Integridad y Sabiduria
Iniciando el nuevo año con gratitud
Iniciando el nuevo año con gratitud

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Vida devocional

Iniciando el nuevo año con gratitud

Mayra Beltrán 11 enero, 2022

Cada nuevo año llega cargado de expectativas renovadas. Para muchos, es una oportunidad de empezar de cero; para otros, sin embargo, puede estar teñido de tristeza, ansiedad o incluso depresión. La pena y el desaliento ensombrecen con facilidad el gozo, y tendemos a señalar rápidamente lo que no funcionó o no está funcionando en nuestras vidas. Lo que sí salió bien, en cambio, suele pasar inadvertido porque, sencillamente, lo damos por sentado.

En ese contexto, vale la pena detenerse y preguntarse: ¿qué sería diferente si comenzáramos el año no con una lista de metas, sino con una lista de bendiciones?

El significado y el peso bíblico de la gratitud

La palabra gratitud proviene de la raíz latina gratus, que significa «agradable; bien recibido; beneplácito». De esa misma raíz provienen palabras como gratis, gratificación y gratuidad. En su esencia, la gratitud describe lo que ocurre cuando una persona experimenta aprecio y reconocimiento genuino hacia quien le ha prestado ayuda. No se trata necesariamente de «pagar» ese favor con otro equivalente, sino de mostrar afecto, reconocimiento y conservar en la memoria ese acto de generosidad.

Para Dios, la gratitud importa profundamente. La palabra «gracias» aparece en distintas formas numerosas veces a lo largo de las Escrituras. Solo en el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo escribe al menos cuarenta y seis veces acerca de dar gracias. No es casualidad: el apóstol sabía por experiencia propia que la gratitud no depende de las circunstancias externas, sino de una convicción interna acerca de quién es Dios y de lo que Él ha hecho.

El mandato es claro: «Den gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús» (1 Ts. 5:18). Ese «en todo» es precisamente el desafío. Cuando vemos nuestras bendiciones, agradecer es natural y casi instintivo. Pero cuando la situación es difícil, cuando la pérdida es real y el dolor es profundo, dar gracias parece contraintuitivo, incluso imposible. Y sin embargo, Pablo afirma que esa es la voluntad de Dios para nosotros. Ser agradecidos en toda situación nos ayuda a desarrollar nuestra confianza en Él y nos forma en humildad. Aprender a valorar tanto lo bueno como lo difícil nos permite ver con mayor claridad la mano de Dios obrando en todas las estaciones de la vida.

Gratitud en medio de tiempos sin precedentes

Desde marzo de 2020, el mundo entró en una era de incertidumbre que pocos habrían imaginado. El coronavirus lo trastocó todo: relaciones personales, hábitos, costumbres, el mundo laboral, la economía. Todo. Para muchos, esos años fueron los más dolorosos de su vida: perdieron familiares, amigos entrañables, el trabajo que sostenía a sus familias. No alcanzan las palabras —ni las lágrimas— para describir lo que tantos atravesaron.

Y, sin embargo, también fueron años para reinventarse, para hacer una pausa y reflexionar sobre lo verdaderamente valioso de la vida —algo que tiene poco que ver con lo material—, y para encontrar la fuerza de seguir adelante, pese a todo.

Comenzar un nuevo año después de semejante trayecto exige algo más que buenas resoluciones. Exige una reorientación del corazón. Como escribió C. S. Lewis: «Nunca eres demasiado viejo para establecer una nueva meta o para soñar un nuevo sueño.» Pero antes de mirar hacia adelante, es sabio mirar hacia atrás con ojos agradecidos.

Mi resolución es enfocarme en lo necesario y trabajar junto a otros para hacer posible que todos a mi alrededor puedan vivir, y vivir bien.

La práctica concreta de contar las bendiciones de Dios

En lugar de comenzar el año con una lista interminable de metas, hay algo profundamente transformador en tomar tiempo para escribir —con detalle, una por una— todo aquello por lo que somos agradecidos: en el área espiritual, en las relaciones, en el trabajo, en la salud, en lo cotidiano. Las investigaciones coinciden con lo que la sabiduría práctica ya sabía: quienes escriben sus metas y sus gratitudes son más propensos a alcanzarlas y a cultivarlas.

Pero sobre todo, la gratitud cristiana tiene un centro inamovible: el regalo más grande de Dios no es ninguna circunstancia favorable, sino Él mismo y Su Hijo. En la muerte sacrificial de Jesucristo por cada uno de nosotros, y en su vida resucitada —por la cual vive para siempre como nuestro gozo eterno—, encontramos el fundamento de toda acción de gracias genuina. «Este es el día que el Señor ha hecho; regocijémonos y alegrémonos en él» (Sal. 118:24).

Que en este nuevo año, y por siempre, podamos mantenernos enfocados en Aquel que nos guiará en cada nuevo trayecto: Jesucristo. Contemos nuestras bendiciones, escribámoslas una por una, y practiquemos el arte de la gratitud imaginando la vida no como una deuda, sino como una oportunidad extraordinaria recibida de manos de un Dios fiel.

Mayra Beltrán

Mayra Beltrán

Mayra Beltrán está comprometida a honrar el diseño de Dios para la mujer. Esposa de Federico Ortiz, madre de dos y abuela de tres. Graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Diaconisa y miembro de la IBI, donde sirve como consejera y coordinadora del Ministerio de Mujeres Ezer.

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