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La mujer sabia construye, no destruye
La mujer sabia construye, no destruye

Foto de Los Muertos Crew en Pexels

Mujer e identidad

La mujer sabia construye, no destruye

Cristina Incháustegui 3 septiembre, 2024

«Mami, tú sabes que esta familia se mueve dependiendo de cómo tú estés. Si estás contenta, todos estamos contentos; si estás agitada, todos nos agitamos». Estas palabras, dichas por los hijos de Cristina en distintas ocasiones a lo largo de los años, resumen con asombrosa precisión una verdad que las Escrituras no dejan pasar por alto.

Si somos sinceros con nosotros mismos, llegaremos a la conclusión de que la mujer establece, en gran medida, el tono, el ritmo y la armonía del hogar. Con sus palabras, sus actitudes y sus acciones, edifica o destruye. Puede que no todos estemos de acuerdo con eso de entrada, pero las Escrituras hablan con claridad al respecto: «La mujer sabia edifica su casa, pero la necia con sus manos la derriba» (Prov. 14:1).

Lo que dice Proverbios sobre edificar y derribar

El libro de Proverbios es un libro sapiencial, es decir, un libro de sabiduría práctica para todas las áreas de la vida. Y al meditar en este versículo en particular, llama la atención un detalle que no debe pasarse por alto: es la mujer quien edifica o derriba su casa, no el hombre, no los hijos. Sobre ella recae una influencia singular sobre el hogar que la rodea.

Para comprender mejor el peso de esta verdad, es necesario entender qué distingue a la mujer sabia de la necia. La mujer sabia se conduce apropiadamente; tiene la capacidad de discernir entre lo verdadero y lo falso, entre lo que es apropiado y lo que no lo es. Es discreta y juiciosa en el uso y la aplicación del conocimiento, y escoge fines loables con los mejores medios para alcanzarlos. Es habilidosa, diestra y piadosa. Usa sus palabras con cuidado, piensa antes de responder, dar su opinión o emitir un juicio, y muestra un espíritu afable y apacible aun en medio de circunstancias incómodas y difíciles. Su presencia en el hogar trae paz incluso en los momentos de mayor conflicto.

La mujer necia, en cambio, carece de entendimiento y juicio sólido; tiene escaso conocimiento y es imprudente e indiscreta. Le falta la capacidad de discernir entre el bien y el mal, desecha el consejo y la instrucción, y se apoya únicamente en su propia prudencia. No usa sus habilidades para el bien de los demás. Es rencillosa, chismosa y entrometida. Responde sin pensar y produce conflictos en lugar de traer paz.

No es difícil, entonces, comprender por qué la mujer sabia edifica y la necia derriba.

El camino hacia la sabiduría que transforma

Al leer estas descripciones, surge una pregunta inevitable: ¿con cuál de ellas nos identificamos? Quizás con partes de ambas, o quizás la balanza se inclina más hacia un lado que hacia el otro. Pero cualquiera que sea el caso, en Cristo y en Su Palabra tenemos los medios para ser transformados y convertirnos en personas que traigan bien y edifiquen dondequiera que Dios los haya colocado en Su soberana providencia.

El punto de partida es el temor del Señor. El mismo libro de Proverbios lo afirma sin rodeos: «El temor del Señor es el principio de la sabiduría; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción» (Prov. 1:7). No hay sabiduría genuina sin una reverencia profunda hacia Dios. Y esa sabiduría no se adquiere de manera pasiva: requiere tomar tiempo —deliberadamente, intencionalmente— para leer, estudiar y reflexionar en la Palabra. Cuando nos sometemos a ella en obediencia, poco a poco nuestro interior va siendo transformado, y nuestras palabras y conducta exterior mostrarán cada vez más sabiduría. No es posible lograrlo con fuerzas propias; es necesario caminar en dependencia de Él.

Su presencia en el hogar trae paz aun en momentos de conflictos.

Para quienes han reconocido que les falta sabiduría, la Palabra ofrece una promesa concreta y generosa: «Y si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada» (Sant. 1:5). Dios no escatima sabiduría con quienes la buscan de corazón.

Edificar, incluso desde los escombros

La influencia de una mujer sobre su hogar es real y profunda. Pero esa influencia no está destinada a ser una carga aplastante, sino una oportunidad redimida por la gracia. Aun cuando se haya derrumbado algo, aun cuando haya escombros, la sabiduría que viene de Dios tiene el poder de reconstruir. La invitación es clara: tomar decisiones que cultiven una vida sabia, una vida que edifique con paciencia y que refleje, en el trato diario con quienes nos rodean, la transformación que solo Cristo puede obrar desde adentro hacia afuera.

Cristina Incháustegui

Cristina Incháustegui

Cristina Incháustegui es psicóloga escolar con un diplomado en Educación Cristiana del Seminario Teológico Presbiteriano de Mérida, México. Es esposa de José Alfonso Poy y madre de dos hijos. Miembro de la IBI desde 2010, sirve en el ministerio de misiones Antioquía y en Ezer. Además, es directora del Programa AMO para América Latina y el Caribe. Ama la enseñanza bíblica y cree firmemente en el poder formativo de la educación.

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