Las pruebas no son opcionales en la vida cristiana; son materia segura en el currículo de Dios. Santiago escribe a creyentes dispersos por la persecución, gente que está siendo maltratada, despojada de sus bienes, algunos martirizados, y les dice algo que parece absurdo: tengan por sumo gozo cuando se hallen en diversas pruebas. No se trata de disfrutar el dolor en sí mismo, sino de saber que detrás de cada dificultad hay un trabajo que Dios está haciendo en el carácter. Las pruebas producen paciencia, y la paciencia lleva a la madurez en todas las áreas de la vida.
La historia de Joni Eareckson Tada ilustra esto de manera poderosa. A los diecisiete años se lanzó al agua desde un puente, golpeó una piedra con el cuello y quedó cuadripléjica. Su primera reacción fue pedir morir, incluso le pidió a una amiga que la matara. Pero llegó un momento en que se rindió ante Dios: "Si no puedo morir, enséñame a vivir". Cuarenta años después, ha escrito cuarenta y ocho libros y su ministerio distribuye treinta mil sillas de ruedas anualmente. Ella misma dice que quedarse en esa silla fue lo mejor que pudo haberle pasado.
Cuando enfrentamos dificultades, la pregunta no debe ser "Señor, quítame esto", sino "¿qué pecados está revelando esta prueba? ¿Qué virtudes está formando? ¿Qué atributos de Dios estoy conociendo?". Las pruebas sacan a la luz nuestra falta de fe, nuestro resentimiento, nuestra desobediencia, pero también nos capacitan para consolar a otros que atraviesan lo mismo. Al final, por más duro que sea lo que vivimos aquí, es temporal.
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Yo quiero comenzar en el día de hoy con una serie del libro de Santiago, la carta de Santiago en el Nuevo Testamento. Es un libro, como le voy a explicar dentro de un momento, que tiene mucho que decirnos, mucho que enseñarnos. Y le voy a decir las razones por las que escogimos este libro para comenzar nuestra nueva serie, esta serie que vamos a concluir en no sabemos exactamente cuántos sermones; pueden ser trece, quince, dependiendo de cuánto nos tome cada tópico, cada tema.
Pero normalmente, cuando uno piensa en qué enseñó, qué predico, uno tiene en consideración una serie de factores, entre los cuales está la realidad de la congregación, el momento que estamos viviendo, y cómo un libro, un sermón, puede hablarnos en esa situación en particular en la que estamos viviendo. Y yo creo que el libro de Santiago es muy apropiado y muy oportuno para la situación en la que nosotros nos encontramos como iglesia.
En primer lugar, porque es un libro muy práctico; básicamente, esencialmente práctico, más que teórico y más que teológico. De hecho, esa fue una de las razones por la que el libro de Santiago fue uno de los últimos libros en ser aceptado como parte del Nuevo Testamento, como inspirado, a pesar de que fue el primero en escribirse. Se escribió aproximadamente entre el año 45 y 50 de nuestra era, o sea, unos doce, trece años después de que Jesús resucitó. Y a pesar de ser el primero, fue el último en ser incluido dentro del Nuevo Testamento, precisamente por su aparente falta de teología. Pero obviamente, cuando uno lo ve mejor, uno se da cuenta de que no carece de teología tanto, sino que su enfoque es cómo vivir la teología, cómo vivir bíblicamente, no tanto cómo aprender más conocimiento.
Y yo diría que eso es lo más complicado para nosotros como cristianos: es muy fácil saber, es más difícil vivir y aplicar. Porque cuando tratamos de vivir y aplicar las verdades bíblicas en un mundo que es hostil a esas verdades, se nos complica el asunto. Y por eso yo entiendo que el libro de Santiago es muy, muy oportuno y muy apropiado para nosotros.
De hecho, a pesar de que fue un libro que durante muchos años los estudiosos consideraron que tenía poca teología, es un libro y ha sido un libro muy, muy popular dentro del pueblo de Dios, dentro del pueblo cristiano. De hecho, es uno de los libros más citados del Nuevo Testamento. Muchos de nosotros quizás no sabemos que estos versos que yo voy a citar dentro de un momento se encuentran dentro del libro de Santiago, pero esto es una manera de ver qué tan popular es este libro entre nosotros.
Por ejemplo, ¿quién no ha oído el versículo "tened por sumo gozo cuando os encontréis en diversas pruebas"? Eso es en el libro de Santiago. El 1:8 dice, habla del hombre de doble ánimo que es inestable en todos sus caminos. ¿Quién no ha oído acerca del hombre de doble ánimo del cual habla Santiago? El 1:13 dice que nadie diga cuando es tentado: "Soy tentado por Dios", porque Dios no tienta, no puede ser tentado por el mal, y Él mismo no tienta a nadie. Eso está en el libro de Santiago. El 1:17 dice: "Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto". Es un verso muy, muy citado también entre los cristianos. El 1:19: "Que cada uno sea pronto para oír y tardo para hablar". También es un mandato práctico del libro de Santiago. El 1:22: "Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores". Una vez más, el libro de Santiago es el que contiene ese pasaje.
El 2:14: "¿De qué sirve, hermanos míos, si alguno dice que tiene fe, pero no tiene obras?" El 2:19: "¿Tú crees que Dios es uno? Haces bien; también los demonios creen y tiemblan". Eso está en Santiago. El capítulo 3, los primeros doce versículos, es una enseñanza muy práctica acerca del uso de la lengua, no para comer, sino para hablar: cómo usarla y cómo no usarla en términos prácticos. El 4:1, Santiago comienza ese capítulo diciendo: "¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros?" El 4:3 dice: "Pedís y no recibís porque pedís con malos propósitos". Y el 4:4 es un desafío: "¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios?"
Todos esos pasajes que son conocidos en mayor o menor medida por nosotros están contenidos en apenas ciento ocho versículos del libro de Santiago. Es un libro eminentemente práctico, es uno de los libros más citados del Nuevo Testamento.
Pero además de que es un libro eminentemente práctico, yo creo que parte de la razón por la que es práctico es porque es muy directo. Y es la otra razón por la que yo quisiera predicar ese libro. Es un libro que dice cosas muy profundas en pocas palabras. Y nosotros, con la cantidad de información que tenemos hoy en día, estamos como cansados de que se nos diga tanto; queremos más sustancia y menos espuma. Dime lo que es. Y Santiago tiene ciento ocho versículos y cincuenta y cuatro son imperativos: haz esto, haz esto, haz esto, haz esto. Se le ha llamado el libro de Proverbios del Nuevo Testamento porque es un libro muy práctico, muy concentrado en lo que debemos hacer y en cómo vivir nuestra fe.
De hecho, muchos consideran el libro de Santiago como una aplicación del Sermón del Monte de Jesús. Si uno ve el Sermón del Monte de Jesús, que está en Mateo 5 al 7, uno se da cuenta de que hay veintiuna referencias en Santiago del Sermón del Monte de Jesús. Lo que demuestra que Santiago estaba muy empapado de las enseñanzas de nuestro Señor, y por eso aplicó en su carta mucho, o una buena parte, de este Sermón del Monte de nuestro Señor Jesucristo.
Además de eso, además de su practicidad, además de lo directo que es, tiene una diversidad de temas que, aunque es corto, es amplio el libro a la vez. Porque yo creo que muchas de las realidades que vamos a ver en este libro de alguna manera van a tocar la vida de mucha gente. Porque tiene que ver con muchas cosas: tiene que ver con cómo yo hablo, tiene que ver con cómo me relaciono con los demás, tiene que ver con cómo hago buenas obras, tiene que ver con cómo creo en Dios, qué creo de Dios. O sea, hay muchas cosas que se ven en el libro de Santiago, y yo creo que por esa razón también va a ser un libro que va a tocar muchas vidas.
Y por último, la cuarta razón por la que quiero predicarlo es porque nunca se ha predicado en la iglesia. Entonces eso me facilita el trabajo, porque si redundamos, va a ser mínimo en las redundancias.
Entonces, con esa introducción, yo los exhorto a leer el libro de Santiago en una sentada. Son cinco capítulos. Es fácil de leer, es sencillo de leer, y yo creo que nos vamos a beneficiar todos de comenzar a estudiar juntos este libro.
Hablando un poquito de su autor, de su audiencia y de su propósito antes de entrar en el mensaje de hoy, esto es importante porque nos va a ubicar en esta serie: en quién fue que lo escribió, por qué se escribió y a quién se escribió, de tal manera que podamos entender el contexto en el que se escribió.
En primer lugar, quién lo escribe. Lo vemos en el versículo uno, capítulo uno. Dice: "Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo". Ese nombre Santiago realmente es una conversión del latín al español. El nombre de este autor no es Santiago, es Jacobo. Y sucede que en latín el nombre de Jacobo se escribió algo así como "Yago" parecido. No le voy a dar todos los detalles del asunto, pero es para que entendamos de dónde viene el nombre de Santiago. Durante muchos años entonces, a este "Yago" latín se le llamó "San", San de Santo, y "Yago", y se unió el nombre. "Yago" viene del latín de Jacobo, y entonces las dos palabras unidas: Santiago. Pero realmente su nombre es Jacobo, y él se identifica a sí mismo como siervo del Señor y del Señor Jesucristo.
Dentro de los Jacobos que hay en los Evangelios y en el libro de los Hechos hay unos siete u ocho, pero los más probables que escribieron este libro son básicamente los que eran parte de los apóstoles o el medio hermano de Jesús, como vamos a ver más adelante. Los que eran parte de los apóstoles eran dos: uno, Jacobo el hermano de Juan, y este no pudo ser porque este fue martirizado muy temprano en la iglesia primitiva. El otro, que era el hijo de Alfeo, no puede ser porque de él no volvemos a saber en lo absoluto ni en los Evangelios ni en el libro de los Hechos. El único Santiago o Jacobo que se destacó como líder de la iglesia primitiva, y cuyo lenguaje se parece mucho a Hechos 15 donde hay un Jacobo hablando que era el líder de la iglesia, entonces muchos entienden que se refiere a Jacobo, el líder de la iglesia de Jerusalén, medio hermano de Jesús.
Y digo medio hermano porque, contrario a lo que muchos creen, Jesús sí tuvo hermanos que nacieron de José y María. Mateo 13:55 habla de los nombres de los hermanos de Jesús, de sus hermanas, y Jacobo es mencionado en primero, dando a entender que es el primer hermano luego de Jesús haber nacido. De hecho, Pablo nos dice en 1 Corintios 15:7 que este Jacobo fue testigo personal de la resurrección de Jesús. Él no creía en Jesús; Jacobo y sus hermanos no creían en Jesús. Luego de la resurrección de Jesús, vemos a la familia de Jesús creyendo en Él. Por lo tanto, el hecho de que Jacobo haya escrito un libro nos habla del poder de la resurrección y de lo convincente de la resurrección de Jesús. Entonces, de él es que estamos hablando: es Jacobo, el medio hermano de Jesús.
Pero algo que llama la atención en su introducción, cuando él se presenta, es que él sencillamente se presenta como siervo de Dios y del Señor Jesucristo. Este no es un hombre preocupado por los títulos ni por las jerarquías, lo cual nos habla de su humildad. Él pudo haber dicho: "Santiago, hermano de Jesús". Eso hubiese sido una buena credencial para un escrito del Nuevo Testamento. "Santiago, líder de la iglesia de Jerusalén", eso era también él. O "Santiago, testigo personal de la resurrección de Cristo", también pudo haber puesto. O pudo haberlo puesto todo junto, como nos gusta mucho a nosotros a veces: "Santiago, hermano de Jesús, líder de la iglesia y testigo de la resurrección".
¿Qué es sello? ¿Qué es sello? Fíjense ahora en la presentación de Santiago. Santiago o Jacobo sencillamente dice: "Siervo de Dios y del Señor Jesucristo", y la palabra siervo ahí es "doulos" de Dios, esclavo de Dios y del Señor Jesucristo. Un doulos era un esclavo que nacía en la casa de su señor y que sencillamente, por haber nacido en la casa de su señor, se dedicaba completamente durante toda su vida a servir a su señor. Santiago se considera a sí mismo un doulos, un esclavo por nacimiento, por el nuevo nacimiento en Cristo, de Dios y del Señor Jesucristo, totalmente disponible a la voluntad de Dios, totalmente dispuesto a lo que Dios disponga. Y este es el autor entonces.
¿Cuál es la audiencia? Lo dice el mismo versículo uno: "A las doce tribus que están en la dispersión". Esto es un lenguaje muy judío. Obviamente Santiago o Jacobo le escribió a judíos que habían sido dispersos por diversas naciones. Luego de Hechos 6, nosotros vemos en el libro de los Hechos que la iglesia cristiana en Jerusalén comenzó a ser perseguida y ellos comenzaron a huir a diversas naciones y diversos países. Por lo tanto, este nombre de dispersión o diáspora comenzó a ser muy común. Primera de Pedro también le escribe a los judíos dispersos en diversas naciones. Era gente que, por esta razón de ser perseguidos, estaban pasando dificultades significativas en su vida, y eso es importante que nosotros lo entendamos.
Esta carta se escribe a gente que está siendo perseguida, maltratada; algunos de ellos martirizados, otros están siendo despojados de sus bienes y de sus posesiones porque son cristianos. Son gente que está viendo su fe desafiada, probada, está sufriendo aun siendo cristianos e hijos de Dios. Por lo tanto, eso va a tener algo en común para muchos de nosotros que estamos también como hijos de Dios, pero estamos pasando también situaciones difíciles y pruebas en nuestra vida que desafían nuestra fe. Esa fue la audiencia a la cual Santiago dirigió su carta.
Y por último, ¿cuál es el propósito entonces de su carta? Si leemos toda la carta, nos vamos a dar cuenta que el propósito básico, el interés básico de Santiago es decirle a esta gente que está siendo perseguida, maltratada y dispersa: "Vivan su fe de manera real y genuina". El cristianismo no es una mera profesión de la boca para fuera, es algo que tiene que verse en la práctica, en el día a día. Tenemos que poder vivir lo que decimos que somos, tenemos que poder aplicar los principios que nosotros predicamos; de lo contrario, nuestra fe no es genuina.
El ser cristiano hoy en día es algo muy fácil de ser falsificado. Tú vienes a la iglesia de vez en cuando, lees la Biblia, la mayoría de la gente reza, ora, y adopta ciertas frases. Y mucha gente cree que es cristiana porque tiene esa forma aparente externa de cristianismo. Pero cuando su fe es probada y desafiada, su reacción, sus decisiones, sus actitudes son muy diferentes a lo que Santiago dice que se espera de un cristiano. Por lo tanto, la carta de Santiago nos va a comparar, va a comparar lo que yo estoy viviendo con lo que yo se supone que debo vivir como cristiano, y va a ser una buena prueba para todos los que estamos aquí ver si mi fe, mi profesión de fe se corresponde con mi accionar como cristiano. Va a ser una buena evaluación.
Habiendo visto entonces el autor, la audiencia y el propósito de su carta, yo quisiera entrar entonces dentro de un momento a los primeros versos que hablan precisamente de las pruebas y las dificultades. Y lo hacen porque esa es la realidad de toda esta gente, es la realidad que ya están viviendo: dificultades, pruebas, estrecheces, precariedades. Es la realidad que ya están viviendo.
Y quisiera hacer una salvedad de que hace unas semanas yo tuve la oportunidad de predicar y traje un mensaje que tiene que ver con dificultades también. En ese momento lo enfoqué desde el punto de vista de que Dios permite las dificultades en nuestra vida como parte de su disciplina en nuestras vidas. Decía que hay tres propósitos para la disciplina: a veces Dios a través de su disciplina nos corrige, quiere que nosotros cambiemos de rumbo; a veces nos instruye, quiere que aprendamos algo; o a veces nos previene para que no caigamos en mala decisión o en decisiones pecaminosas. Pero yo no quiero enfocar el mensaje de hoy, que tiene que ver con las pruebas, de la misma manera. Este es un mensaje mucho más personal, mucho más introspectivo acerca de lo que son las pruebas y las dificultades en mi vida. Yo lo he titulado entonces "Enfrentando mis pruebas" y "Enfrentando tus pruebas", para que cada uno de nosotros pueda evaluar si nosotros estamos enfrentando las pruebas de la vida como se supone que el texto nos sugiere que lo hagamos.
Lo primero que les voy a hacer es aclarar el concepto de pruebas. Hay dos tipos de pruebas; hay diferentes maneras de clasificarlo, pero en general hay dos tipos de pruebas, de menor a mayor, digamos.
La primera prueba o la primera dificultad de la cual quiero hablar son las dificultades cotidianas de la vida, que son cosas... No vamos a decir que son cosas complicadas, son sencillamente problemas que son cotidianos, son del día a día: un carro que no prende, un calor insoportable, un tránsito que no avanza, un hijo que no obedece. ¿Quién no vive todas esas cosas? Alguien que me cae mal, algo que me sale mal, una lluvia me dañó un cumpleaños o me daña el salón. Todos estamos expuestos a eso, ¿verdad? Todos estamos expuestos a esas nimiedades de la vida, a esas pequeñas frustraciones de la vida, que las cosas no salen como nosotros queremos que salgan. Y a pesar de que son pequeñas, nos conducen a un estado de ansiedad o de ira o de molestia o de irritabilidad. ¿Quién no se ha irritado aquí cuando el tránsito no avanza? Y en medio del no avance se complica más cuando otros vienen y se meten y demás. Entonces uno se frustra y uno se aíra ahí, y sale de nosotros acciones y actitudes que no se supone que deberían estar ahí, pero están ahí.
Y yo diría que cuando yo me ahogo en ese tipo de pruebas, que son las 101 en el currículo de Dios, yo me ahogo ahí, démosle gracias a Dios que Él no me ha pasado a otro nivel de pruebas que son más pesadas, más crónicas, más profundas. Pero ese es un tipo de pruebas. Lo que pasa es que, según nuestra madurez, Dios ajusta las pruebas según mi nivel de madurez.
Este es el otro tipo de pruebas, que son situaciones ya donde se desafía mi fe, donde yo llego a cuestionar incluso la bondad de Dios, donde yo llego a cuestionar si Dios está pendiente o no de mí. Yo no siento que Dios me escucha, yo no siento que Dios está pendiente de mis necesidades. Son cosas que sacan a la luz mis temores, mi desconfianza en Dios, mis pecados. Es a ese tipo de cosas a las cuales yo me quiero más bien referir en el día de hoy. Pueden ser enfermedades, una enfermedad crónica significativa, una lucha constante con un hijo rebelde, una situación económica asfixiante, un matrimonio frustrante que no funciona, o unos padres abusadores y arbitrarios. Es una realidad a la que yo no le veo la luz al final del túnel. Son todas esas situaciones en las que, en un momento dado, yo estoy en la vida, que no puedo salir de ellas y que desafían mi fe y cuestionan la bondad de Dios para mí. Ese tipo de dificultades.
Yo quisiera que la vea usted a la luz de lo que Santiago dice en sus primeros versos. No es por casualidad que recientemente, de hecho el viernes pasado, aquí en este lugar vimos una película de la vida de Joni Eareckson Tada. Para los que no la conocen, Joni Eareckson Tada es una mujer norteamericana; hoy en día debe tener unos 60 años, pero en el año 1967 ella fue a un balneario con su familia, a una especie de lago. Se sumerge en el agua, se tira de un puente bajito y da en el fondo con una piedra. Sale de ahí no inconsciente, pero mareada, aturdida. Su hermana la recoge y cuando la llevan al hospital su diagnóstico es que tiene una rotura de cuello; se le rompió el cuello, razón por la cual ella, 17 años tenía en ese momento, iba a quedar cuadripléjica. O sea, sin poder caminar y sin poder usar sus brazos; sus extremidades no funcionan. Solamente funciona su torso, su cuello y su cara, y quizás en el tiempo ella podría volver a usar sus manos, cuando eso no fue una realidad así.
Una mujer hermosa, joven, extremadamente inteligente, cantante, atleta, pintora. O sea, una mujer que lo tenía todo en un sentido. Y uno ve una situación como esa, y la primera reacción que nos viene a la cabeza es: "¡Qué desgracia! ¡Qué desgracia! Se truncó su futuro, se acabó su vida. ¿Qué va a ser de esa mujer ahora? Imagínate, hay pobre familia..." Y comenzamos a compadecer a la persona. Eso tiende a ser nuestra primera reacción, y tiende a ser la reacción del que está viviendo esa situación. Normalmente, cuando nos vienen dificultades a la vida, nuestra primera reacción es: "¿Qué es esto? Un desastre, una desgracia, algo que no queremos, que nos resistimos a recibir, no puede ser". Y eso fue lo que esta mujer comenzó a experimentar desde ese momento.
Eso es lo que Santiago trata precisamente en sus primeros versos de confrontar: las actitudes incorrectas que nosotros tenemos cuando las dificultades de la vida nos alcanzan. Lo que Santiago trata de responder es: ¿qué se espera de ti y de mí como creyente cuando las dificultades de la vida vienen? ¿Qué es lo que se espera?
Vamos a leer entonces el capítulo uno, versículo dos. Vamos a leer los tres primeros versículos ahí. Dice el versículo 2: "Tened por sumo gozo, hermanos míos, el que os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia, y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que seáis perfectos y completos, sin que os falte nada". Ese es el primer mandato de Santiago en su libro: tened por sumo gozo, hermanos míos, cuando os halléis en diversas pruebas.
Yo quisiera hacer una aclaración, otra aclaración con respecto a las pruebas antes de entrar a explicar ese texto, y tiene que ver con lo siguiente: hay pruebas que vienen por razones diferentes a otras. Por ejemplo, si yo tengo 30 años fumando y a los 30 años de yo estar fumando se me detecta un cáncer de pulmón, esa prueba al final es una consecuencia de mi decisión y de mi adicción, ¿cierto? No es lo mismo que el joven de 20 años que no ha fumado y que se le detecta un cáncer de pulmón. Él sencillamente está siendo receptor de una situación de la cual no es responsable. ¿Estamos de acuerdo?
¿Por qué yo hago esa aclaración? Porque lo primero que nosotros tenemos que hacer cuando estamos enfrentados a una situación difícil en nuestra vida, desafiante, es evaluar si yo he tenido algún rol en producir esa situación. A veces estamos en una situación económica difícil, de estrechez, de precariedad, pero sucede que estamos ahí porque tenemos 10 años viviendo por encima de nuestras posibilidades, endeudándonos, haciendo líos, no tomando decisiones adecuadas, haciendo malas inversiones sin consultar, comprando que un carro y luego otro para que fulano diga. Y claro, ahora estamos sufriendo las consecuencias de nuestras malas decisiones.
Es diferente a un individuo que es un buen empleado, es un trabajador, es un hombre que se maneja financieramente bien, pero lo botan de su empleo porque es cristiano. Fíjense cómo es diferente: están en la misma situación, pero el camino para haber llegado ahí es diferente.
¿Por qué hago esa aclaración? Porque, vuelvo y repito, cuando estamos en una situación difícil, lo primero que yo tengo que evaluar es si yo me coloqué ahí con actitudes pecaminosas, con malas decisiones, con maneras de actuar impulsivas que me llevaron a esa condición. Porque si es el caso, lo que yo tengo que hacer en esa situación es arrepentirme y pedirle a Dios entonces que me enseñe ahora a vivir de manera diferente, y si dañé a alguien, tratar de restituir el daño que yo he hecho. Pero si yo he sido conducido a esa situación sencillamente porque me pasó, como le pasó a Joni Eareckson Tada —ella se tira de un puente, cae, se da la cabeza— ella lo que tiene ahora es que tratar de encontrar lo que Dios quiere hacer con su vida, con su condición. Es diferente.
Entonces comencemos a ver este texto desde el versículo 2: "Tened por sumo gozo, hermanos míos, el que os halléis en diversas pruebas". Ese versículo contiene tres verdades importantes que nosotros debemos saber acerca de este tema de las pruebas y las dificultades en la vida.
En primer lugar, la certidumbre de las pruebas. Santiago no dice: "Porque puede ser que ustedes se encuentren en pruebas". No. "Tened por sumo gozo cuando os halléis en pruebas", porque van a venir. Eso es seguro. Si usted lo puede anticipar, lo puede escribir: Dios no exime a nadie de pruebas, y mucho menos cuando somos sus hijos, donde tiene cosas que hacer en nuestro carácter. Las pruebas son una materia segura en el currículum de Dios. Las dificultades son materias seguras en el currículum de Dios. Y lo que Pablo está diciendo es: den por sentado, háganse a esa realidad de que ustedes van a enfrentar pruebas. No importa quiénes ustedes sean, de dónde vengan, para dónde vayan, van a enfrentar las pruebas. Dios no nos debe nada. Dios no nos debe una vida exenta de problemas. Dios no nos debe una vida ligera ni suave. Ese no es el compromiso de Dios con nosotros. El compromiso de Dios con nosotros es formar en nosotros el carácter de Cristo, y eso va a requerir problemas.
Pero lo otro que dice este texto, además de la certidumbre de las pruebas, habla entonces de la variedad de pruebas: "El que os halléis en diversas pruebas". O sea, las pruebas pueden ser de diferente índole, y no necesariamente las pruebas vienen en fila. A veces vienen en racimos, un racimo de pruebas. Como yo decía, hay algo de verdad en que al dedo malo todo se le pega, y más cuando somos hijos de Dios, que uno dice: "Pero Señor..." Eso no quiere decir que siempre van a venir en racimos; no, es que pueden venir en racimos. Yo conozco una persona a la que yo le he dicho en varias ocasiones que he podido ver en su vida cómo Dios ha ido trayendo prueba por prueba, una detrás de la otra. Uno sale de una y es como si esa puerta ¡plan! y entra la otra, ¡plan! y entra la otra. Es una fila en el caso de él. Pero ese no es el caso de todos. Muchos de nosotros vamos a tener que enfrentar un frente, una pared, donde hay pruebas que tienen que ver con muchas áreas de la vida al mismo tiempo. Y eso es lo que dice el libro de Santiago: no viene una necesariamente; vienen a veces como racimos.
Yo creo que la razón de eso es que, de la misma manera que yo voy a la universidad y tomo cinco materias para aprender diferentes aspectos del saber y del conocimiento, yo cuando estoy en la vida necesito diferentes aspectos que aprender. Necesito aprender a manejar los aspectos familiares bíblicamente, los aspectos financieros bíblicamente, los aspectos profesionales bíblicamente. Todos los aspectos de la vida necesitan ser puestos ahora bajo el cuidado de Dios, y eso va a implicar que yo tengo que enfrentar diversos frentes, valga la redundancia, al mismo tiempo, muchas veces.
Pero hay una utilidad también adicional a esa en las pruebas todas al mismo tiempo, y es que yo experimento atributos de Dios que de otra manera yo no experimentaría. Cuando las cosas se ponen, como decimos los dominicanos, "color de hormiga", ahí es que Dios se luce. Y hay atributos de Dios que conocemos en medio de este racimo de pruebas que no conoceríamos si Dios no las trae en fila. Entonces, la diversidad de pruebas no solamente tiene que ver con todas las cosas que Dios tiene que hacer en nosotros; tiene que ver también con que Él puede brillar de una mejor manera ante toda esa situación precaria.
Por último, aparte de la certidumbre de que vienen las pruebas y la variedad de que pueden ser muchas, hay otro elemento en este verso, y es que la reacción que se espera de nosotros es sumo gozo.
Es totalmente contrario a cómo el mundo te dice que enfrentes tus dificultades; es algo contracultural. El mundo se frustra, se aíra, se molesta, resuelve y usa tu brazo para resolver su problema. El cristiano está llamado a reaccionar con sumo gozo. "Puro gozo", dice otra traducción. No solo gozo, porque muchas veces la primera reacción de nosotros ante la adversidad es dolor. Yo no me imagino a Joni Eareckson Tada estando cuadripléjica y sus papás diciendo: "¡Qué bueno, qué bueno que se quedó cuadripléjica!". No, eso sería una hipocresía, una negación de la realidad.
Lo que Santiago dice no es que reaccionemos con solo gozo o con puro gozo, sabiendo que a pesar de la tristeza y la aflicción inicial hay razones para el creyente de sentir gozo aún en la peor de las pruebas. Búscalo en lo profundo, búscalo, que van a ver razones para tú sentir gozo en medio de la dificultad. Tampoco Santiago dice que es lo primero que debemos sentir, ya solo lo mencioné, pero sí debería ser algo que prontamente sintamos al estar enfrentando dificultades: gozo sabiendo que Dios tiene control de la situación.
Pero si somos honestos, esa no es ni nuestra primera reacción ni siquiera forma parte de nuestro grupo de reacciones ante la dificultad. Muchas veces nuestra reacción es más bien la rebelión, y nuestra oración es: "Señor, quítame esto", en lugar de: "Señor, ayúdame a vivir con esto". Lo que queremos que Dios haga es que lo remueva, no que nos enseñe a vivir de esa manera.
En un momento dado, precisamente a Joni Eareckson Tada le sucedió que ella estaba luchando con esta realidad en su vida: de que ella no iba a poder volver a caminar, de que no iba a poder volver a usar sus manos. Y ella llega a un punto en su vida donde literalmente se rinde delante de Dios y le dice: "Señor, si yo no puedo morir" —porque ella pidió, le pidió a Dios que se la llevara, le pidió a una amiga que la matara— "si yo no puedo morir, enséñame a vivir. Enséñame a vivir con esta situación". Y eso es lo que nosotros necesitamos en un momento dado: aceptar la realidad que Dios ha permitido que estemos viviendo y decirle: "Señor, si tú no la vas a quitar, ayúdame a aceptarlo y ayúdame a vivir con esto de una manera que a ti te glorifique y a los otros los impacte".
Pero a veces nos rebelamos y le decimos al Señor: "Quítalo, no me enseñes a vivir con esto". A veces la reacción no es rebelión, es autocompasión y depresión, y yo me sumo en un estado de hacerme la víctima: "Pobre de mí, qué pena que me pasó esto, yo no entiendo". Y no encontramos tampoco el propósito de Dios en medio de la autocompasión y de hacernos víctima en la situación en la que estamos viviendo.
Ya sea la rebelión o ya sea la depresión, estas dos reacciones incorrectas ante la prueba, muy comunes, cuando vienen a nosotros y les damos espacio, hace su aparición este elemento que se llama la queja. Y vivimos vidas quejumbrosas, llenas de insatisfacción y de frustración, y cualquier cosita es un pleito. Nuestro cónyuge o nuestro hijo o nuestro amigo o nuestro jefe hace algo y yo me lo quiero comer, no por lo que hizo, sino porque yo tengo una frustración, una realidad de mi vida que yo no he aceptado. Y yo estoy rebelándome contra eso, o yo estoy autocompadeciéndome por eso, y yo exploto ante la primera razón de molestia en mi vida. Y entonces la queja se hace presente.
Pero la realidad es que todas estas reacciones inadecuadas ante la dificultad son una muestra de mi inmadurez como cristiano. Sea la rebelión, el oponerme a lo que Dios ha determinado, o sea la autocompasión, el cogerme pena por lo que Dios ha permitido, ambas cosas que me llevan a la queja son una respuesta inmadura a lo que Dios espera de mí, una respuesta inmadura de mi carácter.
El mandato de Santiago, fíjense bien, dice: "Tened por sumo gozo, hermanos míos, cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia". No es que disfrutemos el dolor en sí, no es que disfrutemos la prueba y la tribulación en sí. Eso es lo que creen algunas personas: que si van de rodillas de una comunidad a otra comunidad, Dios se va a agradar, pensando que el dolor en sí tiene valor. No. Según Santiago, el versículo 3, el valor de la prueba y de la dificultad es por su efecto en mí, no es por el dolor en sí mismo. Es que hay un beneficio de yo pasar por esa dificultad, es que hay una construcción del carácter, es que hay una profundización de mi fe que se produce fruto de estas dificultades en la vida.
Y a lo que Santiago me llama entonces no es a valorar el dolor en sí, sino a saber que detrás del dolor hay un trabajo que Dios está permitiendo y que Dios está haciendo. Las pruebas, según Santiago, producen paciencia, y en el original eso significa la capacidad para soportar un peso durante un largo tiempo. Me hago resistente; en otras palabras, mi temple, el temple de mi carácter, aumenta. Es como el que hace ejercicio y está practicando pesas, que uno le va poniendo cada vez más peso a la pesa que uno está cargando, y eso aumenta tu capacidad muscular para soportar más peso. En el caso del cristiano, en el caso del carácter, Dios te va dosificando las pruebas de tal manera que tu fe vaya siendo ensanchada, tu paciencia vaya siendo ensanchada. En la medida que tu paciencia es ensanchada, tu capacidad de aguante de dificultades en la vida es ensanchada, y ¿qué pasa? Tu utilidad como cristiano aumenta.
Hoy en día, Joni Eareckson Tada… es extraordinario ver lo que Dios hace a través de la vida de esa mujer. Cuadripléjica en una silla de ruedas por cuarenta años, ha escrito cuarenta y ocho libros, tiene uno de los ministerios más productivos en ayuda a la discapacidad. Tiene ayuda prácticamente mundial; casi treinta mil sillas de ruedas y otros equipos se distribuyen a través de su ministerio anualmente. Y los millones de gente que están en condiciones parecidas, que hablan de la inspiración que Joni Eareckson Tada ha sido para ellos, es algo indescriptible. Entonces, al final, no aplaudimos el hecho de que Joni Eareckson Tada esté cuadripléjica. No. Pero aplaudimos el hecho de que Dios formó su carácter a tal punto que ella hoy es una inspiración para millones de personas.
Lo que pasa es también, hermanos, sé que muchos de estos beneficios se ven retrospectivamente. Yo más adelante entiendo cuando miro para atrás; ahora es que yo entiendo lo que Dios estaba haciendo. Pero nosotros, que estamos aprendiendo, debemos tener la confianza y la fe en medio de la prueba de que, aunque yo no vea el beneficio, ya yo sé que Dios está detrás de algo bueno cuando permite la prueba.
Y fíjense que el beneficio aquí, lo resume el versículo 4, dice lo siguiente: que la paciencia —luego que tu capacidad de aguante aumenta— tenga su perfecto resultado. Esa frase es muy importante, porque lo que dice es: si tú aguantas, si tú aguantas como debes aguantar, pacientemente, el resultado de eso va a ser que seas perfecto y completo, sin que os falte nada. En otras palabras, si tú reaccionas adecuadamente a tu prueba, a tu dificultad, hay una plenitud del carácter que tú alcanzas que no vas a alcanzar si no te sometes adecuadamente a la prueba, si no te sometes pacientemente a la prueba.
Este beneficio de "perfecto y completo" es importante. Hay que hacer una diferenciación entre esas dos palabras, porque "perfecto" habla de madurez, y "completo" habla de en todas las áreas de tu vida. En otras palabras, Dios está buscando, a través de la prueba, tu madurez en todas las áreas de tu vida. Es el resultado de la prueba, es el motivo del gozo. No es la prueba en sí; el motivo del gozo es que el resultado de la prueba en mí va a ser madurez en diferentes y en todas las áreas de mi vida.
Había un director de empresa, un empresario, que decía lo siguiente. Lo decía para su empresa, pero yo creo que tiene aplicación para esta verdad. Y es que él decía: "Los problemas son el precio del progreso. No me traigan nada excepto problemas. Las buenas noticias me debilitan". No me diga que la cosa está bien, porque cuando la cosa está bien es que no tenemos nada que mejorar. Traiga un problema, vamos a resolverlo, así mejoramos.
Cuando alguien viene y te critica, cuando alguien viene a observar algo, cuando alguien viene a enseñarte un defecto que tú tienes: "No, no, no, pero tú me mandas y te interpones, siempre…". Nos resistimos, nos defendemos, nos justificamos. No, dile: "Gracias, muchas gracias, gracias, porque así mejoro, así me perfecciono, así supero mis debilidades y mis pecados". Pero es la realidad: a veces reaccionamos ante las pruebas de una manera inadecuada, con queja, con rebelión, no lo vemos a través del lente de Dios, y estamos luchando entonces, y en esa lucha no nos sometemos pacientemente a la prueba y no se produce el resultado que Dios quiere producir.
¿De qué manera entonces podríamos nosotros aplicar esto a nuestra vida? ¿De qué manera pudiera una prueba, una dificultad en mi vida, generar gozo, como dice Santiago? Yo creo que si nosotros nos hacemos estas cinco preguntas que yo voy a compartir, y las pensamos y las reflexionamos, vamos a encontrar en cada dificultad algo por lo cual alegrarnos, algo por lo cual gozarnos, algo por lo cual decirle: "Gracias, Señor, que tú estás permitiendo esto en mi vida", porque he visto que hay algo que se está produciendo.
La primera pregunta que yo diría que nos debemos hacer es: ¿qué pecados está esta prueba, esta dificultad, revelando en mí? ¿Qué pecados hay? Le voy a poner algunos ejemplos. Cuando hay enfermedad en mi vida, la enfermedad es muy buena —parece una contradicción ahora—, la enfermedad es muy buena en sacar de mi corazón la falta de fe en Dios, en decirme: "Tú eres un incrédulo, tú no confías en que Dios puede hacer algo bueno de esta situación". O saca de mí la falta de sumisión a la voluntad de Dios, de que no acepto lo que Dios ha determinado.
Cuando estamos en situaciones económicas precarias, ¿qué es lo que más típicamente sale a flote? Mi falta de contentamiento y mi queja. Lo ubico, yo lo veo de una vez. Cuando me falta algo, cuando no puedo hacer lo que quiero, no puedo comprar lo que quiero, lo que me gusta, esas estrecheces, ¿qué saca de ti? Bueno, ¿gracias, Señor, que por lo menos tengo la necesidad descubierta? ¿Es esa la actitud, o un tarjetazo y resuelvo de otra manera?
Problemas familiares son muy buenos en sacar la desobediencia a la Palabra. Cuando hay problemas familiares, vamos a poner un ejemplo de un matrimonio: normalmente los problemas en el matrimonio se producen porque hay alguien que no entiende su rol correctamente y no está haciendo lo que se supone que la Palabra le dice que haga. Uno va donde la esposa y le dice: "Sométete a tu marido". Y la esposa dice: "¿Cuál, el bueno? Sométete a tu marido y tú no lo conoces". Pero sométete, confía en Dios, vendrá después el resultado. No queremos esperar. O al esposo se le dice: "Tú tienes que amar a tu esposa como Cristo amó a la iglesia". "¡Uy, y tú no conoces a mi esposa! Se la voy a presentar para que tú veas; esa mujer no puede ser amada de esa manera". Eso es: problemas familiares desafían y sacan a la luz que tú no obedeces la Palabra y que yo no obedezco la Palabra, porque no queremos vivir según sus instrucciones.
Conflictos personales, donde somos calumniados, donde somos ofendidos, son muy buenos en sacar mi orgullo y en sacar mi falta de perdón y resentimiento. Fulano de tal habló mal de mí, cruz y raya. Fulano de tal, lo borramos del mapa. Para mí yo lo perdono, pero está muerto para mí. ¿Qué es lo que está saliendo con esa prueba? Está saliendo mi resentimiento, mi orgullo, mi falta de perdón. ¿Se dan cuenta cómo las pruebas sacan los pecados?
Y yo tengo que preguntarme: ¿qué pecados está esta prueba revelando —económica, de enfermedad, de familia, de conflicto personal—, qué me está diciendo de mi carácter, qué tengo que quitar, qué tengo que cambiar, de qué tengo que arrepentirme?
A veces la pregunta que tenemos que hacer es: ¿qué virtudes está esta prueba formando en mí? Hay virtudes que se forman: confianza en Dios, paciencia, capacidad de aprender a perdonar a otros. Hay muchas cosas que se forman en medio de la prueba. Y algo importante es que, por encima de todo lo que eso haga en mi vida, cuando yo paso la prueba apropiadamente, yo me hago capaz ahora de ayudar a otros en la misma circunstancia.
Segunda de Corintios, el primer capítulo, dice exactamente eso: que Dios nos consuela en medio de la dificultad para que nosotros podamos consolar de la misma manera en la que somos consolados. Cuando yo recibo el cuidado de Dios, ahora yo sé cómo Dios cuida de los suyos, ahora yo puedo ayudar a una persona que está pasando lo mismo que yo pasé. Eso es una virtud enorme, eso es algo útil en el pueblo de Dios, porque hay mucha gente que está pasando o ha pasado por situaciones similares a las que nosotros ya hemos pasado, y si las hemos superado, nosotros somos instrumentos de Dios para ayudar a esa persona.
Primera pregunta: ¿qué pecado está revelando? Segunda pregunta: ¿qué virtudes está formando esta prueba? Tercera pregunta: ¿qué atributos de Dios estoy experimentando? ¿Qué estoy conociendo de Dios que no conocía? De su fidelidad. Pero la verdad es que Dios es fiel, Dios provee. ¿Cómo yo voy a conocer al Dios que provee si Dios no me pone en una situación económica difícil? ¿Por qué? Porque yo siempre lo tengo todo. A veces la prueba económica, una de las cosas más hermosas de conocer es que Dios está atento a mis necesidades y Dios es oportuno y Dios quita lo que no es necesario. Y me enseña a través de la prueba: "Mira, eso tú no lo necesitas". Y de pronto me di cuenta que no era necesario; yo pensaba que era necesario, pero Dios me demuestra que no era necesario, y después estoy más gozoso de lo que estaba teniéndolo.
Y por último: ¿qué está haciendo Dios en los que están a mi alrededor? A veces la dificultad es mía, pero el beneficio es de los otros. Cuando yo puedo vivir mi dificultad de una manera que impacta a los otros, otros son bendecidos aunque yo paso la dificultad. Ese fue el ejemplo de Cristo. Díganme cuál fue el beneficio de Cristo de ir a la cruz: el heredió. El beneficio de Cristo es el gozo de vernos a nosotros redimidos. Él se colgó en la cruz y nosotros fuimos los beneficiados.
Y muchas veces tú eres Cristo para otros: tú pasas la prueba, pero otro es el beneficiado. Otro conoce a Dios por la manera como tú pasas la prueba, otro ve el poder de Dios a través de la manera como tú enfrentas la prueba. Y muchas veces eso, ver lo que Dios está haciendo a mi alrededor, me llena de esperanza y de consuelo de saber que mi sufrimiento no es en vano.
Joni Eareckson Tada dice exactamente eso: que cuando ya ve los millones de gente que Dios ha impactado a través de su propia vida, ella dice hoy en día: "Eso es lo mejor que me pudo haber pasado a mí". Wow, qué perspectiva de una situación tan crónica como eso: permanecer en una silla de ruedas de por vida.
Yo vi recientemente —con esto concluyo— una caricatura que le enviaron a ella. Ella es pintora, ella pinta de una manera extraordinaria, increíbles los cuadros de esa mujer. Ella pinta con la boca: se pone el pincel y pinta. Pero entonces también muchas personas que pintan le mandan pinturas a ella, le mandan caricaturas. Y era una caricatura donde ella aparece bailando con su esposo y el baile es en el cielo, y la silla de ruedas se ve en una nube. Dice: "Yo no sé qué hacía la silla de ruedas ahí, pero yo, cuando la vea allá arriba en el cielo, le voy a dar una patada". Pero la caricatura la presenta a ella bailando con su esposo, y ella dice: "Sí, yo voy a bailar contigo, pero mi primer baile será con Jesús, mi primer baile será con el Señor".
Al final, por más duro que sea lo que estamos viviendo aquí, es temporal. Eso va a pasar en un abrir y cerrar de ojos. Estaremos frente a nuestro Señor disfrutando por la eternidad de sus riquezas en gloria, de cuerpos perfectos, situaciones perfectas, donde podemos adorar a nuestro Dios. Ojalá el Señor nos dé esa perspectiva de la vida, de los problemas, de las dificultades, y podamos gozarnos en medio de lo que Él está haciendo con nosotros.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.