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Encontrando contentamiento en la soltería
Encontrando contentamiento en la soltería

Foto de Letícia Alvares en Pexels

Mujer e identidad

Encontrando contentamiento en la soltería

Aurita Gómez 14 junio, 2022

La soltería puede ser un camino lleno de incertidumbre, ansiedad y dolor, especialmente cuando se la entiende como una sala de espera hacia algo más importante. Ese enfoque distorsionado convierte cada año que pasa en una herida y cada relación rota en una señal de fracaso. Sin embargo, la Palabra de Dios ofrece una perspectiva radicalmente distinta: la soltería no es una etapa incompleta de la vida, sino un regalo tan hermoso y legítimo como el matrimonio.

Este artículo nace de una experiencia personal y de las lecciones aprendidas al transitar ese camino. No se trata de fórmulas fáciles ni de promesas vacías, sino de verdades bíblicas que, cuando son recibidas con honestidad y perseverancia, transforman el corazón desde adentro.

Deleitarse en el Señor: el primer paso hacia el contentamiento

Uno de los versículos que con mayor frecuencia se comparte con quienes atraviesan el dolor de la soltería es Salmos 37:4: «Deléitate asimismo en el Señor, y Él te concederá las peticiones de tu corazón». Es una promesa hermosa, pero puede sonar abstracta en medio del quebranto. ¿Cómo se logra encontrar deleite en Dios cuando el alma batalla con la sensación de haber perdido lo que más anhelaba?

La respuesta comienza con una oración honesta. Reconocer ante el Señor que no se sabe cómo deleitarse en Él es, paradójicamente, el primer acto de genuina dependencia. A partir de esa confesión, el camino se abre en direcciones muy concretas. La primera es escudriñar la Palabra con el propósito de conocer más a Aquel en quien se debe poner el deleite, porque para amar a alguien es necesario conocerlo. La segunda es orar en todo tiempo, reclamando la promesa de Jeremías 33:3: «Clama a Mí, y Yo te responderé, y te mostraré cosas grandes y ocultas que tú no conoces». La decisión de con quién casarse es la segunda más importante en la vida de un cristiano —después de la de recibir a Cristo como Salvador—, y por ello merece ser llevada a Dios con toda seriedad y constancia. La tercera es rodearse de hermanos y hermanas maduros en la fe que oren, sostengan en los momentos más difíciles y modelen a Cristo con su propia vida.

Estas no son tareas que producen resultados inmediatos. Son disciplinas que, practicadas fielmente a lo largo del tiempo, van moldeando el corazón y acercándolo al Señor de una manera que ninguna relación humana podría lograr.

La oración por contentamiento que lo cambia todo

Crecer en el conocimiento de Dios y reducir la intensidad del dolor es un avance real, pero no necesariamente resuelve la sensación profunda de estar incompleto. Es posible conocer más al Señor y aun así seguir sintiendo que la vida está en pausa, esperando ser completada por otra persona. Cuando se llega a ese punto, la lección que sigue es más exigente: se necesita contentamiento, y ese contentamiento también hay que pedirlo.

El pasaje de Filipenses 4:11–13 es fundamental en este punto. El apóstol Pablo escribe: «No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». La palabra clave es aprendido. El contentamiento no es una disposición natural ni un don que se recibe de golpe; es una realidad que se alcanza mediante un proceso.

Comprender que Cristo mismo es el príncipe que el alma ha estado buscando —y que ya ha sido encontrado— cambia por completo la oración. Ya no se trata de pedir que llegue la persona correcta, sino de pedir que el corazón reconozca que, teniendo a Cristo, ya lo tiene todo. Esa oración, elevada de manera persistente durante meses, puede transformar los sueños más arraigados y reemplazarlos por algo mucho más sólido: el deseo sincero de la voluntad de Dios.

Él cambió todos los sueños que tenía por amor por Su voluntad. Me enseñó a usar este precioso tiempo de soltería para servir a Su pueblo y para enfocarme en crecer en mi relación con Él.

La soltería como vocación, no como espera

Varios años después de haber recorrido este camino, la soltería continúa siendo la realidad presente. Han surgido nuevas pruebas y momentos breves de lucha, como sucede en cualquier etapa de la vida cristiana. Pero cuando el corazón camina enamorado del Señor, lo que importa no es el estado civil, sino Su gloria y el cumplimiento del llamado que Él ha entregado.

La oración de Salmos 73:25 resume con precisión adónde conduce este proceso: «¿A quién tengo yo en los cielos sino a Ti? Y fuera de Ti, nada deseo en la tierra». Que esa sea la oración puesta en práctica, no solo recitada. Que el Señor sea el mayor anhelo del alma y que la soltería sea reconocida, en toda su hermosura, como el regalo que realmente es.

Aurita Gómez

Aurita Gómez

Aurita Gómez es miembro de la Iglesia Bautista Internacional desde 2006 y vive agradecida por haber sido alcanzada por Cristo en 2013. Sus pasiones son las misiones y el discipulado de mujeres. Actualmente estudia en el Instituto Integridad & Sabiduría y es Contador Público de profesión.

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