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Un voto por el futuro de la nación
Un voto por el futuro de la nación

Foto de Edmond Dantès en Pexels

Cultura, sociedad y ética

Un voto por el futuro de la nación

Miguel Núñez 2 julio, 2020

Edmund Burke, filósofo y parlamentario irlandés, lo expresó con precisión contundente: «Lo único que tiene que ocurrir para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada». Esta advertencia, pronunciada hace siglos, resuena con urgencia inusitada en el momento que atravesamos. Vivimos en medio de un terremoto moral que sacude los cimientos de nuestra sociedad, y quienes tenemos conciencia formada no podemos permanecer en silencio. Nuestras convicciones deben ser declaradas y propagadas precisamente ahora, cuando el costo de callar es demasiado alto.

Como ciudadanos y como creyentes, estamos llamados a salir adelante, pronunciarnos y denunciar aquello que amenaza el futuro de las generaciones por venir. El momento es crucial. La indiferencia no es neutralidad; es complicidad.

Los valores que ninguna sociedad puede abandonar

Ninguna sociedad se sostiene sin valores que sean considerados inalienables, es decir, que le pertenecen por naturaleza al ser humano. El primero y más fundamental de ellos es el valor de la vida.

La dignidad de la vida humana no admite excepciones. Alcanza a toda persona, sin importar su condición, y abarca tanto a quien ya ha nacido como a quien se encuentra en el vientre de su madre. La biología es clara: algo está vivo cuando puede crecer, dividirse y tiene metabolismo. El cigoto, desde el momento de su formación, cumple esos criterios. Es una vida que proviene de donantes humanos y, por tanto, es una vida humana. No es coherente afirmar que una célula hallada en otro planeta constituiría evidencia de vida extraterrestre y, al mismo tiempo, negar que un cigoto en el vientre de una madre sea vida. Esa contradicción no es científica; es ideológica.

Quienes aspiran a gobernar tienen la obligación de expresar respeto inequívoco por el valor de la vida. Si no lo hacen, los cristianos tenemos el deber —y necesitamos verlo así— de no respaldar esa candidatura. Todos los derechos del ser humano dependen del valor que se le otorgue a la vida. Si ese fundamento cede, todo lo demás cede con él.

Familia, libertad religiosa y soberanía

El matrimonio entre un hombre y una mujer no es simplemente una tradición cultural. Es la institución que, por milenios, ha demostrado ser el entorno más beneficioso para el desarrollo del niño. Los estudios lo confirman: cuando un hijo puede recibir los componentes emocionales y relacionales tanto de una madre como de un padre, florece de una manera que ninguna otra estructura puede replicar. Esa complementariedad no es arbitraria; es el diseño del Creador. Por ello, los cristianos no podemos apoyar —y estamos en la obligación de no votar por— candidatos que promuevan una concepción del matrimonio distinta a la que ha sostenido a la sociedad durante siglos. El florecimiento humano depende de esta institución.

Igualmente, debemos estar alertas frente a quienes pretenden que la voz cristiana no merece ser escuchada en el espacio público. En una democracia genuina, todas las ideas deben ser permitidas y escuchadas. Los creyentes no le tememos al debate; la verdad no necesita ser protegida del escrutinio. Lo que sí debemos rechazar con firmeza es a aquellos candidatos que buscan amordazar a la Iglesia, quitarle el derecho de predicar el evangelio y silenciar las verdades morales que han sostenido al núcleo familiar y, con él, a la sociedad entera.

Tenemos que ser una sociedad consciente, una sociedad educada, una sociedad informada que sea capaz de votar, no por intereses personales o partidistas, sino por los intereses que importan a toda la comunidad, a toda la sociedad, pero en particular al Creador de esa sociedad y de esa humanidad.

A esto se suma la necesidad de candidatos que defiendan con valentía la soberanía nacional y los derechos inalienables de sus ciudadanos, frente a instituciones internacionales que presionan a las naciones más tradicionales para que adopten sin crítica una agenda que ya está produciendo consecuencias visibles en quienes la han abrazado. La ideología de género no es un experimento neutral. Sus efectos ya se observan, y los padres cristianos tienen el derecho y la responsabilidad de criar a sus hijos conforme a los valores que los han formado a ellos mismos.

El momento de votar con conciencia ha llegado

Fueron los valores judeocristianos los que impulsaron la cultura de Occidente, le dieron estabilidad social, desarrollaron la educación y la ciencia, abolieron la esclavitud y sentaron las bases de las libertades que hoy disfrutamos. Ese legado no es un accidente histórico; es el fruto de una cosmovisión que pone al Creador en el centro.

Ya pasó el tiempo de votar por colores, por lealtades partidistas heredadas o por intereses personales. Ha llegado el momento de votar con conciencia, con información y con convicción. No en nombre de un partido, sino en nombre de los valores que importan a toda la comunidad y, sobre todo, al Dios que la creó. Ejerce tu derecho. Vota conscientemente.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

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