Integridad y Sabiduria
Nombre sobre todo nombre (parte 2)
Nombre sobre todo nombre (parte 2)

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Teología y doctrina

Nombre sobre todo nombre (parte 2)

Patricia Namnún 26 noviembre, 2019

Conocer a Jesús no es solo un ejercicio intelectual; es el fundamento de una fe viva y una confianza creciente. En la primera parte de este estudio sobre los nombres de Jesús vimos por qué estos títulos importan: nos revelan su carácter de maneras que ninguna otra fuente podría hacerlo. En esta segunda parte continuamos ese recorrido, examinando tres nombres que no solo describen a Cristo, sino que hablan directamente a cada momento de nuestra vida diaria. Cuanto más lo conocemos, más lo amamos; y cuanto más lo amamos, más confiamos en Él.

Admirable Consejero: el que nos conoce mejor que nadie

Isaías profetizó en medio de días de oscuridad: «Y se llamará Su nombre: Admirable Consejero...» (Is. 9:6). En ese contexto de sombra e incertidumbre, el profeta anunciaba la venida de Aquel que traería luz y esperanza. Uno de los títulos que describen a ese Mesías prometido es precisamente el de Admirable Consejero, y no es un título menor: en la Biblia, el término admirable se usa únicamente en referencia a Dios, nunca aplicado a un ser humano.

¿Qué hace de Jesús un consejero verdaderamente admirable? Que nos conoce mejor que nadie. Conoce nuestros pensamientos, nuestras motivaciones y nuestros deseos más profundos. Incluso aquello que nosotros mismos no alcanzamos a comprender de nuestro propio corazón, Él lo conoce. Nada le podemos ocultar, porque todo está al descubierto delante de sus ojos. Por eso, Jesús conoce la respuesta correcta, la decisión adecuada y lo que cada vida necesita en cualquier momento y circunstancia. Tiene la palabra oportuna, el toque apropiado y un obrar sin falla alguna. No hay nadie tan paciente como Él, tan lleno de amor ni con una compasión tan incomparable. En los momentos de mayor necesidad, podemos acudir a Él con plena confianza.

Yo Soy: el que completa todo lo que nos falta

Cuando los líderes religiosos cuestionaron a Jesús, Él les respondió con una declaración que los dejó sin palabras: «En verdad les digo, que antes que Abraham naciera, Yo soy» (Jn. 8:58). Esta afirmación no era casual. Siglos antes, cuando Dios encomendó a Moisés la misión de liberar a Israel, Moisés preguntó: «¿Cuál es Su nombre? ¿Qué les responderé?» Y Dios respondió: «YO SOY EL QUE SOY» (Éx. 3:13-14).

Al declarar «Yo soy», Jesús estaba afirmando ser Yahweh, el Gran Yo Soy que se había revelado a Moisés: Aquel que no fue creado pero creó todo lo que existe y lo sostiene; Aquel que no cambia, a quien nada sorprende y que es el mismo ayer, hoy y siempre. El Dios que liberó a su pueblo de la esclavitud de Egipto vino también, en la persona de Jesús, a liberar a la humanidad de la esclavitud del pecado. A través de Cristo, el Gran Yo Soy —que parecía inaccesible— se ha acercado a nosotros.

Y ese nombre tiene implicaciones concretas para nuestra vida:

  • Para el alma sedienta, Él es el agua de vida.
  • Para el corazón cansado, Él trae descanso.
  • Para el hambre espiritual, Él es el pan de vida.
  • Para la esclavitud del pecado, Él es la libertad.

Nuestro Yo Soy completa todo aquello que nos falta. ¡Bendito sea nuestro Yo Soy!

A través de Jesús, Dios, el gran Yo Soy al que no se podía tener acceso, se ha acercado a nosotros.

Amén: la confirmación fiel de todas las promesas de Dios

En el libro de Apocalipsis, Jesús se presenta a la iglesia de Laodicea —la más comprometida espiritualmente de las siete iglesias— con una declaración contundente sobre su identidad: «El Amén, el Testigo fiel y verdadero...» (Ap. 3:14). Amén es la transcripción de una palabra hebrea que significa firme, verdadero o fiel. Al llamarse a sí mismo el Amén, Jesús declara que Él es confiable; es la confirmación de Dios, el «sí» de Dios a todas las promesas divinas (2 Co. 1:20).

Sus palabras son dignas de confianza y sus promesas son verdaderas. Por eso, debemos escuchar y obedecer lo que Él nos dice a través de las Escrituras. En cada circunstancia de la vida, Jesús es el Amén de los planes y las promesas de Dios:

  • Él promete que nunca nos dejará ni nos abandonará.
  • Él promete descanso para nuestras almas cansadas.
  • Él promete que un día volverá y hará nuevas todas las cosas.

No importa en qué momento de la vida te encuentres, Jesús es tu Amén. Él es Aquel que murió para salvarnos y que vive por siempre; Aquel que se ha revelado a través de su Palabra fiel y verdadera, y que un día regresará. En cada nombre que lo describe hay una promesa que puede sostenernos, y en cada promesa hay un Dios que nunca falla.

Patricia Namnún

Patricia Namnún

Patricia Namnún es coordinadora de iniciativas femeninas en Coalición por el Evangelio, desde donde escribe, contacta autoras y gestiona contenidos para mujeres. Diaconisa de la IBI y servidora en los ministerios de matrimonios y mujeres. Graduada del Instituto Integridad & Sabiduría y con certificado del Seminary Wives Institute (SBTS). Casada con Jairo desde 2008, madre de Ezequiel, Isaac y María Ester.

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