Integridad y Sabiduria
Sermones

Dependiendo de Dios

Héctor Salcedo 2 septiembre, 2012

La oración no es simplemente una actividad religiosa más; es la expresión natural de un corazón que depende de Dios. Santiago cierra su carta con una serie de instrucciones que giran en torno a esta verdad fundamental: el creyente genuino reconoce que no tiene en sí mismo los recursos para vivir una vida que agrade a Dios. Lo que Adán y Eva hicieron en el huerto fue precisamente declarar su independencia, y Cristo vino a restaurarnos a una relación de comunión pero también de dependencia.

Esta dependencia debe manifestarse en toda circunstancia. Santiago plantea dos extremos: el sufrimiento y la alegría. Quien sufre debe orar, buscando sabiduría y paciencia; quien está alegre debe cantar, reconociendo que toda bendición proviene de la mano de Dios. La tentación del que sufre es quejarse y cuestionar; la tentación del que prospera es olvidarse de Dios y atribuirse el mérito. Ambas reacciones revelan un corazón que no depende verdaderamente de su Señor.

Pero esta dependencia no se vive en aislamiento. Cuando alguien enferma, debe llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él. No porque sus oraciones sean más poderosas, sino porque la comunidad de fe está diseñada para sostenerse mutuamente. Santiago exhorta a confesar los pecados unos a otros y orar unos por otros, buscando sanidad tanto física como espiritual. El ejemplo de Elías —un hombre de pasiones semejantes a las nuestras— demuestra que la oración eficaz no depende de quién ora, sino del Dios que responde.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Ustedes saben que he estado predicando Santiago, vamos por el capítulo 5, y hacia el final vamos a leer dentro de unos minutos los versos del 13 al 18. Decíamos la semana pasada que esta parte final del capítulo 5 es la conclusión del libro de Santiago. Está terminando su libro y desde el versículo 12 vemos una serie de recomendaciones, de sugerencias, de mandatos que Santiago da como aquel que se va de un hogar o de una casa y se despide y hace un resumen de dos o tres cosas importantes que no quiere que se olviden en la casa de la cual se va. Es la razón por la que Santiago, en estos últimos versículos desde el 12 al 20, hace una reiteración de diversos temas de los cuales les ha estado hablando en su carta.

La semana pasada vimos cómo él trajo nuevamente el tema de la forma de hablar, de la lengua, y tocaba de manera específica el tema de la veracidad de nuestra manera de hablar. Algo vital, algo crítico, pues se supone que nosotros como hijos de un Dios veraz, debemos ser veraces en nuestra manera de hablar. Y ahora entra en un grupo de versículos que cuando lo leemos, la primera impresión que nos dejan es que se trata de oración, y efectivamente trata de oración, pero va más allá de oración. Aunque se repite la palabra orar u oró u oración en todos los versos que vamos a leer, en realidad la esencia de este pasaje y de este texto es la dependencia de Dios.

Nosotros sabemos que el corazón que depende de Dios es un corazón que ora, o en otras palabras, el corazón que ora es un corazón que descansa en Dios. Por lo tanto, aunque la actividad del que depende es la oración, en realidad lo que vamos a leer es un texto de la oración pero atrás está la dependencia de Dios. Por eso yo he titulado mi sermón "Dependiendo de Dios".

Esa es una de las ideas básicas que Santiago quiere dejar con nosotros a lo largo de toda su carta. Él ha sido enfático que nuestra fe debe ser visible, que nuestra fe debe ser ejercitada, que debemos poner nuestra confianza en Dios en medio de las dificultades. En el capítulo 4, hacia el final, decía que tenemos que someternos a Dios humildemente, y esto apoya toda esta idea de dependencia. Y yo diría que ese es el corazón de la fe cristiana. Una persona que no depende de Dios no se puede considerar creyente.

De hecho, lo que hizo Adán en el huerto del Edén fue declarar su independencia. Adán y Eva quisieron definir su vida, quisieron tomar decisiones separados, independientes de la Palabra de Dios. Y Cristo viene a nuestra vida, nos redime, nos salva, y su intención es que nosotros volvamos a tener una relación de comunión pero de dependencia de Dios, reconociendo que nosotros no somos capaces y no tenemos en nosotros mismos toda la herramienta que nosotros necesitamos para vivir una vida que a Dios le agrade. Le necesitamos a Él, y esa es la esencia de este texto del capítulo 5, del 13 al 18. Vamos a leerlo y ahora vamos a ir desglosando poco a poco las implicaciones de este pasaje.

Versículo 13: "¿Sufre alguno entre vosotros? Que haga oración. ¿Está alguno alegre? Que cante alabanzas. ¿Está alguno entre vosotros enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia y que ellos oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe restaurará al enfermo y el Señor lo levantará, y si ha cometido pecados, le serán perdonados. Por tanto, confesaos vuestros pecados unos a otros y orad unos por otros para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho. Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto."

Si se pudieron percatar, si pudieron hacerlo porque lo dimos un poco rápido, la palabra oración aparece en cada versículo. En el 13, "que haga oración"; en el 14, "que los ancianos oren por él"; en el 15, "la oración de fe restaurará al enfermo"; en el 16, "orad unos por otros", y luego dice "la oración eficaz del justo puede lograr mucho"; en el 17, "Elías oró fervientemente"; en el 18, "y otra vez oró". Se fijan que el texto gira en torno a esta acción que Santiago manda a tener en nuestra vida, que es la oración como un reflejo de nuestra dependencia de Dios.

Y yo quisiera ver tres aspectos en cuanto a la dependencia que están expresados en este pasaje. Lo primero es que Santiago nos manda a ser dependientes de Dios en toda circunstancia. Lo segundo es que esa dependencia no debe ser una dependencia aislada del resto del cuerpo de Cristo, sino que debe ser una dependencia compartida con el resto del cuerpo de Cristo. Y en tercer lugar nos da un ejemplo del glorioso resultado de una vida que depende de Dios. Esos son los tres aspectos que yo quisiera ver, y todo gira en torno a la dependencia que se supone nosotros como seres humanos, o cristianos más bien, debemos tener de nuestro Dios y Señor. La oración, como decía, es lo que hace un corazón que depende de Dios. Esa es la reacción natural de un corazón que depende de Dios.

Versículo 13: la dependencia debe manifestarse en toda circunstancia. "¿Sufre alguno entre vosotros? Que haga oración. ¿Está alguno alegre? Que cante alabanzas." Santiago comienza con dos preguntas muy cortas: "¿Sufre alguno?", "¿Está alguno alegre?". Dos preguntas muy cortas y sus respuestas son más cortas a la vez. En el original, de hecho, son todavía más cortas de lo que leemos aquí. "¿Sufre alguno de vosotros?" En el original: "Ore". "¿Está alguno alegre?" "Cante". Son las dos reacciones que se supone nosotros debemos tener ante una diversidad de circunstancias.

Fíjense que el sufrimiento está en un extremo y la alegría está en el otro extremo. Sea que tú estés sufriendo, sea que tú estés alegre o feliz, tu reacción debe ser buscar al Dios que te suple y fortalece en el sufrimiento y que te ha provisto tu bonanza. El que está sufriendo, ore; el que está alegre, cante. En cualquier circunstancia de la vida, en cualquier lugar del espectro que tú te encuentres de circunstancias de la vida, Dios debe ser el primer recurso al que tú vas, en el que tú depositas tu confianza, al que tú recurres en momentos de necesidad, o al que tú sencillamente le agradeces por lo que te ha provisto. Es la idea de estos dos aspectos de este primer verso 13, en el que Santiago claramente dice: la dependencia de Dios es vital en un corazón, en un creyente.

Y esta primera pregunta, de si sufre alguno de vosotros, vuelve a traer un tema, hermanos, que parecería que yo soy demasiado redundante en un mismo aspecto, pero es Santiago quien lo trae. Una vez más, Santiago comienza haciendo la pregunta de "¿Sufre alguno de vosotros?". Lo que está implícito es que puede haber hijos de Dios sufriendo, padeciendo, en aflicción. A lo largo del libro de Santiago es más frecuente las recomendaciones para el cristiano que está padeciendo que para el cristiano que está en bonanza. Por lo visto, es más común encontrar un cristiano padeciendo que un cristiano en bonanza.

Y yo tengo que traerlo de nuevo y mencionarlo de nuevo, porque aparentemente, por lo visto, por la forma recurrente con que la Biblia lo trae una y otra vez a nosotros, se nos parece olvidar que realmente en este mundo tendremos aflicción. Y como se nos olvida eso, nuestra reacción ante la aflicción muchas veces no es la que Dios espera y la que Dios quiere de nosotros. Una y otra vez tenemos que ser recordados: estamos aquí y vamos a ser afligidos, vamos a sufrir de diferentes maneras. A veces es un asunto económico, como yo decía en diversos mensajes, a veces tiene que ver con asuntos de familia, a veces son cuestiones laborales, a veces son sufrimientos y padecimientos de enfermedad. De diferentes maneras, este es un mundo donde hay aflicción en cada esquina a la que yo miro.

Y Santiago nos recuerda entonces: "¿Sufre alguno de vosotros?" De hecho, su carta comenzó con el capítulo uno, versículo dos, donde dice que si nosotros nos encontramos en diversas pruebas. O sea que no solamente yo puedo estar enfrentando una dificultad en mi vida; puede ser que yo me encuentre en diversas dificultades al mismo tiempo. Eso no debe sorprendernos. Pedro, en un momento dado, le dice en su primera carta a los creyentes a los que le escribe: "No se sorprendan del fuego de las pruebas que vienen sobre vosotros." ¿Qué ustedes esperan en este mundo? Hay aflicciones por todos lados; si no de un tipo, pues de otro tipo.

Ante tal situación, el mandato de Santiago, más que una recomendación, es: oren. La pregunta para nosotros es: ante la aflicción, ante el dolor, ante el desconcierto, ante el problema, ¿es tu primera reacción, mi primera reacción, es tu instinto clamar a Dios, orar, buscar su rostro? En mi caso, no siempre ha sido mi primer instinto. Cuando yo me entero de un problema, o me percato de alguna situación, me doy por enterado de cualquier cosa que esté pasando, un diagnóstico que me dan, una situación que estoy enfrentando, un problema que me cuentan, un dinero que perdí, lo primero que yo hago normalmente es afligirme. "Pero no hay felicidad completa, siempre pasa algo, tenía que ser el famoso Murphy, la ley de Murphy, todo se me pega al dedo malo." Así sucesivamente, cosas que parecen o suenan chistosas, pero nuestra primera reacción es gloriosa cuando es: "Señor, ayúdame."

Pero nuestra primera reacción muchas veces no es esa. A veces mi primera reacción es de queja, de murmuración, es de cuestionamiento, es de falta de fe, todo eso acompañado en el momento de la aflicción. "¿Por qué a mí?", preguntamos. "¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Por qué Dios decidió hacer esto en este momento? ¿Será que yo estoy haciendo algo malo?" Entonces comenzamos a culpar, comenzamos a buscar culpables. Pero la reacción natural ante el problema y la aflicción normalmente es esa: la queja, la murmuración, el descontento, el desafío a Dios, el cuestionamiento a Dios.

Según Santiago, no se supone que esa debe ser mi primera reacción, sino "sufre alguno de vosotros, ore". Ore, busque a Dios, consulte a Dios, recurra a Dios, póstrese delante de Dios, humíllese delante de Dios. Que lo que quiera para donde él va, pídale la sabiduría, la fortaleza que usted necesita para lidiar con esa situación. Pero esa no es la realidad de muchos, de muchos de nosotros.

Dios espera que en esos momentos de sufrimiento recurramos a él. Quizás, y un quizás más que muy probablemente, o sea lo que quiero decir es muy probablemente, el que Dios permita dificultad en nuestra vida tiene que ver con su intención de aumentar nuestra dependencia de él. Al menos, la tentación principal del que está en bonanza es olvidarse de Dios, es la tentación principal del que está en bonanza. Cuando lo vemos de esa manera, podríamos decir: "Gloria a Dios, Señor, por tu aflicción. Gloria a Dios por tus sufrimientos. Gloria a Dios por tus escaseces, porque me mantienen pegado a ti, me mantienen enfocado, gente, me mantienen necesitándote". Y yo creo que eso es lo que el Señor quiere. Ignorar eso es ignorar una de las verdades principales de las expresadas en la Palabra de Dios. Dios ha usado a lo largo de su historia la aflicción y el sufrimiento en su pueblo para aumentar nuestra dependencia de él.

¿Es Dios un sádico? Él no nos quiere ver sufriendo, nos quiere ver gozosos. Pero el mayor gozo nuestro no es cuando no tenemos problemas, el mayor gozo nuestro es cuando estamos llenos de él. Y si la aflicción me lleva a una posición donde me lleno de él, yo entonces estaré gozoso a pesar de estar afligido. Dios tiene una forma de ver la vida diferente a la de nosotros.

"Sufre alguno de vosotros, haga oración", u ore. Aquí no se nos dice por qué. ¿Cómo vamos a orar? ¿A qué es que vamos a orar? ¿Qué es el contenido de esa oración? Santiago no nos dice en ese texto, pero en otros textos anteriores Santiago sí nos indica algunas cosas que pudieran servirnos a nosotros como para darle contenido a esa oración que deberíamos hacer en momentos de aflicción.

Fíjense lo que dice en Santiago uno, del dos al cinco. Dice: "Tened por sumo gozo, hermanos míos, el que caigáis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia, y que la paciencia ha de tener su perfecto resultado, para que seáis perfectos y completos, sin que os falte nada. Pero si alguno de vosotros se ve falto de sabiduría, que la pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada". Fíjense que primero Santiago describe: cuando se encuentren en diversas pruebas, ténganlo por sumo gozo, porque la prueba produce paciencia, y esa prueba produce también un carácter probado, un perfeccionamiento en lo que ustedes son. Y mediatamente después dice: "Pero si alguno se ve falto de sabiduría, que la pida a Dios". Es decir, tú estás enfrentando una prueba y tú no sabes cómo enfrentarla, cómo lidiar con ella, cómo entrarle, por dónde comenzar. Tú necesitas sabiduría. Tú necesitas una perspectiva que te dé discernimiento de cómo enfrentar esa situación que Dios ha traído a tu vida.

Entonces, un posible contenido para este "sufre alguno de vosotros, ore": tú vas donde Dios y le dices: "Señor, dame sabiduría. Yo no entiendo por qué me está pasando esto. Lo que yo quiero saber es cómo lo voy a enfrentar, pero no lo quiero enfrentar según mi propia prudencia. Lo quiero enfrentar según tú quieres que yo lo enfrente. Yo quiero que esta prueba sirva para el propósito que tú le enviaste a mi vida. Pero yo no sé en este momento por dónde empezar, cómo lidiar con esto. Cómo lidiar con un hijo rebelde, con un cónyuge infiel, con un trabajo frustrante, con un desempleo agobiante, con una crisis económica. Yo no sé cómo lidiar. Señor, dame sabiduría. Yo quiero que tú me des tus ojos, Señor, para ver cómo lidiar, por dónde empezar con estas cosas". Esa es una posible oración en medio del sufrimiento: sabiduría. Señor, necesito sabiduría.

En el 5:7 se nos dice: "Por tanto, hermanos", hablándole a los hermanos que están sufriendo, "sed pacientes hasta la venida del Señor". Esa es otra posible petición de mi oración en medio del sufrimiento: "Señor, dame paciencia. Yo me estoy desesperando, Señor. Yo no tengo respuesta y yo me estoy desesperando. Yo no sé qué voy a hacer, yo no sé para dónde voy a coger. Dame paciencia". Pero no la paciencia del que se resigna, sino la paciencia de la esperanza.

Como se nos dice en el capítulo 5, un poquito más atrás, en algunos versos más atrás, que se nos dice: "Sed pacientes hasta la venida del Señor", el Señor hará justicia en todas estas cosas. Pero sed pacientes también, y se nos pone el ejemplo de Job. Miren el ejemplo de Job, ejemplo de aflicción y de paciencia. Ejemplo de paciencia de Job. Miren el proceder del Señor. Ustedes son testigos de cómo Dios trató a Job y cómo Dios procedió con Job. Nosotros sabemos de la historia de Job, que Job pasó todo lo que un ser humano puede pasar, pero al final hubo propósito. Si yo sé entonces, y tengo la certeza y la seguridad de que mi prueba tiene propósito, yo puedo ser paciente. Pero no paciencia de la que se resigna, sino paciencia de la que espera, que hay un propósito bueno en lo que yo estoy pasando, aunque yo no lo entienda ni lo vea ni lo visualice. Dios tiene un propósito en la aflicción. Ese es otro posible contenido de mi oración: "Señor, dame esa sabiduría. Dame paciencia, Señor, para soportar esto de una manera que a ti te honre. No me quiero desesperar. Enséñame a esperar".

Y muchas veces, hermanos, nosotros no solamente no vamos a Dios como primer recurso en medio de los problemas. Dios es un segundo, tercer recurso. "De por sí no me queda más nada, de por sí no me queda ninguna otra opción, de por sí yo he hecho toda la diligencia, bueno, pues vamos ahora". Vamos ahora, como que nadie dice, ojalá alguien diga: "¿Y ustedes no han orado? Eso es lo primero". Es que después que agotamos todos los recursos humanos, las relaciones que tenemos, los recursos económicos que tenemos, y vemos que no, no, no, bueno pues vamos a orar, porque no hay manera humana de resolver. Pero Santiago dice no. "Sufre alguno de vosotros, ora primero, y después resuelve". Es al revés la cosa.

Pero no solamente Dios no es nuestro primer recurso. A veces vamos a Dios como primer recurso, pero le pedimos mal. Nos equivocamos en la petición. "Oops, muy bien que viniste primero a mí, pero me estás pidiendo lo que no me debes pedir". Santiago habla de eso. Dice en el capítulo 4, versículo 3: "Pedís y no recibís, porque pedís con malos propósitos, para gastarlo en vuestros deleites". A veces voy, está bien, pero pido mal. Todo es enfocado, todo enfocado en mí, no en Dios. Me interesa mi bienestar, no los propósitos de Dios, no la gloria de su nombre, no que la imagen de Cristo sea formada en mí. Yo lo que estoy interesado es que Dios me saque de esta situación, me libere de este problema, me levante la aflicción. Eso es lo que yo quiero.

Y nos pasa a veces como esta jovencita que ella en un momento dado va a donde Dios, está orándole, dice: "Señor, mira, yo no te quiero orar por mí. Yo quiero aprender a pensar más en los demás, más en ti". Y comenzó a orar por su familia, por sus hermanos, por sus amigos, por sus pastores. Y ya al final de la oración ella dice: "Pero, Señor, yo te quiero pedir una vez más por mi madre. Señor, yo quiero pedirte, Padre, que tú le proveas un yerno buenmozo, que tú le des un yerno ejemplar, un hombre de Dios, Señor. Por ella es que yo te lo pido, es por ella".

Y nosotros con mucha facilidad en nuestra oración, con mucha facilidad, terminamos siendo el centro de nuestras oraciones. A veces nos proponemos no hacerlo, pero a veces somos nosotros el centro de nuestras peticiones, de nuestras oraciones, de nuestras aspiraciones. Somos nosotros el centro solamente cuando se trata de nosotros. Dios, a la larga nos pase, nos traiciona el corazón. Tenemos que estar atentos a que el corazón nos traicione en ese sentido.

Ore ante las dificultades. Ore ante el sufrimiento. Vaya donde Dios como primer recurso. Vayamos nosotros como primer recurso. Pidámosle sabiduría, paciencia, paciencia de la buena, paciencia de la que espera con sentido de propósito.

Pero la otra circunstancia en la que Santiago dice que nosotros debemos recurrir a Dios no solamente es el sufrimiento, es la alegría también. Eso es lo que dice la segunda parte del versículo 13: "¿Está alguno alegre? Que cante alabanzas". En el original, "está alguno alegre", debería ser la reacción instintiva de un hijo de Dios, aquel que reconoce que si tiene algo bueno es porque Dios se lo ha dado. Y parecería que cantar en la bonanza es más fácil que orar en la dificultad. Él nos acaba de decir: "Oren en la dificultad". Bueno sí, eso es difícil. Esto es más fácil: orar en la bonanza. Pero no es así, porque la tentación humana más común en la bonanza es olvidarnos de Dios, como yo decía. Nos olvidamos de Dios. Pensamos que llegamos ahí por nuestro propio esfuerzo, por nuestra dedicación y perseverancia, por nuestra calidad moral o espiritual. Pensamos que nos merecemos parte de lo que disfrutamos y no le atribuimos a Dios realmente ser la fuente de nuestras bendiciones.

Esto es así revelado en la Palabra de muchas maneras, pero miren lo que Dios le dice al pueblo precisamente antes de entrar a la tierra prometida. Le dice en Deuteronomio 6, del 10 al 12, dice lo siguiente: "Sucederá que cuando el Señor tu Dios te traiga a la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría, una tierra con grandes y espléndidas ciudades que tú no edificaste, y casas llenas de toda buena cosa que tú no llenaste, y cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivos que tú no plantaste, y comas y te sacies", cuando tú te mejores, mira en tus buenas, "entonces ten cuidado, no sea que te olvides del Señor que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre".

Dios está consciente de que un corazón en bonanza es un corazón que tiende a olvidarse de Él, a ignorar que lo que tengo, lo que disfruto, proviene de la mano misericordiosa y llena de gracia de Dios que nos proveyó esas cosas. Todo, no hay ninguna cosa buena que yo disfrute —ni familia, ni hijos, ni esposo, ni dinero, ni posición, ni nada— que no haya provenido del Señor directamente, una decisión soberana de Él de proveernos esa bendición. Pero mi tendencia, hermanos, y tu tendencia, es olvidarnos de Dios en medio de la bonanza. Y es una tentación que tenemos que tener muy presente para no ignorar que en los momentos de bonanza a Dios le debemos gratitud. Eso nos mantiene humildes, nos mantiene sensatos, juiciosos en nuestra evaluación de nosotros mismos, porque el que cree que se ha hecho a sí mismo comienza a enorgullecerse. Y si hay algo a lo que Dios se opone es al orgullo; ahí comienzan los problemas con Dios.

Entonces fíjense que aquí hay dos espectros: el que sufre, ore; el que está alegre, cante. Reconozca a Dios en sus sufrimientos, reconozca a Dios en su alegría. Y esto no solamente se hace de manera privada, de manera aislada y solitaria, sino que parte de esta dependencia de Dios que Él está planteando aquí yo debo vivirla en la comunidad de creyentes en la que Dios me ha colocado.

Fíjense lo que dicen los versículos 14 al 16: "¿Está alguno entre vosotros enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia y que ellos oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe restaurará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si ha cometido pecados, le serán perdonados. Por tanto, confesaos vuestros pecados unos a otros y orad unos por otros, para que seáis sanados."

La enfermedad es una de las aflicciones. Nosotros ya hablamos del sufrimiento y dice que ore a Dios, pero una manera adicional de yo lidiar específicamente con esta situación de enfermedad es yo venir a los ancianos de la iglesia, a la iglesia, porque los ancianos representan la iglesia. A la iglesia: necesito su ayuda, necesito su oración, necesito su intercesión. La dependencia que Dios quiere que nosotros tengamos de Él no es una independencia como un llanero solitario que entiende que no necesita de nadie más. Es una dependencia humilde donde yo sé que necesito a Dios, pero también necesito de mis hermanos que oren por mí, que intercedan por mí, que incluso sean instrumentos de Dios en medio del dolor y la aflicción para yo obtener sabiduría y discernimiento y paciencia y estímulo. Yo necesito a otros en mi sufrimiento.

De manera específica, él plantea una causa de sufrimiento que es la enfermedad. Y estos tres versos, hermanos, son de los tres versos más controversiales, yo creo que casi de toda la Biblia. Casi en cada frase de estos tres versos hay controversias de tres y cuatro posiciones distintas. Entonces, todo un reto para poder en un mensaje, con el tiempo que tenemos, poder dilucidar todas las aristas y posiciones que hay en torno a estos breves pero complejos versos. Yo voy a tratar de hacer un intento, ir explicando, ir haciendo algunas aplicaciones, pero ciertamente hay mucha controversia.

Lo primero, la primera controversia que se levanta es con relación a la palabra "enfermo". "¿Está alguno enfermo?" Bueno, enfermo en castellano es sencillo, porque enfermo es enfermo, ¿verdad? Digo, puede ser enfermo mental, puede ser enfermo... A veces le llamamos un enfermo espiritual, le llamamos en el contexto de la iglesia. Puede ser una persona, le llamamos enfermo, ¿verdad? Normalmente el enfermo es el que padece de una condición física. Pero en la lengua original, en el griego, esta palabra se puede traducir como enfermo físico o como débil espiritual. Pablo la usa en dos ocasiones: la usa en 1 Corintios para los débiles de conciencia, o débiles en la fe en Romanos. Entonces no sabemos con exactitud, a la luz de este texto, a qué se está refiriendo.

No obstante, por diversas razones nosotros hemos concluido que esto definitivamente se trata de la enfermedad física. La primera razón de eso es que en esas ocasiones donde esta palabra aparece sola, sin ningún calificativo como "débil de conciencia" o "débil de fe", cuando aparece sola se trata de debilidad física en todos los casos. Lo segundo es que en los evangelios, que tuvieron una gran influencia sobre Santiago —porque si usted lee la carta de Santiago se parece muchísimo al Sermón del Monte de Mateo— en los evangelios, cada vez que esta palabra aparece es en el contexto de sanidad física, de enfermedad física. Pero lo tercero es que el ungimiento con aceite que se recomienda más adelante, en Marcos 6:13, los discípulos ungen a un individuo con aceite con el propósito de orar por su sanidad física. Y es el único lugar donde se une lo mismo que este texto une, que es enfermedad con ungimiento, y se trata de una enfermedad física. Por lo tanto, nosotros creemos que se trata de una enfermedad física de la que se está hablando. Ahí está la primera controversia resuelta, dilucidada. Next.

Espero ser claro en esto, porque quiero hacer algunas aplicaciones y no quedarme en el debate teológico o, digamos, de posiciones. Pero luego dice: bueno, este hermano que está enfermo, físicamente enfermo, ¿qué se le instruye? Que llame a los ancianos, ¿verdad? Esa es la instrucción: que llame a los ancianos de la iglesia y que ellos oren por él.

Bueno, ¿por qué son los ancianos los que tienen que orar por los que están enfermos? ¿No lo podía hacer cualquier miembro, como muy corriente, de la iglesia? ¿Será que las oraciones de los ancianos tienen más poder que las oraciones de los cristianos como uno corriente? Hay gente que cree que sí. Hay algunos creyentes que entienden... A veces a mí me ha pasado que alguien me trae a él, me dice: "Ven, me fue a... Pastor, ven, hazme, hazle una oración a este mi sobrino, mi hijo, hazme, hazle una oración." Dicen como que es algo como una pócima que nosotros derramamos arriba de la persona. Cuando realmente, ¿quién soy yo? ¿Quién somos nosotros? Es Dios, es Dios que responde la oración. Yo no tengo ninguna atribución especial ni ningún acceso especial. Señora, ya no hay tarjetas VIP, ya no hay control de acceso. La Biblia dice que tenemos acceso libremente al trono de la gracia por Cristo Jesús, y yo he sido... Cada cristiano, cada hijo de Dios, es un sacerdote delante de Dios que puede entrar confiadamente a su trono de gracia. Entonces nosotros no tenemos el monopolio del acceso a la presencia de Dios.

¿Por qué se dice que llame a los ancianos y que oren por él? Ahí es que está el meollo de la controversia, digo yo. Bueno, lo único que puedo decir son algunas apreciaciones, porque no está claro en el texto. Pero lo primero es que los ancianos representan la iglesia, hermanos. Los ancianos, fíjense cómo ya se habla aquí, tan temprano en esta carta muy temprana del Nuevo Testamento, de ancianos de la iglesia. Ya hay un liderazgo constituido claramente identificado, y por lo visto estos son hermanos que representan la iglesia. Por lo tanto, llamar a los ancianos es como llamar a la iglesia, porque ellos representan la iglesia. Los ancianos están enterados y así otros van a poder orar por nosotros.

La segunda posible razón de esto es que ciertamente el hermano que está enfermo, y por lo visto, fíjense que la persona llama a los ancianos, no viene a los ancianos. Por lo visto su condición le impide movilizarse, le impide ir a la iglesia. Él está en una condición crítica, y los ancianos tienen que ir a donde está él. Y eso quizá tiene una nota aplicativa: hermano, si usted está pasando una necesidad que necesita de nuestra ministración, no piense que el Espíritu Santo nos lo va a soplar. Llámenos y díganos cómo le podemos ayudar, cómo podemos ministrarle, cómo podemos serle útil. Hay personas que pasan una dificultad equis, no tiene que ser necesariamente una enfermedad, y después nos enteramos que se molestaron porque ningún anciano o pastor de la iglesia lo llamó. ¿Usted sabe si nosotros estábamos muy enterados de la situación? Porque puede ser que no. En estas iglesias, ya que era mucho más pequeña, dice: llámenos, llámenos los ancianos, díselos, para que ellos vengan. Entonces es muy importante poder tener una comunicación abierta entre nosotros y poder ministrarle según sea su necesidad.

Pero ya les dije, no somos nosotros los que tenemos acceso exclusivo al trono de la gracia. Quizás los ancianos aquí representan la iglesia y por eso se habla de ellos. Pero otra posible razón de por qué los ancianos es porque, bueno, el hermano que está enfermo, que está padeciendo, quisiera que viniera alguien a orar por él que él al menos conociera, que esa persona le haya ministrado a él vía la prédica, vía una enseñanza, vía una oración en la iglesia. Es un asunto puramente emocional del que está enfermo. O sea, quizás esta recomendación es muy pastoral: ancianos, ustedes que están en el frente de la iglesia, estos hermanos que están enfermos, que a ustedes solo conocen, vayan y visítenle, ministrenle, porque ellos se van a sentir estimulados al ver que uno de los líderes de la iglesia viene y se desplaza, viene y ora por mí.

Entonces es posible que esta sea una motivación pastoral: que vengan y oren por la persona que está enferma, porque esa es la persona que ella asocia con el liderazgo de la iglesia. Pero ciertamente, hermanos, esto no tiene que ver con que la oración del anciano es más poderosa que la oración del siervo como uno de la iglesia. Yo creo que es un asunto de poder ministrar ese corazón de una mejor manera, y de que los líderes de la iglesia les presten atención a esa persona, y que esa persona se sienta ministrada y atendida por los líderes que le sirven.

La próxima recomendación es: ancianos, vengan, oren por la persona, únjanlo con aceite. Otra controversia es para qué se usa el aceite aquí. Algunos entienden que el aceite era medicinal; esa es una posición. El aceite es, digamos, una usanza de los judíos. La parábola del samaritano relata que el samaritano rescató al hombre que estaba en el camino, le echó aceite, le dio vino y aceite para sus heridas, le ungió con aceite. Y ciertamente había aceites que servían con propósitos medicinales, pero es dudoso que ese sea el propósito aquí, porque lo que dice más adelante es que la oración de fe restaurará al enfermo. No es el aceite; es la oración de fe que restaura al enfermo.

Entonces nosotros descartamos el uso medicinal del aceite en este contexto, porque claramente se indica que es la oración, no el aceite. Si el aceite tuviera algún papel, dijera: "La oración de fe, combinado o junto, suministrado con un buen aceite medicinal, va a restaurar al enfermo", pero lo deja totalmente fuera de eso. Por lo que nos inclinamos es que el aceite, porque así lo fue en el Nuevo Testamento, es un símbolo del Espíritu Santo, que es el agente que sana a la persona. Yo lo unjo como un acto de fe, pensando, orando por esa persona y atribuyendo al Espíritu Santo, representado en el aceite, que Él es —no yo, no el anciano— el agente de la sanidad. Entonces nosotros nos inclinamos por esa interpretación.

Ahora bien, hay algunos, otra controversia, que han entendido que tenemos obligatoriamente que ungir a los enfermos si es que vamos a orar por sanidad. Y hay gente que ha hecho de esto una doctrina: que el que no unge con aceite no está orando apropiadamente. Pero recordemos, hermanos, que esta práctica solamente se instruye aquí en todo el Nuevo Testamento. Primero. Y segundo, hay muchas sanidades, muchísimas sanidades en el Nuevo Testamento que se dan sin aceite presente. Entonces, por lo tanto, el símbolo es muy hermoso, pero no es un requisito para que Dios sane. Es la oración de fe que sana al enfermo. Eso es lo que dice el texto: la oración de fe restaurará. Y en último caso, no es ni siquiera la oración; es el Dios que responde la oración.

Entonces lo tenemos que tener claro para que no hagamos unos esquemas de que esto es un procedimiento. Esto no es un procedimiento; es un acto de fe confiando en un Señor todopoderoso que se apiadó de uno de sus hijos que está enfermo, y que usamos el aceite como un símbolo de que Él es el que hace la obra, no yo. Descartado eso, ¿verdad?

Próximo. Llame al anciano, que oren por él, que lo unjan con aceite, y la oración de fe restaurará al enfermo. Ahí está. La garantía. Muchos dicen que si usted ora con fe, usted va a ser sano, y que si usted no es sano, a usted le falta fe, ¿verdad? Esa es otra controversia. Ciertamente, recuerden que la oración de fe restaurará al enfermo, pero los que oran no es el enfermo que está orando; quienes están orando son los ancianos. Entonces no le puedo atribuir a la falta de fe del enfermo cuando el anciano es el que está intercediendo.

A Jesús, en varias ocasiones, se le acercaba una persona y le pide por su hija. Jairo, ¿no? "Señor..." Y Jesús se sorprende de la fe de ese hombre, ¿cierto? Y levanta a la hija, no por la fe de la hija, sino por la fe del que oró por ella. En otra ocasión viene un siervo romano y le pide por un siervo de él, por un súbdito de él, y Jesús se sorprende por la fe de ese individuo. Y le dice: "No, Jesús, tú no tienes que ir. Solo di la palabra y mi siervo será sano." Y Jesús dijo la palabra y el siervo fue sano. El siervo no tenía ni idea que el hombre estaba en esto. El enfermo en sí, en este contexto, no es la fe del enfermo que determina su sanación; es la fe de los que interceden por él.

Eso es importante, porque es muy cruel decirle a una persona que está enferma que además no se sana por culpa de su falta de fe. Ahora yo estoy enfermo y dolido físicamente, y espiritualmente frustrado porque no puedo lograr el nivel de fe que me sane. Dios mío, eso es una crueldad.

Entonces, la realidad de esto, hermanos, es que ciertamente la oración de fe restaura al enfermo cuando es la voluntad de Dios. Y bueno, "pero usted está agregando al texto". La Biblia le agrega al texto. Es que Dios no hace nada que esté fuera de su voluntad. Yo no le puedo torcer el brazo a Dios. Pablo le pide en Segunda de Corintios 12 a Dios: "Quítame este aguijón de mi carne", tres veces. "No, Pablo, mi poder se perfecciona en tu debilidad. Bástate mi gracia. No te lo voy a quitar, Pablo." En Segunda de Timoteo 4:20, Pablo dice: "Dejé a Trófimo enfermo en Mileto", y siguió su viaje misionero. El gran Pablo, el gran obrador de milagros, el apóstol Pablo. ¿Ustedes creen que no oró por Trófimo? Pero no era la voluntad de Dios. Dejó a Trófimo en Mileto; enfermo se quedó. Y así vemos diversos apóstoles, ministros, enfermos en la Biblia que no se sanaron, porque no es mi voluntad la que ha de ser hecha, sino la voluntad de Dios.

Ahora bien, sí quiero señalar, hermanos, que cuando Dios sana a alguien, es en respuesta a una oración. Pero no toda oración de sanidad es respondida positivamente. Entonces, no sé si pueden ver que esas dos cosas coexisten. Ciertamente, si Dios va a sanar, lo hace a través de la oración; de ahí que siempre debemos orar por sanidad por aquellos que están padeciendo. Siempre. Porque si Dios va a sanar a alguien, no lo va a hacer... No podemos colocarnos en esta situación de hipercalvinismo o hiperdeterminación, donde "ya lo que Dios dijo, yo no tengo ninguna acción, ningún papel en este entierro, ninguna vela en este entierro", como dicen. No. Dios dice: "Ora, porque si yo voy a responder, si yo voy a sanar a alguien, yo lo voy a hacer en respuesta a una oración. Ahora, no creas que cada vez que tú me ores yo voy a sanar según tu voluntad."

Entonces, esa es la nota de equilibrio. Una observación más en cuanto a este texto de "la oración de fe restaurará al enfermo": ciertamente hay un grado de fe que Dios espera en aquellos que se acercan a Él, ciertamente. Santiago lo dice en Santiago 1:6. Literalmente, oigan lo que Santiago dice: "Pero si alguno de vosotros" —Santiago 1:5— "se ve falto de sabiduría, que la pida a Dios, el cual da a todos abundantemente sin reproche, y le será dada." Pero miren ahora: "Pero pida con fe, sin dudar, porque el que duda es semejante a la ola del mar, impulsada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, ese hombre que recibirá cosa alguna del Señor."

O sea, sí hay un requerimiento de fe que Dios conoce, que Dios espera en aquellos que se acercan a Él. Yo debo ir a Dios confiado de que es capaz de hacerlo, de que Él tiene la mejor intención de hacerlo, pero que puede decidir no hacerlo por sus soberanos propósitos. Pero yo debo acercarme con confianza al trono de la gracia a pedir lo que yo quiero pedir, y Dios es el que decide si me lo va a dar. En un momento dado, en Mateo 13:58, dice literalmente la Escritura: "Y no hizo muchos milagros ahí, en esa comunidad, Jesús, a causa de la incredulidad de ellos." O sea, Dios no respalda un corazón incrédulo. Entonces, esto nos deja con algunas preguntas, pero yo no puedo contestarlas todas; es un solo sermón.

¿Cuál es la aplicación de todo esto, hermanos? El padecimiento físico, la enfermedad: nosotros debemos orar intensamente, confiados en que Dios puede sanar al enfermo. Si queremos usar el ungimiento del aceite como símbolo, tenía mucho más sentido en el contexto judío porque ellos tenían ese entendimiento del ungimiento del aceite, pero también es un hermoso símbolo si lo queremos usar; está muy bien. Oramos por la persona enferma y confiamos en que Dios responderá a su manera y en su momento. Eso no nos debe desestimular en la oración, sino que este texto está diseñado específicamente a que seamos más intencionales y sistemáticos con nuestras oraciones y peticiones.

Ahora bien, fíjense que dice al final, todavía hay controversia: "Y el Señor lo levantará, y si ha cometido pecados, le serán perdonados. Por tanto, confesaos vuestros pecados unos a otros y orad unos por otros para que seáis sanados." Cuando un enfermo se acerca al cuerpo de la iglesia, a los ancianos o a otros hermanos, el interés es no solamente la sanidad física, sino la restauración espiritual, si es que lo necesita.

Santiago dice: se te acerca el enfermo, a ti llega a tu oficina, llega a tu casa, está aquí en la iglesia. "Me pasó y yo aquí de goteo, yo tengo un padecimiento." Y oramos por ese padecimiento. Ignoro completamente el estado espiritual de esa persona; eso es un error, pastoralmente hablando, espiritualmente hablando. Yo tengo que estar interesado tanto en la sanidad física como en la sanidad espiritual de esa persona. Y muchas veces la persona que se acerca en busca de sanidad física quizás tiene situaciones en su vida espiritual que tiene que arreglar. Quizás la situación de padecimiento físico es precisamente el instrumento de Dios para que esa persona se acerque al Señor y busque también su sanidad espiritual.

Entonces, este texto lo que indica es que viene, restaurar al enfermo, y si ha cometido pecados, también le serán perdonados. O sea, los ancianos o aquellos que oran por los enfermos deben involucrarse en orar por la sanidad física, pero en orar también e indagar sobre la sanidad espiritual de la persona: para orar por salvación, si la persona no conoce al Señor, o para orar por arrepentimiento, si es un cristiano que está apartado, o cualquiera que sea la situación. Pero el énfasis debe estar en toda la persona: su corazón y su cuerpo.

De hecho, la Biblia nos indica que hay pecados que pueden producir enfermedad. O sea, que hasta eso puede estar sucediendo aquí. No sabemos si Santiago se refiere específicamente a algo así, pero puede ser. Primera de Corintios 11, Pablo hablando de la Santa Cena, en el versículo 29 dice: "Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir correctamente el cuerpo del Señor, come y bebe juicio para sí. Por esta razón hay muchos débiles y enfermos entre vosotros, y muchos duermen."

Pueden haber situaciones de salud que se deban a situaciones espirituales no arregladas, cosas, disciplinas de Dios. El salmista dice: "Cuando callé mi pecado, envejecieron mis huesos", indicando una conexión entre mi estado de pecado y no arrepentimiento de ese pecado y el envejecimiento físico, el aquejamiento físico. Puede haber algo de eso. Entonces, en este contexto, si la persona se acerca a buscar sanidad física, indaguemos, ministrémosle a su corazón también: cómo está tu vida, cómo está tu caminar, cómo está tu comunión con el Señor, si es cristiano. Y si no es cristiano, háblale y dale el evangelio. Quizás esto lo trajo a los pies de los ancianos, a los pies de la iglesia, para que le fuese suministrada la sanidad espiritual.

Y él concluye entonces, Santiago concluye diciendo esta parte: "Por tanto, por tanto, confesaos vuestros pecados unos a otros y orad unos por otros para que seáis sanados." Esa práctica que yo estoy prescribiendo para algunos que están enfermos, que se acercan a los ancianos, esto es una buena práctica. De hecho, como esto produce sanidad física y sanidad espiritual, háganlo todos, háganlo todos. Por tanto, por tanto, ¿por qué esto funciona así? Porque Dios contesta la oración, porque Dios... Confesaos vuestros pecados unos a otros y orad unos por otros para que seáis sanados.

Se fijan cómo hay una actividad del cuerpo ahí, donde unos y otros estamos. Esto no es un evento de un momento en la vida. Yo estoy conectado con otros hermanos en la iglesia, donde estoy contándoles cuáles son mis padecimientos físicos, pero también les estoy contando cuáles son mis necesidades espirituales. Yo estoy diciendo: "Yo necesito oración porque yo me siento débil, yo me siento afligido, yo me siento sin fuerzas, yo me siento que me frustro con mi matrimonio, me frustro con mi hijo, estoy recibiendo muchas tentaciones en esta área."

Confesaos vuestros pecados. A veces esos pecados tienen que ver con ofensas mutuas que tienen que ser confesadas, hermanos. Si yo me siento ofendido con fulano, yo ofendí a otro, yo tengo que ir donde ese hermano, pedirle perdón y confesarle mi pecado contra él. Pedirle perdón a mi hermano, y el otro viene para atrás y posiblemente me va a pedir perdón también por ofensas mutuas. Eso no solamente produce, si es que hay enfermedades conectadas a pecados, sino que produce una sanidad más allá de lo físico en el cuerpo, ¿se ha echado de ver esa necesidad? La sanidad de un cuerpo depende de que haya esta honestidad y esta sinceridad y esta comunión de estar confesándonos cosas y orándonos unos por los otros para que seáis sanados, que el cuerpo esté sano, fuerte, físicamente y espiritualmente también.

Algunos entienden que, bueno, eso de la confesión... hay toda otra controversia, hermanos. Bueno, no lo voy a decir con esta letanía, sino que hay otra controversia legítima, porque estas cosas dan para muchas perspectivas. ¿Cómo que confesar mi pecado? O sea, ¿que yo le tengo que decir mi pecado a todo el mundo? No, realmente. El principio es el siguiente: usted confiesa el pecado en la medida de qué tan público sea. Si un hermano está al tanto de un pecado que yo cometí o que cometo, yo debo confesarle al menos a ese hermano ese pecado, esa falta, y pedirle perdón si es que estoy arrepentido. Si lo saben dos, si lo saben tres, mientras más público, más amplia debe ser la confesión. Ese es el principio general.

Ahora bien, si yo cometí un pecado público que la iglesia entera, o yo no sé cuántos de la iglesia, se enteraron, yo debería pedirle permiso a los ancianos para un día pararme a decir: "Hermano, yo he estado en esta práctica y quizás muchos de ustedes han sido testigos. Yo he estado fallando frente a muchos de ustedes, yo no sé cuántos. Yo les pido perdón porque yo me he arrepentido. El Señor me mostró, ahora me he arrepentido, el Señor me mostró que yo estoy mal." Esa puede ser una opción.

Ahora, hay pecados privados que muchos dicen: "Yo no tengo que confesar mi cosa a nadie porque yo me confieso con Dios." Pero una sola aclaración en cuanto a eso: hay pecados, hermanos, privados, que ciertamente tú lo puedes confesar a Dios íntimamente y Él te perdona, pero son pecados que por su naturaleza son adictivos o esclavizantes. Y cuando estás en la condición de un pecado que es adictivo, como la pornografía o como un vicio o ese tipo de pecados, lo recomendable es que tú se lo digas al menos a otro hermano que te ayude a caminar en esa área y que te haga rendir cuentas en esa área, en la que tú te has dado cuenta que tú no puedes solo. Es cierto que es un pecado privado, pero si te quedas ahí te vas a embarrar más.

Entonces, esa es una observación importante, porque muchos dicen: "Yo no tengo que confesar mi cosa a nadie." Bueno, pero si estás luchando con eso hace años y no sales, y no sales, y no sales, confiésaselo a alguien discreto, prudente, solo, pero que te ayude a caminar. Y hay mucha gente que se pierde, obviamente, porque la gente no quiere vulnerarse, la gente no quiere... nosotros no queremos que se sepa quiénes somos nosotros. Pero eso es vital para nuestra sanidad espiritual e incluso en algunas ocasiones para nuestra sanidad física. Se fijan qué tantas cosas hay en estos versos y qué tantas controversias.

Bueno, habiendo terminado eso, la dependencia de Dios es un asunto de cualquier circunstancia. Ese fue el primer punto: estamos en sufrimiento, estamos en alegría, no importa, Dios debe ser lo primero, el primero que escuche nuestra aflicción o nuestra alegría. Pero lo segundo es que de manera específica estas situaciones aflictivas como la enfermedad, yo debo compartirla. En algunas ocasiones estoy enfermo espiritualmente, yo debo confesar en la medida de lo público, qué tan público sea mi pecado, para que el cuerpo sea sanado, y orarnos unos por los otros, y tener esta comunión cercana e íntima unos con los otros además de con Dios.

Y por último, el tercero: el glorioso resultado de la dependencia de Dios. Aquí voy a tratar de ser breve, pero como se han fijado, es un texto que da para mucho. En realidad, si no sé, esto queda para dos sermones, pero ya me bajaron la línea de que no me quede un sermón. No, yo quería cubrir la mayor cantidad de texto posible.

"La oración eficaz del justo puede lograr mucho", dice la tercera parte del versículo 16. "Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto."

Hay un glorioso resultado de una vida de oración. Elías es un ejemplo de eso. Pero la frase de esta oración: "La oración eficaz del justo puede lograr mucho." Yo diría que ahí lo único que falta es una coma, créanme. Es una forma de Santiago de decir, de Santiago lidiar con una posible incredulidad en el corazón de muchos de esos creyentes.

Hermanos, si es algo que está presente en nuestros corazones, muchos de nosotros realmente no creemos tanto que la oración sea tan vital. Es una rutina religiosa, es algo que tenemos que hacer. Imagínate, la oración es algo que tenemos que hacer. Nosotros no tenemos la confianza de que la oración eficaz del justo puede lograr mucho, puede ser la diferencia entre la solución de una situación y el fracaso de una solución en una situación. Por eso Santiago hace ese énfasis. Por lo visto, aquí hay algunos que dudaban de eso. ¿Qué es la oración? Lo hacemos y siempre estamos estimulando a la gente a orar, y siempre estimulando. Todo el mundo confiesa que su vida devocional no es lo que debiera. Realmente quizás hay una incredulidad en nosotros, en que nosotros no creemos realmente que la oración es poderosa. Y tenemos que revisar esto.

La oración eficaz del justo. Imagínate, ¿quién es el justo? Pues nadie es justo. Bíblicamente hablando, nosotros somos justos, los hijos de Dios, aquellos que hemos puesto nuestra confianza y fe en Cristo, somos justos. ¿Tú a quién se refiere Santiago con que la oración del justo? Bueno, hay un aspecto ciertamente del justo, del cristiano. Hay un aspecto que es ese: el cristiano. Porque el que no es cristiano, yo he oído a no cristianos orando, y Dios lo oye todo, pero realmente no hay una relación para Dios responder. Dios escucha a sus hijos y responde la oración de sus hijos. Y de los no creyentes escucha la oración de salvación de los no creyentes. Pero este es el justo, el hijo de Dios que ha puesto su fe y su confianza en Cristo.

Pero hay otro aspecto, otra connotación que es bíblica de quién es el justo. Oigan lo que dice el Salmo 66: "Si observo iniquidad en mi corazón, el Señor no me escuchará." O sea que si yo tengo un caminar no íntegro, no santo, no pulcro delante de Dios, ciertamente siempre voy a tener imperfecciones. Pero estas son cosas intencionales que yo estoy haciendo, que yo sé que está mal, yo continúo, continúo, continúo... bueno, eso obstaculiza mi vida de oración, los resultados de mi vida de oración, ciertamente.

La oración eficaz del justo, del hijo de Dios, pero del hijo de Dios que está caminando de manera transparente frente a su Dios, puede mucho. Pedro lo dice de otra manera: "Y vosotros, maridos, igualmente, convivid de manera comprensiva con vuestras mujeres como con un vaso más frágil, puesto que es mujer, dándole honor como a coheredera de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean estorbadas." Es una aplicación del Salmo 66. Claro, yo tengo a mi esposa maltratada, esclavizada, usada, yo creo que ya me debe, yo no me devoto a ella... no creo que la oración de ese va a llegar muy lejos. Es así: la oración es poderosa, pero es del justo, del que está caminando con Dios, y si tiene una falta él procura limpiarse delante de su Dios para caminar en integridad de corazón.

Pero una cosa más, yo estoy tratando de terminar, hermanos.

Santiago dice: "Créeme, la oración es poderosa". Y ahora la agrega: "Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviera, y no llovió".

Elías... no, no, Santiago, tú me trajiste... ahora sí fue que yo me frustré en mi oración, porque si tú me vas a comparar con Elías... O sea, Elías fue donde el rey Acab y le dice: "No va a llover", y no llovió tres años. Elías se enfrenta luego a cuatrocientos profetas paganos de Baal, los enfrenta. Ellos se pasan todo un día pidiéndoles a sus dioses que manden fuego del cielo, no pasa nada. Elías burlándose va: "Los dioses de tanto miendo se fueron de fiesta". Y después, a la hora de la ofrenda, Elías ora: "Aquí está tu siervo, responde", y el fuego del cielo bajó y consumió su sacrificio.

Pero no solamente eso. Después se va a un arroyo, es alimentado por cuervos. Luego se va a Sarepta, le da la ayuda, le dice a la viuda: "Dame pan y verás que el Señor te va a proveer", y Dios provee pan. Y Elías se acuesta sobre el hijo y ora a Dios, y el hijo resucita. Y puedo seguir y seguir y seguir. La gota arriba del moño, como dicen, la guinda arriba, es que Elías se iba caminando y vino un taxi celestial, un carro de fuego, y se lo llevó.

O sea, Santiago, si tú me vas a comparar mi vida con la de Elías, por favor, o sea, ya ahí mataste todo tu discurso. Pero como Dios sabe cómo inspira su Palabra, Él agrega y añade: "Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras". No era Elías, Señor, no era Elías. Era el Dios de Elías. Es mi Dios y tu Dios. Entonces eso es fundamental.

Entonces no se trata de qué fue lo que Elías hizo. Bueno, Elías oró fervientemente, ciertamente. Elías oró según los propósitos de Dios, aunque los propósitos de Dios le fueran una incomodidad, porque Elías ora por una sequía. Pero cuando usted lee en Primera de Reyes, donde está el relato de Elías, Elías la pasa mal por la sequía por la que él oró. Porque Primero de Reyes empieza mal con Acab y se tiene que ir huyendo, y luego el arroyo se le seca y tiene que irse a Sarepta. Pero ¿por qué fue? Fue por la oración que él hizo. O sea, que Elías está dispuesto a orar de una manera que le sea incluso incómoda, pero que vaya de acuerdo a los propósitos de Dios.

Entonces, hay oraciones a veces que nosotros siempre son: "Señor, bendíceme; Señor, úsame; Señor, ayúdame; Señor, sostenme; Señor, fortaléceme". Señor... Señor, quebrántame. Esa oración es: "Quebrántame, rompe mi corazón, doblega mi orgullo", y veremos grandes cosas, grandes cosas.

Entonces es un pasaje rico. La dependencia de Dios debe manifestarse en todas las circunstancias, hermanos, en todas las circunstancias. La dependencia de Dios es un asunto para vivirse en comunidad, y hay un glorioso resultado de la dependencia de Dios, glorioso resultado. Alguien decía que la oración es como un cheque que necesita dos firmas: yo lo firmo aquí abajo, lo mando al cielo, y si Cristo lo firma, hermanos, no importa el monto, el cheque se va a pagar.

Oremos, Señor. Gracias. Te encomiendo tu Palabra.

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.