IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La antropología bíblica comienza en Génesis con una afirmación fundamental: el ser humano fue hecho a imagen y semejanza de Dios. Esta criatura está constituida por dos partes —lo material, formado del barro, y el aliento de vida que Dios infundió—, no por tres como algunos sugieren al separar alma y espíritu. Pero la historia no termina en la creación. La caída corrompió profundamente todas las facultades humanas: la mente quedó entenebrecida, incapaz de comprender las cosas del espíritu; la voluntad quedó esclavizada al pecado; el corazón se endureció hasta perder todo interés genuino por Dios.
Sin embargo, la imagen de Dios no se pierde. Aunque manchada y afectada, permanece en cada ser humano, lo cual explica la gravedad de quitarle la vida a otro. Génesis 9:6 establece que quien derrame sangre humana verá su propia sangre derramada, precisamente porque el hombre porta la imagen divina. La antropología bíblica también revela la distinción y complementariedad entre hombre y mujer: diferentes en características y responsabilidades, pero iguales en dignidad como portadores de esa misma imagen. El destino final del ser humano apunta a su redención completa, cuando sea liberado del pecado y llegue a ser lo que Dios diseñó desde el principio.
Según la clase, ¿cuáles son las dos partes que constituyen al ser humano y qué facultades quedaron afectadas después de la caída?
¿Por qué el texto de Génesis 9:6 establece una conexión directa entre la imagen de Dios en el hombre y la gravedad de quitarle la vida a otro ser humano?
Si tu mente quedó entenebrecida y tu voluntad esclavizada por el pecado, ¿cómo debería esto cambiar la manera en que evalúas tu capacidad de tomar decisiones sabias sin depender de Dios?
La clase afirma que la imagen de Dios permanece en cada persona aunque esté manchada. ¿Cómo afecta esto la forma en que tratas a personas con quienes tienes conflicto o que consideras difíciles de amar?
La dignidad igual entre hombre y mujer coexiste con diferencias en características y responsabilidades. ¿Cómo podemos afirmar ambas verdades simultáneamente en contextos donde se tiende a enfatizar solo una de ellas?