Integridad y Sabiduria
Sermones

Hermanos al rescate

Héctor Salcedo 9 septiembre, 2012

Entre los creyentes siempre habrá quienes se desvíen del camino, ya sea por error doctrinal o por prácticas que contradicen el evangelio. Santiago cierra su carta con un llamado urgente: cuando un hermano se extravía de la verdad, la iglesia debe salir a rescatarlo. No se trata de abandonarlo a su suerte ni simplemente orar desde la distancia, sino de tomar la iniciativa e ir en su búsqueda. La ilustración es clara: si alguien se pierde en la montaña, no basta con orar para que aparezca; hay que salir a buscarlo. Cuánto más en el plano espiritual.

Este llamado no recae solo sobre pastores o líderes. Santiago dice "si alguno le hace volver", señalando que todo creyente es responsable del caminar de su hermano. Esto es precisamente lo que distingue a la iglesia de una institución educativa o un club social: es una comunidad donde nos interesamos genuinamente los unos por los otros. Las excusas comunes —"no es mi problema", "no me han invitado", "sería falta de amor confrontar"— no tienen validez bíblica. El que está mal no va a invitar a nadie a intervenir; por definición, tiende a esconderse.

La motivación para esta tarea es extraordinaria: quien hace volver a un pecador de su error salvará su alma de muerte y cubrirá multitud de pecados. No importa cuán prolongado o profundo haya sido el desvío; hay perdón para quien se acerca a Dios con corazón arrepentido. La iglesia sana es aquella donde los creyentes se santifican mutuamente, velando los unos por los otros con gracia y mansedumbre.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Fuimos hermanos para vivir en su palabra! No sé cuántos de ustedes conocen, ahora no vamos a leer la palabra, con la atención. ¿Cuántos de ustedes conocen una organización civil que se iluminó, se llamó Hermanos al Rescate? Es una organización que se conformó por un grupo de exiliados cubanos que vivían en Miami básicamente. Y ellos se reunieron y llegaron a un acuerdo de constituir esta institución, esta entidad, con el propósito de rescatar a balseros y otros inmigrantes cubanos que se acercaban a las costas de Estados Unidos.

Como ustedes saben, cuando un cubano llega a las costas norteamericanas, inmediatamente él es receptor de un beneficio migratorio, o sea él es asilado político en los Estados Unidos, se le permite permanecer, pero tiene que llegar a las costas. Entonces estos hermanos pilotos, la mayoría de estos individuos cubanos, pilotos, constituyeron Hermanos al Rescate, cuyo objetivo era rescatar a aquellos balseros que se acercaban a las costas cubanas.

Estuvieron trabajando durante gran parte de la década del 90, desde el año 1991. Compraron tres aviones pequeños, Cessna, y estuvieron haciendo incursiones en aguas cubanas, viendo y chequeando, y salvaron muchas personas, salvaron muchos cubanos que salían de Cuba en yola, como decimos nosotros, o en balsas, en tubos, y se acercaban a las costas esperando que estos hermanos los hubieran visto desde el aire y los pudieran rescatar. Tuvieron un desafortunado encuentro con la fuerza del área cubana en el año 1996, cuando un MiG cubano, un avión ruso de guerra, pues atacó a dos de los tres aviones que tenían los Hermanos al Rescate y fueron derribados. El último avión se vendió, tengo entendido, en el año 2008; ya no estaban funcionando como institución.

Pero, ¿por qué hago esta introducción? Es por el arrojo de estos hermanos, de darse cuenta que otros cubanos, otros hermanos de ellos estaban en peligro. Estos hermanos necesitaban ayuda, necesitaban que los salvaran, y ellos estuvieron dispuestos a salir de su zona de confort, a poner recursos económicos y a poner tiempo para dedicarse al rescate de estos hermanos cubanos que se acercaban a las costas.

Y más o menos ese es el sentir de estos últimos dos versos de Santiago en su carta: que nosotros nos constituyamos como cristianos en una especie de hermanos al rescate. Y él ha estado hablando de diferentes maneras, de muchas cosas que nosotros debemos tener en cuenta para vivir un cristianismo real, genuino. Pero lamentablemente muchos nos desviaremos en el camino. Nos desviaremos ya sea a nivel doctrinal o nos desviaremos en nuestras prácticas, y a veces nuestras vidas no van a reflejar lo que se supone que deben reflejar como hijos de Dios. El llamado de Santiago no es "abandonen a esos que se pierden", sino "salgan a su rescate".

Y con esa introducción en la cabeza, vamos a leer estos últimos dos versos. Dice así: "Hermanos míos, si alguno de entre vosotros se extravía de la verdad y alguno le hace volver, sepa que el que hace volver a un pecador del error de su camino salvará su alma de muerte y cubrirá multitud de pecados."

Vamos a leerlo de nuevo para poder ir rumiando un poco y meditando un poco en estas verdades: "Hermanos míos, si alguno de entre vosotros se extravía de la verdad y alguno le hace volver, sepa que el que hace volver a un pecador del error de su camino salvará su alma de muerte y cubrirá multitud de pecados."

Yo he titulado literalmente mi sermón "Hermanos al Rescate". En estos últimos dos versos, Santiago hace un llamado a hacer algo por nuestros hermanos que se apartan de la verdad, que es parecido a lo que él ha venido haciendo. Toda su carta ha sido con el interés de confrontar prácticas y formas de pensar en la vida de estos hermanos que no se correspondían con la verdad. Y les dice: no hablen así, no enfrenten las pruebas así, enfrenten las enfermedades de esta forma, tengan paciencia en medio de la tribulación. Porque lamentablemente en el camino muchos de nosotros a veces nos perdemos y no sabemos cómo reaccionar. Y algunos nos perdemos involuntariamente, pero la mayoría, yo diría, de los que se pierden lo hacen de manera intencional, siguiendo precisamente nuestros deseos y pasiones en cosas que no son del agrado del Señor.

Yo quisiera entonces que viéramos tres cosas en este texto. Primero, ¿qué tan necesario es este llamado a ser hermanos al rescate? ¿Por qué es necesario eso en la iglesia? Número dos, ¿quiénes son los colaboradores? ¿Quiénes son los rescatistas? ¿Quiénes se supone que sean aquellos que están dispuestos a rescatar a aquellos que se pierden? Y número tres, ¿cuál es la motivación o estímulo que Santiago da para nosotros convertirnos en rescatistas de aquellos que se extravían de la verdad?

Comencemos por ver la necesidad de ser hermanos al rescate, de tener esa intención de rescatar a aquellos que se pierden. ¿Por qué es necesario este sentir dentro de la iglesia? El versículo 19: "Hermanos míos, si alguno de entre vosotros se extravía de la verdad." Santiago nos confronta con una realidad, y es que tú y yo, hermanos cristianos, y otros que se llaman hermanos cristianos, en algún momento de su vida se van a extraviar, se van a perder en el camino, van a ser engañados, seducidos, atraídos a salirse del camino de la fe, a salirse de las cosas que han dicho creer, y van a comenzar a creer y a seguir otras cosas. A riesgo de su propia alma, pero eso es una realidad entre nosotros.

Es una realidad que nosotros vamos a tener momentos de desvaríos, momentos de locura cristiana, por así decirlo, donde no seremos racionales en nuestra manera de pensar, donde seguiremos más los deseos de nuestro propio corazón que los deseos de Dios para nosotros. Y a veces ese error y ese desvarío y esa pérdida tiene que ver con algo doctrinal: yo comienzo a creer cosas erradas, cosas equivocadas, comienzo a abrazar doctrinas que no son bíblicas. Pero en la mayoría de los casos tiene que ver con errores morales, donde yo comienzo a perseguir prácticas y hábitos y formas de vivir que no se corresponden con la verdad del Evangelio.

Y de ahí entonces la necesidad de que la iglesia se vea a sí misma, de que nosotros nos veamos a nosotros mismos como una entidad de hermanos al rescate. Es que hoy yo estoy bien, mañana yo no sé. Hoy es que mi hermano está bien, pero mañana yo no sé. El día que mi hermano se desvíe, el día que yo me desvíe, yo quisiera que me salieran a rescatar.

Imagínense ustedes que alguien se pierde en la maleza del Pico Duarte, alguien se pierde, como ha sucedido. En días pasados estaba orando por una persona, un joven que se había perdido en el Pico Duarte. Y sucede que él se pierde pero nadie lo sale a buscar, y aparece a los seis días el hombre, hambriento, sediento, todo rasgado, y la gente dice: "¡Ah, fulano! Yo supe que tú te perdiste, pero nada, estaba orando, estaba orando para que tú aparecieras." Y nadie lo salió a buscar. "No, no, estábamos aquí orando en la iglesia, esperando que el Señor fuera en tu rescate, y el Señor es poderoso, mira cómo tú estás sano y salvo." Y el hombre: "Bueno, ¿así es cómo quiero yo que oren por mí? ¡No!"

Hay un deseo que yo tendría de que si yo me pierdo en un paseo, me salgan a buscar. Pero cuánto más en el plano espiritual. Si yo me pierdo, yo quiero que me salgan a buscar. Por favor, por favor, no oren por mí nada más, ¡sálganme a buscar! Y esa debe ser la intención de nosotros, y es que nosotros tengamos un verdadero y genuino amor por el hermano. Es un tema que voy a atacar más adelante, porque parte del problema nace ahí, que no hay un verdadero y genuino amor por los hermanos que se pierden y por el hermano que se desvía.

Pero bueno, por lo pronto entonces, la realidad es que hay una necesidad de que nos veamos a nosotros mismos como hermanos al rescate, porque hay gente que se va a perder y se va a desviar en su fe.

Aquí surge un punto controversial dentro de la carta de Santiago. Tiene muchos puntos controversiales. Y es: bueno, ¿de quién está hablando Santiago? Porque en nuestra iglesia pensamos que el que es creyente es creyente, y Dios garantiza su salvación, y Dios garantiza que esa persona va a llegar hasta el final de sus días. Y aunque sea en su lecho de muerte, pero él se va a arrepentir y va a entrar al reino de Dios. Eso lo creemos, lo predicamos, entendemos que es algo bíblico. ¿Y entonces por qué Santiago habla que si alguno de vosotros se extravía de la verdad?

Algunos dicen: "Bueno, no, no, estos son cristianos genuinos, porque Santiago dice 'hermanos míos' y 'alguno de vosotros', se está hablando de cristianos." Pero, ¿qué pasa? Que Santiago dice en el versículo 20 que cuando los rescatemos, sepa que haremos volver a un pecador del error de su camino y salvaremos su alma de la muerte. Pero, ¿cómo que salvaremos su alma de la muerte si él nunca estuvo en peligro de perder su alma porque es cristiano? Esa es la controversia.

Entonces, la realidad es que cuando leemos el texto y leemos lo que Santiago está tratando de hacer a lo largo de su carta, Santiago nos ha dicho que hay hermanos entre vosotros que profesan tener fe pero no la muestran con sus obras. Yo diría que el centro del mensaje de Santiago está precisamente en Santiago 2:17, donde dice así: "Así también la fe, por sí misma, si no tiene obras, está muerta." O sea, tú dices que tú eres creyente, que tú eres cristiano, que tú eres seguidor de Jesús, pero tú no tienes una práctica de vida, tú no tienes una manera de hablar, una manera de ser, una manera de actuar que refleje que tu fe en Cristo es genuina y es real. Santiago dice esa fe no es real, está muerta, no es genuina, no te salva. Es una profesión de fe pero no es una fe transformadora.

Y Santiago está hablándole a lo largo de su carta a este tipo de personas. En 1:22 dice lo siguiente: "Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores." Oigan esto: "Que se engañan a sí mismos." O sea, gente que oye la palabra, bien, y se sienta en la iglesia, a veces la lee.

En su casa, lo oye hoy en el radio y él piensa que está bien porque le está oyendo la Palabra. Se engaña a sí mismo, porque si no tiene una vida que respalde su profesión de fe, no es real, no es genuina. ¡Cuánta gente puede estar en esa condición! Oidores. Se sientan, tienen actividad religiosa, vienen a la iglesia, a veces oran, le piden a Dios que bendiga sus planes. Pero en realidad, en el fondo, no han cedido, no han doblegado su voluntad a la voluntad del Señor.

Viven vidas egoístas, vidas independientes, vidas religiosas pero no transformadas por el Señor. Y en ese estado, Santiago entiende que esos son gente que se han desviado de la verdad. Ellos piensan que están en la verdad, pero se han desviado de la verdad. Y yo entiendo entonces que Santiago le está hablando aquí a ese grupo de personas.

El Señor está hablando aquí a este tipo de individuos, y lo ha estado haciendo a lo largo de la carta: gente que se cree salva pero que no lo es. Y por eso el resultado es que cuando los rescatemos, salvaremos su alma de la muerte, porque ese hombre se va a condenar si no se arrepiente, si no es sincero consigo mismo y se da cuenta de que realmente no es un seguidor de Cristo, que realmente es un religioso. Se va a condenar, por eso es que Santiago dice eso.

Ahora, la pregunta es: si alguno de vosotros se extravía de la verdad, bueno, le llama hermano. Yo entiendo, porque nosotros no sabemos. Nosotros no sabemos si el hermano que vamos a rescatar, que está aquí con nosotros, que dice "gloria a Dios", "Dios te bendiga" y todo eso, en el fondo no es creyente. Solo lo sabe Dios, no lo sé yo. Yo voy y lo trato de rescatar como si fuera un hermano. Es como si los Hermanos al Rescate cubanos, los del avión, ellos llegan a una balsa, descienden porque eran algunos aviones que aterrizaban en el mar, descienden y había diez personas en la balsa, y decían: "Al cubano, a los cubanos nos los llevamos, los otros los dejamos en el mar". No, tú, este llamado es: aquí hay gente que está aquí pero no lo es, se desvía de la verdad. Tú no sabes si ese lo es o no lo es, pero tú vas como si lo fuera, por amor, por lo que hizo el Señor por nosotros. No le dices: "Pero tú, ¿eres cristiano genuino? Tú vas a hacer todo, Señor, y hacemos una evaluación antes". Y le dices: "No, pues yo no te voy a rescatar porque tú te perdiste y tú no eres cristiano". No, eso no lo sabemos nosotros, lo sabe el Señor. Por eso Santiago trata a esos hermanos como si fueran hermanos.

De hecho, Pablo lo dice de esta forma en su segunda carta a los Tesalonicenses, capítulo 3, versículo 14. Dice así: "Y si alguno no obedece —oigan esto— si alguno no obedece a nuestra enseñanza en esta carta", si alguno no obedece a nuestra enseñanza en esta carta, se desvía de la verdad, "señalad al tal y no os asociéis con él, para que se avergüence". O sea, corten la asociación. "Sin embargo, no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a un hermano". Oye, Pablo, pero tú me estás diciendo que ni siquiera me junte con él. Sí, pero amonestadle como si fuera un hermano, porque tú no sabes al final si lo es. Dios solo lo sabe. Entonces, por esa razón yo entiendo que Santiago le está hablando a gente que está aquí pero que no lo es, pero que nosotros necesitamos alcanzar. Y como no sabemos si lo es o no lo es, necesitamos hacerlo como si fuera un hermano en el Señor.

Ahora, tengamos cuidado, hermanos, porque lo que yo estoy enseñando no es que el cristiano no peca. O sea, ojo, el cristiano se puede desviar. Él no se va a desviar permanentemente porque el Señor lo va a traer, porque Dios es fiel. Pero el cristiano se puede desviar, y Dios ha provisto la iglesia precisamente con ese como uno de sus propósitos: que cuando el cristiano genuino se desvíe, también sea rescatado por aquellos hermanos que permanecen en la verdad. El cristiano... sería un error pensar que los únicos que necesitan ser rescatados son aquellos que están aquí que no son realmente cristianos. No, a veces hay cristianos, y este es el llamado. Santiago nos indica también que a veces cristianos se desvían, se desvían profundamente de la verdad, y están perdidos, están engañados en su propia vanidad y en el orgullo de su mente y en su pecado, y abrazan cosas que no debían abrazar, pero las abrazan. O sea, que el cristiano peca.

Y sucede que el cristiano que peca no se deleita en ello. Santiago, perdón, Pablo nos habla de eso en su capítulo 7 de Romanos. El cristiano puede pecar, pero no se deleita en el pecado. A él le duele cuando peca. Le gusta a su carne, pero le duele a su espíritu, le duele en su interior. Él se arrepiente y vuelve a su Señor. En la expresión de Charles Spurgeon, que dice: una vez las ovejas se pueden caer en el lodo, pero los puercos se revuelcan en él. El cristiano se puede caer, pero no se revuelca. El que se revuelca no es oveja. Entonces quería hacer esa observación, porque pudiera pensarse que estamos diciendo que todos los que están aquí son hermanos que no son genuinos, que hay que rescatar. No, pero hay genuinos que hay que rescatar también, que a veces se pierden en el camino.

Esa es la necesidad, hermanos, de que nosotros nos veamos a nosotros mismos como hermanos al rescate. Porque entre nosotros habrá algunos que se van a desviar de la verdad, doctrinalmente hablando y moralmente hablando, y necesitan ser alcanzados, rescatados de esa manera de pensar o de esa manera de vivir.

Pero hablemos ahora de quiénes lo van a hacer, eso es necesario. ¿Quién lo va a hacer? Bueno, para eso están los pastores y están los ancianos de la iglesia y los diáconos. La esposa de pastores están ahí para eso, para estar pendientes de los que están alejándose del camino y necesitan ser rescatados.

Bueno, ¿qué dice el texto? Versículo 19, la parte B. Leamos desde el 19 del principio: "Hermanos míos, si alguno de entre vosotros se extravía de la verdad, y alguno le hace volver, alguno le hace volver". Bueno, esto no es un trabajo de los pastores ni de los ancianos ni de los líderes. Es un trabajo de todos. Y yo creo que esto tiene un gran trasfondo práctico, hermanos. ¿Cómo creemos nosotros que los pastores, un grupo reducido de hermanos, vamos a estar al tanto y pendiente de esta congregación? Y entonces son el segundo grupo, ahorita también es otro tercer grupo. ¿Cómo podemos, ni que quisiéramos? Yo quisiera estar al tanto, quisiéramos estar al tanto de todas las situaciones que ustedes viven y que nosotros vivimos, pero no podemos. Es imposible, es humanamente imposible.

Por eso, cuando usted sienta que usted sufrió algo o se desvió de alguna forma y ninguno de nosotros se hizo presente, no creo que fue porque no quisimos. Quizás no nos enteramos ni siquiera. Eso es vital, no solamente para descargarnos a nosotros un poco, para cuidar su corazón contra nosotros, pero más importante aún, hermanos, es que nosotros aquí, la iglesia completa, comencemos a entender que tú eres responsable por el caminar de tu hermano. Esa es la esencia de este mensaje.

Eso es lo que nos diferencia, hermanos, de una institución educativa. Usted va a una universidad a aprender verdades. Entonces se sienta ahí, le hablan, le enseñan. Bueno, ¿en qué se diferencia una iglesia de una universidad? Porque ustedes vienen aquí a sentarse, a aprender, yo le enseño cosas y le enseñamos nosotros. La diferencia está en la relación que hay entre los estudiantes. Esta es una comunidad de gente que se interesa los unos por los otros. Yo no vengo aquí a que me enseñen, saco una buena nota. No, no. Yo vengo porque yo he decidido vivir mi vida junto a este grupo de gente, y vamos a estar pendientes los unos de los otros. De lo contrario, no es una iglesia, es una entidad educativa, un club, un club social para pasar la junta. Pero cuando las cosas se ponen, como decimos, color de hormiga, "ah, imagínate, no, ah no, fulano no, fulano tal mal, pues ve de fulano". Los colaboradores, los rescatistas, hermanos, somos todos.

"Y alguno le hace volver". Todo cristiano debería verse a sí mismo como un rescatista delegado por Dios en favor del hermano que se pierde, en favor del hermano que se extravía. Eso no lo dice este texto solamente, lo dice Mateo 18. Voy a leer solamente el versículo 15: "Y si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas". Ve, toma la iniciativa. Nadie te tiene que decir, el pastor no te tiene que instruir, nadie lo tiene que... Si tú estás al tanto del pecado, la caída o el desvío de un hermano, y está cerca de ti, tú vas en favor del hermano y lo rescatas de su manera de vivir, de su manera de pensar, de su desvío. Ahorita vamos a hablar un poco en términos prácticos de cómo lo podemos hacer, pero solamente quería señalar que esto no está solamente aquí en Santiago, está en Mateo 18.

Por más aún, Gálatas 6, versículo 1. Oigan cómo lo dice Pablo. No lo dijo Jesús en Mateo 18, ahora Pablo en Gálatas 6: "Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales", los que están bien, los que permanecemos en comunión con el Señor, los que estamos enfocados en la Palabra todavía, oigan lo que dice ahora, "restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado". Es que estamos supuestos a velarnos los unos por los otros en los desvíos, en los errores, en las caídas. De otra manera no sería una iglesia.

Aquí entonces, cuando uno es llamado, muchos ponen excusas. "Bueno, imagínate que no es correcto que yo me esté metiendo en la vida de otro, sobre todo si ese otro no me ha invitado, no me ha hecho parte de su vida". Bueno, lo que pasa es que el que está mal, por definición, no te va a invitar. Si fuera bien: "A ver, lo que yo estoy haciendo ahora me ha dañado, al próximo mate para yo contarte en lo que he estado últimamente perdido". El hombre, él no lo va a hacer. Al contrario, él se va a esconder. Es la tendencia humana cuando fallamos. ¿Qué fue lo que hizo Adán? Adán peca y el próximo versículo vemos: "Adán, Adán, ¿dónde estás?" "Bueno, que yo pequé, tuve miedo y me escondí".

Eso es lo que pasa con los hermanos que están en pecado. Inmediatamente nosotros comenzamos a ver que no están aquí, no están en el grupo de parejas, no vienen al grupo de jóvenes, no están presentes en la comunidad de la iglesia, y se sientan allá atrás. No se sientan mal ustedes allá atrás, yo sé que hay que llenar allá atrás. Pero a veces, a veces se sientan aquí adelante para hacer pensar que están bien también, porque ellos saben que los pastores saben que si están allá atrás una vez, están mal. No se sientan mal, es que si usted típicamente se ha sentado más cerca, comienza a retroceder. Pero si usted se ha sentado normalmente allá atrás, no hay problema. Ahora, si lo veo aquí adelante, ahí está el problema. El punto es que uno cambia de asiento cuando uno está mal, ese es el punto, esa es la idea. Para que no me vean donde yo estaba antes.

"No es correcto entrometerse en la vida de los extraviados si no soy invitado primero". Esa excusa no es válida, porque no te van a invitar. No te van a invitar, por definición se van a esconder. Hay una práctica muy común en psicología y terapia para los adictos, adictos al alcohol, adictos a las drogas y a otras sustancias, que se llama una intervención, que es...

Que la persona ha estado destrozando su vida con una adicción, y la familia y los amigos se ponen de acuerdo en que lo van a convocar a una reunión donde van a ver cinco o seis o diez personas amigas de esa persona, y donde le van a decir de frente: "Fulano, tú estás mal, tú necesitas cambiar". Una intervención. Tú interceptas el camino, te le pones adelante y le dices: "Si sigues así, no cuentes con nosotros", como una forma de estremecer a la persona y decirle: "Fulano, tú tienes que detenerte en el proceso". Porque el concepto es que el que está mal necesita ser intervenido, interceptado, rescatado. Entonces no es una excusa válida esto de que "no me han invitado, yo entonces no voy a ser parte de los rescatistas", porque obviamente esa es, por definición, la condición que necesita la persona: ser rescatado.

En algunos casos, hermanos, el extravío es intencional. Y tratándose de nosotros, seres pecadores, a veces nosotros nos extraviamos, pero no es que nos hemos perdido. Estoy perdido con relación a Dios, pero yo sé dónde estoy, y a veces yo no quiero que se me busque. Y nos pasa entonces, cuando tratamos de rescatar esos hermanos, como le pasa a uno cuando uno trata de sanar un perro enfermo. No estoy llamando perro a los hermanos, es una ilustración. El perro enfermo, tú lo vas a curar y te muerde. El hermano extraviado, el hermano perdido que está intencionalmente desviado porque le gusta lo que está haciendo, a veces te va a herir y te va a ofender y te va a decir: "¿Para qué tú estás aquí?" Pero la responsabilidad de nosotros no es salir huyendo ante su ladrido, es tratar de rescatarlo en amor, con mansedumbre, sabiendo que yo puedo estar en la misma condición.

Otra excusa que muchos ponen: "Bueno, es que imagínate, si yo le digo eso, eso como que no es amor. Decirle a una persona lo mal que está, decirle a una persona las consecuencias de su acción, eso no es amar a la persona, porque amar a la persona es aceptarlo como es e incluso aplaudir lo que está haciendo". Y sucede entonces que a veces estamos al lado del hermano que está mal en su vida y decidimos no decir nada, como para ver si por obra de gracia y magia espiritual el hermano cambia. Y no mencionamos nada porque sería un gesto de desamor si yo le digo a mi hermano lo mal que está o el camino que está tomando y las consecuencias de su camino.

Y esa es una de las mentiras más comunes en nuestra generación. Yo diría que es humana, siempre ha sido una mentira presente, pero hoy en día está la idea de que si yo le digo al otro que está mal en su camino, eso es un acto de desamor hacia esa persona. Lo que sería un desamor es no decirle lo mal que está. Imagínense que te toca un médico. Tienes cáncer. El médico tiene el diagnóstico en la mano, tienes cáncer, pero el médico dice: "Antes de que usted entre al consultorio, yo no le voy a decir nada porque él se va a sentir mal. Imagínate si yo le digo que tiene cáncer, imagínate la tristeza, las lágrimas que se van a producir en esta persona. Yo me voy a quedar callado y nada, voy a orar a ver si esto cambia". ¡Por favor! El que tiene cáncer dice: "Doctor, dígame lo que yo tengo, dígame lo que yo tengo, porque si no me dice que tengo cáncer, no puedo darme tratamiento".

¿Cómo usted cree que el pecado, cuál es el efecto del pecado en un alma? Es como un cáncer, va cogiendo cada vez más áreas y más áreas y más áreas, al punto que puede la persona perder su alma. Entonces no es amor el no decirle al otro lo mal que está. De hecho, es todo lo contrario, es una insensibilidad no advertirle que de continuar así va a sufrir las consecuencias.

Otra excusa: "No, es que ese no es mi problema". El individualismo de nuestros días. "No, imagínate, eso no me tiene, eso..." Porque es lo más fácil, porque lidiar con todas estas cosas, hablar con una persona, este tipo de conversaciones pesadas, no es cómodo, no es bueno. Pero qué refrescante es cuando yo traigo un tema como ese y la persona acepta, y hay un grato regreso a la verdad. Pero no, a veces: "Bueno, son mis problemas" o "del otro" o "pero mío no es".

Le sucede a uno como... Imagínense que la casa de usted se está quemando, que hay fuego, y llegan los bomberos, y el bombero se para en la acera y dice: "¿Cómo le ayudamos?" Y la casa quemándose, y el bombero: "¿La casa es suya?" "Sí, sí, es la casa mía". "No vamos a hacer nada, no, vamos a darle un ratico más, que ya es más completa". ¡Pero ven acá, bombero! O el policía, verdad, que ve que le dan una golpiza a una gente y se para al lado y se va. Cuando yo veo a alguien que no está cumpliendo con su responsabilidad, eso me causa una sorpresa tremenda.

Y sucede que nosotros vemos la casa de nuestro hermano quemándose en términos morales o doctrinales, lo vemos desviarse, lo vemos perderse, y a veces nos paramos a verlo de afuera. ¿Se pueden imaginar? ¡Qué daño, qué daño! Venimos a recoger los escombros después, pero no tiramos agua a tiempo y no intervenimos a tiempo cuando la persona estaba sufriendo.

Y una última excusa, hermanos: es que no sabemos qué hacer o cómo hacerlo, y eso pues me cohíbe, me limita. "Yo no voy a decir nada a mi hermano. ¿Y cómo yo le digo eso a mi hermano, a mi papá?" Porque todo se da en el contexto de la familia: a mi esposa, a mi esposo, a mi hijo, a mi papá, a mi pastor, a mi hermano, también a mi colega. "¿Cómo yo le digo una cosa así? No, yo no sé". Y nos perdemos, nos perdemos precisamente porque no sabemos. Y si ese es el caso, busque consejo, pero no se detenga en su proceso de rescatar al hermano que necesita esa ayuda.

Bueno, cualquiera de estas excusas no nos exime de nuestra responsabilidad de ser parte de los rescatistas. Porque cuando yo creo que no es mi problema, yo entro en contradicción con la Palabra de Dios que me dice: "Sí es tu problema". Porque es Santiago que me está diciendo: "Si alguno de vosotros le hace volver...". Es Gálatas, de Pablo, que me dice: "Si ven a un hermano en esta condición, restaurarlo". Es Jesús que me dice en Mateo 18: "Si tu hermano peca...". Entonces es mi problema, dice la Biblia, es mi problema.

Y cuando eso sucede en la familia de Dios, en la iglesia, es nuestro problema. ¿O de quién es? Es nuestro problema. Y a veces la iglesia está enferma precisamente por eso, porque no hemos sabido velar, cuidar los unos de los otros, no hemos sabido ser instrumentos de santificación mutua, no nos hemos sabido rescatar los unos a los otros de los errores en los cuales estamos, de las malas prácticas en las cuales estamos, de las prácticas pecaminosas en las cuales estamos. Y la iglesia está enferma y padece por eso, porque cada uno nos vemos aislados y nos hemos quedado en nuestro propio espacio.

Y yo quisiera ahora decirles algo a aquella persona. Vamos a suponer que usted hizo su trabajo, pero aquella persona que quizás está recibiendo la ayuda, el rescate... Porque puede pasar eso, puede pasar que usted se acerca a un hermano que se está ahogando. ¿Ustedes no han oído eso en programas de reality de rescates? Que es un peligro a veces rescatar una persona que se está ahogando, porque él comienza a darte también porque piensa que tú representas un mayor peligro para él, y la persona comienza a alejarte.

Hermano, si alguien se te acerca y te confronta con algo, alguna práctica o hábito o estilo de vida, abre la mente, abre el corazón. Puede ser que la persona no tenga razón, pero puede tener razón. Al final no te preguntes si lo hizo bien, no preguntes por qué fue, "no me debieron decir de esa forma". El punto no es la forma. El punto es: ¿lo que te dijo fue verdad? Si lo que te dijo fue verdad, si tú a la luz de la Palabra de Dios, de lo que tú conoces, o de tu conciencia, tú sabes que lo que te están diciendo es verdad, acéptalo aunque el otro se haya equivocado en la forma que lo dijo. Por la forma no elimines el fondo. ¿Estamos de acuerdo?

Porque a veces nosotros, entonces, en nuestro estado de desvío, de extravío, estamos ahí, orgullosos: "No, porque tú no me debiste decir eso" o "¿Quién eres tú, que estás mal?" "No, porque fulano se cree más papista que el Papa, que ahora todo el mundo está...". Yo no sé, porque nadie te está diciendo que tú eres sencillamente... Te estamos tratando de rescatar. Entonces la persona, en su desvío y extravío, se pone resistente: "No, ya yo no quiero, no".

Bueno, en algún momento Dios te quitará toda cuerda que lanzó en tu favor, te la va a quitar, y te van a dejar que te ahogues. Y cuando llegues al fondo y te ahogues, quizás respondes, como le pasó al hijo pródigo: "Papá, dame mi porción, papá". "¿Ay, hijo, yo no te voy a..." "No, no te estoy entendiendo". "Está bien, si tú quieres, te lo entrego". Pero eso sí, llegó hasta el fondo, y de allá volvió en sí.

Y a veces tenemos que hacer eso. A veces esa es la mejor ayuda que podemos prestarle a alguien. Hacemos el intento, nos acercamos, llega un punto, hermano, donde ya la verdad ha sido dicha, ha sido planteada, donde nos corresponde retroceder y decir: "Señor, te lo dejo a ti", y dejar que la persona sufra las consecuencias de su decisión. Quizás eso lo hace cambiar. Pero no sin antes intentar rescatarle, no sin antes intentar rescatarle.

Por último, entonces, vimos que esto es necesario porque es que no podemos perder. Vimos quiénes son los que deben estar involucrados aquí. No somos solo nosotros, nada malo para nosotros, estamos en esto también, pero tenemos que tener la ayuda de ustedes. En tercer lugar, ¿cuál es la motivación para hacer algo como esto? Santiago dice ya en el versículo 20, la última parte del 19 y el 20, dice: "Y alguno le hace volver". Si le hago volver, ahora viene: "Sepa que el que hace volver a un pecador del error de su camino, salvará su alma de muerte y cubrirá multitud de pecados".

¡Qué grandioso! Que yo, en esta tarea de rescate, no solamente estoy salvando una vida física, no, se trata de salvar un alma eterna. ¡Qué tremendo privilegio ese! A veces yo me pregunto, por ejemplo, yo veo tareas como la de bombero, yo digo: "¿Cómo es que hay gente que quiere ser bombero?" Díganme, ¿cuál es el beneficio de ser bombero? ¿Cuál es el beneficio? ¿El dinero? No, dinero no es eso.

No es seguro que sea por dinero, no lo es. Pero vamos a ponerlo más agudo el examen. ¿Un bombero en República Dominicana? ¿Por qué una persona querría, en sus sanos juicios, ser bombero en República Dominicana? Por dinero no es. Por prestigio no es. Hay un sentido del logro, hay un sentido de propósito cuando, aunque mi tarea no sea placentera, el logro es tan grandioso que me llama a estar ahí, me llama a estar ahí.

Entonces, en este proceso, nadie quiere confrontar a otro. Nadie aquí quiere estar discutiendo con la gente, diciéndole a la gente lo mal que está y lo desviado que se encuentra y las consecuencias que le van a caer. Yo no quiero estar en eso. Yo no quiero, en mis sanos juicios, estar en eso. Pero hay un sentido del logro que me debe embargar de yo intentar, tratar de rescatar esa persona de la verdad, salvar su alma de la muerte, en el caso que la persona no conozca al Señor de manera genuina, porque ese es el destino de los que no conocen a Cristo de manera genuina, de los que no se han arrepentido de manera genuina. Hay una condenación prevista, prometida, para aquellos que no han entregado su vida al Señor Jesucristo.

Para Dios, la muerte física no es la muerte. Por eso dice aquí "salvar a su alma de la muerte". No es la muerte física, es la muerte espiritual. Miren cómo Jesús, en Juan 11:25, le dice a Marta, la hermana de Lázaro. Jesús le dijo: "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá." ¿Cómo que aunque muera vivirá? Eso parece una contradicción. Lo que pasa es que Cristo está hablando: aunque tú mueras físicamente, tú vivirás espiritualmente. Tu alma vivirá, porque la muerte para Dios no es la física, es la espiritual, que tiene que ver con la separación de Dios.

Cuando la persona se muere sin Cristo, se muere sin haberse arrepentido de sus pecados y haber recurrido al Señor en arrepentimiento, esa persona se condena. Murió físicamente, pero murió espiritualmente, eternamente y para siempre. Esa es la realidad. No podemos aquí venir a pintar un eufemismo de la muerte: "Bueno, que pasamos a otro estado," como los esotéricos dicen, como algunos liberales cristianos: "Bueno, ya ahí llegaste, ahí llegaste, ahí tú estás y descansó." Descansó el que murió en Cristo, descansó. Pero el que no murió en Cristo, ahora comenzaron sus sufrimientos, según la Biblia. A mí me duele decir eso, hermanos, pero es la realidad.

Entonces, si tú estás teniendo una vida de pecado, de pecados recurrentes, de pecado que no te duele en el corazón, donde tú te deleitas en él, quizás es una indicación de que tú estás en peligro de perder tu alma. Porque el que es creyente, ya ha aceptado a Cristo en su corazón y ha sido transformado por el Espíritu, el pecado le duele, el pecado lo estremece, el pecado lo aflige. Pues pensamos que bueno, venimos aquí, estamos bien con Dios. ¡No estamos bien con Dios!

Entonces esta persona salvará su alma de la muerte. Gran, gran estímulo para el que quiera rescatar a otro. Pero no solamente eso, es que cubrirá multitud de pecados. Cubrirá multitud de pecados. Esta expresión quiere decir sencillamente: Dios lo perdonará, Dios cubrirá sus faltas, no importa cuáles sean, no importa qué tan largo haya sido. Y esa es una de las cosas que a veces impide que la gente se acerque a Dios: porque tiene tanto tiempo pecando, tanto tiempo haciendo lo mal hecho, tanto tiempo, su consciencia está tan cargada, que piensa que para él no hay solución ni esperanza.

Y la Biblia habla de esta expresión en muchas ocasiones, y es que Dios cubre. No importa qué tan profundo, qué tan largo haya sido el pecado, Cristo murió por el peor de los pecadores: el peor, el más cruel, el más egoísta, el más prolongado y dilatado de los pecadores tiene perdón si se acerca al Señor con un corazón contrito y humillado, que dice la Palabra que Dios no rechaza. No hay forma de que Dios retenga el perdón de aquella persona que se acerca arrepentido de sus pecados.

El salmista dice en el Salmo 32: "Cuán bienaventurado es aquel cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto." Cubrirá multitud de pecados. Cuán bienaventurado es aquel cuya... ¿Pero quién es que haya cobertura para sus pecados? El que se arrepiente y se acerca.

Entonces, si tú estás lejos, si tú estás desviado, extraviado de la verdad, intencionalmente o sin intención, si algo te ha seducido, si alguien te ha seducido para apartarte de la verdad, reconsidera tu camino. Míralo quizás como una advertencia del Señor, este sermón, de que si sigues por ahí corres el riesgo de perder tu alma. Pero en Él hay perdón y hay redención y hay cobertura de pecados, no importa cuáles esos pecados sean. Yo que sí era.

Entonces podemos ver tres cosas: la necesidad de este sentir de la iglesia de ser rescatista, los colaboradores que somos todos, y por el mismo tiempo, el estímulo que tenemos de que cuando logramos que alguien regrese, qué gran beneficio le hemos dado a su alma.

Que consideremos algunos puntos prácticos en cuanto a la confrontación, que yo considero importantes. En primer lugar, ¿quién debe ir? Sencillo: ¿quién debe ir a confrontar a otro, a rescatar a otro que está desviado o perdido? Debe ir, en primer lugar, el que tiene conocimiento del pecado a confrontar, y si tiene alguna relación con el desviado, con el extraviado. La verdad es mejor recibida en relaciones de amor. Cuando yo nunca me he interesado en esa persona, y sucede que cuando está perdido yo voy, lo acuso, ¿qué va a decir? "¿Por quién eres tú? ¿Ahora tú te interesas en mí?" Verdad. Pero si tú estás cerca de esa persona y tú conoces de su situación, tú eres un buen candidato. No necesariamente eres él, pero eres un buen candidato. Pídele al Señor que te dé sabiduría, dirección, discernimiento para saber si a ti te corresponde hacer eso. Y no lo dejes por mucho tiempo, porque al final nosotros duramos más orando que accionando. Y a veces yo digo: "Bueno, ¡acciona! Hazlo ahora mismo y tú verás cómo yo te bendigo."

Número dos: infórmate bien antes de ir. No te lleves por un chisme, por un rumor, alguien te dijo. Trata de conseguir la información de la fuente, verlo por ti mismo, ser testigo, o que alguien muy cercano a esa persona que tú puedas llamar y consultar discretamente te pueda dar información correcta. Para tú no ir con una información incorrecta o una calumnia, se la tiras al hermano, y el hermano dice: "¿Y quién te dijo eso? No es así." Ahí se cayó todo intento de rescate.

Número tres: cuida tu corazón de no juzgar las intenciones, sino las acciones. No es lo mismo yo decirle a un hermano: "Es que tú eres un egoísta," a decirle: "Mira, lo que tú hiciste me da una indicación... Eso que pasó es como si tú estuvieras actuando de manera egoísta." No es lo mismo señalar una acción que una intención. ¿Por qué digo eso? Bueno, porque la Palabra dice: "No juzguéis para que no seáis juzgados." Pero, ¿qué es lo que la Palabra nos dice que no juzguemos? Que no juzguemos las intenciones del corazón, que solamente las conoce Dios. Ahora, yo sí puedo juzgar, yo tengo permiso para juzgar dos cosas: enseñanza, doctrina, creencias que alguien abrace —yo eso es observable, verdad, yo veo lo que la persona cree— y acciones.

A veces los esposos tienen la discusión... Y no es porque no, ningún luce a mi matrimonio, es mucho menos de verdad. Es lo que pasa, que el matrimonio es un caldo rico para ilustraciones en el proceso de santificación. En el proceso, la esposa o el esposo acusa a su cónyuge de que: "No, que tú no me quieres, tú no me amas." "¿Cómo sabes tú que yo no te amo?" "Bueno, porque tú no me esto, tú no me esto, tú no me aquello." "Bueno, lo que pasa es que tú entiendes que porque yo no hice esto, no hice esto, no hice aquello, yo no te amo. Para ti, lo interpretas como que yo no te amo. Pero el que sabe si te amo, ¿no soy yo? Porque yo soy el que sé lo que hay adentro, y Dios." Verdad.

Entonces, yo voy a señalarle algo a mi esposa, yo no puedo decir: "Esposa, no, porque tú hiciste eso, yo sé por qué tú querías..." No, raro. Yo no sé por qué ella quiso hacer eso. Ahora, yo sí le puedo señalar y decir: "Lo que tú hiciste me molestó, y me dolió lo que hiciste." Pero las razones por las que lo quisiste hacer es una pura especulación. Entonces, yo voy a donde alguien, trato de confrontar su vida, y yo comienzo a hablar: "No, porque lo que tú quieres... no, porque lo que tú quisiste decir... no, porque lo que para ti es bueno..." Yo estoy entrando en un plano que solamente le corresponde a Dios, y para el otro, ofensivo, porque él dice: "¿Pero cómo tú sabes que yo siento eso, que yo digo que yo lo hice por esa razón?" Eso no me corresponde a mí. Yo juzgo acciones, o creencias, o palabras, pero no juzgo motivaciones. Y eso es muy importante a la hora de confrontar.

Número cuatro: ora por la persona a confrontar. Ora por ella, ora por su corazón, ora porque Dios te dé el momento, las formas. A veces el mejor momento para confrontar, hermanos, no es cuando ocurre el hecho. Esa es la impaciencia nuestra y la ira nuestra que lleva... La esposa me habla mal a mí, o un hijo me habla mal, y en ese momento: "¡A mí no me la sí, tú!" Porque el Señor dice en su Palabra que nosotros tenemos que ser tardos para la ira. Y grande... lo estoy santificando un poco, pero no es eso lo que decimos. No. Yo te oí la ofensa y te se calle sobre... Si se trata de un hijo, no lo haga ahí, porque el hijo de poco se olvida. Pero si es un adulto, usted va acumulando, no ira ni resentimientos, sino casos, no te pueda decir después a la persona: "Mira, Fulano, ha pasado en tres ocasiones, en cuatro ocasiones, que yo te digo algo y tú reaccionas de una manera totalmente airada contra mí. Hay algo que está pasando, qué es lo que está sucediendo."

Trate de señalar patrones de comportamiento, no cosas puntuales, porque cualquiera se equivoca un día. Entonces tenemos que tener un colchón de gracia, porque si no vamos a ser policía: "Fulano hizo esto." No, no. Entonces: "Tan, tan, tan, tan, tan." Así hermano, en esa iglesia yo no quiero estar. Tiene que haber un colchón de gracia. Hay faltas que vamos a decidir señalar y hay otras que vamos a decidir perdonar y pasar por alto, cosas que son propias de la naturaleza humana, cosas que nosotros cometemos, que el otro tiene que entender. Ahora, si se vuelve un patrón...

Mi vida o en la vida del otro, yo tengo que señalarlo y confrontarlo. ¿Quién debe ir? El que tenga conocimiento, el que tenga relación. Infórmate bien, cuida tu corazón de no señalar intenciones sin fundamento. Ahora, ora por la persona, confronta, corrige patrones.

Número cinco: ve directamente donde la persona. Ve directamente donde la persona que te está produciendo el daño, la herida, el pecado. Ve directamente donde esa persona y trátalo con esa persona, con nadie más, a menos que sea necesario involucrar un tercero por razones de la propia restauración del hermano. No lo comentes con nadie más; si lo haces, estás cometiendo un pecado que te hace a ti mismo reprochable también.

Hermanos, esto es tan, tan importante. En un momento dado de mi vida, yo todavía lo hago, pero yo decía: "Señor, yo no voy a hablar de nadie más." Tú estás en el paso que no tenía que hablar, no tenía que hablar, y estaba mochando bolillo sentado, porque yo me di cuenta que la mayoría de mis conversaciones giraban en torno a cosas de otra gente. No quiere decir que con usted no pueda hablar de otro en algún momento dado, pero si se trata de una situación confrontable, de un pecado del otro, trate de ir donde esa persona, hablar con esa persona, y no estar proliferando y hablando de estas cosas con otros.

En lo posible, mujer con mujer, hombre con hombre. Si soy un hombre casado y tengo que confrontar a una mujer soltera o una mujer casada, hable con su esposa, quizás hable con una amiga cercana, un amigo cercano que pueda hacer eso. Hombre con hombre, mujer con mujer, para cuidar la pureza en nuestras relaciones.

Y por último, piensa anticipadamente en lo que vas a decir. Esto no es un asunto improvisado, es un asunto que lo hago en amor. Mi objetivo no es hacer sentir al otro mal; mi objetivo es que el otro cambie en la dirección correcta. Y a veces mi confrontación produce más desvío y más problemas.

Cuando uno ve el caso de Natán, que va y confronta a David, el profeta Natán va y confronta a David. Ustedes lo leen en 2 Samuel. Tú ves a este hombre que se acerca a David y le comienza con una historia que no tiene aparentemente nada que ver con David. "David, supiste, imagínate que hay un hombre en Israel que tiene muchas ovejas..." Y le comienza con una historia. David no se la lleva, no se la lleva en lo absoluto. ¿Y ustedes creen que Natán pensó eso camino hacia allá o en el momento de las cosas? ¿Es la historia? No. Natán oró, Natán buscó la opinión de Dios, Natán pensó cuál era la mejor manera de confrontar a David. David, su nombre conforme el corazón de Dios, es un hombre que se las da de justo. "Déjame presentarle un caso de injusticia en Israel." Y va y se lo lleva y se lo ilustra. Y David dice: "¡Ese hombre debe morir!" "Ese hombre eres tú, David."

Piensa lo que le vas a decir. A lo mejor, quizás hay gente que tiene que anotarlo. Te sientas con un papelito frente a fulano: "Yo quiero hablar contigo de algo." Te haces un papelito: "Mira, lo primero, yo te quiero decir que yo te amo, y por eso yo estoy aquí." Quizás eso es lo que tiene que decir. Y así usted sigue con gracia, con mansedumbre, no sea que tú también seas tentado. Hazlo como a ti te gustaría que te dijeran la verdad. Un día que te llamaran aparte, que te llamaran solo, que fueran sensibles, correcto, y lo hicieran contigo.

Si esto se da, hermanos, si esto se da, nosotros deberíamos ser una iglesia sana, una iglesia que crezca mutuamente. La gente crece no solamente por lo que se enseña desde aquí, es por el celo mutuo, el uno por el otro. Y si usted está en una condición confrontable, acepte la confrontación, abra su corazón. Entienda que puede ser que Dios ha provisto que esa persona le tienda la cuerda y lo rescate de su condición. No sea orgulloso y permanezca ahí porque sencillamente "tú no eres quién me debe confrontar" o "tú lo estás haciendo de una forma inadecuada." Abra su corazón y permita que el Señor haga su obra de rescate y de salvación.

Yo estoy convencido que en la iglesia, nosotros, hermanos, nosotros somos el uno al otro la provisión de Dios para nuestra santificación. Yo no solamente soy santificado mirando a Dios, mirando su Palabra; yo soy santificado en el proceso de comunión mutua. Ahí es que se bate el cobre, o el oro, o lo que queramos poner. Ahí, en la comunión mutua, es donde podemos crecer en esa dirección. Que el Señor nos ayude a crecer y a vivir en su gracia.

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.