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Un fuego que nos sigue enseñando hoy
Un fuego que nos sigue enseñando hoy

Foto de Guryan en Pexels

Iglesia y ministerio

Un fuego que nos sigue enseñando hoy

Miguel Núñez 14 agosto, 2021

El 14 de agosto de 2008, un incendio destruyó por completo las instalaciones de nuestra iglesia (IBI) en el primer día de los trabajos de remodelación del templo. Lo que comenzó como una ampliación planificada para agregar cien sillas al auditorio terminó en cenizas en cuestión de minutos. Fue un «accidente humano» que nunca estuvo fuera de los planes de Dios.

Han pasado trece años desde aquel día, y sus lecciones espirituales perduran con la misma claridad y peso que entonces. Quisiera compartir cinco de ellas, convencido de que el Señor las sigue usando para formarnos como iglesia y como creyentes.

Cautela, oración y tiempo: así se entienden los propósitos de Dios

La primera lección que compartí con la congregación en mi sermón inmediatamente posterior al incendio fue esta: no cometamos el error de arribar a conclusiones de forma apresurada. Las lecciones del Señor son usualmente multiformes y requieren tiempo para evaluarlas, aquilatarlas y separarlas de las emociones que nublan el entendimiento. No es un accidente que los evangelios del Nuevo Testamento fueran escritos veinticinco a sesenta años después de los eventos que narran. Dios revela sus propósitos de manera progresiva y escalonada, y comprenderlos exige madurez espiritual, meditación y oración sostenida.

La segunda lección tiene que ver con la humildad. En los primeros cultos tras el fuego, muchos confesaron arrepentidos haber dado cabida al orgullo en su corazón: orgullo por «todo lo que la IBI había llegado a ser» e, incluso, algunos pidieron perdón por haberse sentido orgullosos de su pastor. Para ellos, el fuego fue disciplina correctiva. El apóstol Pablo lo expresa con precisión cuando escribe: «…por la gracia de Dios soy lo que soy» (1 Cor. 15:10). Lo que vemos en otros no es mérito humano; es la obra de Dios en ellos.

Para otros miembros, sin embargo, que ya comprendían que todo lo recibido era fruto de la gracia divina, el fuego funcionó como disciplina preventiva, al igual que el aguijón que Dios permitió en la vida de Pablo «para que no me enalteciera» (2 Cor. 12:7). El mensaje era claro: «Continúen cultivando la humildad aún más, porque aquí no hay nada de qué enorgullecerse; todo es fruto de la mano de Dios, y este fuego es la prueba de eso».

Al entrar al auditorio una vez apagado el fuego, descubrimos que solo dos objetos habían sobrevivido intactos: el púlpito de madera y la Biblia abierta sobre él. Las sillas de metal estaban derretidas; los equipos tecnológicos, calcinados. Dios nos dejó un símbolo poderoso de qué cosas tienen verdadero valor eterno: lo que representa el púlpito y su Palabra.

Soberanía, fe y unidad: tres anclas para el pueblo de Dios

La tercera lección nos libera de una confusión frecuente: perder algo no implica necesariamente una disciplina divina. Muchas veces, lo que queremos hacer sencillamente no corresponde a los propósitos de Dios, y Él, en su soberanía, nos redirige. Nosotros queríamos ampliar la iglesia con cien sillas más; los propósitos de Dios iban mucho más allá. Luego de orar y reflexionar, vimos con claridad que su voluntad era que iniciáramos planes para mudarnos a una nueva propiedad, donde estamos hasta hoy. Al mismo tiempo, produjimos una obra de teatro sobre Juan Calvino y la Reforma Protestante, y organizamos la primera conferencia Por Su Causa, completamente gratuita, en la que más de siete mil personas escucharon el Evangelio de forma presencial y miles más lo hicieron por internet. La mano de Dios proveyó de forma tan extraordinaria que hubo fondos para todo, al mismo tiempo. Estaba claro: Dios, el dueño del oro y la plata, envió sus fondos.

La cuarta lección es una palabra a quienes están a punto de emprender algo: asegúrate de que Dios esté detrás de tu accionar, y cuando lo esté, confía en Él para el resto del camino. Muy pocas veces tendrás todos los recursos necesarios al inicio de un proyecto al que Dios te dirige. Él provee señales iniciales suficientes para que ejercites tu fe, y luego espera que des el paso. Dios hizo milagros a través de la vara de Moisés, y con esa sola vara lo envió de regreso a Egipto. No le garantizó provisión para los cuarenta años siguientes, pero le mostró suficiente para que saliera confiando en el Invisible. Si Dios te dirige a lanzarte, puede proveerte el mejor avión, el mejor piloto y el mejor instructor, pero en el momento de saltar, debes ejercer tu fe.

Si Dios te está dirigiendo a lanzarte en paracaídas, Él te puede proveer el mejor avión, el mejor piloto y el mejor instructor, pero al momento de lanzarte, debes ejercer tu fe.

La quinta lección, igualmente urgente, es esta: debemos hacer todo esfuerzo por permanecer unidos en medio de la prueba. En aquel tiempo estábamos reconstruyendo un templo, desarrollando una obra de teatro y organizando una conferencia masiva simultáneamente. Una división en ese momento habría sido devastadora. El pueblo de Dios no puede darse el lujo de dividirse bajo ninguna circunstancia, salvo que la verdad esté en juego. Las separaciones provocadas por falta de reconciliación, falta de perdón u orgullo no tienen cabida entre nosotros. En la unidad está la complacencia de nuestro Dios para continuar trabajando en nosotros y a través de nosotros.

Lo que el fuego no pudo destruir sigue en pie

El incendio de la IBI ocurrió hace trece años. Las instalaciones fueron reconstruidas, la iglesia se mudó, la conferencia se realizó. Pero las lecciones espirituales de aquel día permanecen: actúa con cautela ante la adversidad, cultiva la humildad, distingue la soberanía de Dios de su disciplina, avanza en fe cuando Él dirige, y guarda la unidad a toda costa. Lo que el fuego no pudo destruir —el púlpito y la Palabra— sigue siendo lo único que verdaderamente importa.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

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