El mismo Jesús que alimentó a miles por compasión un día, confrontó duramente a esa misma multitud al día siguiente. Estas dos facetas no se contradicen: la confrontación genuina es, en realidad, una expresión profunda de compasión. Cristo vio a las multitudes como ovejas sin pastor —perdidas, abusadas, sin esperanza— y por eso las enseñó y alimentó. Pero cuando esas mismas personas lo buscaron después solo por el pan físico, sin haber comprendido la señal que apuntaba al Mesías, él no dudó en exponerles la condición de su corazón.
La multitud quería más pan, pero Jesús les ofreció algo infinitamente mayor: él mismo como el pan de vida. "Trabajen no por el alimento que perece, sino por el que permanece para vida eterna", les dijo. Ellos respondieron pidiendo más señales, como si la multiplicación de los panes horas antes no contara. Su problema no era falta de evidencia, sino dureza de corazón. Cuando Cristo declaró que su carne era verdadera comida y su sangre verdadera bebida, muchos discípulos se escandalizaron y lo abandonaron. Jesús no suavizó el mensaje para retenerlos.
El pastor Núñez señala que quien no confronta el pecado en otros los deja cometer suicidio espiritual. El traficante no te habla de tu pecado, la pornografía no te habla de tu pecado; solo Jesús lo hace, porque conoce las consecuencias eternas. Cuando los doce quedaron solos con él, Pedro confesó: "¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna". La prueba del tiempo revela quién es verdadero discípulo: el evangelio costoso siempre ha sido abrazado por pocos.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Señor, tú eres Cristo, el hijo de Dios, el verbo de Dios, el redentor nuestro, el más hermoso de los hijos de los hombres, el profetizado por cientos de años, el anhelado por muchos, el rechazado de tantos. Nosotros en esta mañana venimos a leer tu palabra, Dios, pero tu palabra apuntaba desde el principio a ese Cristo y luego en la segunda mitad, en el segundo pacto, gira alrededor de su vida, su enseñanza, su muerte, su ascensión, su sesión, y nosotros guardamos su segunda venida con ansias.
Ahora venimos delante de tu palabra porque queremos que tú nos hables de ese Cristo por medio de tu Espíritu y que tú puedas iluminar la mente del que va a predicar, del que ha de escuchar, y que luego tú puedas aplicar aquí mismo, Dios, antes de salir. Tú puedas aplicar la palabra ya leída por mí, ya predicada por mí, tú me la puedas aplicar otra vez para que yo pueda pasar de un grado de gloria a otro grado de gloria y lucir más como la imagen de Cristo. Y que yo pueda entonces hacer lo mismo con aquellos que escuchan aquí y a través de las redes, ayudarles por medio de tu palabra y tu Espíritu a pasar de gloria en gloria en la medida en que el Espíritu nos va transformando. Ayúdame a hacer tu trabajo, Dios, porque yo no puedo, separado de ti, Cristo, nada yo puedo hacer. Glorifícate por medio de la palabra. En Cristo, en ti, oramos y suplicamos, lo decimos, amén, amén.
Bueno, entramos directamente a lo que es la predicación de la palabra y les recuerdo, verdad, para que no estemos como fuera de contexto, que la semana pasada estuvimos viendo la segunda tormenta, la segunda experiencia de una tormenta experimentada por los discípulos. En esta ocasión, como hablamos, Cristo no estaba con ellos, pero los vio de lejos, remando, fatigados, y vino y se apareció a ellos en la cuarta vigilia de la noche, entre tres y seis de la mañana. Y dijimos también que previo a esta travesía, si pudiéramos llamarle, Cristo había estado con los discípulos alimentando unos cinco mil hombres, dice Marcos. Si eso es cierto y solamente se contaron hombres, quizás habían seis, siete, ocho, diez mil personas allí en aquel lugar, pero independientemente del número había mucha gente y Cristo estuvo alimentando a esta multitud.
Y lo que yo quiero hacer hoy es que yo no quiero seguir avanzando rápidamente, sino que yo me voy a devolver un poco. Vimos la tormenta, entonces me voy a devolver un poco para recoger parte de lo que pasó anterior a la tormenta, en el día anterior. Luego, entonces rápidamente vamos a pasar por alto, por así decirlo, o a cruzar el mar, el mar donde hubo tormenta porque ya la vimos, y vamos a ver qué pasa al día siguiente. Porque el Cristo que tuve en cierta manera el día anterior es como un Cristo completamente diferente al que tuve el día posterior. Yo creo que es bueno ver esas dos facetas del mismo personaje, hablándole a la misma multitud.
Y yo creo que es importante poder ver a Dios, en este caso a Dios Hijo, en dos de sus facetas con menos de veinticuatro horas de diferencia para que tú puedas ver que ciertamente ambos atributos, ambas reacciones, ambas cualidades pertenecen a la misma persona, y de no ser así habría una deficiencia en nuestro Dios que sabemos que no hay.
El texto de Marcos nos dice que Jesús desembarcó y vio la multitud, y al verlos tuvo compasión de ellos. Y dijimos también que la palabra compasión en el original es splanchnízomai, que implica como una reacción intensa interna, algo como que se te remueve en tu interior. Desde el punto de vista práctico, la compasión no es otra cosa que la expresión externa del amor interno que una persona siente por el otro. Déjame decir eso otra vez: la compasión es una expresión externa del amor interno que una persona siente por otro que está en cierta condición de dificultad.
Uno de los diccionarios consultados dice que la compasión es un sentimiento de tristeza, yo le agregaría y de dolor, que produce el ver a alguien, yo agregaría alguien a quien tú amas, y que te impulsa a aliviar su dolor o su sufrimiento, o a remediarlo, o a evitárselo. Nota que aun el diccionario reconoce que esto es como un impulso, algo que te mueve, algo que es como natural en ti, que tú lo sientes y que produce una cierta tristeza, un cierto dolor hacia alguien que está en un dolor, dificultad, padecimiento, y que tú sientes como el deseo de remediarlo, de aliviarlo, de evitárselo si fuera posible. Tú puedes ver eso en la vida de Cristo. Es la parte del día anterior que yo quiero ver para que podamos ver la parte del día posterior a la tormenta.
Las enfermedades movieron a Cristo a la compasión y por eso sanó a muchos. Los endemoniados movieron a Cristo a la compasión y por eso los liberaba. Las muertes lo movieron a la compasión, al ver la tristeza, el llanto de una Marta, de una María, de la viuda que había perdido a su hijo, y por eso él los resucitó. Pero igualmente el pecado del otro, de las multitudes, a Cristo lo movió a compasión, y es la razón por la que en un momento dado le traen a esta mujer que ha sido atrapada en pleno acto del adulterio y le dice: Mujer, ¿quién te acusa? Pues nadie me acusa. Ni yo tampoco, vete y no peques más.
Pero aun el yugo religioso que los fariseos impusieron sobre sus seguidores movió a Cristo a la compasión, y por eso él ofrece un yugo que es fácil y una carga que es ligera, y luego les dice: Venid a mí todos los que estáis cargados y cansados y yo os haré descansar. Venid a mí todos los que habéis sido abusados de una manera u otra, verbalmente, físicamente, sexualmente. Venid a mí los separados, los divorciados, los que han sido rechazados. Venid a mí los que han estado cargados por el peso de su pecado. Venid a mí los que han estado cargados por el hambre física, quizá por días, por meses, por años. Venid a mí todos los que estáis cargados y cansados, sin excepción, y yo os haré descansar.
Ese es el Jesús del día anterior, el Jesús del día anterior a la tormenta. El texto de Marcos dice que al desembarcar él vio la gran multitud y tuvo compasión de ellos porque eran ovejas sin pastor. El verso no terminó ahí todavía, pero detente un momentito ahí: las vio como ovejas sin pastor. Ovejas no pastoreadas caminan como perdidas.
Y yo decía en la primera ocasión que obviamente la mayoría de ustedes no dan consejería, pero en múltiples años que hemos estado en consejería hemos escuchado más de una vez a alguien decir: Pastor, yo me siento perdida, yo me siento tan perdida, tan perdido. Y honestamente en la gran mayoría de los casos ha habido como un cierto dolor en mí porque yo no me imagino, es como que yo me viese un náufrago en medio del mar y que yo haga así: yo me siento perdido. Así es como mi corazón lo ha sentido, un mundo tan grande, con una vida tan grande, que alguien decía: yo estoy perdido, yo no sé en qué dirección caminar.
Cristo vio ovejas así en la multitud. Ovejas sin pastor se ven tristes, sin vida, ansiosas, intimidadas. Ovejas sin pastor muchas veces han sido abusadas por aquellos que las han usado para provecho personal o para su satisfacción personal. El uso de personas débiles, la debilidad del otro siendo usada para mi provecho, para mi satisfacción. Cristo vio gente así. Ovejas que no tienen quién les escuche, o quizás hay alguien que está dispuesto a escucharlas pero están temerosas de ser escuchadas, de que alguien escuche lo que está en su pasado y que no les quiera recibir después de escuchar. Ovejas sin pastor carecen de esperanza y carecen de consuelo.
Decía que el verso no terminaba ahí, porque Cristo desembarca, ve las ovejas, ve las multitudes, las ve como ovejas sin pastor, y el texto dice: y comenzó a enseñarles muchas cosas. Sus enseñanzas eran parte de la forma como pensaba pastorearlas, pero sus enseñanzas también eran como la fórmula que les permitiría a ellas salir de la prisión en la que se encontraban. Por eso el texto dice no solamente que les enseñaba, sino que les enseñaba muchas cosas. Yo creo que estuvo enseñándoles de dónde viene tu cansancio, de dónde viene tu carga, de dónde vienen tus prisiones.
Este día Cristo estuvo dispuesto a pastorearlas. Después la tormenta, y luego el próximo día la pregunta sería si ellas estarían dispuestas a dejarse pastorear, porque tú requieres de un pastor y su disposición de pastorear, y requieres de una oveja que esté receptiva a su pastoreo. De manera que el día anterior a la tormenta Cristo alimentó a la multitud porque sintió compasión. Ese mismo día Cristo enseñó, de hecho les enseñó primero antes que alimentarlos, les enseñó muchas cosas, porque la compasión no solamente se encarga de tratar de aliviar la necesidad física del otro, sobre todo se encarga de aliviar la necesidad emocional y espiritual de ese otro.
Pero vimos la semana pasada que al final del relato de Marcos acerca de la tormenta, Jesús termina llamando la atención a sus propios discípulos porque lo que había ocurrido el día anterior no lo entendieron. Y el texto no solamente dice que no lo entendieron, también explica por qué no lo entendieron: no lo entendieron porque sus mentes estaban embotadas o su corazón endurecido, dependiendo de la traducción que tú tengas. Ciertamente este texto está aquí para nosotros hoy, por tanto cuando tú lees que su corazón estaba endurecido no podemos pensar que el nuestro no está, no lo ha estado o no lo estará.
Ese es ese corazón endurecido que explica muchas veces por qué nos ha faltado ojos para ver el dolor del otro. Nos ha faltado corazón para sentir el dolor del otro. Nos ha faltado voluntad para querer ayudar al otro. Nos ha faltado intencionalidad para ir en ayuda del otro antes de que el otro venga a pedir la ayuda. Nos molesta muchas veces que la gente venga y nos pida ayuda, mucho menos vamos a sentir la necesidad de querer ir antes de que el otro pregunte, y nosotros preguntar: ¿hay algo que yo pueda hacer por ti?
Ahora, la clave está: ¿qué es lo que mueve a una persona a respetar al otro, amarlo, a querer ayudar al otro, que no sea su grado de cercanía a mí, que es mi amigo, que es mi pastor, que es mi familia? ¿Qué es lo que mueve a una gente a querer ayudar al otro? ¿Qué es lo que mueve a un pastor? Y hay un elemento clave detrás de todo eso, y es que no acabamos de ver a cada ser humano como portador de la imagen de Dios, una imagen que es tan valiosa para nuestro Creador que le entregó a su Hijo para redimir su imagen en mí. Dios no está redimiendo tanto a Miguel Núñez como está redimiendo la imagen de Dios en Miguel Núñez.
Esa es la razón por la que Cristo dice que tu primer y más grande mandamiento es amar a Dios con toda tu alma, toda tu mente, toda tu fuerza, todo tu corazón, y el segundo es semejante a este. ¿Cuál es? Ama a tu prójimo como a ti mismo. ¿Cuál es la razón de amar a mi prójimo como a mí mismo? ¿Qué es lo que mi prójimo y yo tenemos en común? La imagen de Dios. De manera que lo que motiva a una persona a la compasión es ver a ese otro portador de la imagen de Dios en la dificultad en que se encuentra. Cuando tú respetas la imagen de Dios en ese otro, entonces tú vas a reverenciar a Dios de otra manera.
Y por otro lado, cuando violas o ignoras la imagen de Dios en el otro, tú niegas el satisfacción, tú eres un mal representante del reino de los cielos, y el satisfacción no se ve en tu vida. Cuando Cristo tenía compasión por las multitudes e iba y las ayudaba, las alimentaba y les enseñaba, lo único que estaba haciendo era viviendo el satisfacción. Y de esa forma entonces tú y yo necesitamos adquirir esa compasión.
Cristo amó a las multitudes, tuvo compasión de las multitudes, pero amó también a las personas individuales. Cristo ese día anterior a la tormenta alimentó a las multitudes porque las vio como ovejas sin pastor, les enseñó. Él sube a los discípulos a la barca, él se queda con la multitud, las despide, él se va al monte, los discípulos se van, y luego él se les aparece en medio de la noche, y eso ya lo hablamos.
Pero la razón por la que yo he escogido este trayecto que estoy transitando es que nosotros no vamos a ver todos los detalles de Juan 6, que es el relato que vamos a usar para ver qué es lo que pasa el otro día. Nosotros vimos qué pasó el día anterior con la alimentación a partir de Marcos 6, pero nosotros vamos a ver hoy qué es lo que pasa el día posterior en Juan 6. Juan 6 nos habla de la misma ocasión pero da otros detalles.
Y si hay algo que sale a relucir de la vida de Jesús cuando tú la estudias en los Evangelios de manera cuidadosa, es que el mismo Jesús que fue movido a compasión en algunas ocasiones fue movido a confrontación en otras circunstancias. El Jesús que experimenta compasión el día anterior a la tormenta es el Jesús que experimenta indignación en otros casos para confrontar a la persona, y en este caso a la misma multitud hacia la cual él experimentó compasión. Por eso yo he titulado mi mensaje: Jesús, compasivo y confrontador. Estas dos palabras no están divorciadas; de hecho, la confrontación a la manera de Dios es parte de la compasión, como lo vamos a ver más adelante.
Entonces, yo quiero comenzar a leer en Juan 6, versículo 22. No vamos a leer todo el texto todavía, sino una porción solamente, y lo vamos a ir viendo, estudiando paso a paso. Escucha, la tormenta ya pasó, ahora llegaron al otro lado, entonces estamos leyendo: "El día siguiente, la multitud que había quedado al otro lado del mar se dio cuenta de que allí no había más que una barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían ido solos." Eso lo vimos la semana pasada: el día anterior Cristo se fue al monte y ellos se fueron navegando. "Vinieron otras barcas de Tiberias cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor había dado gracias."
"Por tanto, cuando la gente vio que Jesús no estaba allí..." O sea, la gente vino de Tiberias a este otro lado del lago y ve que Jesús no estaba allí ni tampoco sus discípulos. Subieron a las barcas y se fueron a Capernaúm buscando a Jesús. Capernaúm era como el headquarters, como el lugar principal de trabajo de Jesús, a orilla del mar. "Cuando lo hallaron al otro lado del mar le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá?" En otras palabras, esto está un poco raro. Nosotros estábamos de este lado del lago, aquí nos alimentaron, los discípulos se fueron, Jesús se fue al monte, y ahora venimos al otro día. Se fue en un momento a costear, lo venimos aquí, Jesús no está aquí. Aquí era que él estaba, aquí fue que nos despidió, no está aquí. Vamos a Capernaúm porque frecuentemente ahí él ha estado. Dan la vuelta al lago o cruzan en barca hasta Capernaúm, y cuando llegan allá: "¡Oh, mira, Jesús aquí otra vez!" Pero no había más barcas, solamente estaba la de los discípulos. Y le dijeron: "Señor, ¿cuándo llegaste aquí?"
Yo decía que una mejor pregunta sería: "Señor, ¿y cómo llegaste aquí?" Quizás él hubiera dicho: "Caminando sobre las aguas." Ahora, tú pensarías que si esta es la multitud, Jesús alimentó a quien él enseñó. Como doce horas después, cuando vienen con esta pregunta, como que él debería responder esa pregunta. Escucha qué es lo que ocurre. Versículo 26: "Jesús les respondió: En verdad les digo que me buscan no porque hayan visto señales, sino porque han comido de los panes y se han saciado."
¿Y qué le pasó a Jesús compasivo? Es el mismo. Lo que pasa es que ahora Jesús sabe: yo los alimenté, yo les enseñé, pero yo les estoy viendo, y ahora hay un discernir en mí de la condición de su corazón, y hoy es otro día para otra cosa. Nota que Jesús les dice en esta ocasión: "Ustedes no me siguen, no me buscan... Ustedes me están buscando, pero no porque hayan visto señales." En otras palabras, andan buscando pan otra vez. En otras palabras, ustedes se están como degenerando.
Porque al principio del capítulo 6 de Juan, yo comencé en el versículo 22, pero si tú subes al versículo 2, dice que había una gran multitud que lo seguía pues veían las señales que realizaba en los enfermos. O sea que en un momento dado estaban siguiendo a Jesús, estaban buscando: "Yo quiero ver señales," estaban como por maravillarse con estos milagros que Jesús hace. Ahora ellos comieron del pan y Jesús les dice: "Oye, ustedes ni siquiera por ver señales me andan buscando. Ustedes lo que quieren es más pan."
Y esta es la misma multitud que él alimentó y por quien él sintió compasión. Ellos querían estar con Jesús otra vez, pero no por señales. Ellos debieron haber entendido que las señales lo que hacían era confirmar todo lo que el Antiguo Testamento había dicho acerca de Jesús. Eso es exactamente lo que pasa con Nicodemo, que va de noche a ver a Jesús. Le dice: "Maestro, sabemos..." No dice: "Yo creo, yo pienso, estaba pensando, te quiero hacer una pregunta." No, no. "Sabemos que Dios está contigo." Nosotros tenemos la certeza, por lo menos Nicodemo, porque nadie puede hacer las cosas o las señales que tú haces si Dios no está con él. Y Nicodemo sabía que las señales apuntaban, afirmaban, confirmaban al mensajero, y termina creyendo en Jesús y termina recibiendo salvación.
Ahora, del otro lado del lago, quizás doce horas después de la alimentación, o un par de horas más, Jesús ve a la misma multitud, pero ahora él ve y discierne la intención del corazón de ellos, las intenciones de este grupo de personas. Y hoy en día no es muy diferente. Hay mucha gente que busca de Jesús para que Jesús les resuelva un problema, para que Jesús le arregle su matrimonio, o le sane una enfermedad, le sane un hijo, le saque a alguien de la cárcel, le supla una carencia. La diferencia es quizás de unos pocos que buscan a Jesús simple y llanamente por lo que él es.
J. C. Ryle, en su comentario sobre este Evangelio, dice: "Nunca debemos olvidar que el Señor Jesús es igual hoy. Él ve las motivaciones secretas de todos los que profesan y dicen ser cristianos. Él sabe exactamente por qué ellos hacen todo lo que hacen en su religión, por qué ellos van a la iglesia, las razones por las que van a la iglesia. Él sabe la razón por la que Miguel está predicando, las motivaciones, las intenciones. Él sabe las razones o intenciones, motivaciones, por las que cada uno de nosotros está aquí hoy, y por qué otros que no están, que debieran estar, no están. Nada está al descubierto y abierto ante los ojos de la gran cabeza de la satisfacción."
Eso es un pensamiento sobrio. Mi vida entera está al descubierta y abierta ante los ojos de la cabeza de la iglesia. Aquí tú tienes a Cristo, el Cristo que fue movido a la compasión el día anterior. Ahora, el día siguiente, la mala motivación de la misma multitud lo mueve a la confrontación. ¿Por qué? Porque Jesús se había cargado con la condición espiritual de aquella multitud, y él sabía que si él no confrontaba la condición espiritual de ellos, se perderían.
Entonces, esta confrontación no es diferente a la experiencia de la compasión. Es la compasión por su posible pérdida del alma para siempre lo que motiva a Cristo a tener que confrontarlos. Era una multitud incrédula, y la no confrontación de su incredulidad podría ser mortal, eternamente mortal. Y hermano, cuando la condición espiritual del otro, su incredulidad en Cristo, no te duele, no te preocupa, no te mueve, hay un problema. Porque si verdaderamente es así, eso no es ser compasivo. Eso es ser egoísta. No te asustes, como que te bajé el volumen. Eso es ser egoísta, porque yo lo estoy diciendo no porque yo disfrute acusar a nadie, pero yo disfruto poner a reflexionar a aquellos de nosotros que necesitamos reflexión, y esos somos todos.
Jesús no era así. Él fue movido a la compasión por el hambre física el día anterior y el cansancio. Este día fue movido a la misma compasión, pero por el hambre espiritual y la pérdida espiritual de esta gente. El puritano George Swinnock decía que no confrontar el pecado en el corazón de las ovejas es dejarlas cometer suicidio contra su alma. No confrontar el pecado de las ovejas es dejarlas que cometan suicidio contra su alma, como si su alma no te importara.
El verdadero pastor de ovejas no tiene opción: o confronta el pecado de las ovejas, o él es confrontado por el Pastor de pastores. Él no tiene una opción que no sea cumplir su misión. Cuando el pastor no confronta el pecado de sus ovejas, él se hace cómplice de su pecado, se hace copartícipe de su pecado. Y entonces al Pastor de los pastores no le quedará otra opción que no sea disciplinarnos.
Ese día Jesús les mostró que para ellos era más importante el pan físico, llenar su estómago, que su propia alma. Y esa es la razón por la que en el versículo 27, que es donde sigue el pasaje que venimos desarrollando, Cristo les dice: "Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el cual el Hijo del Hombre les dará, porque a este es a quien el Padre Dios ha marcado con su sello."
Ese día Cristo les mostró: el problema aquí está en que ustedes tienen sus ojos puestos aquí debajo, en esta tierra, en lo físico, en lo temporal, en lo material, y no en los cielos. El día anterior yo multipliqué los panes, pero ustedes lo vieron como una señal, como una señal que apuntaba a mí. Sin embargo, en vez de ver la señal y al Mesías al cual apuntaba la señal, ellos vieron la señal y a Jesús el panadero.
Y tú puedes ver claramente a lo largo de los Evangelios que Jesús estaba más preocupado por el hambre espiritual que por el hambre física de las personas, porque él enseñó en múltiples ocasiones, pero les dio de comer solamente dos días. En pocas palabras, la solución final del problema del hombre no es la solución del hambre física que ellos experimentaron el día anterior, que Jesús calmó y que al día siguiente ya tenían hambre otra vez. Entonces, ese no es su problema principal. Su problema principal es el hambre espiritual que no puede quitarse con pan físico. Esa hambre espiritual solo puede ser satisfecha con el pan de vida, y Cristo les estaba diciendo que sería: yo soy ese pan.
Sin lugar a dudas, el mayor problema de la humanidad es malnutrición, pero espiritual. Es malnutrición espiritual. Voy a usar ahora una ilustración médica para tratar de decir algo que yo creo importante. En medicina hay una enfermedad conocida como anorexia nerviosa, más frecuente en mujeres que en hombres, pero ocurre en ambos sexos. La persona con anorexia nerviosa, que es un problema de ansiedad, es un problema emocional, se para frente a un espejo, está pesando 80 libras, 78 libras —he visto pacientes midiendo 5'3", 5'4"— y se ven gordas. Por tanto, no comen. Se ven gordas a pesar de que están muy flacas y muy malnutridas.
Yo creo que muchas veces hay personas con anorexia nerviosa espiritual, que se ven muy engrosadas espiritualmente cuando en realidad están flacas y están malnutridas, pero se ven así, se ven gordos, se ven bien. Piensan que están bien alimentados.
O cuando no pudiera, hay otro trastorno alimenticio conocido como bulimia. Yo creo que hay como una bulimia espiritual también; obviamente es una ilustración. En la bulimia la persona come mucho un día, puede ser una cena, come mucho, mucho, mucho, luego va al baño y tiene este sentimiento de que esa cena la va a engordar muchísimo, y entonces va y vomita todo lo que cenó. Y luego se sienta a la mesa otra vez.
Yo creo que hay gente que va a un retiro y come toda esta comida, y el domingo regresa, y como que el domingo en la noche vomita todo lo que comió, y el lunes comienza a trabajar igual que trabajaba antes del retiro, a pesar de que durante todo ese tiempo disfrutó de un banquete espiritual. O quizás ocurre el domingo en la noche, todos los domingos de la semana o del año, después de escuchar un sermón que nos confronta, después de escuchar un sermón que nos deja ver la realidad en nuestro corazón. Entonces en la noche como que vomitamos, y al día siguiente —o esa misma noche, tarde en la noche— comenzamos a vivir otra realidad.
Y Jesús estaba tratando, o mejor dicho, Jesús estaba apuntando a una realidad que fue revelada muy atrás en el Pentateuco. Por Moisés, el que le dio pan por 40 años, le dice al pueblo judío, mira, de parte de Dios, uno o dos meses antes de entrar a la tierra prometida. Es en Deuteronomio que se escribe. Dice de parte de Dios, estoy diciendo que Dios dice: "¿Te dejé ir al desierto para qué? Para humillarte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón. Y te dejé pasar hambre para que aprendas que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios."
Esta multitud tenía que aprender exactamente la misma cosa. Yo te multipliqué los panes ayer, te di de comer. Yo no lo voy a hacer hoy para que aprendas que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Porque esa palabra que sale de la boca de Dios es tu vida, es lo que te puede dar vida, es lo que puede sustentar tu vida, es tu sustento.
El salmista había aprendido la verdad de esta lección cuando él escribe en el Salmo 119, versículo 92: "Si tu palabra no hubiese sido mi deleite, entonces yo hubiese perecido en mi aflicción." Cuando estaba en dolor, en dificultad, cuando estaba sufriendo, ¿sabes qué? Lo único que yo pude consumir fue tu palabra. Y la consumí de tal forma que se convirtió en el deleite de mi alma. Y yo hoy confieso que si yo no hubiese hecho tal cosa, yo hubiese perecido. Así de profundo era mi gemir.
Hermanos, tú necesitas creer la Palabra de Dios, consumir la Palabra de Dios hasta que ella sea tu deleite, porque en el deleitarte en ella está tu sustento y está la victoria de tu vida sobre tus luchas, sobre tus debilidades.
Entonces le preguntaron, versículo 28. Cuando Jesús les dice estas cosas, cuando Jesús les dice: "Mira, ustedes tienen que trabajar por el alimento que no perece y no por el alimento que permanece para vida eterna," ellos inmediatamente asociaron trabajo a obras, porque no conocían nada de la gracia aparentemente. E inmediatamente le preguntaron: "¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?" ¿Qué es lo que hay que hacer? ¿Hay que ayunar, hay que diezmar, hay que ir al templo, hay que hacer sacrificio? ¿Qué es lo que tenemos que hacer?
Jesús les responde, versículo 29: "Esta es la obra de Dios: que crean en el que él ha enviado." ¿Y quién era ese? Los panes que yo multipliqué ayer era yo. Aquí en el desierto soy yo. Yo multipliqué los panes ayer como señal para que crean hoy. Y esa es la razón: que crean hoy. Que lo que tenemos que creer es que yo soy el enviado de Dios, que yo soy el esperado por los siglos, que yo soy el Hijo de Dios, a quien Dios ungió en el Jordán cuando se abrieron los cielos y cuando la paloma descendió y se oyó esta voz desde los cielos: "Este es mi Hijo amado en quien yo me complazco, en quien tengo complacencia."
Esa es la razón de la multiplicación de los panes. Pero ustedes, en vez de ver la señal y ver al Mesías, ustedes vieron el pan y vieron al panadero. Y yo no vine a poner una panadería sobre la tierra. Unas horas atrás Jesús había multiplicado los panes, y Jesús les dice a sus propios discípulos en la barca: ustedes no entendieron los panes, ustedes no entendieron la señal.
Entonces, escucha la respuesta de la multitud. Le dijeron entonces: "¿Qué puedes hacer tú como señal para que veamos y te creamos?" ¿En serio? O sea, ¿la señal de hace 12 horas, 14 horas, esa no vale? Además, versículos antes, Juan 6:2 dice que lo seguían por las señales que él les hacía. Entonces, ¿las anteriores tampoco valen? ¿Yo tengo que hacer como un hombre de circo, que tengo que hacerte otra señal para que tú creas y luego me pidas otra señal más?
Y así hace el incrédulo: no se cansa de pedir a Dios cosas que Dios no le va a conceder para justificar su permanencia en su incredulidad. Con frecuencia Dios no nos da lo que pedimos, pero no nos da lo que pedimos, no porque se lo pedimos y él no quiere. No nos da lo que pedimos porque no sabemos ni siquiera cómo pedir. Otras veces no nos da porque no pedimos: "No tenéis porque no pedís." Otras veces no tenemos porque pedimos con malas motivaciones, dice Santiago.
Entonces, aquí están ellos: "¿Qué señal? ¿Qué obras haces?" Y es aquí donde realmente el corazón de esta multitud comienza a demostrarse. "Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: les dio a comer pan del cielo." En otras palabras: "Tú sabes qué, el problema no es nuestra incredulidad como tú estás pensando. El problema es que nosotros tenemos una historia, tenemos una historia de pan diario por 40 años. Y nuestros padres comieron ese pan, y tú nos diste pan ayer y hoy no hay pan. Entonces, danos otra señal."
En menos de 24 horas habían olvidado la señal de la multiplicación de los panes. "Pero es que Moisés nos dio por 40 años, todos los días."
Jesús no se detiene ahí, sino que él sabe: mira, si algo va a curar a esta gente es que yo continúe revelándome a mí mismo, número uno, y que yo continúe confrontando su corazón, número dos. Es esa combinación de cosas lo que lo hace.
Mira ahora, versículo 32. Jesús les dijo: "En verdad les digo que no es Moisés —este Moisés del que quieren hablar, hablemos de Moisés— no es Moisés el que les ha dado el pan del cielo, sino que es mi Padre." Y recuerda que les dijo: "Mi Padre me envió a mí." Es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo.
¿No saben cuál es ese verdadero pan? Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo. Subraya eso: y da vida al mundo. Ya está identificando cuál es el pan que el Padre da: baja del cielo y da vida al mundo.
"Señor, danos siempre este pan," le dijeron. Pero tú puedes estar seguro que ellos están pensando igual que la samaritana: "Dame de esa agua para que yo no tenga sed jamás." La samaritana estaba pensando, cuando Cristo le habló de él como el agua viva, "¿Y qué es eso? ¿Esa que me quita la sed para siempre?" Ella estaba pensando: pero hay un pan que tú lo comes y nunca vas a tener hambre.
Danos ese pan. Jesús les dijo —aquí la cosa comenzó a cambiar de color—: "Yo soy el pan de vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed. Pero ya les dije que aunque me han visto, no creen." Yo soy el pan, ustedes me han visto, ustedes no creen. Su mente está embotada, su corazón está endurecido. Él claramente se identifica como el pan que da vida al mundo. La claridad ahí no puede estar más. "Señor, pues danos de ese pan." Cristo les dice en el versículo 35: "Yo soy el pan de la vida." Ni siquiera el pan de vida, el pan de la vida. O sea, la vida es posible por mí, y el que viene a mí no va a tener hambre jamás.
Él está hablando en términos espirituales; la multitud está hablando en términos terrenales. Pero Jesús sabe que su problema terrenal es pequeño, es temporal, es pasajero, es eliminable incluso por medios naturales. Pero su problema grave, grande, permanente, eterno, que los condenaría para siempre, es el hambre espiritual. Y él dice: ese hambre solamente se quita si tú me comes a mí. Yo soy el pan de vida. Y no lo podían ver, y no lo podían ver por algo a lo que Pablo alude cuando les escribe a los corintios. Les dice que él no era como otros que se alababan a sí mismos, se medían a sí mismos y se comparaban consigo mismos, y que por tanto no eran sabios.
Eso era lo que esta multitud estaba haciendo y pensaban: nosotros estamos en el judaísmo, tenemos nuestra fe, tú mismo dijiste que nuestros padres nos dieron el maná, hemos leído eso. Viven como en la gloria del pasado. Aquí estás tú, pero sabes, yo no sé si tú eres, si tú tienes más gloria que el pasado con nosotros. Tenemos. De manera que ellos se alababan a sí mismos, se medían a sí mismos y se comparaban consigo mismos, y por tanto, Pablo dice lo que escribió: el que hace eso carece de entendimiento. Y ellos también carecían de entendimiento.
Jesús estaba confrontando su mente materialista, terrenal, de este mundo, que se comieron el pan ayer y querían pan hoy. Jesús estaba confrontando su corazón incrédulo, que no vio quién él era después de haber visto a miles de personas alimentadas con cinco panes y dos peces. Jesús estaba confrontando su propia ignorancia de su hambre espiritual y de su sed espiritual. Están hambrientos espiritualmente, están sedientos espiritualmente, y no saben que están hambrientos, y no saben que están sedientos, y no saben que están muriendo. Eso es. Ellos estaban en una completa ignorancia. Jesús estaba confrontando su ignorancia.
Juan 6:35: "Yo soy el pan de la vida." Juan 6:48: "Yo soy el pan de la vida." Juan 6:51: "Yo soy el pan vivo que descendió del cielo." Si no entendieron hace un momento atrás cuando yo dije que el pan que Dios da, el verdadero pan, es el que descendió del cielo —está un poquito como abstracto—, ahora Cristo dice: "Yo soy el pan vivo que descendió del cielo. Si alguien come de este pan, vivirá para siempre." ¿Cuál es el pan? Yo. "Y el pan que yo también daré por la vida del mundo es mi carne." Subraya esa última frase: el pan que yo daré por la vida del mundo es mi carne.
¿De qué está hablando Cristo? ¿Sabían que él está hablando de la crucifixión? El pan que yo daré por la vida del mundo. ¿Qué fue lo que él dio por la vida del mundo? Su vida. Cristo dice: ese pan es mi carne. Está usando una metáfora que ahora se pone como todavía para ellos más grotesca por lo que voy a explicar.
El versículo 52: "Por tanto, discutían entre sí: ¿Cómo puede este darnos a comer su carne?" Tú pensarías que si verdaderamente esta gente no fuera tan prejuiciada y condenaría como esta gente, lo que tenían que hacer es decirle: "Jesús, mira, esto está confuso, no entendemos esto. Que hay que comerse el pan, que tú eres el pan, y que el pan que tú das da la vida del mundo, y la tú la vas a dar por la vida del mundo, y que es lo que tú das que es pan pero también es tu carne. ¿Cómo nos explicas eso?" No, eso no fue lo que decían, porque ellos no estaban interesados en entender; ellos estaban interesados en rechazar. Entonces comenzaron a discutir entre sí: "¿Cómo puede este darnos a comer su carne? ¿Cómo que ya este quiere que comamos su carne?"
El versículo 53: "Entonces Jesús les dijo: En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del Hombre y beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él. Como el Padre que vive me envió, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo, no como el que los padres de ustedes comieron y murieron. El que come este pan vivirá para siempre." Esto dijo Jesús en la sinagoga cuando enseñaba en Capernaúm, y donde él estaba. Él se embarcó y se fue a la sinagoga a enseñar.
Él usó una metáfora que tenía el contenido de la enseñanza de manera real, verdadera. No lucía tan clara, es verdad, pero Jesús lo enseñó en parábolas y en metáforas como una forma de enseñarles y al mismo tiempo de juzgarles. Cuando le preguntaron por qué enseñaba en parábolas, él dio una explicación, y la explicación que dio tenía que ver justamente con la idea de que las parábolas tenían la intencionalidad de revelar y de esconder. "Porque yo les enseño en parábolas porque a ustedes se les ha dado el misterio del reino de los cielos; para ellos no. Porque tú eres un pueblo que con ojos no ve y con oídos no oye ni entiende."
Entonces Jesús les estaba hablando a través de esta metáfora diciendo: tú tienes que comer mi carne, tú tienes que tomarte mi sangre. Los judíos estaban en contra del canibalismo, obviamente eran hebreos, y por otro lado no podían tomar la sangre, ni siquiera podían comer carne con sangre. Entonces Jesús les estaba hablando ahora de que hay que tomarse su sangre. Eso fue como grotesco para ellos. Pero Jesús lo que quería era provocar el escudriñamiento —si me permiten la palabra—, el escudriñar qué es lo que les está diciendo, el que le preguntaran para explicar. Pero ellos no estaban en eso; ellos estaban detrás de un rechazo de alguien que ellos no querían recibir.
Lo que Jesús quiere es alimentar su alma, pero para alimentar tu alma, él sabía que primero tiene que confrontar la condición de tu corazón. Tú sabes que eso es verdad de ti y de mí todavía, que frecuentemente el Espíritu de Dios quiere alimentar mi alma, pero para alimentar mi alma tiene que confrontarme primero con algo que no está bien en mí o en mi vida, en mi caminata, en mi ministerio, en mi casa, en mi mente, en mis sueños. Y eso quiere decir su sangre, es lo que él daría en rescate por muchos. Eso los está provocando, pero está provocando para que se definan.
El versículo 60: "Por eso muchos de sus discípulos, cuando oyeron esto, dijeron: Dura es esa declaración, ¿quién puede escucharla?" No está tan alta. El texto no dice: "Confusa es esa declaración, preguntémosle." No, el problema no estaba en lo confuso, aunque yo admito que no es como tan clara. Pero para ellos no, ellos no querían que fuera mucho más clara. "Esto está duro, esto está duro de tragárselo. ¿Quién puede escuchar? Nadie puede escuchar esto." Ellos están preparando su salida.
La palabra ahí traducida como "dura" en el griego es "skleros". ¿Conocen esa palabra? Yo he oído la palabra arteriosclerosis. Ahí está la palabra: endurecimiento de las arterias. Bueno, esto es skleros. Dura esa palabra. No, no es tanto que la palabra es dura; es que duro es tu corazón. Ese es el problema principal. No les gustó.
Hermanos, esa es la reacción típica del ser humano cuando les he confrontado en su pecado. Cualquier confrontación de la carne nos parece dura y no compasiva. Pero déjame decirte: lo que no es compasivo es dejarte gastar, sufrir y hasta morir en tu pecado. Eso no es compasivo. Eso es abandonarte porque no me importa lo que te pase, no me importan tus consecuencias, no me importa tu derrotero, no me importa lo que sufras, no me importa lo que Dios haga contigo. Como no me importas, haz lo que quieras.
No. La compasión se manifiesta muchas veces en confrontación. Me duele lo que veo adelante que puede venir en contra tuya, me duele la condición en la que te encuentras, me duele ver cómo te has relajado, me duele hasta el alma. Y eso lo hace o un verdadero amigo y discípulo de Cristo, o un verdadero pastor.
Déjame decirte quién no te confronta. El traficante de droga no te confronta, no te habla de tu pecado. El que te ofrece la droga gratuitamente no te habla de tu pecado. El que te vende alcohol no te habla de tu pecado. La prostituta que te ofrece sexo gratuitamente o por paga no te habla de tu pecado. El que vende pornografía no te habla de tu pecado. Todos ellos quieren complacerte, ¿o no? A ellos no les importa tu alma. Ellos no tienen valor por la imagen de Dios en ellos, y mucho menos de ti. El único que te habla de tu pecado es Jesús. Él te habla de tu pecado porque sabe que las consecuencias son tantas que él prefirió llevarlas él sobre sus hombros en la cruz.
Jesús nunca estuvo dispuesto a satisfacer las demandas de la multitud, y la multitud nunca estuvo dispuesta a abrazar las demandas del Maestro. ¿Qué cosa? Aquí hay un trancazo. Jesús nunca estuvo dispuesto a satisfacer las demandas de la multitud, y la multitud nunca estuvo dispuesta a abrazar las demandas del Mesías.
El versículo 61: "Pero Jesús, consciente de que sus discípulos murmuraban, criticaban, condenaban por esto, les dijo: ¿Esto los escandaliza?" O sea, esto es un escándalo para ustedes. Bueno, es que eso mismo dice la Palabra: que Jesús fue la piedra de escándalo para muchos, la roca que aplastó a otros. De hecho, en una de las visiones de Daniel, él ve esta roca al final de los tiempos que viene del cielo y le da a todos los reinos de la tierra, todos los reinos del mundo, y los destruye, y esa roca instaura un reino eterno. Esa roca nosotros sabemos que es Cristo Jesús.
Él fue la verdad, y es que ofendió a los sabios. Él fue para muchos una muralla y para otros un camino. ¿Te imaginas eso? Para unos una muralla, y la misma persona, con la misma verdad, un camino para otros. Para muchos un tonto, pero para muchos otros la personificación de la sabiduría.
Jesús les dice: "¿Esto los escandaliza? El cielo se sintió, pues ¿qué harían si ven al Hijo del Hombre ascender a donde estaba antes?" Está de pensar: si esta persona que está aquí hablándoles, ¿qué usted pensaría si lo ven ascender a la gloria donde Él estaba?
Entonces Él dice: "El espíritu es el que da vida, la carne para nada aprovecha. Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida." ¿Escuchaste? Yo decía que si me preguntaran cuál es una frase que usted quisiera que se le quedara, yo creo que hay múltiples enseñanzas ahí, pero esta frase que se nos olvida: la carne nada aprovecha, para nada aprovecha. Revisa dónde ha estado tu mente, tu corazón, tus manos, tus ojos, tu pensamiento, tu cuerpo, tu presencia en la última semana, en el último año. Para la carne, a la carne... la carne nada aprovecha, absolutamente nada. El espíritu es lo que da vida, y mis palabras son vida y son verdad.
Y esa combinación de palabra de Cristo, de que mis palabras son vida y son verdad... O sencillamente, porque lo que metió a Satanás, perdón, lo que metió a Adán y Eva y toda la creación en problema fue la mentira que Satanás les vendió a ellos. Por tanto, lo que los llevó a la muerte, lo que los va a sacar a ellos y a nosotros sus descendientes, es el antónimo de lo que ocurrió a la creación. ¿Y qué es eso? Mi verdad, que entonces te da vida; mis palabras son vida y son verdad. La Palabra de Cristo es lo que te devuelve la vida. Ahora, si volvimos a la vida por medio de la verdad de Cristo, ¿qué hacemos andando en mentiras otra vez? Porque eso sería como estar tratando de suicidarte.
Jesús está confrontando a una multitud porque Él percibe toda la condición de su corazón. Y al estar cerrando ese día, le dicen en el versículo 64: "Pero hay algunos de ustedes que no creen." Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a traicionar. Les subió a la multitud y dijo: "Bueno, esto está feo, porque aquí hay mucha gente que no cree, aquí hay mucha gente pero gente que no cree. Aquí mismo hay uno que está cerca que me va a traicionar."
Jesús nunca usó la apariencia, la reputación de las personas. Entonces, ¿qué fue lo que usó? La condición de su corazón. Por eso es que me han oído decirlo, oírlo decir otra vez, y quizás se cansen de volver a oírme decirlo, pero cada vez que alguien me dice en consejería: "Pastor, pero no se preocupe, porque Dios conoce mi corazón," yo digo: "¡Ahí Dios sabe yo!" Porque si hay algo que yo quisiera que Dios no conociera, es mi corazón. Como dice el inglés: "You are in trouble." Si estás relajando, lo que se ve de ti es lo mejor de ti. Cuando tú hagas lo peor que tú hagas en tu vida, el día que tú cierres aquí en este lado de la gloria, lo que se ha visto es lo mejor de ti. Lo peor de ti estaba por verse, pero Dios lo vio.
Malas acciones son fácilmente visibles. Buenas acciones frecuentemente son pasadas por alto. Ahora, buenas acciones con malas intenciones, solo las ve Dios, y las juzga Dios. Y tú sabes cuán frecuente eso es: buenas acciones con malas motivaciones o intenciones, buenas acciones que frecuentemente están destinadas a tapar mis malas acciones, hasta para mi propia conciencia.
El versículo 65 también decía: "Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo ha concedido el Padre." Juan 6... ahí hay como cuatro o cinco sermones. Yo lo que estoy tratando es de ilustrar un punto de la compasión y la confrontación, y por eso he ido como rápido, pero a eso solo es un mensaje. "Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo ha concedido el Padre." Cuando Jesús dijo eso, ahí fue que lo vendió de verdad.
Y esto es lo que ocurre como resultado de esto: muchos de sus discípulos... Oye, no hay mucho de sus discípulos, no eran seguidores simplemente, eran discípulos. Eso implica que tienen un tiempo detrás de Él, lo consideraban Rabino, lo consideraban maestro. Muchos de sus discípulos se apartaron y ya no andaban con Él. Es increíble que ese verso es el 66 de Juan 6. Juan 6:66, como un número coincidencial, pero que ilustra el corazón de esta gente.
El pan que llenó su estómago el día anterior los atrajo, y el pan que podía calmar su hambre espiritual el día siguiente los alejó. ¿Tú puedes creer? El pan físico que calmaba su hambre física los atrajo, pero el otro pan, el espiritual, fue el que los alejó.
Jesús estaba consciente: se puede ir todo el mundo. Si hacer la voluntad de Dios implica quedarme solo al final de mi día, como en efecto sí pasó, yo me quedo solo. Jesús siempre prefirió la soledad a la compañía si eso implica hacer la voluntad de Dios.
El andar siguiendo a Cristo tiene un costo. El evangelio a precio de ganga siempre cuenta con múltiples seguidores; ese es el evangelio costoso que ha sido comprado por muy pocos. No sé cuántos de ustedes vieron un video, pero sé que corrió por WhatsApp múltiples veces, de este hombre que había estado acá, regresaba de la China. Un maestro de la Biblia, pastor, había estado en China con iglesia subterránea. Esta gente vino no sé trece horas en tren para asistir a tres días sentados en el piso, aglomerados ahí uno con otros, sentados en el piso, nada de espaldar, para escuchar horas y horas y horas y horas muertas de enseñanza por tres días. Y él entonces les hablaba de que donde él vivía, en América, en la iglesia de la libertad de reunir, etcétera, etcétera. Y ellos le decían al final: "Ore, pastor, ore para que nosotros podamos llegar a ser como ustedes." Y él está ahí: "No, no, no, no, no, no, no, no, no. Porque donde yo vivo, si no hay aire acondicionado, si las sillas no están acolchonadas o los bancos, y si no hay parqueo contiguo a la iglesia, la gente no viene. Mejor oren ustedes para que nosotros lleguemos a ser como ustedes."
El evangelio costoso siempre ha sido comprado por unos pocos. ¿Cuánto te cuesta el evangelio de Cristo, la causa de Cristo? Todo. Cristo viene y te dice: tú lo dejas todo a un lado y me sigues, o yo te dejo a un lado. Pedro, Juan, dejen las redes. Mateo, párate de ahí, deja esa mesa contando dinero. El joven rico, vende todo lo que tú tienes. Quizás el llamado no es exactamente literal para cada uno de nosotros, como le pasó al hombre rico, al joven rico, pero el llamado sí es de esa manera aquí: para que Cristo esté en el centro, todo tiene que estar al lado.
El día anterior fue de alimentación; este día fue de confrontación. Ahora, Jesús estaba dispuesto no solamente a seguir con esta multitud más indecisa, Jesús estaba dispuesto ni siquiera a seguir con los doce. Y cuando la mayoría de sus discípulos se fueron, parece que todo el mundo inamovible quedaron ellos. Es como Jesús le dice a los doce discípulos: "¿Acaso también ustedes se quieren ir? Ustedes se quieren ir, se pueden ir. Me quedo solo." Es como que ustedes todos me vieran abandonado y como el sermón y quedara el grupo de oración, y yo me volteara y dijera: "Ustedes se quieren ir, se pueden ir. Me iré por ahí, ellos salieron por ahí y ustedes pueden salir por ahí." Como algo así.
Simón Pedro le respondió: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna." Ahora, cuando tú escuches la frase vida eterna, entiende algo: que no es solamente la duración de la vida, es la calidad de la vida. Por eso la vida eterna comienza a este lado de la gloria, de este lado de la eternidad, y se prolonga después del umbral de la eternidad.
Y Pedro le dice: "Nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Santo de Dios." Jesús les respondió: "¿No los escogí yo a ustedes, los doce? Sin embargo, uno de ustedes es un diablo." Uy, le quedaron doce y uno es un diablo. ¿Y cómo? ¿Y cuántos se le iban a quedar más? Es que ya la multitud se fue, quedamos doce y tú dices que en realidad ni los doce somos. Él se refería a Judas, hijo de Simón Iscariote, porque este era uno de los doce, él es el que lo iba a entregar.
Me han oído decir: la mejor prueba de que tú eres un discípulo es la prueba del tiempo. La mejor prueba de que tú eres un discípulo es la prueba del tiempo. El tiempo nos pone a prueba, el tiempo nos hace pagar un precio. Y el tiempo viviendo para Cristo, viviendo para Cristo, ¿sabes lo que hace? Que comienza a ayunar la carne, y la carne comienza, y la carne ayunando, y la carne ayunando, y llega un momento en que si yo no soy un verdadero discípulo de Cristo, la carne en su ayuno prolongado se rebela y dice: "Dejemos esto, se acabó," y abandono el camino. La prueba del tiempo está diseñada para eso.
Hablando un poco hiperbólicamente, es raro la semana que transcurre sin que yo reciba una noticia de que otro líder más ha abandonado la carrera por una razón o por la otra, o ha sido obligado a abandonar la carrera. El tiempo te obliga a decidir quién es señor: tú eres el hombre, o Jesús, pero no ambos.
Padre, ¡gracias! Gracias porque Tú has revelado el pan de vida a nuestras vidas. Gracias porque Tú nos has dado Tus palabras que son vida y son verdad. Gracias porque Tú has tenido compasión de nosotros. Señor, todos nosotros te necesitamos, y no solamente de manera como genérica. Nosotros necesitamos de Tu gracia y de Tu compasión, porque solamente Tú puedes salvar. Nosotros hemos entendido lo que implica comer Tu carne, beber Tu sangre, aceptar Tu sacrificio en la cruz en lugar nuestro, por el perdón de nuestros pecados. Gracias por habernos salvado, y luego por habernos dejado aquí para nosotros contribuir a desplegar Tu gloria a todos los rincones de la tierra. Señor, perdónanos cuando nosotros no hemos vivido a la altura de nuestro llamado y a la altura de Tu sacrificio. Eso pone en evidencia que Tu amor nos queda grande, y por eso somos tan ingratos, y por eso no te devolvemos conforme a lo que Tú has dado.
Tu amor me queda grande, ahora lo sé. Pero gracias por un amor tan inmenso e infinito como el tuyo para amar a un pecador como yo. En tu nombre precioso, Jesús. Su pueblo dice amén.