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¿Cómo luce una iglesia bíblica?
¿Cómo luce una iglesia bíblica?

Foto de Israel Torres en Pexels

Iglesia y ministerio

¿Cómo luce una iglesia bíblica?

Miguel Núñez 12 enero, 2016

Hoy se debate con más frecuencia que nunca qué es exactamente una iglesia. Lo que en generaciones anteriores parecía sobreentendido exige hoy una definición clara, pues la iglesia ha adoptado formas tan diversas que muchas de ellas difícilmente llenan los requisitos bíblicos, aunque lleven ese nombre.

El punto de partida es el propio término. La palabra iglesia proviene del griego ekklesia: ek («fuera») y klesia (de kaleo, «llamar»). Se trata, entonces, de un grupo de personas llamadas por Dios fuera de la condición en que se hallaban en el mundo y separadas para formar parte de una nueva familia: la familia de Dios. Esto ocurre cuando esas personas depositan su fe en Jesucristo como Señor y Salvador, como fruto de la gracia que Dios les ha otorgado, y el resultado es la regeneración de su espíritu, que las convierte en nuevas criaturas. Lo que define a una iglesia, por tanto, no son sus paredes, sino el estado espiritual de quienes la componen.

Los tres pilares de una iglesia bíblica

La primera característica de una iglesia bíblica es que predica fielmente la Palabra de Dios. Jesús mismo afirmó que sus palabras no eran suyas, sino del Padre que lo envió (Jn. 12:49; 14:10), y Pablo declara que la iglesia es «columna y sostén de la verdad» (1 Ti. 3:15). Cuando las Escrituras ocupan un segundo lugar, o cuando las interpretaciones humanas, los sueños y las visiones del predicador se convierten en la fuente de autoridad para las creencias y prácticas de la congregación, no es posible hablar de una iglesia bíblica.

La segunda característica es que esa iglesia tiene a Cristo como centro, como la piedra angular sobre la cual se edifica todo (Ef. 2:20). No es casualidad que Jesús dijera: «tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia» (Mt. 16:18), señalando su propia persona como fundamento. Una iglesia que predica fielmente la Palabra inevitablemente colocará a Cristo en el centro de todo lo que hace y enseña.

La tercera característica es que esa iglesia sostenida por Cristo y arraigada en la verdad mantiene un alto concepto de la santidad de Dios. Esto se expresa en el cuidado con que honra el nombre divino y en la disposición de su liderazgo para aplicar el proceso de disciplina descrito en Mateo 18:15-20 cuando el pecado no resuelto de un miembro compromete la salud espiritual de la congregación o la imagen pública de Dios. Esta no es una iglesia rígida ni sin misericordia; es una iglesia que conoce el equilibrio entre la gracia y la verdad, y que se toma en serio tanto la santidad de Dios como la pecaminosidad del ser humano.

Las expresiones naturales de esos pilares

Cuando estos tres pilares están bien asentados, otras características surgen de manera orgánica. La adoración, por ejemplo, será reverente porque se ofrece a un Dios que se ha autodefinido como tres veces santo (Sal. 29:2). Esa reverencia puede expresarse tanto en estilos musicales tradicionales como contemporáneos; lo que importa no es la forma, sino la actitud del corazón ante quien es adorado.

De igual modo, la comunión fraterna —la koinonía— será una realidad viva en esa congregación (Hch. 2:42-47), no como programa institucional, sino como consecuencia natural del amor a Dios que desborda en amor al hermano (1 Jn. 4:20). Una iglesia que ama a Dios no puede dejar de amar a quienes Él ha redimido.

Esa misma iglesia querrá recordar con regularidad lo que Cristo hizo en la cruz, por lo que celebrará la Mesa del Señor de forma periódica y con la reverencia que merece (1 Co. 11:23-30). La frecuencia puede variar según cada congregación, pero lo que no puede variar es el cuidado con que se preserva la santidad de lo que esta mesa representa.

Finalmente, el cuidado pastoral es indispensable en una iglesia bíblica (Jn. 21:15-17). La iglesia no está formada por paredes, programas ni actividades, sino por personas redimidas a precio de sangre. Si Cristo pagó con su propia vida por cada una de ellas, los pastores terrenales tienen la responsabilidad de cuidar con diligencia lo que Cristo compró.

Lo que define una iglesia no son sus paredes, sino el estado espiritual de las personas que las componen.

Una iglesia bíblica honra lo que Dios honra

Es posible reunir regularmente a un grupo de personas, colocar a alguien en el papel de pastor y llamar iglesia a esa asamblea. Sin embargo, a la luz de la Palabra, una iglesia es mucho más que formalismo, reuniones o actividades. Una iglesia bíblica honra lo que Dios honra y, como consecuencia, sus miembros exhiben el carácter de Cristo. Ese es el estándar que las Escrituras presentan, y ese es el estándar al que toda congregación que lleve el nombre de Cristo debería aspirar.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

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