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El matrimonio homosexual
El matrimonio homosexual

Foto de Elizabeth Tamara en Pexels

Sexualidad y género

El matrimonio homosexual

Miguel Núñez 31 agosto, 2015

La homosexualidad, como hemos señalado en artículos anteriores, es un comportamiento que conlleva responsabilidad moral ante Dios, influido por factores familiares y culturales, y no una condición inmutable o un designio divino. Sin embargo, en el debate público contemporáneo, esta distinción se ignora con frecuencia. Las parejas homosexuales exigen reconocimiento legal equivalente al matrimonio y el derecho a adoptar hijos, bajo el argumento de que sus uniones son igualmente estables y saludables. Los datos, no obstante, cuentan una historia diferente.

Antes de retirar cualquier valla protectora de la sociedad —y la institución del matrimonio lo es—, conviene preguntarse por qué fue colocada allí en primer lugar. Esta es la pregunta que guía el análisis siguiente.

Inestabilidad y fidelidad: lo que revelan los estudios

El primer indicador de diferencia es la duración de las relaciones. El censo en línea de consumidores gays y lesbianas, que examinó entre 2003 y 2004 los estilos de vida de 7.862 homosexuales, encontró que, de quienes estaban en una relación comprometida, solo el 15% reportaba una relación de más de doce años. En contraste, el Centro Nacional para las Estadísticas de la Salud de Estados Unidos reportó que en 2001, el 66% de los matrimonios heterosexuales superaban los diez años, y el 50% superaba los veinte. La brecha es considerable.

El segundo indicador es la fidelidad dentro de la pareja. Un estudio publicado en la revista AIDS encontró que hombres homosexuales con un compañero estable tenían en promedio ocho parejas sexuales por año. La revista Genre reportó que el 24% de sus encuestados había tenido más de cien parejas sexuales en su vida. El Journal of Sex Research, basándose en el perfil de más de dos mil homosexuales adultos, reveló que la mayoría reportaba entre 101 y 500 parejas a lo largo de su vida, y que entre el 10% y el 15% había tenido más de mil. Un estudio canadiense sobre hombres homosexuales en relaciones de compromiso de más de un año encontró que solo el 25% había permanecido monógamo. El autor del estudio, Barry Adam, observó que «la cultura gay le permite a los hombres explorar formas diferentes de relaciones más allá de la monogamia».

Algunos argumentan que la falta de legislación que regule estas uniones contribuye a su inestabilidad. Sin embargo, en los estados y países donde el matrimonio homosexual ha sido legalizado, los datos no sustentan esa hipótesis. En Vermont, solo el 21% de las parejas homosexuales que conviven juntas ha optado por casarse legalmente. En Holanda y Suecia, ese porcentaje desciende a 2,1% y 2,8%, respectivamente. Para contextualizar: en Estados Unidos, el porcentaje de parejas heterosexuales casadas oficialmente supera el 50%.

Estructura familiar y violencia doméstica

El tercer punto de comparación es el modelo familiar. La comunidad homosexual sostiene que un hogar de pareja gay o lesbiana es un entorno tan propicio como cualquier otro para la crianza de niños. Sin embargo, los propios datos demográficos dentro de esa comunidad muestran algo distinto. Según el Reporte Especial del Censo de 2000, el 29% de la población homosexual estimada convive en pareja, pero solo el 8% lo hace en un hogar con niños. Esta baja proporción sugiere que, dentro de la propia comunidad homosexual, hay escasa disposición hacia el tipo de estabilidad y compromiso que la crianza de un hijo exige.

El cuarto y más sobrecogedor punto de comparación es el nivel de violencia doméstica. Las cifras son las siguientes: el porcentaje de violencia física entre parejas lesbianas es de 11,4%, y entre hombres homosexuales, de 15,4%. En hogares de matrimonios heterosexuales, ese porcentaje es de 0,31%. El Manual del Desarrollo e Intervención Familiar reportó que, en una muestra de parejas lesbianas, el 54% había sido víctima de diez o más incidentes violentos, el 74% de seis o más, el 60% reportaba un patrón de abuso sostenido y el 71% señalaba que dicho patrón empeoraba con el tiempo. Island y Letellier, en su libro Hombres que golpean a los hombres que aman, concluyen que «la incidencia de la violencia doméstica entre hombres gay es casi el doble que entre la población heterosexual».

Antes de nosotros quitar una valla protectora de la sociedad, tenemos que preguntarnos por qué había sido colocada allí en el primer lugar.

Una institución que protege a la sociedad

Si el reconocimiento del matrimonio homosexual fuera únicamente un asunto de papeles y firma legal, quizás el debate público sería menos urgente. Pero cuando se consideran las implicaciones emocionales, psicológicas, sociales y de salud que conlleva normalizar estas uniones —especialmente en el contexto de la crianza de niños—, se trata de algo que afecta a toda la sociedad. El matrimonio heterosexual no es una convención arbitraria: es una institución cuya definición ha servido como valla protectora durante siglos, no porque la sociedad fuera hostil, sino porque respondía a una realidad antropológica y moral que los datos siguen confirmando.

Como señaló la periodista española Cristina López Schlichting: «El matrimonio es la suma de dos principios: heterosexualidad de los cónyuges y unión de dos personas. Si se prescinde del primero, ¿por qué no se puede prescindir del segundo y dar paso a la poligamia, que es una forma de barbarie?». La pregunta no es retórica. Es la lógica inevitable de remover, una por una, las vallas que sostienen el orden familiar y social.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

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