Integridad y Sabiduria
Seguir el “Camino” conlleva carga, ¡pero en Jesús se aligera!
Seguir el “Camino” conlleva carga, ¡pero en Jesús se aligera!

Foto de Franssy Acosta en Pexels

Vida cristiana

Seguir el “Camino” conlleva carga, ¡pero en Jesús se aligera!

Maria del Carmen Tavarez 1 septiembre, 2022

El salmista expresa en su oración un anhelo profundamente honesto: «¡Ojalá mis caminos sean afirmados para guardar Tus estatutos!» (Sal. 119:5). Hay en esas palabras un reconocimiento tácito: nuestros caminos, por naturaleza, no se ordenan solos para guardar los estatutos de Dios. Necesitan ser afirmados desde afuera, desde arriba. Y es precisamente ahí donde entra la figura del Pastor que llama a sus ovejas por nombre, va delante de ellas y las conduce: «Cuando saca todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque conocen su voz» (Jn. 10:4).

Si Jesús es el camino (Jn. 14:6) y también el Pastor que ordena nuestros pasos, ¿por qué seguirle puede sentirse tan pesado? Esta es la tensión que muchos creyentes enfrentan en silencio, y es precisamente la que este artículo busca abordar con franqueza y con esperanza.

Obedecer no garantiza calma, pero sí compañía

Los discípulos conocieron esta tensión de manera muy concreta. En Mateo 14, Jesús mismo les ordena subir a la barca. Ellos escuchan su voz, obedecen, y sin embargo la tormenta llega: «La barca ya estaba muy lejos de tierra, y era azotada por las olas, porque el viento era contrario» (Mt. 14:24). No desobedecieron. No se desviaron del camino. Y aun así, la tempestad los golpeó.

Esta escena es un espejo fiel de lo que muchos creyentes experimentan. Es posible atravesar épocas de agotamiento y confusión aun haciendo exactamente lo que se cree que Dios ha mandado. El yugo se siente incómodo. Las olas amenazan. El corazón se abate. Sería reconfortante afirmar que seguir a Cristo garantiza tranquilidad, pero la Escritura no lo promete así. Lo que sí promete es algo más sólido: su presencia en medio de la tormenta.

El apóstol Pablo es otro ejemplo poderoso. Con todo lo que soportó —persecución, prisión, naufragios, rechazo—, podría haberse preguntado si estaba fuera de la voluntad de Dios. Sin embargo, el Señor le habló con claridad: «Ten ánimo, porque como has testificado fielmente de Mi causa en Jerusalén, así has de testificar también en Roma» (Hch. 23:11). El Señor no le quitó la dificultad; le confirmó el propósito y le infundió ánimo para seguir.

El testimonio más poderoso nace en los tiempos más difíciles

Dios no nos da cargas que no podamos soportar. Y así como el Señor estuvo cerca de Pablo, está cerca de quienes hoy siguen su llamado. Él ordena nuestros pasos de manera estratégica. No somos responsables de los resultados finales; Él es quien va delante.

El propósito de Cristo es que seamos sus testigos en cualquier lugar al que nos mueva. Y ese testimonio no requiere esperar a que todo esté en calma: es precisamente en los tiempos de mayor dificultad cuando la vida del creyente habla con más fuerza. Aun cuando no haya palabras, una fe que se sostiene en medio de la tormenta proclama algo que ningún argumento puede silenciar.

Como seguidores de Jesús, además, no caminamos solos. El Espíritu Santo mora en nosotros, Cristo intercede ante el trono de la gracia, y su promesa permanece firme: estará con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo (Mt. 28:20). Eso no es poca cosa. Y el Señor siempre cumple lo que promete: «Tantas como sean las promesas de Dios, en Él todas son sí. Por eso también por medio de Él, es nuestro Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros» (2 Co. 1:20). Más aún, Él mismo nos confirma, nos unge y nos sella: «El que nos confirma con ustedes en Cristo y el que nos ungió, es Dios, quien también nos selló y nos dio el Espíritu en nuestro corazón como garantía» (2 Co. 1:21-22).

Es en el tiempo de mayor dificultad cuando nuestro testimonio se torna más poderoso.

Rendirse a Él es donde el yugo se vuelve ligero

La obediencia al Señor no solo es un deber; es también la fuente del gozo y la fortaleza del creyente. Cuando nos rendimos a Cristo, su yugo se hace fácil, la carga se aligera y el alma encuentra descanso (Mt. 11:28). No porque las circunstancias cambien de inmediato, sino porque ya no las enfrentamos solos ni con nuestra propia fuerza.

Fijar los ojos en Jesús, humillarse bajo su poderosa mano y no desviarse del camino no son actos de resignación pasiva; son actos de confianza activa en un Pastor que conoce a sus ovejas por nombre, que va delante de ellas y que nunca las defrauda. El viento puede seguir siendo contrario y las olas pueden amenazar, pero Él está al lado, listo para calmar la tempestad e infundir ánimo para continuar. En sus manos, ningún paso en obediencia es en vano.

Maria del Carmen Tavarez

Maria del Carmen Tavarez

María del Carmen Tavarez es miembro de la IBI por más de diecisiete años. Graduada del Instituto Integridad & Sabiduría y actualmente finalizando la especialidad en Consejería Bíblica. Ha servido como maestra de Escuela Dominical y escribe para MPLGDG y Lifeway Mujeres. Sirve en los grupos pequeños del Ministerio de Mujeres Ezer.

Sidebar Banner

UNETE A NOSOTROS

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elitLorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit

Banner