La vida cristiana no promete ausencia de problemas; al contrario, la Biblia revela que los hijos de Dios enfrentarán dificultades constantes. En Santiago 5:7-11, la palabra "paciencia" aparece cinco veces en apenas cinco versículos, dejando claro que esta es la actitud esperada del creyente ante el maltrato y la aflicción. El contexto inmediato muestra a cristianos sufriendo abusos de ricos despiadados, pero la aplicación se extiende a cualquier circunstancia difícil que enfrentemos. Jesús mismo fue "varón de dolores, experimentado en aflicción", y si hemos de ser conformados a su imagen, necesariamente pasaremos por dolor. Hay virtudes que no surgen en la bonanza, sino únicamente en la prueba.
Santiago ofrece cuatro razones para responder con paciencia. Primera, la venida del Señor es cierta e inminente; Él pondrá en equilibrio todas las cosas y hará justicia. Segunda, la queja que brota de la impaciencia puede traer juicio sobre nosotros y pérdida de recompensas ante el tribunal de Cristo. Tercera, los profetas que sufrieron lo indecible son considerados bienaventurados, demostrando que Dios recompensa la fidelidad. Cuarta, el ejemplo de Job revela que Dios tiene propósitos en medio de la prueba: Job nunca supo la razón de su sufrimiento, pero al final pudo decir "ahora mis ojos te ven", experimentando una intimidad con Dios que antes no conocía.
El dolor es temporal; su término está marcado. Ya sea que el Señor venga o que nosotros partamos, la aflicción se acabará. Esa esperanza debe sostenernos con paciencia activa, no resignación pasiva, mientras Dios completa su obra en nosotros.
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¡Vamos a Santiago capítulo 5! El mensaje de hoy se va a concentrar en los cinco versículos del 7 al 11. Todavía no lo vamos a leer porque lo vamos a introducir. Pero este es un mensaje sencillo. Es un mensaje que el que lea estos versos no tiene que saber mucha teología ni mucha exégesis ni mucha técnica de interpretación para darse cuenta del énfasis de este pasaje.
Y para no tener muchas intrigas le digo de plano de qué se trata: se trata de la paciencia que nosotros los cristianos debemos exhibir en momentos de dificultad. En apenas cinco versículos la palabra paciencia aparece cinco veces. Se menciona en el primer versículo tres veces y dos veces más en los próximos versículos. Es claro que la paciencia es la actitud esperada del cristiano ante las dificultades de la vida, ante los problemas que vamos a enfrentar.
Y con esa pequeña introducción, esta es una introducción de la introducción. ¿Me entiende? Ahora voy introduciendo. ¿Por qué ese texto y esa enseñanza está en ese lugar de la carta de Santiago? Como vimos la semana pasada, Santiago, en los primeros seis versos del capítulo 5 emite un juicio muy severo contra los ricos inconversos, personas adineradas que no eran cristianas, pero estaban haciendo un mal uso de los recursos que ellos manejaban. Y él emite un juicio en el capítulo 5 versículo 1 muy severo y les dice a estos ricos: "¡Ea, ahora! Llorad y aullad por las miserias que vienen sobre vosotros."
Santiago ve un momento en el futuro en el cual estos ricos que habían vivido a sus anchas, que habían tratado despiadadamente a sus empleados, que habían gastado el dinero solamente en placeres egoístas, que habían acumulado desmedidamente riquezas. Y él dice: ustedes, por ese mal uso del dinero, no por ser ricos, pero por el mal uso de las riquezas, recibirán miserias, recibirán juicio en la venida del Señor. Y en ese momento, la venida del Señor es motivo de angustia y lamento para el rico.
Pero ahora, en el versículo 7, Santiago cambia su audiencia y cambia también el estímulo de la venida del Señor. Fíjense cómo él dice en el capítulo 5 versículo 7: "Por tanto, hermanos, sed pacientes hasta la venida del Señor." Por tanto conecta esta porción con la porción anterior, correcto. Hermanos, ya no ricos sino hermanos, no los ricos inconversos sobre el cual yo pronuncié un juicio, sino los hermanos que están sufriendo el maltrato despiadado de estos ricos. Por tanto, ustedes sean pacientes hasta la venida del Señor. Sean pacientes, esperen que Dios va a traer juicio sobre aquellos que os maltratan, sobre aquellos que están tratándoles despiadadamente, que están acumulando riqueza desmedidamente, que han sido insensibles hacia sus necesidades. Por tanto, a ellos les dije: aúllen y griten por las miserias que vienen sobre vosotros. A ustedes les digo: sean pacientes, porque Dios traerá a juicio las injusticias que contra ustedes se han cometido.
Básicamente esa es la razón por la que este mandato a ser pacientes se encuentra inmediatamente después del juicio a los ricos, porque es un consuelo al pobre que está sufriendo el maltrato del rico. Pero realmente no pudiéramos o no deberíamos limitar la aplicación de este pasaje solamente a los que sufren producto del maltrato de los ricos, de los ricos que acumulan o que son despiadados hacia ellos. La realidad es que la vida cristiana está llena de dificultades y de pruebas.
Y a veces nosotros los que predicamos sentimos que redundamos un poco cuando hablamos de dificultades y de pruebas, porque yo creo que si hay una temática, un tema común desde los púlpitos, son las pruebas y las dificultades y los problemas. ¿Por qué será? No es por el deseo del predicador solamente, es porque la Biblia claramente nos enseña que la vida en esta tierra va a estar llena, plagada de dificultades y de pruebas de todo tipo. Si usted tiene la expectativa de que aquí se viene a gozar y a disfrutar, si usted tiene la expectativa de que el favor de Dios implica que usted esté exento de problemas significativos, es una falsa expectativa, es una expectativa irreal.
La Biblia está llena de ejemplos donde hombres de Dios precisamente por ser hombres de Dios, no solamente enfrentaron pruebas, sino que sus pruebas aumentaron y sus dificultades fueron acrecentadas, producto de su testimonio y de su fidelidad a Dios. Y si hay algo que mi vida personal me ha ayudado a enfrentar la vida, yo creo que de una manera bíblica y correcta, ha sido esa expectativa de que en esta tierra yo no espero que voy a estar libre de problemas.
Por ahí hay un dicho que dice, o un refrán que dice, que la felicidad nunca es perfecta, ¿verdad? Lo que se quiere decir con eso es que cuando uno piensa que ha logrado la felicidad porque todo está bien, estamos económicamente estables, nuestros hijos también, nuestro cónyuge no hay problemas, viene algo que altera esa aparente estabilidad, aparente libertad de problemas que pensamos que alcanzamos. Y algunos enfrentan problemas de un tipo y otros enfrentan problemas de otro tipo. La realidad es que el ser humano, cualquiera sea su condición, enfrenta dificultades, enfrenta desafíos en su fe, en su caminar constantemente.
Y ante eso la respuesta cristiana, a lo largo de la Escritura y específicamente en este pasaje, es paciencia. Paciencia por varias razones. Eso es lo que vamos a tratar de responder en este mensaje: ¿por qué la paciencia se supone que sea la respuesta cristiana al maltrato y la aflicción? ¿Por qué no la rebelión? ¿Por qué no la queja? ¿Por qué no la cuestión y el cuestionamiento de las circunstancias? No, es la paciencia la que se pide, la que se espera del cristiano. Y vamos a ver al menos cuatro razones en este pasaje por las cuales Santiago estimula a su oyente a tener paciencia ante estos maltratos, estas aflicciones que ellos están sufriendo a mano de los ricos. Pero vamos a aplicarlo más extensamente y más ampliamente a cualquier realidad de nuestra vida que nosotros estemos viviendo, porque lo que es real, como ya le dije, es la dificultad.
Nadie está exento. De eso a veces vemos ciertos países que pensamos que tienen su problema resuelto; tienen ciertos problemas resueltos. A veces vemos algunos individuos que pensamos que tienen su problema resuelto, pero vuelvo e insisto: tienen ciertos problemas resueltos. A veces resuelvo el problema económico, pero vienen problemas de otra índole, bien el problema familiar, emocional, de salud. Aquí tendremos aflicción. Eso lo dijo Jesús: "En este mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo."
Uno de los nombres de Cristo en Isaías 53 es varón de dolores experimentado en aflicción. El sufrimiento de Jesús no fue solamente en la cruz; ese fue su sacrificio redentor, su sacrificio máximo. Pero Jesús sufrió cada día que estuvo en esta tierra, viendo la intención de los corazones, viendo el maltrato de los hombres los unos con los otros, recibiendo el rechazo del pueblo al que Él vino a salvar, recibiendo la traición de discípulos de Él, viendo el pecado que en sus propios discípulos se presentaba. Es varón de dolores experimentado en aflicción.
Y nosotros muchas veces no captamos la idea de que si hemos de ser conformados a la imagen de Cristo, necesariamente tendremos que pasar por dolor y aflicción. ¿O cómo pensamos nosotros que seremos conformados a la imagen de Cristo? ¿Evadiendo el dolor y la aflicción si Él fue varón de dolores experimentado en aflicción? Hay virtudes que no surgen en la bonanza, hay virtudes que surgen en la aflicción y le pertenecían a Cristo esas virtudes. Y para que sean nuestras tienen que surgir de ahí, del dolor y la aflicción que Él mismo enfrentó.
Entonces, la primera razón por la que Santiago dice que la paciencia es la respuesta cristiana a la aflicción y los problemas, es la venida cierta e inminente de nuestro Señor. Miren lo que dicen los versículos 7 y 8: "Por tanto, hermanos" —por tanto, recuerden que ya conectamos— "por tanto, en vista de la aflicción que ustedes están pasando, sed pacientes hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el fruto precioso de la tierra, siendo paciente en ello hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía. Sed también vosotros pacientes, fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca." Sed pacientes porque la venida del Señor. Al final: sed pacientes porque la venida del Señor está cerca.
Nosotros no hablamos mucho de la venida del Señor. Yo creo que mientras más problemas tenemos, más hablamos de la venida del Señor. Es un tema que aparece, que está presente, mientras más dificultades enfrentamos. Anhelamos su venida en la medida que no nos gusta nuestra estadía aquí. Y por eso es un tema tan frecuente en las cartas del Nuevo Testamento: la venida del Señor, la venida del Señor. Porque si hubo algo que la iglesia primitiva enfrentó fueron dificultades, fueron persecuciones, fueron aflicciones, fueron estrecheces económicas.
Y en la medida que este mundo causa frustración, que es lo que va a causar en nuestro corazón, en esa misma medida, los que hemos puesto nuestra fe en Jesús queremos esperar, anhelar su venida. Había incluso una palabra entre los cristianos del primer siglo que hablaba de esto, que ellos se saludaban y se decían los unos a los otros: Maranata. Algunos saben lo que Maranata significa: ven, Señor. El saludo de ellos no era un hola, era ven, Señor. Estaban ansiosos porque el Señor viniera. Estaban deseosos de que la venida de Cristo ya se hiciera presente, fuera una realidad.
Pero nosotros no lo hacemos hoy en día porque nosotros no tenemos un cristianismo tan desafiante, tan aflictivo como el que ellos tuvieron. Pero eso no hace que sea menos deseable la venida del Señor, menos gloriosa.
Va a ser algo glorioso, grandioso el momento en el que nosotros podamos ver a aquel que murió por nuestros pecados, aquel que nos sacó de las tinieblas y nos llevó a su luz admirable, aquel que se entregó por nosotros hasta la muerte y muerte de cruz, que dejó su gloria, se despojó de su gloria y vino y fue como uno de nosotros para que tú y yo pudiéramos ser como él. Yo anhelo el día en que yo vea a Jesús, yo lo anhelo. Y a veces este mundo tiene sus encantos también, y este mundo me seduce, me atrae y me hace pensar que esto no es del todo, aquello no es del todo de lo que se habló. Y ahora es mi oración, nuestra oración, que sea que la venida del Señor sea algo deseable para nosotros.
Pero especialmente para aquellos que están pasando dificultades, problemas, hermanos, sea cual sea la naturaleza de tu problema y de tu circunstancia, sea cual sea lo largo de tu dificultad, es temporal. El dolor no es eterno, el dolor no es tan profundo que tú no lo puedas soportar, dice la Palabra. El dolor es temporal y el término está marcado. El término es la venida del Señor, marcará el término de todo dolor. O sea que tú te vayas o sea que él venga, pero en este caso la esperanza es: espera la venida del Señor.
Y el estímulo aquí de Santiago a que espere la venida del Señor es porque en medio de la dificultad y del abuso, nosotros muchas veces tendemos a querer tomar la justicia por nosotros mismos. Nosotros queremos rectificar las cosas nosotros. Nosotros queremos que las cosas se enderecen en nuestra vida y que nosotros las enderecemos. No nos gustan las dificultades, no nos gustan los problemas, queremos corregir esas cosas.
Y fíjense cómo literalmente en Romanos 12:19, Pablo habla de esta tentación de nosotros de querer tomar la justicia por nuestras propias manos cuando somos maltratados y afligidos. Y Pablo dice en Romanos 12:19: "No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque está escrito: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor." Eso a veces como que nos resulta difícil de tragar, como que yo no puedo tomar la venganza o retaliar, o equilibrar las cosas cuando he sido abusado y maltratado. El llamado de este verso es: la venida del Señor está cerca, deja que él haga lo que tiene que hacer, él vendrá y hará justicia y equilibrará las cosas.
Es como el niño de cinco, seis años que ha recibido una golpiza abusadora de un niño de diez o doce años. Y él va a su hermanito mayor que tiene catorce, le dice: "Hermanito, fulano me dio." Y el hermano mayor le dice: "No te preocupes que yo voy a ponerlo en su sitio." El hermanito chiquito ya está tranquilo porque hay uno que hará justicia por él, más grande que él, más grande que el otro, que lo va a poner en su sitio. Y cuando él ve al otro le dice: "Tú verás, tú verás." Él está tranquilo, paciente, ¿por qué? Porque él sabe que se hará justicia por él. Y ese es el mismo estímulo que Santiago nos da a nosotros: pacientes, que Dios hará justicia por vosotros.
La venida del Señor es cierta. No solamente es cierta, dice él en el versículo 8 al final, está cerca. Y muchos han tenido dificultad para interpretar ese tema de que está cerca. ¿Cómo que está cerca? ¿Tiene dos mil años cerca? Porque hace dos mil años que se escribió esto y todavía dice que está cerca. ¿Se equivocó Santiago? ¿O qué pasó? En realidad Santiago no sabía cuándo era la venida del Señor, nadie lo sabe. El énfasis de esta expresión de que está cerca es más que cerca, es inminente, puede venir en cualquier momento. Lo próximo que va a pasar, desde que Jesús se fue de esta tierra, lo próximo que va a pasar es su segunda venida. En ese sentido está cerca, porque es lo próximo en el calendario del Señor, el calendario profético de Dios, eso es lo próximo.
La venida de Dios no solamente es cierta, es que es algo que puede ocurrir en cualquier momento. En ese sentido, sean pacientes, que en cualquier momento son levantados, que en cualquier momento el Señor viene a hacer justicia. Es una esperanza que nos mantiene a flote en medio de los maltratos y las aflicciones. Es una esperanza cierta que tenemos en la venida del Señor. Y esa es la primera razón por la que Santiago dice que la paciencia debe ser la respuesta del cristiano ante el maltrato y la aflicción.
Quiero hacer una salvedad de que la palabra paciencia en la Biblia tiene dos raíces, tiene dos orígenes en el griego, que cuando yo se los diga no le va a ser ni fu ni fa, como decimos en buen dominicano. Una es makrozumía, o makrozuméo, que es una resistencia a soportar personas difíciles, personas abusadoras. Se refiere a la paciencia con la gente. Esa es la palabra que aparece en este primer verso, porque Santiago está hablando específicamente de que seamos pacientes con los ricos abusadores, con los abusos que recibimos de otros. Esa es la palabra que aparece.
Pero más adelante aparece en este mismo pasaje otra palabra que es hupomoné, que es paciencia frente a las circunstancias de la vida. A veces yo no soy abusado por alguien, a veces yo me enfermo. ¿Culpa de quién es eso? Son circunstancias que Dios permite, nadie me agredió, nadie abusó de mí, pero ante esa circunstancia también se me pide paciencia descansando en la soberanía de Dios. Pero quería hacer esa salvedad porque más adelante vamos a ver una palabra que es ligeramente diferente. Pero la paciencia, una vez más, es la respuesta cristiana al maltrato de gente o a la circunstancia difícil que nosotros estamos enfrentando.
Entonces, primera razón: sé paciente porque la venida del Señor es cierta, es inminente, ocurre en cualquier momento. La segunda razón está en el verso 9, y es que la queja fruto de la impaciencia —si no somos pacientes viene la impaciencia, y eso produce queja— lo cual puede traer juicio sobre nosotros.
Miren cómo lo dice el versículo 9: "Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis juzgados. He aquí, el juez está a las puertas." Esto es otra forma de decir que Jesús está cerca, el juez está a las puertas, aquel que viene a juzgar. Pero aquí se nos estimula, se nos exhorta: oye, no te quejes contra los demás. Y es muy fácil ante el maltrato, ¿qué? Quejarnos contra los demás, herir verbalmente a los demás al menos, hablar de ellos, chismear de ellos. Eso es lo mínimo que ocurre muchas veces en un corazón que ha sido maltratado y ofendido por otros, abusado por otros. Yo comienzo a quejarme contra el otro. Y no solamente en circunstancias difíciles me quejo contra el que abusa contra mí, es que cuando yo estoy enfrentando circunstancias difíciles, yo me comienzo a quejar de todo el mundo, ¿verdad? Yo me vuelvo irritable. Cuando las cosas no van bien, cuando las dificultades vienen y yo las enfrento, yo comienzo y desarrollo un espíritu como de amargura, de insatisfacción, y todo me molesta, todo me irrita.
Quítate de ahí, ¿qué es lo que tú haces? ¿Para qué tú me llamas? ¿Qué es lo que tú quieres? Yo no entiendo. Me vuelvo intolerante, producto de que yo no acepto pacientemente la circunstancia en la que estoy viviendo. La queja es lo primero que aflora ante un corazón insatisfecho. La queja es el símbolo, es la manifestación del descontento del corazón, y me quejo. Y el llamado aquí es ser paciente. ¿Por qué? Primero ya dijimos, porque la venida del Señor está ahí y Él pondrá en equilibrio todas las cosas, Él pagará.
Pero ahora es que cuando ustedes toman esa actitud de amargura, de queja, de insatisfacción, y comienzan a quejarse de la gente en este caso, o de las circunstancias, el satisfecho está a la puerta y ustedes van a ser juzgados por esas quejas que ustedes emiten, que ustedes comunican. A veces algunos cristianos se confunden con esto de que nosotros los cristianos seremos juzgados. Y sí seremos juzgados en el tribunal de Cristo. Compareceremos ante Cristo en un momento dado, no para salvación, pero sí para galardones. En ese tribunal no se va a discutir mi estatus condenado o salvo; mi estatus ya está resuelto: salvo por la gracia del Señor a través de Jesús. Pero sí se va a discutir qué galardón voy a recibir.
Eso lo dice claramente Pablo en varias de sus cartas. En 2 Corintios 5:10 dice: "Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo". Esto no es para salvación. Si usted lee el contexto de 2 Corintios 5, esos son los creyentes que van ante el tribunal de Cristo para ser juzgados en función de lo que hicieron. Si hicieron lo bueno, recibirán recompensas; si hicieron lo malo, recibirán menos recompensa, sufrirán una pérdida. No de salvación, pero sí de recompensas eternas en la presencia de Dios.
Otro texto que habla de esto es 1 Corintios 3:14: "Si permanece la obra de alguno que ha edificado sobre el fundamento, recibirá recompensa. Si la obra de alguno es consumida por el fuego, sufrirá pérdida; sin embargo, él será salvo, aunque así como por fuego". Chequeen el contexto una vez más: habla del juicio por recompensa de los creyentes.
Y hay algunos que dicen, porque he conversado con algunos sobre este tema de las recompensas, y dicen: "Pero Héctor, ¿cómo es que ya yo estoy en el cielo y a mí es que me importan las recompensas? Pues yo estoy en la gloria. O sea, ¿cuál es el asunto de las recompensas? ¿Por qué? Como que a mí no me estimula eso de ganar más recompensa. Yo estoy en el cielo ya". Señores, esto es una recompensa prometida por Dios. Si Dios le llama recompensa a algo para sus hijos, para sus fieles, eso tiene que ser algo muy bueno, ¿eh? ¿Tú vas a dejar eso en la mesa?
Y a veces hay gente que, como privando de espiritual, dicen: "No, no, yo es que yo no estoy por recompensas aquí". No, no, no, no, espérate, porque Dios la promete. Dios la promete. Eso es algo que debemos perseguir y buscar. Y si hay una corona de justicia, yo quiero la corona de justicia. Una corona de santidad, yo quiero la corona de santidad. Yo no sé qué forma va a tener, qué implicaciones espirituales eso va a tener; eso no nos es revelado. Lo que sí es claro es que nosotros vamos a comparecer frente a un tribunal, y en función de nuestra fidelidad, Dios recompensará o sustraerá recompensas de nuestros galardones.
Tenía un profesor que decía: "Recompensas de Dios, las quiero todas". Es algo deseable, debe ser algo deseable para nosotros. Debe ser algo triste el yo hacer algo que implique pérdida de las recompensas que Dios promete para mí. A veces ponemos de castigos a nuestros niños, ¿verdad? No le damos una pela, sino que lo abstenemos de algo que a él le gusta, ¿verdad? Le quitamos la televisión, le quitamos el celular, le quitamos el juguito. Porque abstenerlo de algo que a él le gusta es como una pérdida, es un castigo de alguna manera. En ese sentido, el que Dios retenga cosas que nosotros podemos acceder a ellas es también una pérdida. Eso es lo que dice 1 Corintios 3:14: sufrirá pérdida, será salvo pero sufrirá pérdida.
Y eso es lo que Santiago dice: no se quejen los unos de los otros, el Juez está a las puertas. Ustedes pueden caer en juicio por esto y pueden perder recompensas hermosas producto de su queja y de su insatisfacción. Una vez más, este es otro estímulo para la paciencia en las pruebas, en las dificultades, en el maltrato. Paciencia frente a la gente, frente a las circunstancias. Es algo que está claro en ese sentido.
La tercera razón por la que la paciencia es la respuesta cristiana a la aflicción y al maltrato es que el ejemplo de los profetas demuestra que Dios recompensa grandemente la paciencia, muchas veces en esta vida y seguramente en la próxima vida. Miren lo que dice el versículo 10 y la primera parte del 11: "Hermanos, tomad como ejemplo de paciencia y aflicción a los profetas que hablaron en el nombre del Señor. Mirad que tenemos por bienaventurados a los que sufrieron".
Miren, ahora nos trae un ejemplo. La venida del Señor es un estímulo. "No perderás recompensa" es otro estímulo. Pero ahora miren los ejemplos de los profetas. Ahí sí la barra se puso alta, ahí el estándar se subió. Nosotros no sabemos con esa actitud a qué profeta él se está refiriendo, porque él no menciona ninguno. Pero él está mencionando los profetas de Dios del Antiguo Testamento, hombres que sufrieron algunos de ellos lo indecible por la causa del Señor.
El caso de Jeremías es el caso como que más rápido viene a la mente en cuanto a sufrimiento se refiere. Jeremías tuvo una vida tan afligida que literalmente se le dice el profeta llorón. Él aparece en el libro de Jeremías más llorando que compuesto. Llorando, llorando, afligido por el pecado de su pueblo, por el dolor que él tuvo que enfrentar producto de levantar la verdad de Dios. Él profetizaba, él predicaba, era encarcelado, era torturado. Lo último que le pasó: lo tomaron, lo metieron literalmente en una fosa de lodo, días y días y días, con todo lo que el lodo trae e implica. Un hombre probado en la aflicción. Si ese es el ejemplo, imagínense.
Gracias a Dios que vivimos en una época donde el cristianismo no es probado de esa forma ni es desafiado de esa forma. Pero ese es el ejemplo que nos sirve a nosotros, para nosotros sentirnos estimulados a la paciencia. Si ellos soportaron y Dios les fue fiel, yo puedo soportar porque Dios es el mismo y Él será fiel en mi vida.
La Biblia de hecho puede ser considerada las memorias del pueblo sufriente de Dios. Es lamentable, lamentable que haya corrientes de doctrina hoy en día que piensen que la vida cristiana es la vida sin problemas. Cuando vamos a la Biblia, es todo lo contrario.
Hay dos capas de sufrimiento que nosotros debemos anticipar en nuestra vida. La primera capa de sufrimiento se debe a que vivimos en un mundo caído y pecaminoso. Esa es la primera capa. A ese sufrimiento está expuesto todo el mundo. Nadie está libre de sufrir el pecado a su alrededor: hijos rebeldes, esposos o esposas infieles, hombres deshonestos, gobiernos corruptos. Todo eso nos afecta a nosotros. Nos afecta. Esa es la primera capa y todos estamos expuestos a eso.
Pero hay otra capa que dice Pablo en 2 Timoteo, y dice que todos los que quieren vivir piadosamente para Cristo recibirán persecución o sufrirán persecución. O sea, hay otra capa adicional de sufrimiento para los hijos de Dios. Porque en un mundo que es hostil a la Palabra de Dios, un mundo que quiere vivir contrario a los principios que aquí se establecen, cuando te levantas con el estándar, cuando tratas de vivirlo, usted es perseguido, es desafiado, es retado, es excluido en algunos casos, y paga costos y paga precios. Los profetas sufrieron eso. Nosotros estamos expuestos a sufrir.
No es que uno va a buscar los problemas. A buscar los problemas. Gente que siente miedo cuando no está sufriendo. "¿Por qué es tan bueno? Por ahí viene una prueba". No, si usted no está sufriendo, dele gloria y gracias al Señor. Disfrute eso. Si usted no está sufriendo en este momento, disfrútelo al máximo y coja fuerza, que por ahí viene. Es un mundo de sufrimiento, es un mundo de aflicción. Si tengo expectativas diferentes, me voy a sentir frustrado constantemente frente a la vida que tengo.
A veces hay gente que se casa pensando que el matrimonio es lo mejor. Se encuentra con que no es lo mejor y se frustra con el matrimonio. "No, cuando vengan los hijos va a mejorar la cosa". Vienen los hijos: problemas. "No, no, cuando yo consiga un mejor empleo, yo voy a estar bien". Consigo un mejor empleo: problemas. "No, cuando yo me mude a un mejor sector, con una mejor casa, mejor apartamento": problemas, problemas, problemas, problemas, dificultad. Es el mundo en el que estamos. Los profetas pasaron por lo indecible. Nosotros también estamos expuestos a pasar por lo indecible.
No solamente eso. Fíjense lo que Santiago agrega al principio del versículo 11: "Mirad que tenemos por bienaventurados a los que sufrieron". Es que cuando nosotros leemos sus historias, cuando leemos su sufrimiento, decimos: "¡Qué grande! ¡Qué hombre de Dios! Bendito sea Jeremías, bendito sea Isaías". Dios nos considera bienaventurados.
En Mateo 5 dice Jesús: "Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan y digan toda clase de mal contra vosotros falsamente por causa de mí. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros". Anunciado, ¿eh? Uno pudiera decir: "Bueno, para todo como disfuncional. ¿Regocijaos cuando os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros falsamente? ¿Regocíjense?" Es disfuncional humanamente hablando, pero Él agrega: "Porque vuestra recompensa en los cielos es grande".
Es que tenemos nuestros ojos puestos en algo diferente a lo que el mundo tiene sus ojos puestos: en la recompensa que nadie nos puede quitar y que solo Dios puede dar.
Esa es entonces la tercera razón por la que el sufrimiento y la aflicción debe ser recibido por nosotros con paciencia, con disposición a permanecer en esa condición, porque Dios lo ha determinado. Siguiendo hacia adelante, no de manera inactiva, haciendo lo que tenemos que hacer, porque si algo que sale a flote en la vida de los profetas es que ellos estuvieron activos, haciendo lo que tenían que hacer. Esto no es una resignación sentada esperando que Dios actúe; no, uno hace todo lo que uno puede para salir de esa condición, para no enfrentar problemas. Pero si los problemas vienen, bueno, pues que vengan, venidos sean.
La cuarta razón entonces. Ya vimos: la primera razón es la certeza e inminencia de la venida del Señor, que debe producir en mí paciencia, debe estimular en mí la paciencia. La queja, fruto de la impaciencia, me trae juicio, por lo tanto debo ser paciente para evitar el juicio. El ejemplo de los profetas es recompensado por Dios. Y la última razón es porque el ejemplo de Job nos dice que Dios tiene propósito en nuestros momentos de aflicción.
En el versículo 11, la segunda parte, dice: "¿Habéis oído de la paciencia de Job? Y habéis visto el resultado del proceder del Señor, que el Señor es muy compasivo y misericordioso." Habéis oído de la paciencia de Job; aquí la palabra cambia. Aquí la palabra no es paciencia hacia personas, macrotumía, es paciencia hacia la circunstancia. Y es interesante porque la Palabra, debe estar precisa, qué hace: se toma el detalle de cambiar la expresión para expresar otra cosa. ¿Por qué? Job se desesperó con la gente, con sus amigos se desesperó. No es un ejemplo de paciencia en ese sentido, pero sí un ejemplo de paciencia en las circunstancias. Porque Job, a pesar de que expresó queja en algunas ocasiones, que en algunas ocasiones le pidió explicación a Dios, Job nunca claudicó en su fe.
Job se mantuvo firme en su fe. En un momento dado escribe: "Aunque Él me matare, en Él esperaré", hablando de Dios. Así de inconmovible era su fe. Pero sí hubo momentos emocionales en la vida de Job que desafiaron su fe, que lo hicieron sentir solo. La vida de Job es la tormenta perfecta para cualquier ser humano en cuanto a pruebas, la tormenta perfecta. En lo económico lo perdió todo. En lo físico perdió su salud. En lo matrimonial le quedó la esposa, que fue un problema para él. Le quitaron lo bueno y le dejaron lo malo. Y no estoy mofándome del matrimonio. La realidad es que la mujer de Job fue un obstáculo para Job en entender el propósito de Dios en su vida. En un momento dado la esposa le dice: "¡Oh, pero maldice a Dios y muérete!"
La tormenta perfecta, todo lo que un hombre puede enfrentar en la vida, Job lo enfrentó. Con la diferencia de que Job nunca entendió la verdadera razón por la que estaba enfrentando estas circunstancias difíciles. Y a veces nosotros queremos tantas explicaciones. Nosotros queremos que se nos explique tanto por qué Dios hace las cosas, cómo es que Dios va a hacer las cosas. ¿Por qué Dios está actuando así? ¿Por qué Él me está tratando así? Yo no entiendo. Yo no sé, explíqueme, pastor, yo no entiendo lo que es yo... Bueno, quizá yo tampoco lo entiendo. No hay que entenderlo. Job no lo entendió y pasó por pruebas mucho mayores que las mías y las tuyas. A veces no lo entendemos, a veces hay cosas que nos trascienden.
Ahora bien, Santiago dice, oigan lo que dice Santiago: "¿Habéis oído de la paciencia de Job?" Y ahora agrega: "Y habéis visto el resultado del proceder del Señor." El resultado, ¿cuál fue el propósito? Es la palabra. ¿Cuál fue el fin del proceder del Señor? Job 42:5-6 dice, Job hablando dice: "De oídas te había oído, pero ahora mis ojos te ven." Job experimentó una cercanía, una intimidad, un conocimiento de Dios que no había experimentado antes, en su prosperidad y en su bonanza. Ahora él veía a Dios, simbolizando su cercanía con Dios, que lo puede palpar, que lo puede conocer mejor.
"¿Habéis oído de la paciencia de Job? Y habéis visto el resultado del proceder del Señor", que el Señor tiene propósito en la prueba. Esto no fue arbitrario para la vida de Job. Esto no fue caprichoso de parte de Dios. A Dios no se le ocurrió: "Déjame probar a Job para ver qué tal." Dios tenía una obra específica que hacer en el corazón de Job, y lo vemos en el versículo 42:5.
Pero no solamente eso, Dios no se queda ahí. Dios va más allá, y Santiago habla de eso y dice el proceder del Señor, que el Señor es muy compasivo y muy misericordioso. Trató a Job con compasión, con cuidado. Vemos a Dios diciéndole a Satanás: "Te permito que lo pruebes, pero no le quites la vida." Vemos a Dios cuidando a Job de manera misericordiosa y compasiva. Vemos a Dios al final del libro, en Job 42:10, devolviéndole a Job todo lo que Job había perdido.
Miren lo que dice el versículo 42:10: "Y el Señor restauró el bienestar de Job cuando este oró por sus amigos, y el Señor aumentó al doble todo lo que Job había poseído." Dios no tenía que hacer eso. Dios no le debía a Job nada. Pero Dios lo hizo, producto de su misericordia y de su gracia hacia la vida de Job. Así Dios nos trata.
Pero ojo, no nos llevemos el mensaje equivocado de que cada vez que tú pases por una prueba, el estado postrero será mejor que el primero, que Dios va a añadir el doble a todo lo que tú perdiste. Ese no es el mensaje, y sería incorrecto leer ese mensaje. Lo que el mensaje nos dice es, primero, que Dios tiene propósito en la prueba, y que Dios sí repondrá la pérdida, pero no necesariamente aquí. En el caso de Job lo hizo aquí. Él quería dejar una muestra concreta de que Él repone lo que Él deja que las pruebas se lleven. Pero muchos profetas del Antiguo Testamento no recibieron aquí lo que perdieron. En este caso sí lo hizo, por la misericordia y la gracia de Dios. Así procede Dios.
Lo cierto es que Dios restituye y Dios devuelve y Dios añade a nuestras pérdidas. Y a veces lo recibiremos aquí, a veces lo recibiremos en su presencia, pero no se queda con nada de nadie. Y ese es el mensaje principal de este caso de Job.
Una vez más, yo hago énfasis en este hecho de que Job nunca supo la real razón de su aflicción. Por eso, cuando yo me encuentro en una aflicción, en una situación difícil, yo quiero ver lo que Dios está haciendo. Yo quiero detectar qué es lo que Dios está produciendo en mí. Pero el por qué, eso yo se lo dejo a Dios. A veces sé por qué lo hace, a veces no sé por qué lo hace. Pero siempre he tratado de concentrarme en qué virtud el Señor está haciendo que se fortalezca en mí. ¿Qué parte de mi carácter está siendo refinado? ¿Qué parte del carácter de Cristo está siendo plasmado en mi corazón fruto de esta prueba? Y eso me da esperanza, porque yo veo a Dios actuar. Me duele, pero lo veo actuar, y estoy tranquilo porque lo veo presente.
Son cuatro razones para nosotros recibir con paciencia, con capacidad de aguante, digamos, las dificultades de la vida o el maltrato de los demás. La primera razón es la venida del Señor. Él dará juicio y juzgará a aquellos que han hecho mal o que nos han hecho mal a nosotros. Número dos, porque la queja, que es fruto de la impaciencia, traerá juicio también y traerá pérdida de recompensa sobre nosotros, por lo tanto la paciencia es la respuesta adecuada. En tercer lugar, por el ejemplo de los profetas que nos antecedieron, que muestra que Dios recompensa a sus hijos que soportan la prueba y soportan la dificultad. Y número cuatro, porque el ejemplo de Job nos dice que en medio de la prueba Dios siempre tiene propósitos, que a veces vemos y conocemos y a veces no conocemos, pero Dios siempre tiene propósito.
Y quiero añadir, porque muchas veces cuando uno habla de estos temas de pruebas y dificultades, bueno, pues todo el mundo sale estimulado a vivir una vida con más paciencia, con más entusiasmo, con más esperanza, a pesar de las dificultades. Pero tengo que añadir que no seamos tan ligeros en pensar que toda dificultad viene de afuera. Puede ser que haya dificultades en nuestra vida que son producto de pecados y decisiones propias que nos han metido en dificultades.
Yo no digo que toda dificultad es por eso, porque en el caso de Job no vemos ninguna razón en él, digamos, que Dios señale: "Por esto yo puse a Job a pasar esta situación", sino que hay una discusión entre Satanás y Dios y hay un desafío y se prueba la vida de Job. Pero muchas veces nosotros estamos pasando situaciones económicas difíciles y se debe a nuestro desorden y nuestra irresponsabilidad, a nuestra falta de dominio propio en el manejo financiero. A veces estamos pasando dificultades matrimoniales y se debe a la resistencia del hombre a hacer su rol de siervo líder, siervo amante de su esposa, o problemas de la esposa porque se resiste a llenar su rol de ayuda idónea, sumisa a su marido. A veces estamos enfrentando rebeldía con los hijos. ¿Es eso una prueba? Paciencia, no. Revisa tu relación con tus hijos, quizás tú estás llevando a tus hijos a la ira, como dice Efesios 6, y eso es un pecado: "No llevéis vuestros hijos a la ira", nos dice a nosotros los padres.
Y así sucesivamente, cuántas cosas. Estamos enfrentando dificultades en las que estamos inmersos producto de decisiones que nosotros hemos tomado. Entonces corrijamos eso, y lo que quede, paciencia con eso. Me explico: uno corrige, y lo que quede, paciencia con eso. Son circunstancias que no podemos cambiar, que no obedecen a una decisión que yo he tomado, que no está en mis manos resolver. Pero todo lo demás, nosotros debemos verlo con paciencia, con esa capacidad de soportar la prueba, con todos esos estímulos: Dios juzgará, los profetas son un ejemplo, Job es un ejemplo. Así que esa sea nuestra actitud frente a las dificultades.
Gracias al Señor, esto aquí en mis manos, esto es temporal, esto se va a acabar, más temprano que tarde, ya sea porque el Señor venga, o sea porque yo me vaya, esto se va a acabar y el mundo de aflicción y pena se va a acabar. Eso de plano me debe dar esperanza y consuelo de saber que eso es así.
Vamos ahora.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.