El encuentro entre Cristo y Satanás en el desierto no fue un episodio más en la vida de Jesús, sino el reverso exacto de lo que ocurrió en el Edén. Si la desobediencia de Adán nos condenó, la obediencia de Cristo en ese momento nos salvó. Pero este pasaje no solo tiene valor histórico para la redención; tiene valor práctico para el creyente hoy. Como señaló Agustín hace siglos, Cristo se dejó tentar no solo para ser nuestro mediador, sino para dejarnos un ejemplo de cómo enfrentar nuestras propias tentaciones.
Lo primero que el texto revela es que Jesús llegó a ese encuentro lleno del Espíritu y guiado por el Espíritu. No enfrentó a Satanás con recursos divinos que nosotros no tengamos: usó la Palabra de Dios y dependió del Espíritu, exactamente lo que está disponible para cada creyente. El problema nuestro no son las tentaciones —Dios promete que ninguna será mayor de lo que podemos soportar—, sino nuestra falta de llenura espiritual, nuestra resistencia a la guía del Espíritu y nuestra independencia rebelde.
Las tres tentaciones probaron si Cristo actuaría independientemente del Padre para satisfacer necesidades legítimas de formas ilegítimas. Satanás ofreció pan inmediato, reinos sin cruz, protección presuntuosa. Cristo respondió cada vez con la Escritura, levantando la Palabra que Adán había dejado caer. La tentación llega en momentos de debilidad, entra por los ojos, usa la imaginación y se vuelve esclavizante con el tiempo. Pero el camino más largo —el de la espera, el sufrimiento y la lealtad al Padre— siempre supera los atajos que Satanás ofrece.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Señor, nosotros acabamos de cantar que tú nos sostendrás. Es una tremenda verdad. Tú nos has sostenido y tu brazo extendido hacia nosotros es lo que nos sostiene en las buenas y en las malas. Yo te pido en este momento que tú puedas sostenerme, mientras yo trato de sostener tu Palabra en la predicación de una manera que nosotros podamos encontrarnos contigo cara a cara, como si tú estuvieras aquí físicamente.
Señor, si tú no has de hablar, ¿para qué estoy aquí? Si tú no has de dirigir lo que se ha de decir, yo no tengo nada que decir. De manera que yo te pido de manera encarecida que tú puedas de alguna manera, por medio de tu Espíritu, dirigir cada palabra, una enseñanza, cada ángulo, cada verdad, como torpedos a nuestras mentes, comenzando por la mía. De manera que mi mente pueda ser penetrada por tu verdad y explotar ahí dentro de una forma que puedas sacar las mentiras que cada uno de nosotros ha comprado y que ha traído consecuencias, unas más visibles, otras no visibles, pero que al final del camino dañan y contaminan nuestra forma de pensar y por tanto nuestro caminar. Que sea esta mañana una mañana de bendición, pero de sorpresas para nosotros mismos, por lo que tú tengas que decir, cómo lo digas y cómo lo apliques. En Cristo Jesús te lo pedimos, amén, amén.
Vamos a sentarnos. Decía más tempranamente que continuamos esta serie que nos está permitiendo ver a la persona de Cristo de diferentes ángulos, y hoy no va a ser distinto. Es un texto sumamente familiar para todos nosotros y narra un hecho extremadamente singular en la vida de nuestro Señor Jesucristo. Con toda probabilidad es uno de los pasajes, quizás yo no sé si el más conocido, pero tiene que estar entre los tres más conocidos pasajes, no importa si la audiencia es cristiana o no cristiana.
Es una narración, yo decía, muy singular, tanto en la literatura cristiana judaica como fuera de ella. De acuerdo con los académicos, no hay ninguna narración similar en toda la literatura bíblica o no bíblica. Es un pasaje donde la cabeza del reino de las tinieblas tiene un encuentro con la cabeza del reino de la luz. Y si tú puedes pensar en el encuentro de Adán con Satanás como algo crucial, como un encuentro crucial que nos llevó a la perdición, este es un encuentro vital que nos llevó a la salvación. Este es la antítesis, este es lo opuesto, el antónimo por así decirlo de lo que ocurrió en el jardín del Edén. La desobediencia de Adán nos condenó en Génesis 3. La obediencia de Cristo en este encuentro nos salvó.
Yo creo que esta es una buena forma de irlo pensando para poder captar la importancia que este pasaje tiene, porque es más importante de lo que la mayoría de las personas percatan. En su momento, el triunfo de Cristo fue importante para nuestra salvación. En el día de hoy, ese triunfo en ese encuentro es importante para nuestro diario vivir.
Y la razón por la que digo esto es por algo que Agustín mencionó hace siglos atrás, en el siglo IV. El gran teólogo de esa época decía: "Cristo se dejó tentar por Satanás". Nota cómo él lo puso: se dejó tentar. No solo para ser nuestro mediador, de manera que en esa época este era un triunfo que necesitaba para poder ser el mediador de nosotros y poder identificarse con nosotros en todas y cada una de nuestras tentaciones. Pero además de eso, sino también para dejarnos un ejemplo. En otras palabras, la manera como Cristo fue tentado debe enseñarme algo a mí acerca de cómo la tentación se da. La manera como Cristo lidió con la tentación debe también enseñarme algo más acerca de la forma como yo debería estar lidiando con mis tentaciones en el día de hoy.
Y yo espero que el Espíritu de Dios tenga mucho que enseñarnos a todos nosotros, incluyendo al predicador. Creo que estamos viviendo tiempos difíciles, y en tiempos difíciles abundan y sobreabundan las tentaciones de diferente naturaleza por diferentes razones. No solamente por las pasiones que todavía residen en nosotros, pero también hay temores y hay inseguridades, hay necesidades de probarnos a nosotros mismos y de aprobación y de aplauso. Y todo eso nos presenta una gama de tentaciones que nosotros tenemos que saber cómo manejar. Y Cristo es el ejemplo.
De manera que voy a leer este texto del Evangelio de Lucas, capítulo 4, y esta es la Palabra de Dios: "Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu en el desierto por cuarenta días, siendo tentado por el diablo. Y no comió nada durante esos días, pasados los cuales tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Jesús le respondió: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre. Llevándole a una altura, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo, y el diablo le dijo: Todo este dominio y su gloria te daré, pues a mí me ha sido entregado y a quien quiero se lo doy. Por tanto, si te postras delante de mí, todo será tuyo. Respondiendo, Jesús le dijo: Escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás. Entonces el diablo le llevó a Jerusalén y le puso sobre el pináculo del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, lánzate abajo desde aquí. Pues escrito está —aquí está el diablo ahora citando la Palabra, haciendo uso de la Palabra para tentar al autor de la Palabra—: A sus ángeles te encomendará para que te guarden, y en las manos te llevarán, no sea que tu pie tropiece en piedra. Respondiendo, Jesús le dijo: Se ha dicho: No tentarás al Señor tu Dios. Cuando el diablo hubo acabado toda tentación, toda tentación, se alejó de él esperando un tiempo oportuno".
No sé si te percataste, pero aquí hay dos menciones sobre el Espíritu Santo, tres tentaciones, cuatro referencias al diablo, ninguna a Satanás, y una mención de cuarenta días de ayuno en el desierto. Dos, tres, cuatro, cuarenta. Dos menciones del Espíritu, tres tentaciones, cuatro menciones del diablo, un ayuno de cuarenta días.
Las dos referencias con relación al Espíritu Santo aparecen en el versículo uno, y lo primero que se nos dice es que Jesús vino del Jordán lleno del Espíritu. Eso es vital. En otras palabras, Jesús vino a un encuentro, una tentación con la cabeza del reino de las tinieblas, pero él no vino sin ser preparado previamente. Él vino con algo que lo caracterizó toda su vida: él vino lleno del Espíritu.
Y no solamente el texto nos dice que vino lleno del Espíritu, sino que fue llevado por el Espíritu. Nota que el texto dice "en el desierto" y no simplemente "al desierto". Además, en el lenguaje original, el tiempo verbal en que aparece nos deja ver que posiblemente el autor estaba tratando de comunicar que no solamente fue llevado al desierto, sino que durante los cuarenta días en el desierto fue llevado por el mismo Espíritu.
Ahora, Marcos, que tiene la versión más corta, nos deja ver algo todavía mejor, y es que Marcos dice que fue empujado por el Espíritu, impulsado por el Espíritu. Es la misma palabra que Marcos usa en el versículo 34 más abajo de ese capítulo primero, donde se describe este pasaje, para hablar acerca de cuando Cristo expulsaba los demonios. La palabra en los originales es ekbállein, que implica justamente eso: expulsar, impulsar. Ahora, la razón por la que Marcos lo expresa de esa manera no es porque Jesús estaba resistiendo la acción del Espíritu. No, no. Pero es para dejarnos entender que Jesús estaba en ese momento, y toda su vida por igual, bajo el control absoluto, gobernado por el poder del Espíritu.
Bien, como Dios encarnado, pero su representación aquí abajo era para ti y para mí, de tal forma que él no llevó a cabo absolutamente nada debido a los atributos y poderes que él tenía como segunda persona de la Trinidad, sino por la habilidad conferida por la llenura absoluta del Espíritu sobre su persona. Y en este momento no fue una excepción: él está en el desierto impulsado, guiado por el Espíritu, llevado por el Espíritu, lleno por el Espíritu, gobernado por el Espíritu para tener este encuentro.
Y la razón por la que estoy enfatizando eso es porque la única forma como tú y yo podemos triunfar sobre nuestras tentaciones es en el poder del Espíritu. Y en ausencia de dicho poder o de dicha llenura, la probabilidad de que tú y yo tropecemos y caigamos es inmensamente alta.
De manera que si ciertamente Agustín tenía razón, y yo creo que la tenía, Cristo nos dejó un ejemplo de cómo es que la vida cristiana se puede vivir. Esa es la razón por la que Pablo nos dice en Efesios 5:18: "Sed llenos del Espíritu". No lo sugiere, no lo recomienda, lo ordena. Es un imperativo. Es como si Pablo estuviera diciendo: esta es la clave de vivir una vida de obediencia. Y aquí está Jesús, lleno del Espíritu, en representación nuestra, bajo el control absoluto de la tercera persona de la Trinidad, y ahí él triunfa sobre las tentaciones.
Ahora déjame decirte algo: el problema nuestro no son las tentaciones. De manera que cuando nosotros pensamos en la sociedad y las tentaciones que nos llegan, y la computadora y los videos del internet, el problema tuyo y mío no son las tentaciones. De acuerdo a lo revelado en la Palabra, escucha lo que Dios dice a través de Pablo cuando le escribió a los corintios en el capítulo 10: "No les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres". En otras palabras, esta idea de que "tú sabes, lo que pasa es que yo fui tan tentado, la mayoría de la gente no ha sido tentada como yo"... bájense, deséchenla. Que nosotros no hemos sido tentados por nada que no sea común a los hombres. Tú eres parte del grupo; no tengo nada de especial a la hora de revisar mis tentaciones. Fíjate lo que Dios dice, escucha ahora: que no son las tentaciones mi problema, que no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que pueden soportar.
Dios te dice, Dios me dice: "Yo te garantizo, Miguel, que en toda tu vida no habrá una tentación que yo permita..." Eso es una palabra fuerte. "Yo no voy a dar permiso para que ninguna tentación que tú no puedas soportar llegue a tu vida, de manera que cuando la tengas, tú puedes soportarla. Y si por casualidad hay alguna duda en ti, yo voy a hacer algo más, sino que con la tentación proveeré también la vía de escape a fin de que puedan resistirla." En otras palabras, si no la resistes, no fue por la magnitud de la tentación, sino por la rebelión de tu corazón; que provista la vía de escape, no la quisiste usar, porque realmente te gustó la tentación.
Entonces, ¿cómo es en tu vida y en la mía? Dios nos ha revelado lo más. Y esto nos ha revelado que el Espíritu que llenó a Cristo es el Espíritu que debe llenarme a mí, que quiere llenarme a mí, y que el Espíritu que guió a Cristo en el desierto es el Espíritu de acuerdo a Romanos 8, que guía a cada uno de los hijos de Dios. Recuerda, el hijo de Dios está siendo guiado por el Espíritu; yo como hijo de Dios, estoy siendo guiado por el Espíritu.
Entonces, ¿qué dicen los académicos? Que Cristo no enfrentó la tentación con el diablo con ningún elemento que yo no tenga. Él tenía el Espíritu, yo también. Él tenía ayuno, yo pudiera tenerlo. Él tenía la Palabra, yo también. Él lo hizo en representación mía y por eso teníamos que estar en un sentido en planos similares. Por eso es que el autor de Hebreos me dice que Él fue tentado en todo como nosotros hemos sido tentados, para poder ser un verdadero sumo sacerdote que me pueda representar.
¿Cuál es el problema? Si las tentaciones en sí no son el problema. El problema, en primer lugar, es nuestra falta de llenura. ¡No estamos llenos! No estamos preparados. En segundo lugar, nuestra resistencia a Su guía, algo que Cristo no resistió nunca. El Espíritu de Dios nos dice cuando algo no está bien, cuando algo no debe ser, cuando una circunstancia no debe ser orquestada, no debe ser buscada, pero lo hacemos todo lo opuesto. Nuestra independencia de Dios, nuestra rebelión que nos lleva a satisfacer nuestros deseos, aunque eso deshonre el sacrificio de Cristo que pagó por el pecado que yo estoy a punto de cometer.
Y mientras Cristo estuvo comprometido de manera exclusiva —y tenemos que subrayar la palabra exclusiva— con la causa de Su Padre, de manera exclusiva, nosotros estamos comprometidos de manera primordial. Yo no voy a decir exclusiva, pero de manera primordial con llenar nuestras propias necesidades y deseos, como le hicieron a Daniela. Nosotros tenemos un compromiso con Dios, yo no quiero quitar eso, pero primordialmente nosotros hacemos compromisos con nuestros deseos, con lo que queremos, con nuestra satisfacción personal. Para el ser humano, el satisfacer sus deseos es más importante que las consecuencias que estos puedan acarrear. Para el ser humano es más importante la satisfacción de sus deseos que las consecuencias que estos puedan acarrear; de ahí los chances que nos tomamos.
Me he dicho esto con cuidado, pero tan pastoralmente como yo lo puedo decir: nosotros somos más narcisistas de lo que estamos dispuestos a admitir. El narcisismo lo vemos en otros fácilmente, pero nuestros caracteres narcisistas o rasgos narcisistas, por usar una mejor expresión, no los vemos en nosotros.
Ahora, regresando a Cristo. Ahí está Cristo, lleno del Espíritu, guiado por el Espíritu, no resistiéndolo, gobernado por el Espíritu, en el desierto por cuarenta días. Versículo 2: "Siendo tentado por el diablo y no comió nada durante estos días, pasados los cuales tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan."
Como muchos han notado, el diablo aparece con esta tentación. Yo creo que el diablo lo tentó por los cuarenta días; es como la indicación en el versículo 1 y 2, pero al final de los 40 días es cuando él trae quizás las tentaciones de mayor peso, quizás una detrás de la otra, y en el momento de mayor debilidad. Él tuvo hambre, y entonces el diablo le dijo... Nota que la tentación llega en un momento de debilidad. No pases por alto cuándo es que la tentación arriba, porque de esa misma manera la tentación usualmente llega a tu vida en un momento también de debilidad.
Vamos a hablar de eso en un momento. Cuando tú estás en el momento de debilidad, esa tentación viene al acecho. Él viene en la soledad de la noche o en un fin de semana donde estás más solo porque no estás trabajando, o en medio de las necesidades. En medio de esa necesidad, en un momento dado, es cuando yo soy más dado a pensar que quizás pudiera ser posible llenar esa necesidad de una manera no tan legítima. Sabemos que es ilegítima, pero quizás no es la forma más ilegítima de hacer la cosa; por tanto, la media ilegitimidad nos sirve para justificar muchas veces lo que queremos hacer.
Entonces, en esos momentos donde yo estoy considerando algo que se sale de lo que es la pura verdad, es donde la duda, el error, me asaltan. La mentira, el deseo invaden mi mente y comienzan a confundirme. Y de ahí que el apóstol Pablo instruya a los filipenses y les dice: "En todo lo verdadero, en esto pensad." Si no es verdad, no lo consideres, no lo pienses, no te dejes entretener. En todo lo justo, si no es justo, no lo hagas. Si no es noble, no lo hagas. Si no es digno, no lo hagas. Solamente pensar en todo lo verdadero.
Si nosotros dejamos que algo no verdadero penetre nuestra mente, Satanás va a hacer uso de sus maquinaciones, y poco a poco irá ganando terreno, y poco a poco me irá convenciendo de que la verdad no es necesariamente como yo la había visto, y que la mentira no está en grave, y que la mentira no está en gravosa como eventualmente pudiera llegar a ser.
La duda es algo de nuestra naturaleza. Y hemos mencionado en otras ocasiones cómo Juan el Bautista, el que introdujo al Mesías a su ministerio, en un momento dado está ahí detrás de los barrotes y él se llena de duda, y dice: "Bueno, pregúntenle." A sus discípulos: "Vayan donde Jesús y pregunten qué tal si Él es el que habría de venir o si debemos esperar a otro." Porque al estar en un momento de debilidad, y en los momentos de debilidad las dudas me asaltan, y sabes que las dudas se convierten en la debilidad en mentiras potenciales. Aun para Juan el Bautista. Entonces, nuestras tentaciones llegan en momentos de debilidad.
Después de 30 años dando consejería, ocho en Estados Unidos como internos donde lo hacía menos frecuentemente pero lo hacía —bueno, quizás incluso más frecuentemente de lo que había estado pensando, porque como médico infectólogo tuve que aconsejar a mucha gente que le dio y que terminó con el virus del VIH— y 22 años aquí, yo puedo decirte de la manera una vez más, más pastoralmente posible... Porque si no puedo tomar las ilustraciones de mis vivencias y aplicarlas pastoralmente a la iglesia de Cristo hoy, pues entonces no puedo, no debo predicar el texto, porque voy a predicar un texto que tiene dos milenios de distancia de separación.
Pero después de 30 años, y estando yo como les mencionaba varias veces por un par de años ya escribiendo en mi mente un libro que tiene que ver con la anatomía y la fisiología del pecado, yo puedo decirte hoy que las tentaciones nos llegan hoy en los mismos momentos de debilidad que llegaron a los personajes del pasado registrados en la Biblia.
Cuando, número uno, cuando el cónyuge no está en la casa o está de viaje. ¿Dónde usted ve eso? Por toda la Biblia. En el primer libro de la Biblia: José fue tentado cuando Potifar estaba de viaje. Yo te puedo decir, yo he dado no sé cuántos cientos de consejerías, una enorme cantidad de las cosas que he visto se dieron en esos tiempos, incluso alguno de los viajes orquestados.
Llegan en un momento de necesidad física, como es Esaú, que vendió su primogenitura, todos sus derechos y privilegios que eran enormes en la antigüedad para el primogénito, por un guiso. ¿En serio? ¿Y sabes tú? ¿Tú piensas que vas a morir si no te comes este guiso? ¿Tú piensas que este guiso vale tanto como todos tus privilegios y derechos? Y los vendió.
Llegan cuando nosotros debimos haber estado en un lugar trabajando, predicando, enseñando, en su lugar de trabajo y no estaba, no estaba llenando mis responsabilidades. ¿Y dónde usted ve eso? En la vida de David, que cuando él debió haber estado fuera de Jerusalén en guerra, el texto dice que David estaba en Jerusalén ese día, y por tanto ese es el día del encuentro con Betsabé. Si te cuento del número de veces que he escuchado cuando alguien ha contado: "Yo, por todo, debía haber estado, pero no estaba; estuve allí, y allí..."
La tentación tiende a llegar por alguna razón al caer el sol, como ocurrió con David y Betsabé. La oscuridad de la noche parece encender las pasiones de la carne. La oscuridad de la noche... Hay alguna psicología del hombre que piensa que en la oscuridad de la noche se puede ocultar mejor. Y si bien es cierto que se puede ocultar mejor de aquellos que están a su alrededor, no es menos cierto que siempre hay alguien viendo. Y la persona que siempre está viendo es la persona más importante que tiene que ver, y que siempre ve, y es Dios, Dios mismo, para quien la luz y la oscuridad y las tinieblas más densas que sean son exactamente la misma cosa.
Recuerden la película Saturday Night Fever. Hay como una fiebre en la noche, como que la temperatura pasional aumenta en la noche. Es como si después de un día de trabajo, que estamos cansados, pensamos que necesitamos relajarnos, y esta tentación de la noche, esta relajación es lo que necesito, y está bien porque imagínate que trabajé mucho en el día de hoy, y además es de noche, estoy como a lo oculto. Y mientras más avanzan las horas de la noche, más aumenta el grado de iniquidad según los estudios.
El Señor estuvo solo en el desierto día y noche, y al final tuvo necesidad de comer.
Y al final el diablo lo tentó con la idea de convertir una piedra en pan. Dice que en el desierto el diablo le mostró a Jesús una piedra. Es interesante que no dice que en el desierto Satanás le mostró piedras, sino que le mostró una piedra. Y yo lo menciono porque honestamente por experiencia siempre hay algo que nuestros ojos ven. Eva vio una fruta que le pareció atractiva, agradable a los ojos, dice el texto. Nuestras tentaciones entran por nuestros ojos y por nuestros oídos, algo que nos cautiva la atención, y de repente eso que entró a mi mente y cautivó mi atención ahora va a comenzar a hacer un efecto en mi imaginación. El texto de Segunda de Samuel dice que David salió a la terraza, había una mujer que era muy hermosa; siempre hay algo que nosotros vemos. Jesús vio una piedra, Satanás le mostró una piedra y le tentó con convertirla en pan.
Entonces, a ver que una piedra pudiera con tu imaginación lucir como un pedazo de pan. Los ojos, las pasiones de los ojos, dice Juan en su primera carta en el capítulo 2, versículo 16, que la pasión de los ojos es del mundo, pero no de Dios. Hay algo siempre que nosotros vemos y lamentablemente, como decía, eso que nosotros vemos a veces no es ni siquiera la idea final. Por esta piedra, si entra a mi mente, a mi imaginación, una de las cosas que las tentaciones hacen es que usen la imaginación para crear realidades poco usuales que luego se convierten en el terreno donde el drama se da. Las tentaciones usan la imaginación. Las piedras en el suelo pudieron haber parecido pedazos de pan.
Y ese día lo que estaba en juego, y esto se ha debatido de una y otra forma, y algunos lo han dicho de una forma y otros lo han dicho de otra forma, yo mismo decía que años atrás pensaba que mucho de lo que estaba aquí cuestionándose era si Jesús era el Hijo de Dios o no, porque eso es como Satanás lo aborda: "Si eres el Hijo de Dios..." Yo no creo hoy en día que eso estaba en juego en lo más mínimo. Claro que el Cristo sabía desde toda la eternidad que era el Hijo de Dios. Ahora no se le ha olvidado, ahora no lo va a cuestionar. No es eso lo que estaba en juego. Lo que estaba en juego en esta tentación era si Cristo como Hijo de Dios se atrevería a actuar en independencia del Padre, y si usaría su poder para satisfacer una necesidad aparentemente legítima —su hambre— pero de una forma ilegítima.
Más tempranamente yo hacía la pregunta: ¿cuándo fue la última vez que llenaste una necesidad, lo que nosotros llamamos una necesidad que frecuentemente no es más que un deseo, una necesidad legítima de una forma ilegítima? ¿Cuándo fue la última vez? ¿Hace diez años, hace cinco, un año, un mes, una semana, este viernes en la noche después de medianoche, anoche después de medianoche, hace unas horas? ¿Cuándo fue la última vez? Este texto está aquí hoy, tanto para ti como para mí.
Si el Hijo de Dios hubiese convertido esa piedra en pan para comer, toda la redención del hombre se hubiese echado a perder, hubiese sido un fracaso. Tú puedes creer que toda la redención del hombre en un momento dado dependió de un bocado de pan. De la misma manera que en el Antiguo Testamento el futuro de la humanidad y de la creación entera estuvo en juego con una mordida de una fruta. Eso es el Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento, el destino de la humanidad está en juego por un bocado de pan, algo muy parecido. Esta mordida hundió la creación; esta no mordida salvó la creación.
Pero nada es tan simple como parece. Es obvio que la mordida en sí no podía haber hundido la creación en el caso de Adán, y no mordida no pudo haber salvado la creación, la redención, sino que lo que estaba en juego era la validez de la palabra de Dios que Adán no creyó y cambió fácilmente por la mentira de una serpiente que no era el agente creador del universo y mucho menos de él. Pero él terminó creyéndole porque lo que la serpiente le vendió era algo que a él le convenía, y por eso él se dejó engañar tan fácilmente. La mordida de la fruta no fue más que un grito de independencia de la criatura con relación al Creador. Y si Cristo hubiese convertido una piedra en pan, hubiese sido otro grito de independencia, no de una criatura porque no lo era, pero sí un grito de independencia del Hijo frente al Padre.
Y sabes que cada vez que tú y yo pecamos, esa acción no es más que otro grito de independencia del Espíritu de Dios. El Espíritu me guía, pero yo voy a hacer lo que yo quiero, lo que yo deseo, lo que yo siento, lo que yo quiero disfrutar. Es otro grito de independencia más que de sumisión.
Satanás, escúchenme, Satanás usa nuestras necesidades para tentarnos. Y mira cómo ocurre: el apetito de la carne prueba la fidelidad del corazón. No es decir eso otra vez: el apetito de la carne prueba la fidelidad del corazón. Lo opuesto a fidelidad es rebelión. Y la rebelión nos lleva a dejar esos apetitos sin frenos; ese es el problema. El freno yo lo tengo, el Espíritu de Dios, pero yo me rebelo y dejo mis apetitos sin frenos. La rebelión se sirve a sí misma, mientras que la obediencia sirve a Dios. ¿Ves la diferencia? La rebelión se sirve a sí misma; la obediencia sirve a Dios. Adán se rebeló y se sirvió. Cristo se sometió, obedeció, y le sirvió a Dios.
E Israel estuvo en el desierto cuarenta años; Cristo estuvo en el desierto cuarenta días. Yo lo menciono porque en la historia es importante conocer muchas veces cómo la mente hebrea piensa para entender cómo ellos leyeron la Biblia. En la mente hebrea, esto es cómo yo lo pensaba, la bendición frecuentemente era equiparada a algún lugar de paz, de descanso y de cultivo, algún lugar cultivado; el Jardín del Edén era bendición. Cuando Dios maldice, el Jardín del Edén dice que los árboles, la vegetación, te iba a liberar espinos y abrojos; se convirtió en un desierto, en área seca. La bendición pasó a ser una maldición, pero resulta que en la mente hebrea el desierto era visto como maldición.
Y ahora Cristo en el desierto: Adán en el jardín tentado y falla, Cristo en el desierto tentado y triunfa. Porque la idea es tomar el desierto y convertirlo otra vez en un lugar cultivado, pero nosotros todavía estamos en el desierto. Nosotros fuimos expulsados del jardín y no hemos regresado al jardín. Pero Cristo triunfó en el desierto y convirtió el desierto, la maldición del desierto, en bendición, la dirección a la que nosotros estamos caminando.
Entonces, la primera tentación, y Jesús responde: "Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre". Eso es Lucas. Mateo agrega: "Sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Es una cita de Deuteronomio 8:3, cuando Dios le dice al pueblo judío: "Te saqué al desierto para humillarte, para probarte y para saber lo que había en tu corazón, para que aprendas que no solo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios". Para que aprendas que hay una vida física de la que el hombre tiene que mantener con pan, pero sabes que hay una vida espiritual. Por eso: no solo de pan vive el hombre. Hay una vida espiritual todavía más importante que tú también tienes que alimentar, y esa vida no se alimenta con pan; se alimenta con la palabra de Dios. Y es importante que lo veamos así, por algo que voy a mencionar más adelante.
En el jardín Adán dejó caer la palabra de Dios y la cuestionó. En el desierto Cristo levanta la palabra de Dios que Adán dejó caer y la honró. Adán la deja caer, Cristo la levanta. Adán la cuestionó, Cristo la honró. La pregunta es: ¿qué tú y yo vamos a hacer? Vamos a traerlo más cerca todavía: ¿qué tú y yo estamos haciendo al presente con esa palabra? ¿Dejándola caer o honrándola? Yo le pido a Dios, mientras yo predique, que me permita honrar su palabra, porque cuando la deje caer, perderé el derecho de predicarla.
La segunda tentación, versículo 5: "El diablo lo llevó a una altura y le mostró en un instante todos los reinos del mundo. 'Todo este dominio y su gloria te daré', le dijo el diablo, 'pues a mí me ha sido entregado y a quien quiero se lo doy. Por tanto, si te postras delante de mí, todo será tuyo'".
Esta oferta es especial. Esto es una oferta relacionada al orgullo, es una oferta relacionada a la arrogancia. Porque por un lado, Satanás hace como alarde de su orgullo, de su arrogancia: "Este poder es mío, los reinos de este mundo son míos". Y sabes que probablemente era cierto, porque Cristo en ningún momento cuestionó esta declaración. Y por otro lado, en Juan 14 y 12 Cristo le llama el príncipe de este mundo a Satanás, y Pablo le llama el príncipe de la potestad del aire. De manera que hay una autoridad que Dios en su soberanía y por un propósito específico le concedió a Satanás, como de administrar los reinos de este mundo por un tiempo, pero reinos que le pertenecen en último caso al Hijo de Dios.
Y es bueno verlo, como que esto es una tentación de la arrogancia y el orgullo de la vida, porque Juan en Primera de Juan 2:16 no solamente habla de la pasión de los ojos, sino de la arrogancia de la vida, como algo que viene del mundo y que no viene de Dios. Esta oferta de tener los reinos del mundo era un atajo, era un atajo, era una oferta de coronas sin cruz. Jesús no tiene que esperar tanto. Quizás Satanás sabía parte de que estos reinos realmente al final le pertenecen a Jesús: "No tienes que esperar tanto". Pero más que eso, sabes que no tienes que sufrir tanto: "Tú eres el Hijo de Dios, tú no mereces el sufrimiento. Mira gente que está a tu alrededor que no está sufriendo como a ti te han propuesto que sufras. Yo te doy los reinos ahora. Evita el dolor".
La razón por la que es importante ver esto es porque cuando nosotros estamos en dolor físico o emocional, nosotros somos capaces de hacer cosas impensables. Uno de mis abuelos, huyendo de un dolor, se dio un tiro y se quitó la vida.
Cuando nosotros tenemos un dolor emocional, llega un momento donde yo necesito —yo entiendo, necesito, no es que quiero, lo siento como que necesito— yo tengo que anestesiar esto, yo tengo que hacer algo, yo no puedo continuar así. Y en ese momento yo soy capaz de anestesiar mi dolor de una forma pecaminosa que Dios no aprueba, que en el momento de la aplicación de la anestesia yo reconozco que realmente no está bien hecho, pero yo justifico que lamentablemente voy a tener que hacerlo porque el dolor es muy intenso y es de muy larga duración, y por tanto, entrego la anestesia. Y la anestesia me ha resuelto, pero las consecuencias...
Os recuerdo cuando me iban a operar esta mano, el tipo de anestesia que me iban a aplicar, yo sabía que a mí me causaba mucho mareo y náusea, vómito. O se podía hacer con una anestesia local. Bueno, para anestesiar lo que iba a requerir, como quiera que me durmiera hasta cierto punto, y también eso iba a causar náusea. Yo sabía lo que podía venir, pero obviamente yo no quería el dolor. Le dije que me iba a dar anestesia local, y cuando como que desperté —anestesiar más un somnífero para relajarme—, tenía náusea y vómito. Pero sabes que la idea del dolor es: lo que sea, porque se me hizo olvidar la náusea, y le voy a venir a la anestesia después. Esto es más o menos a nivel emocional: yo voy a tomar esta anestesia y las consecuencias, quién sabe.
Recuerdo pastoralmente, como yo te lo puedo decir, hablaba —no sé con quién, creo que fue entre cultos— con uno de los pastores, ahora me acuerdo. Y él me decía algunas cosas, me afirmaba en algunas cosas, y él decía: "¿Sabes qué? Hablando de este libro que mi mente está describiendo, en los últimos dos, tres años hay muchas cosas que yo he podido ver, y ha sido bueno, porque yo he podido crecer, aprender, he tenido más discernimiento, más sabiduría. Pero en muchos casos ha sido sumamente doloroso, porque cuando lo ves, lo sientes."
Y hago ese comentario por lo siguiente. O sea, hay algo que yo he podido ver: que el pecado es un cazador, con zeta. El pecado te caza, te persigue. El pecado no confesado, no arrepentido, te caza, te caza, te caza, como un cazador. Y cuando él te encuentra como en una zona abierta, él viene y te da un tiro en la cabeza, que tú dices: "¿Y de dónde vino eso?" Yo lo he visto una y otra vez. Mi esposa sabe por qué hemos hablado de esta analogía.
Eso le pasó a David. David hizo lo que hizo, y si igual vez se sabe, todo estaba tranquilo. Y un día se apareció un cazador —es una ilustración—, se apareció un cazador y apuntó a la cabeza, le contó una historia de un hombre con una oveja que trabajaba como que era siervo de otro hombre que tenía muchas ovejas, y llegó un visitante. Y este hombre de muchas ovejas quiso matar una de las suyas para servir al visitante, sino que mató la única ovejita que este cazador —perdón, que este siervo— tenía. Y David se enfureció tanto, le dijo: "¡A ese hombre hay que matarlo!" Natán había dado un tiro a la cabeza, el tiro penetró en la cabeza, y David, ¿cuándo se dio cuenta? Hasta que cuando Natán ha dicho: "El hombre eres tú", la bala —es una ilustración— explotó dentro de su mente, y David ve finalmente su pecado.
Hermano, con el mejor corazón pastoral que ya tú puedes mostrar: tu pecado está detrás de ti. Te va a cazar y te va a dar un tiro. Busca cómo vas a lidiar con él antes de que hiera su bala.
Jesús le respondió: "Escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás." En un nombre fresco: "Estos reinos son míos." Está citando de Deuteronomio 6:13. Una vez más, está haciendo uso de la espada del Espíritu.
Esa tentación de la oferta de los reinos de este mundo tenía más de una arista. Número uno, estaba en juego si Cristo iba a esperar, si Cristo tendría la paciencia para esperar, porque los reinos le darían prometidos, pero Satanás se los estaba ofreciendo ahora. Número dos, esta tentación tenía la arista de si Cristo se sometería a la voluntad del Padre para sufrir: cuál era la disposición del Hijo a sufrir, en vez de evitando el sufrimiento tomar el atajo, como hablamos. Esta arista estaba ahí. Y en tercer lugar, esta tentación estaba probando la lealtad a la oferta del Padre, porque la pregunta sería si Jesús tendría la credibilidad en el Padre de que eventualmente los reinos de este mundo se le darían.
Quizás para ayudarnos a ver lo que estoy tratando de decir: cuando Judas traicionó a Cristo, él no fue leal. Obviamente, esto es como el salmista profetizó la traición de Judas: "Aun el íntimo amigo en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, contra mí ha levantado el calcañar." Voy a compararlo con Cristo en un momento. Cuando Pedro negó a Jesús, lo hizo porque no estaba dispuesto a sufrir. Pedro está ahí en el patio del sumo sacerdote, están interpelando a Jesús: "Tú eres amigo de él, tú eres uno de ellos, tú eres uno de los discípulos." Pero dice que no, no quiere que lo vayan a colgar junto con Cristo. Entonces Pedro, por evitar el sufrimiento, lo niega, lo niega, lo niega.
Pero Cristo, ahora bajo tentación, está dispuesto, y dijo: "Sí, yo estoy dispuesto a sufrir, a morir, y esperar el tiempo que tenga que esperar, para que después que yo resucite, por lealtad a mi Padre, no voy a violentar su voluntad, de manera que ni voy a negar su plan, ni voy a ser desleal a Él, y voy a esperar." Y entonces cuando Cristo resucita, el domingo de la resurrección, posteriormente Él dice: ¿qué cosa? "Toda autoridad en los cielos y en la tierra a mí me ha sido dada." No el atajo de Satanás, que le ofrecía los reinos de este mundo. No, no, no, no. El camino del Padre, más largo, con más dolor, pero que al final tenía no solamente los reinos de este mundo, sino toda autoridad cósmica en todo el universo.
Las ofertas de Satanás tienen un precio pequeño, pero son aquí, a la hora, y por eso las tentaciones tienen tanto brillo. Las ofertas de Dios necesitan más espera, pero son de mucho mayor tamaño y bendición. La pregunta era si Jesús iba a tomar un atajo.
La espera para muchos de nosotros no es una opción. Para Abraham no lo fue, para Abraham y Sara no lo fue. Aquí está el hijo de la promesa, sí, pero que el Señor parece que no va a venir, ya han pasado doce, trece años, y cada vez que cabalgan nosotros estamos más viejos. Boom, llegó Ismael. Sí, pero que Ismael no es la promesa. ¿Y qué fue lo que pasó? Que no esperaron. Jesús tuvo que esperar. Cuántas veces Jesús dijo: "Todavía no es mi hora, mi hora no ha llegado, mi hora no ha llegado." Lo estaba esperando. Para muchos de nosotros la espera no es una opción: si Dios no resuelve, yo resuelvo. Eso fue lo que Sara dijo: "Bueno, Abraham, si Dios no resuelve, ahora yo voy a resolver. Ahí está mi criada."
Saúl perdió su reino en una sola noche por no esperar. Una sola noche, porque él estaba esperando a Samuel. Él quería que Samuel ofreciera el sacrificio, porque él iba a ir a la guerra, y entonces él necesitaba —él entendía— el sacrificio a Dios, honrar a Dios para ir a la guerra. Y como él no llegó, ¿qué pasó? Bueno, él decidió que él iba a ofrecer el sacrificio. El texto dice literalmente: tan pronto Saúl terminó de hacer el sacrificio, llegó Samuel. ¡Wow! No puede ser, porque a él no le estaba permitido. Acaba de hacer el sacrificio, por así ilustrarlo así, se abre la puerta y está Samuel. Samuel dice: "Pero ¿qué es lo que has hecho?" "No, que tú te dilataste." "Bueno, no esperaste. ¿Y sabes qué? Hoy Dios ha arrebatado el reino de tu mano."
Para muchos de nosotros la espera no es una opción. Si Dios no resuelve, yo resuelvo. Esto es lo que pasa: en la espera, Satanás se aparece y te ofrece un Ismael. ¿Qué es un Ismael? Un Ismael es una oferta, y es una oferta que parece llegar a una necesidad, pero que no es la bendición de Dios. Ismael llegó con permiso de Dios, pero no como bendición de Dios. Nosotros nos olvidamos que el permiso de Dios no es necesariamente la bendición de Dios. Y lamentablemente, muchos de nosotros sufrimos las consecuencias aceptándolos, y Dios dice: "Bueno, tú puedes tener a Saúl, ese es mi permiso. Pero que se entienda que Saúl no es mi bendición."
Tercera tentación. Entonces el diablo lo llevó a Jerusalén y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, lánzate de aquí abajo, pues escrito está: A sus ángeles te encomendará para que te guarden, y en las manos te llevarán para que tu pie no tropiece en piedra." Esto es una cita del Salmo 91, versículos 11 y 12.
Esto es lo que el Salmo dice: "Pues él dará órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te guarden en todos tus caminos." La frase "en todos tus caminos" faltó en la cita de Satanás. Yo no creo que esa frase es el problema. "En sus manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra."
En otras palabras, lo que el Salmo está diciendo —no es un salmo mesiánico, es un salmo con relación a todos nosotros— es que Dios protege a sus hijos. Y Dios protege a sus hijos porque cuando nosotros estamos a punto de accidentarnos, o nosotros estamos a punto de tropezar, Dios tiene maneras, incluyendo ángeles, de protegernos. De hecho, Hebreos 1:14 dice que los ángeles son espíritus ministradores al servicio de aquellos que han de heredar la salvación. De manera que eso es lo que el Salmo está diciendo: Dios tiene espíritus ministradores que están dispuestos a ayudarte, y si alguna vez vas a tropezar sobre piedras, pues entonces ellos saldrán a ayudarte. Es como la idea de la protección de Dios.
El Tomás Sanos los cita Cristo, pero en esencia lo que estaba haciendo era empujando a Cristo, a que quisiera alardear de esta protección o de esa gracia que Dios ofrece. Y eso es parecido a cuando nosotros como hijos de Dios, a veces pensamos si estamos a punto de pecar: "Yo sé que no puedo, pero sabes qué, lo voy a hacer y después le pido perdón a Dios." Estamos presumiendo de la gracia de Dios, estamos presumiendo que Dios va a hacer algo que debe hacer por su gracia, por su promesa. Y eso es lo que Satanás está tratando de decir: acá hay una promesa, presume de ella, tírate y ellos van a venir a servirte. Pero Cristo entiende la tentación y le dice: "Se ha dicho, escrito está: No tentarás al Señor tu Dios."
Claro, cuando yo hago algo contando con la gracia de Dios para que me perdone más adelante, yo estoy tentando a Dios. Estoy tentando a Dios en el sentido de que le estoy provocando y diciendo: "Lo bueno, tú prometiste esto, pues es tu tiempo de hacerlo." Y Cristo dice: "No, tú no tentarás al Señor tu Dios."
El tiempo ha ido corriendo, así que vamos a ir resumiendo y aplicando. Bueno, ya hemos aplicado, vamos a continuar aplicando. Al final, los 40 días, Cristo podía estar físicamente muy hambriento, pero estaba espiritualmente lleno. Eso hizo la diferencia. La dificultad está cuando tú y yo estamos físicamente llenos y espiritualmente muy hambrientos. Ahí es donde está la dificultad. El problema se nos presenta a nosotros muchas veces sin estar preparados, de manera que Cristo nos dejó un ejemplo de cómo prepararnos, cómo enfrentar y resistir la tentación.
Hay cosas de la tentación que yo necesito entender, que tú y yo necesitamos entender, si vamos a vencerla, además de tener que estar llenos del Espíritu dependiendo de Él. Déjame decirte algunas cosas acerca de la tentación, a ti y a mí. La verdad, la tentación siempre es atractiva, de una manera u otra. De otra forma no sería atractiva, no sería una tentación. La tentación es atractiva porque apela a mis deseos. La tentación es gozosa porque apela a mi deseo de placer. La tentación no es solamente atractiva y gozosa, es evasiva: evade tu conciencia, evade lo que conoces de las prohibiciones de Dios, evade a otras personas. Por eso es evasiva.
La tentación, con el paso del tiempo, es esclavizante. Esclaviza tu mente, esclaviza tus emociones, y eso es un problema. Pedro nos dice en su segunda carta, capítulo 2, versículo 19: "Les prometen libertad, mientras ellos mismos son esclavos de la corrupción, pues uno es esclavo de aquello que le ha vencido." ¿Escuchaste? Uno es esclavo de aquello que le ha vencido. Y eso yo necesito recordarlo: lo que me vence me esclaviza.
La tentación es escalonada, va subiendo de intensidad cada vez más. En inglés diría "daring", es más atrevida cada vez, hasta volverse compulsiva. De hecho, nota cómo el texto cierra hoy, el versículo 13 diciendo: "Cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se alejó de él, esperando un tiempo oportuno." Hizo coma y va, él va a regresar, porque él tiene una compulsión ahora de hacer caer a Cristo. La tentación se vuelve compulsiva. El diablo no se dio por vencido.
Terminada la tentación, lleva la cava. La tentación es decepcionante, porque no te puede traer lo que promete. Puede entregar el placer dulce, pero lo amargo viene inmediatamente detrás, como la fruta de Eva y de Adán era. La tentación es engañosa, me engaña, te oculta sus consecuencias. No te deja ver qué es lo que vas a pagar, no te deja ver cuál es el precio que viene. Y en gran medida no me deja ver el precio que voy a pagar, porque la tentación me hace creer que nadie está viendo, que nadie me está mirando, que nadie se va a enterar, por tanto no hay precio que pagar. Pero como hay un Dios que ve y un Dios que sabe, yo no sé cuál es el precio que me va a hacer pagar, pero es engañosa.
Yo hablaba con uno de los pastores nuestros ahí entre culto. Hablaba, me decía: "El problema es que nuestra mente está tan distorsionada que mi mente me engaña a mí mismo." Pero es que Jeremías 17:9 dice que el corazón es engañoso. Y cuando la Palabra dice en el Antiguo Testamento "corazón", muchas veces el corazón no es otra cosa que la mente, o cómo yo pienso, cómo yo siento, todo junto. De manera que es mi ser, mi interior, cómo piensa y siente, es engañoso: engaña a mí, engaña a otros.
Este ejemplo de Cristo me enseña con toda claridad que si Satanás pensó que podía hacer caer a Cristo, con toda probabilidad él está seguro que él te puede hacer caer a ti, a mí. Es cuestión de tiempo, de cómo, de dónde, y con quién, y con qué. Eso es cómo él lo siente, pero él sabe. Él tiene diferentes papeles de regalo para cada uno de nosotros. Hay papeles de regalo que tú lo ves y no te da deseo, un regalo que tú lo ves envuelto y no te dan deseos de abrirlo. Hay otro regalo que tú lo ves e inmediatamente tú tienes la curiosidad de abrirlo. Satanás sabe cuál es tu papel de regalo favorito.
En segundo lugar, Jesús nos dejó ver que la manera como yo puedo luchar, debo luchar, tengo que luchar contra la tentación, es haciendo uso de la Palabra de Dios. Si no la conozco, no la recuerdo. Si no la recuerdo, no la puedo usar. Saber esto y no recordar a tiempo... Cristo recordó la Palabra, usó la Palabra. La Palabra de Dios es descrita como la espada del Espíritu en Efesios 6:17. Lo único que Él usó, más nada, siendo Él el Hijo de Dios. Y la razón es que la Palabra es la que nutre el alma, y si la tentación te agarra con el alma hambrienta, eres hombre muerto. En inglés dirían "dead meat", carne muerta. Si la tentación te agarra con el alma hambrienta, moriste. No ha comenzado y ya moriste.
En tercer lugar, Jesús venció la tentación, ya lo dijimos, pero te lo enfatizo al final, pues también encapsulando: con los mismos recursos que tú y yo tenemos, la Palabra de Dios y el Espíritu de Dios. No tenía más, no hizo uso de más nada que no fuera la unción del Espíritu y la Palabra de Dios. Tú tienes ambas, yo también.
Yo creo que tú puedes ver con claridad que es preferible estar hambriento en medio de la voluntad de Dios que saciado pero fuera de ella. No importa cuál es tu hambre. Tu hambre puede ser física, de poder, de placer. Tu hambre puede ser de reconocimiento. Es preferible estar hambriento en medio de la voluntad de Dios que satisfacerte fuera de ella.
En quinto lugar, Cristo nos mostró que el camino más largo es preferible si es el camino de Dios, y que los atajos frecuentemente son de Satanás. Lo rápido, lo cómodo, lo fácil, aquello que me va a satisfacer rápidamente, cuando Dios ha prometido gozo en su presencia y delicias a su diestra. Quizás tú no estabas buscando algo, como decimos a veces: "Mira, yo no estaba buscando ese trabajo y me llamaron, eso tiene que ser de Dios." Pero no es tan rápido. Porque quizás tú no estabas buscando, pero quizás Satanás estaba buscando a ti, y te encontró, y te lo proveyó. Nuestro Dios nunca ha sido conocido como el Dios de la prisa, ni el Dios de la comodidad, ni el Dios de los resultados inmediatos, sino como el Dios de la paciencia, de la misericordia, el Dios que vive fuera del tiempo y del espacio. Imagínate un Dios que para Él mil años son como un día. Imagínate si Él piensa que está atrasado con Abraham y Sara. Nosotros somos personas del aquí y el ahora. Resuélveme.
En sexto lugar, la tentación de Cristo nos muestra que Dios está pendiente de nosotros. El Salmo 91 nos recuerda: aun sus ángeles están pendientes de nosotros. "Te guiaré con mis ojos puestos en ti." El Espíritu llevó a Cristo, el Espíritu guió a Cristo, el Espíritu sostuvo a Cristo. Dios está pendiente de nosotros.
Número 7, la tentación de Cristo nos muestra que Dios no es el autor de la tentación, pero Él permite la tentación. Y Él permite la tentación porque la tentación hace varias cosas. Prueba a mí y exalta a Él, prueba mi compromiso con su causa, prueba mi carácter, revela mi carácter, fortalece mi carácter o quiebra mi carácter, dependiendo de cómo yo le enfrente donde yo estoy. Lo que la tentación siempre va a hacer es revelar mi carácter. Si lo quiebra, lo reveló. Si lo fortalece, lo reveló. Dios permite la tentación para probarme a mí quién yo soy. Por eso te sacó al desierto, para probarte, para humillarte y para ver lo que estaba en tu corazón, es para que yo lo vea. La tentación me permite ver mis fortalezas y mis debilidades. Forma parte del crecimiento cristiano, el crecimiento del carácter.
Satanás no pudo vencer a Cristo, no porque era Dios, sino porque dependió de Dios. Y de esa misma manera, tus tentaciones y las mías pudieran quebrarnos fácilmente, pero ninguna tentación es mayor que el poder de Dios que mora en nosotros.
No olvides que la tentación usualmente ocurre en un área donde tú has sido previamente tentado. Por tanto, evita esa área, cuida esa área, aléjate de esa área. La tentación frecuentemente entra por tus sentidos. Tiene que ver con algo que tú ves. La tentación se aprovecha, escúchame, la tentación se aprovecha de lo que a ti te atrae. Tan pronto algo te atrae, sea un lingote de oro y un manto babilónico como el caso de Acán, o sea Betsabé en el caso de David, o sea otra cosa, puede ser una posición, puede ser un trabajo, algo que te atrae, ten cuidado, porque la tentación se aprovecha de lo que a ti te atrae. Revisa tus atracciones. No olvides que la tentación con el tiempo se vuelve compulsiva.
Adán falló en las mejores condiciones, en un jardín provisto, irrigado, cultivado. Cristo triunfó en las peores condiciones, en un desierto solo, con fieras a su alrededor, dice Marcos. Y por eso hoy Él puede ser mi Sumo Sacerdote, puede identificarse, empatizar con mis debilidades.
A ver, te digo dos cosas más, dos principios más, cinco preguntas y cerramos. No permitas que Satanás ponga un solo pie en la puerta de tu corazón. Cuando terreno santo es perdido, las emociones comienzan a controlar tu mente, y tu mente controla tu vida.
No permitas que Satanás ponga un solo pie en tu corazón. Cuando tú pierdes terreno santo, tus emociones comienzan a controlar tu mente, y tu mente controla tu vida. El tiempo de tratar con la tentación es cuando tú eres atraído. Recuerda que te dije: revisa tus atracciones. El tiempo de tratar con la tentación es cuando tú eres atraído, no es cuando ya has mordido, es mucho antes de la primera mordida. Una vez que tú has mordido la fruta, serás atrapado por el veneno del placer.
Cuánta gente yo he entrevistado. "Pastor, el problema fue que una vez yo entré ahí, yo me vi como atrapado o atrapada." Pero ¿qué fue lo que te atrapó? Es que el deseo te atrapa, te engaña, tú regresas a él una y otra vez. Sí, es cierto, es como la Palabra dice: que el perro a su vómito vuelve.
Cinco preguntas y cerramos, sin desarrollo de las preguntas, es para que te vayas rumiando. ¿Estás tú negando tu tentación? Hay gente que ha hablado de ella, pero tú niegas que tú estás siendo tentado. O peor aún, estás negando que ya existe lo que hiciste. Y yo tengo un deseo vivo esta mañana con la intención de bendecirte: ¿estás negando lo que has hecho? ¿Eres defensivo con relación a la tentación cuando alguien te pregunta tratando de ayudarte? ¿Eres defensivo? ¿O no tienes nada que defender? ¿Te sientes culpable, pero lo ocultas?
Finalmente, ¿estás tú siendo distraído y has descuidado tus responsabilidades en tu trabajo, en tu hogar, en tu oficina? Porque frecuentemente las tentaciones llegan cuando yo he descuidado lo que a mí me toca hacer. Y una manera como Dios me llama la atención es permitiendo que esta tentación llegue en un lugar donde yo no debo estar, para recordarme: tú no estás siendo lo que deberías ser. Si te vas con estas preguntas, si hay otra que Dios puede traer a tu mente, ve rumiando. Es mi deseo, es mi oración pastoral, que Dios pueda visitar tu vida, sacarte de donde estás si estás en algún lugar donde necesitas ser sacado. No lo sé. Ser fortalecido, y que tú puedas honrar el nombre de Dios.
Si me preguntas: "Pastor, todo esto que usted comparte con nosotros hoy, ¿de dónde viene?" Bueno, mucho viene de la misma vida. Tú lo viste literalmente del pasaje, de otros pasajes. Y muchas de las aplicaciones vienen de treinta años de observar mi propia vida y la vida de otros. Nota el orden que te lo dije: mi propia vida y la vida de otros. Lo menciono porque yo creo que tú entiendas que, como pastor, mi intención no es nunca considerarme que en mi condición humana yo creo que estoy por encima de ti. No. A lo que tú estás sometido y a lo que tú eres vulnerable, yo estoy sometido y soy vulnerable. Lo que yo puedo tener es más años de observación, quizás. Puedo tener más estudio de la Palabra, quizás. Lo que yo no tengo es más inmunidad.
Y la razón por la que te comparto mi corazón es porque es mi deseo que tú hoy, esta noche, esta tarde, puedas comenzar a ponerte a cuentas con Dios y buscar más a Cristo. Que cuando entres de aquí esta mañana, reconozcas dónde tú estás siendo atacado, debilitado y aun derrotado.
Padre, gracias. Gracias por tu Palabra que nos examina. Bien dice Hebreos 4:12 que ella es capaz de penetrar y discernir las intenciones y motivaciones del corazón. Pero al mismo tiempo, gracias por Cristo Jesús, mi Sumo Sacerdote, que fue tentado en todo de la misma manera que yo soy tentado y puede empatizar conmigo. No necesariamente aprobar mi conducta, pero empatizar, entenderme, proveerme, fortalecerme, salvarme, guardarme, levantarme, perdonarme, limpiarme. Gracias, mi buen Sumo Sacerdote, mi Abogado frente al Padre.
Padre, ayuda a cada uno de nosotros a levantar la Palabra que ya dañó, dejó caer, y a honrarla y no cuestionarla. En tu nombre te lo pedimos. Amén. Amén.