Integridad y Sabiduria
Espera en Dios
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Vida cristiana

Espera en Dios

Miguel Núñez 13 abril, 2018

La Biblia no ofrece una definición técnica de lo que significa «esperar en Dios», pero sí entrega principios claros que permiten construir una comprensión sólida. En el libro de Eclesiastés se nos enseña que hay un tiempo para cada cosa debajo del sol, y que Dios hace todo hermoso en Su tiempo (Ec. 3:1, 11). Al unir estas dos verdades surge una implicación inevitable: habrá momentos en que ciertas decisiones, por buenas que parezcan, simplemente no fructificarán porque no corresponden al tiempo de Dios. Aquello que se realiza fuera de ese tiempo difícilmente resultará como esperamos.

Este principio tiene consecuencias prácticas inmediatas. Actuar fuera del tiempo del Señor puede desembocar en fracasos evitables, en relaciones deterioradas y en dolores innecesarios. En ese sentido, esperar en Dios significa tomar decisiones cuando Él entiende que debemos tomarlas, no cuando la impaciencia o la ansiedad nos impulsan a hacerlo.

La espera que exige responsabilidad

Reconocer el señorío de Dios sobre el tiempo no exime al creyente de sus obligaciones. La misma Escritura que llama a confiar en Dios también llama a ser diligente y responsable en las tareas que corresponden a cada uno. Estas dos realidades no se contradicen; se complementan. La espera bíblica siempre presupone que la persona ha hecho lo que humanamente le corresponde.

Esto se ilustra con claridad en situaciones cotidianas. Un paciente con cáncer que atraviesa un proceso de tratamiento tiene la responsabilidad de seguirlo fielmente; una vez concluido, lo que le queda es confiar en Dios con el resultado. Quien busca empleo debe preparar su currículo, enviarlo a las empresas pertinentes y presentarse a las entrevistas; después de eso, esperar en el Señor significa descansar en que Él dispondrá lo que corresponda. Del mismo modo, alguien soltero que desea casarse puede relacionarse con personas cristianas maduras y de buen carácter, pero deberá aguardar a que sea Dios quien orqueste las circunstancias y guíe hacia la elección correcta.

En todos estos casos, la estructura es la misma: responsabilidad humana ejercida con fidelidad, seguida de una confianza activa en la providencia divina. «Esperar en el Señor es una manera de decir: estoy confiado en Dios, esperando que Él providencialmente orqueste las circunstancias para que cualquier cosa en particular se produzca.»

Cuando «esperar en Dios» se convierte en un cliché

El peligro real es vaciar esta expresión de su contenido y convertirla en una frase de sonido espiritual que encubra pereza o irresponsabilidad. Hay quienes declaran estar «esperando en el Señor» sin haber dado un solo paso concreto, sin haber asumido las tareas que les corresponden, sin haber puesto en juego los medios disponibles. Esa no es espera bíblica; es simple negligencia vestida con lenguaje piadoso.

La verdadera espera no produce ansiedad ni insomnio, porque nace de la certeza de haber cumplido. No implica cargarse con preocupaciones que exceden la capacidad humana, sino confiar en que, habiendo hecho la parte que nos toca, el resto pertenece a la providencia de Dios. Esta distinción es fundamental: quien no ha asumido su responsabilidad no puede decir honestamente que está esperando en el Señor.

Esperar en el Señor va más allá de sonar espiritual sin asumir responsabilidad; implica confiar en el Señor después de haber hecho mi parte.

Fe y diligencia, inseparables en la vida cristiana

La enseñanza bíblica sobre la espera en Dios no nos llama a elegir entre confiar y actuar, sino a integrar ambas cosas. La fe genuina se expresa en la diligencia con que enfrentamos nuestras responsabilidades y en la paz con que soltamos aquello que está fuera de nuestro control. Dios hace todo hermoso en Su tiempo, y esa promesa sostiene al creyente que ha sido fiel en lo suyo y descansa en que el Señor será fiel en lo de Él. Esa es la espera que la Escritura commanda: activa, responsable y profundamente confiada.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

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