Integridad y Sabiduria
La presencia de Dios te da descanso
La presencia de Dios te da descanso

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Vida devocional

La presencia de Dios te da descanso

Sandra Morales Castillo 16 marzo, 2021

El despertador suena a las 6:00 a. m. —y a veces mucho antes—, y con él comienza una jornada cargada de hijos, hogar, trabajo y, en estos tiempos, la presión constante de noticias que se acumulan hasta provocar insensibilidad. Sin embargo, el ambiente sigue cargado: inseguridad, ansiedad, incertidumbre, desánimo, apatía hacia los buenos hábitos y una atracción creciente hacia todo aquello que prometa alivio inmediato. Nuestro cuerpo caído percibe el estrés como una amenaza y, ante ella, busca apaciguarlo satisfaciendo efímeramente los deseos cambiantes del corazón.

Entonces surge la pregunta inevitable: ¿cómo podemos encontrar descanso sostenido en este mundo relativo, con un corazón tan cambiante?

Lo que David sabía sobre el descanso

David era un hombre oscilante en su proceder, con muchos enemigos enfilados en su contra. Sabía de estrés, de inseguridades, de la inminencia de la muerte, de angustias y de miedo. Sin embargo, de este hombre pecador —tan humano como cualquiera de nosotros— podemos aprender dónde se encuentra la fuente inagotable de verdadero descanso: la presencia de Dios.

Sus palabras lo declaran con claridad meridiana: «Solo en Dios espera en silencio mi alma; de Él viene mi salvación» (Sal. 62:1). «En paz me acostaré y así también dormiré, porque solo Tú, Señor, me haces habitar seguro» (Sal. 4:8). «El Señor es mi pastor, nada me faltará. En lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce» (Sal. 23:1-2).

David entendió que el reposo que necesitaba su corazón no estaba en técnicas de respiración, ni en buscar consejo y desahogo con quienes le rodeaban, ni en unas vacaciones lejos de la ciudad, ni en meditar palabras positivas de forma continua, ni en ocupar la mente con más tareas para evitar ciertos pensamientos. Su reposo estaba en la cercanía de su Señor.

Una presencia de la que no es posible huir

Esta verdad adquiere una dimensión aún más gloriosa cuando consideramos que la presencia de Dios no es un destino al que debemos llegar, sino una realidad que ya habita en todo creyente. El Espíritu Santo mora en nosotros desde el momento en que confiamos en Cristo como único Salvador. En ocasiones, nuestras conductas y pensamientos se alejan tanto de los designios de Dios que pareciera que estamos fuera de su presencia. Pero cuando somos conscientes del poder extraordinario de la muerte de Cristo en la cruz, comprendemos que no hay proceder tan oscuro que la sangre de nuestro Señor no sea capaz de borrar.

David también nos recuerda que no solo habita la presencia de Dios en nuestro interior, sino que es imposible huir de ella —y eso es una gloriosa seguridad—:

«¿Adónde me iré de Tu Espíritu, o adónde huiré de Tu presencia? Si subo a los cielos, allí estás Tú; si en el Seol preparo mi lecho, allí Tú estás. Si tomo las alas del alba, y si habito en lo más remoto del mar, aun allí me guiará Tu mano, y me tomará Tu diestra. Si digo: "Ciertamente las tinieblas me envolverán, y la luz a mi alrededor será noche", ni aun las tinieblas son oscuras para Ti, y la noche brilla como el día. Las tinieblas y la luz son iguales para Ti» (Sal. 139:7-12).

No hay proceder tan oscuro que la sangre de nuestro Señor no sea capaz de borrar.

Vivir conscientes de Dios en el momento presente

En lo que llega nuestro descanso perfecto en la plenitud de su presencia para siempre, el reto diario es mantenernos conscientes de Dios en nosotros en el momento presente. Ejercitar la fe en Él; ser intencionales en conocerle más a través de las Escrituras; reconocer nuestras debilidades, temores, afanes e inseguridades, y llevarlas en oración ante Él: estas disciplinas nos hacen percibir con mayor claridad que nuestro Señor sigue ahí, sosteniéndonos, vivificándonos y dándonos descanso en medio de esta turbulenta cotidianidad (Sal. 34:4; Sal. 119:2). El alma que aprende a habitar en su presencia descubre que el descanso verdadero no es la ausencia de tormenta, sino la certeza de que Él está en medio de ella.

Sandra Morales Castillo

Sandra Morales Castillo

Sandra Morales Castillo es sierva de Cristo por gracia desde los doce años. Esposa de Janly Colón, madre de Odette y Felipe. Miembro de la IBI. Pediatra endocrinóloga, certificada en Estudios Teológicos por la Academia Ministerial de la Gracia (Santiago, RD).

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