Integridad y Sabiduria
La Reforma Protestante
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Teología y doctrina

La Reforma Protestante

Miguel Núñez 31 octubre, 2017

Durante casi mil años, desde el siglo quinto hasta el siglo quince, la iglesia cristiana atravesó un período de progresivo deterioro teológico y moral. La predicación de la Palabra había cedido su lugar a un poder político-religioso altamente corrupto, y junto con la oscuridad de la iglesia llegó también la oscuridad de la sociedad. Esto no debería sorprendernos: Dios mismo llama a Su iglesia «columna y sostén de la verdad» (1 Tim. 3:15). Cuando no existe una institución que proclame fielmente esa verdad, la sociedad pierde la cosmovisión que permite el florecimiento humano genuino.

Fue en ese contexto que Dios levantó a Martín Lutero, un monje desde el mismo seno de la Iglesia Católica, cuyo espíritu fue provocado al ver el perdón de los pecados convertido en mercancía mediante la venta de indulgencias. El 31 de octubre de 1517, en Wittenberg, Alemania, estalló una controversia que cambiaría el curso de la historia. La frase que resume ese momento es elocuente: «Después de la oscuridad, luz».

La luz que la Reforma devolvió a la iglesia y al mundo

Para Lutero, la doctrina de la justificación por la fe era el eje sobre el cual la iglesia se levanta o se cae. Al redescubrir esta verdad bíblica, las llamadas «doctrinas de la gracia» comenzaron a ser enseñadas al pueblo, y la iglesia empezó a reverdecer. Su luz volvió a brillar. Pero el impacto no se limitó a lo espiritual: cuando estas doctrinas se predicaron en Europa, el continente fue revolucionado. La democracia, la educación y la ciencia recibieron un impulso sin precedentes. Los reformadores forjaron una ética de trabajo y de investigación que propulsó el desarrollo de las naciones, y ese fundamento todavía sostiene a la mayoría de los países más desarrollados de Europa y Norteamérica.

Esto no es una coincidencia histórica. Los principios establecidos en las Escrituras afectan todas las áreas de la vida. Cuando una sociedad se aleja del diseño de Dios, ese alejamiento se refleja en todas sus esferas. A la inversa, cuando el evangelio transforma el corazón humano y la manera de pensar de un pueblo, las consecuencias alcanzan también su cultura, sus instituciones y su progreso. El primer gran avivamiento de Norteamérica, liderado por Jonathan Edwards y George Whitefield, surgió precisamente de la predicación de estas mismas verdades. Grandes hombres como el apóstol Pablo fueron transformados por el entendimiento de estas doctrinas, y lo mismo ha ocurrido a lo largo de toda la historia de la iglesia.

Las dos columnas de la Reforma y su vigencia actual

Dos principios estructuraron todo el movimiento reformador. El primero, Sola Scriptura, establece que la Biblia es la máxima autoridad en todo lo relacionado con la fe y su práctica; es el principio formal de la Reforma, que defiende tanto la autoridad como la suficiencia de las Escrituras. El segundo, Sola Fide —salvación solo por fe—, fue llamado el principio material de la Reforma: la enseñanza central que le dio forma a todo el movimiento.

Lo que estas doctrinas hacen, en última instancia, es devolver la gloria de la salvación a donde siempre debió estar. Por mucho tiempo esa gloria fue compartida entre Dios y el ser humano; estas enseñanzas corrigen esa distorsión con claridad: la gloria es exclusivamente de Dios, y el ser humano es un receptor de Sus misericordias que jamás terminan.

La mejor manera de enfocar estas doctrinas es ver la gloria de Dios en la salvación. Al final de la historia, lo que estas doctrinas hacen es poner la gloria de la salvación del hombre en donde debe estar: ¡en Dios!

Una nueva generación llamada a proclamar estas verdades

Quinientos años después de la Reforma, estas enseñanzas siguen siendo en gran medida desconocidas en Latinoamérica. En muchos lugares donde han llegado, no han tenido la oportunidad de impactar la sociedad de manera profunda, y esto puede explicar, al menos en parte, por qué las naciones del sur global no han alcanzado el desarrollo de las del norte. Sin embargo, hay señales alentadoras: una nueva generación en nuestro continente está despertando a estas verdades y comenzando a abrazarlas y proclamarlas.

La única esperanza real para la sociedad es el evangelio de Jesucristo, que tiene el poder de cambiar el corazón del ser humano y su manera de pensar. Por eso, la invitación es urgente y concreta: unirse a este movimiento transformador, proclamar a Dios como el centro de la historia, colocar a Cristo y Su evangelio en el centro de la predicación, y poner la Biblia en el centro de la vida de la iglesia, todo para la gloria de Dios solamente.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

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