Integridad y Sabiduria
Sermones

Cristo, el orquestador de tormentas

Miguel Núñez 6 septiembre, 2020

Dios se declara responsable de todo cuanto ocurre en su universo, incluyendo las tormentas que llegan a nuestra vida. Esta verdad, incómoda pero bíblica, enmarca el encuentro de los discípulos con Cristo caminando sobre las aguas en Marcos 6. No fue casualidad que estuvieran remando fatigados en medio de la noche: fue Cristo quien los forzó a subir a la barca, sabiendo exactamente lo que venía. Hay tormentas de corrección, como la de Jonás huyendo de Dios, y tormentas de perfección, como esta, donde los discípulos obedecían pero necesitaban crecer. Ambas son necesarias porque destruyen nuestra autosuficiencia y nos fuerzan a confiar solo en Dios.

Los discípulos llevaban nueve o diez horas remando, agotados, cuando vieron una figura acercarse sobre las aguas. En lugar de reconocer a su Maestro, pensaron que era un fantasma y gritaron aterrorizados. El temor distorsiona la realidad: nos hace ver amenazas donde hay rescate, nos paraliza y nos convierte en blanco fácil para el enemigo. Pedro tuvo el valor de salir de la barca y caminar hacia Jesús, pero cuando vio la fuerza del viento, comenzó a hundirse. La distracción y la seducción, advierte el pastor Núñez citando a Stuart McAlister, son armas poderosas del enemigo.

Cristo respondió al clamor de Pedro al instante, pero también lo confrontó: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?" La compasión de Jesús no excluye la corrección. El problema de fondo era la incredulidad: no habían entendido lo de los panes, sus mentes estaban embotadas. Pero esta segunda tormenta logró lo que la primera no pudo: al final, los discípulos adoraron diciendo "verdaderamente tú eres el Hijo de Dios". Ese es el propósito de toda tormenta: llevarnos a conocerle mejor para adorarle mejor, porque la adoración al único Dios verdadero nos libera de todos los ídolos que prometen pero no cumplen.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Padre, nosotros estamos delante de tu Palabra, y si estamos delante de tu Palabra, estamos delante de ti, porque donde está tu Palabra estás tú. Gracias te damos por la Palabra que nos has dado. No nos has dado una palabra débil, no nos has dado una palabra que promete pero no cumple, no nos has dado una palabra con forma o con poder humano, aunque sí tiene forma humana para que podamos entenderla.

Pero yo quiero pedirte, Señor, que antes de entrar al texto de hoy, quiero orar con el salmista en el Salmo 139 y decirte: escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis inquietudes. Y ve si hay en mí camino malo o camino de iniquidad, y guíame en el camino eterno.

Señor, nosotros pensamos en aquella ocasión cuando Moisés sacó al pueblo a encontrarse contigo. Yo te pido que tú me des lo que yo no tengo para tomar a este pueblo que está aquí hoy y llevarlo a encontrarse contigo por medio de tu Palabra. Nosotros necesitamos un encuentro contigo cada vez que venimos a tu Palabra. No queremos un encuentro con una letra que sea muerta para mí —porque no es muerta—, pero que mi actitud la haga o la convierta, o mi disposición o la condición de mi corazón o de mi mente la convierta en una letra que no hace nada en mí.

Nosotros dependemos de que antes de leerla, antes de comenzar a rumiarla, que tú despiertes el entendimiento, que tú abras los ojos, que tú fertilices el terreno de mi corazón, que tú debilites mi voluntad y que tú me hagas, tú me predispongas a favor de la obediencia y de la autoridad de lo que habremos de ver. Lo que nos da ánimo es que todas mis alegrías, todos mis gozos y tristezas, porque estás tú, porque está este mensaje para hacer lo que tenga que ser hecho en cada uno de aquellos que escuchan o escucharán. En tu nombre, Jesús, te lo hemos pedido, y su pueblo dice: amén, amén.

Bueno, yo creo que pensando en la canción "mis gozos y tristezas, porque estás tú", yo creo que cada uno de nosotros ha estado en tribulaciones, dificultades, vicisitudes, pruebas, tormentas de diferentes tipos. Yo creo que eso es fácil de admitir. De la misma manera, yo creo que es también relativamente fácil, si somos honestos, de admitir que en medio de esas condiciones o situaciones, cada uno de nosotros ha experimentado de diferentes maneras, en diferente grado, temor, ira, frustración, impotencia, dolor, y que al final, o al principio, o a mitad de camino, eso que hemos experimentado ha resultado en quejas.

Y de alguna forma, bueno, yo creo que negar eso que yo acabo de decir es negar la realidad, y es negar la realidad de la condición caída del ser humano. Decía que cada una de estas situaciones en algún momento terminan en un sentimiento de queja de parte nuestra, y que a nosotros como que se nos olvida —cosa que se nos ha enseñado anteriormente— que Dios se declara responsable de todo cuanto ocurre en su universo, y de manera particular de todo cuanto ocurre en nuestras vidas. Y vemos eso a lo largo de toda la historia bíblica.

Por tanto, si Dios es responsable, Dios es el responsable final de todas las tormentas que han llegado a mi vida y que llegarán a mi vida. Nota que yo dije responsable final, porque puede ser que yo haya andado o esté andando en un camino de pecado y me haya metido en una tormenta, pero al final del camino es Dios quien la está permitiendo. Y la está permitiendo con la idea en ocasiones de que sea una bendición, y en otras ocasiones de que me sirva de reprensión. Pero déjame autocorregirme inmediatamente y decir: la reprensión de Dios es parte de la bendición de Dios. Su disciplina me hace bien.

Ahora, antes de continuar, a manera de introducción, de preparación y de recordatorio al mismo tiempo, déjame mencionarte dos o tres pasajes bíblicos bien breves que nos recuerdan quién es el que está en control de todo cuanto ocurre en su universo y en mi vida personal. Isaías 45:7: "Yo soy el que forma la luz y crea las tinieblas, el que causa bienestar y —escucha ahora— crea calamidades. Yo, el Señor, es el que hace todo esto". Amós 3:6, segunda parte: "Si sucede una calamidad en la ciudad, ¿no la ha causado el Señor?". Y finalmente, Lamentaciones 3:38: "¿No salen de la boca del Altísimo el mal como el bien?". Y yo dejé fuera una lista de pasajes que pudiéramos seguir mencionando.

Desafortunadamente, muchas veces, en vez de el hijo de Dios someterse a la voluntad de Dios que yo he dicho ha enviado la tormenta, al luchar contra la tormenta que Dios mismo ha enviado a mi vida, se me olvida que yo no estoy luchando contra la tormenta. Yo estoy luchando contra el enviador de la situación, de la circunstancia en medio de la cual yo me encuentro. Yo he estado en consejería no sé cuántas veces, y he escuchado un número de veces significativas algo como esto: "Pastor, yo sé que Dios está tratando conmigo y yo estoy luchando con él". ¿En serio? ¿Estás luchando con Dios? Me recuerdo de algo: Dios nunca ha perdido una pelea y no está planificando perder esa contigo. Al final, si continúas, lo único que puedes tener es un knockout.

Se nos olvida que Dios es quien está en control. Yo estoy hablando de tormentas porque el pasaje de hoy tiene que ver con una tormenta. Warren Wiersbe, en su comentario sobre este pasaje —el comentario de Mateo, en lo que sería el pasaje paralelo—, dice que él piensa que hay tormentas de corrección y tormentas de perfección. Tormentas de corrección cuando Dios tiene que corregir algo en mi vida, Dios tiene que disciplinarme. Tormentas de perfección cuando Dios quiere hacerme crecer. Yo creo que la tormenta de hoy, como lo vamos a ver claramente, es una tormenta tanto de corrección como de perfección. Claramente tú lo vas a ver.

Si tú recuerdas la vida de Jonás, tú recuerdas su historia, es fácil ver que él estuvo en una tormenta porque se opuso o desobedeció la voz de Dios. Él estaba huyendo de la voluntad de Dios. "Jonás, yo te he escogido para que prediques salvación a los ninivitas". Y Jonás dijo: "Gracias, yo sé que tú me escogiste, pero yo voy a escoger un barco para irme en la otra dirección". Y Jonás entra en una tormenta de corrección.

Ahora, esta vez, cuando comencemos a leer el texto, los discípulos están en la tormenta por obedecer a Cristo. Es Cristo que los hace subir a la barca, y en cumplimiento de la voluntad de su Señor ellos están en la tormenta. Pero yo quiero recordarte que ambos tipos de tormentas son necesarias. Las tormentas de corrección, en las que tú y yo hemos estado en diferentes ocasiones, son necesarias porque ellas destruyen o tratan, apuntan a destruir el orgullo, la autosuficiencia, la rebeldía, el espíritu de desobediencia como en Jonás, y nos fuerzan a someternos a la voluntad de Dios. Por eso es que son buenas las tormentas de corrección. Y las tormentas de perfección tienden a fortalecer mi carácter, debilitan mis emociones negativas como el temor, la ira. Y por otro lado, ellas me ayudan y hasta me fuerzan a llegar a confiar en Dios y su Palabra solamente, independientemente de las circunstancias.

Ahora, no importa cuál sea la razón por la cual nosotros nos encontramos en una tormenta, Dios aprovecha la ocasión para hacer dos cosas siempre, y eso lo vamos a ver en la tormenta de hoy: Dios revela su carácter y Dios revela algo acerca de ti. La tormenta de hoy, nosotros veremos cómo Dios hace eso. En el caso de Jonás, Dios reveló su soberanía: su soberanía sobre el mar, su soberanía sobre el pez que vino y se tragó a Jonás, su soberanía sobre Jonás, que terminó predicando salvación a los ninivitas.

Ahora, yo quiero mencionarte algo más antes de leer el texto, porque al final de la historia lo que te voy a decir ahora están conectados, ¿ok? Entonces, este evento que vamos a leer ocurrió inmediatamente después de la alimentación de los cinco mil hombres, que es como Marcos le llama: cinco mil hombres. Si fueron hombres, es posible que hubiera seis, siete mil, ocho mil, diez mil personas ahí si se hubiesen contado niños y mujeres. Otros evangelistas dicen cinco mil personas. Pero esto ocurrió inmediatamente después de la multiplicación de los panes, y esto es importante por lo siguiente.

Jesús y sus discípulos se montan en la barca y entonces se quieren retirar a un lugar aislado, porque los discípulos y él estaban cansados y no habían tenido tiempo ni siquiera para comer. Eso dice el texto. Entonces Jesús los quiere llevar a descansar, se montan en la barca, se van. Cuando se desmontan del otro lado, ya la gente que había viajado los estaba esperando. Pero vienen cansados, no han comido. Y entonces Jesús, dice el texto, vio las multitudes y tuvo compasión de ellas. Tuvo compasión porque las vio como ovejas sin pastor.

B. B. Warfield, gran teólogo de la Universidad del Seminario de Princeton —cuando Princeton era un bastión de ortodoxia; hoy es un bastión de liberalismo—, en el año 1912 escribió un ensayo acerca de la vida emocional de nuestro Señor. Ahora, cuando Warfield escribió tal ensayo, él no estaba pensando en la palabra "emocional" de la misma manera que tú y yo pensamos. Porque usualmente cuando tú y yo pensamos en alguien emocional o la vida emocional de alguien, estamos pensando en sentimientos desbalanceados, impulsivos, como fuera de control. Warfield no estaba pensando en eso; estaba pensando en una cosa totalmente diferente. Estaba señalando incluso que la característica número uno de la vida emocional de Jesús es que fue su compasión.

Aquí el texto dice que él vio las multitudes —estando cansado, estando los discípulos cansados—, él vio las multitudes, tuvo compasión de ellas. Y tuvo compasión de ellas porque las vio perdidas: no tenían pastor que las guiara, que las orientara, que las protegiera, que las limpiara, por así decirlo. La palabra traducida ahí como "compasión" en el original es splanchnízomai, y hace referencia originalmente a algo como que se te retuerce en tu interior. Y específicamente en la antigüedad se pensaba que los sentimientos estaban en los intestinos, y quizás por buena razón pensaban eso.

De manera que esta palabra alude a los intestinos que se están retorciendo. Y si tú has tenido esa experiencia alguna vez, esa intensidad es a la que el texto se está refiriendo cuando dice que Jesús tuvo compasión. Su sentido de tristeza, su sentido de dolor por su condición fue así. Y el corazón de un verdadero pastor de ovejas, cuando ve la oveja luchando, batallando, sufriendo en su interior, hay un sentido intenso que es difícil de poner en palabras. Y así es que la Palabra llama compasión.

De manera que Jesús vio las multitudes, se sintió de esa manera, y eso es lo que hace que él, a pesar de ver a los discípulos cansados —lo cual es algo importante para lo que vamos a ver—, los pone a trabajar otra vez, los pone a administrar otra vez. No había sino doce personas, pero quizás había cinco mil, ocho mil o diez mil personas. De manera que ahora ellos estaban trabajando después de haber trabajado. Y yo lo que quiero es que recuerden esto, porque cuando los veamos en la tormenta ahora remando y veamos que ellos están cansados mientras remaban, esto es cansancio sobre cansancio. Solo quiero que entiendan lo que está ocurriendo.

De manera que con eso yo quiero que podamos leer el texto de la Palabra de Dios en Marcos 6, a partir del versículo 45. Y estoy leyendo la Nueva Biblia de las Américas, la misma Biblia de las Américas que usa un lenguaje más de "ustedes" en vez de "vosotros", más de "están" en vez de "estáis", pero es el mismo contenido.

Escucha lo que dice la Palabra: "Enseguida Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y fueran delante de él al otro lado, a Betsaida, mientras él despedía a la multitud." Él envía a los discípulos, él se queda atrás en tierra despidiendo a la multitud. "Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar. Al anochecer, la barca estaba en medio del mar y él estaba solo en tierra. Y al verlos remar fatigados" —cansancio sobre cansancio— "porque el viento les era contrario, como a la cuarta vigilia de la noche, fue hacia ellos andando sobre el mar, y quería pasarlos de largo. Pero cuando ellos lo vieron andando sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo vieron y se turbaron. Pero enseguida él habló con ellos y les dijo: 'Tengan ánimo, soy yo, no teman.' Subió con ellos a la barca y el viento se calmó, y ellos estaban asombrados en gran manera." Y escucha ahora por qué ellos estaban así con el milagro de los panes: "Porque no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada."

Hay una narración paralela en Mateo 14 y en Juan 6 de este evento, que agrega algunas informaciones que Marcos no tiene, y viceversa. La versión de Mateo nos dice que no solamente el Señor tuvo un encuentro con los discípulos en alta mar, sino que tuvo un encuentro especial con Pedro. No solamente en alta mar, sino con Pedro estando en las aguas, sobre las olas y el viento batiendo. Yo creo que todos estaríamos de acuerdo que ese no es el mejor momento, ni el mejor lugar, ni la mejor hora —en la oscuridad de la noche— para tener una conversación, pero ahí fue que Cristo quiso tenerla.

En el Evangelio de Marcos hay dos tormentas descritas: una en Marcos 4, de la cual predicó el pastor Héctor hace unos meses atrás, y esta segunda tormenta en Marcos 6. Ambas tienen elementos muy distintivos y enseñanzas distintas, y por buena razón, porque cada evento en la vida de Cristo con sus discípulos tuvo una intencionalidad específica. Y de esa misma manera, cada tormenta, cada dificultad en tu vida tiene un propósito que llenar, tiene una intencionalidad, está apuntando a una meta en particular.

Y si alguna vez tú te has encontrado que estás ahora en una tormenta casi idéntica a la tormenta que tuviste hace seis meses, hace un año, hace tres años, los chances son que probablemente o no aprendiste la lección la primera vez, o la primera vez, aunque sufriste en medio de la dificultad, no fuiste quebrantado. Mucha gente confunde sufrimiento con quebrantamiento. Y dicen: "Yo tuve un gran quebrantamiento el año pasado", pero cuando escuchas la historia te das cuenta que no. Recuerda que satisfaraón sufrió las diez plagas, pero nunca fue quebrantado. Job sufrió y termina profundamente quebrantado y profundamente arrepintiéndose en polvo y ceniza. Esa es la diferenciación, y es por eso que en ocasiones las tormentas como que lucen iguales una detrás de la otra.

En la primera tormenta en Marcos 4, Cristo sube a la barca primero y luego invita a sus discípulos. En esta ocasión él se queda en tierra y empuja a sus discípulos a subir a la barca. La razón por la que yo usé la palabra "empujar" es porque en el original eso es exactamente como está. Prácticamente Cristo tuvo que forzarlos a subirse a la barca, u obligarlos. Y el texto no dice por qué Cristo tuvo que hacerlo de esa manera, pero nosotros podemos hacer quizás una especulación santa.

Haciendo uso de pasajes paralelos en Juan 6, se nos dice que inmediatamente después de la multiplicación de los panes, la multitud quería hacer o proclamar a Cristo rey. Y luego entonces viene esto: Cristo forzó a los discípulos a que subieran a la barca y se fueran.

Es posible que a los discípulos les estuviera gustando la idea de esta proclamación de Cristo como rey, aunque fuera a la fuerza, porque eso era lo que ya estaban esperando por cientos de años. En realidad, quizás es posible que Cristo no quería que ellos se contaminaran con ese sentir popular pero no bíblico de para qué Él estaba en esta tierra en esta ocasión.

Quizás la razón por la que Cristo tuvo que forzarlos es porque esta gente eran pescadores experimentados que les crecieron los dientes, digámoslo así, en el mar. Y quizás ellos vieron el cielo y lo vieron nublado, o quizás comenzaron a sentir como ese viento típico de esa región, aparentemente hasta nuestros días, que con cierta regularidad al caer la noche como que se levanta y arrecia, y ocurren estas tormentas repentinas. Quizás ellos presentían, sospechaban que algo así podía ocurrir, y sobre todo que ya venían cansados. La verdad que no sabemos con exactitud, pero lo que sí sabemos es que Cristo tuvo que forzarlos a entrar en la barca.

Salir a navegar esta noche fue idea del Maestro. Él sabía lo que venía. Fue el mismo Maestro que los metió en problemas, y es por eso que yo he titulado este mensaje: "Cristo, el orquestador de tormentas". Porque esta es la idea: Cristo tenía un interés marcado, aparentemente, en que ellos se montaran en la barca y se fueran, y Él no iba a estar ahí. Esto probablemente era como noche de entrenamiento. Ellos han emprendido la navegación en obediencia al deseo del Maestro de ir al otro lado, pero Él quiere ir al otro lado, los monta, les dice: "Bueno, vayan ustedes, yo me voy a orar."

Como en ocasiones hemos dicho, estar en el centro de la voluntad de Dios no me evita dificultades o tormentas. Ellos están en el centro de la voluntad del Maestro en medio de una tormenta. Estar en el centro de la voluntad de Dios ni siquiera garantiza mi vida de este lado de la gloria, porque Jesús vivió desde principio a fin en medio de la voluntad de Dios y terminó clavado en un madero. Y eso puede ocurrirme a mí y a ti.

Ahora, aunque estar en medio de la voluntad de Dios no garantiza ausencia de tormentas, lo que sí garantiza es la presencia de propósito, de satisfacción y de gozo en medio de la experiencia que estoy viviendo. Déjame decir eso otra vez: estar en medio de la voluntad de Dios garantiza —y nota cómo lo estoy diciendo ahora— que yo pueda, porque quizás no ocurre, que yo pueda experimentar satisfacción, gozo, propósito en medio de la dificultad y de la tormenta. Lo dije de esa forma ahora porque cuando yo no experimento esas cosas en medio de la dificultad que estoy viviendo, hay un par de posibilidades: o estoy fuera de la voluntad de Dios, o estoy en medio de la voluntad de Dios pero no tengo ni la disposición ni la sumisión ni la obediencia para recibir lo que Dios ha enviado como una bendición. Entonces no es garantía de ausencia de tribulación; es sentido, propósito, gozo, satisfacción en medio de la tribulación.

Ellos entran a la barca, Cristo se va a orar y se va al monte a orar. La vida de oración de Cristo es legendaria en los Evangelios, pero en esta ocasión es como una buena práctica, y ustedes me han oído decir esto en otras ocasiones. Ellos acaban de tener una gran victoria, acaban de alimentar a cinco mil, siete mil, ocho mil, diez mil personas, y ahora estaban cansados. Ahora es tiempo de retirarte a estar con Dios, a reponer las energías.

Pero no solamente eso. El haber alimentado a esta gente tan numerosa era como un triunfo, y algo que se ha observado es que frecuentemente algunas de nuestras mayores tentaciones ocurren después de grandes triunfos. Después que la iglesia va bien, después que la iglesia ha crecido, después que la iglesia tiene un nombre, o quizás es un simple evento en tu vida donde tú ahora como que te relajas. Cuando tú vienes bajando de la montaña a la cual acabas de subir, como había dicho en una ocasión hoy a mi esposa de Sirius, me quedó como en la mente la ilustración: ponle, ponle frenos, porque allá abajo realmente está Satanás esperando. Entonces es un buen tiempo después de victorias, una buena práctica: vete a orar, vete a estar con Dios, deja que Dios te hable.

Cristo se fue. La barca se aleja, la barca parte al final de la tarde, dicen los Evangelios, cinco, cinco y media, seis, seis y media la tarde. Ellos se van y en la cuarta vigilia de la noche... Los romanos dividían la noche en cuatro vigilias, los judíos la dividían en tres, pero se piensa que Marcos escribió teniendo como audiencia a los romanos. Entonces Marcos está hablando de la cuarta vigilia: de seis a nueve la primera, de nueve a doce la segunda, de doce a tres la tercera, y la cuarta vigilia de tres a seis de la mañana. De manera que estos hombres tenían nueve, diez horas remando.

Y probablemente el viento, quizás no tipo tormenta, pero el viento probablemente era fuerte desde el principio. Y la única razón por la que estoy diciendo eso es porque el pasaje paralelo en Juan dice que cuando esta tormenta como que se levantó, ellos habían remado de veinticinco a treinta estadios. Eso es de tres a tres millas y media. Nueve o diez horas remando y apenas has avanzado tres millas. El viento debió haber sido fuerte desde el inicio, y en la cuarta vigilia es donde quizás arreció. Y ahí están ahora en medio de una tormenta.

Ahora, Cristo no está. Cristo está lejos, pero los está viendo. Marcos 6:48 lo dice: que Cristo está en la montaña, y estando en la montaña los vio. Los vio remando con dificultad y los vio fatigados. Uno se preguntaría: pero si Cristo sabía su condición antes de hacerlos subir a la barca, ¿por qué no se apareció antes? ¿Por qué no vino en la tercera vigilia? ¿Por qué no vino en la segunda vigilia? ¿Por qué no se fue con ellos? ¿Por qué esperó a que ellos estuvieran cansados en extremo para aparecerse?

Es que el poder se perfecciona en la debilidad. Quizás porque los discípulos tenían que aprender a clamar a Dios. Ninguno se puso a gritar, pero no clamando a Dios. Quizás porque ellos tenían que crecer en su vida de fe, y de manera particular en su fe en Cristo. Y más adelante yo te voy a decir por qué. Te voy a comparar la tormenta de Marcos 4 al final con el final de esta tormenta en Marcos 6, porque ellos tenían que crecer en su vida de fe y en su fe en Cristo. Quizás ellos tenían que aprender a luchar contra el temor.

No sé si te fijaste cuál fue la reacción en medio de la tormenta cuando Cristo viene a ayudarles y se aparece. Esto es lo que el texto dice: pensaron que era un fantasma. ¿En serio? Ustedes son judíos, no son paganos. ¿Ustedes creen en fantasmas? ¿Desde cuándo tú crees en fantasmas? Pero antes de pensar "oh, mira, el Señor cómo aparece", no. Entonces, un fantasma. Segundo, el texto dice que se pusieron a gritar. Marcos ni ninguno de los otros evangelistas describe qué fue lo que gritaron. Quizás no se puede repetir lo que gritaron.

Yo creo que algunos de nosotros hemos tenido esa experiencia, que en momento de temor o de ira hemos dicho cosas que luego cuando la estás contando tú dices: "Bueno, ¿y ahí qué pasó?" Y ahí yo le digo como... Y se turbaron. Pensaron que era un fantasma, gritaron y se turbaron. En medio de la oscuridad, vientos arreciando o levantándose, el temor se apoderó de ellos.

La razón por la que estoy como subrayando el hecho de que el temor se apoderó de ellos es porque cuando el temor se apodera de nosotros, nosotros no vemos las cosas como son. Nosotros no vemos la realidad como es, aunque juramos que fue así. Nosotros no juzgamos las cosas como verdaderamente son. Nosotros magnificamos la realidad, nosotros exageramos los hechos, nosotros mentimos para justificar mi reacción en medio de hechos que mi temor magnificó. Y nosotros incluso llegamos a conclusiones erróneas.

Notan cómo yo traigo el pronombre "nosotros". El "nosotros" es común. Lo que quizás no es común es la misma experiencia de temor, que unos la tienen más frecuentemente o más intensamente que otros. Pero he experimentado el mismo temor, la misma reacción. Es lo que yo acabo de describir, y Satanás conoce eso de nosotros. Satanás conoce que una forma de hacernos errar es simplemente atemorizarnos.

De hecho, cuando tú estás atemorizado, yo estaba en turbado dice el texto, claro. El temor te turbó. Cuando tú estás aturbado, tú ni siquiera ves a Dios. Ellos vieron un fantasma, no vieron a Cristo. Nosotros comenzamos a actuar, a decir, a decidir, e incluso tomamos decisiones torpes, pero no vemos nuestra torpeza porque nosotros ni siquiera podemos ver a Dios en medio de la dificultad. El pánico nos paraliza, nos ciega y nos hace ver la realidad distorsionada. Eres un blanco fácil para el enemigo, pues estás ciego, estás paralizado y la realidad está distorsionada.

Esta semana yo conversaba con alguien y me hablaba de su pánico, y me decía: "Yo a veces me paralizo por completo, que no puedo como moverme." Esto es real. En este caso los discípulos estaban atemorizados, y frecuentemente el temor, cuando tú estás atemorizado, lo que tu cuerpo libera es mucha adrenalina y hormonas tipo cortisona, las hormonas de alerta se llaman en medicina. Estas hormonas de alerta te hacen reaccionar igual que cuando tú estás airado, porque cuando estás airado tú tienes las mismas hormonas que se han liberado. Y el temor y la ira nos hacen gritar, como pasó con los discípulos que gritaron. El texto no dice qué, pero en ocasiones lo que gritamos es ofensivo para el otro.

De hecho, en la primera tormenta, ellos estaban atemorizados y Cristo estaba ahí. Los discípulos fueron ofensivos hacia Cristo porque Él está durmiendo, dice el texto. Y ellos no fueron y le dijeron: "Maestro, Maestro, Maestro, mira, estamos en medio de una tormenta, Tú puedes ayudarnos." No, eso no fue lo que ellos le dijeron. Ellos fueron y le tocaron probablemente, y esto es lo que le dicen: "Maestro, ¿no te importa que perezcamos? ¿Tú eres tan, como tú eres tan insensible que no te importa y te quedas ahí durmiendo mientras mira la lucha que nosotros estamos teniendo aquí? Levántate y haz algo. Haz algo con los remos, haz algo con algo. Si Tú eres realmente quien dices que eres..." Esa no es manera de hablarle a Dios ni a su...

Rabino ni a su maestro es que el temor nos lleva a perder la racionalidad. El texto dice que ellos se turbaron. Cuando nos turbamos, yo decía pues, tomamos decisiones torpes. Sus conoces la realidad; ellos, él sabe qué es lo que está pasando. ¿Por qué yo estoy enfatizando esto de que estaban experimentando temor y el temor los hizo reaccionar? Sí, yo creo que eso es obvio, pero todavía más obvio cuando Jesús habla, cuando Jesús llega. Eso los veis, se diría a ellos. Escucho lo que les dice: "Tened ánimo, soy yo, no temáis." Ok, queda claro ahora cuál es el problema: no temáis. Y las cosas van a lucir diferente. "Soy yo."

Es interesante cómo Cristo se identifica cuando dice "soy yo," porque el original dice "ego eimi," y eso es exactamente el nombre que Dios le da a Moisés cuando Moisés pregunta: "¿Cuál es tu nombre para yo decirle a esta gente? ¿Dónde yo voy a Egipto? ¿Cuál es el nombre del Dios que me envía?" En hebreo obviamente es Yahweh o Jehová, como lo traducimos nosotros, pero cuando ese nombre es traducido al griego es "ego eimi," yo soy. Quizás Cristo les estaba diciendo: "Tú recuerdas el Jehová de la zarza ardiente, el Yo Soy. Ese y yo somos la misma cosa."

En medio de esta tormenta, una tormenta de agua, sí, de vientos, y yo necesitaban esto. ¿Por qué necesitaban entrenamiento? Porque pronto estarían en tormentas de persecución donde él tampoco iba a estar presente. Las tormentas de la vida van de pequeñas a grandes, y nos van preparando precisamente las pequeñas para tormentas mayores. Dios es omnisciente. Cristo es omnisciente. Lo sabe todo. Él sabe por lo que ellos estaban pasando. Sabe por lo que tú estás pasando. La primera vez tenía un propósito esa tormenta; esta tiene otro propósito. La primera vez ellos solo tuvieron que despertarlo; esta vez él no está ahí, pero él tiene un propósito.

Cristo quiere ver, después de haber estado presente con ellos en una tormenta, cómo van a reaccionar cuando ellos no lo puedan ver visiblemente. Y Cristo quiere saber, en ausencia de su persona, cómo es que ellos van a enfrentar las dificultades. Y él está entrenándolos para cuando él no estuviere. El Señor nos va llevando de una experiencia a otra experiencia, y en ocasiones, incluso si tú has tenido suficiente tiempo en la vida cristiana, tú vas a descubrir que el Señor, al principio de tu caminar, muchas veces cuando pasas por las tormentas, como que él te da un buen sentido de su presencia, de que él está ahí contigo. Pero llega un momento donde él te deja entrar en tormentas donde tú no puedes como sentir su presencia, y eso tiene un propósito.

De manera que, como decía Jill Briscoe (y Jill Briscoe es la esposa de Stuart Briscoe, un pastor norteamericano no conocido en nuestra área, pero muy conocido en Estados Unidos), al decir en una ocasión que estaba hablando: "Cuando tú no puedas sentir a Dios con tus sentimientos, que lo sientas con tu fe." ¿Y cómo yo hago eso? Bueno, tú crees lo que ha sido revelado en su Palabra. Tú no lo sientes, pero la Palabra revela esto y revela aquello y revela esto, y tú crees eso aunque tú no puedas sentir su presencia contigo. Entonces esto es lo que ellos necesitaban hacer. Cristo no estaba presente, pero tenían que haber aprendido algo de lecciones pasadas.

Ya cuando Mateo relata esto, está en el capítulo 14. Ya les enseñó a orar. Ya ellos tienen el Padre Nuestro. Y ellos probablemente tienen otras lecciones acerca de la oración. Ellos probablemente lo habían oído orar en otras circunstancias. Pero aquí nadie está orando; aquí solamente se está remando. Y Cristo tenía que entrenarlos a orar. Ellos tenían que aprender que en la necesidad Cristo puede suplir, como pasó con el milagro de los panes. Yo tenía que aprender que en la enfermedad Cristo puede sanar, porque le había sanado ya a la suegra de Pedro.

Y de hecho, si tú sigues leyendo después del texto que yo leí, cuando ellos terminan del otro lado del lago hay una multitud, y ahí él sana mucha gente. De manera que Cristo está tratando de demostrar su poder sobre la carencia, su poder sobre la enfermedad, y si la naturaleza se revoltea, pues yo tengo poder sobre la naturaleza también. Ellos tenían que aprender. Tú y yo tenemos que aprender a orar más y remar menos. Orar más y remar menos. Porque nosotros hemos muy dados a remar y remar confiando en nuestra autosuficiencia. Y si hay algo que las tormentas revelan es precisamente la insuficiencia de la autosuficiencia, la insuficiencia humana.

La tormenta, y esta tormenta particular, pusieron de manifiesto su falta de fe y pusieron de manifiesto la insuficiencia de la experiencia que ellos habían acumulado como pescadores. Marcos nos dice que ellos estaban cansados remando, con trabajo, luchando, fanando, batallando. Y así hacemos nosotros en vez de orar más, porque Santiago nos recuerda: "No tenéis porque no pedís."

En medio de la oscuridad, con el viento arreciando, con las olas cubriéndolos, ellos ven esta silueta. Piensan que es un fantasma. Estaban petrificados. Marcos nos dice que no reconocieron que era Jesús, pero parte de la razón por la que ellos no lo reconocieron es porque ellos no esperaban que Jesús se presentara o se les apareciera de esa manera. Y eso ocurre con nosotros, que con frecuencia estás tú en medio de una dificultad, estás tú en medio de una carencia, estás orando, pero nosotros tenemos una idea de cómo es que Dios va a responder esta oración. ¿Quién dijo? Entonces, cuando Dios se aparece y llena o responde la oración de una forma que no es la que yo esperaba, o no reconozco que fue Dios que la respondió de esa forma, o a veces estamos airados porque, en realidad, por todos lados tú estás orando por un trabajo. Y yo le doy gracias a Dios que esta semana, esta semana me trajo una provisión y me trajo alimento y demás, pero yo quiero trabajar y quiero sentirme productivo. ¡Y recibe lo que Dios te ha enviado porque tu necesidad ha sido llenada! Ahora, no de la manera que tú esperabas. No creo que ya estaban esperando que Jesús viniera caminando sobre las aguas, y era imposible reconocer a Jesús. "No temáis. Ego eimi. Yo soy."

Ahora déjame hacer un paréntesis para traer a Mateo a colación, que tiene una narración paralela, porque Mateo es quien agrega algo de esta tormenta que Marcos no narra. Es que Pedro estaba en la barca. Tú sabes que si Pedro está en la barca, Pedro va a hablar. Como han dicho algunos, Pedro hablaba hasta que tuviera algo que decir; en otras palabras, nunca dejaba de hablar. Respondiéndole Pedro a Jesús dijo: "Señor, si eres tú, mándame que vaya a ti sobre las aguas." Bueno, se empantanaron. Y Pedro, y él dijo: "Ven." Y descendiendo Pedro de la barca, y qué le dé crédito por eso, recuerda que las olas están bravas y el viento soplando, caminó sobre las aguas y fue hacia Jesús.

Sí, Pedro ya está fuera de la barca. La barca se quedó. Yo creo que el mismo no se podía creer lo que estaba pasando. Pero dice el próximo versículo, subraya ese "pero": "Pero viendo la fuerza del viento, tuvo miedo, y empezando a hundirse, gritó diciendo: '¡Señor, sálvame!' Y al instante Jesús, extendiendo la mano, lo sostuvo." Y le dijo: "Pedro, no te preocupes, tú estás conmigo. Pedro, no te apures, que si tú estás conmigo nada te faltará." No. En la oscuridad, el viento arreciando, las olas combatiendo, probablemente la figura de Pedro. Le dijo: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?" Yo creo que entre las tres, cuatro, cinco de la mañana, en medio de la oscuridad, viento, olas altas, como que no es el mejor momento para que me den un boche santo.

Yo quisiera hacer cuatro observaciones de este encuentro de Pedro con Jesús sobre las aguas, un lugar extraño para encontrarse con Jesús. Comenzar a hablar. La primera: hay una distracción en Pedro que la produjo la fuerza del viento. La distracción de Pedro tuvo consecuencias, porque la distracción de Pedro produjo temor. El temor hizo que él comenzara a hundirse, permitido por Cristo. Y yo menciono eso, que el temor, la distracción tuvo consecuencias, porque quiero traer a circulación esta frase de Stuart McAllister. Ya sé que él tampoco es conocido en estos lares, pero es muy conocido en Estados Unidos. Stuart McAllister dijo en una ocasión, que lo catalogo y lo tuitío, estamos en una batalla espiritual en la que los costos son altos y la recompensa es significativa. Todavía yo no he llegado donde yo quiero ir, pero es la primera parte de la frase. Sin embargo, es la primera parte es importante como contexto para la segunda parte de la frase.

Estamos en una batalla espiritual, no lo olvides. Esto trasciende tu entendimiento. La circunstancia, la tormenta, lo que está pasando, lo que estás atravesando, esto va más allá de lo que tú puedes ver. Esto tiene dimensiones divinas, celestiales. Es la palabra que están buscando. Los costos son altos, pero si los pagas, la recompensa es significativa. Ahora escucha: la seducción y la distracción, ahí está la palabra, son armas poderosas de nuestro enemigo.

¿Qué quiere? Lo que Stuart McAllister está diciendo. Primero, tú tienes un enemigo que anda como león rugiente buscando a quien devorar. Número dos, no puedes olvidar que tú estás continuamente en una batalla espiritual. Número tres, esa batalla espiritual tiene costos muy altos. Y número cuatro, la manera como tú terminas pagando precios que no quieres pagar es porque el enemigo conoce lo que puede hacer contigo en la batalla espiritual, y él tiene dos formas: la seducción y la distracción.

La seducción, de acuerdo a Santiago, tiene que ver con mi propia concupiscencia, mis deseos pecaminosos. Ahora, la distracción, que es lo que le ha pasado a Pedro, tiene que ver con circunstancias a mi alrededor que me distraen, que toman mis ojos que estaban fijos en Jesús, al autor y consumador de mi fe, y me hacen voltear la vista. En este caso lo hizo ver como el viento. Y Cristo le dice: "Pedro, ¿por qué te distrajiste y temiste y comenzaste a hundirte?" La distracción puede ser mortal.

A la vez, esto ha leído acerca o ha hablado con alguien que tuvo accidente de carro, y de repente para todos, o tú te sientas con él o con ella y le dices: "¿Y qué fue eso?" "Yo, mira, yo no me di cuenta. Yo me di a mirando hacia adelante, y de repente miré hacia el lado por un movimiento que vi. Pero mira, no fue como medio segundo, y cuando yo venía a ver ya estaba..."

Debajo del camino, prácticamente. ¿Qué fue lo que pasó? Que hubo una distracción en tu carrera y te estrellaste, y tuviste un accidente. La distracción, en la vida espiritual, a lo que la Escritura está apuntando, puede ser mortal. Mi pregunta es: ¿dónde están tus ojos puestos hoy en día? ¿En el viento que azota tu vida, o en el Dios que levantó el viento para que te azotara pero que controla el viento? ¿Están tus ojos puestos en las olas, en el mar que amenaza con hundirte, o en el Dios que ha levantado las olas y que controla las olas que te baten? Porque si te enfocas en el viento o en el mar o en las olas, te vas a ver como una víctima. Pero si te enfocas en el Dios soberano que controla ambas cosas y que ha permitido que tanto el viento como el mar te combatan, vas a salir victorioso.

Recuerda que te mencioné a Jonás. Oye lo que dice el texto de Jonás 1:4: "Pero el Señor desató sobre el mar un fuerte viento". No fue que las condiciones atmosféricas cambiaron y de repente se levantó un viento y había una tormenta. No, el Señor desató el viento. Él controla el viento que va a producir la tormenta. Oye qué más dice el texto de Jonás 1:17: "Y el Señor dispuso un gran pez que se tragara a Jonás". En otras palabras, Jonás está ahí, lo tiran de la barca, y Dios le da una orden a este pez: "Ve, trágatelo". ¿Te das cuenta por qué esto quería enfatizar al principio? ¿Quién es el que controla todo lo que ocurre en el universo y de manera especial lo que tiene que ver contigo?

Yo no sé dónde están puestos tus ojos hoy, pero es posible que si te has distraído, has comenzado a hundirte. Y quizás el agua ya te está en las rodillas, o está en la cintura, o está en el pecho, o está ya al cuello, y tú ni cuenta te has dado porque no has comenzado a tragar agua todavía. No lo olvides: la seducción y la distracción son armas poderosas en manos del enemigo. Porque Satanás no se va a aparecer personalmente y decirte: "Tararán, aquí estoy yo para distraerte o para seducirte". No, él va a usar otra figura humana, como Eva con Adán, o Sara con Abraham, o Pedro con Jesús. Otra persona.

La tercera observación que yo quiero hacer de este breve diálogo entre Jesús y Pedro es que Jesús responde al clamor de sus ovejas. Pedro clamó: "¡Señor, sálvame!" Escucha cómo el texto lo tiene: "Y al instante Jesús, extendiendo la mano, lo sostuvo". Ese día Pedro comprobó que lo que Dios había dicho a través de Jeremías en el capítulo 33 no es simplemente una promesa con palabras poéticas para que suene bonito. No, es una realidad: "Clama a mí y yo te responderé".

En medio de la dificultad nosotros sabemos orar, pero ¿sabes qué? Nosotros tenemos que aprender a clamar. Y tú dices: "Bueno, ¿cuál es la diferencia?" Bueno, el clamor es algo que sale mucho más de lo más profundo de tu corazón. Tiene mucha más intensidad, quizás tenga mucha más duración. Es más real, es algo que realmente tú lo estás pidiendo porque tú sabes que solamente Dios te puede ayudar. Y Dios dice: "Clama, clama a mí. Ponme a prueba y verás si te voy a responder o no". Pedro clamó y al instante el Señor lo sostuvo.

La cuarta observación es que la falta de fe en nosotros tiene un precio. Esto me ha dado en serio. Escúchame ahora: aun por Jesús, que tiene compasión... Si el texto no dice... El texto dice: "Jesús vio las multitudes y tuvo compasión". Sin embargo, en esta ocasión el texto no dice: "Jesús vio a Pedro atemorizado, vio a los otros cansados, también aterrorizados, vio el viento, vio el agua, le extendió la mano, lo sostuvo y le dice: 'Pedro, tengo compasión de ti, no te preocupes'". No. Escucha: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?" Lo confrontó en su incredulidad en medio de las olas.

Yo no creo que a Pedro le gustó mucho ese abordaje de Jesús en esa ocasión. Es como: "¿Cómo tú puedes ser tan insensible?" Si hay algo que llama la atención en la vida de Jesús es que, en su condición de profeta, Él parece como dos personalidades completamente diferentes dependiendo de la ocasión. Y eso fue verdad de Jesús y fue verdad de cada profeta del Antiguo Testamento. Jesús tiene esta compasión enorme por las multitudes, Jesús llora con Marta y María, Jesús se baja y recibe a los niños: "Dejen que los niños vengan a mí". Y al mismo tiempo es el que en alta mar le dice a Pedro: "¿Por qué dudaste, hombre de poca fe? Ponte tu problema con tu incredulidad". Falta de fe.

Esto me ha dado en serio: aun por Jesús, que tiene compasión, nuestra duda frecuentemente refleja un conocimiento defectuoso del carácter de Dios. O pudiera reflejar que sigo confiando en mi autosuficiencia. Porque las tormentas, como ya mencioné, ponen de manifiesto no solamente mi incredulidad, pero ponen de manifiesto también la insuficiencia de mi autosuficiencia.

Pedro y los demás discípulos tenían que aprender que es preferible estar fuera de la barca, sobre las aguas, con las olas batiendo y los vientos también, pero al lado de Jesús, que estar en la barca. Es más seguro eso, porque la seguridad no está en la barca. La seguridad está en Jesús. De manera que ahora, en medio de esta pandemia, tu seguridad no está en quedarte en la casa 60 días, 90 días. Tu seguridad sigue estando en Jesús. Él es el que escoge a quién se enferma, quién no se enferma, quién sobrevive, quién no sobrevive. Ahí donde está la seguridad.

Varios de mis pacientes me han dicho: "Yo no sé, doctor, cómo eso me ocurrió, porque yo tenía 60 días sin salir de mi casa". ¿Vieron? No tienes que salir; el virus entra. Eso no quita la necesidad de la prudencia, pero tu seguridad no está en la barca. Y una barca para ti puede ser tu trabajo; no está en tu trabajo la seguridad. Puede ser tu finanza; no está en tus finanzas la seguridad. No está en tu salud; no, no está en tu salud tampoco. Tu seguridad no está en qué compañía. Tu seguridad solamente está en la persona de Jesús.

Hay cosas de la vida que nos atemorizan, incluyendo la pandemia. Pero Cristo tiene control sobre aquello que te atemoriza. Yo tengo malas noticias para ti: las tormentas son obligatorias. Pero yo no escogí ese curso. No tienes que escogerlo, porque no es una electiva; es un curso mandatorio. Porque las tormentas te enseñan a ti y a mí a confiar en Cristo, en su Palabra, y solamente en ellos.

Uno pensaría que la multiplicación de los panes —cinco panes y dos peces que alimentan cinco mil, seis mil, siete mil, ocho mil personas— como que les hubiera dicho: "Esta gente, este hombre tiene poder sobrenatural". ¿Sabes por qué estoy enfatizando eso? Porque ese fue el problema. Por eso yo comencé ahí con el milagro de los panes. Yo te dije: "Tenía que dar el contexto", porque el texto no cierra sin hacer alusión a los panes. Lea el versículo 51 y 52, los últimos dos: "Y subió con ellos a la barca, y el viento se calmó, y ellos estaban asombrados en gran manera".

¿De qué era que estaban asombrados? No que Jesús se aparece, que camina sobre las aguas. Entonces, ¿a qué se apareció caminando sobre las aguas? Porque yo tenía que entender que la multiplicación de los panes no es algo que cualquier persona puede hacer. Eso debió haber sido una señal para ellos de quién es este, número uno. Número dos, porque si ellos conocen el Antiguo Testamento, en el libro de Job capítulo 9, versículo 8, dice que solamente Dios puede caminar sobre las aguas. ¿Y sabes lo que Job dice? "Que solamente yo, Dios, puedo caminar sobre las aguas. Me viste caminar sobre las aguas: yo soy Dios. ¿Sabes qué? Ese es mi nombre: Ego eimí, Yo Soy".

Pero, ¿por qué no lo pudieron entender? Escucha por qué no pudieron entender, porque el texto lo dice, versículo 52: "Porque no habían entendido lo de los panes". ¿Tienes la conexión ahora? "Sino que su mente estaba embotada". Ese es el problema. La Reina Valera, la Nueva Traducción Viviente, dice que su corazón estaba endurecido. Las mejores traducciones al inglés, como la English Standard Version y la New American Standard Bible, las dos hablan de que su corazón estaba endurecido.

La causa número uno del endurecimiento del corazón tuyo y mío es el pecado. El pecado hace tu corazón y el mío menos sensible a las cosas de Dios, menos sensible a la voz de Dios, menos sensible a la corrección de Dios, menos sensible a la adoración de Dios. En este caso, entonces, ¿cuál era el pecado en particular que había endurecido sus corazones? La incredulidad. Lo que tenían que creer. ¿Y cómo sabemos que era la incredulidad? Bueno, por un lado, "hombre de poca fe"; eso es incredulidad. Pero por otro lado, si tú miras cómo cierra la primera tormenta en Marcos 4, cuando Él increpa los vientos, en esta ocasión Él ni habló; simplemente se subió a la barca y ya se calmó todo.

Cuando en la primera tormenta, ¿sabes cómo termina? Con una pregunta: "¿Y quién es este, que hasta los vientos y el mar lo obedecen?" O sea, ustedes no tienen idea de con quién andan. Sin embargo, si tú lees la versión de Mateo, en esta ocasión, la segunda tormenta, termina de otra manera. ¿Al rato cómo termina? Diciendo: "Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios". O sea, ahora que lo entienden, su pecado era la incredulidad.

Cristo los estaba preparando. Primera vez: "Estoy con ustedes ahí en la barca". Segunda tormenta: "No estoy con ustedes. Ahora ustedes han entendido que verdaderamente yo soy el Hijo de Dios". ¿Por qué eso era importante? Por otra cosa que el texto de Mateo dice: "Y le adoraron". Ya reconocieron la divinidad de Jesús. Primera tormenta: estoy con ustedes. Segunda tormenta: no estoy con ustedes. La próxima tormenta es una tormenta emocional donde ya no estoy, porque me clavaron, me enterraron. Es verdad que fue corta; el domingo Él resucita y comienzan las cosas a cambiar. Pero la próxima tormenta es una tormenta de persecución donde Él ya no estaba visiblemente, para siempre, hasta su segunda venida.

Tú ves cómo Dios nos va preparando, y posiblemente esta pandemia está preparando el mundo para algo próximo y a la iglesia para algo próximo. No lo dudes. "¿Y qué es, pastor?" No sé, porque yo no soy profeta. Yo solamente leo la vida y trato de entender lo que la vida dice.

Para cerrar, te voy a cerrar con cinco preguntas de reflexión e introspección, y te vas con ellas. En medio de la tormenta que Dios ha levantado —nota cómo lo dije: la tormenta que Dios ha levantado—, ¿dónde estás tú ahora mismo? ¿Estás luchando en contra de la voluntad de Dios? No, no contra Dios, no contra la...

Tormenta. ¿Y quién la levantó? Porque si es ahí donde estás, hay solución. Por eso, el arrepentimiento. Si estás luchando contra la voluntad de Dios, el arrepentimiento y la sumisión vienen después, son conjuntas, pero es como: me arrepiento y me someto.

Segundo: en tu barca. Estás en tu barca lleno de temor, como los discípulos que gritaron esa noche. Porque si estás en tu barca lleno de temor, la solución es conocerle mejor. El perfecto amor echa fuera todo temor.

Si estás fuera de la barca, en medio de la tormenta como Pedro, pero lleno de pánico, lo que necesitas es clamar a Él, y Él te responderá. Señor, ¡sálvame! No puede devolverte caminando para la barca, pero clama.

Puede ser que estás fuera de la barca, en el agua, en medio de la tormenta, y estás confiando en Jesús, tus ojos fijos en Él, estás tranquilo. Puede ser que algunos están ahí. Si estás ahí, yo tengo una sola observación: no bajes los ojos, no te distraigas, no te dejes seducir, no mires para los lados. Sigue ahí con los ojos fijos en Jesús, el autor y consumador de la fe.

O puede ser, y cerramos con esto, que ya pasaste la tormenta y estás de rodillas adorándole y diciendo: Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios, el Santo de Israel, el Primero y el Fin, el Alfa y la Omega, el Logos, el Verbo de Dios, el Príncipe de los ejércitos celestiales, el Rey de reyes y Señor de señores. Si estás ahí de rodillas adorándole, es la meta, es el propósito, es donde Dios te quiere llevar. Conóceme mejor para que me adores mejor, porque la adoración mía es la liberación tuya.

La adoración mía te va a liberar de la adoración de ídolos en lo que has puesto tu confianza y de lo que ha sofocado tu vida. Ídolos que te prometen cosas que no te pueden dar, ídolos que hoy te atraen pero mañana te rechazan. Y la adoración del único verdadero y sabio Dios es lo que te va a liberar de la adoración de todos los demás ídolos, y ellos terminarán destruidos en tu vida. Es ahí donde Dios quiere llevarte a ti y a mí.

Padre, gracias. Gracias porque de tormenta en tormenta Tú nos llevas a tu presencia. De tormenta en tormenta Tú vas desarmándonos. De tormenta en tormenta Tú vas sometiéndonos, y poco a poco terminamos rindiéndonos de rodillas ante Ti, diciendo: Señor, que se haga tu voluntad y no la mía. Padre, danos un mejor conocimiento de quien Tú eres para que podamos adorarte de una mejor manera. Enséñame más profundamente la verdad para que yo pueda adorarte en espíritu de acuerdo a tu verdad. Señor, Tú eres mi salvación. En tu nombre hemos orado y predicado y confiado. Amén. Bendiciones.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.