Integridad y Sabiduria
Principios de sabiduría en el ejercicio de la libertad cristiana
Principios de sabiduría en el ejercicio de la libertad cristiana

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Vida cristiana

Principios de sabiduría en el ejercicio de la libertad cristiana

Miguel Núñez 15 febrero, 2016

Los límites de la participación cristiana en las actividades del mundo no siempre están claramente definidos. Hay ocasiones en las que la Biblia no provee directrices explícitas, y no todos los creyentes llegan a las mismas conclusiones. ¿Qué hacer entonces? La respuesta no es la improvisación ni el capricho personal, sino el discernimiento informado por principios bíblicos sólidos.

Este artículo cierra una serie sobre el correcto uso de la libertad cristiana —que ha abordado las áreas grises, el concepto mismo de la libertad y la diferencia entre santificación y legalismo— con algo práctico: una serie de preguntas y principios que pueden orientar la toma de decisiones en aquellos casos donde la conciencia necesita más que buenas intenciones.

Preguntas que todo creyente debe hacerse

El primer filtro es siempre teológico: ¿de qué manera puede esto glorificar a Dios? Si el diseño, la verdad o el propósito de Dios no pueden verse con claridad en una actividad determinada, vale la pena preguntarse por qué se desea participar en ella. Esta pregunta no pretende paralizar la vida del cristiano, sino anclarla en lo que realmente importa.

La segunda pregunta apunta hacia los demás: ¿quién saldrá edificado con esto? El creyente debe evaluar honestamente si una actividad fortalece su fe, beneficia a sus hermanos, construye la iglesia o, por el contrario, simplemente alimenta los deseos de la carne.

En tercer lugar, conviene preguntarse si la actividad en cuestión tiene el potencial de esclavizar. El apóstol Pablo lo expresó con claridad: «Todo me es lícito, pero no todo es de provecho. Todo me es lícito, pero yo no me dejaré dominar por nada» (1 Co. 6:12). Esta advertencia aplica al cigarrillo, al alcohol en cantidades que propicien la pérdida de la inhibición, a los juegos de azar, a ciertos videojuegos, a las apuestas y al uso de tranquilizantes más allá de la prescripción médica, entre otros.

Una cuarta pregunta tiene que ver con la moralidad: ¿hay algún elemento de inmoralidad involucrado? Un criterio útil es preguntarse si otros miembros de la iglesia supieran de esa participación, ¿qué pensarían? ¿Afectaría la confianza depositada en quien ejerce liderazgo? Y relacionado con esto, si una gran cantidad de personas de la congregación participara de esa actividad, ¿qué testimonio proyectaría la iglesia ante el mundo?

La sexta pregunta aborda la asociación cultural: ¿qué tan vinculada está esa actividad con la cultura de pecado contemporánea? Muchos conciertos de música popular, por ejemplo, están estrechamente asociados con esa cultura y deben evitarse. Otros eventos —conciertos de ópera, muchas obras de teatro— no comparten esa misma carga. El discernimiento requiere distinguir con honestidad.

En séptima instancia, cuando se trata de artistas o grupos musicales, es pertinente considerar el testimonio de vida de quienes están en el escenario. Si alguien se identifica como cristiano, ¿son su testimonio y sus convicciones doctrinales consistentes con el estándar bíblico?

La octava pregunta es directa: ¿consumo contenido que no vería en presencia de Cristo? Películas, series, obras de teatro, dibujos animados y videojuegos con contenido violento, sensual u obsceno no deben tener cabida en la vida del creyente. La Escritura es explícita: «Pero que la inmoralidad sexual, y toda impureza o avaricia, ni siquiera se mencionen entre ustedes, como corresponde a los santos; ni obscenidades, ni necedades, ni groserías, que no son apropiadas, sino más bien acciones de gracias» (Ef. 5:3-4).

La novena pregunta mira hacia el prójimo: ¿podría mi participación ser piedra de tropiezo para alguien? El creyente no vive para sí mismo; sus decisiones tienen peso en la comunidad de fe.

El papel de la iglesia y el liderazgo

Todo creyente —y de manera especial quienes ejercen liderazgo— debe incluir una pregunta adicional en su proceso de discernimiento: ¿cuál es la posición de mi iglesia y de mis líderes? El pacto de compromiso con una congregación conlleva respeto, lealtad y consideración hacia quienes la dirigen. Participar en actividades que violan los lineamientos establecidos por la iglesia supone una ruptura de ese pacto. Si existe desacuerdo, la madurez cristiana exige conversar con los líderes antes de actuar en sentido contrario.

En los casos donde quizás la Biblia no dicta la conducta a seguir, y donde tampoco me puedo poner de acuerdo con mis líderes, la Biblia no nos deja en silencio.

En efecto, la Escritura nunca deja al creyente sin orientación. Hebreos 13:17 es categórico: «Obedezcan a sus pastores y sujétense a ellos, porque ellos velan por sus almas como quienes han de dar cuenta. Permítanles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso no sería provechoso para ustedes». Cuando la Biblia no regula cada situación en particular, sí provee el marco de autoridad dentro del cual el cristiano debe moverse.

Decisiones que dan cuenta ante Dios

La libertad cristiana no es libertad para vivir sin criterios, sino libertad para honrar a Dios en cada decisión. Las nueve preguntas presentadas en este artículo no son una camisa de fuerza, sino herramientas al servicio de una conciencia formada por la Palabra. El creyente que las aplica con honestidad, sumisión a su iglesia y dependencia del Espíritu Santo estará en condiciones de vivir una vida que verdaderamente agrade a Dios.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

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