Integridad y Sabiduria
Viviendo bajo la gracia de Dios
Viviendo bajo la gracia de Dios

Foto de Anastasia Shuraeva en Pexels

Vida cristiana

Viviendo bajo la gracia de Dios

Sandra Morales Castillo 28 junio, 2022

Todos compartimos un mismo guión de vida: ojos, boca, trabajo, impuestos, enfermedades, sueño y rutina. Los que han sido despertados a la verdad del arrepentimiento y la salvación, y quienes aún no lo han sido, caminan bajo las mismas circunstancias del día a día. Y sin embargo, una diferencia extraordinaria los separa.

Esa diferencia no es una emoción pasajera ni una filosofía optimista. Es un evento real que nos saca del colectivo: el Espíritu Santo aunado al evangelio predicado nos otorga un estado de conciencia que transforma nuestra actitud ante las mismas cosas bajo el sol. No nos exime del dolor, pero nos deja en esperanza a pesar de los desaciertos que todos sufrimos.

La misma vida, vista desde otro lugar

Lo asombroso de la gracia no es que cambie las circunstancias, sino que cambia al que las vive. Los títulos ganados adquieren un sabor diferente, un sabor a propósito proyectado hacia los demás, orientado a servir más que a brillar. El dormir y el despertar cobran otro sentido. El corazón es llevado a una modalidad de paciencia aun cuando se pierden las llaves o se quema la comida. Nos conduce al gozo en medio del dolor de perder a alguien querido, a la paz ante un hijo enfermo, a la mansedumbre y la esperanza aunque el matrimonio atraviese una crisis profunda, al amor genuino aun cuando nos han calumniado.

Y también —y esto es igualmente importante— nos permite disfrutar con plenitud las bondades de esta «tierra de los vivientes» (Sal. 27:13), con un corazón rebosante de gratitud al Señor. Conscientes de que los regalos del día a día son exactamente eso: regalos de vida que no merecemos.

Esta es la gracia operando en lo ordinario. No en los grandes escenarios ni en los momentos de exaltación espiritual, sino en la cocina, en la sala de espera del médico, en la conversación tensa con el cónyuge, en la factura que no cierra. Allí, precisamente allí, la gracia hace su obra más silenciosa y más poderosa.

Una gracia que sobreabunda donde el mundo se desgasta

El pulso en contra crece. Los divorcios aumentan. Los hogares se fragmentan. La cultura empuja con fuerza hacia la autoafirmación por encima del compromiso, hacia los propios deseos por encima de los de la pareja y los hijos. El mundo caído ejerce una presión constante y real sobre quienes procuran vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.

Pero en ese mismo escenario sobreabunda una gracia triunfante. Una gracia que disipa los miedos, que reorienta el matrimonio hacia lo que Dios quiere, que hace posible vivir a plenitud pese a este mundo roto. No es una gracia que ignora la realidad, sino una que la enfrenta con recursos que no provienen de nosotros mismos.

El apóstol Pablo lo expresa con una claridad que no envejece:

«Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros. Afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos… aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo, nuestro hombre interior se renueva de día en día. Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación, al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven. Porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas» (2 Co. 4:7-10, 16-18).

El barro es frágil. El creyente se cansa, se equivoca, se quiebra. Pero el tesoro que lleva dentro —el evangelio, la vida de Cristo manifestada en su cuerpo— es lo que garantiza que ninguna aflicción tenga la última palabra.

Esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación, al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven (2 Co. 4:17-18).

Una perspectiva que tiene nombre propio

A esta grandiosa perspectiva diferente de la vida, a pesar de los afanes del día a día, a la paciencia en lo pequeño y a la esperanza en lo grande, al gozo en el duelo y a la gratitud en la abundancia, a la fidelidad en el matrimonio cuando todo empuja en sentido contrario y al descanso en medio de la incertidumbre: a todo eso lo llamamos vivir bajo la gracia.

No es un eslogan. Es una realidad transformadora que solo puede explicarse porque hay un Dios que actúa, un evangelio que despierta y un Espíritu que renueva de día en día al hombre interior. Vivir bajo la gracia no es vivir sin problemas. Es vivir con una perspectiva que los problemas no pueden destruir.

Sandra Morales Castillo

Sandra Morales Castillo

Sandra Morales Castillo es sierva de Cristo por gracia desde los doce años. Esposa de Janly Colón, madre de Odette y Felipe. Miembro de la IBI. Pediatra endocrinóloga, certificada en Estudios Teológicos por la Academia Ministerial de la Gracia (Santiago, RD).

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