La carta de Santiago nos confronta con una verdad incómoda: una fe que no se manifiesta en la vida práctica simplemente no existe. En el capítulo cinco, Santiago pronuncia un juicio severo sobre quienes han hecho un uso egoísta de sus riquezas, un juicio tan duro que no ofrece esperanza de redención, solo el anuncio de miserias venideras.
El problema no es la riqueza en sí misma, sino cuatro pecados específicos que la acompañan. Primero, la acumulación avariciosa: poseer tanto que las cosas se pudren, se apolillan y se oxidan sin usarse. La diferencia entre el ahorro prudente y la avaricia está en la motivación: ¿acumulo solo para mí o con propósitos que incluyan a otros? Segundo, el trato injusto hacia los empleados: salarios retenidos o reducidos, una práctica que clama a los oídos de Dios como clamó la sangre de Abel desde la tierra. Tercero, una vida de placer desenfrenado donde todo gira alrededor del capricho propio. Y cuarto, el abuso hacia los más débiles, aprovechándose de posiciones de poder sabiendo que el otro no puede defenderse.
Hay pocos lugares donde el cristiano puede ser tan efectivo como testigo que en sus relaciones laborales y comerciales, precisamente porque casi todo el mundo tiene prácticas injustas cuando se trata de dinero. Ser generoso, pagar justamente, tratar con compasión al que trabaja para nosotros: esto no es capricho divino, sino reflejo del carácter de un Dios que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
¡Vamos, Señor, habla a mi vida con tu Palabra! Quería recordar que el libro de Santiago es un libro eminentemente práctico. Hay muchos libros en la Biblia que tienen diferentes contenidos; hay libros más teológicos, más conceptuales, y hay otros que están más enfocados en la práctica de la vida cristiana. Hay otros que tienen una combinación, pero Santiago está más interesado que en la teología que creemos, en la forma de vivir esa teología, en la práctica diaria.
Algo que es claro de la Biblia es que la Biblia no nos ha sido dada para que yo conozca más, para que yo tenga más conocimiento. Eso es importante, pero si se queda en conocimientos solamente y no transforma mi corazón, no ha hecho nada la Biblia. La Biblia está diseñada para que conozcamos más a Dios y sus planes para nosotros, y en la medida que conocemos más, somos transformados.
Al punto de que el mensaje central de Santiago es que una fe sin obras, es decir, si yo digo que tengo fe, que confío en Dios, que creo en Cristo, que he puesto mi fe en su sacrificio en mi favor, y yo no tengo obras concretas que hablan de mi relación con el Señor, que dan evidencia de que yo camino con Cristo, esa fe es muerta, no existe, no está. Hay muchos que dicen ser, pero como dice Jesús, por sus frutos los conoceréis. Tú puedes decir que eres cristiano, que eres seguidor de Jesús, pero si no hay una manifestación práctica en tu día a día, en tu cotidianidad, en tu trato con los demás, en tu trato con tu cónyuge, con tus hijos, con tus colegas, con la gente que te rodea, no hay tal fe. Hay quizá una profesión, pero no una vivencia. Hay una fe nominal, pero no una fe real.
Santiago está particularmente interesado en la manera como nosotros vivimos la fe. Y no es de extrañar que aquí ahora, en estos versos, primeros seis versos del capítulo 5, él traiga un tema sumamente práctico que tiene que ver con el manejo de nuestras posesiones materiales. En los últimos dos meses o tres meses en la iglesia, los miércoles, yo he estado haciendo una serie precisamente del manejo de las finanzas, de las posesiones materiales, desde un punto de vista bíblico. O sea, hay algunos conceptos que van a ser comunes para aquellos que estuvieron en esas sesiones, pero eso es lo que el texto de hoy nos trae, eso es lo que Santiago nos trae a reflexionar.
Y él lo hace de una manera muy particular. Él emite un juicio contra un grupo de personas que están manejando su dinero de una manera egoísta, de una manera pecaminosa, diríamos. Se centran en ellos mismos sin considerar las necesidades de los demás. Él trae un juicio sobre esa gente y da cuatro razones por las cuales Dios va a traer ese juicio sobre ellos. Como vamos a ver más adelante, no pensamos que se trate de personas cristianas; se trata de personas que son ricos, pero están en la congregación. Como muchas veces sucede en muchas congregaciones, hay mucha gente que viene, pero no son todos los que están. Pero están alrededor de nosotros.
Entonces, con esa introducción, yo quisiera que leyéramos los primeros seis versículos del capítulo cinco de Santiago. Vamos a ir desglosando, primero el pronunciamiento de juicio y luego las cuatro razones por las cuales este juicio es pronunciado, para sacar algunas enseñanzas para nuestras vidas.
Versículo uno: "Oíd ahora, ricos, llorad y aullad por las miserias que vienen sobre vosotros. Vuestras riquezas se han podrido y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y vuestra plata se han oxidado. Su herrumbre será un testigo contra vosotros y consumirá vuestra carne como fuego. Es en los últimos días que habéis acumulado tesoros. Mirad, el jornal de los obreros que han segado vuestros campos y que ha sido retenido por vosotros, clama contra vosotros. Y el clamor de los segadores ha llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido lujosamente sobre la tierra y habéis llevado una vida de placer desenfrenado. Habéis engordado vuestros corazones en el día de la matanza. Habéis condenado y dado muerte al justo; él no os hace resistencia."
Estos son seis versículos muy duros, muy difíciles de leer. El juicio es pesado sobre esta gente. Santiago se parece en estos versos más a un profeta del Antiguo Testamento que a un apóstol del Nuevo. Pronuncia un juicio sin ninguna oferta de redención y esperanza. No les dice "arrepiéntanse para que el Señor los refresque, los reivindique, los restaure, los cambie." Sencillamente pronuncia un juicio contra un grupo de gente que entendemos que no eran creyentes, como vamos a ver en un momentito. Pero un juicio definitivo y duro sobre esta gente.
El primer versículo nos habla de este pronunciamiento de juicio: "Oíd ahora, ricos, llorad y aullad por las miserias que vienen sobre vosotros." Él les anuncia a este grupo de gente, les dice "oíd." Es una forma que la ha usado en el pasado, hace unos cuantos versos él también dijo "oíd ahora," una forma de decir "presten atención, oigan, tengo algo importante que decirles, no se distraigan." Oíd ahora, ricos. Y a diferencia de la mayoría de la carta de Santiago, donde él comienza con "hermanos míos," "queridos hermanos," "amados hermanos," "hermanos," aquí no comienza con ni "hermanos" ni "hermanos míos" ni "amados hermanos." Oíd ahora, ricos.
Posiblemente por esa razón, esa es la principal razón por la que entendemos que no se trata de hermanos, porque esa es la palabra que él usa para referirse a lo largo de la carta a hermanos cristianos. Pero además de eso, el tipo de juicio que Santiago anuncia sobre esta gente, por lo visto, no son creyentes. Al creyente en todas las cartas del Nuevo Testamento se le llama a tener esperanza, a esperar con anticipación la venida del Señor. A esta gente se le dice: "Oíd ahora, ricos, llorad y aullad por las miserias que vienen sobre vosotros."
Y ese término de miserias, en plural, se usa así en plural precisamente para anunciar la profundidad de la aflicción, el dolor que es anunciado sobre este grupo de gente, sobre el cual él está hablando. Es un juicio difícil de tragar. "Llorad y aullad" es un término que significa lamentarse amargamente y de manera audible. La segunda venida de Jesús en el Nuevo Testamento, a los creyentes trae esperanza; a los no creyentes debe traer amargura y anticipación de aflicción.
Muchas veces los apóstoles usan la segunda venida del Señor, la seguridad de la segunda venida, para producir cambios hoy en la vida de las personas. Imagínense que ustedes reciben un periódico o una revista con noticias futuras, pero noticias ciertas. Imagínense que en enero de este año hubiese estado una noticia de cuál iba a ser el ganador de las elecciones presidenciales. ¿Qué hubiese pasado en el país en enero si hubiesen sabido eso? Hubiesen comenzado a amarrar muchas cosas, la iniciativa de otros hubiese comenzado a definirse, porque total, no vamos a ganar.
¿Qué sucedería con nosotros, cuál sería nuestra decisión, si usted lee en el periódico que en diciembre el dólar se va a poner a 60? Te cambio algún dolarito, ¿verdad? ¿Qué sucedería hoy si usted sabe que en el futuro ya la ingeniería no va a servir para nada porque hay un programa que lo va a hacer todo? Ahí los ingenieros, el que iba a estudiar ingeniería no va a estudiar ingeniería. Si nosotros conociéramos el futuro y creyéramos en ese futuro, cambiaríamos nuestras vidas hoy. Si tú estuvieras, si yo estuviera seguro de la segunda venida de Jesús, a la luz de esa realidad deberían haber cambios hoy. Eso es lo que apela en este texto: "Llorad ya por las miserias que vienen sobre vosotros." ¿Cuándo vienen esas miserias? Cuando el Señor venga. Él viene a juzgar; él no viene como un corderito a sacrificarse en una cruz, él viene a juzgar las naciones. Deberían haber cambios hoy, deberían haber lamentos hoy.
La forma de empezar tan enérgica, es abrupta, en la que Santiago comienza. "Ricos," ya hablamos de eso, de cómo no se refiere a hermanos, y el lamento que él les pide que tengan, el lamento amargo, un lamento audible.
Ahora, ¿por qué Santiago, en una carta a la iglesia como él le escribe, incluye un pasaje que tiene que ver con no cristianos? ¿Qué tienen estos que ver con la vida de la iglesia? ¿Qué tienen que ver estos en este contexto? Hay tres razones posibles por las que Santiago incluye ese pasaje para no creyentes dentro de una carta a la iglesia.
La primera razón es porque, por lo visto, esta gente estaba dentro de la iglesia. Estaban ahí, entre los hermanos mezclados. Y como les dije hace un momentito, a la iglesia venimos muchos, pero no todos hemos tenido un encuentro personal y transformador con el Señor Jesucristo. Habemos algunos que venimos porque vemos que aquí se hablan cosas interesantes, valiosas, útiles, pero yo no estoy dispuesto a someter mi vida por completo bajo los preceptos de la Palabra de Dios. Yo tomo lo que yo necesito, quiero lo que me parece conveniente, yo lo tomo y lo aplico; el resto lo dejo porque mi compromiso es conmigo, es con lo que me conviene, no con lo que Cristo dice o con lo que su Palabra dice.
Entonces muchas veces, en una congregación como nosotros, puede haber un grupo significativo de personas que viene con ese interés, a obtener algo, pero no a postrarse de corazón ante el Señor. Y ven en estos encuentros, en estas reuniones, como les dije, algo útil, pero no es algo que cambia sus vidas y transforma sus corazones. No es una decisión radical que están tomando.
Entonces, la primera razón es porque esta gente posiblemente estaba dentro de la iglesia. Y esa es la primera, digamos, quizás aplicación para nosotros: ¿dónde estoy yo? ¿Dónde estás tú con relación con el Señor? ¿Es genuina una relación viva? ¿Es una relación donde te has arrepentido de tus pecados, donde tú has entendido que Cristo es Señor sobre tu vida, sobre todos los aspectos de tu vida? Y ciertamente nosotros todos somos pecadores, todavía vamos a fallar, no somos perfectos. Pero estamos en un camino donde, cuando Dios nos muestra algo que tenemos que cambiar, queremos cambiarlo y nos proponemos cambiar, porque queremos agradarle.
Esa es la primera enseñanza para nosotros. Otras dos posibles razones para incluir este texto a no cristianos dentro de esta carta. Es que quizás algunos cristianos sentían envidia por el progreso y el avance de los ricos dentro de la iglesia que no eran creyentes. Y al Santiago anunciarles este juicio, quizás los cristianos ya no le tuviesen tanta envidia a los ricos que vivían con un placer desenfrenado, que se daban todos sus caprichos y todos sus gustos. Hay un juicio anunciado sobre aquellos que viven de manera licenciosa y de manera egoísta, y disminuye la tentación a la envidia sobre los hermanos.
Y la tercera razón es que es posible que estas prácticas de estos ricos quizás afectaran a algunos cristianos, y el anuncio del juicio trae tranquilidad sobre el corazón que está sediento de justicia. La palabra de Dios nos dice en otro pasaje, en el libro de los Romanos, que la venganza es del Señor. O sea, cuando nosotros decidimos pasar por alto una ofensa, una agresión, un abuso, no es que nos hemos olvidado de la justicia, ¿eh? ¿Qué hemos decidido? Que Dios haga justicia. Y hermanos, Dios la hará. A veces no en nuestra vida, no la veremos, pero Dios hará justicia.
En el libro de Apocalipsis hay varios pasajes donde los justos de Dios, donde los redimidos ven a Dios haciendo justicia sobre los injustos de la tierra, y eso sacia el corazón de los justos. Porque nosotros nacemos con un sentido interno de justicia, ¿no? Cuando nosotros vemos una injusticia cometerse, nosotros queremos que se juzgue al culpable, ¿no? Hay un deseo interno natural de justicia, y cuando esa injusticia se ha cometido contra nosotros, nosotros podemos tener la tentación de vengarnos. Pero este pasaje nos dice: no, Dios va a juzgar. Entonces eso hace que muchos cristianos también pues le dejen la venganza al Señor y la justicia a Dios.
Entonces, por esas razones es posible que Santiago haya incluido este texto a no cristianos dentro de esta carta a cristianos. Pero algo importante que yo quiero señalar es que en ningún momento, ni aquí ni en ningún lugar de la Biblia, se condena la riqueza como tal. Aquí no se está condenando al rico, aquí se está condenando al que hace mal uso de la riqueza que tiene. Porque muchos han pensado, muchos han llegado a entender que lo que se está condenando aquí es la riqueza y, por lo tanto, el cristiano está llamado a un voto de pobreza o a vivir en la estrechez, en la escasez, porque las riquezas son malas. Y las riquezas no son malas.
Claramente el amor a las riquezas es malo, la idolatría de las riquezas es mala, la avaricia, la acumulación innecesaria es mala. Esas cosas, el mal uso de las riquezas que tengo, pero no las riquezas. Hay muchos hombres de Dios, muchas mujeres de Dios que disponían de muchos recursos y disponían sus recursos al servicio de la obra de Dios. Yo puedo ser rico y puedo glorificar a Dios con lo que tengo. Por lo tanto, ese no es el énfasis aquí. El énfasis aquí es el mal uso, y es precisamente eso lo que yo quiero que nosotros veamos.
Aunque es un pasaje dirigido a no creyentes, sus prácticas pueden estar presentes entre nosotros. Nosotros podemos estar haciendo las mismas cosas que son condenadas en esta gente. Ellos serían condenados eternamente, pero nosotros, por la obra perfecta de Cristo, no seremos condenados, pero somos llamados a arrepentirnos de esas cosas.
Entonces, ese es el llamado al juicio. Se anticipa un juicio amargo, profundo, intenso. Lloren y aúllen por el juicio que les viene encima, porque han hecho un mal uso de las riquezas que Dios les ha provisto.
La primera razón, entonces, es el primer pecado que esta gente está cometiendo. Están los versos dos y tres: "Vuestras riquezas se han podrido y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y vuestra plata se han oxidado. Su herrumbre será un testigo contra vosotros y consumirá vuestra carne como fuego. Es en los últimos días que habéis acumulado tesoros."
Aquí el pecado es la acumulación avariciosa de dinero y posesiones, mucho más allá de lo que necesitamos. De hecho, el término de moho, de herrumbre, de polilla, habla de una acumulación tan excesiva que yo no la uso y se daña. Se enmohecen, se oxidan. La realidad es que las riquezas en la Biblia se nos dice constantemente que Dios nos las da no para que las acumulemos, sino para que las usemos. Las riquezas no están para ser acumuladas, sino para ser usadas en propósitos específicos que Dios tiene en nuestra vida o en la vida de otros.
En este caso, Santiago usa tres términos. Dice "vuestras riquezas se han podrido". El término podrido hace alusión a un fruto, porque las riquezas en ese tiempo se acumulaban en tres tipos de cosas: o productos agrícolas, o ropas, o metales como oro, plata, cobre, bronce. Entonces, el término podrido tiene que ver o hace alusión a recursos agrícolas.
Recordamos la parábola de Lucas 12, donde Jesús habla de un hombre que tuvo una gran cosecha y tenía tanto grano que no tenía dónde almacenar el grano, y dijo: "¿Qué voy a hacer? Voy a derribar mis graneros y edificar graneros nuevos para almacenar mi grano." Bueno, ese grano se daña, se pudre si yo lo dejo ahí. Lo grande de la necesidad del rico esta, que lo acumuló. Él acumuló y no sabía que esa noche le iban a pedir el alma. La necesidad estuvo en que lo acumuló y guardó y nunca pensó en los demás.
En ningún momento en la parábola de Lucas 12 vemos que ese individuo que recibió mucho de parte de Dios, porque digo una cosa, si hay alguien que tiene que agradecerle a Dios la riqueza, es el agricultor. Porque si no llueve, se le daña; si llueve mucho, se le daña; si sale mucho el sol, se le daña; si hay mucha brisa, se van las pajitas. El agricultor depende totalmente de Dios. Yo no creo que sea por casualidad que Jesús pone ese ejemplo del agricultor, porque el agricultor depende de muchos factores climatológicos que Dios controla completamente.
Entonces, en este caso, la riqueza acumulada, él dice: "La voy a acumular. Ahora siéntate, come, bebe, diviértete. Tú tienes todo lo que tú necesitas para tu vida, para tener toda la vida tranquila que tú esperabas." Y en ningún momento leemos que él pensara: "Quizás parte de esto yo debería compartirlo." Ni siquiera se habla de hijos y esposa. O sea, el hombre era él y él y él. Y aunque es una parábola que ilustra un principio, el corazón humano es así. Nosotros tenemos la tendencia a querer acumular mucho más allá de lo que vamos a necesitar, y se nos oxidan las cosas, se nos enmohecen las cosas que tenemos. Y esa es la primera enseñanza de esta primera parte: la acumulación avariciosa es pecaminosa.
Ahora muchos dirán: "Bueno, pero entonces yo no puedo ahorrar." Bueno, la Biblia habla del ahorro. En Proverbios hay muchísimos pasajes que hablan del ahorro y en otros textos también. Entonces, ¿cuál es la diferencia entre un ahorro prudente y una acumulación avariciosa? ¿Cuál es la diferencia? ¿Dónde está la línea? No, esa línea no tiene una cantidad, yo no la puedo decir ni la puedo calcular. Yo creo que depende de la motivación.
Yo puedo acumular grandes cantidades de riqueza, pero si lo hago con un propósito, con un objetivo en mente que no tenga que ver solamente conmigo, hermanos, que tenga que ver con otros, que tenga que ver con familia extendida, que tenga que ver con el reino de Dios, que tenga que ver con misioneros, que tenga que ver con obra de bien social, que tenga que ver con un buen uso de los recursos de los que yo dispongo, yo puedo acumular muchísimo dinero y no estoy pecando.
Entonces, yo diría que la diferencia entre un ahorro prudente y una acumulación avariciosa está en la motivación con la que nosotros ahorramos y acumulamos. ¿Acumulamos simplemente para tener más, o acumulamos porque ese dinero me puede ser útil para los planes de ayuda, de sensibilidad, de compasión que yo tengo? Esa es la diferencia entre el ahorro prudente y la acumulación avariciosa.
Aquí había una falta de uso. Esta gente había acumulado mucho más allá de lo que necesitaba. Y la realidad es, hermanos, cuando nosotros vemos el dinero como nuestro, nosotros llegamos a la acumulación de este tipo. El dinero no es nuestro, es de Dios. Nosotros lo recibimos por un tiempo para usarlo en nuestras necesidades propias, ciertamente, y podemos disfrutar de la abundancia también. Primera de Timoteo 6:17-18 habla de eso, de que Dios da todas las cosas abundantemente para que las disfrutemos. Pero hay un punto donde ya yo me convierto en un avaricioso, donde quiero más, quiero más. Si quiero más a costa incluso de las amistades, de las relaciones, de mis relaciones de familia, porque quiero acumular más.
En una ocasión, este señor se llama Maxey Jarman, era un ejecutivo principal de una empresa norteamericana. Él era cristiano, él ya murió. Pero durante toda su vida fue muy generoso. Él ganaba mucho dinero, era una persona de muy buena posición económica y fue muy generoso con la obra de Dios, con los misioneros, con la obra de compasión, con la obra social. Muy, muy generoso. Pero al final de sus días las cosas se le complicaron. Hubo varios reveses económicos, hubo bajadas de las bolsas, se le depreciaron algunas propiedades, y él no estaba tan bien económicamente como él estaba en sus años de prosperidad.
Y vino una persona y lo entrevista y le dice: "Señor Maxey, ¿usted no ha pensado que quizás si usted hubiese dado menos a la obra de Dios, usted hubiese estado en mejor posición hoy en día?" Y él rápidamente le responde, le dice: "No, no, tú no entiendes. Es al revés. Lo que yo di es lo que yo tengo y conservo. Lo que yo estoy perdiendo fue lo que retuve. Me lamento de haberme quedado con tanto."
Entonces, literalmente, Lucas 12:33 nos dice que la forma de acumular tesoros en los cielos es usando nuestras riquezas no para mí, sino para otros.
Y no es que yo esté llamado a vender todo lo que tengo y convertirme en un pobre, pero ser un buen administrador incluye un corazón generoso, dadivoso, que refleje ese atributo de Dios. Dios es un Dios generoso y dadivoso con los suyos, y nosotros como sus hijos debemos parecernos a nuestro Padre. Entonces, el primer pecado que esta gente estaba cometiendo era una acumulación avariciosa de sus riquezas.
El segundo pecado es en el versículo 4: "Mirad, el jornal de los obreros que han segado vuestros campos y que ha sido retenido por vosotros, clama contra vosotros, y el clamor de los segadores ha llegado a los oídos del Señor de los ejércitos." Esta segunda razón de su condena es que esta gente trató de manera injusta a sus empleados y a sus colaboradores de trabajo. Fueron injustos con aquellos que los hacían ricos, que trabajaban para ellos. Y claramente Santiago dice: "Miren el jornal." Aquí la Biblia, por lo menos en esta traducción, dice que el jornal ha sido retenido por vosotros. Esta traducción habla de que ellos no le pagaban a tiempo a sus empleados, dilataban el pago. Las razones no las sabemos con certeza, pero muchas veces uno aguanta el dinero, aunque tiene que pagar ya, para hacer que el otro haga algo más. "Te debo pagar, no te voy a pagar todavía, porque yo creo que tú me debes otra cosa, espérate." Algo así. Ellos querían mantener a los pobres subyugados, digamos obligados a ellos, y les quedaban debiendo dinero, no les pagaban a tiempo.
Pero otras traducciones, buenas traducciones, entienden que no solamente el pago era retenido y dilatado, sino que el pago era reducido y les robaban a los empleados que ellos tenían. Se quedaban con una porción del salario que les debían pagar. Y eso dice el Señor, miren lo que dice el texto: esta práctica, este salario, este jornal que ustedes han retenido o han subpagado, clama contra vosotros. Es una expresión que es un poco confusa, ¿no? Dice que el jornal no pagado clama contra Dios. La primera expresión así que vemos en la Biblia está en Génesis, cuando Caín mata a Abel y Dios confronta a Caín y le dice: "Caín, ¿qué tú has hecho?" Miren lo que dice Génesis 4:10: "¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra." Como que la sangre clama. ¿Esto es algo místico? ¿Es que Dios ve la sangre como una figura? No, no. Es una manera poética de decir que Dios ve con claridad las injusticias cometidas en la tierra.
Y estas injusticias claman, gritan, y Dios está absolutamente consciente de la más pequeña de las injusticias de la tierra, incluyendo esta gente que no era cristiana. Fíjense cómo Dios está observando, porque les va a pasar juicio a gente que cree que nunca van a estar en la posición de acusados. Pero Dios va a pasar juicio de la más pequeña de las injusticias de la tierra, y es como que estas injusticias claman a Dios, le dicen: "Se cometió una injusticia." Ese es el clamor. Dios dice: "Esto clama contra vosotros, los acusa."
Y qué importante para nosotros es que tengamos esta sensibilidad hacia la injusticia que Dios tiene. Esto es algo que viene de atrás. Dios ha sido muy claro en que Él y su pueblo deben tener un trato justo hacia los colaboradores de trabajo, hacia los empleados, hacia los jornaleros. Miren lo que dice Deuteronomio 24:14-15: "No oprimirás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus conciudadanos o uno de los extranjeros que habiten tu tierra en tu ciudad." No importa que sea un hermano israelita o no importa que sea un extranjero. "En su día le darás su jornal antes de la puesta del sol, porque es pobre y ha puesto su corazón en él, para que él no clame contra ti al Señor y ello venga a ser pecado en ti."
¿Qué sensibilidad tiene Dios para estas cosas tan pequeñas? Estos son los versículos que uno no lee a una persona que quizá no conozca tanto la Biblia, y la Biblia ve a la vez la sensibilidad de pagar oportunamente y pagar bien a los empleados. Gente que está con nosotros, que trabaja para nosotros, que nos sirve de diferentes maneras. Esto es intimidante pensar que Dios está pendiente de cada injusticia cometida en la tierra, incluyendo las que nosotros cometemos.
Y si hay un área, hermanos, en la que yo creo que nosotros podemos ser sumamente efectivos como testigos de Dios en esta tierra, es en nuestras relaciones laborales y comerciales. ¿Por qué razón yo digo eso? Nuestras relaciones laborales de contratación, de empleo, y comerciales: compra, venta, negocios. ¿Por qué digo que es un área donde podemos ser tremendamente efectivos si hacemos las cosas bien?
Bueno, en primer lugar, porque es un área con la que todo el mundo tiene que lidiar. El médico, el abogado, el ingeniero, el que limpia los vidrios, tiene que lidiar con asuntos económicos y laborales en su vida. Y nosotros vamos a chocar con mucha de esa gente haciendo negocios, en las transacciones, contratando, comprando, vendiendo, en fin. En primer lugar, es un área donde todo el mundo es impactado.
Pero en segundo lugar, es porque como el dinero se convierte tan fácilmente en un dios para la gente, en un ídolo, casi todo el mundo tiene prácticas laborales y comerciales que son injustas. Señores, cuando se trata de dinero, la gente solamente hala para su lado. En los objetivos de una negociación, de un carro, de comprar un pantalón, de comprar un zapato, es sacarle lo más barato posible. Ese es el objetivo, ¿o no? Lo más barato que se pueda. ¿No sería quizás útil y bueno que ese no sea mi objetivo, que mi objetivo sea hacer un negocio justo para ambas partes?
Yo no quiero, honestamente, yo no quiero que alguien me venda este reloj negociado bien bajito así. Si ese hombre se llevó una impresión de que yo, un hijo de Dios, soy un tacaño con el dinero, yo no he hecho bien mi trabajo de ser un fiel testigo de Dios en esta tierra. Entonces la relación comercial debe estar impregnada de compasión, de generosidad, de justicia, aun si eso implique pagar un precio un poquito mayor.
Yo prefiero que alguien me venda algo contento y diciendo: "Con fulano es un hombre justo, es un hombre que paga el precio que va, que no regatea más de lo que se debe regatear, y que haría un negocio nuevamente conmigo." Pero yo no quiero que ande por ahí un grupo de gente diciendo: "No, no, no, no. Yo le vendí una cosa a ese tipo, pero yo jamás quiero hacer negocio con ese hombre. Es el que menos paga, el que más exige." Así nos convertimos a veces: pagamos poco, exigimos mucho. Justicia en las relaciones laborales y comerciales.
¿Cuáles son, yo me pregunto, los criterios para yo fijar un salario de un empleado mío? Alguien que te ayude en la casa, alguien que te ayude en el edificio, alguien que trabaja para ti en la oficina. ¿Cuáles son los criterios que nosotros como cristianos estamos llamados a usar para asignar un salario? Yo les voy a decir: "¿Cuánto está pagando el mercado? ¿Qué es lo que se paga?" Bueno, se paga más o menos ocho mil quinientos pesos, por ejemplo. "¿Pues eso le voy a pagar?" Y si el mercado es injusto en su trato hacia las personas, voy a duplicar esa injusticia.
¿No se supone que estoy yo llamado a no llevarme tanto del mercado, sino de los criterios de generosidad y compasión que Dios tiene hacia nosotros? Si ciertamente a alguien que gana en el mercado diez mil pesos no le puedo pagar cincuenta, está bien, pero págale quince. Quédate con un chin menos y paga un poco más a esa persona.
A veces los criterios que usamos son tan mundanos que no damos la más mínima señal de que nosotros somos cristianos. Asignamos los salarios y los precios de los bienes y servicios que compramos y vendemos en función del mercado, y no necesariamente ese es el criterio que Dios quiere que nosotros usemos. Necesidades especiales: un empleado que trabaja para mí, que me sirve todos los días, yo tengo que estar pendiente de su salud, ¿o no? Yo tengo que estar pendiente de su transporte. Yo tengo que estar pendiente de cómo esa persona come todos los días. Yo tengo que estar pendiente. ¿Qué pasó con sus hijos ahora que van a entrar al colegio en agosto? Yo debería estar pendiente de esas cosas. Y un día yo debería dar un bono. ¿Por qué razón? Una idea: gratitud. Gratitud por tu servicio fiel, por tu constancia, por tu ayuda.
Bueno, algunos escépticos pueden decir: "Bueno, pero aquí la gente, si tú le comienzas a tratar así, mira, se aprovechan y abusan de ti." Bueno, el abuso usted lo corrige, pero no le subpaga. Si alguien está abusando, usted va y le dice: "Mira, fulano, yo creo que yo he tratado de ser justo contigo. Yo he sentido, yo he notado que tú te aprovechas de esto, tú esto, tú esto." Si la persona no cambia, pues tiene que sufrir las consecuencias de su abuso, entonces lo liquida y lo cancela.
"¿Por qué liquidarlo? No, no lo voy a liquidar, porque total, él no me va a montar un pleito, porque él sabe que no va a poder ganar. Él no tiene los recursos para contratar un abogado. Él no tiene el conocimiento para venir contra mí legalmente." Todas estas cosas, hermanos, son aspectos importantes para Dios. La Biblia no es un asunto de cómo cantar y cómo venir a la iglesia. La Biblia es un asunto de cómo yo vivo y reflejo al Dios que yo sigo. ¡Amén!
Entonces, estas cosas no son por capricho que Dios dice: "Tú tienes que ser generoso, tú tienes que ser compasivo." No es por capricho que Dios lo dice. No, Él es generoso, esa es su naturaleza. Cristo, siendo rico, se hizo pobre por nosotros para que nosotros fuésemos enriquecidos en su pobreza. Él se desprendió de su gloria, se desprendió de sus prerrogativas divinas para venir aquí como uno de nosotros y mostrarnos un corazón generoso y desprendido.
¿Cómo crees que Dios quiere que nosotros seamos como Él es? Esto no es un capricho. Es un reflejo de lo que Dios es. Y en la medida que nosotros vivamos estas cosas y la gente vea desprendimiento, compasión, justicia, pagos justos, sensibilidad, la gente va a comenzar a decir: "Pero hay un Dios. Esta gente tiene algo diferente." Y es impactada por ese Dios y esas prácticas.
Entonces, lo segundo que esta gente había hecho era precisamente tratar con injusticia a aquellos que les servían. Por eso Santiago promete, pronostica, profetiza un juicio duro, amargo, con gente que acumuló más allá de lo que necesitaba, con gente que trató con injusticia a los que les servían.
Tercera razón: condena a esta gente por el uso egocéntrico e inmoral de sus recursos económicos. Fíjense lo que dice el versículo 5: "Habéis vivido lujosamente sobre la tierra y habéis llevado una vida de placer desenfrenado. Habéis engordado vuestros corazones en el día de la matanza."
¿Qué es lo que pasa aquí? Bueno, no solamente acumulo mucho más allá de lo que necesito, mucho más allá de lo que la prudencia me recomienda. No solamente que yo maltrato al que trabaja para mí, es que ahora lo que yo tengo es para mí. Miren eso, me convierto en un individuo caprichoso, niño, me doy todos los gustos que quiero darme porque tengo el dinero. Esto y el dinero es de Dios. Yo debo gastar mis recursos en función de los objetivos de Dios. Ciertamente Dios me permite disfrutar de su abundancia. Sí, sí, Dios te ha dado mucho, Dios te da ciertas licencias. Quizás tú puedes tener una casa en la playa que el otro no la puede tener. Pero ojo, esa casa úsala para Dios también. Invita a tus hermanos, que disfrutemos todos. No estoy bromeando.
Lo que tú tienes, ponlo al servicio de Dios. Aquellos que necesitan un descansito: "No, mira, tú necesitas un descansito, vete un día para la casa que nosotros tenemos en tal sitio." ¿Me explico? No es para nosotros solamente que se nos da lo que tenemos. De hecho, increíblemente, en el libro de Segunda de Corintios, capítulos 8 y 9, donde hay una exposición grande de lo que es el dar, de lo que es la generosidad cristiana, Pablo dice que mientras más tú das, más Dios te añade. Porque mientras más tú das, pues tú estás haciendo un buen uso de los recursos. Dios dice: "Le voy a dar más, porque yo me agrado en la forma como este usa los recursos."
Entonces, siendo sabios y ordenados en estas cosas, debemos programarnos para tener nuestras manos abiertas con respecto a lo que poseemos: carros, casas, dinero. ¿Cómo podemos ayudar? Claro, si alguien viene a pedir ayuda, no se enseña que me diga un cheque ya. Preguntemos qué pasó, por qué llegó a equis situación. La mejor ayuda no sea resolver el problema inmediatamente; quizás sea ayudar a organizarse. Todo eso, hay espacio para todas esas cosas, pero lo cierto es que debemos tener nuestras manos abiertas. Señor, Tú dispones, esto es tuyo. Yo no quiero usar mis recursos de una manera egoísta y desenfrenada para darme todos los gustos que yo quiero.
Y dicho sea de paso, esto pasa como con los niños. Cuando tú vives una vida donde tú tienes los recursos para darte, para encapricharte, ¿tú sabes lo que pasa? Que tú te encaprichas y te enorgulleces. Porque tú te puedes dar todos los gustos que tú quieras, tú eres dueño de tu vida, tú decides lo que tú tienes, lo que eres, para dónde vas. Tú puedes comprar el carro que tú quieres, tú puedes comprar la casa que te place. ¿Dónde está el "no voy a ceder a mi deseo, sino que voy a guardar o esperar lo que Dios tiene para mí"? Cuando no es ese desafío y esa lucha a mi deseo, yo me encapricho y me enorgullezco.
A veces a nuestros niños, los que tienen niños, solo que han tenido hijos, hay una norma aceptada, generalmente aceptada en la crianza: no le dé al niño todo lo que pide, porque se malcría. Después cree que él se merece todo. ¿Usted no cree que eso pase en un corazón de un adulto? Pasa lo mismo. Entonces hay cosas que a veces nosotros podemos, pero no las hagamos, para doblegar nuestro corazón y no pensarnos la última Coca-Cola del desierto y no enorgullecernos en nuestra capacidad de adquirir lo que nosotros queramos.
Esta gente había vivido de esa manera y había hecho un uso egocéntrico de sus recursos económicos, solamente en sus caprichos, e incluso él habla de caprichos inmorales en este texto. Algunos de ellos inmorales. Y no piensen solamente, cuando hablo de caprichos inmorales, en sexo o en vicios. La Palabra, allá dice Santiago, que el que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado. Cuando una persona, por la riqueza que tiene, vive una vida de exceso, ocio, y no trabaja como debe trabajar, eso es pecado. Entonces, a la luz de la Escritura, el ocio, la inutilidad... Dios nos creó para ser productivos y útiles. El exceso de ocio es un pecado. La falta de trabajo, saber hacer lo bueno y no hacerlo es pecado, dice el libro de Santiago. O sea, que no se vayan solamente a lo inmoral, las cosas que habitualmente son inmorales, y no a aquellas cosas que son buenas que no hacemos porque tenemos todo lo que necesitamos. "Ah, pero tú no hay que hacer maldad." También eso está mal.
El libro corta por donde sea. Primera de Timoteo 6 dice lo siguiente: "A los ricos en este mundo enséñales que no sean altaneros, ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos. Enséñales que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, generosos y prontos a compartir, acumulando para sí el tesoro de un buen fundamento para el futuro, para que puedan echar mano de lo que en verdad es vida."
De lo que en verdad es vida. ¿De qué se trata esta última expresión? La generosidad. Dice: una vida generosa, vivir con una actitud pronta para compartir, eso es vida. Más bienaventurado es el que da que el que recibe. Comienza a vivir una vida de generosidad, a usted ver algo, y la satisfacción que Dios le añade a su corazón al saber que usted está contribuyendo, colaborando con las necesidades de otros.
Y por último, luego de haber denunciado todas estas prácticas: acumulación mucho más allá de lo que necesitaban, maltrato e injusticias contra sus empleados, y esta tercera de tirarme todo lo que yo gano arriba pensando que el dinero es para mí solamente para satisfacer mis caprichos, hay una cuarta razón por la que Santiago condena este grupo, y está en el último verso. Versículo 6, dice: "Habéis condenado y dado muerte al justo. Él no os hace resistencia."
Esto habla de un trato despiadado en este contexto hacia los cristianos. El justo es el seguidor de Cristo, el cristiano. Estos ricos estaban dentro de la iglesia y probablemente algunos de ellos habían incurrido en abusos hacia cristianos, hacia justos que estaban ahí, a pesar de que el cristiano no le había dado razón para tratarlo así. No le hacía resistencia, no quería buscar pleito con él, pero el corazón idólatra del dinero, el corazón injusto de esta gente, lo había llevado a tratar con injusticia a hijos de Dios.
Y a manera de aplicación, yo ampliaría esto al hecho de que muchas veces nosotros, sabiendo que tenemos más que otro, o que tenemos mejor posición que otro, o que tenemos más poder o más relaciones que otro, abusamos de esa posición de poder económico o social. Y como le dije hace un momentito: "Tengo que liquidar un empleado, pero no lo liquido. Y que vaya y que me denuncie, como yo tengo más poder, yo sé que no va a poder contra mí." Eso es perverso frente a los ojos de Dios. Es perverso cuando yo, haciendo uso de mi posición, sabiendo que mi empleado necesita ese empleo, y él lo necesita y él sabe que lo necesita, que yo lo maltrate verbalmente o lo maltrate de cualquier otra forma. Porque lo necesita. Yo sé que no se va a ir porque lo necesita. Es un abuso. Eso es darle muerte al justo. Eso es ponerlo en una posición de mendigo: "Dame aunque me maltrates." "Y si no viene hoy te descuento el día."
¡Ay, si Dios me tratara a mí de la misma forma que a veces nosotros tratamos a los demás! Qué justos somos. "No, porque si no hay que contárselo, porque después se va a acostumbrar." No, usted se lo paga y usted habla con el fulano: "¿Qué te pasó?" Antes de decirle "por qué tú no viniste, ni llamaste," no: "¿Qué te pasó primero?" Pudo haberle pasado un problema. Usted sabe la precariedad que hay en este país: un problema de lluvia, de derrumbe, de transporte, de que no había señal para llamar, que no hay señal en ningún lado si no sale de este círculo. Seamos sensibles con los demás en nuestro trato diario, cotidiano. Paguemos lo que es justo. Que vean en nosotros la generosidad de Dios, la justicia de Dios, la compasión de Dios.
Y fíjense cómo este texto, a pesar de estar en la Biblia... Como muchos, como dije hace un momento, muchos piensan que la Biblia tiene que ver solamente con asuntos de iglesia y litúrgicos y religiosos. Esto son aspectos eminentemente prácticos. Trate la gente con más justicia y acumule menos; le va a ir mejor. Hasta puede venir menos a la iglesia si lo trata con más justicia. Digo, no se tome la licencia, pero venga a la iglesia y trate con justicia. Pero Dios no está tan interesado en mis sacrificios religiosos, en mis disciplinas religiosas, como en mi rectitud de vida y mi justicia hacia los demás. Dios está más interesado en esas cosas.
Necesitamos ver el cristianismo de esa forma, como Santiago lo veía: una fe sin obras es una fe muerta. Si tú no la vives, no digas que la tienes. Ahora, si tú dices que la tienes, vívela. Ese es el propósito, y es mi oración en esta mañana que el Señor haga eso en cada uno de nosotros, nos dé ayuda a vivir lo que nosotros decimos creer, que nos haga gente consistente.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.