Integridad y Sabiduria
Un espíritu sereno refleja nuestra confianza en Dios
Un espíritu sereno refleja nuestra confianza en Dios

Foto de David Suarez en Unsplash

Emociones y alma

Un espíritu sereno refleja nuestra confianza en Dios

Mayra Beltrán 17 agosto, 2021

Vivimos en una cultura que ha convertido la apariencia física en sinónimo de valor y éxito. Desde las portadas de revistas retocadas con Photoshop hasta los incontables filtros de los teléfonos móviles, el mensaje es siempre el mismo: la belleza exterior lo es todo. La preocupación por el aspecto físico ha llevado a un aumento considerable en el número de personas que recurren a procedimientos estéticos, todo en busca de una imagen que satisfaga las expectativas ajenas. Sin embargo, en medio de esta presión cultural, la Palabra de Dios ofrece una perspectiva radicalmente distinta.

La Biblia no condena el cuidado personal ni el atractivo físico, pero sí establece una jerarquía clara de valores. El Señor le recordó a Samuel que «el hombre mira la apariencia externa, pero el Señor mira el corazón» (1 Sam. 16:7). Esta verdad no ha cambiado. Lo que Dios considera precioso no es lo que el mundo celebra, sino algo mucho más profundo y duradero.

El adorno que Dios llama precioso

En su primera carta, el apóstol Pedro dirige una exhortación que va al corazón del asunto: «Y que vuestro adorno no sea externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos, sino que sea el yo interno, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios» (1 Pe. 3:3-4). La palabra clave aquí es incorruptible. A diferencia de la ropa que se desgasta, el cabello que encanece o la piel que envejece, un espíritu sereno no perece. Es un adorno que permanece.

Hay algo más notable aún en este pasaje: Pedro no dice que este adorno sea un don reservado para unos pocos. Es algo que cada creyente tiene la potestad de cultivar. Nadie elige cómo nace, qué rasgos físicos hereda ni en qué contexto social crece; sin embargo, la belleza interior es una elección. Como alguien dijo con sabiduría: «No es culpa de una persona si no es bella a los dieciséis, pero sí es su culpa si no lo es a los sesenta.» La verdadera belleza interior debe aumentar con el tiempo y con la madurez espiritual.

¿Qué significa tener un espíritu sereno?

Es importante aclarar este concepto, porque con frecuencia es malentendido. Un espíritu sereno no tiene que ver con la personalidad introvertida, con vestirse de colores opacos ni con mantenerse en silencio en toda circunstancia. Se trata de algo completamente distinto.

Las palabras hebreas y griegas que las Escrituras emplean para capturar esta idea apuntan, en esencia, a la tranquilidad. Un espíritu sereno es aquel que puede pausar, meditar, reflexionar y deleitarse en la gloria de Dios sin dejarse arrastrar por los impulsos ni por las emociones del momento. Es la actitud que reconoce con humildad: «No puedo lograrlo por mis propias fuerzas, pero sí puedo hacerlo a través de la preciosa sangre de Cristo.»

Este tipo de tranquilidad surge desde adentro. Aunque las circunstancias externas sean adversas, un espíritu sereno permanece calmado, sin ansiedad, sin agitación. No se turba fácilmente ante las cargas cotidianas ni ante las situaciones incómodas. Las Escrituras vinculan directamente este espíritu con la ausencia de temor: «Pero el que me escucha vivirá seguro, y descansará, sin temor al mal» (Prov. 1:33). La preocupación, en ese sentido, es un derivado del temor: pequeñas gotas que se filtran en la mente y acaban dominando todos los pensamientos. Y sabemos que Dios no nos ha dado un espíritu de temor (2 Tim. 1:7). Si ese temor no viene de Él, la pregunta que vale la pena hacerse es: ¿de dónde viene?

Un espíritu sereno es aquel que es calmado, no ansioso y no se preocupa; es imperturbable y no se agita, ni se altera fácilmente por las cargas diarias o las circunstancias incómodas.

El camino hacia el adorno que permanece

La buena noticia es que Dios nunca ordena algo sin hacerlo posible. Deuteronomio 30:11 lo afirma con claridad: aquello que Dios manda «no es muy difícil para ti, ni está fuera de tu alcance». Cultivar un espíritu sereno comienza por conocer a Dios tal como Él se ha revelado en Su Palabra. Esto implica afirmar, con convicción y no solo de manera teórica, que solo Dios tiene el control absoluto y que Él es soberano (Sal. 46:10; 31:15); que Él recuerda a cada uno de Sus hijos y se preocupa por ellos (Is. 49:14-16; Sal. 56:8); y que Dios es bueno, incluso cuando las circunstancias parecen desmentirlo (Lam. 3:31-33; Jer. 29:11).

Adornarse con un espíritu sereno no es un logro instantáneo ni un estado que se alcanza de una vez para siempre. Es una elección que se renueva cada día, que demanda disciplina personal y responsabilidad, y que es posible únicamente en el poder del Espíritu Santo. El llamado es claro: descansar en Él, dar pasos concretos hacia esa tranquilidad interior y recordar que, a los ojos del Señor, este adorno es precisamente lo que Él llama precioso. En un mundo que celebra lo visible y lo pasajero, hay algo profundamente liberador en saber que la belleza que más importa es la que nadie puede quitarnos.

Mayra Beltrán

Mayra Beltrán

Mayra Beltrán está comprometida a honrar el diseño de Dios para la mujer. Esposa de Federico Ortiz, madre de dos y abuela de tres. Graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Diaconisa y miembro de la IBI, donde sirve como consejera y coordinadora del Ministerio de Mujeres Ezer.

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