará por la sola vía legislativa; la transformación verdadera y duradera comienza cuando los corazones regresan a Dios. Y en medio del caos, la certeza del creyente permanece firme: nuestro Dios tiene el control y es la garantía última de nuestras vidas.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

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