IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La regeneración no es una mejora del ser humano ni un esfuerzo personal por cambiar: es un nuevo nacimiento obrado desde arriba. Cuando Jesús le dijo a Nicodemo que necesitaba nacer de nuevo para ver el reino de los cielos, el maestro de Israel no podía comprenderlo. Y es que este nacimiento no depende de la voluntad humana ni de la carne ni de la sangre, sino enteramente de Dios. Es Él quien decide hacer algo en nosotros y por nosotros que nos trae vida espiritual donde antes no existía.
Este cambio ocurre en el alma, en el hombre interior. El cuerpo permanece con sus deseos pecaminosos —será glorificado solo cuando Cristo vuelva y los sepulcros se abran—, pero algo profundo ha sucedido en nuestro espíritu. Por eso Pablo puede afirmar que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas. La regeneración es precisamente eso: recibir una nueva naturaleza que nos permite ser adoptados como hijos de Dios. Antes no lo éramos; después del nuevo nacimiento, llegamos a serlo. No por mérito propio, sino conforme a la misericordia de Dios, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu.
Según la clase, ¿qué parte del ser humano es regenerada y qué parte permanece sin cambio hasta la glorificación futura?
¿Por qué Nicodemo no podía entender lo que Jesús le decía sobre nacer de nuevo, y qué revela esto sobre la naturaleza del nuevo nacimiento?
Si la regeneración no depende de tu voluntad ni de tus esfuerzos, ¿cómo cambia esto la forma en que evalúas tu propia conversión y la de otros?
Piensa en un área de tu vida donde todavía experimentas los deseos de la carne. ¿Cómo te ayuda entender que tu cuerpo aún no ha sido glorificado, pero tu espíritu ya fue regenerado?
Si alguien te preguntara cuál es la diferencia práctica entre una persona que simplemente "mejoró su conducta" y una persona que ha sido regenerada, ¿qué le responderías?