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El noviazgo: Tiempo de preparación
El noviazgo: Tiempo de preparación

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Familia y relaciones

El noviazgo: Tiempo de preparación

Héctor Salcedo 19 mayo, 2015

Uno de los temas que más interés despierta entre los jóvenes adultos es, sin duda, el del noviazgo. Convocar una charla sobre el tema es casi garantía de llenar cualquier salón. Sin embargo, detrás de ese entusiasmo hay una realidad preocupante: existe mucha desorientación al respecto. Las preguntas abundan, pero las respuestas sólidas escasean.

El desafío de hablar o escribir sobre noviazgo radica en lo que podríamos llamar el «silencio bíblico» sobre el tema. Son muchos los aspectos de esta relación que la Palabra no aborda de manera específica. Ante esa situación, muchos concluyen que, si la Biblia no habla explícitamente de algo, entonces pueden proceder según lo que les parezca más lógico, conveniente o común. Esa conclusión, sin embargo, es un error. A pesar de la ausencia de pasajes específicos, la Palabra no nos deja sin orientación. Como expresó el salmista: «Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino» (Sal. 119:105).

Un texto inesperado con una enseñanza fundamental

En Apocalipsis 19:7, el apóstol Juan escribe sobre el momento en que Cristo se unirá a su iglesia por la eternidad: «Regocijémonos y alegrémonos y démosle la gloria, porque las bodas del Cordero han llegado y Su esposa se ha preparado.» Es un pasaje que, a primera vista, parecería alejado del tema del noviazgo entre un hombre y una mujer. Y con razón: el evento que Juan describe no es una unión matrimonial típica, sino la unión de la iglesia como cuerpo de Cristo con Cristo mismo como su Esposo.

Sin embargo, fue precisamente el apóstol Pablo quien, en Efesios 5, utilizó esta misma relación —la de Cristo y su iglesia— como el parámetro para describir el matrimonio humano. A partir de esa unión, Pablo expuso cómo debe funcionar la relación entre esposo y esposa. Si Pablo recurrió a ese modelo para hablar del matrimonio, es legítimo y necesario que también lo usemos como lente para entender el noviazgo.

La enseñanza que surge de Apocalipsis 19:7 es relativamente sencilla, pero profundamente significativa: el período previo a las bodas es uno de preparación. La esposa se ha preparado para unirse a su esposo. De eso se trata el noviazgo: de preparación.

Preparativos de boda versus preparación para el matrimonio

La experiencia pastoral revela que muchas parejas de novios cristianos no ven su relación como una de preparación, sino como una de «entretenimiento conjunto». Aunque ninguna pareja se definiría a sí misma de esa manera, basta con observar en qué invierten la mayor parte de su tiempo para notar que la prioridad es «pasarla bien juntos», sin ser intencionales en su formación espiritual ni en conocerse mutuamente en los temas más importantes de la vida.

Con tristeza, también se ven parejas más dedicadas a los preparativos de su boda que a la preparación personal para su matrimonio. Y esas dos cosas son muy distintas. Los preparativos están enfocados en el evento; la preparación, en el carácter. Para nadie es un secreto que el éxito del matrimonio no se encuentra en lo majestuoso de la celebración.

El éxito de la relación matrimonial no se encuentra en lo majestuoso de la celebración, sino en el ser interior que los novios hayan cultivado antes de unirse.

El carácter forjado durante el noviazgo —la honestidad con la que se comunican, la forma en que resuelven los conflictos, el lugar que cada uno le da a Dios en su vida individual— será el verdadero cimiento sobre el que se construirá la vida juntos. Descuidar esa preparación por concentrarse en el evento es confundir el mapa con el territorio.

El noviazgo como oportunidad irrepetible

El objetivo de estas reflexiones ha sido llamar la atención sobre la falta de preparación e intencionalidad que se observa en muchas parejas que, aunque con buenas intenciones, confunden «pasarla bien juntos» con una buena relación antes de casarse. El noviazgo es una oportunidad irrepetible: el tiempo que Dios provee para prepararse para lo que será la relación humana más significativa de la vida, el matrimonio.

Preguntas como qué implica concretamente esa preparación, cuál es su contenido y cuál es el proceso a seguir para llevarla a cabo quedarán para una próxima entrega. Por ahora, que esta primera reflexión baste para motivar a quienes estén en esta etapa a verla con la seriedad y la expectativa que merece: no como un paréntesis de diversión antes de la «vida real», sino como el campo de entrenamiento donde se forja el carácter que el matrimonio va a necesitar.

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas, financieras y el ministerio de jóvenes adultos (M-Aquí), además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.

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