Integridad y Sabiduria
¿Cómo desarrollar el discernimiento espiritual?
¿Cómo desarrollar el discernimiento espiritual?
Vida cristiana

¿Cómo desarrollar el discernimiento espiritual?

Miguel Núñez 18 abril, 2016

Son muchos los creyentes que desean discernir correctamente la voluntad de Dios, pero pocos reconocen que esa capacidad no surge de forma espontánea ni se obtiene por revelación repentina. El discernimiento es el fruto de una vida disciplinada en el estudio, la meditación y la aplicación constante de la Palabra. Como toda habilidad genuina, requiere ejercicio sostenido y madurez progresiva.

La Palabra de Dios nos revela que el discernimiento es una cualidad que todos debiéramos poseer, pero que no necesariamente todos tenemos. De hecho, muchas personas se caracterizan precisamente por su inhabilidad para discernir. Comprender por qué ocurre esto, y qué hacer al respecto, es el propósito de las reflexiones que siguen.

La inmadurez espiritual como obstáculo para el discernimiento

Existe una imagen sencilla pero poderosa para entender el problema: un niño que apenas gatea es capaz de llevarse a la boca el biberón de leche que su madre le ofrece, pero también puede hacer lo mismo con un pesticida colocado en el piso. Él no sabe distinguir entre una cosa y la otra. Algo similar ocurre con el cristiano no maduro: no logra discernir entre la verdad que Dios ha revelado y la mentira que Satanás le presenta a través de un predicador o maestro.

El pasaje de Hebreos 5:11–14 ilustra esta realidad con precisión. El autor señala que aquellos que consumen «alimento sólido» —las enseñanzas más profundas de la Palabra— poseen la capacidad de discernir correctamente. Sin embargo, hay quienes siguen necesitando «leche», es decir, los elementos más básicos del Evangelio, y por esa razón no pueden discernir con claridad. Lo más alarmante es que el autor no describe simplemente un estancamiento, sino un retroceso: «aunque ya debierais ser maestros, otra vez tenéis necesidad de que alguien os enseñe los principios elementales de los oráculos de Dios» (Heb. 5:12, NBLA). La falta de progreso no produce neutralidad; produce regresión. Es como detenerse en el descanso de una escalera: si uno no avanza, inevitablemente termina descendiendo.

Los sentidos ejercitados por la Palabra

El texto de Hebreos es claro en cuanto al medio por el cual se desarrolla el discernimiento: los sentidos ejercitados. Y esos sentidos son ejercitados mediante el consumo diligente de la Palabra. Conviene aclarar, sin embargo, que «alimento sólido» no se refiere a nuevas verdades o revelaciones adicionales, sino a un mejor entendimiento y una mejor aplicación de las verdades ya reveladas por Dios en las Escrituras.

La palabra «ejercitados» también evoca la imagen de alguien diligente y constante, acostumbrado al estudio y la meditación, que ha tenido que aplicar lo aprendido a situaciones reales de la vida diaria. Es precisamente esa práctica sostenida la que afina la capacidad de distinguir la verdad del error.

El apóstol Pablo aborda esta misma realidad al escribir a los corintios, una congregación marcada por la inmadurez: «Hermanos, no sean niños en el modo de pensar; sean niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar» (1 Co. 14:20, NBLA). Esa iglesia sufría divisiones, inmoralidad, profanación de la Cena del Señor y un uso desordenado de los dones espirituales. Todo ello era consecuencia directa de la falta de discernimiento. Pablo no les pide simplemente que se comporten mejor; les exige que maduren en su manera de pensar. La madurez produce discernimiento, y el discernimiento produce orden, santidad y edificación.

El discernimiento es logrado a través de los sentidos ejercitados, pero esos sentidos son ejercitados por el consumo de la Palabra… un mejor entendimiento y una mejor aplicación de las verdades ya reveladas por Dios.

El discernimiento comienza con uno mismo

Existe una trampa frecuente en la vida espiritual: muchos se esfuerzan por discernir las circunstancias y los errores de los demás, mientras yerran consistentemente al evaluar sus propias situaciones. Es el problema que Jesús describe con la imagen de quien intenta sacar la paja del ojo ajeno sin antes ver la viga en el propio.

El Espíritu Santo inspiró las Escrituras de manera infalible, y ese mismo Espíritu ilumina la mente del creyente para comprender su Palabra con claridad, siempre que este se disponga a escudriñarla con la genuina intención de aplicarla a su propia vida. El discernimiento verdadero no comienza mirando hacia afuera, sino hacia adentro. Comienza con humildad, con la disposición de dejarse corregir, moldear y madurar por la Palabra que el Espíritu hace viva y eficaz en el corazón del que la recibe con fe y obediencia.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

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