Integridad y Sabiduria
¿Para qué oramos?
¿Para qué oramos?

Foto de Malachi Cowie en Unsplash

Vida devocional

¿Para qué oramos?

Miguel Núñez 6 julio, 2018

Con frecuencia, y quizás de manera inconsciente, se nos ha enseñado que la oración es, en esencia, un ejercicio para obtener beneficios. Cuando tenemos una necesidad, vamos a Dios y esperamos que Él la satisfaga. Sin embargo, en ningún lugar de la Biblia se afirma que ese sea el propósito principal de la oración. El propósito número uno de la oración es intimar con Dios para que Él nos permita ver lo que realmente necesitamos.

Esta confusión tiene consecuencias prácticas: cuando Dios no responde como esperamos, nos frustramos, dudamos o dejamos de orar. Pero el problema no está en Dios ni en la oración; está en la comprensión equivocada que tenemos de ella.

Cuando oramos con motivos equivocados

Santiago lo dice con claridad desconcertante: «¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No vienen de sus pasiones que combaten en sus miembros? Codician y no tienen, por eso cometen homicidio. Son envidiosos y no pueden obtener, por eso combaten y hacen guerra. No tienen, porque no piden. Piden y no reciben, porque piden con malos propósitos, para gastarlo en sus placeres» (Stg. 4:1-3). Nuestras peticiones son, con frecuencia, egocéntricas y hasta pecaminosas. Le pedimos a Dios que nos dé lo que no necesitamos, sin percatarnos de que esas mismas cosas podrían hacernos daño.

La oración no fue concebida como un canal para que Dios sirva nuestros deseos, sino como el medio por el cual entramos en los propósitos de Dios. Cuando los discípulos le pidieron a Cristo que les enseñara a orar, Él les dio como modelo lo que hoy conocemos como el Padrenuestro: «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Venga Tu reino. Hágase Tu voluntad, así en la tierra como en el cielo» (Mt. 6:9-10). Cristo les enseñó que, a la hora de orar, lo que se debe buscar es la voluntad de Dios, no el cumplimiento de las propias voluntades.

El modelo supremo: Jesús en Getsemaní

Nadie ilustra esto con mayor profundidad que el propio Jesús. En el jardín de Getsemaní —la segunda Persona de la Trinidad conversando con la primera—, Él pone en práctica lo que enseñó: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como Tú quieres» (Mt. 26:39). Jesús no deseaba la cruz, y lo expresó con absoluta honestidad ante el Padre. Sin embargo, subordinó su voluntad a la del Señor. No oró para cambiar el plan de Dios, sino para alinearse con él, incluso cuando ese plan implicaba sufrimiento.

Este modelo transforma radicalmente la manera en que entendemos la oración. Si la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta —como afirma Pablo en Romanos 12:2—, ¿por qué habríamos de pedirle que la cambie? La pregunta no es retórica; es una invitación a reorientar toda nuestra vida de oración.

La oración fue concebida por Dios para entrar en los propósitos de Dios.

Buscar primero el reino y su justicia

En el Sermón del Monte, Jesús expande esta enseñanza con una promesa concreta: «Busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. Por tanto, no se preocupen por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástele a cada día sus propios problemas» (Mt. 6:33-34). El patrón habitual es el inverso: vivimos persiguiendo las cosas de la tierra y esperamos que Dios agregue el reino de los cielos. Pero Dios invierte el orden: busca primero Su reino, y lo demás vendrá como añadidura.

Esto debería cambiar de manera radical la profundidad y la orientación de nuestra oración. No se trata de presentar una lista de peticiones personales y esperar que Dios las apruebe, sino de acercarnos a Él con un corazón dispuesto a ser moldeado, corregido y dirigido según Sus propósitos.

La oración como puerta a los propósitos de Dios

Comprender esto nos libera de la frustración que surge cuando Dios responde con un «no» o con un «todavía no». Dios es soberano, sabio y conoce perfectamente nuestras necesidades, incluso mejor que nosotros mismos. Es a través de la oración que Dios nos ayuda a entrar en Sus propósitos, llevándonos a entender lo que Él busca con las situaciones que permite en nuestras vidas.

La oración auténtica no es el intento de mover la mano de Dios hacia nuestros deseos; es el proceso por el cual Dios mueve nuestro corazón hacia los suyos. Cuando esto se convierte en la convicción que gobierna nuestra vida de oración, dejamos de orar con ansiedad y comenzamos a orar con confianza, sabiendo que quien escucha es también quien mejor sabe responder.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

Sidebar Banner

UNETE A NOSOTROS

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elitLorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit

Banner