Integridad y Sabiduria
Sermones

Cristo frente al poder político y religioso

Miguel Núñez 28 junio, 2020

Dos ciudades, dos reinos, dos amores: así describió Agustín de Hipona la tensión permanente entre el mundo de Dios y el mundo de los hombres. Una ciudad nace del amor a Dios; la otra, del amor al yo. En Juan 18, esa tensión se hace carne cuando Jesús comparece ante Pilato, y el poder político y el poder religioso —normalmente enemigos— se unen para condenar al único hombre justo mediante un juicio injusto.

Los líderes judíos no entraron al pretorio para no contaminarse antes de la Pascua, pero sus corazones ya estaban corrompidos por el orgullo, la envidia y el odio. Trajeron falsos testigos, manipularon el proceso y prefirieron liberar a un ladrón antes que reconocer la verdad que tenían frente a sus ojos. Pilato, por su parte, sabía que Jesús era inocente —lo declaró sin delito—, pero su cobardía y su deseo de aprobación popular pesaron más que la justicia. Mientras el gobernador vacilaba entrando y saliendo del pretorio, Cristo permanecía firme: "Mi reino no es de este mundo... para esto he venido, para dar testimonio de la verdad."

El pastor Núñez lleva esta tensión al presente, especialmente ante procesos electorales donde están en juego valores como la vida, la familia y la libertad religiosa. Si realmente somos ciudadanos del cielo, nuestras decisiones deben reflejar los valores del reino venidero, no los colores de un partido ni los intereses personales. La pregunta que queda resonando es reveladora: cada vez que decidimos a favor de nosotros mismos en lugar de complacer a Dios, mostramos quién es verdaderamente nuestro Dios.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Durante los últimos días y meses, sin lugar a dudas, el anhelo por la ciudad de Dios en el corazón de muchos de nosotros se ha intensificado. Señor, no importa en qué ciudad miremos o vivamos, no importa a cuál de las áreas de la sociedad nosotros veamos, no importa si son los gobiernos, las familias, las condiciones sociales, la naturaleza, todo parece gemir con dolores de parto esperando el día de la redención. Señor, esta no es nuestra ciudad, este no es nuestro mundo. Estamos en el mundo, pero ya no somos del mundo, dijo tu Hijo. Yo te pido en el nombre de Cristo que ahora que vamos a abrir tu Palabra para meditar acerca de ese otro mundo, de ese otro reino, apenas a días de elecciones en nuestro país y semanas o meses en otros países, yo te pido que tú nos permitas reflexionar como hijos tuyos, como cristianos, y no como simples ciudadanos.

Abre nuestros ojos, Señor, del entendimiento. Padre, permite que aquello que el Espíritu de Dios tenga que decir en esta mañana pueda ser escuchado por el Espíritu de Dios que mora en nosotros, y transmitido a nuestra mente, a nuestro corazón, de una manera que nos cambie en la forma como pensamos y sentimos, y que nos recuerde que nosotros tenemos aquí una sola función y es llevar a cabo tu asignación para la gloria de tu nombre. En Cristo Jesús te lo pedimos.

Bueno, yo espero que la canción que acabamos de cantar te haya llevado a la reflexión de cuál es el mundo que realmente Cristo vino a proclamar. Y yo quiero invitarte a que abras la Palabra de Dios conmigo, la enciendas si la tienes en su forma electrónica, en el Evangelio de Juan, capítulo 18. Leeremos una porción de ese capítulo prontamente y luego haremos referencia a algunos versículos del capítulo 19 también. Yo creo que este es un momento propicio para revisar un texto como este, y recordemos que estamos haciendo una serie que hemos titulado "Él es el Cristo que predicamos", de manera que este texto, esta serie, es sumamente apropiada para esta semana en particular.

Yo quiero leer desde el versículo 28 de este capítulo. Yo voy a leer el pasaje y quiero que cuando tú lo leas, pongas atención quizás no tanto a cada palabra, pero a cada frase que está aquí, de manera que no lo leas como tú lees las noticias de un periódico. Ningún verso de la Biblia debiera leerse de esa forma, pero en particular yo quisiera que esta mañana, que Cristo está bajo juicio, tú puedas tratar de colocarte allí. Si no quieres hacerlo en las sandalias de Jesús, ponte como observador. Tú estás escuchando y viendo lo que está ocurriendo. Hay una serie de personajes que están interactuando entre sí y tú estás observando como espectador. De manera que con eso, yo quiero que vayas al versículo 28 y puedas seguir conmigo lo que la Palabra de Dios dice. Esto es Palabra de Dios:

"Entonces llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era muy de mañana, y ellos no entraron al pretorio para no contaminarse y poder comer la satisfacía la Pascua. Pilato entonces salió fuera hacia ellos y dijo: ¿Qué acusación tenéis contra este hombre? Ellos respondieron y le dijeron: Si este hombre no fuera malhechor, no te lo hubiésemos entregado. Entonces Pilato les dijo: Llevadle vosotros y juzgadle conforme a vuestra ley. Los judíos le dijeron: A nosotros no nos es permitido dar muerte a nadie. Para que se cumpliera la palabra que Jesús había hablado, dando a entender de qué clase de muerte iba a morir. Entonces Pilato volvió a entrar al pretorio, llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Jesús respondió: ¿Esto lo dices por tu cuenta, o porque otros te lo han dicho de mí? Pilato respondió: ¿Acaso soy yo judío? Tu nación y los principales sacerdotes te entregaron a mí. ¿Qué has hecho? Jesús respondió: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, entonces mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos. Mas ahora, mi reino no es de aquí. Pilato entonces le dijo: ¿Así que tú eres rey? Jesús respondió: Tú dices que soy rey. Para eso yo he nacido —escucha— y para esto he venido al mundo —esta es la misión de Cristo—: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz, y el que no, no es de la verdad. Pilato le preguntó: ¿Qué es la verdad? Y habiendo dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo: Yo no encuentro ningún delito en él. Pero es costumbre entre vosotros que os suelte a uno en la Pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos? Entonces volvieron a gritar diciendo: ¡No a este, sino a Barrabás! Y Barrabás era un ladrón."

¡No a este, al ladrón! A ese queremos. Ese es el deseo del mundo con frecuencia.

El conocido autor y teólogo Agustín, del siglo V, Agustín de Hipona, escribió su famosa obra "La Ciudad de Dios", en la que él compara el reino de Dios con el reino de los hombres, o la ciudad de Dios con la ciudad de este mundo. La ciudad de este mundo, representada por Babilonia en la antigüedad, representada por Roma en el tiempo en que Agustín vivió. Agustín comenzó a escribir este libro de 22 capítulos en el año 413 y le tomó 13 años escribirlo. Quizá no por lo extenso del libro, sino por la reflexión que requirió para poder plasmar lo que allí él dice.

Agustín habló de que estas dos ciudades habían surgido como frutos de dos amores. Estas dos ciudades lo único que han hecho hoy en día es crecer. Ambas ciudades existen hoy, y ellas han surgido y permanecen como resultado de dos amores. Y nosotros tenemos que pensar como cristianos cuál de esos dos amores está latiendo en nuestro corazón, sobre todo en un momento coyuntural como el que nuestro país está viviendo. Una ciudad surgió como resultado del amor a Dios, y la otra ciudad surge como resultado del amor al yo, de acuerdo a Agustín. Los valores de estas dos ciudades son completamente opuestos.

En realidad, estas dos ciudades representan las capitales de dos mundos, de dos reinos: el reino celestial y el reino terrenal. El máximo representante del reino terrenal es Satanás, el príncipe de la potestad del aire, el príncipe de este mundo de acuerdo a Cristo. El máximo representante del otro reino, del reino celestial, es Cristo: el Alfa, el Omega, el Principio y el Fin, el que era, el que es, el que ha de venir, el Rey de reyes y Señor de señores. Es ese. Y las semanas anteriores nosotros vimos cómo estos dos representantes se enfrentaron y de qué manera Cristo ganó la batalla en el desierto que Adán perdió en el jardín. La batalla que Adán perdió en las mejores condiciones de verdor, de irrigación, de bondad, de bendición, es la batalla que Cristo gana en la mayor carencia, en el desierto, sin agua, sin alimento.

Cuando una persona nace de nuevo, inmediatamente es traspuesto, si yo pudiera decirlo así, de un reino al otro reino. De manera que nosotros no somos ciudadanos de este mundo. Nosotros aquí vivimos, aquí abajo vivimos, pero nuestra ciudadanía está en los cielos. Nosotros apenas somos peregrinos y extranjeros. Nosotros, por así decirlo, no tenemos un certificado de nuevo nacimiento terrenal. Ese certificado de nacimiento está en otro lugar. Aquí yo tengo una residencia temporal, quizá una visa de residencia. Eso es lo único que tengo en este mundo.

En este mundo nosotros lloramos, sufrimos y anhelamos llegar al reino venidero. Aquí nosotros nos frustramos cada vez que nuestra perspectiva la ponemos de este lado de la eternidad. Pero aquí mismo nosotros cobramos ánimo una vez que recordamos que ciertamente somos transeúntes. Estamos de paso. Esto es como cuando tú haces escala en una ciudad, pero tú tienes un destino final. Ahí nosotros cobramos ánimo.

En el pasaje de hoy nosotros vamos a ver estos dos mundos encontrados, corriendo en direcciones encontradas. Y ese hecho de que entre esos dos reinos hay un choque se hace más o menos evidente en diferentes tiempos. Y en tiempos como estos, apenas a unos días de las elecciones, este choque se hace más evidente, al menos si tú tienes una mente bíblica a través de la cual estás analizando las circunstancias de nuestro mundo.

En apenas una semana habrá mucho en juego en nuestra nación. Y el cristiano se encuentra, escucha, en la obligación delante de Dios. Te hablo en nombre de Dios y te conjuro en nombre de Dios que cuando vayas a hacer una elección, la hagas conforme al Dios de los cielos y no conforme a tu color favorito o a tu partido favorito, como si fuera un partido de béisbol o de pelota, sin tomar en consideración los valores del Dios que te salvó. Si nosotros somos ciudadanos del cielo, entonces los colores de este mundo no nos llevan a hacer una elección, sino los valores del mundo venidero.

En la próxima elección está en juego el valor de la vida. Hay candidatos que están en contra de la imagen de Dios en pequeños niños inocentes en vientres de madres, en completa violación con el sexto mandamiento de la ley de Dios. Tú juzgas qué vas a hacer. Hay candidatos que están en contra de la estabilidad de la familia. Está en juego la estabilidad de la familia, la institución que por milenios le ha dado estabilidad a la sociedad, y que literalmente favorecen el diseño de Dios desde el libro del Génesis en adelante, donde Dios los creó varón y hembra.

Está en juego la libertad religiosa, la libertad de culto, la libertad de expresión. Hay candidatos que quisieran amordazar a tu iglesia y que creen que los valores cristianos no deben encontrar expresión en la arena pública, sino que debiéramos limitar nuestras opiniones al clóset de nuestros hogares. La pregunta que está sobre el tapete es si vas a honrar al César o al Señor del César.

Por eso yo he titulado el mensaje de esta mañana: "Cristo frente al poder político y religioso", que en el texto de hoy están de un mismo lado. No debieran, pero frecuentemente lo han estado. Si tú piensas que yo estoy a favor de un candidato en particular, no. Yo estoy a favor del único candidato universal para el cual no habrá elecciones, y es Cristo Jesús.

Rey de Reyes y Señor de señores. En su nombre yo hablo, para su gloria yo hablo.

Parecería para nosotros lógico que el poder político y el poder religioso estuvieran del mismo lado de los valores de este mundo. En este pasaje así es como es, y a lo largo de la historia frecuentemente ha sido así. El poder político estaba representado por Pilato y el poder religioso estaba representado por las autoridades judías, que el judaísmo se había corrompido hasta tal punto que se parecía más al reino de los hombres que al reino de Dios. Pilato y los judíos no tenían buenas relaciones. Vivían en pugna desde que Pilato ascendió a su posición unos siete años atrás, se estima. Pilato era una personalidad muy frágil y muy caprichosa, cuyas decisiones con frecuencia llevaron a insurrecciones que eventualmente suprimió cruelmente. Y estos dos poderes eran enemigos, pero los enemigos se hacen amigos para condenar a Cristo.

Aun estando en enemistad, ambos formaban parte de este mundo caído, corrupto, injusto, desleal, construido sobre la base de la mentira y no sobre la base de la verdad, para lo cual vino Cristo: a dar testimonio de la verdad. Ellos se pusieron de acuerdo y al ponerse de acuerdo terminaron crucificando al Mesías.

Nosotros podemos ver en el pasaje de hoy cómo estos dos mundos se oponen. Y tú puedes ver en esa oposición que se da de manera natural, que puede resaltar, puede salir a relucir el contraste entre la mentira de los judíos y la verdad de Cristo. Entre la maldad de los hombres y la inocencia del Hijo de Dios. Entre la cobardía de Pilato el gobernador y la valentía del Rey Jesús. Entre el orgullo de la criatura y la humildad del Dios hecho hombre. Entre la manipulación del juicio y la claridad del enjuiciado. Tú puedes ver ese contraste y tú puedes ver ese choque.

El texto de hoy nos presenta todo eso en dos diálogos: el diálogo entre los judíos y Pilato, y el diálogo entre Pilato y Jesús. Aquí no solamente hay dos diálogos, hay también dos enemigos, como yo les mencioné. Los judíos que eran enemigos de Jesús y los judíos que eran enemigos de Pilato; hay dos pares de enemigos.

Jesús, el texto nos dice si lo leemos desde el principio, había sido llevado a la casa de Caifás. Caifás había sido el sumo... perdón, la casa de Anás. Anás había sido el sumo sacerdote años atrás. Era el suegro de Caifás, el sumo sacerdote actual, pero Anás conservaba poder político y consiguió que sus hijos fueran los próximos cinco sumos sacerdotes en línea, y este era el sexto y no era su hijo, pero era su yerno. Y llevaron a Jesús ante Caifás ahora. No entra en los detalles que otros evangelistas nos dan acerca de qué pasó allí, pero de ahí fue llevado ante Pilato.

Lo llevaron al pretorio. El texto nos dice que los judíos no entraron al pretorio. El pretorio era como el cuartel general donde Pilato residía cuando estaba en Jerusalén, porque su residencia definitiva era en Cesarea, a la orilla del mar, un área con una vista preciosa. Las tradiciones de los judíos entendían que entrar a la residencia de un gentil te contaminaba, de manera que no iban a entrar al pretorio, sobre todo que al día siguiente era la fiesta de la Pascua.

Es increíble, es escrupuloso que una gente puede ser en su religiosidad y al mismo tiempo no tener una relación con Dios. Es decir, eso otra vez: tú puedes ser extremadamente quisquilloso, para usar una palabra dominicana coloquial quizás conocida también en otras regiones, quisquilloso en tu religiosidad y no tener una relación con Dios. La ley de los escribas decía que las casas de los gentiles eran lugares inmundos; si entrabas en ellos... la ley de los escribas, no la ley de Dios.

De igual manera, en preparación para la Pascua, que era el día siguiente, los judíos se abstenían toda una semana sin comer pan con levadura. La levadura era simbólico de pecado. Pero la fiesta de la semana de pan sin levadura seguía a la fiesta de la Pascua, de manera que la Pascua era el viernes y la semana siguiente era la fiesta de los panes sin levadura. Pero la semana anterior a esa, los judíos inspeccionaban sus casas, cada rincón, cada lugar escondido, debajo de las camas posiblemente, por si acaso había un pedacito de pan con levadura que pudiera contaminar su hogar. De manera que entrar al pretorio y que en el pretorio pudiera haber levadura por algún lugar era algo que ellos consideraban impensable. No querían contaminarse con lo externo, mientras tanto sus corazones y sus mentes estaban contaminadas por el orgullo, los celos, la envidia, la ira, el odio y el resentimiento.

Es increíble cómo ellos podían creer, y mucha gente sigue creyendo, cristianos siguen creyendo, que las cosas externas podían contaminarlos más que sus pecados internos. Nada está más divorciado de la verdad. El ser humano es así. A veces nosotros corregimos a alguien, piensen si son padres incluso, porque a veces ocurre con los hijos, corregimos a alguien porque hizo algo mal y pensamos que lo hecho es peor que el espíritu de condenación, de ira con el cual yo lo he condenado o señalado. O a veces señalamos lo malo en el otro y pensamos que eso señalado es peor que el amor que yo no tengo por ese otro.

Cuando Pablo nos dice en 1 Corintios 13:2... no, Pablo escribió en 1 Corintios 13:2, Dios nos dice en 1 Corintios 13:2 que si yo tuviera el don de profecía y entendiera todos los misterios, si yo entendiera la mente de Dios y todo conocimiento, yo pudiera penetrar la mente de Dios, y si tuviera la fe como para trasladar montañas pero no tengo amor, dice Dios, nada soy. Tú puedes entender lo corrompido que nosotros estamos en nuestro interior y la importancia que damos a las cosas externas pensando que son peores, cuando Dios me dice: tú puedes entender mi mente de principio a fin y si no tienes amor, tú eres nada, tú eres como un címbalo que resuena, que retumba.

El problema es que el pecado nos ciega y nos oscurece el entendimiento. Hay una razón por la que yo me alegro que estoy más viejo que antes, pero yo no soy el único. Pero hay una razón, porque mientras más envejezco más puedo creer entender lo que Dios plasmó, y mientras más envejezco más rápido veo mi viga en mi ojo que la paja en el otro. El pecado nos ciega y nos oscurece el entendimiento. La religiosidad los cegó, no les permitió ver a Dios en persona.

¿Tú te imaginas lo que es tener a Dios en persona? ¿Te imaginas lo que debió haber emanado de su presencia, de sus ojos? Y que tú piensas que crucificar a este hombre es preferible a que este ladrón pueda ser condenado, y tú prefieres al ladrón suelto que a Dios en tu presencia. Esta gente que llegó a ser altamente meticulosa tratando de conformarse a la ley de Dios, crucificó a Dios, al dador de la ley. Ellos quieren conformarse a la ley mientras crucifican al dador de la ley. ¿Tú piensas que ellos son los únicos capaces de hacer eso?

La necesidad de llevar a Cristo ante los romanos que ellos tuvieron era porque la ley de los hombres no les permitía matar a Jesús. Una vez Lázaro resucitó, había dos planes: matar a Lázaro y matar a Cristo. Elimina la evidencia, como se hace hoy, se queman los papeles, se borran los archivos de las computadoras. La idea en la mente de ellos no era simplemente arrestarlo y aquietar a Jesús, ni era simplemente castigarlo, era eliminarlo por completo.

Todo juicio romano tenía cuatro partes, literalmente. Estaba la acusación, la examinación, la defensa y el veredicto. Roma, en sus primeros años, tenía de acuerdo al estándar de los hombres un buen concepto de la ley, de la ley escrita. Ellos establecieron de hecho muchos de los principios de buenas leyes que luego fueron seguidos. Roma entendía que tú no puedes condenar a un hombre sin ser oído y que tenía que oírlo meticulosamente: presenta la acusación, vamos a examinar la acusación, luego el acusado tiene que defenderse y luego habrá un veredicto. De esa misma manera tú lo puedes ver aquí.

Vamos a ver la primera parte, la acusación. Aquí está Pilato: "¿Qué acusación traéis contra este hombre?" Bueno, lo correcto hubiese sido: "Nosotros hemos pensado que este hombre bla, bla, bla, bla, bla". Pero escucha lo que los judíos dicen: "Si este hombre no fuera malhechor, no te lo hubiéramos entregado". En otras palabras: "Pilato, economízate las palabras y el tiempo. No hay necesidad de darte detalles, este es un malhechor. Condénalo y lo ponemos en la cruz y punto y se acabó. No nos hagas perder tiempo. Nosotros no venimos aquí a examinarlo, nosotros venimos aquí a que nos dé el permiso para condenarlo y quitarle la vida".

Pero los otros evangelistas nos dan un poquito más de detalle de cosas que Juan omite, de la misma manera que Juan nos da detalles que otros evangelistas omiten. Y Lucas nos dice en 23:2 que ellos también dijeron, después de esta primera respuesta: "Hemos hallado que este pervierte a nuestra nación". ¿En serio? O sea, ¿Dios pervierte la nación? "Prohibiendo pagar impuesto al César". ¿En serio? Después de que ustedes quedaron tan mal parados cuando le trajeron la moneda. "Y diciendo que él mismo es Cristo, un rey". Y tengo que conocer las Escrituras.

Entonces ante Pilato aquí están las tres acusaciones: alteración del orden de la nación, pervierte la nación; el no pago de impuesto; y el proclamarse como rey. Bueno, para sostener la primera acusación de alteración del orden de la nación, ¿qué hicieron? Trajeron, dicen otros evangelistas, falsos testigos. ¿Tú te das cuenta cuál es la base de operación del reino de los hombres? La mentira, la falsedad. Trajeron falsos testigos. Eso todavía se usa en los juzgados hoy en día, y se usa en las redes sociales también.

La segunda acusación era que Jesús se oponía al pago de impuesto. No, ellos vinieron a atrapar a Jesús con relación a esto, que si era lícito pagar impuesto al César. Y Cristo les dice: "Bueno, dame una moneda". Tú conoces la historia. "¿De quién es esta efigie?" "Del César". "Bueno, pues dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César". Y se quedan: "Oh, eh, eh, eh, eh".

Y ahora, después de haber quedado mal parado, de no haber sabido responder lo que él te dijo, tú vienes ahora con una acusación falsa. Y la tercera acusación era que era Dios, el Cristo. Bueno, Pilato va a examinar eso. Parece que Pilato sabía que las otras dos, como que él había oído probablemente que eso no era así, porque no se toma el tiempo de examinar eso.

Pero tú puedes ver que la base sobre la cual se levanta el juicio de Jesús es la mentira. El lenguaje del reino de las tinieblas desde el jardín del Edén ha sido la mentira por definición. Y la base del reino de los cielos, del reino de la luz, del reino celestial es la verdad: "Yo soy el camino, la verdad y la vida." Satanás se viste de ángel de luz, de manera que, vistiéndose de ángel de luz, él toma la mentira que representa la oscuridad y la hace pasar por verdad que representa la luz. Cristo no se viste de ángel de luz, él es la luz. Cristo es el representante de ese mundo. Lamentablemente, cuando él se encarnó, ¿qué tú piensas que ocurrió? Que el hombre amó más las tinieblas que la luz, y colgaron la luz de un madero.

Si hay algo que era claro para mí en las redes sociales todos los días, es que la sociedad está tan acostumbrada a la mentira que cuando tú dices la verdad, piensa que la verdad también es mentira. Como dice el refrán, el ladrón juzga por su condición.

Pilato se percata de que hay algo que no anda bien. Pilato es un incrédulo, hombre cruel incluso, pero él no es una persona, perdón por la palabra, estúpida. Y Pilato le dice: "Bueno, pues si es una cuestión de que él dice que es rey de ustedes, pues llévenselo y júzguenle conforme a vuestra ley." "Ah, a nosotros no nos es permitido dar muerte a nadie." Eso deja claro la manipulación. "Nosotros no nos interesa juzgarlo, nosotros ya lo juzgamos, lo condenamos. Lo que necesitamos en este momento es quien lo mate." Tú puedes ver la manipulación. Eso es como el reino de los hombres funciona: mentira, manipulación. Diría en inglés: scheming. Tú estás manipulando para conseguir lo que quieres.

Se la crucifixión. Pilato pasa a la examinación. Los evangelistas nos dan diferentes detalles. En este caso en particular, esta examinación está en los cuatro evangelios. Y esta pregunta está en los cuatro evangelios: "¿Eres tú el rey de los judíos?" En el original suena más como así: "¿Tú, el rey de los judíos?" Es en esa facha, en esas condiciones, así de manso, así de humilde, sin ningún destello de gloria, sin ninguna fanfarronería. O sea, ¿tú, rey de los judíos? Es como si Jesús luciera tan poca cosa que no lo podía creer.

Pilato, yo creo que estaba tratando con la pregunta un poco sarcástica, quizá un poco de burla con relación a él, pero se estaba tratando de intimidarlo un poco. Pero Jesús no era intimidable. El poder político no podía intimidar a Jesús, no debe intimidar al hijo de Dios. Y Cristo le dice: "¿Esto lo dices por tu propia cuenta o porque otros lo dicen de mí?" Explícame, Pilato, yo te voy a responder, pero explícame primero. ¿Tú has averiguado de mí y llegaste a esa conclusión? ¿Tú has leído las Escrituras y esta es tu conclusión? ¿O eso es un decir, eso es un rumor que te llegó a los oídos?

Es como que el Cristo estaba diciendo: "Bueno, si tú quieres saber si yo quiero ser rey de los romanos y del imperio, la respuesta es un rotundo no. Mi reino no es de este mundo. Ahora, si tú quieres saber si yo soy el Cristo anunciado, el rey de los judíos, entonces la respuesta es un rotundo sí." Por tanto, mi respuesta sería: esta pregunta tuya, no, depende.

El poder político no pudo intimidar a Jesús. Y el hijo de Dios le ayuda a ser un hombre, una mujer no intimidable por los poderes de este mundo. Más adelante, Jesús guarda silencio. Para que puedas ver la conducta de Jesús, Jesús guarda silencio, nos cuentan los evangelistas, ¿verdad? Y más adelante, de hecho Juan lo tiene en el capítulo 19, versículo 10, Pilato ante el silencio que Jesús estaba guardando... Jesús, hay cosas que yo he estado practicando ya de hace años, y parte de eso es como la no defensa contra acusaciones falsas. Yo aprendí eso de Jesús.

De manera que en un momento dado, Jesús se queda en silencio y no dice nada. Pilato le dice: "¿A mí no me hablas?" Es como que Pilato le trae: "¿Tú no sabes delante de quién tú estás?" Yo creo que Cristo podía decir: "El que no sabe delante de quién está eres tú." "¿A mí no me hablas?" Y escucha a Pilato ahora, escucha, escucha su arrogancia, escucha, mira su ceguera: "¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y que tengo autoridad para crucificarte?" ¿En serio, Pilato?

Escucha a Jesús, no intimidado por el poder del momento. Esto respondió: "Ninguna autoridad tendrías sobre mí si no se te hubiera dado de arriba." En inglés sería: "Are you kidding me?" ¿En serio? "Por eso el que me entregó a ti tiene mayor pecado." En otras palabras: "Tú tienes un pecado, Pilato, pero el que me entregó a ti tiene mayor pecado. Sabes qué, tú tienes una autoridad ahora como gobernador romano que te va a permitir que me crucifiquen, porque este es el plan predeterminado de mi Padre desde la eternidad. Pero esa autoridad tú la estás ejerciendo porque se te ha delegado, y esa autoridad tú debes ejercerla para honrar a quien te la dio, que es Dios." Y esa es la responsabilidad de cada gobernante de este siglo y de este mundo: honrar al Dios que le delegó la autoridad, no para abusar de ella, sino para honrar con ella al dador, que es Dios.

Se la examinación número tres: la defensa. La única defensa de Cristo. El versículo 36 del texto que leemos: "Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, entonces mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos. Mas ahora mi reino no es de aquí." Es como que Cristo está diciendo: "¿Para qué yo me voy a defender? Porque si yo emprendo una defensa, ni tú ni los que me trajeron aquí, ni los que están alrededor, ni siquiera van a entender. ¿Porque sabes qué? Porque como mi reino no es de este mundo, yo he venido para testificar acerca de la verdad, y ustedes no son de la verdad. La oveja de otro no oye mi voz." Entonces, dejémoslo así. Mi única defensa es decirte que no vale la pena defenderme en este mundo, porque mi reino no es de este mundo.

Alrededor estaba Pedro. Aquí lo cuestionaron, y quizás Pedro pudo haber defendido a Jesús y haber dicho: "Yo no, yo conozco a este hombre. Yo tengo tres años caminando con él. Yo he visto esto, aquello, lo otro. Este hombre no es lo que aquellos judíos dicen." Porque Pedro era judío también. Pero Pedro no estuvo ahí para hacer eso.

Anne Graham, la hija de Billy Graham, en su libro "Just Give Me Jesus", dice: "En ese momento del juicio de Jesús, ¿dónde estaban todos los leprosos sanados por él? ¿Dónde estaba la mujer adúltera que Cristo evitó que la apedrearan? ¿Dónde estaba el centurión romano cuyo siervo fue sanado por Cristo? ¿Dónde estaba la mujer que tuvo doce años sangrando y que Cristo sanó en un momento dado? ¿Dónde estaba el hombre ciego, que había sido ciego, que Cristo sanó? ¿Dónde estaban los paralíticos que Cristo puso a caminar? ¿Dónde estaban los sordos a quienes Cristo les dio audición? ¿Dónde estaban los muertos que Cristo resucitó?" De una u otra forma ellos le negaron, ellos no hablaron. Ahora te puedo decir cuántos hubiesen venido a hablar si Cristo les hubiese prometido un cargo en el próximo gobierno suyo. Todos hubiesen hecho campaña por él. Es el reino de este mundo. Es un reino interesado en mí. Dos amores: el amor por Dios y el amor por el yo. Cristo vino a proclamar otro reino, a proclamar otra forma de vivir, de ser. Mientras tanto nos dejó aquí, pero no somos ciudadanos de este mundo.

Escucha así: ¿Tú crees que no eres ciudadano de este mundo? ¿Tú lo crees? ¿Sí o no? Bueno, hay como tres que lo creen. Pues escúcheme, si eso es verdad, se supone que tú no vivas conforme a los valores de este mundo. Si eso es verdad, se supone que tú no aspires a las cosas de este mundo como los ciudadanos de este mundo aspiran a ellas. Se supone que tú no disfrutes de este mundo como lo disfruta el resto del mundo. Se supone que tus propósitos aquí debajo no son los propósitos que tiene el resto de la humanidad, ni siquiera tus motivaciones.

Las grandes luchas internas que el cristiano tiene hoy en día es porque su corazón continúa latiendo por las mismas cosas que latía antes de haber nacido de nuevo. Él ha cambiado de reino, pero no su forma de pensar. Él ha hecho a Jesús su rey, pero no ha abrazado su reinado, de manera que hay múltiples áreas de su vida donde Jesús todavía no reina. Él llama a Jesús su Señor, pero no hace lo que su Señor le dice. Por eso Jesús dice: "¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que os digo?"

Cuando Jesús está diciendo "mi reino no es de este mundo", Pilato no tiene ni idea de lo que le está diciendo. O sea, ¿cuál otro mundo existe? "Así que tú eres rey, tú dices que eres rey." Esta es la próxima pregunta de Pilato. Pues la primera fue "¿tú eres rey de los judíos?", la segunda es "así que tú eres rey." Cristo le dice: "Tú lo dices, que soy rey." Pero inmediatamente le amplifica y le explica: "Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad."

Esta es una declaración monumental. Cristo dice: "Yo tengo un propósito. ¿Cuál es? Dar testimonio de la verdad. Yo vine y encarné la verdad." "¿Y para eso, o sea, toda tu vida esa es tu misión?" "Sí, porque cuando conozcas la verdad, la verdad te hará libre. Porque lo que te tiene preso, donde estás, en la condición que estás, es la mentira que se compró en el jardín del Edén y que seguimos comprando a lo largo de la vida, y que nos siguen vendiendo en especial a dos por uno, a maratón por dos. Incluso nos venden las mentiras."

Cristo dice: "Yo vine para dar testimonio de la verdad". Y llama aquí la atención la actitud huidiza de Pilato, porque todo este interrogatorio es decir que Pilato está prolongando. Y luego él entra al pretorio, vuelve, sale y trata de negociar con los judíos, y vuelve y entra y habla con Jesús, simplemente porque él no es un hombre de valor, no es un hombre de principios, no es un hombre de convicciones. Él dice una cosa hoy y dice otra cosa mañana, como mucha gente hace hoy, como gente que está en las boletas hace también. Jesús no vacila, le dice: "Para esto yo he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad". Ya que Adán y su descendencia perdieron la verdad, Jesús se encarna no para encontrarla, sino para que tú y yo la encontremos.

Ni los judíos vieron la verdad, ni Pilato vio la verdad, y la verdad la tenían de frente, hecha una persona hablando. No solamente personificando la verdad, hablando la verdad, y ellos no podían ni escucharla ni podían verla. Pero Cristo nos deja ver cuál es la razón: "Porque todo el que es de la verdad escucha mi voz". Entonces, ¿qué es lo que tú quieres decir, Cristo? Que el que no está escuchando mi voz no es de la verdad, y si no es de la verdad, ¿de qué es? De la mentira. Aquí no hay tres reinos, son dos. El que no está conmigo está contra mí. Hay dos reinos: el que conmigo no recoge, ese Cristo desparrama.

Pero, ¿cuál es la razón por la que esta gente, el que no es de la verdad, no puede escuchar la voz? Escucha, Segunda de Corintios 4:4: "Satanás ha cegado el entendimiento de los incrédulos para que no les resplandezca la verdad del Evangelio". Escucha eso, escucha eso. ¿Cuál es la razón por la que los judíos y Pilato y el resto de los incrédulos no pueden creer? No pueden creer lo que Cristo proclamaba, lo que nos dejó plasmado, porque hay otro ser a quien Dios le ha delegado algunos privilegios temporalmente, por así decirlo, con la capacidad de usar los sistemas del mundo y sus artimañas y manipulaciones para engañar al hombre y entenebrecer su entendimiento, de manera que ellos no puedan, sean incapaces de percatarse del resplandor de la verdad. Para que no les resplandezca la verdad del Evangelio. Eso es desde el comienzo.

Y una de las cosas entonces que el pecado hace en nosotros, así como está aquí en los judíos y eventualmente en Pilato, pero comencemos con los judíos, es el prejuicio. Ellos estaban prejuiciados contra Jesús. Lo vamos a ver, pero voy a analizar un poco más en detalle. Pero una vez tú te prejuicias contra alguien, es imposible ser objetivo con relación a esa persona. Y ya los judíos habían decretado que Cristo era un blasfemo porque se hacía pasar por Dios cuando en realidad no lo era. Habían perdido toda objetividad.

Los maestros de la ley estaban aún más prejuiciados, los escribas, las autoridades. Jesús los había enfrentado, había enfrentado su religiosidad, y ellos no podían ser objetivos con Jesús. Hay muy poca gente que sabe manejar la crítica objetivamente. Los mercaderes del templo estaban prejuiciados contra Jesús porque los había echado fuera no una vez, dos veces. Los judíos comunes y corrientes estaban prejuiciados contra Jesús porque Jesús cometió la osadía de juntarse con gentiles y con prostitutas y con pecadores.

A los leprosos los consideraban inmundos porque ellos pensaban que la lepra de la piel era peor que la lepra del corazón, cuando en realidad su problema principal era la lepra del corazón. De hecho, la lepra de la piel y el leproso declarado inmundo era solamente un símbolo de la corrupción interna del pecado, literalmente hablando. Por eso es que el leproso era considerado inmundo, pero era símbolo del pecado que me hace a mí inmundo. Los judíos llegaron a creer que juntarse con una prostituta o comer con un pecador era peor que el pecado de la ira y el prejuicio que existía en sus corazones. Todo eso lo hizo el prejuicio, y ese prejuicio no les permitió ver la verdad.

Cuarta parte del juicio: el veredicto. "Yo no encuentro ningún delito en él", dice Pilato, versículo 38. "Yo no sé cuál es el delito, yo no veo aquí que haya nada para condenar a este hombre". Pero ese Pilato lo tiene claro, y así de claro están los cuatro evangelios. Pero Pilato está atemorizado porque Pilato tiene una pugna de mucho tiempo con los judíos, y como tenía una pugna con los judíos, su temor lo hizo vacilar. Entonces es que la mentira y el temor frecuentemente van de la mano, y eso lo vemos claramente en la vida de Pedro cuando negó al Cristo. La mentira y el temor van de la mano, y la verdad y la valentía están unidas de manera inseparable. Por eso tuviste a Cristo no intimidado en ninguna circunstancia, porque él era la verdad. No puedes intimidar la verdad porque la verdad se sostiene por sí sola.

Cristo no era culpable. Pilato estaba convencido: "Yo no veo ningún delito en este hombre". Pero, ¿sabes qué? Él está tan intimidado que, ¿sabes lo que hace? La primera vez se lo manda a Herodes: "Voy a ver si Herodes resuelve con él. Me dicen que él es galileo y Herodes está en Galilea, vamos a ver si Herodes resuelve". El texto de otro evangelio dice que Herodes quería conocerle, no explica por qué. Herodes había matado a Juan el Bautista, el introductor de Jesucristo, y Marcos nos dice, si es que Herodes creía que Juan el Bautista había resucitado en Jesucristo. Quizá él quería ver la resurrección de la persona que él decapitó. Quería conocerle, pero no confesarle como Señor y Salvador. Y esa es la manera de mucha gente. Te pueden escuchar un mensaje: "Sí, señora, qué bien, un buen mensaje". Pero si fue bueno, ¿qué va a hacer con el mensaje? "No, fue bueno, dejarlo ahí". Para Herodes, Cristo fue un personaje interesante.

Pilato trató de deshacerse mandándoselo a Herodes, pero cuando no resultó, entonces Pilato comenzó a negociar con la gente. En otras palabras, la aceptación de la gente para Pilato era más importante que la aceptación de Dios. Eso es entendible, no es triste, es entendible. Ahora, es triste cuando para el cristiano es así, cuando el cristiano violenta los valores del reino de los cielos para honrar los valores de los hombres, a veces a través de un partido: colores por encima de valores. Pilato entra, sale, mostrando su vacilación.

Entonces Pilato piensa que él ha encontrado una salida como salomónica. ¿Les es? ¿Sabes qué? "Yo me acuerdo ahora que es costumbre que durante la Pascua les soltemos un reo, un preso". Pilato estaba convencido de que como el pueblo no va a preferir a un ladrón, cómo van a robar. Entonces Pilato comenzó a negociar con ellos: "Pues, ¿les suelto al rey de los judíos?" "No". Pilato tiene el conocimiento de que Jesús no es culpable, pero él rehusó tomar una posición a favor de la verdad y prefirió tomar una posición en favor de la mentira para ganar la aprobación del pueblo.

Hermanos, cuando preferimos tomar una posición en favor de la mentira y defenderla, tarde o temprano descubriremos que el precio a pagar por dicha identificación es siempre mucho mayor que haberme identificado con la verdad desde el principio. Cuando Pilato les hace la propuesta de que si quieren que les suelte al rey de los judíos, la respuesta fue un rotundo no. "No a éste, sino a Barrabás". Y Juan hace la notación: "Y Barrabás era ladrón". En otras palabras, ellos prefirieron al que había tomado de sus bolsillos, por así decirlo, de la sociedad. Y a ese, "a ese lo queremos".

La ironía de todo es que el único hombre justo fue condenado a través de un juicio injusto. Yo creo que hay un principio de enseñanza para nosotros, y es que no hay justicia de este lado del mundo. Si el Hijo de Dios no pudo ser juzgado con justicia, qué algo soy yo, un payaso, pensando que en este mundo yo voy a encontrar justicia. No, no la hay, lamentablemente. Es irónico.

Y entonces todavía más irónico en nuestras propias vidas, porque mira la ironía. Decimos que Dios nos trata con gracia desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, y que si no fuera porque él renueva su misericordia cada mañana, ya hubiésemos sido consumidos. ¿Lo decimos o no? Sí. Pero cuando vamos a tratar al otro, nosotros no lo tratamos con gracia desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, sino con justicia, y de vez en cuando le hacemos llover un poquito de gracia. Eso es injusto. Alguna vez he dicho: "Eso no es justo". Yo sé que lo he dicho, ¿qué, no lo he dicho? Sí, lo hemos dicho. Pero, ¿sabes qué no es justo? Que a mí me traten con gracia desde que me levanto hasta que me acueste, y yo trate con justicia durante el mismo período de tiempo. El Cristo me dice que con la misma vara que mida, yo seré medido.

Debo recordar que esta gente, los judíos en su prejuicio, prefirió ignorar las Escrituras, sus Escrituras. Ellos prefirieron ignorar los milagros que ellos mismos llegaron a ver, que daban testimonio de Jesús. Prefirieron eliminar y matar la evidencia, porque ese era el complot, nos dice Juan en capítulos anteriores, con Lázaro y ahora con la vida de Jesús. Y prefirieron, ellos se buscaron testigos falsos. En otras palabras: "Nosotros sabemos que Juan, Pedro, Marcos, Miguel, quien sea, José, no va a decir lo que queremos, pero nosotros preferimos matar a ese hombre y que estos testigos digan la mentira, que tener a este hombre en medio de nosotros diciéndonos la verdad".

Y al final hay una erupción volcánica ante la propuesta de Pilato de que si quieren que lo suelte. Dicen: "¡No! ¡Crucifícale, crucifícale!" A lo que el prejuicio que ellos tenían puede llegar. Y hoy en día no es distinto. William Barclay, en su comentario sobre este evangelio, dice: "Una vez que la gente llega a odiar, no puede pensar correctamente ni puede escuchar sin distorsión". Una vez que la gente llega a odiar, no puede pensar correctamente ni puede pensar o escuchar sin distorsión. Y él agrega: "El odio es una cosa terrible porque nos quita nuestros sentidos".

Lo que comenzó con una ira inicial contra Jesús irrumpió como una erupción volcánica al final: "¡Crucifícale, crucifícale!" En su mente, la verdad se convirtió en mentira y la mentira se convirtió en verdad. La verdad era la acusación de los falsos testigos; esa era la verdad.

Y la verdad que Cristo decía, representaba, personificaba, no, esa era la mentira. Y ese día reaccionaron con todas sus emociones: ¡crucifícale, crucifícale! Sabes que nuestras emociones representan nuestras reacciones a creencias, suposiciones y temores en nosotros, las tuyas y las mías. Las emociones no son racionales y eso nos ciega el entendimiento.

La creencia de que Jesús era, de que el Mesías que vendría sería como un conquistador militar, esa creencia, esa es una presuposición, los cegó. La creencia de que cuando el Mesías viniera iba a establecer un reino terrenal donde ellos estarían gobernando el resto del mundo, esa presuposición los cegó. Y yo tenía, yo me habían hecho una amalgama de poder con Roma y tenía miedo de perder el poder, este miedo de perder el poder que tenía en ese momento los cegó. Nuestras creencias, presuposiciones y temores nos ciegan a la verdad.

El tiempo ha ido corriendo y tengo que cerrar. Me hace cerrar igual que el domingo anterior con cinco preguntas. Dado eso que yo acabo de decir, ¿cuáles son nuestras creencias, nuestras suposiciones y nuestros temores? Porque esas cosas tampoco nos permitirán ver la verdad. ¿Cuáles son nuestras aspiraciones en este mundo? ¿Por qué esas aspiraciones cegarán nuestro entendimiento? ¿Qué esperas de las próximas autoridades? ¿Por qué lo que esperas se convierte en tu creencia y te cegará? ¿Cómo votarás en las próximas elecciones? ¿Cómo lo vas a hacer, de una forma que favorezca tu posición, tu edenismo, la familiaridad que tienes con personas de adentro, o de una forma que complazca a Dios?

La última pregunta parece como sencilla, pero quizás sea la pregunta más reveladora de todas. Escucha, creo que te vaya a practicarse con esta. La respuesta a esa pregunta determina quién es tu Dios. No en esta ocasión, una semana, cada vez que haga una lección del tipo que sea, cada vez que tomes una decisión y esa decisión es para favorecerte a ti versus complacer a Dios, has revelado quién es tu verdadero Dios.

Tú puedes ver que no somos muy diferentes a los judíos del primer siglo. Y Dios permite todas las circunstancias que vivimos para revelar la verdad de nuestros corazones que no se ven, pero que Él sí pesa. Y donde Dios mejor lo hace es en las coyunturas. Y en la coyuntura Dios dice: "Ok, ahí está mi hijo, mi hija, vamos a ver, ¿por qué camino se va?" ¿Por qué? Eso va a determinar quién es su Dios. No puede amar a dos señores. Amarás a uno y aborrecerás al otro, o aborrecerás a uno y amarás al otro.

Cuando las decisiones de crisis las puso en blanco y negro: o conmigo o sin mí. El que recoge o esos desparramas. ¿Por qué? Es mi amigo o es mi enemigo. ¿Me amas a mí o amas al mundo? ¿El mundo de la luz o el mundo de las tinieblas? ¿Dios o el hombre? ¿La criatura o el Creador? ¿La ley de Dios o la ley de los hombres? Pero no me junte con nadie, que yo ocupo un trono de manera exclusiva.

Gracias, Señor. Porque solo Tú eres Dios y no hay otro. Padre, yo te pido, Señor, que a medida que nosotros nos vamos a nuestros hogares, nosotros podamos irnos reflexionando y pensando. ¿Yo tengo un Dios confesional que confieso en la iglesia y otro Dios vivencial, funcional, con el que yo funciono el resto de la semana? Yo te pido, por un lado, que haya arrepentimiento cuando hemos decidido a favor del reino de los hombres o de mi persona, y nos hemos identificado con la ciudad de los hombres y no la ciudad de Dios. Y al mismo tiempo, Señor, te pido que nos des ese arrepentimiento acompañado de perdón para que nosotros podamos pensar conforme a la mente de Cristo y no a la nuestra. Ayúdanos a vivir como hombres y mujeres de verdad que no se comprometen al mundo y su condición. En Tu nombre te lo pedimos. Amén.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.