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Las nuevas formas de hacer iglesia
Las nuevas formas de hacer iglesia

Foto de Tima Miroshnichenko en Pexels

Iglesia y ministerio

Las nuevas formas de hacer iglesia

Miguel Núñez 18 enero, 2016

La iglesia de Jesucristo no es una institución estática en sus formas externas, pero sí lo es en su fundamento doctrinal y en sus marcas esenciales. A medida que el evangelio avanza hacia nuevas poblaciones y contextos culturales, surgen inevitablemente preguntas sobre cómo debe organizarse y expresarse la comunidad de creyentes. ¿Qué formas son legítimas? ¿Cuáles representan una desviación del modelo bíblico?

En un artículo anterior abordamos las características que debe poseer una iglesia bíblica. En este nos proponemos examinar tres modelos contemporáneos que han generado debate en los últimos años: la iglesia celular, la iglesia de hogar y la iglesia de pantallas planas. El objetivo es evaluar sus fortalezas y debilidades a la luz del estándar neotestamentario.

La iglesia celular: alcance amplio, riesgos reales

El modelo de iglesia celular es quizás el más conocido de los tres. En él existe una localidad central donde se celebra la reunión dominical, mientras que durante el resto de la semana los miembros se reúnen en pequeños grupos —llamados células— distribuidos a lo largo de la ciudad. Cada célula es dirigida por un líder de grupo, y todas confluyen el domingo bajo la predicación del pastor o pastores principales.

Sus fortalezas son evidentes: permite ministrar a una población geográficamente dispersa durante toda la semana y mantener la unidad doctrinal mediante un mensaje común los domingos. Sin embargo, sus debilidades también son reales. Cuando líderes celulares fuertes desarrollan una dinámica independiente de la iglesia central, el cuerpo de Cristo puede verse fragmentado y debilitado. Esto no sería problemático si la intención original fuera plantar una nueva iglesia a partir de esa célula; el problema surge cuando esos grupos permanecen dentro de la congregación como núcleos críticos e independientes.

Otro riesgo significativo ha sido la tendencia a colocar al frente de las células a personas sin la preparación teológica adecuada, empujadas por la presión de multiplicar grupos rápidamente para alcanzar a más personas. Sin embargo, alcanzar un mayor número de seguidores no tiene valor real si la doctrina que se enseña se aparta del estándar de la verdad. El crecimiento numérico jamás puede ser un sustituto de la sana doctrina.

La iglesia de hogar y las iglesias de pantallas planas

Las iglesias de hogar han sido criticadas por algunos, pero la realidad es que este modelo tiene raíces profundas en la iglesia primitiva. Grupos de creyentes que se reúnen en una casa pueden perfectamente constituir una iglesia legítima, siempre que se preserven los elementos esenciales: la predicación fiel de las Escrituras, la centralidad de Cristo, un alto concepto de la santidad de Dios, la comunión genuina entre hermanos, la adoración, la celebración de la Santa Cena y el liderazgo de alguien verdaderamente llamado por el Señor para ejercer la función de pastor. La forma no determina la validez; la sustancia, sí.

El caso más controvertido es el de las iglesias de pantallas planas, aquellas que operan en múltiples campus transmitiendo la predicación del pastor principal por vía satelital o digital a diversas localidades. La crítica más legítima a este modelo es la ausencia de contacto real entre el pastor y sus ovejas. Una iglesia es mucho más que un sermón y una reunión. El cuidado pastoral implica conocer, acompañar, corregir y servir a las personas de manera cercana. Dios llamó a sus siervos a ser pastores, no conferencistas.

No olvidemos que Dios nos llamó a ser pastores y no conferencistas.

Dicho esto, este modelo podría justificarse de manera transitoria como estrategia para sembrar iglesias en múltiples localidades con relativa rapidez, siempre que la visión sea desarrollar en cada campus un pastor predicador local en el menor tiempo posible. El problema surge cuando el modelo se perpetúa indefinidamente, exaltando una figura central de tal manera que, en cinco, diez o veinte campus distintos, no emerge ningún predicador capaz de asumir de forma consistente la responsabilidad del púlpito.

La forma cambia; los fundamentos, no

En la multiforme gracia de Dios, es posible que Él use diversas estructuras para edificar a su iglesia. Los tres modelos examinados no son los únicos en debate, pero sí los más discutidos en los últimos tiempos. Lo que ninguno de ellos puede negociar son los criterios mínimos que el Nuevo Testamento establece para que una congregación sea verdaderamente una iglesia. La creatividad misional es bienvenida; la flexibilidad doctrinal y pastoral, no. Cuando la innovación sirve a la fidelidad, puede ser una herramienta poderosa. Cuando la reemplaza, se convierte en una amenaza para el cuerpo de Cristo.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

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