El deterioro moral de la sociedad actual no se detendrá con vacunas ni con políticas humanas; solo el regreso de Cristo pondrá fin a la espiral descendente en la que el mundo se encuentra. Esta es la certeza que atraviesa el cierre de la serie sobre Cristo: mientras la pandemia podría terminar en meses, la descomposición moral que vivimos irá de mal en peor hasta que el Señor vuelva.
Apocalipsis 19 presenta a Cristo ya no como el Cordero que vino a servir, sino como el León de la tribu de Judá montado en un caballo blanco, con ojos como llamas de fuego y muchas coronas sobre su cabeza. Su nombre es Fiel y Verdadero, y viene a juzgar con justicia. La espada que sale de su boca representa su palabra, la misma con la que creó el universo y con la que ejecutará el juicio final. El texto describe el lagar del furor de la ira de Dios todopoderoso, una combinación de palabras que debería hacer temblar a cualquiera que imagine las consecuencias del desbordamiento de la ira de un Dios omnipotente.
Mientras ese día llega, el consejo bíblico es claro: que el injusto siga en su injusticia si así lo elige, pero que el santo siga guardándose santo. El pastor Núñez pregunta con urgencia: ¿cómo podemos gastar nuestros años y energías en las cosas temporales y corruptas de este mundo cuando tenemos de frente la promesa de ver a Cristo, ser como él y vivir en su presencia por la eternidad? La invitación final es sencilla: el Espíritu y la Esposa dicen "ven", y el que oye, que también diga "ven, Señor Jesús".
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
¡Padre, gracias! Por palabras que Tú has dejado plasmadas de manera que nosotros podamos leerlas y no solamente tener una idea de lo que está ocurriendo en tu trono, sino que nos permiten al mismo tiempo poder usarlas de manera que nuestra adoración, nuestra alabanza, pueda estar a la altura de lo que Tú mereces.
Y después de haber adorado, después de haberme transportado en el espíritu, por así decirlo, en mi mente, y después de haberme imaginado en mi mente lo que está ocurriendo, lo que se está cantando, lo que se está oyendo allá en los cielos, como decía la primera vez, temía de que mi adoración, mi oración, mi alabanza pudiera quedarse tan corta. Y por eso decidí, Dios, mejor leerte de regreso tus mismas palabras, las inspiradas por tu Espíritu, aquellas que son fieles y verdaderas, aquellas que reflejan la gloria de tu ser.
Yo te pido ahora, Dios, que como el tema a exponer nos llama por un lado al gozo y por otro lado nos llama a la sobriedad, que Tú tomes a tu siervo en tu mano y lo mantengas en esa cuerda floja al transitar por terreno santo, el terreno santo de tu Palabra. Padre, yo te pido en el nombre de Cristo, para la gloria de su nombre, en el poder de tu Espíritu, que Tú ayudes al expositor a predicar con tu autoridad y no la suya, con tu poder y no en su debilidad, con tu discernimiento, con la agudeza que solamente tu Espíritu puede conceder. Escóndelo ahora, Dios, detrás de la cruz y debajo de tu Palabra, para que solamente Tú seas visto, exaltado y glorificado. Y todo su pueblo dice: amén, amén, amén. Bendiciones.
Vamos, anunciamos el domingo anterior. Hoy nos proponemos concluir la serie "Él es el Cristo que predicamos". Creo que dijimos también, y si no lo dijimos como que se intuye, se pudiera intuir, que la mejor forma de cerrar esta serie sería hablando de su segunda venida. Yo no sé cuántos de ustedes están conscientes de que hay un número mucho mayor de profecías acerca de su segunda venida que acerca de su primera venida. Yo creo que eso nos da una idea del peso que Dios le da a lo que ha de venir.
No sé si todos estaban apercibidos de que en el Antiguo Testamento hay más predicciones acerca de su segunda venida que en el Nuevo Testamento. De manera que Cristo no había venido la primera vez y los profetas estaban hablando de su segunda venida en forma detallada.
Lamentablemente, como decía Juan Calvino, hay muchos creyentes que no tienen como interés en lo que ha de venir, en los eventos por venir y en la segunda venida de Cristo. Y él anotaba entonces que frecuentemente, cuando el interés en su próxima venida se pierde, es cuando el cristiano frecuentemente se enfría y se desenfrena. Piensa brevemente en momentos donde tú has estado disfrutando de placeres de esta tierra, sean legítimos e ilegítimos, pero piensa por un momento si en esas ocasiones tú has estado tan pendiente, tan deseoso de que Cristo regrese. Yo creo que la mayoría de las veces estamos tan entretenidos y disfrutando tanto lo que aquí se puede gozar, por así decirlo, que deseamos como que Él retarde su regreso un poco más.
En los últimos meses, los últimos años, pero aún en los últimos meses, el mundo ha dado un giro de una manera tan radical que acontecimientos mundiales hacen a algunos de nosotros pensar si no estamos en la antesala de la segunda venida de Cristo. No hay duda de que la pandemia del COVID-19 ha hecho estragos, no hay duda de que ha dejado grandes consecuencias y todavía nos quedan algunas por vivir.
Para mí no me cabe la menor duda de que las consecuencias de esta pandemia van a palidecer al lado de las consecuencias que el deterioro moral actual de la sociedad ha de causar. La descomposición moral y social que estamos viviendo nos dejará como legado consecuencias mucho mayores a las que tú pudieras imaginar que esta pandemia nos va a dejar a nuestra población. De hecho, la pandemia de este virus pudiera potencialmente terminar en unos meses si los medicamentos desarrollándose y las vacunas en desarrollo producen los efectos deseados. Lo mismo no puede decirse jamás de lo que es la descomposición que nosotros estamos viviendo.
Nosotros estamos en medio de una espiral descendente que el mundo ha emprendido en términos morales, que es imparable y que irá de mal en peor. Y lo único que va a detener eso, en mi opinión y en la opinión de otros, es el regreso de nuestro Señor Jesucristo. No va a detenerse, no se va a desacelerar, va a haber de hecho, y hemos comenzado a ver, una aceleración en esa dirección. Y es la razón por la que yo he titulado mi mensaje en el día de hoy: "Cristo regresará y la maldad se detendrá, pero no hasta entonces".
A partir de este momento, yo espero ver una aceleración, como mencioné, del deterioro, de la degeneración de la sociedad, con un aumento de la inmoralidad y aumento de la violencia. De hecho, la inmoralidad ha invadido la Iglesia de Cristo hasta el punto que aún en los últimos meses, aún en las últimas semanas, hemos visto y leído la caída de líderes importantes en la Iglesia de Cristo como fruto de dicha penetración.
Yo creo que a manera de introducción es importante leer las palabras de Pablo a Timoteo en su segunda carta. La segunda carta de Pablo es el testamento de Pablo. Son las últimas palabras, palabras finales a su discípulo más joven. Pablo, preocupado de que estas condiciones que vendrían pudieran desanimar a algunos, le dice a Timoteo en su segunda carta, capítulo 3, versículo 1 hasta el 5: "Pero debes saber esto, que en los últimos días vendrán tiempos difíciles."
John Stott dice que esa palabra pudiera traducirse como tiempos duros, difíciles de tolerar, que hacen pensar en desastres naturales, aunque no sean los desastres naturales lo que cause la dificultad, sino que la magnitud, la intensidad de los tiempos pudiera compararse con dichas tormentas y desastres similares.
"Que los hombres serán amadores de sí mismos" —anota esa palabra, amadores de sí mismos— "avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, irreverentes, sin amor, implacables, calumniadores, desenfrenados, salvajes, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos, amadores de los placeres en vez de amadores de Dios."
Y luego tienes diecinueve características de los hombres en estos últimos días. Notaste cómo comienza la lista y cómo termina la lista. La lista comienza con "amadores de sí mismos", narcisistas, y termina con "amadores de los placeres en vez de amadores de Dios", hedonistas. "Teniendo apariencia de piedad" —pudieran tener incluso una apariencia de religiosidad o aún de cristiandad— "pero habiendo negado su poder. Timoteo, si aún en tu época tuvieres hombres así, a los tales evita."
La frase traducida ahí "sin amor", la ESV, o English Standard Version de la Biblia en inglés, la traduce como "heartless", hombres sin corazón, hombres sin sensibilidad para nada ni para nadie.
Y Pablo anticipa un deterioro progresivo de la sociedad en la medida en que nosotros nos acercamos al retorno de Cristo. De hecho, en el versículo 13 del mismo capítulo donde yo estaba leyendo, Pablo escribe lo siguiente: "Pero los hombres malos e impostores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados." Es increíble: engañando y siendo engañados. Las cosas comenzaron mal en el jardín del Edén con una mentira y un engaño, y continuará, dice Pablo, hasta el final de la misma manera: engañando estos hombres y siendo engañados. En otras palabras, ellos se autoengañan.
Dios, por medio del apóstol Pablo, nos deja ver que habrá una corrupción moral hasta que el derrumbe ocurra. Algunos podrían decir: "Pastor, ha habido tiempos anteriores en que la sociedad ha pasado por tiempos difíciles y la población se ha preguntado si no estaríamos viviendo los tiempos finales." Y usualmente eso se ha debido a enfermedades, como la peste bubónica en los años 1300, que mató un tercio de la población mundial. Otras veces se ha debido a desastres naturales. En esta ocasión, lo que causa el deterioro y derrumbe final no son esas condiciones, sino el deterioro moral de los hombres. Y la razón es solamente una: la lejanía de la sociedad de nuestro Dios.
Cuando tú lees el registro bíblico, tú te encuentras en el Antiguo Testamento profetas como Habacuc que decían: "Señor, ¿hasta cuándo es que Tú vas a permitir la injusticia? ¿Hasta cuándo Tú vas a permitir que mis ojos vean injusticia? Yo no lo entiendo. Tú eres un ser, un Dios, cuyos ojos son tan puros que no puede ver la maldad, y yo no la puedo ver, y Tú como que sigues tolerando esto. ¿Hasta cuándo será?"
Otros como Salomón llegaron a pensar en probar el apenas vivir moralmente, cuando en realidad parece que a los impíos les va mejor que a los creyentes.
Y todavía otro grupo se ha burlado en el pasado y continúa burlándose hoy. Y dice Pedro, escribiendo para advertencia nuestra: "Sepan esto, que en los últimos días vendrán burladores con su sarcasmo, siguiendo sus propias pasiones y diciendo: '¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo continúa tal como estaba desde el principio de la creación.'" ¿Dónde está esto? ¿Dónde está esa venida de la que ustedes hablan? Porque todo ha seguido igual; lo que era en el pasado ha vuelto a ser y volverá a ser. Las cosas no han cambiado. Nos advierte Pedro en su segunda carta, capítulo 3, a partir del versículo 3. "Burladores" les llama Pedro cuando escribe.
Y mientras toda esta gente, profetas y otros, se hacían estas preguntas y los burladores se burlaban, el plan de Dios de redención continuaba avanzando inexorablemente en la dirección y a la velocidad de su calendario. Cuando tú abres entonces el libro de Apocalipsis, lo que encuentras es una descripción de esta fase final de la historia redentora. Lo que encuentras es una descripción simbólica, o mejor dicho, expresada a través de mucho simbolismo, de lo que estaría ocurriendo o lo que está por venir.
Apocalipsis tiene diferentes interpretaciones, eso lo sabemos, y no voy a entrar en esos detalles ahora, no es el tiempo para eso. Pero de la manera como nosotros lo entendemos, el capítulo 18 de Apocalipsis representa el final del período de la gran tribulación de la que habló Daniel en el capítulo 12 y de la que habló Cristo en los capítulos 24 y 25 del Evangelio de Mateo. Y es ahí donde comienza entonces lo que nosotros leímos: "Después de esto oí una gran voz de una gran multitud en el cielo que decía: ¡Aleluya!"
La hora, la razón por la que el coro celestial ha comenzado a cantar alabanzas a nuestro Dios, es porque la hora final ha llegado. La hora de su regreso llegó, la hora de poner fin a la maldad y la hora de las bodas del Cordero, como estuvimos leyendo. Y por eso tú vuelves a leer en el versículo 6: "Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas y como el sonido de fuertes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!" Y el coro angelical continúa alabando a nuestro Dios.
Es la hora del regreso de nuestro Redentor. La primera vez Él vino a servir, pero esta vez Él viene para ser servido. La primera vez Él vino a morir por el pecado, pero esta vez viene a juzgar a los pecadores. La primera vez Él no abrió su boca; esta vez serán truenos su voz y el universo entero le escuchará.
Y es ahí entonces donde yo quiero tomarlo, porque este es el texto del mensaje de hoy, de manera que pueden decir "voy a resetear el reloj" porque vamos a comenzar ahora el sermón: "Y vi el cielo abierto, y apareció un caballo blanco. El que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero; con justicia juzga y hace la guerra. Sus ojos son como llama de fuego, y sobre su cabeza hay muchas diademas. Tiene un nombre escrito que nadie conoce sino Él. Está vestido de un manto empapado en sangre, y su nombre es el Verbo de Dios. Los ejércitos que están en los cielos, vestidos de lino fino, blanco y limpio, lo seguían sobre caballos blancos. De su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones, y las regirá con vara de hierro. Él mismo pisa el lagar del vino del furor de la ira de Dios Todopoderoso. En su manto y en su muslo tiene un nombre escrito: Rey de reyes y Señor de señores."
"Vi a un ángel que estaba de pie en el sol. Clamó a gran voz diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Vengan, congrégense para la gran cena de Dios, para que coman carne de reyes, carne de comandantes y carne de poderosos, carne de caballos y de sus jinetes, y carne de todos los hombres, libres y esclavos, pequeños y grandes."
"Entonces vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos reunidos para hacer guerra contra el que iba montado en el caballo blanco y contra su ejército. Y la bestia fue apresada junto con el falso profeta que hacía señales en su presencia, con las cuales engañaba a los que habían recibido la marca de la bestia y a los que adoraban su imagen. Los dos fueron arrojados vivos al lago de fuego que arde con azufre. Los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca de aquel que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de sus carnes." ¡Wow!
Es un texto con mucho simbolismo, pero para describir una realidad futura. Hay cosas claras: hay un caballo blanco y hay un jinete. Simbólico, porque sabemos que nuestro Redentor no necesita un caballo para regresar, pero es simbólico de quién Él es. Cuando Él vino como Cordero, entró a Jerusalén montado en un pollino, en un asno. Esta vez Él viene montado en un caballo, típico de la realeza, típico de cómo los generales triunfantes de las guerras del pasado, y especialmente de Roma, llegaban y entraban a Roma y hacían su entrada triunfal en un caballo blanco. Y así es representado nuestro Dios.
El caballo tiene un jinete, y el jinete tiene un nombre: Fiel y Verdadero. Es Cristo. Ha sido fiel a su promesa; Él ha venido a cumplirla, está viniendo a cumplirla. Y es Verdadero porque no se ha hallado en Él mentira ni engaño en ningún momento. Él ha hablado verdad; Él se identificó como el camino, la verdad y la vida. Él es el representante de la verdad de Dios, la verdad encarnada. Él vino a poner fin al padre de mentira y a todo este mundo de mentira que ha imperado desde el jardín de Edén hasta nuestros días. Si el mentiroso nos metió en este enredo en el que nos encontramos hoy en el jardín de Edén, el verdadero de Dios, el Fiel y Verdadero, nos sacará del atolladero.
El versículo 12 del texto describe al jinete también con sus ojos como llamas de fuego, representativas de una mirada de autoridad, una mirada penetrante. Yo no sé exactamente lo que Juan vio; recuerda, él tenía una visión y está describiendo en lenguaje humano lo que vio, de manera que tiene que tratar de imaginarte cuál fue la mirada que él vio, que lo único que se le pudo venir a la mente es: "Esto parece como llamas de fuego." Esto es como una mirada de autoridad, una mirada penetrante, una mirada que puede leer y juzgar los pensamientos, las intenciones y las motivaciones de los corazones. Nada escapa a dicha mirada. De hecho, nada ha escapado a su mirada a lo largo de toda la historia de la humanidad. Lo único es que en este momento nosotros no estamos tan apercibidos de que nuestras acciones ocultas no escapan la mirada de nuestro Dios, pero cuando Él regrese, su mirada será sentida. Como la sintió Isaías cuando se sintió arruinado, y Habacuc cuando sintió que podredumbre entraba en sus huesos.
Y en el mismo versículo 12 se nos dice que sobre su cabeza había muchas diademas, muchas coronas, representativas de la autoridad absoluta con la que Él vendrá a gobernar, la soberanía completa de este Rey. Es Fiel y Verdadero, pero Él tiene un nombre, además de ese, que nadie conoce sino Él, dice el texto que leí. Y no vale la pena que tratemos de pensar cuál es ese nombre, porque es un misterio que quizás sea revelado a su regreso, pero por el momento solamente Dios conoce dicho nombre. Y sabemos desde Deuteronomio 29:29 que las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos, y las cosas secretas le pertenecen a Dios; esta es una de ellas.
Además, el jinete es descrito simbólicamente como que en su manto y en su muslo tiene un nombre escrito: Rey de reyes y Señor de señores. Como hemos dicho en otras ocasiones, el Señor no viene tatuado, pero nos está diciendo que esta persona, este jinete que viene, que no es otro que Cristo mismo, que viene como Juez, que ya no viene como el Cordero de Dios sino como el León de la tribu de Judá... Este texto de Apocalipsis 19 describe a Cristo cuando Él decide ejecutar su función de León de la tribu de Judá en vez de Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Y por eso es que Él tiene entonces, de acuerdo a lo que Juan vio, un nombre escrito que dice Rey de reyes y Señor de señores. Reyes han venido y se han ido, señores han venido y se han ido, han subido, han bajado, han muerto, pero por encima de todos y cada uno de ellos había un Rey de esos reyes y un Señor de esos señores, a quienes ellos eventualmente tendrían que rendir cuentas. Ellos no poseían la autoridad última ni la autoridad absoluta; este sí. Eso es lo que Apocalipsis 19 está describiendo.
Pero la descripción del jinete no termina. Juan nos dice que en esta visión que él tuvo, se percató de que Cristo, que es el jinete en la visión, tenía un vestido, un manto empapado en sangre, y su nombre es el Verbo de Dios. Yo creo que Juan nos está tratando de ayudar a entender que este que viene ahora es el mismo que ya vino. Este que él llama un jinete sobre un caballo blanco es el mismo de quien él habló en el Evangelio que lleva su nombre, cuando dijo que en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios, y ese Verbo se encarnó y habitó entre nosotros y vino lleno de gracia y verdad. Yo creo que Juan está diciendo: "De ese Verbo de quien yo hablé en su primera venida es de quien yo también estoy hablando ahora en su segunda venida." Ese es su nombre: el Verbo de Dios.
Y ese Verbo de Dios tiene un manto empapado en sangre, y esa sangre del manto ha sido interpretada de más de una manera. Algunos han dicho que representa la sangre del Cordero que fue inmolado, y puede ser, excepto que esta vez esa no es la función que viene a ejercer. Otros han dicho que esta sangre de la cual está empapado su vestido representa la sangre de los mártires a lo largo de la historia y la sangre de los mártires en el período de la tribulación; podría ser.
Pero en realidad yo creo que esa sangre del manto es más consistente con algo ya profetizado en el Antiguo Testamento por el profeta Isaías acerca de este juicio final. Recuerda que el Antiguo Testamento tiene más profecías acerca de la segunda venida que el Nuevo Testamento. Y el profeta Isaías, viendo el fin de los tiempos y viendo el juicio final, escribió 700 años antes de Cristo venir lo siguiente en Isaías 63 acerca de Dios: "El lagar..." El lagar es el sitio donde se pisan las uvas, las aceitunas y las manzanas para hacer vino, para hacer vinagre o para hacer sidra. "El lagar lo he pisado yo solo; de los pueblos ningún hombre estaba conmigo." Escucha: "Los pisé en mi ira y los aplasté en mi furor." Escucha ahora: "Su sangre salpicó mis vestiduras y manché toda mi ropa."
Yo creo que esto que Juan vio es más consistente con eso que Isaías describió, y es consistente con lo que el texto sigue describiendo. Escucha lo que dice el versículo 15: "De su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones, y las regirá con vara de hierro. Él mismo pisa el lagar" —esta la palabra otra vez— "del vino del furor de la ira de Dios Todopoderoso."
Nota que habla de una espada. La espada es simbólica de guerra, de juicio, de justicia, pero nota que la espada no está envainada, por así decirlo, en el cinturón como la armadura de Dios de Efesios 6. La espada tampoco está en la mano, sino que la espada en la visión sale de la boca de Dios. Y yo creo que la razón para que sea de esa forma es que obviamente el Cordero de Dios no va a hacer guerra contra los hombres haciendo uso de armas bélicas, porque eso no es como Dios ha actuado. Lo que Dios ha hecho, lo que Dios está haciendo, lo que Dios va a hacer siempre ha sido por medio de su Palabra. Dios habló y boom, el universo se formó. Cristo habló y los muertos resucitaron. El libro de Hebreos dice que el universo está siendo sostenido por el poder de su Palabra. De esa misma manera, a la hora de pasar juicio y quitarle la vida a los hombres, Dios lo hará por medio de su Palabra otra vez.
Y la Biblia apoya lo que yo acabo de decir. Escucha este par de textos de un número de textos que yo economicé por razón de tiempo. Isaías 11:4: "Herirá la tierra con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios matará al impío." Recuerda cómo Dios le dio vida a Adán con el soplo de su boca; de esa misma manera, con el soplo de su boca matará al impío. Eso es Isaías 11:4. El apóstol Pablo describe para los tesalonicenses la segunda venida del Señor, y en el capítulo 2, hablándoles del anticristo y de las señales prodigiosas que le acompañarán, dice en 2:8: "Entonces será revelado ese inicuo, el anticristo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca y destruirá con el resplandor de su venida." Dos cosas tendrán poder a la hora de deshacerse del anticristo: lo que su boca hable y el simple resplandor de su venida. ¡Wow! El Señor habla y las cosas suceden. De ahí el simbolismo de la espada que sale de su boca.
La segunda parte del versículo 15 habla de que Él regirá las naciones con vara de hierro. Entendemos que eso es durante el tiempo del reino milenial, del cual no tenemos tiempo para hablar ahora. Ahora, el versículo habla de que el Señor pisará el lagar con el furor de la ira de Dios Todopoderoso. Nota esta combinación de palabras: no simplemente habla de la ira de Dios, que ya debiera ser lo suficientemente intimidante, sino que habla del furor de la ira. Y no solamente habla del furor de la ira, sino que habla del furor de la ira de Dios. Pero no solamente habla del furor y de la ira y de Dios, sino, como para que quede claro de la penetración o del impacto que pudiera tener tal juicio, escucha cómo lo dice: el furor de la ira de Dios Todopoderoso. Imagínate hasta dónde pudieran llegar las consecuencias del desbordamiento de la ira de un Dios omnipotente.
Y luego el texto que leímos describe un ángel que está parado en el sol. Eso está menos claro, pero quizás implique el hecho de que ese ángel quizás estaba parado en medio de la luz del sol, al reflejo de ese sol, a donde el sol se podía ver. Algunos han pensado que, como le estaba reflejando la gloria de Dios, aun viendo el sol en la expansión de los cielos, quizás él todavía era mucho más resplandeciente que dicha luz. Y ese es el ángel que está hablando, y ese ángel hace una invitación. Hace una invitación a una cena. Normalmente las invitaciones a cenas o comidas son agradables, pero esta no.
Apocalipsis 19 tiene dos invitaciones a dos cenas distintas. La primera yo la leí al principio, antes de comenzar a predicar, incluso al final de la adoración. Y en los versículos 7 al 9 se describe la cena de las bodas del Cordero, y hay unos invitados ahí que han sido redimidos por la sangre del Cordero. Formamos parte de esa invitación. Pero ahora, en el versículo 17, hay otra invitación a otra cena con otro nombre que se llama la gran cena de Dios.
Escucha quiénes son los invitados. Versículo 17: "Vi a un ángel que estaba de pie en el sol. Clamó a gran voz diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Vengan, congréguense para la gran cena de Dios, para que coman carne de reyes, carne de comandantes, carne de poderosos, carne de caballos y de sus jinetes, carne de todos los hombres libres y esclavos, pequeños y grandes." Los invitados son aves de rapiña. Y nota que no hay estrato social que vaya a ser pasado por alto: reyes y comandantes, libres y esclavos, pequeños y grandes.
Estos reyes de la tierra se han reunido para hacer guerra contra Dios. Es como irónico, es como increíble pensar que el ser humano puede reunirse. Como que hoy, por ejemplo, los gobernantes de naciones poderosas como China, Estados Unidos, Rusia, Francia, naciones con poder nuclear, se reunieran y dijeran: "Vamos a reunirnos porque vamos a echar una guerra contra Dios." Es como impensable tal cosa. Sin embargo, no es así como ocurrió cuando Faraón y los egipcios perseguían a los israelitas en el desierto; ellos no pensaban que estaban en guerra contra Dios. Cuando los 450 profetas de Baal luchaban contra Elías, ellos no pensaban que esa lucha era contra Dios. Cuando los judíos y los romanos, y Pilato y Herodes, se pusieron de acuerdo para clavar al Señor Jesucristo, ellos no pensaban que estaban clavando a Dios y que estaban contra Dios. Pero en todos y cada uno de esos casos la lucha es contra Dios, literalmente hablando.
Y si quieres algún texto para apoyar eso que yo acabo de decir: cuando Pablo estaba persiguiendo la iglesia, Pablo no creía que estaba persiguiendo a Dios. Sin embargo, cuando Cristo lo intercepta camino a Damasco, Cristo le dice: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" No le dijo "¿por qué persigues a mi iglesia?" sino "¿por qué me persigues a mí?" Cuando persigues mi iglesia, me persigues a mí, porque la iglesia es simplemente el cuerpo del cual yo soy la cabeza, y la cabeza y el cuerpo nunca están separados.
De manera que esta lucha o esta guerra de la cual el libro de Apocalipsis habla va a ser entre hombres, porque los ejércitos celestiales ni se ven para que los reyes de la tierra pudieran guerrear contra ellos. Se van a reunir en un lugar, dice la Biblia, cuyo nombre es en hebreo Armagedón, y se reunirán allí los ejércitos de la tierra. Y es en aquel lugar donde estas aves son convidadas, son invitadas.
¡Qué necio es aquel ser humano para pensar que se puede oponer a Dios! ¡Qué orgulloso es ese ser humano que se rebela! ¡Qué idea tan agrandada tiene la criatura con respecto a su Creador! Yo recordaba más temprano cómo, cuando se construyó el Titanic, la gente habló en esa ocasión que se había construido un barco que no podía ser hundido. Lo primero que ocurrió es que se hundió. Cuando el transbordador espacial fue lanzado al espacio, se dijo un par de días antes que, dado el sistema de telescopio que llevaba, nosotros descubriríamos finalmente el origen del universo. Yo recuerdo haber dicho algo similar a lo que se dijo con el Titanic, y lo próximo que escuchamos fue que el transbordador explotó con siete personas en su interior.
Y hace poco, pena me dio y dolor me dio y tristeza y hasta temor me dio escuchar al gobernador del estado de Nueva York decir, cuando el número de casos de COVID bajó y descendió: "Dios no hizo eso. Eso lo hicimos nosotros a base de mucho dolor y sufrimiento." Yo recuerdo decir en voz alta: "¡Ay, ay, ay!" Le escribí en un chat de pastores al que yo pertenezco lo que acababa de oír y le puse asimismo: "¡Ay, ay, ay, ay, ay!" Porque de Dios nadie se burla. Pero el hombre ha pensado que puede luchar contra Dios, el hombre ha pensado que puede llevarle la contraria a Dios, el hombre ha pensado que puede salirse con la suya lidiando con Dios.
Y escucha cómo el salmista, pensando de manera futura, en el Salmo 96, que leyó el pastor Luis al principio... No es un salmo que podemos leer ahora y lo podemos celebrar ahora, pero sabes que el salmo es del tiempo futuro, cuando las naciones vengan y alaben a Dios. Déjame decirte que estos salmistas estaban escribiendo de tiempos que no tenían ni idea porque eran posteriores a la primera venida de Cristo. Este Salmo 2, escucha lo que dice: "¿Por qué se sublevan las naciones y los pueblos traman cosas vanas? Se levantan los reyes de la tierra y los gobernantes traman unidos contra el Señor y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus cadenas y echemos de nosotros sus cuerdas."
¿Qué es lo que hacen? O sea, ¡hasta dónde llega la necedad de los reyes de la tierra que piensan que se pueden unir a luchar contra el Señor y su ungido! ¿Y quién es el ungido? Cristo. Escucha lo que el salmista dice entonces: "El que se sienta como rey en los cielos se ríe; el Señor se burla de ellos." Los hombres pueden burlarse de Dios ahora, pero no lo harán para siempre.
Hay diferentes formas como nosotros podemos burlarnos de Dios, unas más obvias que otras. El hombre pudiera burlarse de Dios blasfemando contra Dios, pero nosotros pudiéramos tratar de burlarnos de Dios pecando con conocimiento de causa, escondiendo nuestras acciones, y luego pensando que, como los hombres no se enteraron, pues salimos ilesos a los ojos de la disciplina de Dios. Pero el apóstol Pablo les recuerda a los gálatas que nadie se burla de Dios: tú siegas lo que siembras. Y les recuerda a los corintios, y nos recuerda a nosotros, que todos, incluyendo quien está predicando, comparecerá ante el tribunal de Cristo para dar cuenta de todo lo que haya hecho, o sea bueno o sea malo.
Antes de llegar al final del capítulo 19, que es el capítulo con el que estamos lidiando, déjenme devolverme en Apocalipsis un poco y decirles algo de lo que ya había sido descrito. En el capítulo 16, de los versículos 12 al 16, se nos describe cómo el anticristo, el falso profeta y Satanás, llamado el dragón, engañaban a los reyes de la tierra. De manera que esta tríada, esta es la tríada satánica: tú tienes el dragón, que representa al Padre; tú tienes el anticristo, que sería la antítesis de Cristo; y tú tienes el falso profeta, que es quien hace las señales prodigiosas que contribuyen a que el anticristo sea alabado, y ese es como la contraparte del Espíritu Santo, que es quien da los dones milagrosos también, como la Palabra enseña. Entonces esto es una tríada satánica. Pero si es que algunos piensan que el 666 es lo...
Que representa, siendo el 7 el número de la perfección, que este 666 no es otra cosa que una tríada que no llega a 7, que es el número de la perfección, y que eso es lo que representa. Especulación quizás, pero tiene alguna posibilidad.
Entonces, en el capítulo 16 del 12 al 16 se nos habla de este dragón, de este anticristo, del falso profeta, y se nos dice entonces en el versículo 16 que los reyes de la tierra se reunieron en Armagedón. Tú avanzas al próximo capítulo, 17:14, dice que ellos pelearán contra el Cordero, pero el Cordero los vencerá porque Él es Señor de señores y Rey de reyes, y los que están con Él son llamados escogidos y fieles.
Entonces, ahora la razón para mencionar esos dos cortos pasajes del capítulo 16 y capítulo 17: porque ahora tú haces un fast forward, tú avanzas rápidamente a Apocalipsis 19, versículo 19. Este es el final de eso que ya venía ocurriendo. El versículo 19 del capítulo 19 entonces: "Y vi a la bestia" —este es el anticristo— "a los reyes de la tierra y a sus ejércitos reunidos para hacer guerra contra el que iba montado en el caballo blanco y contra su ejército." Qué inútil es transitar contrario a la voluntad de Dios. Qué inútil es para los hombres y para las naciones ir en dirección opuesta a la dirección de Dios. ¿Qué tú crees que pasaría?
El versículo 20: "La bestia fue apresada" —ese es el anticristo; cómo Cristo va a hacerlo no sabemos— "fue detenida junto con el falso profeta que hacía señales en su presencia." La ves, el falso profeta es una figura que es la que hace las señales milagrosas. Es hasta cierta medida el jefe de campaña del anticristo, por así decir. La gente alaba al anticristo por el falso profeta que le acompaña. Y con esas señales, escucha lo que dice el versículo 20: "Engañaba a los que habían recibido la marca de la bestia y a los que adoraban su imagen." Estas son señales engañosas.
Increíble, otra vez, en el jardín del Edén la serpiente usa la mentira y el engaño. A lo largo de la historia los hombres siguen engañando y autoengañándose. Lo leímos de Pablo a Timoteo. Y ahora se nos dice que al final de la historia, ya cerrando la historia redentora, lo que está ocurriendo es una vez más el engaño, tal cual ocurrió en el jardín del Edén. Porque eso es como Satanás opera. Cristo opera sobre la base de la verdad y Satanás opera sobre la base de la mentira. Cristo opera sobre la base de la revelación de lo que es verdad; Satanás opera sobre la base del engaño, de ocultar la verdad.
De hecho, en 2 Tesalonicenses capítulo 2, Pablo, hablando de la venida del anticristo, dice que Dios le enviaría un poder, un espíritu engañoso, para que creyeran la mentira, porque no amaron la verdad. Llega un momento donde Dios dice: "Si no amas la verdad, si no sigues la verdad, si no abrazas la verdad, ¿sabes qué? Te voy a dejar a que seas engañado, hasta autoengañado, para que creas la mentira, porque no has amado la verdad que te he revelado."
¿Qué pasa con la bestia, el anticristo, y el falso profeta? El versículo 20 al final: "Los dos fueron arrojados vivos al lago de fuego que arde con azufre." Y el resto, el resto de los reyes de la tierra que les seguían y que estaban reunidos allí, los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de sus carnes. La espada que salía de su boca no es otra cosa que su propia palabra. De hecho, la Palabra es identificada en la armadura de Dios con la espada del Espíritu. Literalmente dice: "La espada del Espíritu es la Palabra de Dios."
¿Y qué pasa entonces? ¿Qué pasó después de esto? ¿Qué pasa después? Porque es el final del capítulo 19. ¿Qué pasa después que la bestia y el falso profeta son arrojados al lago de fuego? Apocalipsis 20. ¿Y qué hay en Apocalipsis 20? La descripción del reino milenial, el comienzo de una era nueva, donde aquí en la tierra —¿y dónde dice eso?— capítulo 21: cielo nuevo, tierra nueva, porque las cosas viejas ya habían pasado.
Ahora, yo quiero cerrar este mensaje y cerrar esta serie, más que usando mis propias palabras, yo quiero cerrar usando las palabras que han sido reveladas. Yo estaba consciente del principio. De hecho, el domingo en la tarde, el domingo pasado en la tarde, habiendo predicado el mensaje anterior, le decía a Cati, mi esposa: "Tengo un reto ya para el próximo domingo, que es el cierre." Y el cierre tiene que ver con todo esto que me está hablando y la venida del Señor. Y parte del reto es que, ¿cómo tú hablas de cosas futuras cuidándote de no hacer tus propias interpretaciones y de no pecar diciendo cosas que los textos no dicen? Y obviamente me encomendaba al Espíritu y demás, pero pensé que la mejor idea era haciendo tanto uso como fuera posible de textos bíblicos, como hemos hecho hoy, de manera que yo pudiera en esencia decir lo que Dios ya dijo. Eso es lo que voy a hacer ahora mientras traigo el mensaje al cierre y la serie al cierre.
En el capítulo 22, el último capítulo de la Biblia, el cierre, ya al final, para ya despedirnos, por así decirlo, de la revelación de Dios, comenzando en el versículo 6, escucha lo que dice: "Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas." Estas palabras representan el carácter de Aquel que es fiel y verdadero, que viene montado en el caballo blanco. Las palabras también son fieles y verdaderas. "El Señor, el Dios de los espíritus de los profetas" —de acuerdo, cuando los profetas decían "el Espíritu del Señor vino sobre mí"— bueno, ahora al cierre el texto nos dice: "El Señor, el Dios de los espíritus de los profetas," el Dios que inspiró a los profetas para hablar de cosas futuras, "envió a su ángel." De manera que lo que está ocurriendo ahora es algo que el ángel está revelando. "Envió a su ángel para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder enseguida. Por tanto, yo vengo pronto. Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro."
"Yo, Juan, soy el que oyó y vio estas cosas." Sí, Juan está diciendo que lo que está escribiendo esto: "No me lo contaron, yo lo vi, yo escuché, y yo escribí." "Y cuando oí y vi, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostró estas cosas." Este ángel tiene una descripción o una apariencia tan gloriosa, tan extraordinaria, que Juan, entrenado por Cristo y crecido, por así decirlo, en el judaísmo, que entendía que solamente te puedes postrar ante Dios, está tan impresionado con la gloria que este ángel revela que está listo para adorarlo. Y literalmente dice: "Yo me postré para adorar a los pies del ángel que me mostró estas cosas." Y me dijo: "No hagas eso." Otra vez, ya lo leímos en un texto anterior, o sea que Juan estuvo tentado dos veces a hacer esto. "Yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos los profetas y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios." Juan, yo soy... quizás yo te luzco impresionante, quizás yo reflejo una gloria que tú nunca has visto, pero escucha, Juan, escucha algo: yo soy simplemente una criatura, al igual que tú eres una criatura. A quien tienes que adorar es al Creador, que vive por los siglos de los siglos. Él es el digno de adoración, no yo. Juan, párate. Juan, párate. Júntate conmigo.
También me dijo: "No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca." Dos mil años, pastor, ¿cerca? Para un ser que vive en la eternidad, claro que es corto tiempo. Pero si estaba cerca para Juan, está mucho más cerca para nosotros.
¿Y en el interín qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago yo en el interín, en medio de esta espiral de inmoralidad descendiente en la que nosotros nos encontramos, y que entendemos no va a parar? De hecho, si hablas inglés, te recomiendo un libro del doctor Albert Mohler, The Gathering Storm, "La tormenta que se está formando," porque esa es la palabra: es una tormenta. ¿Qué hacemos?
Escucha lo que el consejo del ángel es: "Que el injusto siga haciendo injusticias, que el impuro siga siendo impuro." Sí, pero, pastor, yo no soy de esos, yo creo, yo... ¿Y entonces qué de mí? Ahora te va a decir: "Que el justo siga practicando la justicia." Y escucha ahora: "Y que el que es santo siga guardándose santo." En la espera, los impíos continuarán siendo impíos y los injustos continuarán practicando la injusticia. Lo que el santo no se puede dar el lujo de hacer es de comportarse impíamente y cometer actos de inmoralidad. El santo, que siga guardándose santo.
"Y mi recompensa está conmigo para recompensar a cada uno según su obra." Cristo está diciendo: "No solamente yo vengo acompañado de mis ejércitos celestiales, pero sabes qué, por así decirlo, yo vengo con las manos llenas a recompensar a cada uno según su obra." De manera que ponte a la espera, porque yo estoy a punto de regresar y traigo tu recompensa conmigo, y reinarás conmigo por los siglos de los siglos. Si tú fueras pentecostal te brincas de tu silla ahora mismo. Pero somos más rescatados, no nos gusta subir la voz. Pero cuando tú lees lo que pasa en el cielo, todo es a gramos, a gramos. Y hoy, en a gramos: "Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin." Yo soy el alfabeto griego entero, de la alfa hasta la omega. ¿Tú entiendes lo que implica eso? Yo soy todo en todo. Todo comienza en mí, termina en mí. Todo comenzó conmigo y terminará conmigo. En mí ustedes viven, se mueven y existen.
El versículo 14: "Bienaventurados," benditos, makarios, contentos, "los que lavan sus vestiduras, para tener derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas a la ciudad."
Escucha este versículo y escucha la frase final de este versículo. Yo he leído Apocalipsis no sé cuántas veces. Me atrae su lectura porque es confusa y es como difícil de descifrar. "Afuera de esta ciudad están los perros" —no las mascotas, los perros, gente que merece ser llamada de esa forma— "los hechiceros, los inmorales, los asesinos, los idólatras," y esta es la frase que me llama la atención: "y todo el que ama y practica la mentira." La práctica de la mentira es equiparada con los inmorales, los hechiceros, los asesinos, los perros, los idólatras. Porque es que hay dos ejércitos nada más: uno lo lidera el padre de mentiras, Satanás, quien nos empujó a la condición en la que nos encontramos hoy por miles de años en base a una mentira, y...
Uno engaña; el otro ejército lo lidera Aquel que es identificado como el Camino, la Verdad, y como Fiel y Verdadero. No hay otro ejército: el que no está con uno está contra el otro.
Versículo 16: "Yo, Jesús, he enviado a mi ángel." Escucha esto, porque esto es para ti. Si tú no tienes interés en las cosas futuras, este versículo yo te lo voy a dedicar a ti personalmente, del pastor Miguel, con tu nombre: "Yo, Jesús, he enviado a mi ángel a fin de darles a ustedes testimonio de estas cosas para las iglesias." No para los profetas, no para los pastores, no para los evangelistas, no para los miembros de las iglesias. Él está cerrando y Él está haciendo esto: "Es mi testimonio, y yo he enviado a mi ángel a revelar todo eso que he enviado, a fin de darles a ustedes testimonio de estas cosas para las iglesias."
¿Y quién eres Tú? "Yo soy la satisfacción de David, el satisfacción y el Fin." "Y el Espíritu y la satisfacción dicen: ¡Ven! Y el que oye, que diga: ¡Ven! Y el que tiene sed, venga; y el que desee, que tome gratuitamente del agua de la vida." Si no quieres que venga, no digas "ven". Pero si quieres que Cristo venga, Cristo dice: "Y el que oye, diga: ¡Ven!"
Hermanos, hay un mundo a la deriva, no hay duda de eso. Hay un mundo a la deriva en una espiral descendente a una velocidad impresionante. Los hombres lucen desenfrenados, la violencia está al orden del día, la injusticia impera, el narcisismo es la cultura de cada sociedad, el hedonismo de hoy es insaciable. Pero llegará el día en que Cristo vendrá y la maldad se detendrá.
Y finalmente entonces, los pobres en espíritu heredarán el satisfacción de los cielos, los que lloran serán consolados, los humildes heredarán la tierra, los que tienen hambre y sed de justicia serán saciados, los misericordiosos recibirán misericordia, los de limpio corazón verán a Dios, los que procuran la paz serán llamados hijos de Dios. ¿Se da cuenta cuáles son las cualidades que deben distinguirnos ahora, en espera del satisfacción venidero? Los que procuran la paz serán llamados hijos de Dios. Los que han sido perseguidos por causa de la justicia, de ellos será el satisfacción de los cielos. Los cargados y cansados, yo los haré descansar y entrarán al reposo eterno. Las lágrimas cesarán, el sufrimiento no será recordado, y el pecado ni siquiera será deseado. ¿Por qué? Porque seremos como Él es y le veremos como Él es.
¿Te imaginas aquel día de gloria? Aquel día donde todo lo anterior habrá desaparecido, donde serás como Él, donde gozarás con Él, que estarás en su presencia en medio de su gloria. En ausencia de pecado, en ausencia de maldad, en ausencia de todo lo sucio, en ausencia de todo lo corrupto, en ausencia de todo aquello que formó incluso parte de tu vida, de tu mente, de tu corazón. Ya no será más. En la ciudad, en la satisfacción Jerusalén, en la ciudad de Dios.
Con todas esas promesas que son más ciertas —no, son tan ciertas como la primera venida—, ¿vas a vivir pensando aquí en las cosas de este mundo? ¿Vas a vivir deseando las cosas que este mundo te ofrece? Con todo lo que Dios te ha puesto de frente y te ha ofrecido como su hijo, ¿vas a seguir pensando y deteniéndote, gastando tiempo y gastando tu mente y gastando tus años y tus energías y tu corazón, y compartiendo tu vida con las cosas temporales, pasajeras, pecaminosas, caídas, corruptas de este mundo? Como dirían en inglés: come on! ¿Cómo va a ser? Vive el presente mientras miras hacia la eternidad, porque esa es tu morada futura y esa es tu morada eterna. El resto es basura.
Gracias, Señor, que satisfacción de tu gloria para sacarnos de la vergüenza y llevarnos de regreso a la gloria del Padre. Gracias, Señor, gracias por tu cruz, gracias por tu sangre, gracias por tu sacrificio, gracias por tu sustitución, lo que hiciste en la cruz por mí. Gracias por tu resurrección, gracias por sufrir los clavos, gracias por beber la copa que yo no podía beber, gracias por mostrar cómo yo debo vivir, gracias por decirlo, enseñarlo, vivirlo. Gracias porque te propusiste en la eternidad pasada, junto con el Padre y el Espíritu, conformarme a la imagen tuya, Jesús, a la imagen del Hijo. Y dijiste que todas las cosas que caminaran, que pudieran ocurrir, cooperarían para formar dicha imagen. Y cuando dicha imagen fue manchada por el pecado, Tú te ofreciste voluntariamente para venir a quitar la mancha, a redimir la imagen, para que yo volviera a recobrarla, pudiera volver a ser entonces como Tú, para poder vivir y reinar contigo por la eternidad. Gracias por tu promesa de que volverás. Señor, lo creemos, lo anhelamos, lo proclamamos, lo cantamos: Tú volverás. Y hasta entonces, tu pueblo te espera, y nosotros te decimos: ¡Ven, Señor Jesús! Para tu gloria, en tu nombre. Amén y amén.