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La homosexualidad: Un tema sobre el tapete
La homosexualidad: Un tema sobre el tapete

Foto de Marek Studzinski en Unsplash

Sexualidad y género

La homosexualidad: Un tema sobre el tapete

Miguel Núñez 17 agosto, 2015

El debate en torno a la homosexualidad ha alcanzado dimensiones sin precedente en la historia contemporánea. La sociedad ha respondido de maneras muy diversas: algunos han optado por ignorar el tema; otros han caído en la homofobia, es decir, el rechazo y el odio hacia la persona homosexual; y otros han abrazado abiertamente las iniciativas de dicha comunidad. Ninguna de estas tres posiciones resulta adecuada. Ignorar el problema es una reacción inmadura que no resuelve nada; la homofobia es igualmente inaceptable; y apoyar o estimular la práctica homosexual contradice directamente lo que Dios ha revelado en Su Palabra.

Existen razones concretas por las que este tema ha cobrado tanta relevancia. La ciencia médica ha documentado daños asociados a ese estilo de vida, desde la epidemia del VIH hasta una mayor frecuencia de infecciones de transmisión sexual, así como una expectativa de vida significativamente menor en la población homosexual —entre ocho y veinte años menos que en la población general, según el International Journal of Epidemiology (26, 1997:657). A esto se suma la amplia diseminación de las prácticas homosexuales en los cinco continentes y su creciente normalización a través de libros, revistas, películas y plataformas digitales, que han contribuido a una aceptación que hace cincuenta años hubiera resultado inconcebible.

El impacto del entorno cultural en la formación de la identidad

Uno de los aspectos más preocupantes de este fenómeno es su influencia sobre los adolescentes. Según reportaba la revista TIME en su edición del 10 de octubre de 2005, los jóvenes con atracciones homosexuales encuentran hoy una presencia masiva de referentes en la ficción y en la cultura popular —programas de televisión, novelas juveniles publicadas por editoriales de gran alcance e, inevitablemente, en internet— que no solo normalizan esas atracciones, sino que en muchos casos les enseñan activamente cómo actuar conforme a ellas.

Esto resulta especialmente grave porque la adolescencia es el período en que la persona está definiendo quién es, qué cree y qué va a perseguir en la vida. Ante un bombardeo cultural tan intenso, es fácil que un joven en proceso de formación llegue a concluir que nació homosexual, sin haber tenido la oportunidad de entender con claridad su propia historia ni las influencias que han moldeado sus emociones y deseos.

Las causas: dimensión psicológica, biológica y espiritual

Desde la observación clínica y pastoral se ha identificado que el niño obtiene su sentido de aprobación e identidad, en gran medida, de la figura paterna. Cuando esa figura está ausente, es distante o es dañina, algunos niños buscan en otro lugar lo que no encontraron en casa. En el caso de los varones, esto puede traducirse en una búsqueda de afirmación masculina que, en ciertos contextos, deriva en patrones homosexuales. En el caso de las niñas, una relación deteriorada con la figura paterna puede llevar, en algunos casos, a desconfiar de los hombres y a buscar compañía, afecto e intimidad en personas de su mismo sexo.

Frente a quienes argumentan que podría existir una predisposición genética a la homosexualidad, conviene hacer una comparación útil: la diabetes tipo II y la obesidad tienen componentes genéticos reconocidos, pero eso no nos lleva a decirle al paciente predispuesto que coma sin restricciones y viva sin cuidado. Al contrario, reconocemos la anormalidad que representa esa condición para la salud del individuo y actuamos en consecuencia con dietas, hábitos saludables y educación preventiva. Del mismo modo, si en algún momento se descubriera una predisposición genética a la homosexualidad —lo cual hasta ahora no ha ocurrido—, lo correcto sería reconocer que se trata de algo que va contra el diseño biológico evidente: el hombre está definido genéticamente por los cromosomas XY, la mujer por los XX, y la anatomía de ambos da testimonio de una complementariedad que no deja lugar a ambigüedad.

Sin embargo, más allá de las consideraciones biológicas y psicológicas, la Palabra de Dios nos ofrece la explicación más profunda y determinante. Romanos 1:22–28 describe la homosexualidad como consecuencia del rechazo humano al Creador:

«Profesando ser sabios, se volvieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por consiguiente, Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos; porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, que es bendito por los siglos. Amén. Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza; y de la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío. Y así como ellos no tuvieron a bien reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para que hicieran las cosas que no convienen.» (Rom. 1:22–28)

Para ellos también, solo el evangelio los puede sacar de su condición.

El evangelio: la única respuesta verdaderamente transformadora

Esta explicación bíblica no nos lleva al desprecio ni a la indiferencia, sino exactamente a lo contrario: nos mueve a la oración y a la compasión. Si la homosexualidad tiene una raíz espiritual —como lo afirma la Escritura—, entonces la respuesta no puede ser meramente psicológica, política o cultural. Solo el evangelio de Jesucristo tiene el poder de transformar el corazón humano en su raíz más profunda. Esto no excluye el valor de la ayuda terapéutica ni el acompañamiento pastoral sabio, pero sí nos recuerda que sin la obra del Espíritu Santo, ningún esfuerzo humano llega hasta donde el problema realmente reside. Los creyentes estamos llamados a proclamar esa verdad con claridad y a vivirla con amor genuino hacia quienes, como todos nosotros antes de la gracia, necesitan ser rescatados por Cristo.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

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