IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Todos los días, a toda hora, la vida nos coloca frente a encrucijadas. Algunas son triviales: ¿helado de coco o de limón? Otras son determinantes y exigen de nosotros una respuesta que define el rumbo de nuestra historia y la de quienes nos rodean. En un mundo que celebra el camino de menor resistencia y el confort personal por encima de cualquier otra cosa, elegir correctamente se vuelve un acto contracultural que solo es posible mediante la dirección del Espíritu Santo.
La historia de Ester no es solo una narración del pasado. Es un espejo que nos invita a preguntarnos con honestidad: cuando llega el momento difícil, ¿qué elegimos?
Ester era una mujer judía que gozaba de una posición envidiable como reina del rey Jerjes. Los beneficios de su puesto eran reales y abundantes. Sin embargo, la tranquilidad de su mundo se vio sacudida por el decreto del arrogante Amán, quien, incapaz de tolerar que Mardoqueo —primo y tutor de Ester— no se inclinara ante él, maquinó el exterminio de todo el pueblo judío: «Se enviaron comunicados a todas las provincias [...] con orden de destruir, matar y exterminar a todos los judíos, jóvenes y ancianos, niños y mujeres, en un mismo día» (Est. 3:13).
Ante este panorama, Mardoqueo acudió a Ester con una petición urgente: que se presentara ante el rey para interceder por su pueblo (Est. 4:8). La respuesta de Ester fue comprensible y completamente humana: quien se presentara ante el rey sin ser convocado arriesgaba su propia vida, y el rey no la había llamado en treinta días (Est. 4:11). A los ojos del mundo, guardar silencio era la opción racional. Era la opción segura. Era, también, la opción equivocada.
Antes de juzgar a Ester con rapidez, vale la pena colocar nuestro propio nombre en su lugar. ¿Cuántas veces hemos elegido el silencio, la inacción o la comodidad porque la alternativa implicaba un costo demasiado alto? La mayoría de las veces tomamos la opción que requiere el mínimo esfuerzo, la de «menos dolor», la que no interrumpe nuestra vida de confort.
Fue entonces cuando Mardoqueo pronunció palabras que funcionaron como un electrochoque espiritual: «Si te quedas callada en un momento como este, el alivio y la liberación para los judíos surgirán de algún otro lado, pero tú y los tuyos morirán. ¿Quién sabe si no llegaste a ser reina precisamente para un momento como este?» (Est. 4:14).
Estas palabras eran incómodas. Eran difíciles de escuchar. Y fueron exactamente lo que Ester necesitaba. Así actúa la Palabra de Dios en quienes pertenecen a Cristo: no nos confirma en nuestra zona segura, sino que nos llama a salir de ella. El consejo sabio —ya sea el de las Escrituras o el de hermanos maduros en la fe que, con amor, nos señalan el camino correcto— es uno de los medios de gracia que Dios dispone para que nos vaya bien.
Nuestro entorno nos vende la idea de que es mejor permanecer enquistados en el pecado, aferrarnos a nuestra propia opinión y resistir el llamado a la obediencia. Pero el alma encuentra verdadero reposo y plenitud cuando responde al consejo sabio de Dios expresado en las Escrituras.
¿Quién sabe si no llegaste a ser reina precisamente para un momento como este?
La respuesta de Ester no fue solo intelectual. Fue una decisión seguida de acción concreta: «Ve y reúne a todos los judíos que están en Susa y ayunen por mí. No coman ni beban durante tres días, ni de noche ni de día; mis doncellas y yo haremos lo mismo. Entonces, aunque es contra la ley, entraré a ver al rey. Si tengo que morir, moriré» (Est. 4:16).
Identificar el camino correcto no es suficiente: hay que andarlo. Es como recibir un diagnóstico médico; el tratamiento solo sirve si se toma. Dejar a un lado el temor a perderlo todo, la vergüenza ante los demás, el apego al confort —todo eso— para tomar la mano firme de Dios y avanzar con valentía, sabiendo que Él está presente (Jos. 1:9).
Quizás ninguno de nosotros enfrentará un escenario de vida o muerte tan literal como el de Ester. Pero cada día nos encontramos con circunstancias donde nuestra fe, nuestra actitud, nuestras acciones y nuestros pensamientos son desafiados: ¿glorificamos a Dios o no? ¿Reflejamos a Cristo o no? ¿Actuamos como sus discípulos o no? La buena noticia es que no estamos solos en esa lucha. La Escritura nos da esta promesa: «Las tentaciones que enfrentan en su vida no son distintas de las que otros atraviesan. Y Dios es fiel; no permitirá que la tentación sea mayor de lo que puedan soportar. Cuando sean tentados, Él les mostrará una salida, para que puedan resistir» (1 Co. 10:13).
Abortar o continuar; mentir o decir la verdad; guardar rencor o perdonar; ceder a los deseos carnales o negarlos; vivir en descontento o en gratitud. La vida cristiana es una sucesión de elecciones que, tomadas una a una, van dibujando el perfil de un discípulo verdadero. Elegir, todos los días y en todas las circunstancias, lo que Cristo elegiría, es siempre la mejor decisión que un seguidor de Jesús puede tomar.
Sandra Morales Castillo es sierva de Cristo por gracia desde los doce años. Esposa de Janly Colón, madre de Odette y Felipe. Miembro de la IBI. Pediatra endocrinóloga, certificada en Estudios Teológicos por la Academia Ministerial de la Gracia (Santiago, RD).
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