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La importancia del estudio de la Biblia
La importancia del estudio de la Biblia

Foto de Rod Long en Unsplash

Vida devocional

La importancia del estudio de la Biblia

Miguel Núñez 13 septiembre, 2022

El creyente que descuida la Biblia no solo se priva de conocimiento —se priva de crecimiento, discernimiento y comunión real con Dios. Hay mucho que podría decirse sobre la importancia del estudio de las Escrituras, pero es la Palabra misma la que nos da las razones más poderosas para anhelarla y consumirla con constancia.

Son tres las razones fundamentales que la propia Biblia ofrece. Primero, es indispensable para el crecimiento espiritual. Pedro lo expresa con una imagen directa: «deseen como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcan para salvación» (1 P. 2:2). La idea no es que la Biblia se lea únicamente para ser salvos —aunque contiene el mensaje de salvación—, sino que es el alimento necesario para crecer en esa salvación. Pedro no nos exhorta simplemente a leerla, sino a desearla con pasión, porque ese deseo nos llevará a ella con frecuencia y, con esa misma frecuencia, seremos alimentados.

La Palabra: alimento, equipamiento y discernimiento

La segunda razón es que la Biblia es necesaria para estar bien equipados para el servicio. Muchos creyentes desean enseñar las verdades del evangelio —en la iglesia, en sus hogares, en sus comunidades—, pero para hacerlo fielmente es preciso conocer, entender y aplicar la Palabra. Pablo lo afirma con claridad en su carta a Timoteo: «Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra» (2 Ti. 3:16-17). Es el Espíritu Santo quien equipa al creyente para esa obra, y lo hace siempre a través de la Palabra inspirada.

La tercera razón es que el estudio de la Biblia es esencial para la madurez espiritual y emocional. El autor de Hebreos reprende a un grupo de creyentes precisamente por su falta de profundidad en la Escritura: «todo el que toma solo leche, no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal» (He. 5:13-14). En este texto, tanto la leche como el alimento sólido aluden a la Palabra de Dios en distintos niveles de profundidad. El creyente que la consume de manera regular y profunda madura, y aprende a discernir correctamente. La mayoría de las malas decisiones que tomamos obedecen a una falta de discernimiento, y ese discernimiento lo concede el Espíritu Santo siempre en conexión con la Palabra que ya hemos consumido. Quien desee ser guiado por el Espíritu debe comenzar por consumir más de la Escritura.

Hermenéutica y exégesis: herramientas para leer bien

Ahora bien, no basta con leer la Biblia con frecuencia; es necesario interpretarla correctamente. Incluso en tiempos de Cristo hubo necesidad de aclarar el sentido de las Escrituras. En el camino a Emaús, el Señor resucitado «comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a Él en todas las Escrituras» (Lc. 24:27). En otras palabras, ese día Cristo practicó hermenéutica con sus discípulos, quienes conocían los textos pero no los habían comprendido en su totalidad.

La hermenéutica es la ciencia que establece los principios, normas y reglas para interpretar textos. La palabra proviene del griego hermeuo, que significa explicar, traducir e interpretar. Junto a ella, la exégesis es el ejercicio concreto de aplicar esas reglas para extraer el significado original de un texto: lo que Dios quiso decir en su momento, tal como lo oyeron sus receptores originales.

La distinción entre exégesis y su opuesto —la eiségesis— es crucial. Mientras la exégesis extrae el significado original del texto, la eiségesis manipula el texto para que diga lo que nos conviene. Un ejemplo claro es el uso que hacen los predicadores del evangelio de la prosperidad de la parábola del sembrador (Lc. 8:4-15) y de pasajes como Gálatas 6:7, para enseñar que ofrendar dinero garantiza bendiciones económicas. Eso no es lo que esos textos dicen. Cristo mismo interpretó la parábola del sembrador, y esa interpretación normativa no puede ser reemplazada por ninguna otra.

El estudio de la Biblia sin una correcta comprensión y aplicación del texto bíblico no produce una verdadera transformación en nuestra vida.

El propósito final: conocer a Dios para amarlo y obedecerlo

La Biblia fue escrita en idiomas que no son el nuestro, en un tiempo pasado y en culturas distintas a la nuestra. Por eso, el trabajo del intérprete es acercar la audiencia a la Palabra y la Palabra a la audiencia —una tarea que exige seriedad y humildad. Pablo era consciente de ello cuando escribió: «Pues no somos como muchos, que comercian con la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios y delante de Dios hablamos en Cristo» (2 Co. 2:17), y cuando nos exhortó a «manejar con precisión la palabra de verdad» (2 Ti. 2:15). La Palabra es la mente de Dios revelada y, como tal, merece ser tratada con respeto.

El propósito último del estudio bíblico no es acumular conocimiento intelectual —la Palabra misma advierte que «el conocimiento envanece» (1 Co. 8:1)—, sino ganar sabiduría para aplicar las verdades eternas de la Escritura a las circunstancias concretas de la vida. Y más profundamente aún, el propósito es conocer mejor a Dios para amarlo y obedecerlo. Deuteronomio 11:1 lo expresa así: «Amarás, pues, al Señor tu Dios, y guardarás siempre Sus mandatos, Sus estatutos, Sus ordenanzas y Sus mandamientos». El Señor Jesús lo resumió de manera aún más directa: «Si ustedes me aman, guardarán Mis mandamientos» (Jn. 14:15). No podemos obedecer a Dios sin amarlo, y no podemos amarlo sin conocer Su Palabra, porque la Biblia es la revelación de quién Él es. Cuanto más la estudiamos, más lo conocemos; cuanto más lo conocemos, más lo amamos; y cuanto más lo amamos, más lo obedecemos. Esta es razón suficiente para anhelar Su Palabra y consumirla cada día.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

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