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¿Cómo podemos ayudar a un homosexual?
¿Cómo podemos ayudar a un homosexual?

Foto de Masjid MABA en Unsplash

Sexualidad y género

¿Cómo podemos ayudar a un homosexual?

Miguel Núñez 7 septiembre, 2015

Este es el cuarto artículo de una serie sobre el tema de la homosexualidad. En esta entrega abordamos una pregunta concreta: ¿cómo puede un creyente —o una iglesia— ayudar a alguien que vive una vida homosexual y que desea salir de ella? Abandonar cualquier patrón de pecado profundamente arraigado conlleva grandes transformaciones. En el caso de la homosexualidad, implica, sobre todo, renovar la forma de pensar, de ver y de reaccionar ante la vida conforme a lo que Dios ha revelado en su Palabra.

Para que ese acompañamiento sea genuinamente útil, hay dos obstáculos fundamentales que deben superarse desde el principio. El primero es ayudar a la persona a entender que su modo de vida funciona de forma contraria al diseño de Dios: una mirada al propio cuerpo basta para ver cómo fue creado para funcionar dentro del mundo heterosexual. El segundo obstáculo —quizás más urgente— es hacerle saber que no está desahuciado. Hay esperanza real.

La esperanza que el evangelio ofrece

El apóstol Pablo, al escribir a la iglesia de Corinto, incluye a los homosexuales entre quienes no heredarán el reino de Dios, pero luego añade una frase que lo cambia todo: «Y esto erais algunos de vosotros; pero fuisteis lavados, pero fuisteis santificados, pero fuisteis justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios» (1 Co. 6:9-11). En esa ciudad cosmopolita y moralmente desordenada, algunos habían salido del estilo de vida homosexual después de encontrarse con Cristo. El evangelio tiene poder para transformar vidas.

Quien practica la homosexualidad —tanto el que lo hace en silencio como el que lo proclama abiertamente— suele estar atrapado en prisiones invisibles: ira, culpa, depresión, traumas no resueltos y pasiones descontroladas. Aunque muchos lo niegan con palabras, diciendo «no me importa», en su interior la realidad es otra. Estas tensiones emergen inevitablemente en la conversación: las ansiedades, los temores, el sentido de culpa, la tristeza profunda. La rebelión externa es, con frecuencia, una defensa frente al dolor interno.

Escuchar antes de hablar

Uno de los aportes más valiosos que podemos ofrecer es simplemente escuchar, y hacerlo por un buen tiempo. Escuchar sin juzgar, pero también sin aprobar el estilo de vida. Este equilibrio requiere una sensibilidad especial: el genuino deseo de ayudar a la otra persona para su propio bien, y no el impulso de «reparar» a alguien, tarea que solo Dios puede realizar.

Aquí es donde la humildad resulta indispensable. Si recordamos que de no ser por la gracia de Dios cualquiera de nosotros podría estar en la misma condición de pecado, y que tenemos más en común con el homosexual que con la santidad absoluta de Dios, la compasión reemplaza al desprecio. Dios nos amó siendo nosotros pecadores; esa misma lógica nos impulsa a extender la mano hacia quienes necesitan esa misma sanación en Cristo.

Contrariamente a lo que suele suponerse, muchos que viven en homosexualidad están dispuestos a escuchar acerca de Dios y su verdad. Algunos se alejarán, pero otros no, en especial aquellos que ya desean cambiar. En términos generales, quienes acuden a consejería se dividen en dos grupos: los que quieren descubrir qué anda mal y están dispuestos a cambiar, y los que buscan ser afirmados en sus patrones de conducta. Estos últimos, independientemente de su orientación sexual, tienden a no cambiar.

De no ser por la gracia de Dios, cualquiera de nosotros pudiera estar en la misma condición de pecado. Cuando llegamos a entender que tenemos más en común con el homosexual que con la divinidad y santidad absoluta de Dios, no es posible negarnos a tratar de alcanzar a alguien que puede tener sanación en Cristo.

Entender el origen del dolor

La vida homosexual es profundamente difícil, no solo porque va contra el diseño de Dios, sino porque quienes la viven cargan, en su gran mayoría, con heridas emocionales que los dejan sin recursos para afrontar la vida. Ante ese vacío, la búsqueda de placer se convierte en una forma de adormecer la conciencia. Por eso, acompañarlos no es opcional: es una responsabilidad cristiana.

Una parte esencial del proceso de consejería es ayudar a la persona a comprender el origen de sus deseos homosexuales. Michael R. Saia, ministro y consejero con más de quince años de experiencia y autor del libro Aconsejando al homosexual, documenta que frases como «nunca conocí a mi padre», «mi padre nunca estaba cerca» o «mi papá era tan agresivo que me asustaba hablarle» son comunes en la mayoría de los casos que ha atendido. Lo que muchos buscan en una relación homosexual es, en el fondo, la figura masculina que nunca tuvieron. Sin embargo, otro ser humano no podrá llenar ese vacío. Solo en una relación íntima con Dios se puede encontrar en el Padre celestial lo que el padre terrenal nunca dio. El pasado no puede cambiarse, pero Dios sí puede transformar el efecto que ese pasado tiene sobre una persona.

La gracia que nos capacita para ayudar

Ayudar a alguien a salir de la homosexualidad no es una tarea sencilla ni rápida, pero es posible porque el Dios que llama también transforma. La iglesia está llamada a ser un lugar donde la verdad se proclama con claridad y la gracia se extiende con generosidad. Escuchar con paciencia, señalar la esperanza del evangelio, acompañar el proceso con humildad y recordar constantemente que el cambio real viene de Dios: eso es lo que significa caminar junto a alguien en este difícil pero redentor recorrido.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

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